Narrativas, nro. 18, abril / junio de 2009, ISSN 1668-6098
Los periodistas y el orden social
Actuar como se debe
Los medios, como empresas que son, construyen
interesadamente una realidad a la carta. Esta labor es
posible gracias a diversos mecanismos que actúan a nivel
individual y colectivo en las salas de redacción.
El resultado son las acciones de los periodistas que
contribuyen a sostener, muchas veces involuntariamente,
el status quo en la sociedad.
Adrián Eduardo Duplatt
[email protected]
Una realidad conveniente
Los medios de comunicación construyen la realidad social públicamente
relevante, construcción que legitima el orden social establecido. Los medios,
como empresas que son, tienen un interés económico en que el modelo
de sociedad se mantenga del modo en que mejor maximizan sus
ganancias. Ergo, es de esperar que potencien aquellos acontecimientos que
ayuden a preservar el status quo y minimicen los que se oponen a él.
No es de extrañar, entonces, que una manifestación de una central
trabajadora en demanda de mejoras salariales, suspensión de despidos,
aumento a jubilados, asignación universal por hijo… y que además solicita que
las consecuencias de la crisis internacional no recaiga sobre los trabajadores
sea incorporada a la agenda de los medios como una noticia de tránsito:
“Jornada de protesta y caos en el tránsito: La CTA paralizó la ciudad con su
reclamo laboral”1.
A través de la teoría de la agenda setting (Wolf, 1991) es posible
vislumbrar cómo los medios construyen la realidad. En un primer nivel
seleccionan los sucesos que van a convertirse en noticia, es decir, le
dicen a la gente sobre qué pensar. En un segundo nivel, por medio de la
semantización y la jerarquización, influyen en la manera de pensar.
Así, en abril de 2009, año electoral, el tema principal de los diarios
argentinos es la crisis internacional y sus consecuencias locales, focalizando el
discurso en los índices de crecimiento. Si bien, para el gobierno, la economía
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La Nación, 23 de abril de 2009, secciión Política (CTA: Central de Trabajadores Argentinos)
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“se frenó”, para la oposición, “se cayó”. La asimétrica cobertura de uno u otro
análisis, el uso de uno u otro término -caer es más negativo que frenar-, puede
direccionar el pensamiento de los lectores en uno u otro sentido.
Más aún cuando todos los medios hablan de lo mismo, tematizando la
actualidad: es importante hablar de la economía porque está cayendo y los
responsables están en el gobierno (observación que peca de simplista, pero
que es útil a los fines ilustrativos).
Entonces, para sintetizar la idea se puede afirmar que a los medios o,
mejor dicho, a los dueños de las empresas, les conviene construir una realidad
social que no cuestione el orden en que se desarrollan tan convenientemente.
Teun van Dijk señala que
Dada su calidad de empresas, no es esperable que los
medios adopten una posición totalmente diferente respecto del
'triunfo' global del mercado. La Argentina no puede ser una
excepción en esta tendencia. Las metáforas dominantes de la
cobertura periodística del mundo del trabajo y de la legislación
laboral, definen el modelo interpretativo que refleja la alineación
de los medios con los intereses de los empresarios, y el modo
en que estos están protegidos por el Estado...2.
Sin embargo, los medios no escriben las noticias; ni siquiera los
dueños de los medios. Lo hacen los periodistas. El interrogante que se
presenta, entonces, está dado por la forma en que los empresarios consiguen
que sus puntos de vista sean adoptados por sus empleados, aún cuando van
en detrimento de los intereses de clase trabajadora de estos últimos.
No existe un complot ni venta al mejor postor por parte de los
periodistas. Para Alain Accardó a veces a ellos les alcanza con trabajar
como sienten, para trabajar como deben (o no debieran). La respuesta al
interrogante viene dada por el reclutamiento social de los periodistas y su
capacidad para incorporar la ideología de la clase dirigente.
Para explicarlo en detalle es necesario recordar algunos conceptos
como los de campo y habitus de Pierre Bourdieu, el de punto ciego de Mar de
Fontcuberta y de gatekeeper, newsmaking y distorsión involuntaria explicados
por Mauro Wolf.
Campo
Bourdieu explica que las producciones culturales (filosofía, historia,
ciencia, arte…) son objeto de análisis con pretensión científica y que estos
presentan oposiciones en sus interpretaciones. Están las internalistas y las
externalistas.
2
Teun van Dijk en el prólogo del libro de Irene Vasilachis de Gialdino: Discurso político y prensa
escrita, de ed. Gedisa, Barcelona, 1997, pág. 18.
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Las internalistas creen que es suficiente con leer el texto para
entenderlo. Solo la letra interesa, tanto en literatura como en ciencia. Es un
fetichismo del texto, presente en la semiología, el posmodernismo…
Las externalistas remiten el texto al contexto. Interpreta las obras en
relación con su contexto histórico, social y económico. El marxismo es el
ejemplo más claro de esta postura.
Pero, dice Bourdieu, para comprender una producción cultural no basta
con asumir alguna de estas posiciones. Hacerlo -afirma- sería caer en el “error
de cortocicuito” entre ambos polos. Para superar la dicotomía, Bourdieu
elabora el concepto de campo.
El campo estaría entre las dos interpretaciones como un universo
intermedio con los agentes e instituciones, con leyes sociales más o
menos específicas. Se trata de un espacio relativamente autónomo, un
microcosmos con leyes propias, pero que no escapa del todo al macrocosmos.
El campo periodístico, v.gr, estaría compuesto por los periodistas,
editores, jefes de redacción, directores, medios, dueños de medios,
multimedios, el sistema jurídico que lo regla, los grupos de presión, el conjunto
de fuentes, etc.
Lo social externo está mediado por el campo, que es un espacio de
fuerzas y de lucha y objeto de luchas. En él interactúan los individuos, no
exentos de sus habitus.
Habitus
La idea de habitus de Bourdieu viene a superar otra oposición, en este
caso la de objetivismo-subjetivismo basada en la dicotomía sociedadindividuo.
El objetivismo se basa en que las prácticas sociales están
determinadas por la estructura social; los sujetos son simples soportes de
las estructuras de relaciones en que se encuentran.
Por su parte, el subjetivismo afirma que las acciones sociales son
una mera agregación de acciones individuales.
Ante este panorama, Bourdieu explica las prácticas sociales por la
relación entre dos modos de existencia de lo social: el campo (estructura
social externa) y el habitus (estructura social internalizada).
El habitus es definido como el conjunto de esquemas generativos a
partir de los cuales los individuos perciben el mundo, lo piensan y actúan
en él.
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Los esquemas son estructurados (por estructuras sociales, historia del
sujeto…) y estructurantes (estructuras a partir de las cuales se percibe, se
piensa y se actúa).
El habitus se conforma como un conjunto de disposiciones
durables; es la historia incorporada, hecha naturaleza (olvidada como tal).
A partir del habitus los sujetos producen sus prácticas. El habitus,
interiorización de las estructuras a partir de las cuales el grupo
social en el que se ha sido educado produce sus pensamientos
y sus prácticas, formará un conjunto de esquemas prácticos de
percepción -división del mundo en categorías-, apreciación distinción entre lo bello y lo feo, lo adecuado y lo inadecuado, lo
que vale la pena y lo que no vale la pena- y evaluación distinción entre lo bueno y lo malo- a partir de los cuales se
generarán las prácticas -las "elecciones"- de los agentes
sociales. De esta manera, ni los sujetos son libres en sus
elecciones -el habitus es el principio no elegido de todas las
elecciones-, ni están simplemente determinados -el habitus es
una disposición, que se puede reactivar en conjuntos de
relaciones distintos y dar lugar a un abánico de prácticas
distintas- (Criado, 2009).
Existe un habitus de clase, una serie de esquemas generadores de
prácticas comunes a todos los individuos que son producto de las
mismas condiciones objetivas. Se trata de la "clase incorporada": a cada
posición social diversa le corresponden distintos universos de experiencias,
ámbitos de prácticas, categorías de percepción y apreciación. El individuo,
debido a su habitus de clase, reproduce los esquemas generativos de clase
que lo estructuraron.
En definitiva, el habitus condiciona la manera de percibir o, lo que es lo
mismo, lo que no se percibe por más evidente que sea. Es decir, ayuda a
configurar los ”puntos ciegos”.
Puntos ciegos
Mar de Fontcuberta (2006) explica que hace algún tiempo Daniel
Goleman irrumpió en los campos mediático y académico con su tesis de la
“inteligencia emocional”, que tuvo varios tópicos controvertidos y rebatidos
mediante investigaciones (criterios en la medición de coeficientes mentales,
carcterísticas personales del líder empresarial, etc.). A pesar de ello, De
Fontcuberta rescata de la hojarasca el concepto de “punto ciego”.
Según Goleman, la psicología enseña que la atención está gobernada
por fuerzas concientes e inconscientes, y que cuando percibimos algo, lo
estamos seleccionando: “mi experiencia es aquello a lo que estoy dispuesto
a prestar atención”.
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En esta teoría, la conciencia requiere de filtros para seleccionar datos de
la realidad. Ese filtro se configura con esquemas o ladrillos que construyen
el edificio de la cognición. Los esquemas actúan de forma inconsciente y
dirigen la atención a los aspectos sobresalientes de un hecho,
desestimando otros.
Así, la vida cotidiana está plagada de censuras que evitan aprehender
determinados hechos de la realidad que pueden provocar ansiedades,
molestias o miedos. Consciente o inconscientemente se crean lagunas
para evitar ciertas cosas. A estas lagunas, Goleman las llama “puntos
ciegos”.
Los puntos ciegos son zonas en que se es proclive a bloquear la
atención. El inconsciente desempeña un papel fundamental en la mente que
organiza la información por esquemas. Estos últimos son la estructura de los
recuerdos almacenados; con ellos los individuos interpretan el mundo.
Esquemas y atención están relacionados. La atención activa los esquemas,
y los esquemas focalizan la atención.
Para Goleman, la realidad social es producto de los esquemas
compartidos, es decir, un mundo intersubjetivo. A dicho contexto en el que se
realizan los intercambios, lo llama “marco”.
Los marcos definen el orden social aunque son difíciles de
identificar directamente. Crean realidad social enfocando
nuestra atención en el asunto inmediato y desviándola al
mismo tiempo de todo lo que no tengo una relación directa con
él. Todo aquello que queda fuera del marco no existe. El marco
proporciona el contexto e impone la forma en que debemos
interpretar lo que ocurre (De Fontcuberta, 2006:105)
Si se interpola lo dicho de la mente individual a los marcos como
constitutivos de la realidad social, es posible colegir que la información que
provoque “ansiedad social” puede ser negada socialmente. De esta
manera se constituyen las mentiras sociales: mecanismo por el cual una
sociedad distorsiona la realidad para acomodarla a sus intereses y legitimar
conductas.
Los puntos ciegos en el periodismo
Para De Fontcuberta los medios existen y se desarrollan en marcos
concretos y reproducen determinados esquemas sociales, a veces, sin ningún
tipo de cuestionamiento.
En la elaboración de su agenda, seleccionan y omiten determinados
acontecimientos. Las omisiones puede deberse -no siempre, desde luego- a
los puntos ciegos. Por ello, los medios son responsables de que en una
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sociedad existan dichos puntos al no develarlos, al plegarse, consciente o
inconscientemente, por rutina, a seguir las normas del consenso imperante.
A pesar de que la elaboración de la noticias se base en los valoresnoticia y en el respeto por las rutinas productivas con su impronta de calidad
(verificación de datos, cita de fuentes, cotejo de versiones…), los enfoques no
están exentos de perjuicios.
La mirada sesgada del periodista puede ser voluntaria, pero, en
muchas ocasiones, es involuntaria. Se trata del punto ciego común a todos
los ámbitos sociales y que, en los medios de comunicación, no debe
confundirse con la interpretación de la actualidad.
Ese punto ciego se basa en factores emocionales, en pulsiones
muy profundas que se basan en experiencias personales o
transmitidas culturalmente. Y puede distorsionar gravemente la
información periodística (De Fontcuberta, 2006:108).
De Fontcuberta señala algunas estrategias de autoengaño utilizadas por
los periodistas: la proyeccción (despojarse de los sentimientos), el
aislamiento (tomar distancia de los hechos), inatención selectiva (no dar
información para no provocar alarma social), el automatismo (uso de rutinas
sin pensarlas en absoluto), la racionalización (uso de argumentos que
resultan falsos) y el uso de eufemismos y los estereotipos.
Por último, es necesario recordar los conceptos de gatekeeper y
newsmaking.
Porteros y producción de noticias
Mauro Wolf (1991) habla del gatekeeper como el individuo o grupo
que tiene el poder de decidir si dejar pasar o bloquear la información. Así,
al identificarlos, es posible determinar en qué punto del sistema la acción de
filtro es ejercida explícita e intencionalmente.
Sin embargo, las decisiones del gatekeeper no son realizados con base
en valoraciones individuales sobre la noticiabilidad de los sucesos, sino que
está en relación con criterios profesionales y organizativos de la rutinas
periodísticas.
La línea editorial del medio se mantiene por el aprendizaje por ósmosis y
procesos de socialización de los periodistas en la sala de redacción.
En este contexto, los estudios sobre la manipulación explícita de la
información deja su lugar al estudio de la “distorsión involuntaria” que se
produce constantemente en la cobertura informativa (Wolf, 1991:298).
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Distorsión involuntaria
En los estudios de gatekeeper se pone en relación el contenido de los
medios con la selección de noticias, en cambio, en los de newsmaking se
relaciona la imagen de la realidad social con la organización de las rutinas
productivas.
Autonomía profesional y distorsión de la información son las dos caras
de una misma moneda. Se trata de un enfoque más amplio que reducir las
carencias en las coberturas informativas a presiones o influencias explícitas
externas. La distorsión está vinculada a las prácticas profesionales, a las
habituales rutinas productivas, a los valores compartidos e interiorizados
sobre el cómo desarrollar el oficio de informar (Wolf, 1991:209).
Los estudios de newsmaking se articulan entre la cultura profesional
de los periodistas y la organización del trabajo y los procesos
productivos.
La cultura profesional es entendida como un amasijo de retóricas de
fachada y astucias tácticas, de códigos, estereotipos, símbolos, representaciones de roles, rituales y convenciones relativos a las funciones de los
medios y de los periodistas en la sociedad y los modos de producir noticias.
“La ideología se traduce luego en una serie de paradigmas y de prácticas
profesionales adoptadas como naturales” (Wolf, 1991:215).
A este entramado se le suman los criterios de noticiabilidad: la aptitud de
los acontecimientos para ser convertidos en noticia. Los valores-noticia son
reglas prácticas que incluyen un corpus de conocimientos profesionales que
implícita o explícitamente explican y dirigen los procesos en la redacción de las
informaciones. Están presentes en todo el proceso; funcionan como
disposiciones para seleccionar noticias y para presentarlas (qué enfatizar, qué
omitir, qué priorizar…).
La distorisión involuntaria se produce, ergo, en todas las fases del
proceso de trabajo.
Los mecanismos de cooptación
Alain Accardó trata de responder al interrogante planteado en el inicio:
¿cómo es que los periodistos, aún de buena fe, ayudan a consolidar el status
quo de la sociedad?
Accardó explica que cualquier observador del campo mediático puede
deducir que los periodistas no están maquiavélicamente preocupados para
manipular la audiencia y favorecer a los dueños de las empresas. Cada cual lo
hace espontáneamente, concordando con los demás.
Los dueños no necesitan decir a los periodistas lo que tienen que
decir o mostrar. Da la sensación de que el trabajo de estos no obedece a
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otras exigencias que las específicas de la cultura profesional del
periodismo. Es decr, obedecen a una conciencia profesional, como explican
las investigaciones sobre newsmaking.
Pero no todo está librado al curso normal de los acontecimientos. Los
dueños confían las riendas del poder periodístico en sí -la sala de
redacción y edición- a grandes profesionales que han probado su
adhesión a la visión de mundo de los jefes y que son ideológicamente
confiables. Se constituyen en jefes de redacción, secretarios, editores que
cumplen la función de gatekeeper. Ejercen un control explícito de lo que debe
publicarse para llegar a los lectores.
El resto de los periodistas se reclutan en trabajadores que se forman
en la misma redacción o en las escuelas de periodismo. Ambos ámbitos
suelen tener la misma ideología y cultura profesional. Un ejemplo claro son las
maestrías en periodismo que organizan los grandes diarios argentinos3. El
campo académico y el campo periodístico se retroalimentan y homogeinizan.
En la universidad se enseña a hacer “esto” porque es lo que se hace en los
diarios; y en los diarios se hace “así”, porque es lo que se enseña en la
universidad. Sólo falta aclarar un detalle: la academia y la práctica son
prohijadas por la misma institución (el diario). De esta manera, los estudiantes
de las carreras de comunicación realizan sus prácticas en el periódico, y los
periodistas novatos del medio estudiaron en esas carreras de comunicación.
La eficiencia de los periodistas se apoya, por lo tanto, en la sinceridad y
espontaneidad de actuar profesionalmente en forma correcta. Los estudios
sobre newsmaking explican cómo la cultura periodística penetra
inadvertidamente en los nuevos reclutas de la redacción.
El periodista cree que actúa con naturalidad al construir su
discurso sobre la realidad, cuando lo que hace es aplicar criterios
sesgados ideológicamente sobre lo que debe entenderse por periodismo
y que -no casualmente- responden a la visión de mundo o a los intereses
de los dueños de los medios. Pero si esto no alcanza, el gatekeeper se
encargará de seleccionar lo que es permeable de lo inadmisible y la manera en
que se jerarquizará y presentará a los lectores, como lo señala la teoría de la
agenda setting.
Pero la cultura profesional no es la única explicación para la forma de
actuar de los periodistas. El habitus individual y de clase coadyuva a la
construcción de la realidad pública que se configura en los medios.
El discurso periodístico encierra las mentes en la problemática
dominante y las discusiciones se cierran con un pensamiento único. Se
polemizan las soluciones a la crisis financiera, pero siempre dentro del
capitalismo. No parece haber alternativas a este modelo económico.
3
Clarín y La Nación son dos diarios que tienen sus propias maestrías en periodismo, conjuntamente con
universidades nacionales.
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Los periodistas han internalizado la lógica del sistema y realizan un
balance positivo del capitalismo de rostro humano. Las manifestaciones
de inhumanidad son accidentes, disfunciones, desviaciones, etc., que
pueden remediarse dentro del mismo sistema.
De este modo -afirma Accardó-, el campo periodístico funciona con
una impostura. Hace lo que desea (mantener el orden simbólico), haciendo
como si no lo hiciera (habla de utlilidad pública, bien común, verdad, justicia…).
Pero la impostura no es intencional y permanente. No puede funcionar
así. Necesita que la gente crea en lo que hace. El habitus de clase
contribuye a ello. El periodista tiene incorporada una visión de mundo y
naturaliza su modo de pensar sobre lo que percibe.
Percibe el mundo, lo piensa y actúa como si estuviera bien constituido.
Está predispuesto -habitus- a actuar a así. Y lo hace de buena conciencia. Dice
Accardó que lo que puede crearles mala conciencia es considerado como
revertible aisladamente o directamente autocensurado, creando los
puntos ciegos.
Como la vida cotidiana, el campo periodístico está plagado de
censuras que evitan asimilar algunos hechos de la realidad que pueden
provocar ruidos molestos o atemorizantes en su entendimiento del mundo.
Consciente o inconscientemente se crean lagunas para evitar ciertos sucesos.
De esta manera, las imperfecciones del capitalismo son consideradas
disfunciones perfectibles o relegadas a la inexistencia, en un proceso
involuntario o de buena fe.
(La población del campo periodístico proviene, mayoritariamente,
de la clase media, que le inyecta la impronta de humanidad al capitalismo v.gr. apoyando o impulsando triunfos políticos de los sindicatos, derechos de
minorías, ciertas igualdades sociales…-. Sin embargo, la posición intermedia
entre los polos dominantes y dominados de la estructura social, impulsa a la
clase media a actuar para ascender en la escala y no para descender en
ella. Ergo, legitiman ese mundo dominante, ora voluntariamente, ora
involuntariamente).
Por último
La mirada sesgada de los periodistas los lleva a omitir parte de la
realidad como si no existiera. El material que sí es recolectado mediante las
técnicas y valores de la profesión -newsmaking- es pasado por el tamiz de su
visión de mundo. En ambos casos el habitus -singular y de clase- los hace
pensar la realidad naturalizando los acontecimientos de la sociedad y cayendo
en distorsiones involuntarias. La realidad sólo necesita algunos retoques. Lo
que no se articula con este escenario es confinado a un punto ciego mediante
un proceso inconciente. Como resultado, el campo periodístico elabora un
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discurso que construye una realidad social que legitima el orden social
establecido.
Y si este proceso resulta insuficiente, como último filtro, están los jefes
de redacción y editores -gatekeepers- que deciden qué y cómo se pública.
BIBLIOGRAFIA:
ACCARDÓ, Alain (2000): “Los periodistas frente a los mecanismo de
cooptación”, en Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, nro. 16, octubre de
2000.
BOURDIEU, Pierre (1997): Los usos sociales de la ciencia. Buenos Aires.
Nueva Visión, Buenos Aires.
CRIADO, Enrique Martín (2009): “Habitus”, en REYES, Román: Diccionario
crítico de ciencias sociales. UCM.
DE FONTCUBERTA, Mar (2006): “El periódico como sistema”, en DE
FONTCUBERTA, Mar y BORRAT, Héctor: Periódicos: sistemas complejos,
narradores en interacción. Buenos Aires. La Crujía.
WOLF, Mauro (1991): La investigación de la comunicación de masas. Crítica y
perspectivas. Barcelona. Paidós.
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