Roman Chalbaud, el señor del cine venezolano
Victoria P. Simme
Especial para El Universal
SE CELEBRAN cien años de un cine que no parece poseer la fortaleza
suficiente para aguantar los problemas económicos del país y la indiferencia
del público. Sin embargo Chalbaud sigue trabajando, filmando
Román Chalbaud palmea con cariño a la perra de pelo miel. Ella responde
juguetona al contacto. Él la mira y sin embargo, por segundos, parece no estar
presente en el lugar. Su mente, quizás, revisa las escenas que faltan por montar
de Pandemonium, su más reciente película.
RC: Es como el monstruo de Frankestein -comenta con voz pesada, ajena- va
creciendo, adquiriendo vida propia. Cuando se hace una obra, se piensa que
determinada escena es maravillosa, pero luego al verla en pantalla, te das cuenta
de que no era tan buena como tú pensabas. Y otra cosa a la que no le diste
importancia, como un detalle de transición, resulta que cobra un gran valor.
VS: Las horas de montaje se ven reflejadas en su rostro, en su cuerpo.
RC: Ahora es mucho mas rápido montar, porque se tiene el video a mano, ya
tengo montados cinco rollos y son diez - dice mientras observa por el balcón el
grupo de edificios, el trozo de Ávila, el retazo de un cielo azul casi blanquecino.
VS: Estas últimas semanas han sido de mucho trabajo para Román
Chalbaud, pues además de dedicarse al montaje de Pandemonium, prepara el
reestreno de Reina Pepeada en el Teatro del Paraíso. Y seguramente, con la
celebración de los 100 años del Cine Venezolano no faltará quien le haga otra
entrevista o solicite afanoso alguna declaración al respecto.
RC: Fui a mejorar mi inglés a la Universidad de Nueva York. Estando allí conocí a
los Strasberg. Un día, Ana Strasberg me comentó que su esposo, Lee, iba a dictar
un curso para directores profesionales de todo el mundo. Me inscribí. Los
participantes eran directores consagrados de Japón, Alemania, Estados Unidos,
México, Transilvania. Ese fue el último curso que dio Strasberg.
VS: Durante doce martes, de diez de la mañana a cuatro de la tarde,
Chalbaud y los otros cineastas se reunían y trabajaban en el Teatro Marilyn
Monroe.
RC: Teníamos como tarea dirigir escenas de obras, las cuales previamente eran
aceptadas o no por Lee. Los actores eran los alumnos del Actor`s Studio. El
ejercicio consistía en presentar la escena, el la criticaba y por lo general la hundía.
Recuerdo que a mi me tocó de primero: había preparado una escena de Yerma, de
García Lorca. A la actriz la destrozó, pero elogió mucho la puesta en escena, cosa
que el nunca hacía, de esto último me enteré después.
Uno aprendía de sus críticas, de sus observaciones
RC: Si vas a dirigir por el método, los actores que están bajo tu égida tienen que
conocerlo perfectamente. Cuando hago una película, no puedo usar el mismo
método con todos los actores, porque unos no saben lo que es, otros vienen de la
televisión, otros son novatos. Sin embargo, esos conocimientos te permiten guiar a
un intérprete y darte cuenta de la entrega que es la actuación.
RC: En el cine la mirada es muy importante, los ojos dicen todo, como si fueran
una radiografía. Si vas por una calle, miras a un hombre a los ojos y captas que
algo terrible le sucede... y él no está hablando. Eso es cine.
RC: Ensayo mucho cuando estoy por hacer una película. Hago muchos ensayos
de mesa, leemos una y otra vez el guión. De manera que cuando los actores llegan
a la filmación, saben perfectamente en que momento de la película están, que es
lo que quiero de ellos. Si, el primer día de rodaje, empezamos a filmar en la escena
cuarenta, ellos saben a que situación se enfrentan, de donde vienen. En cambio,
en la televisión, no se ensaya nada y los directores por lo general no dirigen, las
cámaras lo hacen. Lee Strasberg llamaba a los de televisión directores de tránsito:
Entre por aquí, abra la puerta, siéntese en esa silla, párese, vaya a la ventana... es
como dirigir el tráfico y eso no es dirigir.
VS: ¿Y el dinero?
RC: Por mi haría una película al año, tengo innumerables ideas, por ejemplo quiero
llevar al cine la pieza Reina Pepeada. Si tuviera el dinero ahorita, la filmaría. Pero
no, primero tengo que buscar quien pone dinero. El único ente que invierte dinero
aquí es el Centro Nacional de Cinematografía y antes era Foncine. Aquí no hay
productores que metan dinero en el cine.
RC: Porque realmente no es un negocio. En los setenta, las películas se pagaban
y eso me permitió hacer 16 filmes. Uno al año, una vez hice dos en un año. La
quema de Judas costó 900 mil bolívares, la siguiente, Sagrado y obsceno costó un
millón 200 mil. Así ha ido subiendo hasta Pandemonium que costó 130 millones.
Solo el negativo, 70 mil pies, fueron 20 millones. Entonces, si la película cuesta
120 millones y a ti te toca el 28% de la taquilla, para recuperar la cinta se tienen
que recaudar en Venezuela 360 millones... yo no sé si eso ha sucedido. Creo que
no, pero si los da son películas como Rambo.
RC: Pasa también que la televisión no ha querido entrar en el negocio del cine. En
la Ley de Cine aparecía que la televisión debería invertir dinero en películas
venezolanas, pero se han negado. En otros países hay lo que se llama el derecho
de antena: por ejemplo se va a hacer una película española y si es de interés para
Televisión Española, te dan el 40 % del costo y a cambio les das el derecho de
transmitirla dos años después. Esa es la lucha tan terrible que se mantiene en el
país, porque eso aquí no se hace.
RC: Volví a la televisión porque uno tiene que vivir de algo. Además lo hice con
proyectos considerados dignos dentro del medio: Nuestra Señora de Coromoto y
los 30 primeros capítulos de El perdón de los pecados, de Ibsen. Me gané un
dinero que invertí en la película y además necesitaba para vivir... los quince y los
últimos tienes que pagar una serie de cosas. Sin embargo, estuve fuera del medio
televisivo desde el 81, porque el cine me lo permitió.
VS: El cine es la expresión cultural de nuestro país. ¿No tenemos derecho a
opinar artísticamente sobre nuestros problemas, el amor, la economía o los
problemas del mundo?
RC: Pienso que me tengo que expresar en mi país y seguir el hilo de lo que aquí
sucede. Vivo aquí, soy venezolano. Sin embargo, me contratan afuera, estuve año
y medio en Puerto Rico haciendo una novela. Tormento, de Pérez Galdos. ¿Ves?,
me llaman pero no para quedarme, pienso que tengo que hacer mi labor en
Venezuela.
VS: Tengo que agregar a Luís Alberto Lamata, porque después de Jericó y
Desnudo con naranjas se ha convertido en uno de los mas importantes
directores venezolanos.
RC: La que más me sigue gustando es Araya, porque es cine puro. Es un poema.
También admiro muchísimo a otras películas del cine venezolano: `Oriana`,
`Disparen a matar`...aunque a Araya yo le tengo un cariño muy especial.
RC: Es muy difícil escoger. El pez que fuma es una película que todavía me trae
grandes alegrías, me llevan a todas partes del mundo cuando exhiben El pez que
fuma. A estas alturas se ha convertido en un clásico, en una cult movie. Fue
elegido dentro de las 20 mejores películas latinoamericanas de todos los tiempos.
Por otro lado pienso que La oveja negra es superior técnica y artísticamente. Y
pienso que la mejor va a ser Pandemonium- afirma Chalbaud, mientras en su
mirada se percibe la obstinada pasión de un hombre obsesionado por hacer
películas... puro cine.
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Entrevista a Roman Chalbaud

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