El Culto Religioso y su Función Estratégica dentro del
Dispositivo Carcelario1
Ricardo Bur
Ricardo Ottone León
Introducción: Este trabajo forma parte del proyecto de investigación trienal
“Consideraciones sobre el Concepto de Vulnerabilidad en la Clínica Criminológica. Su
Construcción Categorial y Formas de Abordaje. Operatividad Carcelaria e Intervención
Discursiva” (UBACyT DE 32 - CONICET 172 / 98), dirigido por el Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni,
cuyos objetivos son analizar los efectos provocados por las condiciones de encierro
institucional.
En relación a este trabajo en particular, nos interesa indagar en el papel cumplido por
la practica religiosa en el funcionamiento institucional y la subjetividad de los detenidos.
Como metodología se han realizado entrevistas semiestructuradas con detenidos de distintos
pabellones y se analizaron datos suministrados por las autoridades de la institución.
Descripción de la Institución: La unidad penitenciaria en que se realizo el
trabajo de campo está situada en la provincia de Buenos Aires, tiene capacidad para
750 internos y una población aproximada de 1.200 internos y presenta la
característica de ser una prisión modelo. Esto último implica que, a diferencia de
otras prisiones, es muy alto el numero de presos de buena conducta (de los
condenados casi el 50% tiene conducta ejemplar, casi el 40% entre buena y muy
buena; de los condenados el 100% se ubican entre ejemplar y muy buena) e ínfima la
cantidad de presos de mala conducta (solo el 10% de los procesados se agrupa entre
regular, mala y pésima, mientras que ninguno de los condenados registra esos niveles
de conducta). La población de internos se encuentra distribuida en pabellones según
el tipo al que se ajusten (trabajadores, evangelistas, ex-policias, etc). Cada uno de
estos pabellones con sus reglas, sus modos de funcionamiento, modula diferentes
subjetividades en donde el sujeto, inserto en dicho medio, va adquiriendo las
características propias de la población del pabellón que le tocó en suerte.
Una cuestión a investigar, entonces, son los mecanismos y condiciones que
determinan que un sujeto sea enviado a uno u otro pabellón (ya veremos que no son
azarosas, ni tampoco unívocas), así como ver como se producen las movilidades de un
sector a otro, ya que estas no necesariamente son definitivas.
Existe una carrera dentro del penal que determina una circulación, un posible
ascenso o no de escalafón. Y ésta circulación se determina según la conducta,
evaluada por el Servicio Penitenciario (SPP en este caso). Cuando un nuevo interno
entra se lo coloca en un pabellón de población (presos comunes) y según la evaluación
de su conducta asciende o desciende su puntaje dentro de una clasificación de 1 a 10.
Un funcionario del penal nos comenta: “Hay una tabla de conducta que va del 1 al 10.
Al ingresar el interno, parte de la mitad de la tabla. Tiene un periodo de observación
de tres meses. Al finalizar el mismo le corresponde ‘Bueno 5’. Trimestralmente se va
modificando el puntaje según la evaluación: ‘Muy Buena 7’, ‘Muy Buena 8’, ‘Ejemplar
10’; y tiene descuentos de 20 centésimos por cada día de sanción disciplinaria.”
Suponemos que existe una relación directa entre las clasificaciones de los
detenidos y el pabellón al que son destinados; y su permanencia o no en éste depende
también de los resultados de cada evaluación. Asimismo el puntaje incide en la
posibilidad de gozar o no de ciertos beneficios como visitas intimas, trabajo, etc. F.,
un interno del penal, dice “Si necesitas condicional o para un articulo necesitas
conducta y un buen concepto”.
La presencia evangélica: En este penal es considerablemente alto el numero
de detenidos que profesa el culto evangelista (para ser más precisos pertenecen a la
iglesia pentecostal). Constituyen la clase más numerosa del penal ya que la mitad de
la población es miembro del culto, y tienen en la actualidad seis pabellones dedicados
al mismo.
Las circunstancias por las cuales un detenido llega a un pabellón evangelista
no son siempre las mismas. En ciertos casos se opta por el culto pero en otros casos se
va en calidad de “refugiado”, es decir, presos que no pueden convivir en otros
pabellones porque serían agredidos (violadores por ej. o sujetos que son rechazados
por otros detenidos) ya que allí se les garantiza cierta seguridad. En otros casos
personas que no son del culto piden ser enviados allí por que saben que las
condiciones de vida son mejores que en el resto del penal. Un funcionario
penitenciario comenta: “La gente que ingresa y no quiere tener problemas va al
pabellón evangelista”. “Nosotros hacemos un examen de viso, tenemos una charla
con el detenido, preguntamos cosas mas o menos claves. A veces nos puede engañar
pero pocas veces nos equivocamos. Puede pedir ir al pabellón evangelista, muy bien,
le decimos que es lo que se hace, como es la vida acá, se le explica todo, van al
pabellón y son recibidos. Y después son puestos en observación por la iglesia” En
cualquier caso esto no es sin consecuencias ya que hay casos de detenidos que
entraron a estos pabellones sin pertenecer al culto e ingresaron posteriormente al
mismo. S., un interno que habita en un pabellón evangelista, relata: “Tuve muchos
problemas, peleas, ‘buzones’, internaciones, no me adaptaba a la convivencia con
delincuentes. Fui al [pabellón] evangelista por recomendación. Ahora estoy en el
evangelio y estoy bien... antes era católico pero no evangelista”.
Los pabellones evangelistas (junto con los de Autodisciplina) son los de mejor
conducta del penal y los que gozan de mayores beneficios. Son los de mayor disciplina
y acatamiento a las reglas del penal. En dichos pabellones, al igual que en los otros,
existen reglas de convivencia especificas y propias de los mismos (además de las del
SPP) y estas deben ser acatadas si se quiere permanecer en ellos. Así lo expresa un
funcionario penitenciario: “Hay un pabellón que es un ejemplo de vida, tienen muy
buena conducta. Tienen un reglamento igual que nosotros pero de la iglesia: no
fuman, no toman, nunca se faltan el respeto, etc. Ellos restringen mucho más y se
controlan de cerca” “Tienen pastores designados, tienen diáconos, tienen siervos y si
alguien tiene problemas de conducta hablan con nosotros y ellos mismos lo apartan.”
Al ser este tipo de presos mayoría esto determina que asimismo la mayoría de
la población del penal entre en esta categoría y la institución mantenga así su
carácter de modelo, con bajo nivel de conflictividad.
“La mitad de la población profesa el culto evangélico, eso es destacable y por
eso la tranquilidad de la cárcel.” “Es una forma de escape, una vía de tranquilidad.
Ellos guían de buena manera, comparten cenas todas las noches, guían bien.” 2
El modelo religioso de la disciplina: Vemos, entonces, que la religión funciona
aquí como dispositivo disciplinante. Ahora bien, ¿Por qué la religión? ¿Y por qué esta
religión en particular?
Observamos en los detenidos que profesan el culto, un riguroso control de sus
actividades, que presenta pautas mas bien rígidas y donde el planteo del tiempo está
reglado al detalle. Al ser interrogados acerca de cómo es un día en el penal,
contestan una serie de actividades, las cuales están en su gran mayoría relacionadas
con el culto: orar un determinado número de veces al día, ayudar a los hermanos del
culto, etc.
Foucault daba cuenta del empleo del tiempo como mecanismo fundamental a
la hora del disciplinamiento, y este modelo del control del tiempo de la disciplina
moderna proviene de las antiguas instituciones monásticas. Allí menciona sus tres
grandes procedimientos: “establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas,
regular los ciclos de repetición”3 . Este modelo es el que se emplea en todas las
instituciones modernas: escuelas, fábricas, hospitales, y también en las cárceles. La
institución carcelaria – en principio, una institución laica – se complementa con el
esquema propio de las prácticas religiosas, nacidas en el interior de los conventos.
“Durante siglos las órdenes religiosas han sido maestras de disciplina: eran los
especialistas del tiempo, grandes técnicos del ritmo y de las actividades regulares”4.
Ambos procedimientos, si bien son distintos, tienen la misma raíz. Colaboran
entre sí y sus efectos son los mismos. Existe una doble internalización de normas, las
de la institución carcelaria, junto con los procedimientos de regularización temporal
de la organización religiosa.
El evangelismo como práctica religiosa es un fenómeno relativamente reciente,
tiene alrededor de un siglo de antigüedad, pero sus antecedentes se hunden en el
cristianismo y en el protestantismo. Ambos son poseedores de ciertas características,
como el valor que otorgan a ciertos textos sagrados, la obediencia y la sumisión
entendidas como virtudes, etc, que prefiguran cierto perfil que los hace propicios o
útiles a la hora de constituir un dispositivo cuyos resultados apunten a la disciplina.
“El cristianismo no es tan solo una religión de salvación, es una religión
confesional. Impone obligaciones muy estrictas de verdad, dogma y cánones de lo que
hacen las religiones paganas. Las obligaciones referidas a la verdad de creer tal o
cual cosa, eran y son todavía muy numerosas. El deber de aceptar un conjunto de
obligaciones, de considerar cierto número de libros como verdad permanente, de
aceptar las decisiones autoritarias en materia de verdad, el no solo creer ciertas
cosas, sino el demostrar que uno las cree y el aceptar institucionalmente la
autoridad, son todas características del cristianismo”5.
Podemos decir entonces que el cristianismo es la religión de la obediencia, ya
que la misma, en el cristianismo es una virtud, un bien en sí mismo. ¿Qué mejor para
una institución autoritaria que una doctrina que promueve la obediencia a la
autoridad como máxima virtud?
A la hora de la obediencia y el disciplinamiento es siempre necesaria la
presencia de un líder: sabemos por Freud el valor de este lugar, en cuanto a la
cohesión y permanencia del fenómeno de masa. En la iglesia católica, el líder
indiscutido sería Cristo, pero no es el único, existen subrogados del mismo de índole
terrenal, líderes que bajo el nombre de pastores, toman a su cargo un cierto número
de fieles, su rebaño.
Esta tecnología pastoral, exige del líder – el pastor – una dedicación exclusiva y
permanente por su rebaño, y en particular exige la individualización de cada uno de
sus miembros, es un poder que debe ejercerse permanentemente hacia todos y cada
uno.
Existe otra exigencia, esta vez en relación a cada miembro del rebaño: esta es
la de una obediencia completa al poder del pastor que sabe lo que es bueno para
todos y para cada uno. “En el cristianismo el lazo con el pastor es un lazo individual,
un lazo de sumisión personal, su voluntad se cumple no por ser conforme a la ley, ni
tampoco en la medida en que se ajusta a ella, sino fundamentalmente por ser su
voluntad” 6.
En la unidad carcelaria que visitamos existe la figura del pastor, cada pabellón
evangelista posee uno que cumple dichas funciones: la de ofrecer los sermones, guiar
a su población y atender los problemas de cada uno. Figura que, en tanto líder,
funciona con más eficacia que otras más propias de la institución, como ser las
autoridades del sistema penitenciario o el procurador, pasando por los distintos
profesionales que trabajan en la institución, ya que su obediencia deriva no de la
coerción, sino del fuerte lazo afectivo que los liga a él.
Los cultos evangélicos, si bien cristianos, son un derivado no de la iglesia
católica sino de las corrientes protestantes que surgen a partir de las reformas del
siglo XVI, que prefiguran el surgimiento del capitalismo y el nacimiento de los estados
modernos, y con ellos el surgimiento de las disciplinas. En particular el movimiento
protestante colaboró directa o indirectamente en el surgimiento del capitalismo.
“No se debe perder de vista que era imposible, pasar inmediatamente de la
sociedad cerrada medieval a la sociedad burguesa sin la intervención del
protestantismo como mediador evanescente: el protestantismo, con la
universalización del cristianismo preparó el terreno para su repliegue a la esfera de
la vida privada”7.
¿Qué quiere decir esta universalización del cristianismo, este repliegue a la
vida privada? La ética protestante implica que la actitud cristiana se extienda más
allá de los límites del templo y de los especialistas. Ahora pasa a gravitar sobre toda
la vida secular y sus reglas, sus exigencias, son extensivas a todos los creyentes. La
religión pasa a tener una pregnancia permanente en todo momento y lugar, gobierna
hasta los actos cotidianos más nimios. Como se desprende reiteradamente del
discurso de los internos entrevistados, las actividades relativas al culto, ocupan la
mayor parte de su tiempo, la religión gravita permanentemente sobre toda y cada una
de sus actividades y sus pensamientos. La mayor parte de las actividades está
impregnada por el sentimiento religioso.
El culto religioso evangélico que tiene presencia en esta unidad penitenciaria,
así como en las otras, es el de la Iglesia Pentecostal que, de los grupos evangélicos,
es el más antiguo, el más numeroso y el de mayor crecimiento en las últimas décadas
(otros grupos son: los Testigos de Jehová, los mormones, los Adventistas del Séptimo
Día y los bautistas)8. El culto evangélico pentecostal nace a principios de siglo en los
E.E.U.U. como desprendimiento de las iglesias protestantes, tuvieron un importante
crecimiento con la crisis del ’30 y hacia 1940 ya eran el 25% de la población
protestante. Y será a partir de los años ’60, ’70 y décadas subsiguientes que crecerá
notablemente en Latinoamérica, sobre todo en los sectores más marginales. Se
calcula que son, hoy, el 75% de la población evangélica del mundo y el 90% de la de
Latinoamérica.
La Iglesia Pentecostal revaloriza el papel fundamental del pastor del
cristianismo primitivo, y conserva del protestantismo su carácter de ocupar toda la
vida cotidiana o secular del creyente, su papel de ser una religión total, incluso de
manera más exacerbada. Su consigna ha sido, desde un principio, la del poder de la
prédica. Es así como han logrado su notable crecimiento y es así como llegaron a la
cárcel.
Particularidades que le son propias están en el hecho de que la predica ya no
es patrimonio del especialista. Los pastores de la cárcel son, a su vez, presos, son sus
semejantes, provienen de la misma extracción que su rebaño. Otro hecho es la
particular relación que los une con los otros miembros del culto, caracterizada por
ser un fuerte lazo de compañerismo, de “hermandad”, lo cual refuerza su pertenencia
y su permanencia en la comunidad.
El ideal del buen cristiano que no bebe, no fuma, no blasfema, lee lo que se le
indica, va al culto, es sumiso, obediente y respetuoso de la autoridad, da la pauta de
porque ha sido tan funcional a los fines del diciplinamiento y porque las autoridades
lo han favorecido y promovido.
Es por todos conocidos el crecimiento que manifiestan los grupos religiosos con
estas características en la sociedad argentina actual. Según palabras de un
funcionario del servicio penitenciario, las presencias de estos cultos en las unidades
carcelarias se ha hecho cada vez más manifiesta, llegando en algunas, a constituir
una presencia considerable de la población total (Olmos, Unidad 9 de La Plata,
Florencio Varela, Campana).
“En el momento en que empezaron, fue hace cinco o seis años atrás, al
principio había un solo pabellón, luego dos, tres, cuatro, y ahora hay seis, y tienen
un patio donde hay una iglesia evangélica y reciben visitas. Es paulatino, va
creciendo”9
Tecnologías del poder, tecnologías del yo: Un fenómeno que puede
observarse en la unidad penitenciaria que visitamos es la combinación de dos tipos de
tecnologías. Foucault menciona cuatro tipos principales: las tecnologías de
producción, las de sistemas de signos, las de poder, y las del yo. A estas dos últimas
nos referiremos de aquí en adelante.
Las tecnologías del poder consisten en aquellas que determinan el control de la
conducta de los individuos, objetivan al sujeto, sus fines son la dominación, el
sometimiento y la regularización de los comportamientos. En relación a las
tecnologías del yo consisten en operaciones que los sujetos realizan sobre sus cuerpos
y subjetividades, pensamientos, conductas o cualquier forma del ser, con el fin de
lograr una transformación de si mismos para lograr un cierto estado en particular.
Como ejemplo de las tecnologías de poder, en particular referidas a la
institución carcelaria, podemos citar los modelos penales americanos de Auburn y de
Filadelfia. El primero combina el trabajo y el silencio durante el día con el régimen de
aislamiento celular durante la noche. El segundo consiste en un régimen de
aislamiento absoluto, cuyo origen se encuentra en un sistema inventado por los
cuáqueros basado en la meditación y la lectura de la Biblia. Ambos son formas en que
la racionalidad del Estado organiza sus medios para lograr el control de la conducta
con los fines de la defensa social.
¿Cómo se pesquisa el ejercicio de ambas tecnologías en esta unidad carcelaria?
La tecnología de poder puede observarse en la racionalidad propia del sistema
penitenciario, en su organización, en sus reglamentos, en su organización del espacio
y del tiempo, en su organización jerárquica, en sus sistemas de premiso y castigos,
etc. Cuando se le pregunta al Servicio Penitenciario por qué esta prisión es una cárcel
modelo, responden: “Esta cárcel tiene un sistema de celdas individuales. El interno
es separado de sus iguales. Toda la mañana están encerrados y siguen en la celda
hasta después del horario de almuerzo en que están sueltos. Luego, a las diez, se los
vuelve a encerrar”.
“La disciplina procede ante todo a la distribución de los individuos en el
espacio”10. Esto puede observarse en la distribución de los detenidos en los pabellones
a partir de ciertas características específicas. La población de la cárcel se encuentra
dividida en tipos o clases humanas tales como: población común, evangelistas,
trabajadores, ex-policías, castigados, VIP, universitarios, etc. Esta división determina
a su vez, la división espacial de la institución, en diferentes pabellones que alojarán
cada uno a los sujetos de una determinada “clase”. No tenemos la nómina exacta de
pabellones pero un funcionario del servicio Penitenciario da cuenta de seis pabellones
evangelistas, uno de población, dos de trabajadores, dos de autodisciplina, uno de
deposito o transito, uno de ex-policias y uno de estudiantes; a su vez un detenido nos
mencionaba seis de evangelistas, cuatro de población y uno de trabajadores. Esta
distribución espacial a partir de afinidades particulares, obedece a los fines de un
mayor control de los individuos, permitiendo mantener un nivel bajo de
conflictividad. Las conductas suelen ser calificadas por el mismo servicio
penitenciario como buenas, y según palabras de ellos mismos, no suelen producirse
motines como en otros penales. Cuando ocurren incidentes nunca son los evangelistas
los que participan en ellos. Las autoridades resaltan la escasa frecuencia con que se
producen motines en relación a otros penales. “Ultimamente no hay motines. El
último motín fue en el ’93.11” “Hay gente que no se engancha, es la población de
evangelistas. En el ’93 no se engancharon. La mitad de la cárcel, el sector A, se
enganchó, el sector B se mantuvo en forma pacifica (...) Los tipos no están
amotinados, se mantienen imparciales. No son ni amigables con nosotros, ni permiten
entrar a los pabellones a los amotinados. Son imparciales12”.
Con respecto a las tecnologías del yo, en este penal observamos la presencia
del dispositivo religioso, su doctrina, sus rituales y su regulación de las actividades
cotidianas, así como su pretensión de lograr una completa transformación subjetiva.
En la gran mayoría de los casos el ingreso al culto se da por el mecanismo de
conversión. S. un interno miembro del culto, ante la pregunta por su estado
psicofísico actual en relación al anterior a la detención, responde: “mejor, aprendí lo
que es vivir”.
Dos tecnologías diferentes se combinan, colaboran y producen ambas un
mismo resultado. A la institución le sirven los evangelistas. Su presencia es garante de
disciplina, de obediencia, de baja conflictividad y le permite, entonces, mantener su
status de “cárcel modelo”, con los beneficios que esto implica. La presencia de estos
cultos religiosos es promovida por el servicio penitenciario, las autoridades del penal
facilitan la entrada de sus líderes externos (reciben visitas de lideres religiosos de
E.E.U.U. y Canadá) y brindan mayores beneficios a la población de dichos pabellones
(menor vigilancia, mayor tiempo de esparcimiento, menor uso de la violencia
explícita, etc.).
Una política de “obsesivización”: Sigmund Freud marca en varios de sus
textos un paralelo, una analogía entre las practicas religiosas y los rituales
obsesivos13. Lacan asimismo ha retomado este tema en su Seminario: “por una suerte
de curiosa conformidad esta vida sacramental se muestra muy apropiada para dar a
los síntomas del obsesivo, la vía, el sitio por donde se desliza con facilidad en
especial en la religión cristiana.”14 “Es precisamente allí donde Freud lleva la
cuestión, cuando nos habla del ritual obsesivo con la religión. Seguramente toda
religión se sostiene en lo que se refiere a estas practicas.”15
Una aclaración cabe ser hecha: No nos estamos refiriendo aquí a cuestiones
ligadas con estructuras psíquicas o psicopatológicas sino a ciertos rasgos del accionar
de los sujetos que toman características de lo obsesivo. Hablamos de actos no de
estructuras y el hecho de que un sujeto realice determinados rituales o se vea
envuelto en mecanismos que remiten a un modo de funcionamiento obsesivo no
significa que su estructura clínica sea necesariamente la de la neurosis obsesiva.
Puede tratarse más bien que se le exija dicho modo de funcionamiento por su
inclusión en una institución total, como es la cárcel.
Desde un marco teórico psicoanalítico podemos poner de manifiesto una
posible analogía del sujeto obsesivo con el sujeto obediente, disciplinado. Es
característica del obsesivo su sujeción al Otro, el carácter esencial de su relación con
el deseo es el de convertirlo en demanda. El deseo del Otro es la ley, el obsesivo lo
traduce en un mandamiento, en una demanda que hay que cumplir.
Un mecanismo como este sería seguramente funcional a los fines del Servicio
Penitenciario ya que si el obsesivo establece una relación de sumisión al Otro, es
dable suponer que a través de un mecanismo que podríamos llamar de
“obsesivización”, se garantizaría un sujeto obediente, disciplinado.
En términos de Foucault podemos denominar a dicho mecanismo como
formando parte de los procesos de sobredeterminación funcional y ocupación
estratégica propias de los dispositivos, en los que determinados efectos de un
dispositivo entran en resonancia con otros demandando un reajuste de elementos
heterogéneos con la finalidad de la propia preservación de si mismos. En el caso que
nos ocupa vemos que ciertos fines como el orden y la disciplina, que son
prácticamente imposibles de cumplir (en ámbitos que se caracterizan por el
hacinamiento, las deficientes condiciones sanitarias y de alimentación, etc) sin el uso
de la violencia por parte de la institución, pueden alcanzarse gracias a la mediación
de practicas religiosas que ejercen un dominio exhaustivo y riguroso de los sujetos
que las profesan hasta en las practicas cotidianas más insignificantes.
Esto implica para la institución el beneficio de una mayor economía en el
ejercicio de la violencia. Estos mecanismos no son inocuos, en este trabajo hemos
intentado dar cuenta, en parte, de cuáles son los efectos que estas prácticas tienen
en la subjetividad de los internos.
Hacia la Utopía de la Cárcel Templo: El ideal de la cárcel quieta parece tomar
forma. Tal vez no a partir de garantizar una mejor calidad de vida a los internos y
respetar sus derechos y garantías individuales. Un nuevo actor entra en escena y
revela su funcionalidad con el dispositivo. El fenómeno evangelista en la cárcel sigue
creciendo, y no se contenta solamente con lo que ya ha conseguido. Según palabras
de un funcionario del penal “El fenómeno va creciendo paulatinamente, y la meta es
convertir a toda la cárcel en evangelista”. Planteada esta alternativa, cabe la
pregunta a las autoridades acerca de cual es su posición con respecto a esta
posibilidad. La respuesta parece ser favorable: “si se da de buena forma y para bien,
nadie va a decir que no, pero va a ser paulatino. Viene de hace cinco años atrás y con
que progrese de a un pabellón por año no habría problemas ni con el personal ni con
la jefatura”.
Vemos aquí como se funden cárcel e iglesia (bajo el rostro de los nuevos cultos
cristianos) formando un dispositivo nuevo, aunando las reglas de la cárcel con las
normas religiosas. De este modo la prisión se adapta a los nuevos tiempos, se
reacomoda, y logra sobrevivir a su crisis mediante una nueva modalidad; acercándose
aún más al ideal panóptico de una institución prolija, austera, de perfecto y ajustado
funcionamiento, una forma más limpia y económica de disciplinamiento.
Notas
1
Trabajo presentado en las VI Jornadas de Investigación de la Facultad de Psicología (UBA) en
diciembre de 1999.
2
Entrevista a un funcionario del Servicio Penitenciario.
3
Michel Foucault, “Vigilar y Castigar”. Siglo XXI; Buenos Aires, 1989 - Pág. 153
4
Ídem – Pág. 154
5
Michel Foucault, “Tecnologías del yo”. Paidós; Barcelona, 1990 – Pág. 80
6
Michel Foucault, “Tecnologías del yo”. Paidós; Barcelona, 1990 – Pág. 113
7
Slavoj Zizek, “Porque no saben lo que hacen”, Paidós; Buenos Aires, 1998 – Pág. 241
8
Véase Alfredo Silleta. “Multinacionales de la fe”, Puntosur; Buenos Aires, 1991 – Pág. 77
9
Entrevista a un miembro del Servicio Penitenciario.
10
Michel Foucault, “Vigilar y castigar”. Siglo XXI; Buenos Aires, 1989 – Pág. 145
11
Este fue el año de los grandes motines, donde se desataron varios motines simultáneos en
todo el país.
12
Entrevista a un miembro del Servicio Penitenciario.
13
Véase Sigmund Freud, “Los actos obsesivos y las practicas religiosas” (1907) y “El
porvenir de una ilusión” (1927) O.C.
14
Jacques Lacan, Seminario 5, “Las formaciones del inconsciente” Clase del 2/7/58
15
Jacques Lacan, Seminario 16, “De un otro al otro” Clase del 21/5/69
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