México: Algunas notas sobre el panorama electoral

Anuncio
México: Algunas notas sobre el panorama electoral
Andrés Avila Armella :: 26/06/2012
A menos de una semana de que se realicen las elecciones presidenciales en México, podemos
anotar algunos rasgos esenciales del proceso
A menos de una semana de que se realicen las elecciones presidenciales en México, se habla de una
reñida competencia entre el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto y el del Movimiento Progresista,
Andrés Manuel López Obrador. Aún quedan muchas dudas en el aire acerca de lo acontecido hace
seis años, y por la poca confiabilidad de las encuestas, existen serias dudas acerca de quién aventaja
en estos momentos la contienda, pero además, sigue siendo una incógnita, si en caso de ganar López
Obrador, el resultado esta vez será respetado. Como podemos ver, muchas de esas dudas no pueden
responderse con la precisión que nos gustaría, sin embargo, sí podemos anotar algunos rasgos
esenciales del proceso, para luego, finalizado el mismo, retomarlos y dar una explicación más
detallada. Así pues, en este artículo hablaremos sobre algunas características generales de cuatro
actores: El candidato del PRI, EPN; el candidato del Movimiento Progresista (PRD, PT, Movimiento
Ciudadano), AMLO; Los candidatos restantes, Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri, y el
Movimiento “Yo soy 132”. Para al final dilucidar algunos de los elementos que permiten la
interacción entre ellos a través de los rasgos esenciales de la lucha de clases. Enrique Peña Nieto
(EPN). El candidato “perfecto” Desde hace siete años, cuando EPN, fue postulado para
gobernador en el Estado de México, se fue construyendo su candidatura presidencial, la importancia
económica y geográfica de la entidad más poblada del país, permitió que desde entonces su nombre
fuera conocido a lo largo y ancho del territorio nacional, la suya entonces, fue una campaña
mediática intensa, en donde el PRI, hacía uso de su estructura más sólida, postulando a uno de los
hijos predilectos del conocido “grupo Atlacomulco ” para, desde ahí, reconstruir la imagen del PRI
como un partido capaz de gobernar eficientemente y además con cierta legitimidad política,
combatiendo mediáticamente el mito del político priísta mentiroso, corrupto, dinosáurico. De este
modo, desarrolló una campaña caracterizada por la firma de compromisos ante notario público,
enfatizando su voluntad de cumplirlos. Una vez como gobernador, Peña Nieto, formó un grupo de
burócratas y empresarios que pudieran dar, cuando menos en lo general, cumplimiento a sus
compromisos firmados, la mayoría de los cuales se trataban de construcción de algún tipo de
infraestructura, a la vez que “Grupo Televisa” se sumaba afanosamente a la campaña del mismo,
aportando para él, a sus artistas más afamadas del momento para promocionar el “cumplimiento” de
los compromisos de campaña. Atenco y Peña Nieto El 3 de Mayo de 2006, cuando apenas cursaba el
primer año de su gobierno en el Estado de México, se le presentó una oportunidad; la posibilidad de
protagonizar la represión en contra del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, así como del
movimiento conocido entonces como “La Otra Campaña”, convocado y dirigido por el EZLN, el cual
pretendía construir un bloque de fuerzas anticapitalistas organizadas por fuera de la política
electoral. Es necesario decir que ni el FPDT, ni La Otra Campaña, resultaban en lo más mínimo del
agrado de la burguesía en el poder, pero la legitimidad de ambos movimientos, había dificultado la
represión. A tan solo dos meses de que se concretara la elección presidencial en la cual se perfilaba
como favorito el candidato López Obrador, el Estado Mexicano, decidió dar una lección a la
izquierda independiente, ordenando una ejemplar represión a los integrantes del FPDT, y a los
elementos más decididos de La Otra Campaña. Con bombo y platillo, tanto Fox como Enrique Peña
Nieto, se adjudicaron orgullosos el haber dirigido un operativo que impusiera el “orden” y el “estado
de derecho” en un territorio en donde la fuerza hegemónica era un movimiento popular
independiente y con perspectivas anticapitalistas. Con ello, trataron de demostrar ambos, a la
burguesía que los respaldaba, que no era necesario dar un giro hacia López Obrador, pues con
elementos como ellos, el Estado Mexicano, tenía aún la capacidad de reprimir a los brotes radicales
de inconformidad sin que esto les generara mayor problema de estabilidad política. Ese golpe, no
lahaine.org :: 1
podemos negarlo, fue contundente, el FPDT, tuvo que encausar sus energías a liberar a sus
principales dirigentes y por tanto dejar en un segundo plano la lucha por otras conquistas que se
estaban planteando, además de alejarse un poco, cuando menos de manera masiva, del movimiento
popular con perspectivas políticas anticapitalistas. La Otra Campaña, por su parte, nunca recuperó
la fuerza con la que contaba en aquellos días y fue presa entonces de la inmadurez en que se
encontraba en aquel momento, dejando en los hechos, de ser una amenaza política para el Estado
Mexicano. Con estos hechos, Peña Nieto logró ser el favorito de la burguesía, un político
carismático, respaldado por un aparato burocrático que combina exitosamente la manipulación y la
represión, impulsado por el grupo empresarial con mayor proyección en medios de comunicación en
México y América Latina, Televisa. A diferencia de lo ocurrido hace seis y doce años, esta vez el PRI,
como lo hacía antaño, construyó una candidatura unitaria, la elección interna no dilucidó sus pleitos
y rivalidades por intereses de poder local, tan sólo se perfiló otro posible candidato priísta, Manlio
Fabio Beltrones, pero este declinó a temprana hora sin hacer ningún comentario negativo en contra
de EPN. La gran familia priísta retomaba su tradición de borrar sus diferencias ante las cámaras,
luciendo unidad en los procesos electorales. México llega al 2012 con relativa calma política, aún en
medio de una guerra cuyos protagonistas representan la degradación moral y política del
capitalismo y que ha costado más de sesenta mil muertos, pero a diferencia de hace seis años, no
parece haber grupos, organizaciones, o movimientos con alguna perspectiva revolucionaria, con la
capacidad de desestabilizar en el corto plazo al Estado Mexicano, por lo que la campaña presidencial
arrancó y se desarrolló, en su primera etapa, sobre la sensación de ser solo un formalismo que
legitimará la imposición burguesa de Peña Nieto en el gobierno, algo tendría que ocurrir para
cambiar ese curso. Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Tras dos campañas y una
“presidencia legítima” Como sucedió esta vez con Peña Nieto, AMLO había sido hace seis años el
candidato perfecto, Jefe de gobierno de la capital del país, logró desde ahí proyectar a su persona y
a su partido como un partido de “izquierda moderna”, sin rezagos marxistas que pudieran hacer
sentir amenazada a la clase en el poder. López Obrador hizo de un grupo proveniente del PRI y que
sin embargo no había sido parte del Frente Democrático Nacional en el 88, sino que incluso había
sido en muchos sentidos brazo derecho del salinismo, sus operadores políticos; me refiero al grupo
encabezado por el ex regente del DF, Manuel Camacho Solís, en donde milita el ahora Jefe de
Gobierno Marcelo Ebrard. AMLO, mostró tener la capacidad de solucionar algunas demandas
burguesas, combinando la cooptación y la represión, logró concretar algunos viejos proyectos de la
burguesía en el DF, tal como la transformación del Centro Histórico de la Ciudad de México en un
corredor turístico - comercial, proyecto trabajado con Carlos Slim, además de la construcción de
infraestructura comercial y vial, con inversión pública y privada, el control de las organizaciones
solicitantes de vivienda y de pequeños concesionarios de transporte, así como un sistema de
seguridad pública relativamente más eficiente. Un gobierno que les rendiría cuentas a ellos y que
cumpliera algunas demandas populares a través de programas sociales, pero que para realizarlos,
no les pediría a los empresarios más contribuciones fiscales, sino que el dinero necesario para los
mismos provendría de un abaratamiento de los gastos burocráticos de su gobierno. AMLO, hace seis
años, no tuvo tampoco contrincante interno, sólo Cuauhtémoc Cárdenas trató en un inicio de
disputar la candidatura presidencial, pero al ver que las preferencias internas no le favorecían, tuvo
que retirarse, aunque no lo hizo de forma muy fraternal, pues mediáticamente atacó la candidatura
lopezobradorista. Lo importante a resaltar es que tanto el PRD, como sus partidos aliados,
construyeron en unidad, y con tiempo de ventaja, la candidatura de López Obrador, haciendo
parecer también, al arranque de aquella campaña, que esta sería solo la formalización de su triunfo.
Error o contradicción, AMLO y su gente, olvidaron un precepto básico de la política burguesa, el
resultado no lo define la popularidad sino la clase en el poder, quien cuenta con una serie de
mecanismos para imponerse, sólo puede cambiar una decisión de la clase dominante cuando su
contraparte demuestra una fuerza tal que lo haga ceder en sus preferencias. Al final de cuentas el 6
de julio del 2006, el bloque hegemónico de la clase dominante en México, evitó con los medios a su
alcance, la victoria electoral de López Obrador, respaldando al entonces candidato del PAN, Felipe
lahaine.org :: 2
Calderón. Es seguro que en esa decisión se contemplara un riesgo de inestabilidad, pero después del
4 de Mayo en Atenco, esa posibilidad parecía más manejable. La burguesía confió entonces en sus
cuadros burocráticos más leales y apostó a que ni López Obrador convocaría a una insurrección, ni
el ala más radical del movimiento popular, estaría en posibilidad de hacerlo, lo cual permitiría a las
fuerzas represivas del Estado, controlar cualquier brote; si a esto le anexamos el plan de
militarización operado por Calderón, el asunto parecía pues, controlable. Aun habiendo respetado en
lo esencial el consenso burgués, evitando una insurrección popular, optando por la salida política de
la “presidencia legítima”, la burguesía alimentó sus desconfianzas hacia el proyecto
lopezobradorista cuando este convocó a las movilizaciones de hace seis años, instalando un plantón
enorme en el DF y buscando en los meses siguientes, algunas alianzas con sectores más radicales
del movimiento popular. AMLO fue castigado desapareciendo de los medios, y a diferencia de hace
seis años, su aparición en los mismos fue escasa; internamente, el PRD, coqueteó con la posibilidad
de postular a Marcelo Ebrard, pero al final se definió por hacer unidad alrededor de López Obrador.
Sin embargo, es importante señalar que durante esos años intermedios, el PRD exhibió muchas de
sus confrontaciones internas, en donde una parte del mismo atacó de manera abierta a López
Obrador, alimentando la posición que lo ubica como un político autoritario, propio de una “izquierda
rezagada”. AMLO tenía dos opciones; radicalizarse, bajarse del tren institucional y construir un
movimiento desde abajo con una perspectiva claramente de izquierda, o bien, hacer caso a sus
detractores internos (del PRD) y dedicarse a ganar la confianza de la burguesía, renegando de sus
propias movilizaciones y desmarcándose claramente de la posibilidad de amagar la estabilidad y el
orden burgués. López Obrador optó por lo segundo, y hasta que lo hizo claramente, se restableció la
unidad interna entorno a su candidatura. López Obrador arrancó su campaña pidiendo perdón por
haber encabezado movilizaciones hace seis años y renovando su discurso al estilo de la Democracia
Cristiana o de la socialdemocracia más moderada. Para evitar la desconfianza de la burguesía, en un
aspecto fundamental se ha comprometido a dejar en manos de ella misma la conducción de la
economía nacional, adelantando que será Fernando Turner, connotado burgués del grupo
Monterrey, de amplia tradición reaccionaria, su Secretario de Economía. Además anunció en la
Secretaría de Educación a Juan Ramón de la Fuente, quien encabezó la represión contra el
movimiento estudiantil de la UNAM en el 2000, encarcelando a cerca de mil estudiantes. Con este
tipo de señales, AMLO realiza ahora sí, un acto de congruencia política, ha elegido claramente de
qué lado está, del lado del Capital. Es importante señalar que la propuesta política de López Obrador
nunca había sido tan conservadora como ahora, la plataforma política y económica que ha
presentado ahora, es menos ambiciosa en términos de justicia social que la presentada hace seis
años, y en su campaña participan de forma más abierta, sectores de la burguesía. Si en el 2006
López Obrador había evitado siquiera usar la palabra “izquierda” en su campaña, ahora mucho
menos lo ha hecho. Aún así, la burguesía no habría encontrado motivos para apoyarlo, aún cuando
AMLO ya les había resuelto un problema, ha jurado lealtad a la burguesía, pero esta no se veía en la
necesidad de hacerle caso, pues ya tenía un candidato que no le ameritaba tanta desconfianza y cuya
campaña avanzaba sin tropiezos, algo tendría que pasar. EL PAN Y EL PANAL. Entre la construcción
de su fuerza y la definición de la elección No me extenderé mucho hablando de la candidatura de
Josefina Vázquez Mota y de Gabriel Quadri, pues desde mi punto de vista ninguno de los dos se ha
propuesto realmente ganar la elección. No obstante es posible que buena parte de la militancia del
PAN, hubiera querido mantener a su partido en el gobierno, y que algunos hayan pensado
sinceramente que Vázquez Mota era su mejor abanderada, y que incluso, algunos de ellos sigan
pensando en un posible cambio en las tendencias electorales, lo cierto es que Josefina Vázquez Mota
fue siempre, desde el principio de las campañas, una rival muy cómoda para Enrique Peña Nieto, a
la vieja usanza panista. La candidata nunca logró ofrecer una ventaja significativa sobre su
competidor priísta al bloque hegemónico de la clase dominante, y a diferencia de AMLO, ella no
puede decir que su popularidad es una buena carta fuerte para legitimar al Estado Mexicano. Tal
como ocurrió con la candidatura de Roberto Madrazo hace seis años, la de Vázquez Mota se ha ido
desinflando poco a poco haciendo evidente que muchos promotores del voto panista, ahora se hallan
lahaine.org :: 3
apoyando o a López Obrador o a Enrique Peña Nieto. Por lo que ahora, para el PAN, el objetivo claro
está en tratar de buscar tener una bancada equilibrada en el congreso, ganar algunas gubernaturas
y municipios, así como en pensar en la carrera presidencial del 2018. Nuevamente, para que esto
pueda cambiar, necesitaría pasar algo hasta ahora imprevisible. En el caso de Quadri, no hay mucho
que decir, se trata del representante de un feudo político de la conocida sindicalista corrupta Elba
Esther Gordillo, quien hace seis años fuera pieza clave en la operación del fraude electoral contra
AMLO, y tradicionalmente alineada al PRI, aún cuando en algunos momentos ha hecho alianza con el
PAN. Seguramente ahora, Gordillo está pensando en la conveniencia de que Quadri decline a favor
de algún candidato y buscando negociar dicha declinación, y como otra opción tendrá el llegar
sosteniendo a su candidato hasta el 1 de julio, esperando que su feudo político crezca obteniendo el
registro y algunos puestos en el congreso. El movimiento “Yo soy 132”. El protagonista no
invitado He aquí el elemento que nadie esperaba; como he señalado líneas atrás, al inicio de la
campaña ésta parecía simplemente un ejercicio de legitimación de la imposición en la presidencia de
Enrique Peña Nieto; seguramente, los operadores políticos, policiacos y militares del Estado
mexicano, tenían estimada la fuerza del movimiento popular con carácter independiente, y veían
poco probable un repunte del mismo, a niveles nacionales cuando menos. Por lo que incluso las
movilizaciones de estudiantes en Michoacán, o del magisterio, en varios estados, poco o nada
alteraban el curso de las campañas presidenciales; desde el punto de vista de Estado, estos brotes
son una regularidad y están de algún modo bajo control, provienen de sectores tradicionalmente
“belicosos” y su belicosidad no sorprende a nadie. La opinión de la burguesía sobre apoyar o no a un
candidato, no cambia cuando le dices que estudiantes de origen proletario y con tradición de lucha,
no apoyarán a un candidato eminentemente burgués, como lo es Peña Nieto, por el contrario, la
burguesía seguramente dudaría en apoyar un candidato que despertara ese tipo de simpatías. Pero
el asunto brotó donde menos se esperaba, en la Universidad Iberoamericana, la institución que
graduó a Vicente Fox, una de las Universidades particulares con más tiempo en México, quien
durante años ha promovido la privatización de la educación superior. Se trata de un espacio
educativo en donde nunca antes había brotado una expresión masiva de descontento, en todo caso
excepciones personales o de grupos muy pequeños. La inconformidad mencionada en aquella
mañana, sin ser de una expresión radical, es decir, sin cuestionar de fondo la estructura económica
o política de México, mucho menos el poder de la burguesía, sí ponía en entredicho la capacidad de
Enrique Peña Nieto para gobernar con cierto grado de legitimidad el país. A la burguesía nunca le
importó en lo más mínimo que los ejidatarios de San Salvador Atenco estuvieran inconformes con
aquel que hubiera operado la represión en su contra, ni la opinión de las víctimas de la misma, pero
el hecho de que un grupo de estudiantes provenientes de la pequeña y mediana burguesía, ubicados
en un espacio tradicionalmente reaccionario lo hicieran, sí resultó digno de ser difundido
ampliamente en los medios de comunicación. El reclamo de aquellos jóvenes ni siquiera era en el
sentido de que no se debió haber reprimido al FPDT o a La Otra Campaña, sino, principalmente, que
la forma en que se hizo, rebasa los límites mismos de la racionalidad burguesa y que por tanto no se
comparte el método. Ese suceso provocó además la reactivación del movimiento estudiantil en otros
espacios educativos tradicionalmente más combativos como la UNAM, la UAM, o el IPN, de donde
surgió lo que ahora se conoce como el movimiento “Yo soy 132”. Sin embargo las demandas y la
plataforma de dicho movimiento, dista mucho de tener una perspectiva revolucionaria, clasista o
radical, por el contrario, en su seno han surgido muchas voces que reclaman desmarcarse de las
expresiones del movimiento estudiantil con tradición de lucha social. A diferencia de lo ocurrido
hace seis años con “La otra Campaña”, el movimiento “Yo soy 132” no está dirigido por una
organización política de perfil revolucionario, ubicado en uno de los rincones más pobres del país,
esta vez, el movimiento estudiantil ha sido convocado directamente desde la pequeña burguesía,
enarbolando demandas netamente pequeñoburguesas como mayor apertura en los medios de
comunicación, el voto informado, libertad de expresión y de prensa, en suma, en lugar de criticar la
legalidad burguesa, proponen el irrestricto respeto a la misma, sólo que a quien demandan cumplirla
es a los sectores de la burguesía y de la burocracia política que son muy firmes en aplicar el “estado
lahaine.org :: 4
de derecho” a sus adversarios, y muy tibios para aplicárselo a sí mismos. Por lo mismo, el
movimiento “yo soy 132”, no se ha propuesto más que ser un movimiento estrictamente
universitario, y no ha convocado a la organización obrera ni campesina en algún otro sentido, sino
que ha encontrado en el ideal de Universidad, el espacio aparentemente neutral en donde las ideas
pueden ser defendidas por sí mismas al margen de la lucha de clases. Así también, muchos de los
jóvenes que hace seis años estaban mirando hacia las propuestas de lucha anticapitalista
provenientes de organizaciones abiertamente revolucionarias, así como a las experiencias de lucha
en las comunidades indígenas, en las fábricas y en los campos, ahora se encuentran mirando hacia
las propuestas de los estudiantes de las universidades privadas. Esto no es una crítica al movimiento
“yo soy 132”, al contrario, como marxistas podemos reconocer la legitimidad de un movimiento que
demanda algo justo, y el esclarecimiento de una atrocidad como la ocurrida en Atenco es algo justo,
y la manifestación en contra de la imposición burguesa de un personaje represor también lo es, sin
embargo eso no nos autoriza a abandonar las premisas básicas de nuestro análisis, para no pedirle
peras al olmo. Es decir, el movimiento “yo soy 132” es un movimiento en donde la pequeña
burguesía ha podido enarbolar algunas demandas democráticas, y no podemos pedirle más que eso,
pero tampoco es sensato esperar de él algo más que eso. Más allá de cualquier limitación inherente
a su composición clasista, es importante reconocer que el gran mérito de dicho movimiento ha sido
marcar un límite al ejercicio de la represión, imponiéndole un costo político a quien lleva seis años
presumiendo y lucrando con la efectividad represiva de lo hecho en Atenco el 3 y 4 de Mayo del
2006. Algunas tendencias Habiéndose cerrado el periodo de campañas presidenciales, podemos,
sin atrevernos a ser presagiadores del futuro, a señalar algunas tendencias: - Independientemente
de si gana la elección Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador, la reacción de Josefina
Vázquez Mota y de Gabriel Quadri, será el reconocer el resultado electoral y en todo caso apelar a
que cualquier controversia se resuelva desde el ámbito institucional. - De ganar Andrés Manuel
López Obrador, sobre todo si lo hace por escaso margen, el PRI tendrá ante sí la posibilidad de
impugnarla por medios legales, cabildeando entre el bloque hegemónico de la clase dominante, la
posibilidad de invalidar dicho triunfo. Pero si esto no constituye una posición prácticamente de
consenso en dicho bloque, el PRI, se limitará a asegurar lo suyo y en reorganizar sus fuerzas. - De
ganar Enrique Peña Nieto, el Movimiento Progresista encabezado por AMLO, se encontraría
nuevamente en la disyuntiva de reconocer, o no, los resultados de la elección; solo que a diferencia
de lo acontecido hace seis años, sería inútil que AMLO se fijara la misma estrategia de “defensa del
voto” que en el 2006, pues ahora sí tendría que definir de forma más clara, si está dispuesto a
reconocer el orden burgués en toda su extensión aunque parte de su funcionamiento no sea
compatible con sus expectativas políticas, o bien, en ahora sí desconocer la legalidad burguesa y
llamar a la resistencia haciendo uso de los instrumentos que la izquierda revolucionaria ha acuñado
a lo largo de su historia (ya sea la huelga general, la insurrección popular, la lucha armada etc). Si
optara por lo segundo, prácticamente tendría que olvidarse de cualquier posibilidad de recuperar la
confianza de la burguesía para otra ocasión, y seguramente provocaría una gran desbandada de los
personajes de la política y de la burguesía que ahora lo respaldan. Por lo que desde mi punto de
vista, lo más lógico es que si EPN es declarado vencedor de la elección, AMLO se limitará a pedir
una revisión muy institucional del proceso y más temprano o más tarde reconocerlo como válido. Independientemente de cuál de los candidatos sea proclamado ganador, el bloque hegemónico de la
clase dominante, ya tiene pensada la forma en que ha de imponerle su agenda y presionarlo para
que cumpla con sus requerimientos. En caso de que alguien se negara a cumplir con dicho bloque,
éste ya tiene pensado también la forma de sabotear su gobierno e imponerse de un modo o de otro. El hecho de que la burguesía esté dividiendo su apoyo entre Peña Nieto y López Obrador,
principalmente, no supone una fractura interna de la clase dominante, pues ninguna de las agendas
y plataformas políticas presentadas por ellos es contradictoria al régimen burgués, ni supone
transformaciones profundas en los métodos de dominación. De hecho es a través de estos procesos
que la burguesía dirime con base en su legalidad, sus diferencias. - El Movimiento “Yo soy 132”
difícilmente sobrevivirá organizado después del 1 de julio, a menos que vuelva a presentarse
lahaine.org :: 5
nuevamente un evidente fraude electoral, por lo que su existencia si constituye un hecho de presión
que puede inhibir la ejecución del mismo. Sin embargo si todo concluye con relativa normalidad,
seguramente terminará por dividirse y fragmentarse pues su estructura organizativa no es muy
clara, y muchos de quienes participan en él, retomarán las propuestas y tendencias que precedían al
mismo, pues en él subsisten tendencias políticas incompatibles. Si el movimiento “Yo soy 132” llega
a ser el factor que determine la inviabilidad de la imposición de Peña Nieto como presidente, o bien,
inhibe durante un tiempo las expresiones más salvajes, represoras y corruptas características del
Estado mexicano, entonces habrá triunfado. - Si la izquierda revolucionaria quiere influir
decisivamente en la Historia de México, tendrá que replantearse muchas cosas, sobre todo el hecho
de que nadie hará por ella lo que ella misma no está dispuesta a hacer, y habrá de valorar
seriamente la necesidad de construir desde abajo, desde la base, organizaciones y frentes
verdaderamente clasistas que siguiendo una estrategia y táctica adecuada, puedan replantearse
seriamente la conquista del poder para los trabajadores y todos los explotados. La Haine
_______________
http://www.lahaine.org/mundo.php/mexico-algunas-notas-sobre-el-panorama-e
lahaine.org :: 6
Descargar