Saber cuidar. Ética de lo Humano – Compasión por la tierra.
Leonardo Boff. (Fragmentos)
Traducción: Víctor Madrigal
[1] Este libro es escrito a partir de una perspectiva de urgencia. Por toda parte apuntan síntomas que
señalan grandes devastaciones en el planeta tierra y en la humanidad. El proyecto de crecimiento
material ilimitado, mundialmente integrado, sacrifica 2/3 de la humanidad, extenúa los recursos de la
tierra y compromete el futuro de las generaciones venideras. Nos encontramos en el umbral de
bifurcaciones fenomenales. ¿Cuál es el límite de soportabilidad del super-organismo-Tierra?
¿Estamos enrumbándonos en la dirección de una civilización del caos?
La tierra en su biografía conoció cataclismos inimaginables pero siempre sobrevivió. Siempre
salvaguardó el principio de vida y de su diversidad.
Estimamos que ahora no será diferente. Hay una posibilidad de salvación. Pero para eso debemos
recorrer un largo camino de de conversión de nuestros hábitos cotidianos y políticos, privados y
públicos, culturales y espirituales. La degradación creciente de nuestra casa común, la Tierra,
denuncia nuestra crisis de adolescencia. Es importante que entremos en una edad madura y
mostremos señales de sabiduría. Sin eso no nos garantizaremos un futuro prometedor.
Formalizando la cuestión, podemos decir que más que al fin del mundo estamos asistiendo al fin de
un tipo de mundo. Enfrentamos una crisis civilizacional generalizada. Necesitamos de un nuevo
paradigma de convivencia que funde una relación más benefactora para con la tierra e inaugure un
nuevo pacto social entre los pueblos en el sentido de respeto y de preservación de todo lo que existe
y vive. Solo a partir de esta mutación tiene sentido que pensemos en alternativas que representen
una nueva esperanza.
El síntoma más doloroso ya constatado por serios analistas y pensadores contemporáneos, es un
difuso malestar de la civilización, el cual aparece sobre el fenómeno del descuido, del desinterés y
del abandono, en una palabra, de la falta de cuidado.
[2] Analizando con más profundidad, descubrimos, detrás del edificio de la modernidad científicotécnica, el funcionamiento de una determinada filosofía: el realismo materialista.
Se le llama realismo a esta filosofía porque imagina que las realidades existen como objetos
independientes del sujeto que las observa. Sin embargo no son independientes. No existe objeto sin
sujeto, ni sujeto sin objeto. Existe la unidad sagrada de la realidad que como en un juego siempre
incluye a todos como participantes y nunca como meros espectadores. Este realismo es poco realista
porque reduce el ámbito de la realidad por no incluir en ella el fenómeno de la subjetividad de la
vida y de la espiritualidad.
Desde tiempos inmemoriales todos los pueblos y culturas se llenaron de veneración delante de la
realidad de lo Divino que impregna todo el universo; vivenciaban el significado sagrado de todas las
cosas y cultivaban la espiritualidad como una visión interior que unía todo a su fuente divina.
Solamente en los últimos cuatro siglos surgió un tipo de humanidad ciega a estas dimensiones y por
eso sumamente empobrecida en su realización en el mundo. Ella cortó la realidad al tamaño de los
cinco sentidos, organizados por la razón analítica.
[3]Hoy las campanas doblan sobre el realismo materialista. La física cuántica demostró la profunda
interconexión de todo con todo y la ligación indestructible entre realidad y observador; no hay
realidad en sí, desconectada de la mente que la piensa; ambas son dimensiones de una misma
realidad compleja. El universo es consciente. La modernidad cosmológica demostró que este
universo es matemáticamente inconsistente sin la existencia de un espíritu sagrado y una mente
infinitamente ordenadora.
La nueva filosofía se presenta holística, ecológica y espiritual. Ella funda una alternativa al realismo
materialista con la capacidad de devolver al ser humano el sentido de pertenencia a la familia
humana, a la tierra, al universo y al propósito divino.
Así se supera el dato más grave que se esconde por detrás de la falta de cuidado: la perdida de la
conexión con el Todo; el vacío de la consciencia que no se percibe más parte y parcela del universo;
la disolución del sentimiento de lo Sagrado delante del cosmos y a cada uno de los seres. La ausencia
de la percepción de la unidad de todas las cosas, ancladas en el misterio del supremo creador y
proveedor de todo. …
[4] se siente la urgencia de un nuevo ethos civilizacional que nos permitirá dar un salto de calidad en
la dirección de formas más cooperativas de convivencia, de una renovada veneración por el Misterio
que atraviesa y sustenta el proceso evolutivo.
Por toda parte se formulan ansias por una nueva alianza de paz perenne con las demás especies y
con la tierra. Ese nuevo contrato social, se asienta en la participación respetuosa del mayor número
posible, en la valorización de las diferencias, en la acogida de la complementariedad y en la
convergencia construida a partir de la diversidad de culturas, de modos de producción, de
tradiciones y de sentidos de vida.
[ 5] En momentos críticos en los que vivimos revisitamos la sabiduría ancestral de los pueblos y nos
colocamos en las escuelas de unos y otros. Todos nos hacemos aprendices y aprendientes. Lo que
importa es construir un nuevo ethos que permita una nueva convivencia entre los humanos con los
demás seres de la comunidad biótica, planetaria y cósmica, que propicie un nuevo encantamiento
delante de la majestad del universo y de la complejidad de las relaciones que sustentan todos y cada
uno de los seres.
Ethos en su sentido originario griego significa la guarida del animal o casa humana, se vale decir,
aquella porción del mundo que reservamos para organizar, cuidar y hacer nuestro hábitat. Tenemos
que reconstruir la casa humana común-la Tierra-para que en ella todos puedan caber. Urge
modelarla de tal forma que tenga sustentabilidad para alimentar un nuevo sueño civilizacional. La
casa humana hoy no es más el estado nación pero la tierra como patria/matria común de la
humanidad. Esta se encontraba en el exilio, dividida en estados-naciones, aislada en culturas
regionales, limitada por las innúmeras lenguas y lenguajes. Ahora lentamente, está regresando de su
largo exilio. Esta reencontradose en el mismo lugar: el planeta Tierra unificado. En él se hará una
única historia. La historia de la especie homo, en una única y colorida sociedad mundial, la
consciencia de un mismo destino y de un igual origen.
Ese ethos entre (modelación de la casa humana) ganará cuerpo en morales concretas (valores,
actitudes y comportamientos prácticos) consonantes a las varias tradiciones culturales y espirituales.
Aunque diversas, todas las propuestas de moral alimentaran el mismo propósito: salvaguardar el
planeta a las condiciones de desarrollo y de co-evolución del ser humano rumbo a formas cada vez
más colectivas, más interiorizadas y espiritualizadas de realización de la esencia humana.
De donde vamos a derivar ese nuevo ethos civilizacional? El debe emerger de la naturaleza más
profunda del humano. De las dimensiones que sean por un lado fundamentales y por otro
compresibles para todos. Sino nacer del cierne esencial del ser humano, no tendrá sabia suficiente
para dar sustentabilidad a una nueva floración humana con frutos sanos para la posteridad final.
[6]Lo que se opone al descuido y al desinterés es el cuidado. Cuidar es más que un acto, es una
actitud. Por tanto, abarca más que un momento de atención, de celo y desvelo. Representa una
actitud de ocupación, preocupación, de responsabilidad y de envolvimiento afectivo con el otro.
El cuidado es algo más que un acto y una actitud entre otras. Lo dijo el filósofo que mejor vio la
importancia esencial del cuidado, Martin Heidegger (1889-1976) en su famoso Ser y Tiempo: “Del
punto de vista existencial, el cuidado se encuentra a priori, antes de toda actitud y situación del ser
humano, lo que significa decir que él se encuentra en toda actitud y situación de hecho”. Quiere
decir, el cuidado se encuentra en la raíz primera del ser humano, antes que el haga cualquier cosa. Al
hacer cualquier cosa, siempre se hará acompañado e imbuido de cuidado. Significa reconocer el
cuidado como un modo-de-ser esencial, siempre presente e irreductible a la otra realidad anterior. Es
(el cuidado) una dimensión fontal, originaria, ontológica, imposible de ser totalmente desvirtuada.
Un modo-de-ser no es un nuevo ser. Es una manera del propio ser de estructurarse y de darse a
conocer. El cuidado entra en la naturaleza y en la constitución del ser humano. El modo-de-ser
cuidado revela de manera concreta como es el ser humano.
Sin el cuidado, el deja de ser humano. Si no recibe cuidado, desde el nacimiento hasta la muerte, el
ser humano se des-estructura, decae, pierde el sentido y muere. Si a lo largo de la vida no hiciera con
cuidado todo lo que emprendiera, acabará por perjudicarse a sí mismo y por destruir todo lo que
esté a su alrededor. Por eso el cuidado debe ser entendido en la línea de la esencia humana (que
responde a la pregunta: ¿Qué es el ser humano?) el cuidado ha de estar presente en todo. En las
palabras de Martin Heidegger: “cuidado significa un fenómeno ontológico-existencial básico”.
Traduciendo: un fenómeno que es la base posibilitadora de la existencia humana en cuanto humana.
[7] Conviene siempre explicitar la imagen de ser humano subyacente en nuestras visiones de mundo,
en nuestros proyectos, en nuestras prácticas. Pues así tomamos conciencia continuamente de lo que
queremos ser y de lo que podemos, al someter esa imagen a la crítica y a un posible
perfeccionamiento.
…Estimamos que las mitologías, más que las ciencias y las filosofías, encierran, junto con las
religiones, las grandes elucidaciones de la esencia humana. Allí las culturas proyectaron, generación
pos generación, grandes visiones, acumularon reflexiones, hicieron profundizaciones y las pasaron a
las generaciones sucesivas. Supieron usar un lenguaje plástico, con imágenes sacadas de las
profundidades del inconsciente colectivo, accesible a todas las edades y todos los tiempos. Más allá
de las visiones y de los símbolos, suscitaron y continúan suscitando grandes emociones; y son esas
las que quedan y movilizan a las personas y los pueblos en la historia.
No es seguro que nosotros modernos, con nuestra inteligencia instrumental, con toda nuestra
tradición de pesquisa empírica, de crítica y de acumulación de saberes sobre prácticamente todo,
conozcamos más el ser humano que los antiguos formuladores de mitos. Estos se revelaron
observadores meticulosos y sabios eximios de cada situación y de cada doblez de la existencia.
Conviene revisarlos, valorizar sus contribuciones y escuchar sus lecciones siempre actuales.
Vamos, pues, a perseguir el camino de los mitos. Entretanto hay que entender correctamente los
mitos. Ellos no son cosas del pasado arcaico, productos aleatorios del pensamiento primitivo o de la
fantasía incontrolada. Son actuales, por cuanto, nosotros modernos, también criamos mitos.
Los mitos son lenguajes para traducir fenómenos profundos, indescriptibles por la razón analítica.
¿Cómo hablar del enamoramiento, del amor, del cuidado esencial, de la traición de la persona
amada, de las crisis de la vida, de las enfermedades incurables, del nacimiento y de la muerte sino
con emoción, contando historias ejemplares? Los conceptos abstractos y fríos no consiguen traducir
los colores de la realidad. No generan figuraciones en la imaginación. Por eso, de cierta forma,
falsean nuestra experiencia de los fenómenos vividos.
Vamos a analizar una fabula-mito que nos habla de la esencia humana, de una forma que atiende a
los reclamos más urgentes de nuestro tiempo. Es la fabula-mito del cuidado. Es en el cuidado que
vamos a encontrar el ethos necesario para la socialidad humana y principalmente para identificar la
esencia Fontal del ser humano, hombre y mujer. Cuando hablamos de ethos queremos expresar el
conjunto de valores, principios e inspiraciones que dan origen a actos y actitudes (las varias morales)
que conformaran el hábitat común y la nueva sociedad naciente. Es urgente un nuevo ethos de
cuidado, de sinergia, de re-ligación, de benevolencia, de paz perenne para con la tierra, para con la
vida, para con la sociedad y para con el destino de las personas, especialmente las grandes mayorías
empobrecidas y condenadas de la tierra.
[8] La fábula-mito del cuidado esencial. (Es de origen latina con una base griega.)
“Cierto día , al atravesar un río, Cuidado vio un pedazo de barro. Luego tuvo una idea inspirada.
Tomó un poco de barro y comenzó a darle forma. En cuanto contemplaba lo que había hecho
apareció Júpiter. Cuidado le pidió que le soplara espíritu. Lo que Júpiter hizo de buen grado. Sin
embargo, cuando Cuidado quiso darle nombre a la criatura que había moldeado, Júpiter se lo
prohibió. El exigió que le fuese impuesto su nombre.
En cuanto Júpiter y Cuidado discutían, surgió de repente la Tierra. Ella quiso también conferirle su
nombre a la criatura, ya que fue hecha de barro, material del cuerpo de la Tierra. Se originó una
discusión generalizada.
De común acuerdo pidieron a Saturno que funcionara como árbitro. Este tomó la siguiente decisión
que pareció justa:
“Usted, Júpiter, le dio el espíritu, recibirá pues, de vuelta este espíritu por ocasión de la muerte de
esa criatura.
Usted, Tierra, le dio cuerpo, recibirá por lo tanto, también de vuelta su cuerpo cuando esa criatura
muera.
Sin embargo como usted, Cuidado, fue quien primeramente moldeó a la criatura, quedará sobre sus
cuidados en cuanto ella viva.
Y en cuanto a la acalorada discusión que existe entre ustedes acerca del nombre, decido yo: esta
criatura será llamada Hombre, esto es, hecha de húmus, que significa tierra fértil”.
Es partir del texto de esta fábula-mito que vamos a construir nuestras reflexiones sobre el cuidado.
El cual será visto como la verdadera esencia del ser humano.
[9] …El cuidado es tan importante para la vida humana y para la preservación de todo tipo de vida,
que dio origen a una fábula-mito. Fue personalizado, se tornó en un ser concreto. Como tal, el
cuidado moldea la arcilla. Conversa con el cielo (Júpiter) y la tierra (Tellus). Convoca a la autoridad
suprema del dios del cielo y de la tierra que fundó la edad del oro y de la utopía absoluta del ser
humano. (Saturno). La fábula-mito del cuidado elaborada por Higinio quiere explicar el sentido del
cuidado para la vida humana. En su surgimiento actuaron las fuerzas universales más importantes: el
cielo (Júpiter), la tierra (Tellus), la historia y la utopía (Saturno).
Ella (la fábula-mito) recoge, todavía, una experiencia testimoniada en muchas culturas de occidente y
de oriente: la creación del ser humano a partir del barro de la tierra, plasmado a partir del húmus
que significa tierra fértil. De húmus deriva su nombre: hombre, hijo e hija de la tierra fecunda
(humus), como el relato bien lo dice. Algo semejante señalan los dos primeros capítulos del
Génesis: Adán es hecho del barro de la tierra. La palabra hebraica para tierra es Adamah. De Adamah
viene Adam que significa hijo e hija de la tierra.
La fábula-mito testimonia también que el ser humano no puede ser interpretado apenas a partir de
la tierra (Tellus). El posee algo del cielo, de lo divino (Júpiter). Por eso, el relato cuenta que ese barro
no permanece inerte. Recibió de la divinidad el principio de la vida, el espirito. Solo entonces es el
ser humano completo. Es Júpiter la divinidad suprema que le infunde espiritualidad. Cabe
preguntarse para mejor comprender: ¿Quién es Júpiter?; ¿Quién es Tellus?
La dimensión cielo: Júpiter.
Júpiter es la divinidad central de la religión romana. Es el dios creador del cielo y la tierra, de los
dioses y de los seres humanos. Tal vez la filología de la palabra Júpiter nos desvende la experiencia
que su nombre oculta. Por detrás de la palabra Júpiter se esconde la partícula Jou que proviene del
sanscrito dew que significa luz, brillo y claridad. Piter, presente en Júpiter, es la formula antigua de
pater, padre. Júpiter significa entonces el padre y señor de la luz. De la raíz sanscrita dyew
subyacente a la lengua griega, latina, germánica, celtica y lituana, provino Dios y día. Dios en este
contexto remite a una experiencia de la luz. A luz con su brillo e calor constituyó una de las
experiencias fontales de la sique. Ella corporifica el sentido y la alegría de vivir, de discernir en la
multitud el rostro de la persona amada, de ver el resplandor de la naturaleza y de las estrellas, de
identificar un camino y de librarse de la angustia de la oscuridad y del error. Desear un “buen día” a
alguien significa, originalmente, desear le un buen dios y mucha luz en su camino. ¿Quien guarda
hoy en día todavía esa memoria sagrada, presente en una expresión tan corriquera como “buen
día”?
Júpiter se manifestaba en la vivencia religiosa de los romanos por el resplandor del día y también por
los rayos, relámpagos y truenos en las tempestades (Júpiter tonante). Fue en este contexto que
Júpiter se sincretizó con Zeus, el dios mayor del panteón griego, pues poseía la misma significación.
El nombre Zeus deriva también del sanscrito dyew pitar o también dyaus pitar significando el padre
del cielo luminoso y del día soleado.
…Cuando Júpiter aparece en la fábula-mito, viene presentado como el creador y el donador de vida y
del espíritu. El configura la plenitud de la divinidad, quiere decir, la dimensión trascendente de la
realidad.
La dimensión tierra: Tellus/Terra.
En la fábula-mito de Higinio gana especial importancia la diosa Tellus/Terra. En todas las culturas,
también en la tradición greco-romana, la tierra constituye uno de los mitos centrales. Ella recibe
muchos nombres: Gaia/Tellus, Demeter/Ceres, Hestia/Vesta, como luego explicaremos.
Tres figuras mitológicas representaban, en el imaginario greco-romano que subyace a nuestra cultura
occidental, el misterio de la tierra: en la versión griega, Gaia, Deméter y Hestia y sus
correspondientes romanos, Tellus, Ceres y Vesta. Ellos tienen que ver con experiencias que nosotros
también hacemos hoy.
Gaia/Tellus (También Geia=tierra y aia=grande, donde resultó la corruptela Gaia o Geia) la Grande
Madre, representaba el planeta Tierra como un todo vivo y productor de vida.
Deméter/Ceres representaba la parte cultivada de la tierra. Aquí entra la colaboración humana con el
trabajo y el arte del cultivo. Ella era la diosa de las semillas. De Ceres nos viene la palabra cereal.
Por fin Hestia/Vesta simbolizaba aquella parte de la tierra que reservamos y delimitamos para
construir el hogar humano. En toda casa romana había en el centro el fuego que ardía día y noche.
Era la señal de Hestia, de que en la casa había vida, calor y acogida.
Gaia/Tellus, Deméter/Ceres y Hestia/Vesta eran las referencias afectivas por las cuales los griegos y
los romanos elaboraban su ecología, vale decir, su relacionamiento reverente con el medio
ambiente. Todo era cargado de respeto y veneración, pues veían las cosas no como simples seres
inertes, sino llenos de irradiación y de significado. La tierra, en sus varias expresiones de Grande
Madre, de tierra cultivada y de hogar, era entendida como un organismo vivo. El no podía ser violado
ni depredado, de lo contrario se vengaba a través de tempestades, rayos, secas, incendios,
terremotos y volcanes.
El ser humano mantenía una relación de veneración y de temor de cara a la Madre-Tierra. Este
sentimiento nunca se perdió totalmente en la humanidad….
En la fábula-mito de Higinio la Tierra surge reivindicando su más alta ancestralidad. Ella ofreció a
Cuidado el material donde moldeó el ser humano, la arcilla. La diosa Terra-Tellus representa la
dimensión tierra, la perspectiva inmanente de la realidad.
La dimensión historia y utopía: Saturno.
Por fin para poner término al conflicto entre el cielo (Júpiter) y la tierra (Tellus), es convocado
Saturno. ¿Quién es él? ¿Por qué Saturno y no otro dios? ¿No es Júpiter el dios supremo? Se supone
que Saturno está por encima del propio Júpiter, pues debe mediar en la disputa en que Júpiter está
envuelto. Efectivamente así es, como luego veremos.
El mito de Saturno es uno de los más complejos de la mitología antigua. En él se sincretizan y se
sobreponen muchas vertientes mitológicas, itálicas, etruscas, griegas, órfico-pitagóricas e romanas.
Esta complejidad revela su profunda significación para el entendimiento de la vida humana. Aquí
resaltamos apenas aquellos aspectos que interesan a la fábula-mito de Higinio.
Una primera indicación de su significado original deriva del propio nombre Saturno. El cual viene de
satus que significa sembrado, del verbo serere, sembrar o plantar. Saturno es el dios de las semillas y
de la agricultura, dios típicamente itálico y mediterráneo. Su importancia se traduce por la mayor de
todas las fiestas romanas, las Saturnales. Eran un verdadero carnaval. Toda paraba: los trabajos, las
escuelas, los tribunales, la aplicación de las penas. Lo que normalmente en otros días era prohibido ,
en la semana de las Saturnales era permitido. En las fiestas saturnales se invertían los papeles: los
esclavos se vestían de señores y estos los servían. Comiendo, bebiendo, bailando y cantando se
organizaban desfiles carnavalescos sobre la batuta del Rei Saturnalicio.
Se anticipaba la gran utopía política de la humanidad: el encuentro por el camino de la fiesta y del
inconsciente colectivo, con el mito de la edad de oro y del paraíso perdido. Según ese mito,
originalmente no había clases, ni leyes, ni crímenes, ni prisiones; todos vivían en plena libertad, en
justicia, paz, superabundancia e alegría, como hermanos y hermanas en casa. Esa memoria bien
aventurada nunca fue perdida en la conciencia de la humanidad, hasta los días de hoy –sea proyecta
en el pasado, a ser rescatada, sea en el futuro, a ser construida. Esa utopía moviliza movimientos,
crea ideologías y alimenta el imaginario de los seres humanos que no se cansan de soñar con un
futuro reconciliado e integrado de la sociedad humana.
Por causa de esas fiestas, el dios Saturno de los romanos fue sincretizado como el dios Crono de los
griegos. Crono era el dios antiguo de la utopía originaria de la sociedad feliz. Para Crono se
celebraban también fiestas con el mismo sentido de rescate de la edad de oro, de libertad, de
igualdad fraterna y de inversión de papeles. Eran las Cronia, equivalentes a las Saturnalia.
Crono/Saturno era un dios antiguo, anterior a Júpiter.
La ancestralidad de Saturno/Crono lo colocaba fuera de la competencia con Júpiter/Zeus. Es por ese
titulo de dios antiguo, sabio y justo, el dios del tiempo y de la utopía, reinando más allá de cualquier
conflicto, en la edad de oro, que él fue convocado para dirimir la cuestión entre la Tierra (Tellus) el
cielo (Júpiter) a propósito del nombre a ser dado al ser humano.
El ser humano es simultáneamente, utópico e histórico-temporal. El carga en si la dimensión Saturno
junto con el impulso para el cielo, para la trascendencia, para el vuelo del águila (Júpiter). En él se
revela también el peso de la tierra, de la inmanencia, del arañar de la gallina (Tellus). Es por el
cuidado que el mantiene esas polaridades y hace de ellas material de la construcción de su existencia
en el mundo y en la historia. Por eso el cuidado es cuidado esencial.
[10] ¿Qué se esconde en términos de experiencia de vida y de sentido, por detrás de las figuras
Júpiter, Terra y Saturno? …Ellos existen apenas como metáforas para expresar dimensiones profundas
de lo humano, difíciles de ser traducidas en el simple lenguaje conceptual.
Son también denominados centros energético-espirituales o arquetipos seminales que estructuras la
vida en su realización histórico-social.
Otros prefieren decir que son concentraciones privilegiadas del Espirito universal. Este llena el
universo de razón y de propósito y hace de nosotros humanos órganos de su aparición y
comunicación en el tiempo.
Sea como fuere, digamos luego al inicio: esas energías espirituales, esas condensaciones de la
profundidad humana, esos arquetipos ancestrales por más metafóricos que sean, nunca pierden su
conexión con cierto contenido histórico-social. No son apenas proyecciones de nuestro imaginario
sin raíces en la realidad. Ni son simples matrices mentales, como tienden a interpretarlos algunos
representantes de la tradición psicoanalítica. En verdad son dos cosas. Tales realidades lanzas sus
raíces en las experiencias ancestrales, comunitarias y socio-políticas de la humanidad. Así se
formaron y se estructuraron y fueron depositados en el inconsciente colectivo donde viven. Por otro
lado, ellas se actualizan continuamente en la medida en que se confrontan con realidades históricas
nuevas. Forman síntesis entre la arqueología exterior (objetividad relacionada) y la arqueología
interior (subjetividad religada). De allí deriva su alta significación interpretativa y critica para los días
actuales.
[11] Naturaleza del cuidado. Cuidado significa desvelo, solicitud, diligencia, celo, atención, buen
trato. Como decíamos estamos delante de una actitud fundamental, de un modo de ser mediante el
cual la persona sale de sí y se centra en el otro con desvelo y solicitud. …la actitud de cuidado puede
provocar preocupación, inquietud y sentido de responsabilidad.
Por su propia naturaleza, cuidado incluye dos significaciones básicas, íntimamente ligadas entre sí. La
primera, la actitud de desvelo, de solicitud y de atención para con el otro. La segunda, de
preocupación e inquietud, porque la persona que tiene cuidado se siente envuelta y afectivamente
ligada al otro.
Con razón , el grande poeta Horacio (65-8 aC) podía finalmente observar: “el cuidado es el
permanente compañero del ser humano”. Quiere decir: el cuidado siempre acompaña el ser humano
porque este nunca dejará de amar y de desvelarse por alguien (primer sentido), ni dejará de
preocuparse y de inquietarse por la persona amada (segundo sentido). Si así no fuese, no se sentiría
envuelto con ella e mostraría negligencia y desidia por su vida y destino. En el límite mostraría
indiferencia que es la muerte del amor y del cuidado.
…Fue con cuidado que “Cuidado” moldeó el ser humano. Empeño ahí dedicación, ternura, devoción,
sentimiento y corazón. Y con eso creo responsabilidades e hizo surgir la preocupación con el ser que
el plasmó. Esas dimensiones, verdaderos principios constituyentes, entraron en la composición del
ser humano. Se tornaron carne y sangre. Sin tales dimensiones, el ser humano jamás sería humano.
Por eso la fábula-mito de Higinio termina enfatizando que cuidado acompañará al ser humano a lo
largo de toda su vida, a lo largo de todo su recorrido temporal en el mundo.
Dar centralidad al cuidado no significa dejar de trabajar y de intervenir en el mundo. Significa
renunciar a la voluntad de poder que reduce todo a objetos, desconectados de la subjetividad
humana. Significa recusarse a todo despotismo y a toda dominación. Significa imponerle limites a la
obsesión por la eficacia a cualquier costo. Significa derrumbar la dictadura de la racionalidad fría y
abstracta para dar lugar al cuidado. Significa organizar el trabajo en sintonía con la naturaleza, sus
ritmos y sus indicaciones. Significa respetar la comunión que todas las cosas tienen entre sí y con
nosotros. Significa colocar el interés colectivo de la sociedad, de la comunidad biótica y terrenal
encima de los intereses exclusivamente humanos.
[12] Concretizaciones del cuidado.
1. Cuidado con nuestro único planeta. Cuidado todo especial merece nuestro planeta. Tenemos
únicamente él para vivir y morar. Es un sistema de sistemas y un superorganismo de complejo
equilibrio, urdido a lo largo de millones y millones de años. Por causa del asalto predador del proceso
industrialista de los últimos años ese equilibrio esta prestes a romperse en cadena.
…Para cuidar del planeta necesitamos todos pasar por una alfabetización ecológica y rever nuestros
hábitos de consumo. Importa desenvolver una ética del cuidado.
El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Fondo Mundial para la
Naturaleza (WWF) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) elaboraron
una estrategia minuciosa para el futuro de la vida sobre el titulo: “Cuidando del planeta Tierra”
(Caring for the Earth 1991). Allí se establecen nueve principios de sustentabilidad de la Tierra.
Proyectan una estrategia global fundada en el cuidado:
1. Construir una sociedad sustentable.
2. Respetar y cuidar de la comunidad de los seres vivos.
3. Mejorar la cualidad de la vida humana.
4. Conservar la vitalidad y la diversidad del planeta Tierra.
5. Permanecer en los límites de la capacidad del soporte del planeta Tierra.
6. Modificar actitudes y prácticas personales.
7. Permitir que las comunidades cuiden de su propia medio ambiente.
8. General una estructura nacional para integrar desarrollo y conservación.
9. Constituir una alianza global.
Estos principios dan cuerpo al cuidado esencial con la Tierra. El cuidado esencial es la ética de un
planeta sustentable.
2. Cuidado con el propio nicho ecológico. El cuidado con la tierra representa lo global. El cuidado
con el propio nicho ecológico representa lo local. El ser humano tiene los pies en el suelo (local) y la
cabeza abierta al infinito (global). El corazón une el suelo y el infinito, abismo y estrellas, local y
global. La lógica del corazón es la capacidad de encontrar la justa medida e construir el equilibrio
dinámico.
Para eso cada persona necesita descubrirse como parte del ecosistema local y de la comunidad
biótica, sea en su aspecto de naturaleza, sea en su dimensión de cultura. Necesita conocer los
hermanos y hermanas que comparten de la misma atmosfera, del mismo paisaje, del mismo
suelo…necesita conocer el tipo de plantas, animales e microorganismos que conviven en aquel nicho
ecológico común. Lo que vale para el individuo vale también para la comunidad local. Ella debe hacer
el mismo camino de inserción en el ecosistema local y cuidar del medio ambiente, utilizar sus
recursos de forma frugal, minimizar desgastes, reciclar materiales, conservar la biodiversidad.
3. Cuidado con la sociedad sustentable. Actualmente casi todas las sociedades están enfermas.
Producen mala calidad de vida para todos, seres humanos y demás seres de la naturaleza. Y no
podría ser diferente, pues están asentadas sobre el modo de ser del trabajo entendido como
dominación y explotación de la naturaleza y de la fuerza del trabajador. Con la excepción de las
sociedades originarias como aquellas de los indígenas y de otras minorías en el sudeste de Asia,
Oceanía y del Ártico, todas son rehenes de un tipo de desarrollo que apenas atiende a las
necesidades de una parte de la humanidad (los países industrializados), dejando los demás en la
carencia, cuando no directamente en el hambre y la miseria.
Sustentable es una sociedad o un planeta que produce lo suficiente para sí y para los seres de los
ecosistemas donde ella se sitúa; que toma de la naturaleza solamente lo que ella puede reponer; que
muestra un sentido de solidaridad generacional, al preservar para las sociedades futuras los recursos
naturales de que ellas necesitarán. En la practica una sociedad debe mostrar se capaz de asumir
nuevos hábitos y de proyectar un tipo de desarrollo que cultive el cuidado con los equilibrios
ecológicos y funciones dentro de los límites impuestos por la naturaleza. No significa volver al
pasado, sino ofrecer un nuevo enfoque para el futuro común. No se trata simplemente de no
consumir, sino de consumir responsablemente.
4. Cuidado con el otro, animus y anima. No hay solamente una red de relaciones sociales. Existen las
personas concretas, hombres y mujeres. Como humanos, las personas son seres hablantes; por el
habla construyen el mundo con sus relaciones. Por eso, el ser humano es, en la esencia, alguien de
relaciones ilimitadas. El “yo” solamente se construye mediante el dialogo con el tu, como lo vieron
sicólogos modernos y, anteriormente, filósofos personalistas. El “tu” posee una anterioridad sobre el
“yo”. El “tu” es el partero del “yo”.
Pero el tu no es cualquier cosa indefinida. Es concretamente un rostro con una mirada y fisonomía.
El rostro del otro torna imposible la indiferencia. El rostro del otro me obliga a tomar posición porque
habla, pro-voca, e-voca y con-voca. Especialmente el rostro del empobrecido, marginalizado y
excluido.
El rostro posee una mirada y una irradiación de la cual nadie puede substraerse. El rostro y la mirada
lanzan siempre una pro-puesta en busca de una res-puesta. Nace así una res-posa-bilidad, y
obligatoriedad de dar res-puestas. Aquí encontramos el lugar de nacimiento de la ética que reside en
esta relación de res-ponsa-bilidad delante del rostro del otro. …el otro se da siempre sobre la forma
de hombre y de mujer…dentro del lenguaje acuñado por C.G. Jung cada uno posee dentro de sí un
“animus” (dimensión de lo masculino) y el anima (dimensión de lo femenino). El hombre despierta
en la mujer su dimensión masculina expresa culturalmente por el modo-de-ser- trabajo; la mujer
evoca en el hombre su dimensión femenina, concretizada históricamente por el modo-de-sercuidado.
Cuidar del otro animus-anima implica un esfuerzo ingente de superar la dominación de los sexos,
desmontar el patriarcalismo y el machismo, por un lado, y el matriarcalismo y el feminismo
excluyente, por otro. Exige inventar relaciones que propicien la manifestación de las diferencias no
más entendidas como desigualdades, sino como riqueza de la única y compleja sustancia humana.
5. Cuidado con los pobres, oprimidos y excluidos. Uno de los mayores desafíos lanzados a la política
orientada por la ética y al modo-de-ser-cuidado es indudablemente el de los millones y millones de
pobres, oprimidos y excluidos de nuestras sociedades. Esta situación resulta de formas altamente
injustas de la organización social hoy mundialmente integrada. Con efecto, gracias a los avances
tecnológicos, en las últimas décadas se verificó un crecimiento fantástico en la producción de
servicios y bienes materiales, no obstante, deshumanamente distribuidos de forma que 2/3 partes de
la humanidad viva en gran pobreza. Nada agrede mas el modo-de-ser-cuidado de que la crueldad
para con los propios semejantes.
¿Cómo tratar esos condenados y ofendidos de la Tierra? La respuesta a esta pregunta divide, de
arriba abajo, las políticas públicas, las tradiciones humanísticas, las religiones y las iglesias cristianas.
Crece más y más la convicción de que las estrategias meramente asistencialistas y paternalistas no
resuelven como nunca resolvieron los problemas de los pobres y de los excluidos. Antes, los
perpetúa, pues los mantiene en la condición de dependientes y de limosneros, humillados por el no
reconocimiento de su fuerza de transformación de la sociedad.
La liberación de los oprimidos deberá provenir de ellos mismos en la medida en que se concientizan
de la injusticia de su situación, se organicen entre sí y comiencen con prácticas que visen transformar
estructuralmente las relaciones sociales inicuas.
El compromiso de los oprimidos y de sus aliados por un nuevo tipo de sociedad, en la cual se supera
la explotación del ser humano y la expoliación de la Tierra, revela la fuerza política de la dimensióncuidado.
6. Cuidado con nuestro cuerpo en la salud y en la enfermedad. Cuando hablamos de cuerpo no
debemos pensar en el sentido usual de la palabra que contrapone cuerpo al alma, materia al espirito.
Cuerpo sería una parte del ser humano y no su totalidad. …Esta comprensión deja para atrás el
dualismo cuerpo-alma e inaugura una visión más globalizante. Entre materia y espirito esta la vida
que es la interacción de la materia que se complejifica, se interioriza y se auto-organiza. El cuerpo es
siempre animado. “Cuidar del cuerpo de alguien”, decía un maestro del espirito, “es prestar atención
al soplo que lo anima”.
Salud y cura designan el proceso de adaptación y de integración de las más diversas situaciones, en
las cuales se da la salud, la enfermedad, el sufrimiento, la recuperación, el envejecimiento y el
caminar tranquilo para el grande pasaje de la muerte. Salud, por tanto, no es un estado ni un acto
existencial, mas una actitud de cara a las varias situaciones que pueden ser enfermizas o sanas. Ser
persona no es simplemente tener salud, sino saber enfrentar saludablemente la enfermedad y la
salud.
7. Cuidado con la cura integral del ser humano. En las grandes tradiciones terapéuticas de la
humanidad siempre hubo una percepción de que la cura es un proceso global, envolviendo la
totalidad del ser humano y no apenas la parte enferma. …Cuidar de nuestra salud significa mantener
nuestra visión integral, buscando un equilibrio siempre por construir entre el cuerpo, la mente y el
espirito y convocar el médico (cuerpo), el terapeuta (mente), el sacerdote (el espirito) para trabajar
juntos visando la totalidad del ser humano.
8. Cuidado con nuestra alma, los ángeles y los demonios interiores. El ser humano es portador de
libertad y de responsabilidad. La libertad le es dada como capacidad de modelar esa materia
ancestral y el mundo a su alrededor. La libertad le es dada como posibilidad y para decidir si cultiva
los ángeles buenos o los demonios interiores. A él cabe criar una medida justa de equilibrio, sacando
partido de la energía de los ángeles y de los demonios y colocar los al serbio de un proyecto que se
afina con la sinergia y la cooperación del universo. Es su chance de felicidad o de tragedia.
Es un ingente desafío: cuidar de nuestra alma entera. Cuidar de los sentimientos, de los sueños, los
deseos, de las pasiones contradictorias, del imaginario, de las visiones y utopías que guardamos
escondidas dentro del corazón. ¿Cómo domesticar tales fuerzas para que sean constructivas y no
destructivas? ¿En qué sentido de vida ordenamos todas estas dimensiones? El cuidado es el camino
y ofrece una dimensión cierta.
9. Cuidado con nuestro espirito, los grandes sueños de Dios. El ser humano-cuerpo-alma tiene una
singularidad: puede sentirse parte del universo y con él conectado, puede entenderse como hijo e
hija de la Tierra, un ser de interrogaciones últimas, de responsabilidad por sus actos y por el futuro
común con la Tierra.
…otro dato suscita la dimensión del espirito: la capacidad del ser humano de continuamente crear
sentidos e inventar símbolos. No se contenta con hechos. En ellos discierne valores y significaciones.
…como no reconocer pro detrás de las leyes de la naturaleza un supremo legislador? ¿Cómo no
admitir en la armonía de los cielos la acción inteligente de una infinita Sabiduría, y en la existencia
del universo la exigencia de un Criador? El ser humano llama a esa suprema Realidad con mil
nombres o simplemente le da el nombre de Dios.
Cuidar del espirito significa cuidar de los valores que dan rumbo a nuestra vida y de las
significaciones que generan esperanza más allá de nuestra muerte. Cuidar del espirito implica colocar
los compromisos éticos por encima de los intereses personales o colectivos. Cuidar del espirito
demanda alimentar la brasa interior de la contemplación y de la oración para que nunca se apague.
10. Cuidado con la grande travesía, la muerte. La entropía se manifiesta en toda parte y también en
el tejido de nuestra vida hasta consumir todo nuestro capital energético. Entonces morimos. Es el
término del hombre-cuerpo.
¿Qué significa la muerte? Para el hombre-cuerpo representa el término de un camino por ese mundo
espacio-temporal. Para el hombre-alma-espirito, la posibilidad de una plena realización de sus
dinamismos latentes que no conseguían irrumpir debido a los condicionamientos del tiempo y del
espacio. La muerte del hombre-cuerpo tiene la función de hacer caer todas las barreras. Así el
hombre-alma-espirito se libera de todas las amarras y su impulso interior puede realizarse según la
lógica infinita.
En la muerte se da el verdadero nacimiento del ser humano. El implode o explota para dentro de su
plena identidad. El cristianismo llama a ese momento de absoluta realización, de resurrección.
Resurrección es mucho más que reanimar un cadáver y volver a la vida anterior. Resurrección es la
plena concretización de las virtualidades presentes en el ser humano. Los apóstoles testimoniaron
que tal evento bien-aventurado se realizó en Jesús de Nazaret en el momento de su muerte en la
cruz.
Cuidar de nuestra grande travesía es internalizar una comprensión esperanzosa de la muerte. Es
cultivar nuestro deseo de lo Infinito, impidiendo que él se identifique con objetos finitos. Es meditar,
contemplar y amar el Infinito como nuestro verdadero Objeto de deseo. …en fin, es realizar la
experiencia de los místicos: la vida amada en el Amado transformada.
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Saber cuidar. Ética de lo Humano – Compasión por la... Leonardo Boff.

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