Seguridad alimentaria: Buscando alternativas para acabar con el hambre
El 42.7% de la población rural del Perú sufre de déficit calórico en su alimentación.
Aunque estudios internacionales dicen que la agricultura orgánica es una buena
alternativa para mejorar la producción alimentaria, en el Perú hay trabas para su
promoción.
Según datos de 2009, casi la tercera parte de la población nacional (29.1%) sufre
de déficit calórico en su alimentación, proporción que llega al 42.7% entre la
población rural (ver Agrodata). Es decir, un gran porcentaje de los hogares en el
ámbito rural no llegan a consumir un nivel mínimo de calorías para vivir. Mientras
tanto, estudios internacionales demuestran que la agricultura orgánica puede ser
una buena alternativa para mejorar la producción de alimentos. A continuación, un
repaso del estado de la seguridad alimentaria y de la viabilidad de la agricultura
ecológica como alternativa para luchar contra el hambre en el Perú.
La falta de políticas y de ejecución de estrategias sólidas en seguridad alimentaria
impide que se acabe con el hambre y la desnutrición en cada rincón del país. Y las
adversas consecuencias de esta situación para el futuro, no solo alcanzan al
individuo mal alimentado, sino que también afectan profundamente la economía
nacional (incremento de los costos de salud, de educación, y disminución de la
productividad de la población y de sus capacidades de desarrollo socioeconómico)1.
En un estudio publicado por la CEPAL, se determinó que el costo que ocasionará la
desnutrición de los niños que en 2005 son menores de cinco años alcanzará los
US$345.7 millones, cifra que resulta, en gran medida, de la estimación de pérdidas
potenciales de productividad durante la vida laboral (cuando estos niños tengan
entre 15 y 64 años)2.
¿Pero de qué se habla al mencionar el término seguridad alimentaria? Según la
definición que brinda la FAO, hay seguridad alimentaria cuando «todas las personas
tienen en todo momento acceso físico, social y económico a los alimentos
suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades energéticas diarias
y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa». Según el Minag, los
principales problemas de inseguridad alimentaria se dan por el acceso:
específicamente, los niveles de ingreso.
En ese sentido, la seguridad alimentaria está estrechamente vinculada a la
evolución de la pobreza, y, de manera especial, de la pobreza extrema; y como la
gran mayoría de pobres extremos aún se con centra en el sector rural, entre los
grupos de mayor riesgo en términos de seguridad alimentaria están los agricultores
de subsistencia y los trabajadores agrícolas sin tierra 3.
«La falta de políticas y de ejecución de estrategias sólidas en seguridad
alimentaria impide que se acabe con el hambre y la desnutrición en cada
rincón del país.»
Actualmente, el 42.7% de la población rural sufre de déficit calórico en su
alimentación. Una de las formas de enfrentar la inseguridad alimentaria es
aumentando la productividad del agro.
La competencia por el agua —muy en boga en los últimos tiempos— y la tendencia
a concentrar la propiedad rural en desmedro de la pequeña propiedad, intensifican
la vulnerabilidad de estos grupos.
Una de las mayores limitaciones para la seguridad alimentaria es la falta de
políticas nacionales y sectoriales adecuadamente coordinadas. Pese a que en 2004
se aprobó la Estrategia Nacional de Seguridad Alimentaria 2004-2015 (D.S.
0662004-PCM), este documento parece dormir el sueño de los justos. Las
responsabilidades están diluidas en el Consejo Interministerial de Asuntos Sociales
(CIAS), pero actualmente no se vienen trabajando los ejes estratégicos planteados
en el documento4. Si bien se están ejecutando programas sociales, como Crecer y
Juntos, estos no son lo mismo que la aplicación de una estrategia. Pero la ausencia
de una política en torno a este tema no sorprende, dada la opinión del presidente
Alan García al respecto: «Es una idea [la seguridad alimentaria] que ya no sirve en
el mundo»5.
Para el economista Eduardo Zegarra, lo que se requiere es un Consejo Nacional de
Seguridad Alimentaria Multisectorial, y con participación de los gobiernos regionales
y locales, más representantes elegidos de la sociedad civil. Este consejo debe
orientar al presidente y los ministros en las medidas más apropiadas, usando la
mejor información disponible y calibrando en forma adecuada los criterios de
eficiencia y equidad.
En contraposición, Hugo Wiener —experto en políticas agrarias y desarrollo rural—
señala que, si lo que se busca es enfrentar episodios de inseguridad alimentaria y
carestía que afectan más allá de la población en inseguridad permanente, se
requeriría de un grupo de tarea que administre el balance de la oferta y demanda
alimentaria. «Probablemente, la responsabilidad política podría recaer en alguna
dependencia especializada en Agricultura. Creo que hay que actuar en ambos
frentes, pero nada conseguiríamos con un grupo consejero de políticas, cuando hay
tantos espacios para las acciones multisectoriales».
Agricultura ecológica como alternativa
Según el estudio publicado por Catherine Badgley en Renewable Agricultura and
Food Systems, de la Universidad de Michigan (2007), el sistema utilizado por la
agricultura orgánica llega, en promedio, al 92% del rendimiento de la agricultura
moderna (que utiliza agroquímicos), pero produce 80 % más que la agricultura
tradicional.
A decir de estos investigadores, los métodos orgánicos podrían producir suficientes
alimentos para mantener a la población mundial, y quizá a una mayor, sin agregar
más tierras a la producción.
Asimismo, conforme a un estudio sobre métodos agroecológicos 6, el rendimiento
medio de los cultivos ecológicos alcanza el 79%. Esta investigación fue la que llevó
a Olivier de Shutter —relator especial de la ONU— a afirmar que «en lo que a
seguridad alimentaria mundial se refiere, el rendimiento de la agroecología supera
ya al de la agricultura industrial de gran escala».
La desnutrición afecta profundamente la economía nacional porque
disminuye la productividad de la población y sus capacidades de desarrollo
socioeconómico.
«Pese a que en 2004 se aprobó la Estrategia Nacional de Seguridad
Alimentaria 2004-2015 (D.S. 0662004-PCM), este documento parece
dormir el sueño de los justos.»
Estos estudios echarían por los suelos la creencia de que la agricultura orgánica no
puede hacer crecer la productividad agrícola, pero ¿qué tan viable es la transición
de agricultura tradicional a agricultura orgánica en nuestro país?
Según Fernando Alvarado —uno de los principales impulsores de este tipo de
agricultura en el Perú—, son evidentes las bondades de este sistema: mejora la
nutrición y la salud, se adapta a condiciones climatológicas difíciles, fortalece la
agro-biodiversidad, es adecuada para la pequeña agricultura (porque ahí desarrolla
su capacidad), tiene como base el conocimiento campesino, etc. Sin embargo,
actualmente hay barreras para la transición de un mayor número de agricultores
tradicionales al sistema ecológico u orgánico.
«Tenemos como unos 50 mil productores ecológicos en 300 mil hectáreas. Para
lograr una mayor transición, necesitamos tecnología y asesoría técnica suficientes
para todos los agricultores que quieren hacer el cambio a agricultura orgánica»,
revela. Asimismo, cuenta Alvarado, si bien hay una Ley de Fomento y Promoción de
la Agricultura Ecológica, aprobada en 2008, aún no se ha aprobado su reglamento.
«Gracias a la Comisión Nacional de Productos Orgánicos (Conapo) pudimos trabajar
esta ley, pero ya la Conapo se desactivó, y tampoco tenemos la ley. Entonces, nos
quedamos sin instancias, desde el gobierno, para discutir y promover la agricultura
orgánica», añade.
La agricultura orgánica podría ser una alternativa para mejorar la productividad de
la agricultura tradicional —y, por ende, agregar su granito de arena en el
tratamiento de la seguridad alimentaria—, pero para ello se requiere un mayor
compromiso del Estado y de diversos sectores. Por lo pronto, según Wiener, la
única forma de satisfacer una mayor demanda de alimentos es aumentando la
productividad:
«Si se incorporan miles de hectáreas con nuevas irrigaciones; si esa mediana y
pequeña agricultura viable encuentran más mercado con el crecimiento de las
ciudades y desarrollan su propio nicho exportador, no tendríamos por qué
angustiarnos por lo que pueda ocurrir en los siguientes diez años.»
Notas
1 El costo del hambre. Impacto social y económico de la desnutrición infantil en el
Perú. CEPAL, 2005
http://www.onu.org.pe/upload/documentos/pma_costodelhambre_resumen.pdf.
2 El costo del hambre. Impacto social y económico de la desnutrición infantil en el
Perú. Cepal, 2005.
3 Informe nacional de seguridad alimentaria 2002. Dirección General de
Información
Agraria
Minag:
http://www.lib.utexas.edu/benson/
lagovdocs/peru/federal/agricultura/ Informe%20Nacional%202002.pdf.
4 Protección social de los grupos vulnerables; competitividad de la oferta
alimentaria nacional; fortalecimiento de las capacidades para el manejo de riesgos
en seguridad alimentaria a nivel local, regional y nacional; y marco institucional a
nivel local, regional y nacional, para modernizar la gestión en seguridad
alimentaria.
5 Entrevista en el diario Expreso, 6 de setiembre de 2010
6 Jules Pretty, Universidad de Essex (Reino Unido).
Fuente: La Revista Agraria. Año 11, No. 123, octubre 2010.
Publicación del CEPES (Centro Peruano de Estudios Sociales). Se distribuye
gratuitamente con La Republica el último miércoles de cada mes.
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