Grutas de Salamanca
Sábado.
Las grutas de Salamanca están formadas por un imponente macizo de piedra ahuecado por los
agentes naturales. Están ubicadas en el departamento de Maldonado a pocos kilómetros del pueblo
de Aiguá.
Desde la ruta 13 las elevaciones comienzan a divisarse unos kilómetros antes, pero solamente
cuando falten algunos kilómetros por el camino de tierra lograremos divisar el macizo que oculta en
su parte baja a las grutas.
Con nuestro grupo partimos temprano en la mañana, desde Montevideo, para conocerlas,
caminando, trepando y así disfrutar de un paseo de fin de semana al aire libre.
Cada uno se desplaza como siente que disfruta más, algunos prefieren la vanguardia buscando el
mejor camino, y otros más atrás apreciando el detalle de la flora y las formaciones rocosas.
Algunas veces, para no perdernos nos numeramos, lo repetimos y lo olvidamos, tampoco éramos
tantos, como para suponer que podíamos perdernos, pero son cosas que surgen como parte de un
juego que desplegamos al ir transitando las grietas entre los macizos de piedra.
Los textos hablan de 4 o 5 grutas pero este grupo al terminar el primer día ya tenía contabilizadas
52, y a la mañana siguiente ya iban en la gruta 64. Las cuentas las llevaba Primo. Las había grandes,
chicas y medianas. Algunas tenían una gran entrada, bueno, una tenía una gran entrada, otras
ventanas con vista hacia el valle, otras con vista hacia acá y otras con vista hacia allá. Otras sin vista.
No todas eran de fácil acceso, en este punto se destacó el adelantado Fernando. Difícil o escarpado
él siempre era el primero para luego indicarnos: es fácil, es difícil, se puede, no vale la pena….
La más grande: amplia entrada, profunda con cuevitas inundadas donde escuchábamos a los
murciélagos, vimos algunos revoloteando. En el medio de la gruta más grande se abre una grieta al
cielo. Algunos se coronaron los iluminados, sacándonos fotos en donde la luz entraba hasta el suelo
húmedo. Y hasta hubo quienes en ese lugar elegido, seleccionado y minuciosamente preestablecido
esperaron ser abducidos por fuerzas ocultas. Mala suerte, otra vez será.
En la noche del sábado salió un grupo por un sendero hasta la gruta grande. Noche estrellada sin
luna. Para adentro negro profundo. Para afuera la vía láctea con todo su esplendor. Nos paramos en
la entrada. Nos dispusimos a escuchar a los murciélagos, su sonar o chillido, sus aleteos. Luego los
vimos, nos pasaban cerca, entraban, salían. Nadie decía palabra, todos estábamos quietos,
escuchando.
Al regreso un nuevo desafío: ¿Quién se anima a volver solo? Había que andar unos cien metros por
el sendero, entrar a la gruta y sacarse una foto como testimonio. De a uno fuimos cumpliendo el reto.
Bueno, casi todos.
Acal Náutico Club - Web www.clubacal.org.uy Correo-e: [email protected] Tel: 619 48 39
Domingo.
Al recorrer la zona, llegamos a la cima del cerro, para descender buscamos lugares alternativos y
descubrimos varios bastante agrestes. Uno de los compañeros había llevado una cuerda la que
atábamos en distintos lugares, (árboles o piedras) y así bajamos con mayor seguridad,
sosteniéndonos en la cuerda, apoyando la cola, buscando escalones, haciendo presión en las paredes,
todas las técnicas servían. Al otro día surgió: Ta’lindo para subirlo, y nos mandamos.
Un paseo hermoso, en donde, como siempre, el encuentro con los queridos amigos del club se
convierte en una aventura difícil de compartir con palabras.
Al volver nos detuvimos en el Cerro Catedral y pasamos por Aiguá en donde fuimos a conocer el
bar en donde se rodó parte de la película “El viaje hacia el mar”, quedará en nuestro recuerdo como
una visita a un lugar de los que quedan pocos en Uruguay.
Visión de una primeriza (Rosanna)
Mucha expectativa desde la noticia que me dio mi hermano de realizar junto con un grupo del club
ACAL un senderismo por las Grutas de Salamanca que yo no conocía.
Debo decir que de Uruguay conozco muy poco y me parecía genial la idea de compartirla con mi
familia y el tan nombrado grupo de ACAL.
Me hicieron sentir como si fuera amiga de toda la vida.
En todo momento estuvimos dispuestos a realizar las actividades que nos propusieron.
Me sentí muy cómoda en todo momento con el grupo y vi que si bien habíamos ido a un lugar en
común, nadie estaba obligado a hacer nada que no quisiera. Hubo momentos para reflexión, para
realizar el fuego, para salir a caminar, para aprovechar el sol, para sacar fotos a la fauna autóctona.
Relato: Jorge Sismondi, Laura Barú y Rossana Sismondi
Fotos: Grupo Canotaje Travesía club ACAL
Web: http://www.clubacal.org.uy/
Correo-e: [email protected]
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