El Viraje Estratégico
por: Carlos Cosío
Durante un viaje con Don Tomás Elizondo, dueño de una cadena de ferreterías en el norte del país, me
comentó: “Desde hace tiempo veo que trabajas arduamente para sustentar el crecimiento de empresas
como la nuestra, ¿crees que esta etapa de crecimiento durará muchos años? ¿Qué sucedería si el auge
económico que estamos viviendo se interrumpiera?”.
En verdad me sorprendió. No estaba listo para esa pregunta. Me quedé un rato en silencio, pensando, y
luego respondí: “Si llegáramos a una situación crítica, me prepararía para hacer un ‘Viraje Estratégico’.
El término amerita una explicación y una reflexión.
Vivimos en una época de transición. El cambio se ha convertido en el único factor estable en nuestros
escenarios de planeación. El ritmo, la frecuencia y la intensidad de transformación que envuelven a
nuestro entorno parecen no darnos tregua ni permitir periodos de estabilidad. La turbulencia del entorno
es tal, podríamos afirmar, que nuestro futuro ya pasó ayer; es decir, que los acontecimientos que van a
impactar el desempeño de nuestro negocio ya sucedieron. Ante esto, si hay alguna virtud que debe
desarrollar hoy cualquier empresa, es la de la flexibilidad. La rigidez, el exceso de confianza y la lentitud
de respuesta podrían detener el avance de nuestra organización si cambian las circunstancias que nos
rodean.
En consecuencia, ante el desafío constante del cambio en nuestro entorno, los hombres de empresa
debemos aprender a dirigir las transformaciones en nuestras organizaciones. Para lograrlo, existen dos
grandes opciones: mejorar nuestra capacidad de juego en los tableros competitivos donde estamos o
modificar radicalmente nuestra posición en esos tableros. La primera alternativa se interpreta como
“procesos de mejora continua” y se traduce en esfuerzos de optimización,
calidad, productividad,
servicio, costo, etcétera. A la segunda la hemos denominado ‘procesos de mejora discontinua’: cambios
estratégicos en nuestros enfoques competitivos, nuestras combinaciones producto–mercado, nuestra
dimensión y fórmula de negocio.
Por tradición hemos contemplado el crecimiento de nuestras empresas como un asunto de incremento
en volumen o tamaño. Este limitado concepto de crecimiento empresarial ha causado que el cambio más
trascendental en la vida de nuestras organizaciones no se haya dirigido de forma adecuada, pues hemos
permitido rendimientos decrecientes, fugas de energía organizacional, dispersión de nuestros recursos,
debilitamiento competitivo, tolerancia a la improductividad. Y lo hemos hecho con ojos satisfechos,
mirando con orgullo nuestra única medida de éxito: el crecimiento en dimensión y penetración de
mercado. Todos estos lastres han dado por resultado el hecho de que nuestras empresas engordan
mucho más de lo que crecen.
En síntesis, se nos presentan los siguientes retos:

Encontrar cómo construir una organización flexible ante el cambio.

Orquestar nuestros procesos de mejora continua y discontinua como el camino más viable para
dirigir nuestro propio cambio.

Eliminar la gordura acumulada de nuestras erráticas pautas de crecimiento.
Estos tres retos vienen acompañados del mayor peligro de todos en cualquier empresa moderna: la
inercia, enemigo mortal que paraliza y anula nuestra capacidad de adaptación.
Por todo esto requerimos de una metodología de Dirección de Cambio y Crecimiento. Esta metodología
debe apuntar a cuatro grandes prioridades: romper la inercia, eliminar la grasa, integrar nuestros
procesos de mejora y construir un camino flexible de crecimiento.
El Viraje Estratégico nos permite retomar el control del crecimiento de nuestra organización porque es un
conjunto de acciones de alto impacto dirigidas a provocar una transformación radical en la empresa,
partiendo de la identificación de sus problemas de fondo y de sus áreas críticas de oportunidad, además
de buscar cómo construir el proyecto de futuro que se quiere. Consiste en la definición de una serie de
objetivos y el establecimiento de prioridades a fin de volcar a todos los miembros de la organización
hacia un fortalecimiento inmediato que ayude a asegurar primero el presente de la empresa para luego
construir su futuro.
Mi amigo tiene razón, no debemos confiarnos sino estar atentos y preparados. Y para hacerlo
requerimos una metodología efectiva que nos ayude a administrar nuestro crecimiento dándole la más
alta prioridad a la flexibilidad.
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