Hera # Juno

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Reina de los Dioses,
Diosa del Matrimonio,
la Fidelidad y
la Maternidad
Hera / Juno
Pertenecía a la primera generación de dioses del Olimpo y era la mujer y la hermana de Zeus, hija de Cronos
y de Rea. Hera desempeñaba el papel de reina de los dioses y era la diosa del matrimonio y la protectora de
las mujeres casadas.
Estaba presente en todos los nacimientos y bodas, pero a pesar del carácter festivo de esas celebraciones tenía
una personalidad hosca, vengativa, terca y despótica.
Era todavía muy niña cuando Rea (Cibeles), su madre la entregó a los cuidados de Tetis y Horas. Quería
salvarla de la furia de Cronos (Saturno), el padre terrible que devoraba a sus hijos. Lejos del peligro, creció
bella pero solitaria. Un día recibió en su escondite la visita de su hermano Zeus (Júpiter) quien, tras derrotar a
Cronos en violenta lucha, se convirtiera en señor del Olimpo. Juntos conversaron. Hablaron de las tristezas
pasadas y de un futuro mejor. Hera (Juno) se sentía feliz. Pero Zeus ya estaba tan enamorado que no pudo
esconder sus sentimientos, y declaró a la hermana todo el amor y el deseo que por ella sentía. Sólo oyó
negativas: la diosa no quería ser una más de sus numerosas conquistas. Disconforme, el dios intentó todas las
tácticas y todas resultaron inútiles. Hasta que un día de invierno urdió una estratagema. Se transformó en
cuclillo y, así, disfrazado de avecilla triste y casi muerta de frío, se acercó a su hermana. Con sus besos, Hera
trató de reanimar al cuclillo. Y procuró darle calos apretándolo contra su pecho. Cuando se dio cuenta del
ardid ya era tarde: había sido violentada. Llena de vergüenza, pidió al hermano que reparase su falta. Y Zeus
le prometió inmediatamente desposarla. Todos los dioses asistieron a la ceremonia de la boda, y ofrecieron a
la novia valiosos regalos. Al término de la fiesta, la pareja partió para su noche de bodas, que duró 300 años.
Después, la diosa se baño en la fuente de Canatos, en Nauplia, y recuperó la virginidad. Enseguida se dirigió
con su esposo hacia el Olimpo donde, al lado de Zeus, soberano de los dioses, habría de reinar, bella y
majestuosa, desde su trono de oro.
Sus hijos con Zeus fueron: Ares (Marte), dios de la guerra y la lucha brutal, personaje violento y agresivo;
Hefesto (Vulcano), personificación del fuego, dios de la metalurgia, herrero oficial de las divinidades y los
héroes; Hebe, representación divina de la juventud eterna, cuya principal función era servir a los dioses el
néctar y la ambrosía, además de preparar el baño de su hermano Marte y enjaezar el carro de Juno; y
finalmente Ilitía, diosa de la gestación, protectora de las madres en el momento del parto. Pero también esta
Tifón (que nació únicamente de Hera, con la ayuda de la Madre Tierra), monstruo terrible, que tenía el cuerpo
cubierto de escamas y ojos que lanzaban llamas Era muy celosa y vengativa y perseguía a las amantes y a los
hijos habidos fuera del matrimonio de Zeus, gritándole con insistencia, de tal forma, que, el malhumorado
Zeus la maltrataba e, incluso, llegó a atarla a un yunque y dejarla colgada del cielo, pero Hefesto, verdugo de
ella antes la liberó y la maldad de Hera aumentó, persiguiendo a todas las amantes de Zeus, y en especial, a la
ninfa Io.
Las escenas de celos más irritantes, el odio mortal hacia sus rivales, las inflamadas discusiones domésticas,
revelan la parte esencial del carácter de Hera (Juno). La diosa tiene los mismos atributos de su compañero, y
con el divide el honor de reinar en el Olimpo. Su origen es incierto, aunque se puede creer que no se trate de
una divinidad indoeuropea, y que su culto sea anterior a la invasión de lo aqueos. En los tiempos históricos se
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le atribuía la tutela de los nacimientos, y en las leyendas relativas a Zeus ella formaba parte importante del
matrimonio sagrado. Es posible que Hera fuese, tal vez, una de las tantas personificaciones de la antigua
diosa−madre, elevada por sobre su naturaleza terrestre por ser esposa de Zeus. Lo mismo que otros dioses
griegos, Hera es la imagen de un carácter humano: sus celos, sus venganzas y quejas constantes la hacen el
carácter más realista que se puede encontrar entre todas las divinidades de la antigüedad clásica. No es difícil,
en consecuencia, comprender por qué su culto asumió tanta importancia en Grecia, especialmente entre las
mujeres.
En sus relaciones con Zeus, Hera adopta las actitudes más corrientes, reflejando el prototipo de la esposa
media, que exige el amor de su marido en forma incondicional y no admite infidelidades. Se define, pues,
como defensora de la monogamia, predicando la aceptación de un único hombre (esposo) como compañero y
complemento de la mujer (esposa). Cuando sus ideales de fidelidad no se cumplen −como sucede
frecuentemente− abandona el Olimpo para castigar a su marido. Pero el mismo impulso que la aleja hace que
retorne. Y, nuevamente al lado de Zeus, trata de consolar su tristeza con la compañía divina.
El marido no consigue entender a la irritada esposa que tanta confusión causa a la paz doméstica. Para él, lo
esencial es la paternidad que, para llevarse a cabo, no precisa estar necesariamente relacionada con una única
mujer. Pero Zeus es el padre universal, mientras que Hera encarna a la esposa universal.
No obstante, en su papel de esposa no satisface íntegramente a su compañero. Zeus quiere y solicita sus
consejos; pero cuando ella se pronuncia lo hace, la mayoría de las veces, para contradecirlo. Sobre todo si
están en juego cuestiones relativas a las amantes de Zeus. En Homero (siglo IX a.C.) hay varios ejemplos de
estas discusiones, consideradas típicas de una pareja común.
A pesar de su constante agresividad, Hera sabe ceder. Para reconquistar al marido, sentirse nuevamente amada
y verse deseada, todos los medios son válidos. Por eso no vacila en pedir en préstamo a Afrodita (Venus) el
ceñidor (cinturón) de amor.
Con pocas excepciones, las leyendas relativas a la diosa ilustran su carácter celoso y vengativo,
particularmente en lo que se refiere a cuestiones familiares. Ningún deseo perverso, ningún afecto ilegítimo
debe perturbar la paz doméstica. El episodio del amor ilícito entre París y Helena, que desencadenó la guerra
de Troya, no le merece compasión, a su vez tuvo un papel destacado en la destrucción de Troya porque Paris
no la eligió como la más bella. Hera no sólo apoyó la victoria de los griegos, sino que también quiso asistir a
la destrucción total de los troyanos. También fue muy cruel con las Prétides, quienes dijeron ser más bellas
que ella, y recibieron como castigo una manía que las hacía creerse vacas, mugiendo en todos los lugares en
los que se encontraban. Fueron curadas por el experto médico Melampo, quien a cambio obtuvo la mano de la
más hermosa de ellas.
Su actitud rígida y moralista puede ser explicada por la circunstancias de su origen: el culto de la diosa surgió,
probablemente, en el momento en que los griegos adoptaban la monogamia y precisaban de un ejemplo divino
que castigase las transgresiones.
El carácter irreprochable de Hera (con respecto a la honra) fue retratado con mucha fidelidad por los artistas
de la antigüedad. En una celebre obra primigenia, Policleto (siglo V a.C.) la presenta como una mujer joven,
bella, casta y algo severa; en la cabeza, lleva una diadema; viste discretamente una túnica que la envuelve con
nobleza y modestia; en la mano ostenta el cetro, en cuyo extremo están el cuchillo y una piedra preciosa −el
granate− que simbolizan el amor conyugal y la fidelidad. A veces suele sostener en la mano una granada, fruta
que indica fecundidad. Aunque ésta sea una de las representaciones más características de la diosa, la que
parece ser el tipo ideal y más perfecto de la divinidad es la Juno Ludovisi, de rostro ovalado, ojos grandes y
boca seria.
Como Júpiter, Juno era venerada en lo alto de las montañas, principalmente en el Peloponeso y en las regiones
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vecinas. En Argos se encontraba el centro principal de su culto. Y fue entre Argos y Micenas donde, al final
del siglo V a.C., se levanto uno de los mayores templos que le fueran dedicados: el Heraion de la región,
donde fue colocada la estatua de oro y marfil de la diosa, debida a Policleto.
La diosa, que en Grecia era considerada la esposa fiel, responsable de las buenas relaciones de las parejas, fue
asimilada en Roma a la ya existente deidad llamada Juno: a partir de la fusión de ambas divinidades, las
características de las dos se ampliaron y se confundieron. De acuerdo con sus atributos, recibió de los
romanos diferentes epítotos: así como Juno Lucetia representaba la luz celeste, al igual que Júpiter, su
esposo. Juno Pronuba regía la realización de los casamientos y Juno Domiduca conducía a la virgen a la
casa de su marido. Juno Lucina, la diosa del parto, ayudaba a los niños a nacer. Más tarde pasó también a
proteger a la mujeres grávidas. Juno Osipagína fortalecía al feto. Juno Rumina hacía de la futura madre una
buena nodriza. Juno Populonia Era la diosa de la multiplicación de los pueblos. finalmente, Juno Sóspita
llegaba al hora del parto para aliviar a la madre del peso de la criatura. En esta última atribución era venerada
en Lanuvium, donde se levantaba uno de los templos más famosos construidos en su honor.
Como en varias de sus funciones Juno actuaba como liberadora de las madres −porque las ayudaba en los
partos− con el tiempo terminó asumiendo el carácter de liberadora de los pueblos en general. En esta forma
ayudó en diversas oportunidades a los romanos en sus luchas.
El culto de la diosa adquirió en Roma una dimensión bastante específica.
Su fiesta principal era la de las Matronalias, celebradas en las Calendas (1° de mes) de Marzo: después de un
homenaje a la diosa en el bosque sacro del Palatino, las atenciones se volvían hacia la madre y dueña de casa
común, que se recibía regalos del esposo y de los hijos. Según algunos, las Matronalias habrían dado origen al
tradicional Día de la Madre.
Mitos y Leyendas
Sobre la elección de la más bella, El Juicio de Paris
Paris era hijo de Príamo y de Hécuba, reyes de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única no invitada a la
boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, apareció al final de la celebración envuelta en una nube y lanzó en el
banquete una manzana de oro que decía estar "destinada a la más hermosa". Zeus se negó a arrogar este título
a una de las tres aspirantes: Hera, Atenea y Afrodita, por lo que éstas, finalmente pidieron a Paris, príncipe de
Troya, que diera su veredicto. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante,
Atenea una gran fama militar, y Afrodita le prometió la mujer más hermosa de la tierra. Ganó Afrodita y ésta
tuvo que ayudarle a lograr a Helena, hija adoptiva de Tíndaro y esposa de Menelao, que vivía en Esparta.
Paris llegó allí con un gran bajel y se dedicó a agradar a Helena. Al poco tiempo, Menelao tuvo que irse a
Creta y Paris aprovechó para abrir su corazón a Helena, quien abjuró de su patria y se fue con él. Entonces,
Menelao, Guerra de Troya. Durante esta guerra Paris luchó cobardemente contra los griegos y tuvo que ser
rescatado varias veces por Afrodita pero finalmente fue herido por Filoctetes. Entonces, Paris volvió junto a
Oenona, quien intentó curarlo compasiva y aún enamorada pero no lo consiguió: Paris murió a los pocos días
y junto a él fue enterrada Oenona, que falleció de tristeza.
Sobre la crueldad de Hera, El nacimiento de dionisio
Sus padres fueron Zeus y Sémele. Hera, la celosa mujer de Zeus, cuando se dio cuenta de que su marido
estaba locamente enamorado de la princesa tebana, engañó a Sémele diciéndole que le pidiera a Zeus que se
mostrara en su divina majestad. Obligado por la promesa hecha a Sémele de concederle sus deseos, Zeus se
apareció ante la desdichada mujer en la plenitud de su gloria divina. Cuando ella se acercó a él, acabó
carbonizada por los rayos de luz que el dios irradiaba pero cuando Dionisio creció, la rescató del Hades y la
trasladó al Olimpo.
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En su infancia, Dionisio fue cuidado y educado por los sátiros del bosque y, en especial, por un dios
campestre llamado Sileno.
Sobre la crueldad de Hera, Eco
Era una ninfa de la montaña a quien Zeus convenció para que se dedicara a entretener con su charla a Hera,
de tal forma que la celosa esposa del dios de dioses no pudiese dedicarse a espiar a sus amantes. Eco era
sumamente elocuente y siempre desempeñó la labor encomendada sin problemas pero llegó un momento en
que Hera terminó por hartarse de tanta conversación y castigó a Eco con un hechizo que le quitaba la voz,
salvo para repetir la última palabra que oyese. Tiempo después, Eco se enamoró de Narciso y lo persiguió por
todos lados: bosques, desiertos, mares o fuentes. Sin embargo, Eco no podía confesar su amor a Narciso, pero
un día, cuando éste se apartó del camino con el que paseaba con sus amigos y se internó en el bosque, Narciso
empezó a llamar diciendo "¿hay alguien aquí?" y Eco respondía "Aquí, aquí". Narciso contestó "Ven" y Eco
salió de entre los árboles con los brazos abiertos diciendo "ven, ven". Narciso, a pesar de todo, al verla, se
negó a aceptar su amor con cruel desdén. Eco, que se lamentaba de su desdicha, pero también de todos
aquellos actos vergonzosos que había llevado a cabo en busca de la atención de Narciso, se escondió en la
roca más profunda del bosque y allí se fue consumiendo hasta morir, aunque quedó su voz y sus huesos, que
fueron transformados en peñascos, para más horror de su final. Otra versión radicalmente distinta afirma que
Eco terminó convirtiéndose en un mero sonido por acción de Pan, que hizo que la despedazaran cuando
ignoró el amor que éste sentía por ella.
Textos Clásicos
Unión de Zeus con Hera después del matrimonio
"El hijo de Cronos estrechó a su esposa entre sus brazos. Bajo ellos, la divina tierra hacía crecer blanda
hierba, loto lleno de rocío, azafrán y jacinto, espeso y mullido que ascendía y los protegía del suelo. En este
tapiz se tendieron tapados por una nube bella y dorada que destilaba gotas de rocío (...). Así dormía sereno el
padre de los dioses, doblegado al sueño y al amor con su esposa entre sus brazos".
"La Ilíada" de Homero
Bibliografía:
"Mitología" de Victor Cevita
Editorial Abril
Internet
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