LA RECUPERACIÓN DE SOLARES Y VACÍOS URBANOS. DE
ESPACIOS-PROBLEMA A ESPACIOS-OPORTUNIDAD
Carmen Bellet Sanfeliu
Departamento de Geografía y Sociología, Universitat de Lleida
[email protected]
LA RECUPERACIÓN DE SOLARES Y VACÍOS URBANOS. DE ESPACIOSPROBLEMA A ESPACIOS-OPORTUNIDAD
Resumen: La comunicación pretende ilustrar como las políticas urbanísticas locales van
incorporando acciones y programas de recuperación de solares y vacíos urbanos. Estas
acciones y programas reproducen la filosofía y metodología “alternativa” desarrollada
por colectivos y movimientos urbanos en sus acciones de ocupación/activación
temporal de solares. Este giro de las políticas locales puede ser leído como una forma
práctica de movilizar solares en tiempos de crisis o una moda pero también como una
oportunidad para experimentar con otras visiones de producción del espacio urbano.
¿Pero ha venido el urbanismo táctico/emergente para quedarse?
RECOVERING VACANT PLOTS AND URBAN VOIDS: FROM PROBLEM
SPACES TO OPPORTUNITY SPACES
Abstract: This communication seeks to illustrate how local urban planning policies are
incorporating action and programmes to recover vacant plots and urban voids. These
actions and programmes follow the “alternative” philosophies and approaches used by
urban collectives and movements in actions to occupy/ activate with temporary uses
vacant plots. This shift in local policies can be understood as a practical way to mobilise
urban voids in times of crisis or as following a fashion, but also taking an opportunity to
experiment with alternative ways of producing urban space. But does this
tactical/emergent form of urbanism come to stay?
1. LAS POLITICAS URBANAS EN UN CONTEXTO DE CAMBIO
SOCIOCULTURAL
En las últimas décadas se ha ido gestando un profundo cambio sociocultural que ha
venido impulsado por las transformaciones económicas recientes, pero también por la
revolución tecnológica que ha supuesto Internet y la web 2.0. Estas tecnologías han
incidido en la capacidad de crear, compartir y movilizar información e ideas que han
sido la espoleta del presente cambio sociocultural actual parece presentar como
características centrales las siguientes: el debate sobre lo común, el fomento de la
autoorganización y la conversión de los ciudadanos-consumidores en ciudadanosprosumers (consumidores y productores a la vez). Con los nuevos medios técnicos las
expectativas y posibilidades de participación de los ciudadanos son ahora muy grandes
y generan nuevas formas de participación y organización social directas, inmediatas y
horizontales que beben directamente de la nueva cultura digital y de las formas de
actuar y acciones de los movimientos alter-activistas (LÉVY, 2004; CASTELLS y
otros, 2012).
La nueva realidad cultural y social, que va configurándose con el cambio
tecnológico, tiene efectos múltiples y abre grandes perspectivas de cambio a la
innovación social: cambios en la forma de vivir, de producir, de consumir pero también
de organización social y de gobierno (SENNET, 2013). Estas perspectivas de cambio
se reflejan en los nuevos movimientos sociales que en general ponen el acento en: la
1
lógica de lo común y el planteamiento de cambios estratégicos a través de acciones
concretas e inmediatas pero con objetivos estructurales de cambio social a largo plazo
(SUBIRATS, 2011).
Durante el proceso de la reciente crisis, la primera de la globalización actual, la crisis
financiera se transformó en una crisis económica; ésta a su vez derivó en una crisis
institucional y política que finalmente ha conllevado una crisis social y cultural, creando
o reforzando formas de resistencia y resiliencia urbana (CASTELLS y otros, 2012:58).
Los cambios socioculturales parecen poner en cuestión también las tradicionales
funciones de intermediación y control provocando una fuerte crisis de representatividad
de las instituciones y de la política tradicional (SUBIRATS, 2011). Y en este sentido el
reforzamiento de las aproximaciones y experiencias comunitarias en los procesos de
formulación y puesta en práctica de las políticas públicas puede ser una de las vías a
seguir, como ya parece intuirse por los giros dados desde algunas administraciones
locales, especialmente en una de las áreas de la administración local que se ha mostrado
más tecnocrática y menos transparente en las últimas décadas: el urbanismo.
El estado de parálisis y de recortes generalizados en que están inmersas las políticas
públicas puede convertirse, también, en detonante de una nueva forma de enfocar las
políticas públicas locales La crisis parece potenciar así las dinámicas de cambio ya
anunciadas con la crisis de representatividad de la política tradicional y las nuevas
formas socioculturales generadas a partir de la irrupción de internet y las tecnologías
2.0.
1.1. El urbanismo y el planeamiento urbano en el nuevo contexto
En el urbanismo tradicional ha primado la visión productiva (competitiva) de la
ciudad frente a la visión reproductiva (cooperativa), siendo éste poco atento a las
necesidades de la vida cotidiana. Especialmente el urbanismo corporativo (empresarial,
competitivo y casi exclusivamente basado en la lógica de los grandes proyectos) que ha
caracterizado buena parte del desarrollo de las ciudades del marco occidental desde los
años 70s en coherencia al marco neoliberal imperante. Así, muchas de las necesidades
diarias se han ido cubriendo con acciones tecnocráticas que no siempre han sido capaces
de satisfacer las necesidades reales y que sólo han incluido la participación ciudadana al
final del proceso, cuando ya tan sólo el ciudadano puede ratificar o rechazar la
propuesta previamente definida por el aparto político-tecnocrático (FREIRE, 2009).
En el nuevo contexto sociocultural las políticas urbanas, y con ellas el urbanismo, ya
no pueden considerarse monopolio de la administración pública y del ejercicio
tecnocrático. Frente al modelo agotado de la planificación tradicional, y ahora que la
crisis impide la formulación de grandes proyectos urbanos, se experimenta con nuevas
lógicas más flexibles, transparentes y participativas que tratan de incidir de forma
directa en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.
Así, la crisis está favoreciendo la emergencia de nuevas formas de intervención urbana
que hasta ahora tenían poca cabida en las políticas públicas locales. Se trata de
intervenciones que en la época del urbanismo expansivo y de los grandes proyectos
urbanos eran directamente consideradas como “contracorriente”, “alternativas” o
“efímeras” y no tenían cabida en los procesos formales de producción del espacio. Este
tipo de acciones e intervenciones urbanas responden a la nueva mirada del llamado
“urbanismo emergente o táctico” (DPR-Barcelona, 2011). El urbanismo emergente es
un movimiento relativamente nuevo basado en la acción concreta y directa, por parte de
colectivos ciudadanos, con la intención a corto plazo de generar cambios inmediatos en
el espacio público de las ciudades y contribuir, en el largo plazo, a cambiar los
tradicionales procesos de producción de espacio urbano (LYDON, 2010). El urbanismo
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emergente propone un proceso de producción del espacio participativo, desde abajo
(bottom-up), poniendo el énfasis en el ciudadano que adquiere un rol activo y
protagonista en la programación-diseño y gestión del espacio urbano. Algunas de estas
intervenciones están coordinadas/guiadas por colectivos de profesionales o técnicos
especializados en materia urbana (advocacy planning). El advocacy planning es una
práctica urbanística de carácter colaborativo y participativo en la que uno o más
técnicos se ponen a disposición de una organización, colectivo o grupo de personas con
objetivos comunes para ayudar a resolver un conflicto urbanístico ante la administración
pública u otros promotores (ARIAS y MARTÍ-COSTA, 2013).
Se trata no sólo de intervenciones protagonizadas por vecinos y colectivos urbanos
capaces de generar impactos clave en el espacio urbano cotidiano a un bajo coste y
significativo valor social, sino también de ensayar nuevas propuestas para a más largo
plazo desarrollar un nuevo tipo de urbanismo. En este sentido, parece necesario un
nuevo paradigma de gestión urbana que sea capaz de incorporar en su funcionamiento la
emergente actitud proactiva de la ciudadanía. Se trataría de hacer ciudad a través de las
prácticas colectivas, un urbanismo como apunta Saskia Sassen de código abierto
(SASSEN, 2011). Un urbanismo en el que la participación/acción ciudadana y las
prácticas sociales, sean el motor del proceso, una participación activa que incide de
forma directa en la producción de la ciudad.
Además, de las propias iniciativas ciudadanas que contribuyen a construir un modelo
emergente de urbanismo, la política, y especialmente los gobiernos locales, pueden
contribuir a generar las condiciones para que surjan esas dinámicas. No se trata ya de
seleccionar y diseñar proyectos específicos, sino de diseñar escenarios propicios para
estimular y facilitar la participación y la creación ciudadana en los espacios urbanos.
Esto nos lleva a un tipo de acciones políticas heterodoxas, que faciliten el
empoderamiento ciudadano. Esta política debería de apoyarse
en la
transdisciplinariedad para proporcionar a las personas y colectivos herramientas
(competencias, tecnología e información) para su empoderamiento y estar atenta a los
procesos culturales emergentes (FREIRE, 2009).
2 . LA OCUPACIÓN DE SOLARES Y EL NUEVO ACTIVISMO URBANO
2.1. De las prácticas de colonización urbana y los nuevos activismos
En España son los movimientos vecinales de postguerra los que con su protesta y
reivindicación sobre determinados espacios provocaron ya respuestas concretas de
ordenación, urbanización de espacios públicos por parte de la administración pública
(CASTELLS, 1983). Las acciones de los movimientos vecinales eran de tipo
reivindicativo y de protesta pero también algunos de tipo activo con propuesta. Muchos
de estos movimientos buscaban no solo la transformación de la ciudad sino y sobretodo
el cambio del modelo político y socioeconómico. (CASTELLS, 1983: 432).
Los nuevos activismos urbanos no tienen las mismas estructuras que los
movimientos sociales tradicionales, aunque beben de esa tradición. A falta de un patrón
común, representan un continuo que van desde nuevas expresiones de movimiento
social, como el movimiento de ocupación, hasta convocatorias ciudadanas puntuales,
pasando por la intervención voluntaria de individuos y colectivos sobre el espacio
urbano. Durante los últimos años, y de manera creciente, se han estado produciendo
acciones de diverso tipo sobre espacios urbanos, tanto en el centro como en la periferia
de muchas ciudades, especialmente en el mundo occidental. Los objetivos son diversos,
pero en general consisten en transformar un espacio urbano en un lugar público o semipúblico dándole usos temporales o con cierta vocación de transformación permanente.
A diferencia de los movimientos tardo franquistas y de los movimientos
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contraculturales de los años 60s y 70s los nuevos activismos se muestran escépticos a
grandes demandas políticas. Sus acciones y vindicaciones están menos orientadas a
conseguir determinadas utopías o modelos sociales y más dirigidos hacia la concreción
de proyectos culturales o sociales determinados (BISHOP y WILLIAMS, 2012).
Las prácticas de colonización de edificios abandonados o vacíos y la ocupación de
solares son la máxima expresión de esta nueva actitud. Intervenciones sobre huertos
urbanos, espacios públicos autogestionados, equipamientos efímeros, intervenciones
artísticas en vacíos o espacios públicos, están siendo el campo de experimentación de
una nueva autogestión urbana, que ha heredado sus prácticas de los movimientos
sociales históricos construyendo nuevas prácticas de trabajo en red y colaboración.
Estas intervenciones se caracterizan por su condición de espontáneas, por estar fuera de
la lógica mercantil o económica y al margen de la planificación urbanística
convencional (OSWALT y otros, 2013, p. 12).
La ocupación de solares es una estrategia ciudadana surgida para dar respuesta a la
situación actual de obsolescencia y abandono en la que se encuentran algunas zonas
urbanas, a través de la puesta en marcha de fórmulas transitorias que permitan
aprovechar estos espacios, y crear en estos oportunidades de usos cívicos o de otra
naturaleza (comerciales, artísticos, deportivos, de ocio o culturales), donde desarrollar
proyectos temporales comunitarios o individuales (ALBORS, J., 2010).
En la visión de estos grupos, el espacio público, lugar por antonomasia donde se
forja y se despliega la vida pública de la comunidad urbana, es interpretado como la
oportunidad para articular proyectos críticos y disconformes. Son “espacios
contestados” (LOW Y LAWRENCE-ZÚÑIGA, 2003) o “espacios insurgentes” (HOU,
2010) que permiten captar, aunque de manera fugaz, la fragilidad del proyecto urbano
contemporáneo y sus estereotipos.
2.2 Tendencias recientes en las prácticas de ocupación de solares
La ocupación de solares no es nueva en España pero parece haber proliferado de
forma muy importante en los últimos 10-15 años en la misma medida que han ido
avanzando los movimientos sociales urbanos. La evolución de los últimos años parece ir
en las direcciones que se apuntan a continuación:
. De ser estrategias aisladas o cerradas a grupos territorializados a convertirse en
estrategias abiertas a otros activistas/grupos que colaboran y comparten ideas
básicamente (no exclusivamente) en red a través de las nuevas tecnologías (virtual) para
intercambiar pareceres y experiencias. Ejemplo de ello son la creación de iniciativas
como: “Arquitecturas colectivas”, la “Red de huertos urbanos” en Madrid o la red
también de huertos urbanos “Plantem-nos” en Terrassa.
. Incorporan cada vez más técnicos, profesionales y artistas (arquitectos,
sociólogos, abogados, artistas, politólogos, biólogos, etc.) que comparten (a veces
promoviendo o guiando) esa misma estrategia (ARIAS y MARTÍ-COSTA, 2013).
Magnífico ejemplo de ello es la experiencia del Campo de la Cebada en el barrio la
Latina en Madrid, dónde profesionales comparten sus ideas con los vecinos para crear
sobre un solar público vacío, y con pocas expectativas de cristalización a medio plazo,
un nuevo proyecto de espacio público con usos diversos (huerto urbano, espacio para
realización de reuniones y actividades culturales, etc.), gestionado de forma colectiva y
cuyos proyectos se van financiado con la lógica del crowdfunding.
. De los espacios monofuncionales a los espacios versátiles que favorezcan la
experimentación y los eventos experimentando con la temporalidad de los usos. A
diferencia de la visión cerrada y rígida del planeamiento urbano, las nuevas
intervenciones van experimentando con los usos y vocaciones del lugar a través de la
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acción procesual de forma que los usos no se fijan de antemano. Un ejemplo de ello es
la acción “Esta es una plaza” en Madrid, un proyecto de autogestión vecinal sobre un
solar en el barrio de Lavapiés (Doctor Fourquet 24), cedido por el Ayuntamiento de
Madrid en 2010. La cesión se produce por la presión vecinal tras el éxito del taller
“Montaje de acciones urbanas”, organizado por La Casa Encendida y el grupo
Urbanaccion de Madrid en 2008 para convertir el solar que llevaba cerrado más de 30
años en un espacio público. Hoy la nueva “plaza” rebosa de actividades y usos muy
diversos gestionados por los vecinos: huerto urbano, zonas de deporte, espacios de
trueque, teatro y actividades culturales. (Ver al respecto estaesunaplaza.blogspot.com/).
. Visiones multidisciplinares y actuaciones transdisciplinares con visiones e
intervenciones mixtas que rebosan los límites disciplinares, como las intervenciones de
Santiago Cirugeda (Recetas Urbanas) o colectivos como: La Col, Zuloark, Straddle 3,
Urbanacción, Recooperar o Basurama. Desde el mismo mundo del arte se producen
intervenciones difíciles de clasificar como las de la artista Lara Armancegui,
representante española este año en la 55 Bienal de Venecia que realiza intervenciones
artísticas para activar vacíos urbanos.
. Acciones y activismo que ha pasado del discurso/denuncia (movimientos
contraculturales, alter activistas) a la propuesta/acción. En buena parte de los casos son
acciones procesuales. La acción y el proceso pasan a ser incluso más importantes que
los objetivos o metas finales. El proceso y la experimentación son la clave. Un tipo de
acciones que responden a un urbanismo táctico, al que ya nos hemos referido en un
principio (FREIRE, 2008; DPR-Barcelona, 2011).
Muchas de las actuales experiencias de ocupación/activación de solares beben del
trabajo realizado a principios de los años 2000 por el arquitecto Santiago Cirugeda
(Recetas urbanas.com), primero en Sevilla y después en otras ciudades españolas
(CIRUGEDA, 2007). En esas primeras intervenciones el arquitecto propuso al
Ayuntamiento de Sevilla la ocupación temporal de los solares que existían en el centro
de la ciudad con el fin de darles un uso temporal. Un catálogo recogía los solares
existentes y los que aparecerían gracias a los derribos de edificios deteriorados en el
centro. Los usos temporales en los solares públicos se irían concretando a través de
procesos de participación ciudadana en los barrios afectados. Estos vacíos irían
alojando: parques infantiles, espacios lúdicos, plazas urbanas o espacios deportivos. Su
propuesta sería más tarde incorporada en el actual Plan general de Ordenación Urbana
de Sevilla que prevé el uso temporal en el apartado "destino provisional de los solares".
Las acciones de Cirugeda y el grupo Recetas Urbanas se convertirían en el ejemplo y
motor de otros muchos colectivos y activistas en otras muchas ciudades españolas.
Más adelante, Todo por la Praxis, redactaría y difundiría la Guía de activación de
solares urbanos, un manual de ocupación que detalla los procedimientos a seguir en los
procesos de ocupación desde la identificación de la propiedad del solar o espacio hasta
los mecanismos de cesión (TODO POR LA PRAXIS, 2012).
El Campo de la Cebada, en el barrio de la Latina en Madrid, es una de las acciones
de reactivación de solares autogestionados por colectivos y vecinos más exitosas y
conocidas en España en la actualidad (http://elcampodecebada.org/). Tras una azarosa
historia, el lugar, que ha ido albergando usos diversos (un mercado, espacio público,
espacio polideportivo), el Ayuntamiento de Madrid propone a través de un concurso
(resuelto en 2007) reordenar el espacio que seria reconstruido y gestionado por
operadores privados. Para la ejecución del proyecto se demuele en 2009 el polideportivo
municipal anexado en 1968 al mercado de mediados del XX, de generando un gran
vacío de 5.500 m2. La llegada de la crisis paraliza la construcción de la dotación
prevista. El colectivo Basurama en la “Noche en Blanco” de 2010 vio en el solar una
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oportunidad y propuso algunas actividades culturales (cine de verano, escenario
musical, talleres y juegos infantiles), con la intención de reactivar el espacio para usos
públicos evitando su privatización (http://lanocheenblanco.esmadrid.com/). Tras el
evento residentes del barrio, asociaciones diversas de la Latina y colectivos de jóvenes
arquitectos se reunieron bajo el nombre de «El Campo de Cebada» con el reto de
mantener el uso comunitario del espacio mientras no empezaran las obras y estudiar
acciones que mantuvieran el espíritu creado con la ocupación. Tras intensos debates se
redacta un pliego de demandas para negociar con el consistorio que finalmente cede en
febrero de 2001 el solar al colectivo (http://elcampodecebada.org/).
3. LOS PROGRAMAS MUNICIPALES DE ACTIVACIÓN DE SOLARES EN
ZARAGOZA, LLEIDA Y BARCELONA.
Lo curioso es que estas prácticas, que inicialmente nacieron como iniciativas al
margen del sistema estén siendo ahora promovidas por la misma administración local. A
finales de los años 2000, y en plena crisis económica, muchos ayuntamientos empiezan
a promover la reactivación de solares adoptando la metodología que emprendieron los
colectivos o individuos activistas.
Las experiencias son ya diversas y van desde la inicial permisividad de la
administración local para con la ocupación temporal de solares a través de las
ordenanzas municipales o acción de cesión de solar (el caso de Sevilla a principios de
los 2000 o el de Madrid en los casos de: Campo de la Cebada y Esta es una plaza), a la
promoción de la iniciativa guiada o dirigida por profesionales (Zaragoza, Lleida,
Girona) hasta la última iniciativa desarrollada por el Ayuntamiento de Barcelona con el
“Pla de Buits” que supone un paso más al ceder completamente, el diseño y la gestión
de los solares a colectivos urbanos. Reseñamos a continuación de forma somera las
iniciativas de Zaragoza, de Lleida y Barcelona
3.1. Esto no es un solar, programa del Ayuntamiento de Zaragoza
Los programas municipales de intervención sobre solares nacen en Zaragoza. En 2006
se desarrolla un programa de intervenciones artísticas en el Casco Antiguo, “Los Vacíos
Cotidianos” ideado por los arquitectos Ignacio Grávalos y Patrizia di Monte, en el
marco de un festival de arte urbano. Las intervenciones proponían la utilización de
solares vacíos en el Casco Histórico de la ciudad, que se veía cada vez más abandonado
por el boom de sus periferias. El éxito de la iniciativa y la presión de los vecinos llevan
al Ayuntamiento a prolongar la experiencia creando un programa específico para la
puesta en valor de los solares en las áreas centrales de la ciudad. Nace así en 2009 el
programa “Esto no es un solar”, iniciativa promovida por la sociedad Municipal
Zaragoza Vivienda, que interviene inicialmente sobre 14 solares en el Casco Histórico
con un presupuesto de 700.000 euros, la mayoría destinados a los sueldos de los 50
trabajadores que ejecutaban las intervenciones. Las actuaciones trataban a la vez de dar
un uso público temporal a solares vacíos del centro urbano, evitar el déficit de
equipamientos y espacios públicos en barrios centrales y generar algunos empleos entre
parados de larga duración que se ocupaban de las labores de acondicionamiento.
El proyecto ha sido capaz de generar usos públicos temporales en solares vacíos, a
través de procesos de participación vecinal dónde se decidían y pactaban usos y diseño
del espacio.
Las intervenciones de “Esto no es un solar” se caracterizan por ser de bajo coste, y
alojar usos temporales muy diversos como: espacios de juego infantiles, pequeñas
plazas y espacios lúdicos, espacios deportivos, jardines y huertos urbanos. A través de
señalética común se nombra y enumera cada uno de los espacios para tratar de
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establecer una vinculación entre los vacíos del centro que devienen de esta forma vacíos
en red.
Figura 1. Alguna de las intervenciones de Esto no es un Solar en el Casco
Histórico de Zaragoza
Fuente: http://estonoesunsolar.wordpress.com/ (visitado 13/05/2013)
La intención era que las propuestas fueran gestionadas con posterioridad por
diversas asociaciones y colectivos dispuestos a utilizarlos. Sin embargo, no siempre ha
resultado así y algunos solares muestran ya hoy un total abandono o ciertos procesos de
degradación.
El programa continua pero con importantes limitaciones presupuestarias y no sin
algunas voces críticas que denuncian la escasa implicación de los propietarios privados
para con el programa y la falta de gestión actual de muchos de los solares transformados
que entran en decadencia. Pero también ha ido recibiendo numerosos premios y lo que
es más importante se ha ido replicando en numerosas ciudades españolas aunque con
variaciones.
3.2. El programa “Solars Vius” del Ayuntamiento de Lleida
El proyecto “Solars vius” nace a finales del 2011 en el sino del “Plan de Mejora del
Centro Histórico” financiado por el Plan de Mejora de barrios, áreas urbanas que
requieren de una atención especial de la Generalitat de Cataluña (Ley 2/2004, de 4 de
junio). El proyecto inicial pretendía dar vida a 20 solares (privados y públicos) del
Centro Histórico de la ciudad dando usos temporales a los solares a través de procesos
de participación de los vecinos y colectivos del barrio. El barrio en el que se actúa es
complejo, fuertemente degradado (más del 21% del parque edificado se encuentra en
estado ruinoso, unos 40 solares vacíos) y presenta una notable complejidad social con
un volumen importante de población en riesgo de exclusión social (inmigración ilegal,
inmigrantes parados de larga duración, débil tejido asociativo, población anciana, etc.)
Ello ha dificultado el desarrollo del proyecto que cuenta además con un muy bajo
presupuesto y escasa repercusión pública pese a que se abrieron distintos canales (redes
sociales, web del ayuntamiento, web del proyecto). El proyecto, inicialmente ambicioso,
fue impulsado por dos jóvenes arquitectas que han conseguido hasta el momento
reactivar dos solares. En la primera intervención, sobre una propiedad municipal de 400
m2 en la calle Alsamora-Galera, y tras el proceso de participación vecinal (20
asociaciones y colectivos del barrio), se decide instalar: un cine al aire libre (con gradas
pantalla en una medianera y proyector en la del frente), un espacio de petanca y juegos
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infantiles. Finalmente se realizó también una intervención mural-graffiti en una de las
medianeras laterales del solar. La actuación se desarrolla en tan sólo 6 meses y se
inaugura el verano de 2012. Hoy pero se detecta ya hoy cierto abandono. La segunda
intervención, se realizó con las propuestas e intervención de grupos de jóvenes: del
barrio y otros jóvenes catalanes que participaban en un taller de verano. Tras la limpieza
y puesta a punto del solar se incorporaron elementos de fitness urbano y juegos
infantiles con el objetivo de recuperar el espacio para su uso público.
Ambas intervenciones han conseguido su activación incorporándose al tejido de
espacios públicos del centro histórico. Sin embargo, no han logrado convertirse en un
verdadero motor de cambio al no registrar usos activos por parte de los vecinos del
barrio.
3.3. El Pla de Buits de Barcelona
El Ayuntamiento de Barcelona impulsa en 2012 la iniciativa “Pla de Buits” (Vacíos
Urbanos) que pretende favorecer la implicación de la sociedad civil en la definición,
instalación y gestión de una veintena de espacios vacíos para dinamizarlos e integrarlos
en la ciudad.
El “Pla de Buits” de Barcelona, a través de la figura del concurso (bases aprobadas
en 31/10/2012), se dirige a entidades públicas o privadas sin ánimo de lucro de la
ciudad a fin de que propongan un uso o actividad de interés y una gestión temporal, de
un año (prorrogable hasta tres), en veinte solares diferentes de titularidad municipal, dos
solares en cada uno de los diez de la ciudad. Los espacios se seleccionaron, según
consta en las bases, de acuerdo con las necesidades del territorio y atendiendo a la falta
de previsión de su desarrollo ya fuera bien por sus características urbanísticas bien por
el contexto de crisis económica. El documento de las bases sostiene que el programa
tiene la finalidad de regenerar el propio tejido urbano e inducir o apoyar el dinamismo
social en los barrios por lo que en la selección de proyectos se tendría en cuenta la
capacidad de dinamización tanto física como socio-comunitaria de la propuesta.
Figura 2. Localización de los solares objeto del concurso “Pla de Buits” del
Ayuntamiento de Barcelona
Fuente: http://w110.bcn.cat/portal/site/HabitatUrba/ (consulta 15/05/2013)
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Las iniciativas fueron evaluadas y seleccionadas por una Comisión que tomó en
cuenta: la flexibilidad del programa, su carácter efímero y provisional, la capacidad de
una autogestión eficiente que pudiera mantener en buen estado las intervenciones y que
el impacto y rendimiento social de las propuestas fuera positivo para la ciudad.
La Comisión propuso finalmente el 29 de abril 2012, y tras la evaluación de las 42
propuestas presentadas, la cesión de 14 solares a diversas entidades quedando 5
emplazamientos sin cubrir o desiertos. La mayoría de los usos a que van a destinarse
principalmente los proyectos son huertos urbanos. Otros usos contemplados por las
propuestas presentadas por los colectivos son: deportivos, actividades lúdicas,
actividades educativas para jóvenes o niños y actividades artísticas.
4. CONCLUSIONES
El texto ha tratado de relatar como el urbanismo actual empieza a ser permeable a
los procesos de ocupación y activación de solares por parte de colectivos urbanos que
hace unos años podían considerarse “contracorriente” “alternativas” o no tenían cabida
en los procesos formales de producción del espacio.
El actual contexto de crisis económica y un modelo de planificación y ejecución
urbanística rígido e inadecuado para el actual contexto de cambio socio-cultural lo han
hecho posible. En la comunicación se relata como el papel de la administración local ha
ido cambiando desde la inicial actitud más bien expectante y permisiva, hasta las
actuales que directamente promueven la reactivación de solares a través de la
confección de programas específicos. Los programas analizados muestran importantes
diferencias entre ellos especialmente notables por lo que hace al papel que juegan los
colectivos ciudadanos en los diferentes momentos del proceso de activación del solar: el
diseño y ordenación de usos, la ejecución y especialmente la gestión del proyecto.
Respecto a esta cuestión cabe decir que es el Pla de Buits del Ayuntamiento de
Barcelona el que otorga una mayor autonomía a los colectivos que desarrollan en su
totalidad sus propios proyectos en todas sus fases.
Estos programas de activación de solares suscitan hoy más interrogantes que
respuestas: ¿están estas apropiaciones temporales del espacio condenadas a rellenar
vacíos hasta que se generen intereses económicos o cambie de nuevo el ciclo
económico?. ¿Son estos programas la mejor vía para canalizar la nueva sensibilidad de
muchos colectivos sobre los procesos de producción del espacio urbano?. ¿Resistirán
los proyectos creativos y la autogestión de los colectivos la presión administrativa y
normativización que caracteriza al ente público?.
La aparición de esos programas, más allá de su éxito, parece apuntar un cambio de
tendencia del urbanismo tradicional y convencional que, con un modelo agotado y en
plena crisis económica, experimenta con nuevas lógicas más flexibles, con los usos
temporales y efímeros y los mecanismos participativos y directos. Por lo que parece las
tácticas y los métodos del urbanismo táctico o emergente, más allá de nombres o de
modas, llega con la intención de quedarse impregnando incluso los procesos formales
de producción del espacio urbano.
NOTA: La investigación forma parte del proyecto financiado por el MICIN
(España)- CSO2012-34629
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