Sindicalismo en el magisterio
La experiencia de la docencia rosarina (1992-2004)
Vos fijate después cómo lo ponés en tu trabajo... pero
acá te soplan la nuca, y vos tenés que estar sacando
[actividades] todo el tiempo
Estela Michaleck
Delegada Departamental AMSAFE-Rosario (1998-2003)
Índice
Introducción
I Parte Investigando la democracia sindical
Del problema de investigación
II Parte Elementos para una contextualización
Algunos elementos históricos sobre el sindicalismo docente
en Santa Fe
De la hegemonía política al estallido de la convertibilidad
Reforma educativa, gobierno y sindicato docente en Santa Fe
III Parte Actividad gremial y democracia sindical
Gestión sindical de la AMSAFE Rosario (1992-2002)
Conflicto, actividad gremial y toma de decisiones
La organización del gremio docente
Militancia gremial y adhesión
Democracia y control sindical
Consideraciones Finales
Bibliografía
Introducción
... lo que está en la base es un proceso de producción de conocimiento
partiendo de la construcción de una relación social con el otro, de una
profunda interacción que es al mismo tiempo experiencia con el grupo y
participación en las experiencias de grupo.
Santiago Wallace (1994: 234).
La Asociación del Magisterio de Santa Fe (AMSAFE) es un sindicato joven, organizado
en la primera mitad de los ‘80, que afilia mayoritariamente a docentes de nivel primario.
Rosario, la mayor de las diecinueve delegaciones que lo componen, añade a la
importancia numérica el haber sido centro de los conflictos gremiales y la movilización
sindical de la década de los ‘80.
En la AMSAFE las medidas de lucha son votadas en los lugares de trabajo, diferentes
agrupaciones disputan la conducción sindical y son frecuentes las movilizaciones y
asambleas. Estos elementos constituyen indicadores de una situación sindical atípica en
la Argentina de los ‘90 y, según las definiciones de muchos autores clásicos, indicarían
una relativa democracia en la organización.
Nuestra investigación se centró en conocer las características gremiales (del conjunto
de la docencia) y sindicales (de la organización) que contribuyen a explicar cómo es
posible un sindicato relativamente democrático en un contexto social, histórico y
organizacional que desalienta la democracia sindical. El peso de la división del trabajo
político en las sociedades complejas, el difícil contexto para la participación política y
sindical y las fuertes tendencias burocráticas en el sindicalismo de masas confluyen para
obstaculizar la constitución de un sindicato democrático. Cabe desagregar estas
cuestiones.
En todas las sociedades complejas el trabajo político está dividido: hay quienes
gobiernan y quienes son gobernados. Cierto es que, con las modernas democracias,
consideramos que el gobierno de la sociedad nos incumbe a todos, pero no es menos
cierto que la división social del trabajo político naturaliza la delegación de la toma de
decisiones. En nuestra perspectiva esta determinación constriñe toda posibilidad de
participación igualitaria en la toma de decisiones en las sociedades complejas.
En el proceso de reestructuración capitalista que comenzó en los ‘70 los cambios
sociales, políticos y económicos han sido de tales dimensiones que los sindicatos se
encuentran ante un escenario nuevo a escala mundial: una clase trabajadora fragmentada
y fuertemente precarizada, tendencias neocorporativas (de los trabajadores estables
frente a los temporarios), creciente individualización y una fuerte corriente desreguladora
y flexibilizadora de las relaciones de trabajo (Antunes; 1999). Parte de estas
transformaciones ha sido, también, el desarrollo de una ideología tan corrosiva para las
organizaciones colectivas y la posibilidad de pensar alternativas políticas, que Perry
Anderson sostiene que es en la construcción de esta hegemonía donde el neoliberalismo
se ha mostrado más «exitoso» (Anderson; 1999). La nueva situación ha llevado a una
crisis al sindicalismo construido en el período inmediatamente anterior y a una profunda
discusión acerca de su carácter (Santana & Ramalho; 2003).
En Argentina las tendencias mundiales relativas a las transformaciones en el mundo
del trabajo y a la ofensiva ideológica neoliberal se articulan con especificidades
nacionales, entre las que se destacan las tasas especialmente altas de desocupación y
que justamente el partido con que históricamente se identificaron los trabajadores (el
Partido Justicialista) es el que en un contexto democrático más radicalmente aplica las
políticas neoliberales.
Sin embargo, hemos preferido plantear el problema de la investigación desde la
burocracia generalizada en el sindicalismo de masas. En este nuevo contexto de crisis del
sindicalismo insistimos en que, como sostenía Seymour Lipset, lo difícil no es explicar
cómo la burocracia es posible, sino por qué y cuáles son las características gremiales y
sindicales que posibilitan la existencia de casos atípicos, de sindicatos relativamente
democráticos.
Dentro de las organizaciones sindicales la tendencia a la burocratización apuntala la
formación de una élite que monopoliza la capacidad de los trabajadores organizados de
tomar decisiones orgánicas. Desde nuestra perspectiva un sindicato es relativamente
democrático cuando la capacidad de decisión no reside sólo en la élite que lo conduce
sino cuando, de alguna manera, los trabajadores influyen en las decisiones sindicales.
Esto es: un sindicato es relativamente democrático si organiza un gremio relativamente
participativo. En este sentido, la participación gremial se encuentra vinculada a las
manifestaciones y acciones colectivas pero fundamentalmente se halla a contrapelo de la
división social del trabajo político y la burocratización sindical.
Inscripto en los procesos históricos de movilización y desmovilización el conjunto de los
afiliados establece relaciones con la organización sindical que nunca son homogéneas.
Hay trabajadores a los que sólo interesan los servicios que presta el sindicato, otros
alcanzan a intervenir en los procesos electorales y hay quienes cotidianamente se
preocupan por las cuestiones sindicales. Sin embargo, para el análisis que nos
proponemos no se trata tanto de clasificar personas, en términos de quién participa y
quién no, como de prestar especial atención a dos cosas a las que volveremos una y otra
vez: las características de la actividad gremial y de la organización sindical. Porque son
ellas fundamentales para explicar cuestiones que, como la participación gremial, son
relativas a la vida política interna –en un sentido sociológico clásico diríamos que son
esas características, y no las individualidades agrupadas, las que explican la existencia de
un gremio relativamente participativo. Esta mirada jerarquiza el análisis de la militancia
gremial, de las motivaciones de quienes se proponen como delegados gremiales, de lo
que ocurre en los lugares de trabajo, de las presiones que sienten los miembros de la
élite, de la búsqueda de adhesión entre los trabajadores, de la estructura de toma de
decisiones y de los mecanismos de control interno. La Parte I está dedicada a estos
problemas teóricos.
La vida sindical, aún cuando mantiene regularidades que pueden abstraerse, trabaja
con materiales históricos. Por ello en la Parte II nos detenemos en la tradición del
magisterio rosarino y en el contexto histórico, nacional y provincial, en que se inscribe el
presente trabajo: el período que se abre en 1992 y se cierra entre el 2002 y el 2004.
Resulta relativamente fácil situar el comienzo de la etapa: 1992 significa al mismo tiempo
una nueva coyuntura educativa nacional, el inicio de una gestión agresiva en la cartera
educativa provincial y un cambio en la conducción de la delegación local del sindicato. Los
nuevos dirigentes de la AMSAFE Rosario impulsan un cambio profundo en la política
sindical –promoviendo la organización gremial, la formación pedagógica, el área de
servicios y la proyección social– y consolidan sus posiciones provinciales para finalmente
ganar las elecciones generales de la AMSAFE en 1995. Si bien mantienen posiciones de
confrontación con el gobierno diferentes elementos, entre los que se encuentra que no ha
habido importantes atrasos salariales ni despidos en un escenario social de desocupación
y precarización laboral, impiden la reedición del escenario de movilización generalizada
de los ’80.
El período abierto a comienzos de los ’90 en el gobierno de Menem (1989-1999),
caracterizado por la hegemonía neoliberal y la paridad cambiaria peso/dólar, comienza a
erosionarse en la segunda mitad de la década y estalla con el levantamiento popular de
diciembre del 2001, que marca una nueva situación política, y la brutal devaluación de
comienzos del 2002, que vuelve dramática la desvalorización salarial. El proyecto político
de un sector de la dirigencia sindical docente que se había hecho fuerte en la oposición al
gobierno de Menem comienza a encontrar dificultades crecientes desde el recambio
gubernamental de 1999 (cuando asume De la Rua, de la Alianza) y potenciadas desde la
crisis nacional del 2001. A fines del 2003, vinculado en líneas generales a este proceso,
la Delegada Departamental y otros seis miembros de la Comisión Directiva de la
delegación rosarina de la AMSAFE renuncian a sus cargos. Nos detendremos con más
detalle en esto adelante, baste aquí decir que como corolario de este proceso nacional y
de su expresión hacia dentro del sindicalismo docente, en las elecciones de la AMSAFE
de junio del 2004 la izquierda gremial gana en la delegación Rosario desplazando al
sector que la conducía desde 1992. Pese a tratarse de niveles diferentes, entre la crisis
nacional de diciembre del 2001, las renuncias de dos años después y las elecciones del
2004 se cierra el período abierto en 1992.
Si bien para la descripción del contexto de esta investigación se utilizan fuentes
documentales y entrevistas, es en la Parte III donde se condensa el grueso del trabajo de
campo. Desde una mirada de la burocracia tributaria de Weber (conceptualizada como un
régimen de gobierno en el cual un grupo de especialistas controla la organización) y
entendiéndola contradictoria con la democracia sindical (definida por la participación de
los trabajadores en el gobierno del sindicato), mostramos en esta parte de manera
organizada el material con que trabajamos en la investigación. Describimos la tradición de
luchas y movilizaciones de la década del ’80, el peso de la identidad democrática, el
proyecto político de confrontación de la dirigencia y la necesidad por ello de movilizar a
los trabajadores, los pocos mecanismos de control sobre la base en manos de la élite del
sindicato, la relativamente pequeña estructura sindical, las relaciones establecidas por los
docentes en los lugares de trabajo y la politización de la actividad gremial. Las categorías
de seguimiento de segundo orden, incentivos selectivos y comunidades ocupacionales
permiten el análisis de parte de este material. Con «seguimiento de segundo orden» nos
referimos al seguimiento de la actividad gremial que no alcanza a ser militancia pero está
lejos de confundirse con la apatía; esto permite definir la actividad gremial de un grupo de
docentes que es fundamental para comprender la relación de la dirección sindical con la
base del gremio. El poco peso de «incentivos selectivos», entendidos éstos como
beneficios individualistas a quienes participan, ayuda a caracterizar la militancia gremial.
Finalmente, a partir de la categoría de «comunidades ocupacionales» podemos pensar la
influencia en la vida de la organización de las relaciones que establecen los trabajadores
por fuera de ella.
En las consideraciones finales intentamos sintetizar nuestros principales argumentos.
Planteamos que el proyecto de confrontación con el gobierno de la conducción sindical
interpela a la docencia y promueve el activismo, actualizando la tradición gremial, al
mismo tiempo que la estructura del gremio –fragmentado en cientos de escuelas– y el
poco poder del sindicato –en términos de manejo de recursos– dificulta el control de la
actividad gremial por la conducción y la hace sensible a las presiones de los afiliados. En
efecto, y como fundamentaremos, entendemos por democracia sindical influencia de los
trabajadores en el gobierno de la organización.
El trabajo con los docentes
Comenzamos la investigación en 1999, siguiendo la evolución de un grupo de
activistas, la Comisión de Nivel Medio, que se reunía en el local sindical. Desde entonces
trabajamos de manera menos focalizada, realizando observaciones en diferentes
instancias de participación gremial y entrevistas con delegados y miembros de la
Comisión Directiva . «Una profunda interacción», como citábamos a Santiago Wallace,
fue el telón de fondo de los registros y la base sobre la que pensamos la investigación.
En nuestra relación con los docentes contribuyó especialmente el conversar nuestras
ideas y producciones con el objeto de corregir errores de información, solicitar permiso
para la publicidad de datos internos y discutir los análisis y conclusiones. Esto ha sido de
una riqueza inmensa, de hecho la única diferencia sustantiva en los enfoques para
explicar la relativa democracia de la AMSAFE reside en que mientras nuestro objetivo fue
realizar una investigación, los docentes con quienes trabajamos explican la situación de la
AMSAFE en una relación directa con el resto de su práctica política, justificando
posiciones y prácticas en las que se ven cotidianamente involucrados. Escribía Max
Weber:
Una cosa es adoptar una posición política práctica, y otra es analizar las
estructuras políticas y las posiciones de los partidos. Al hablar de democracia en una
reunión política no ocultamos nuestra posición personal, en realidad, es nuestro
maldito deber hablar francamente y adoptar una posición. Las palabras que se
emplean en estas reuniones no son medios de análisis científico, sino medios de
sondear votos y de obtener otros. No son azadas para trabajar el terreno del
pensamiento contemplativo, son espadas contra los enemigos: dichas palabras son
armas (Weber;1985:100, 101).
Parte de lo que hemos intentado hacer es transformar en nuestras azadas para trabajar el
terreno del pensamiento las explicaciones que de la realidad gremial tienen los docentes
con quienes trabajábamos.
Del problema de investigación
Los dirigentes de la AMSAFE, conforme a sus mecanismos de consulta y
resolución, adquieren el compromiso de convocatoria a una asamblea
provincial en el más breve lapso posible, de manera tal que el día martes 17 la
comunidad adquiera una noticia cierta sobre la posibilidad de reestablecer el
año escolar santafesino.
Del Acta de acuerdo suscripta por el gobierno y los dirigentes
gremiales de la AMSAFE el 11 de abril de 1990.
Numerosos estudios se han referido a la burocratización de las estructuras sindicales y
en su relación con la representatividad de los intereses de los agremiados (Di Tella; 1983,
Wrigth Mills; 1965, Lipset; 1969). De hecho, siendo la expresión de la reivindicación
obrera y la disposición de cierto poder de gestión dos aspectos de la acción sindical
(Touraine & Mottez; 1963), la burocratización es el proceso por el que las organizaciones
ganan poder de gestión al tiempo que se vuelven menos permeables a la reivindicación
obrera.
Estamos cada vez más persuadidos de la necesidad de entender a la burocracia
sindical en un sentido tributario de los escritos weberianos. Fue Weber quien indicó el
«carácter fatal de la burocracia como médula de toda administración de masas» (Weber;
1994:179). No necesariamente la división social del trabajo político se expresa en la
formación de una burocracia, pero ésta ha llegado a ser la situación predominante; «(l)a
razón decisiva que explica el progreso de la organización burocrática ha sido siempre su
superioridad técnica sobre cualquier otra organización (...) La precisión, la rapidez, la
univocidad, la oficialidad, la continuidad, la discreción, la uniformidad, la rigurosa
subordinación, el ahorro de fricciones y de costes objetivos y personales, son
infinitamente mayores en una administración severamente burocrática» (Weber;
1994:730,731). La tensión entre gestión y representación aparece porque la organización
burocrática significa consecuencias imprevistas que promueven la utilización de
mecanismos más rígidos de control y un desplazamiento respecto de los fines de la
organización (March & Simon; 1977, Crozier; 1969).
Diferentes factores influyen en el desarrollo de las tendencias burocráticas en las
organizaciones gremiales, esto es, en los procesos por los que los sindicatos ganan
control interno y capacidad de gestión a costa de mediar cada vez más la reivindicación
obrera. Sin la intención de agotar la descripción, y con el único objeto de ilustrar en
general el problema, cabe señalar:
* Problemas básicamente organizacionales como el grado de centralización del poder, la
autonomización de la organización respecto de sus afiliados y la necesidad de los
sindicatos de controlar la base. «Organización es oligarquía», escribía Michels (1983),
y la tendencia efectivamente es que los dirigentes se conviertan en especialistas que
tienen mayores recursos frente a los demás agremiados y centralizan el poder1. En
segundo lugar, un cierto grado de «autonomización» respecto de los trabajadores es
una necesidad organizacional para que el sindicato sobreviva y tenga posibilidades de
éxito en contextos de desmovilización (Offe & Wiesenthal; 1980). Finalmente, un
sindicato debe tener un cierto control sobre el activismo de los trabajadores, no
necesariamente coactivo, para negociar con la patronal, y por eso tiende a unificar la
representación de la base y a desalentar cualquier actividad gremial sobre la que no
tenga algún tipo control2 .
* Elementos vinculados a la situación social y, básicamente, el grado de movilización de
los trabajadores. Es en los contextos de desmovilización y apatía donde la burocracia
mejor se desarrolla porque las tendencias organizacionales operan con menos presión
por parte de los trabajadores3 .

Aspectos político-ideológicos. Es importante distinguir, entre las conducciones
sindicales, a aquellas que confían en la democracia y la movilización de los
trabajadores y por ello, en vez de fomentar las tendencias burocráticas, las
enfrentan4 . En el mismo sentido, también la ideología de los trabajadores puede
tanto promover la participación como el desentendimiento de los problemas
comunes al gremio.

Las relaciones extra-laborales entre los trabajadores. En esto pensaba Lipset, que
era profundamente escéptico, cuando intentaba explicar la existencia de sindicatos
democráticos. Argumentaba que ya sea por aislamiento o por compartir el tiempo
libre y actividades extra-laborales en algunos gremios se forman «comunidades
ocupacionales». Lipset citaba a los tipógrafos, los actores y los mineros como
ejemplo; en esos casos las relaciones extra-laborales entre los miembros
mantienen vivo el interés por los asuntos comunes y promueven nuevos líderes
(Lipset; 1969).
* Los procesos de trabajo, que estructuran en buena medida las relaciones entre los
trabajadores y entre ellos y la patronal. Algunos autores que investigan los cambios en
los procesos de trabajo señalan cómo la individualización de las relaciones laborales
tiene entre sus objetivos entorpecer la formación de colectivos gremiales (Martínez;
1994). Esto favorece la burocratización sindical ya que facilita el gobierno de la
actividad sindical de manera relativamente escindida del conjunto de afiliados.
En el trabajo clásico sobre la democracia sindical, Lipset, Trow & Coleman eligieron
para un estudio de caso el Sindicato Internacional de Tipógrafos, debido a que según
determinados indicadores representaba una excepción al gobierno burocrático de los
sindicatos. Como citábamos, el principal argumento para explicar su relativa democracia
sindical se remitía a la existencia de una comunidad informal, paralela a la organización e
independiente de ella: los trabajadores compartían el tiempo libre, interactuaban
intensamente en el trabajo y había un gran número de asociaciones voluntarias
independientes de la conducción sindical. Según estos investigadores la democracia,
tanto sea social como organizacional, precisa de fuertes asociaciones intermedias
independientes del poder central. No es necesario que las funciones formales de estas
asociaciones sean políticas, pero allí se forman nuevos líderes y se generan ideas, son
redes de comunicación a través de las cuales se aprende a intervenir políticamente y
sirven de base a la oposición sindical (Lipset, Trow & Coleman, 1956).
Si bien algunos autores han formulado serias objeciones a la propuesta de Lipset5, nos
acercamos a sus aportes en tanto nos envían de la democracia sindical, en la
organización, a las particularidades quizá a primera vista ni siquiera políticas del conjunto
de trabajadores –como, por ejemplo, el grado de interacción entre ellos fuera del horario
de trabajo.
Vamos a proponer una definición de democracia sindical teniendo en mente el
activismo de la membresía. Hacer esto significa poner la atención en la participación de
los trabajadores antes que en la representatividad y recambio de las élites6 –entendiendo
por «élite sindical» el grupo que ocupa los puestos de mando del sindicato 7. De este
modo nos distanciamos de una definición de democracia centrada en la existencia de una
oposición con posibilidades reales de ganar elecciones 8.
Con esta concepción, para definir la relativa democracia de un sindicato se debe
atender a las expectativas, las posibilidades de injerencia y el activismo de los
trabajadores, lo que significa que la democracia en la organización es inseparable de los
procesos en donde los trabajadores pugnan por ser parte de las decisiones acerca de la
política sindical. Esto es: estudiar la democracia sindical es también estudiar los procesos
históricos de movilización y desmovilización política.
En un gremio «participativo», en este sentido, probablemente habrá agrupaciones que
disputen la conducción sindical, los trabajadores mirarán con recelo las decisiones
inconsultas, los índices de participación electoral serán importantes, se asistirá a las
reuniones sindicales, etc. Pero el indicador privilegiado será que la élite sea presionada
por los trabajadores, que no monopolice la capacidad de decidir las políticas sindicales.
Cierto es que eventualmente una fuerte burocracia tiene control sobre la oposición –
con capacidad para impedirle disputar–, pero desde nuestro punto de vista es más
importante cuánto control tiene sobre el conjunto de los trabajadores –impidiéndoles
influir, y así actuando con relativa independencia de ellos9. Con esta definición estamos
en realidad profundizando una observación realizada por el mismo Seymour Lipset
cuando escribía:
La facilidad con que una oligarquía puede controlar una gran organización varía en
función del grado en que los afiliados intervienen en los asuntos de la organización.
Cuanta mayor importancia se dé a los afiliados, y cuanto mayor sea su participación,
tanto más difícil le resultará a una oligarquía poner en práctica políticas y acciones
que discrepen con los valores o necesidades de los afiliados (Lipset; 1969:425).
La burocracia, en tanto forma específica de la división social del trabajo político, está
reñida con la participación gremial y, luego, con la democracia sindical. Porque mientras
la participación apela a la igualdad, suponiendo el derecho de todos a decidir y su
ejercicio efectivo, la división social del trabajo político y la mediación organizacional
significan capacidades diferenciales respecto de la toma de decisiones.
Sintetizando, un sindicato es relativamente democrático si los trabajadores participan,
si influyen en tanto parte del colectivo gremial en las decisiones de la organización,
contradiciendo la tendencia a que la élite monopolice la capacidad de decidir. Lo que
hacemos en el presente trabajo es investigar cuáles son las características del gremio y
de la vida política interna de la organización, en un caso específico, que promueven una
relativa democracia sindical o, lo que es lo mismo, limitan las tendencias burocráticas de
las organizaciones sindicales.
Notas
1 Diferentes procesos históricos pueden profundizar esta tendencia. Por ejemplo, las
reglamentaciones que a finales de los ‘50 y en 1960 quitaron poder de negociación a las
Comisiones Internas, instancia de organización obrera en los lugares de trabajo, significaron un
apuntalamiento de la burocracia sindical (James; 1981).
2 Un sindicato en otros sentidos atípico, como el de Luz y Fuerza de Córdoba en los ’70, aún
conducido por Agustín Tosco, no escapaba a esta situación. Allí las asambleas eran frecuentes y el
activismo numeroso. Sin embargo en algunas ocasiones la dirección sindical desestimó propuestas
emanadas de los trabajadores ya que significaban que ésta abriera el juego, con posibles
consecuencias negativas respecto del control de la interacción interna y la unidad gremial (Roldán;
1978).
3 En Argentina, la imponente burocracia sindical de los ‘60 sólo fue posible luego de que se
agotara la movilización obrera de la heroica resistencia peronista (James; 1990).
4 Por ejemplo, en 1972 en el SMATA-Córdoba la lista liderada por el clasista René Salamanca
ganó la seccional. Para combatir la burocratización se redujeron la cantidad de funcionarios pagos,
se estableció que las resoluciones del Cuerpo de Delegados fueran vinculantes para el Comité
Ejecutivo, que los salarios de los dirigentes no cambiaran respecto del que percibían en las plantas
y un sistema de rotación para todos los miembros del Comité Ejecutivo (Brennan; 1996).
5 Zeitlin & Stepan-Norris (1995) discuten los argumentos de Lipset respecto de las condiciones
gremiales que posibilitan una relativa democracia sindical. Muestran el importante nivel de
democracia de una seccional del sindicato de obreros de las fábricas automotrices, un gremio de
características bien diferentes a aquéllas en las pensaba Lipset.
6 Lo mismo hace Susan Street (1992, 1996, 1997, 2000) al estudiar los procesos
democratizadores en el magisterio mexicano. Es interesante su definición de «democratización
desde la base» al estudiar el proceso chiapaneco de los ’80 y el énfasis más reciente en la
importancia del trabajo gremial y pedagógico en las escuelas.
Sin embargo, no define la participación gremial en contradicción con las tendencias
organizacionales estudiadas por los investigadores clásicos sobre la temática, y esto aún cuando
su definición de democratización contempla la capitalización de la movilización política en espacios
institucionales y dialoga con la oposición a la conducción del Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Educación (SNTE).
7 Utilizamos la definición institucional de élite que propone Wright Mills en su análisis de la
estructura de poder en la sociedad estadounidense. Respecto de un sindicato, esto permite
identificar como élite al grupo minoritario de personas que «separada y colectivamente, toman (...)
las decisiones clave que en efecto se toman» (Wright Mills; 1957:34). A lo largo del trabajo nos
referiremos largamente a las especificidades de esta élite en el caso de la AMSAFE Rosario.
8 Algunos investigadores que se han detenido en la cuestión de la democracia sindical prestan
especial atención a la existencia de agrupaciones opositoras con posibilidad de ganar elecciones
(por ejemplo Torre; 1974). Aunque tiene la ventaja de facilitar comparaciones, el énfasis en la
existencia de agrupaciones opositoras y elecciones limpias puede llevar a entender la democracia
como un mecanismo para seleccionar la élite sindical, definición que no es contradictoria con la
división social del trabajo político ni con la burocracia sindical en sí misma.
9 Inclusive Sirvent en su estudio sobre la participación en el barrio de Mataderos, desde otro
recorrido teórico, reconoce esto cuando escribe que «(l)o que está en juego es el poder
institucional: la participación real implica modificaciones en las estructuras de poder, caracterizadas
por la concentración de poder en pocas manos» (Sirvent; 1999:129).
Parte II
Elementos para una contextualización
Algunos elementos históricos sobre el sindicalismo docente
en Santa Fe
... a esta altura no podemos manejarnos con un asambleísmo y una actitud
«basista», en la cual los dirigentes han dejado de ser dirigentes y pasan a ser
dirigidos (...) Al no avalar la asamblea docente el acta firmada, he perdido los
interlocutores válidos.
Víctor Reviglio, gobernador de Santa Fe,
La Capital, 21 de abril de 1990.
La docencia santafesina acompañó un proceso nacional de organización caracterizado
por la creación de asociaciones que tardíamente se institucionalizarían como sindicales y
superarían su inicial fragmentación.
En 1928 en Santa Fe se creó la Federación Provincial del Magisterio, integrada entre
otras organizaciones por la Sociedad Unión del Magisterio de Rosario, que había sido
constituida tempranamente en 1898 con carácter mutual, y la Asociación del Magisterio de
Santa Fe, de la ciudad de Santa Fe, creada en el mismo 1928 (Martínez Trucco; 1995).
La Federación Provincial del Magisterio confluyó con otras entidades de la provincia
para reclamar cuestiones salariales en la Comisión Intergremial del Magisterio ProMejoras Económicas, tanto en 1946 como en 1956/571. Sin embargo, la docencia no se
reconocía parte del movimiento obrero y estas asociaciones no estaban inscriptas como
organizaciones gremiales2. En este sentido, una ruptura importante fue la creación del
Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario (SINTER), gestado a partir de un
gran conflicto en 1971 contra una reforma que introducía cambios en la estructura del
sistema educativo (la escuela intermedia) y opuesto a la Comisión Intergremial del
Magisterio Pro-Mejoras Económicas. El SINTER expresaba posiciones políticas más
radicalizadas y la identificación del docente como “trabajador de la educación” 3.
Pese a las diferencias, en 1973 las principales entidades docentes de Santa Fe
participaron de la creación de la Confederación de Trabajadores de la Educación de la
República Argentina (CTERA), denunciando un total de 12.588 afiliados (Vázquez &
Balduzzi; 2000)4. Sin embargo, poco después la dictadura militar (1976-1983), a costa de
la persecución política y el asesinato de numerosos activistas docentes, abortó el proceso
de organización del sindicalismo magisterial.
A finales de 1979 el gobierno militar dictó la Ley de Asociaciones Gremiales de
Trabajadores y sobre las posibilidades que abrió esa legislación comenzó, en la provincia
de Santa Fe, la reorganización del sindicalismo docente. Desde la Asociación del
Magisterio de Santa Fe se convocó a la unificación de la docencia provincial5. En febrero
de 1980 se firmó el acta de disolución de la Federación Provincial del Magisterio y de
fusión de las entidades federadas en un sindicato de primer grado con diecinueve
delegaciones (Martínez Trucco; 1995). El SINTER había sufrido mucho la represión y
quienes provenían de esa experiencia quedaron de hecho integrados de manera
subordinada en este proceso. Finalmente en 1984 se realizó la primera elección y se logró
la personería gremial un año después (Nº 845).
La AMSAFE agrupa desde entonces, en la provincia de Santa Fe, a trabajadores de la
educación de todos los niveles, ramas y jurisdicciones. Inicialmente la AMSAFE se
propuso representar también al sector privado, como se puede ver en los primeros
estatutos, pero a medida que avanzó el proceso de organización sindical éste se nucleó
en el Sindicato Argentino de Docentes Particulares (SADOP).
A lo largo de la década de los ’80, ante la inflación, se sucedieron una serie de
conflictos gremiales con una gran participación docente y demandas de recomposición
salarial. Una larga huelga en 1990 fue el último de los más importantes con estas
características. Del mismo modo que con el conflicto de 1971, también durante los ’80, el
grado de movilización y combatividad de la docencia rosarina fue reconocido
nacionalmente.
Estos años dejaron su impronta en la vida gremial: asambleas de miles de docentes,
delegados buscando en el sindicato las urnas para realizar las votaciones en las escuelas,
cuerpos de delegados por zona fortísimos en contextos de conflicto y una movilización
política como ya no volvió a haberla.
La delegación Rosario es políticamente la más dinámica de la AMSAFE. Esto le
permitió al dirigente local en el período 1988-1990 (Sánchez, de “Educación Popular”),
que se encontraba en la oposición sindical, confrontar duramente con la gestión provincial
de Giovanovich. Sobre el prestigio logrado en la gran huelga de 1990, Sánchez ganó ese
mismo año las elecciones provinciales de la AMSAFE. Una resolución gremial estipulaba
como medida de fuerza la realización de paros inmediatos si no se cobraba al quinto día
de cada mes y por ello los docentes siguieron realizando huelgas en el segundo semestre
de 1990 y en 1991. Sin embargo, no eran acompañadas de asambleas y movilizaciones
masivas. Algunos docentes señalan que el mecanismo del paro se encontraba
desgastado y las relaciones con la comunidad resentidas por esto. Mientras tanto, la vida
sindical continuaba pendiente de la participación espontánea de la docencia, a tono con lo
que había sido la experiencia anterior.
Las relaciones tensas de “Educación Popular” con la conducción de la CTERA desde el
comienzo de la gestión de Sánchez, en 1990, se resuelven en 1993 con la separación de
la AMSAFE que integra, invariablemente, los intentos de agrupamientos nacionales
paralelos.
También en el período 1990-1992 comienza el lento, pero continuado, debilitamiento
en Rosario de “Educación Popular” –agrupación hasta entonces invicta en las elecciones
gremiales– y el ascenso de “Trabajadores de la Educación”. José María Tessa (de
“Trabajadores de la Educación”) gana la conducción de la delegación Rosario de la
AMSAFE en 1992 y tres años después es electo Secretario General provincial. Desde
entonces las políticas de la AMSAFE se encuentran en línea con las de la CTERA aunque
recién en 1999 se concretó la reafiliación.
“Educación Popular” y la corriente que se nucleó en “Trabajadores de la Educación”
expresan localmente la disputa nacional en el movimiento sindical docente entre un sector
tributario de tradiciones más liberales que condujo la CTERA hasta 1987/88 (“Educación
Popular”) y otro que plantea la necesidad de fortalecer la organicidad del sindicalismo
docente y conduce la CTERA desde 1987/88 hasta la actualidad (“Trabajadores de la
Educación”) 6.
Secretarios Generales y Delegados del Departamento Rosario de la Asociación del
Magisterio de Santa Fe (1984-2004)
Período
1984-1986
1986-1988
1988-1990
1990-1992
1992-1995
1995-1998
1998-2001
2001-2004
Delegado Departamento Rosario
César Monetti /11 de septiembre
Nelly Runas de Bozzo / EP
Ediberto Sánchez / EP
César Monetti / EP
José María Tessa / TE
Leonardo Panozzo / TE (*)
Estela Michaleck / TE
Estela Michaleck / TE (**)
Secretario General Provincial
César Oxley /11 de septiembre
César Monetti / EP
José María Giovanovich / US
Ediberto Sánchez / EP
Ediberto Sánchez / EP
José María Tessa / TE
José María Tessa / TE
José María Tessa / TE
(*): Renunció en 1997 y asumió la conducción Estela Michaleck
(**): Renunció en el 2003
11 de septiembre: Lista unitaria provincial integrada por el sector que protagoniza la
reorganización de la AMSAFE
EP: Educación Popular
US: Unidad Santafesina
TE: Trabajadores de la Educación
Notas
1 En 1956 la Intervención Nacional en la provincia de Santa Fe propuso un salario
básico que no conformaba a la docencia y la Comisión Pro-Mejoras, formada en 1946, se
revitalizó. Durante todo el año se fue preparando el conflicto en caso que el presupuesto
provincial de 1957 fuera sancionado sin aumento y el 11 de marzo de 1957 se lanzó la
docencia santafesina a una huelga histórica que se sostuvo inquebrantable hasta el 18 de
abril y fue coronada por el éxito. Para buscar un antecedente huelguístico en la docencia
santafesina había que remontarse a 1921 (Miembros de la ex Comisión Pro-Mejoras
Económicas del Magisterio; 1997).
2 Las discusiones alrededor de la identidad docente tienen tanto ribetes relativos a las
identidades que el magisterio asumió –y a como se pensó en relación con el conjunto de
los trabajadores asalariados– como acerca de las discusiones teóricas sobre el carácter
del trabajo docente. Aunque se trata de una discusión que excede los marcos nacionales,
respecto de la experiencia argentina puede consultarse Birgin (1999) y Vázquez &
Balduzzi (2000).
3 Había paralelos del SINTER en otras ciudades federados provincialmente en la
Federación Única de Sindicatos de Trabajadores de la Educación (FUSTE) y
nacionalmente en la Central Unificadora de Trabajadores de la Educación (CUTE).
4 Las entidades de la provincia que participaron del congreso fundacional de la CTERA
fueron la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores de la Educación, la Federación
Provincial del Magisterio, la Federación Maestros Escuelas Lainez, la Asociación Educ.
Establecimientos privados zona sur, la Soc. de maestros de educación manual zona sur,
la Asoc. de Educadores del sur de Santa Fe, la Asoc. del personal de escuelas
nacionales, la Asociación de Docentes de la Esc. Sup. Libertador San Martín, la Asoc. de
Profesores diplomados, la Asoc. de Educadores Particulares y la Asoc. de Educadores de
Adultos –Rosario (Vázquez & Balduzzi; 2000).
5 La Asociación del Magisterio de Santa Fe había iniciado los trámites para obtener la
personería gremial en 1972. En los expedientes iniciados entonces la zona de actuación
de la AMSAFE comprendía los departamentos de Capital, Las Colonias, Garay y San
Javier.
6 Intentamos hacer un rastreo más completo de los principales puntos de debate en el
sindicalismo docente nacional en los ’80 y comienzos del ’90 en Gindin, Soul & Gabiniz
(2002).
De la hegemonía política al estallido de la convertibilidad
Surgen entonces algunas definiciones claves, como la necesidad de vertebrar
el Frente Social que abra un nuevo espacio de participación popular, hoy
vacío desde lo político-partidario y recortado desde lo gremial. A partir de este
impulso la CTERA define ese nuevo perfil que venía dibujándose desde el ‘88:
el de su protagonismo social. Como un fenómeno particular –casi diríamos a
contrapelo de lo que sucede con el resto de las organizaciones del movimiento
obrero– la CTERA y la causa de los trabajadores de la educación ganan día a
día mayor consenso social.
«Hacia el protagonismo social», memoria gremial de CTERA 1990/1991.
A partir del Plan de Convertibilidad (1991), que fija la paridad cambiaria peso/dólar, el
gobierno justicialista de Menem (1989-1999) logra estabilizar la situación económico
política y en los años siguientes se produce un crecimiento económico donde confluyen y
se complementan un ciclo expansivo de consumo interno y la consolidación de una
«comunidad de negocios» entre los grupos económicos locales concentrados y los
acreedores externos enfrentados en la crisis hiperinflacionaria anterior (Basualdo; 2001).
La gestión de Menem significa la profundización de la reconversión neoliberal del
capitalismo argentino comenzada por la dictadura militar (1976-1983), ahora en un
contexto democrático y contra la propia base social del Partido Justicialista. La hegemonía
menemista en los primeros ‘90 permite una rápida y generalizada serie de reformas (del
Estado, laboral, previsional) profundamente regresivas en términos sociales.
Hacia la mitad de la década comienzan a verse claramente los resultados de las
políticas neoliberales. Algunos fenómenos incipientes en 1991, como el aumento del
cuentapropismo y la terciarización, la caída del empleo industrial y la disminución del
personal asalariado, se profundizan en los años siguientes (Basualdo; 2000). Es sobre
este escenario que la hegemonía menemista comienza a resquebrajarse: en 1997 se
conforma la Alianza, mediante la coalición entre el Frente País Solidario (FREPASO) y la
Unión Cívica Radical (UCR) y el justicialismo pierde las elecciones legislativas. Dos años
después la Alianza repite el triunfo electoral y De la Rua (UCR) es electo presidente. El
FREPASO, con un perfil de centroizquierda, revitaliza así de hecho a un radicalismo que
había sido tercera fuerza en las presidenciales de 1995. Entre tanto, para el segundo
semestre de 1998, el país ingresa en una prolongada recesión económica. La
«comunidad de negocios», rota a mediados de la década, deja lugar a un creciente
enfrentamiento entre los dos principales sectores económicos, que perfilan propuestas
mutuamente excluyentes para mantener sus tasas de ganancias: devaluar o dolarizar
(Basualdo; 2001). La movilización popular que fuerza el final del gobierno de De la Rua,
en diciembre del 2001, y la devaluación del peso, en enero del 2002, cierran política y
económicamente el período abierto a comienzos de los ‘90.
A lo largo de estos años el movimiento obrero sufre una ofensiva brutal, apoyada en
las altas tasas de desocupación y el consenso ideológico logrado por las políticas
neoliberales. De manera sostenida se impulsan legalmente medidas de flexibilización
laboral, reforma de los regímenes de negociación colectiva, etc., lo que no es sino la
dimensión legal de una relación de fuerzas profundamente desfavorable para los
trabajadores, dramáticamente vivida en los lugares de trabajo con la recreación de
antiguas formas de explotación y el desconocimiento de derechos adquiridos (Martínez;
1994). Las políticas de reconversión industrial en el ámbito privado tienen un correlato en
la reforma del Estado que supone, también, medidas regresivas para los empleados
públicos.
El sindicalismo responde, durante toda la Convertibilidad, de un modo heterogéneo. En
general es clara la división entre sectores confrontadores –que se oponen al modelo
económico social con paros y movilizaciones- y participacionistas –que se integran al
esquema político con cierto oportunismo- (Fernández; 1998)1. La Confederación de
Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) enfrenta las políticas
gubernamentales para el sector y se ubica entre los sectores confrontadores, siendo un
actor importante en la creación de la Central de Trabajadores Argentinos, constituida
como Congreso de Trabajadores Argentinos en 1992. Uno de los conflictos sindicales
más importantes es justamente protagonizado por la CTERA, con la «Carpa Blanca»
montada en 1997, referente social y político emblemático del cada vez más generalizado
rechazo al gobierno de Menem.
La Carpa Blanca y el Incentivo Docente
A instancias de la CTERA el 2 de abril de 1997 cincuenta y un docentes de todo el país
comienzan un Ayuno en la «Carpa Blanca de la Dignidad Docente», instalada frente al
Congreso de la Nación, para presionar por la aprobación de un Fondo de Financiamiento
para el sistema educativo que incluya una recomposición salarial.
A lo largo de 1997 se suceden diferentes medidas para apoyar el reclamo de la «Carpa
Blanca», en un contexto de creciente deslegitimación del gobierno de Menem que la
CTERA logra capitalizar y promover proyectando socialmente su reclamo. A las
movilizaciones y paros docentes se les suman recitales, visitas de artistas, políticos y
diferentes personalidades públicas que se acercan apoyando las reivindicaciones de la
CTERA.
El Ministerio de Educación impulsa la sanción por el Congreso de un proyecto de
profesionalización docente, el llamado «proyecto Decibe» (Susana Decibe era entonces
Ministra de Educación), que supone la creación de un Fondo con financiamiento externo y
la reforma de los Estatutos Docentes. La CTERA se opone, el Congreso Nacional rechaza
el proyecto y desde entonces el gobierno avanza con la propuesta de un financiamiento
basado en un impuesto a los vehículos. La ley que crea el Fondo Nacional de Incentivo
Docente (FONID) se sanciona en noviembre de 1998 y establece una suma adicional a
los salarios docentes abonada por el gobierno nacional.
El impuesto a los vehículos para financiar el FONID empieza a cobrarse en junio de
1999 y el objetivo es licuar la base social del reclamo magisterial. De hecho, se realizan
inclusive medidas de fuerza de transportistas contra el impuesto. Por su parte la CTERA
no levanta la Carpa Blanca hasta la inclusión del Incentivo Docente en el presupuesto
nacional y la derogación del impuesto con que se financió el cobro de la primera cuota, lo
que ocurre en diciembre, ya con Fernando De la Rua como presidente.
La situación del sector público en Santa Fe
Al realizar los aportes correspondientes a la seguridad social a la Caja de Jubilaciones
y Pensiones de la Provincia de Santa Fe y al Instituto Autárquico Provincial de Obras
Sociales (IAPOS), ambos organismos provinciales, la docencia santafesina no es
directamente afectada por dos de las más importantes reformas impulsadas por el
gobierno de Menem y continuada por De la Rua: la reforma previsional nacional y la del
régimen de Obras Sociales Sindicales2. A diferencia de lo que ocurre en otros gremios,
tampoco enfrenta despidos3. Sin embargo, además de tener que posicionarse ante la
reforma educativa es interpelada, como el conjunto de los empleados públicos
santafesinos, por las políticas de ajuste fiscal que se impulsan desde el gobierno
provincial.
En los tempranos ´90, para hacer frente a las políticas de reforma del Estado, se forma
en Santa Fe la Comisión Intersindical del Sector Público (CISEP). Los trabajadores de
Obras Sanitarias, lucifuercistas y bancarios tienen que posicionarse ante la agenda de
privatización de las empresas públicas4. De conjunto, enfrenta la CISEP los intentos de
Carlos Alberto Reutemann (gobernador 1991-1995, del Partido Justicialista) de transferir a
la nación la caja de jubilaciones, finalmente no realizada en parte debido a las
movilizaciones y paros de la CISEP en 1993 y 1994. Frustrado el intento de transferencia
de la caja de jubilaciones, el nuevo gobierno provincial avanza con una reforma en la ley
previsional. En febrero de 1996 mediante la negociación con un sector de la CISEP5,
Jorge Obeid (gobernador 1995-1999, también del Partido Justicialista) logra dividir la
Comisión Intersindical e impulsa la Ley de Emergencia Previsional 11.373, con la que
aumenta el porcentaje de aportes a la caja y la edad jubilatoria.
Hacia 1997 mejoran los resultados fiscales nacionalmente, fundamentalmente
alrededor de mayores ingresos –entre los que se cuentan los provenientes de
privatizaciones de empresas provinciales– pero luego se ingresa en una profunda y larga
recesión. En línea con la situación nacional la recaudación provincial en Santa Fe baja de
929 a 750 millones de pesos entre 1998 y el 2001 (Cetrángolo et al; 2002). Entre las
medidas con las que se intenta reducir el gasto público se encuentra la Ley de
Emergencia Provincial impulsada en 1999 por Obeid cuando Reutemann ya había sido
electo para un nuevo mandato y que contempla descuentos salariales, congelamiento de
ascensos y antigüedad, etc., para los empleados públicos.
Mientras hay provincias que hacia el final de la Convertibilidad presentan importantes
desequilibrios fiscales aún contando con una trayectoria previa más ordenada (como
Buenos Aires); Santa Fe, junto a Santa Cruz y la ciudad de Buenos Aires, presenta una
política fiscal «eficiente» durante todo el período (Cetrángolo & Jiménez; 2003). Esto es
estratégico para comprender la dinámica de la conflictividad del sector público ya que
durante toda la Convertibilidad los conflictos de empleados provinciales están vinculados
fundamentalmente al pago en bonos, atrasos y recortes salariales.
Luego de la devaluación de enero del 2002 se plantean con renovada fuerza conflictos
gremiales por recomposición salarial, en Santa Fe con un importante plan de lucha de la
CISEP en el segundo semestre del 2003. A raíz de este último conflicto el gobierno otorga
a los docentes un adicional de $80. Sin embargo, ante las dimensiones de la
desvalorización salarial, el magisterio continua con los reclamos y en el 2004 la nueva
gestión de Obeid se compromete a una suma de $60 en marzo –para el comienzo de
clases– que llegaría a $100 sobre el fin de año (igualmente no remunerativa).
Personal permanente dependiente de la Provincia de Santa Fe (1992-2000)
Total
Ministerio de Educación
1992
80,862
35,971
1994
80,192
35,76
1996
85,102
43,093
1998
86,996
44,219
2000
89,485
45,749
Fuente: Elaboración propia en base al Anuario Estadístico del Instituto Provincial de
Estadísticas y Censos (IPEC; 2000).
Afiliados a la Asociación del Magisterio de Santa Fe (1992-2001)
Delegación
Rosario
Capital
Gral. Obligado
Gral. López
Castellanos
Constitución
Caseros
Iriondo
San Jerónimo
San Cristóbal
Las Colonias
San Lorenzo
Vera
San Martín
San Justo
Belgrano
9 de Julio
San Javier
Garay
Total
1992
5.287
3.585
1.434
1,385
1.319
860
811
738
727
717
616
599
475
454
390
344
309
248
193
20.491
1997
6.199
4.252
2.055
1.945
1.586
946
1.028
824
916
900
932
749
709
655
488
471
506
343
292
25.796
2001
7.629
4.844
2.188
2.042
1.820
1.045
1.090
1.008
1.022
969
995
913
524
751
549
785
537
366
322
29.399
Notas
1 La Confederación General del Trabajo (CGT), dividida en 1989 a poco de asumir el gobierno de
Menem, se reunifica en 1992. Sin embargo, un sector disidente no participa de ese proceso y crea
el mismo año el Congreso de Trabajadores Argentinos (CTA), con el proyecto de constituirse en
una central sindical alternativa. Dos años después un sector dentro de la CGT forma el Movimiento
de Trabajadores Argentinos (MTA), que de hecho funciona como un tercer nucleamiento,
compartiendo el perfil confrontador del CTA pero disputando la hegemonía dentro de la CGT. Es
sobre el MTA que se crea en el 2000 la CGT “rebelde”, opuesta a la CGT “oficial”. En el 2004 se
reunifica la CGT.
2 Sólo aportan a la Obra Social Para la Actividad Docente (OSPLAD) los docentes de las escuelas
transferidas de la órbita nacional en la década del ’90.
3 De hecho, de la mano de la expansión del sistema y la transferencia de los colegios nacionales
crece la planta docente provincial tanto en términos absolutos como relativos (respecto del
conjunto del personal empleado por la provincia).
4 A comienzos de la década del ‘90 dependen de la provincia de Santa Fe el Banco Provincial y las
empresas proveedoras de los servicios de agua y energía eléctrica. Hacia fines de 1994 el
gobierno logra privatizar la Dirección Provincial de Obras Sanitarias (DIPOS) e instala la discusión
acerca de la privatización del Banco Provincial. El proyecto de privatización del Banco significa ya
fuertes conflictos en diciembre de 1995 y el año siguiente es votada la ley de su privatización.
Pueden consultarse intervenciones de dirigentes sindicales bancarios y lucifuercistas rosarinos
respecto a los procesos privatizadores del Banco Provincial y la Empresa Provincial de la Energía
en las Actas del II Encuentro Regional «Ciencias Sociales y Sindicalismo» (Rodríguez et al; 2002).
5 La CISEP integra tanto a la AMSAFE como a la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN)
liderada por Alberto Maguid –figura emblemática del participacionismo sindical en la provincia- y a
otros sindicatos con peso propio, como los lucifuercistas. Por ello la falta de unidad política ha sido
el sino de la CISEP.
Reforma educativa, gobierno y sindicato docente
en Santa Fe
Diez años de paros salvajes no mejoraron el sistema, su calidad ni su
prestigio. Por el contrario surgieron escuelas privadas como alternativa y la
comunidad comenzó a darle la espalda a la escuela pública.
Fernando Bondesío, Ministro de Educación, 1993.
Boletín de Educación, Año 3, Nº 4, Ministerio de Educación.
La flexibilización laboral, el ataque pertinaz a los derechos previsionales, la ley
federal de educación, la transferencia de responsabilidades desde la nación a
las provincias sin financiamiento, la privatización, entre tantas otras cosas
nacionales y provinciales, nos movilizaron y nos llevaron a la lucha. Lucha que
por distintos motivos originó dispares modos de accionar y no el clásico e
histórico de la medida de acción directa.
Ediberto Sánchez, Secretario General de la AMSAFE, 1995.
AMSAFE, Memoria y Balance General, 1994-1995.
Los cambios sociales y económicos sobredeterminan y se combinan con las políticas
inspiradas en una nueva generación de reformas educativas que reconfigura, con su
implementación, la tarea docente.
Uno de los ejes de estas reformas consiste en descentralizar los sistemas educativos,
transfiriendo a los niveles inferiores del Estado y a las escuelas responsabilidades de
gestión. Respecto del financiamiento, desde la óptica de la reforma, la cuestión es
asignarlo eficazmente según criterios que introducen oblicuamente en el sistema
educativo la competencia por los recursos. Esto supone, además de la competencia entre
docentes por la acumulación de puntaje, la competencia entre escuelas para retener la
matrícula y mostrar su éxito, para ubicarse como destinataria de un programa de
compensación, etc. (Gentili, 1998).
El gobierno de Menem impulsa dos importantes leyes a comienzos de la década del
’90: la primera transfirió de la nación a las provincias una importante cantidad de
escuelas, afectando fundamentalmente al nivel Medio y a los sindicatos que afiliaban
docentes en este sector1 (la Ley de Transferencia de los Servicios Educativos, 1991). La
CTERA afiliaba también docentes dependientes de la nación2 , pero su fuerte se
encontraba en los sindicatos provinciales. De hecho, en Santa Fe la AMSAFE se
mantiene relativamente al margen del conflicto contra la transferencia, si bien apoya las
demandas de los docentes nacionales y realiza junto a ellos medidas de fuerza
unificadas3 .
La segunda Ley es la Federal de Educación, sancionada en 1993. Su implementación
ha dependido de los contextos económicos y políticos provinciales, por ello ha habido
fuertes desniveles y el resultado ha sido un escenario irresuelto donde ni siquiera todas
las jurisdicciones han modificado la estructura del sistema (Rivas; 2003).
Reforma educativa y trabajo docente
Las reformas educativas, al tiempo que descentralizan los mecanismos de
financiamiento y gestión, centralizan pedagógicamente el sistema educativo y aumentan
los controles sobre los docentes en un contexto de políticas que empobrecen los salarios
y descalifican la tarea magisterial.
De hecho, la situación social, fiscal y las reformas educativas no hacen sino flexibilizar
y precarizar todavía más la tarea docente: la fuerza de trabajo se encuentra desvalorizada
en términos salariales y de calificación, los instrumentos de trabajo son en general
provistos por el propio docente o la cooperadora y el producto del trabajo se encuentra
colocado en términos burocráticos en la retención de la matrícula para mostrar la eficacia
del sistema (Martínez, Valles & Kohen; 1997). En un contexto laboral dramático, al sentir
su estabilidad laboral amenazada, los docentes consumen cursos (para acreditar
capacitación), escriben proyectos (por el modo de asignación de recursos) y buscan y
retienen alumnos (porque la matrícula justifica el cargo y muestra el “éxito” de la escuela)
(Birgin; 1999).
En las discusiones sobre el trabajo docente algunos autores enfatizan los elementos de
continuidad que guarda respecto del conjunto del trabajo proletarizado mientras otros
destacan las particularidades de la actividad docente (Andrade de Oliveira; 2003, Costa;
1995, Martínez Bonafé; 1998, Enguita; 1991). De hecho, al tiempo que luchan por
reivindicaciones comunes con otros trabajadores proletarizados, los docentes ejecutan
con cierta autonomía un trabajo intelectual investido de relevancia social y son en ese
sentido también sujetos de demandas particulares.
Gestiones ministeriales y confrontación docente en Santa Fe
En los ’90 la AMSAFE continúa, como en la década anterior, reclamando la realización
de concursos docentes de ingreso y ascenso4 , la creación de más cargos, la
incorporación al salario básico de los adicionales5 y el aumento del presupuesto
educativo. Sin embargo, la situación política en general y la gestión educativa de
Bondesío en particular (1992-1995) permiten ubicar en 1992 un punto de ruptura. Se trata
del primer año efectivo del gobierno de Reutemann (que asume a fines de 1991).
El año 1992 está marcado por la conflictividad educativa tanto nacional, con el
enfrentamiento a las leyes de Transferencia y Federal de Educación, como
provincialmente, ya que se establece el adicional por asistencia perfecta (presentismo) y
se impulsa el decreto de racionalización administrativa6. El segundo Ministro de
Educación de Reutemann, Kaufmann, debe soportar en el poco tiempo que lleva su breve
gestión tanto las críticas de la AMSAFE como las del propio gobierno. Sobre finales de
agosto de 1992 Reutemann le pide la renuncia y el lugar es ocupado por Fernando
Bondesío, un Ingeniero Químico. Bondesío encarna una gestión dura hacia la docencia y
la comienza descontando en septiembre el presentismo al liquidar los salarios de agosto7.
Por primera vez a los docentes les es aplicado un descuento por realizar huelgas y en las
dos Asambleas Provinciales de la AMSAFE de septiembre gana contundentemente la
moción de no paralizar las actividades.
Al terminar el año el balance es negativo: la transferencia de escuelas de la nación a
las provincias no pudo detenerse y la Ley Federal de Educación, con modificaciones, es
sancionada en 1993. En Santa Fe se realizan los descuentos por los días de paro se
hicieron8 y se consolidó la gestión Bondesío, que desde entonces tiene una relación
conflictiva con la AMSAFE.
Durante el gobierno de Jorge Obeid el Ministerio de Educación es ocupado por Ma.
Rosa Stanoevich (1995-1999). Se trata de una gestión dispuesta al diálogo9 y eso le
permite a “Trabajadores de la Educación”, que gana la conducción provincial de la
AMSAFE en 1995, pasar de una fuerte confrontación con “Educación Popular” cuando
dirigía la delegación Rosario y el ministro era claramente antisindical a la conducción
provincial de la AMSAFE y a una relación –menos tensa– con Stanoevich.
Si bien con mejores vínculos con la organización docente, la gestión de Stanoevich
comienza la implementación de algunas de las principales reformas educativas en la
provincia, debiendo por ello enfrentar los paros y las movilizaciones de la AMSAFE. Una
de las grandes transformaciones anunciadas por la Ley Federal de Educación es el
cambio de estructura que comienza en Santa Fe con el decreto 254/9610. Tanto en esto
como en el cambio en la conformación de las juntas de calificación para el nivel Medio y
Técnico11 el ministerio es inflexible a los reclamos gremiales. En general, las reformas
curriculares y de estructura en el marco de la reforma educativa significan reconversiones
y reubicaciones forzosas y caóticas sin pérdida de los puestos de trabajo,
fundamentalmente en el nivel Medio12.
Aún es gobernador Obeid cuando se desencadena la movilización provincial docente
más importante del período, a propósito de los descuentos realizados por el gobierno de
Santa Fe sobre el Incentivo Docente13. El 24 de agosto, en Rosario, una reunión de
delegados lanza el paro en el departamento para el jueves y el martes de la semana
siguiente se decreta el paro provincial. Cinco mil docentes se movilizan en Santa Fe. El
Ministerio de Trabajo dicta la conciliación obligatoria el mismo 1º de septiembre y al día
siguiente los docentes la acatan14. Ambas partes aceptan un arbitraje que un mes
después declara la justicia del reclamo docente.
El Ministro de Educación del nuevo gobierno de Reutemann (1999-2003) es Gualberto
Venesia. En el 2000 crece la tensión con la AMSAFE, que se moviliza por demandas
nacionales, contra el proyecto de un nuevo pacto federal educativo y por el pago en
término del Incentivo Docente; y provinciales, en rechazo al ajuste presupuestario y a la
aplicación del Polimodal en el 2001. Como en 1992, la tensión se resuelve con la renuncia
de Venesia y la asunción de un «duro» en la cartera: Alejandro Rébola. A los docentes les
descuentan el día y el presentismo por adherir al paro de la CTERA del 30 de agosto del
2000. Pero hay algo definitivo: el gobierno decide extender el descuento por el
presentismo a las veces en que los docentes apelan a la desobligación (ver nota 8).
Exceptuando la movilización generalizada contra el plan de López Murphy, el efímero
Ministro de Economía que propone un recorte que incluía la eliminación del Incentivo
Docente, en los paros de la CTERA del 2001 se aplica el presentismo y por ello
finalmente la conducción de la AMSAFE impulsa en las Asambleas mociones por no
parar. En un contexto social difícil los docentes santafesinos continúan cobrando en
pesos, mientras en muchas provincias circulan bonos, y el gobierno efectivamente
descontaría el presentismo y el día a quien parase. El Ministerio promueve una
titularización masiva sin respeto por los concursos de ingreso que encierra al gremio en la
discusión de ese proyecto.
Con la devaluación del 2002 el eje del reclamo docente vuelve a ser la recomposición
salarial, lo que promueve ya antes del plan de lucha de la CISEP del 2003 acciones
docentes provinciales y nacionales.
Notas
1 Las Escuelas Primarias dependientes de la nación habían sido transferidas a las provincias
durante la última dictadura, pero continuaban dependiendo del ministerio nacional importantes
colegios –fundamentalmente de nivel Medio. Los principales sindicatos de docentes nacionales
eran la Unión de Docentes Argentinos (UDA) y la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica
(AMET).
2 La conducción de la CTERA promueve en 1989 el Sindicato Único de Trabajadores de la
Educación Nacionales (SUTEN) para disputar la representación del sector con UDA (Delgado;
2002).
3 En Rosario el descontento con UDA y AMET se traduce en un proceso de renuncias a los
sindicatos y autoconvocatorias masivas de los docentes de las escuelas afectadas, que confluye
con los docentes de la AMSAFE durante 1992 en el enfrentamiento a las reformas educativas.
4 Los docentes pueden ejercer funciones en calidad de interinos, titulares y reemplazantes. La
titularización se logra mediante el llamado a concursos de ingreso, para entrar al sistema, y de
ascenso, para los cargos de directivos y supervisores. Los interinos lo son de cargos no
concursados y los reemplazantes son docentes de cargos concursados pero cuyo titular está de
licencia. A diferencia de lo que ocurre en otras provincias, en Santa Fe no hay Estatuto Docente
que regule de conjunto la actividad. Al ser sancionados por Ley, estos estatutos están legalmente
por encima del sin número de medidas puntuales mediante los cuales las gestiones educativas
provinciales avanzan en la flexibilización laboral docente. Por ello desde 1995 se han conocido
diferentes propuestas Ministeriales con el objetivo de modificar los estatutos docentes provinciales
(Cardelli; 2001).
5 Desde fines de la década del ’80 se asiste a un peso cada vez mayor de los adicionales en el
ingreso total, que era una política en la dictadura militar. En lugar de otorgar recursos en términos
de recomposiciones en virtud de un derecho a determinado salario los aires de la reforma
educativa promueven en todo caso premios, pago por tareas específicas, adicional por
presentismo, etc. ya que se parte de pensar que el régimen salarial actual desalienta la iniciativa
docente al no ofrecer estímulos (Morduchowicz; 2002). Por otra parte, un aumento en el salario
básico supone también para el fisco mayores erogaciones para el sistema de seguridad social.
Para 1999, el salario básico de un maestro en Santa Fe es de $145. Si a eso se le suman los $80
del presentismo y $212 de otros adicionales se redondea un salario bruto de $437 sin antigüedad.
La situación es cercana al promedio nacional (Iñiguez; 2000). Para julio del 2004 el salario básico
continúa siendo de $145.
6 Se conoce también como «Decreto Latorre», debido a que Roxana Latorre es titular de la
Subsecretaria de Desarrollo y Racionalización Administrativa, creada en 1992. El 29 de julio el
Gobernador firma el «Decreto de racionalización administrativa» (2238/92), con modificaciones
respecto del anteproyecto original.
7 En julio los docentes habían realizado cinco días de paro docente y en agosto adherido a los
paros nacionales convocados por la CTERA contra la sanción de la Ley Federal de Educación.
8 En los años posteriores, y ante la necesidad de tomar alguna iniciativa, la conducción de la
AMSAFE Rosario impulsa «desobligaciones» en vez de paros: los docentes firman la asistencia
pero desobligan a sus alumnos a media mañana y/o media tarde, horarios en los que entonces se
realizan las concentraciones y movilizaciones.
9 La misma Stanoevich, marcando diferencias, declara: «La nuestra será una gestión con
participación docente y se caracterizará por un mayor diálogo». Y respecto del sindicato: «Nos
podemos entender porque somos docentes y compartimos los mismos códigos» (Diario La Capital,
9 de Enero, 1996).
10 El cambio de estructura supone el fin de la Educación Primaria y la Secundaria, de
siete y cinco años respectivamente, y la creación de la Educación General Básica y la
Polimodal, de nueve y tres años.
11 Esto está en línea con el avance más de conjunto sobre la tradicional Carrera Docente. El
decreto 1553/97 reglamenta las suplencias en el nivel Medio, Técnico y Superior. Según la
AMSAFE significa abonar el individualismo y sobredimensionar el puntaje obtenido mediante
posgrados. Además limita (respecto de la reglamentación anterior) la Carrera Docente de quienes
tienen título supletorio. Simultáneamente el decreto 636/97 crea la Junta de Calificación
Profesional que tiene mayoría ministerial (a diferencia de la Junta Experimental que contaba con
igual proporción de representantes gremiales y ministeriales). Son estas juntas las que realizan el
escalafonamiento para cubrir interinatos y suplencias en el nivel Medio.
12 La resolución 149/99 adecua la estructura del 1º año de la ex Secundaria al 8º de la EGB,
implementando áreas que unifican materias y quedan a cargo del docente mejor escalafonado
mientras otras materias directamente desaparecen y los docentes que las dictaban son
«reubicados». Aquí aparecen los Espacios de Definición Institucional (EDI) y las tutorías. Los EDI
integran algunas de las horas que han quedado fuera de la estructura curricular y suponen (cada
EDI) distintos proyectos. El problema es que contempla una sola nota en la evaluación, y puede
contener proyectos incompatibles a la hora de evaluar. Esto no sólo afecta la especificidad sino
que, siendo horas «que sobran», su disposición en la grilla horaria no obedece a criterios
pedagógicos. El Decreto 174/99 crea la figura de tutor. Las tutorías son ocupadas por docentes
cuyas horas también han quedado fuera de la currícula del 3º ciclo de la EGB. Son responsables
por los chicos con dificultades de aprendizaje, comportamiento o integración.
13 Desde marzo de 1999 el gobierno provincial aportaba $45 como adelanto del Incentivo Docente
(que suponía $60 pesos mensuales cobrados semestralmente). Santa Fe recibe el giro del
gobierno nacional el 18 de agosto y descuenta no sólo los $45 mensuales que había abonado
hasta junio sino también lo que había pagado en julio y agosto, que debería descontarse sobre fin
de año.
14 Con la conciliación se cierra un masivo proceso de movilización. En San Javier más de
doscientos docentes votan en la plaza pública, en Villa Constitución lo hacen seiscientos, en San
Jerónimo trescientos, en Cañada de Gómez trescientos; en Ceres se movilizan alrededor de
quinientas personas y mil en Reconquista. En la ciudad de Santa Fe las votaciones se realizan
directamente en las Asambleas, a las que asisten entre mil doscientos y mil quinientos docentes
(ACTAS de las Asambleas Provinciales).
III Parte
Actividad gremial y democracia sindical
Gestión sindical de la AMSAFE Rosario (1992-2002)
Vos llamás, preguntás por cualquier cosa y te contestan. Incluso esa vez que
yo llamé preguntando por lo del clima, por el pronóstico del tiempo (...) y
empezaron a responder. No sé qué pregunta había hecho al principio, sobre
algún problema docente y me respondieron. Después empecé a preguntar
cosas así relacionadas con el clima, o con alguna noticia política del exterior, y
te contestan1.
Hernán Lira, Comisión Directiva AMSAFE Rosario (1998-2001).
Nosotros generamos una demanda que ahora no podemos soportar.
Fernando Piccolo, Comisión Directiva AMSAFE Rosario (1992-1995).
Trabajadores de la Educación (TE) 2 gana la delegación Rosario de la AMSAFE casi
simultáneamente al nombramiento de Bondesío en la cartera educativa provincial. El
descuento del presentismo genera un fuerte impacto en la docencia: los dirigentes de esa
primer conducción recuerdan un incipiente proceso de desafiliación, en una situación
general muy difícil para el sindicato que se mantuvo por lo menos un año.
La existencia de una gran cantidad de lugares de trabajo y la ausencia de actividades
en la AMSAFE que convoquen a la docencia con continuidad más allá del conflicto laboral
hacen que la desmovilización sea todavía más importante de lo que podría ser en otros
sindicatos para «desvincular» a los trabajadores de la conducción sindical.
Desde la primer conducción local (1992-1995), TE se dedica a fortalecer la
organización gremial –en un contexto de desmovilización–, promover la formación
pedagógica de la docencia –interpelada por la reforma educativa–, desarrollar la
prestación de servicios a los afiliados –hasta entonces poco jerarquizada– y proyectar
social y sindicalmente la organización gremial docente.
Organización gremial
Un dirigente local muy vinculado a la primera gestión local de Trabajadores de la
Educación, señalaba:
... se trata de religar al docente de la escuela con la conducción gremial, que es un
trabajo de hormiga. A partir de ese trabajo, que hicieron José Tessa y el Gogui
Panozzo, se empezó a tejer nuevamente la alianza entre la conducción gremial y los
docentes que trabajan en las escuelas, con visitas a las escuelas. Y se empezaron a
generar mecanismos de participación, que primero fue el recibirlo en las escuelas y
charlar, después fue elegir delegados, después fue participar en reuniones de
delegados, de Asambleas y zonales.
Ante la necesidad de mantener contacto con la gran cantidad de lugares de trabajo se
organiza un sistema de mensajería. Se trata de paquetes con informaciones gremiales de
los más diversos tipos –desde servicios sociales hasta mociones de medidas de fuerza,
avisos de concursos docentes, etc.– que alcanzan a cada escuela chicos contratados
para ello. Hacia el 2002 se enviaba hasta uno de estos paquetes por semana a cada lugar
de trabajo.
Se inicia, también, un proceso de elección de delegados gremiales. Había habido a
finales de los ‘80 una importante presencia de delegados, vinculada a la conflictividad de
esos años, pero en general éstos eran delegados en la movilización docente, en un
vínculo casi sin formalización entre la docencia y el sindicato3 . La cantidad de delegados
no ha dejado de crecer durante el período estudiado, lo que indica la efectividad y
extensión de la política que impulsó su elección.
Unos años después comienzan a promoverse las reuniones zonales –a las que asisten
los delegados de una zona–, y las jornadas gremiales –propuestas de discusión hacia las
escuelas. En los últimos años pudieron organizarse en algunas localidades, como Arroyo
Seco y Granadero Baigorria, sub-delegaciones de la AMSAFE Rosario4. Las reuniones
zonales, las jornadas gremiales y las subdelegaciones son impulsadas con el mismo
espíritu que la formación del cuerpo de delegados y el sistema de mensajería: dotar a la
docencia de una estructura gremial sólida.
Formación pedagógica
El sindicato promueve un proyecto pedagógico alternativo a las propuestas de reforma
educativa y para ello organiza cursos, charlas, materiales educativos, etc.5 «Se refleja así
una convicción – termina el balance del Departamento de Perfeccionamiento, en 1995–:
confrontamos con un Modelo Pedagógico Oficial, por ello es necesario profundizar un
Proyecto Pedagógico Popular». Plasmando este eje de intervención en el plano provincial
en 1997 se crea el Instituto de Capacitación Sindical y Actualización Pedagógica «Rosita
Ziperovich».
Al referirse a la primera gestión de TE en Rosario (1992-1995) un miembro de la
Comisión Directiva que trabajaba como docente desde comienzos de los ‘80, expresaba:
... obviamente enfrentado la Ley Federal, con esa bandera... creo que es una
etapa de grandes producciones, de promover talleres, de promover jornadas
gremiales, y creo que si la docencia hoy conoce algo de Ley Federal es justamente
por esta experiencia gremial que inicia Tessa con Gogui Panozzo. Es toda una tarea
de enfrentamiento, de información, de procesar esa información, es decir: no se
quedaban con la información, sino «bueno, ¿cómo hacemos para procesar todo esto
que nos está ocurriendo, que nos va a ocurrir y que además se va a profundizar?».
Creo que es una de las etapas más ricas que ha tenido la AMSAFE.
En esta política hay una clara continuidad. Veamos un ejemplo. En 1987 se realiza un
concurso para cargos directivos y quienes ganan entonces recién asumen en 1991. Por
ello gran parte de esos cargos se encuentran a fines de la década del ‘90 ocupados por
interinos. El 5 de marzo del 2000 el Ministro de Educación anuncia que se concursarían
tres mil cargos directivos en toda la provincia y ello motiva que se presenten seis mil
aspirantes. La AMSAFE Rosario organiza entonces un curso para el concurso de ascenso
al que se inscriben más de tres mil docentes.
De este modo la AMSAFE utiliza sindicalmente una ofensiva que es antisindical, ya
que ante todo el mercado de cursos aparecido de la mano de la reforma educativa la
AMSAFE también sienta posición organizando sus cursos y sus charlas, invitando a
conocidos pedagogos e investigadores de temas educativos que se oponen a la reforma.
Asesoramiento y servicio sindical
El asesoramiento sindical
Constantemente es requerido el asesoramiento sindical de la AMSAFE. En lo que hace
al asesoramiento legal hacia el 2002 el sindicato cuenta con tres abogados que atienden
de conjunto alrededor de doscientos turnos por mes aproximadamente. Las consultas son
variadas y normalmente, acerca de los problemas y dudas reglamentarias y legales, no se
llega a la instancia de la consulta con el abogado. No sólo los miembros de la Comisión
Directiva resuelven generalmente en primera instancia muchas de estas demandas sino
que los empleados administrativos de la AMSAFE han adquirido un conocimiento de la
información reglamentaria tan preciso que son ellos también los que responden.
En las reuniones gremiales en el local sindical o en las asambleas frecuentemente se
reparten fotocopias de leyes y resoluciones, que también son enviadas a las escuelas por
sistema de mensajería, ocasionalmente con alguna explicación adicional. Se envían
también fotocopias de diarios con noticias relevantes de conflictos nacionales,
provinciales y locales; posiciones gremiales; resoluciones ministeriales recientes, en
aplicación o suspendidas; regímenes de licencia y escalafonamiento; fechas de pago, de
concurso y de toma de posesión de cargos; qué está pasando en otros colegios, cómo
están resolviendo tal o cual problema, con qué éxito, qué va a hacer el sindicato si...
Luego de señalar el cambio en la relación docente/sindicato durante los ‘90, un
dirigente local vinculaba el peso del asesoramiento y la información al nuevo contexto
social:
Se participaba masivamente en situaciones de conflictos puntuales, en las que me
acuerdo que las asambleas eran masivas, las marchas eran masivas y las votaciones
eran importantes. El sindicato no prestaba servicios en forma permanente ni
asesoraba en forma permanente. Incluso había menos necesidad porque como la
situación laboral se va volviendo más cruda, más terrible, temas como conocer el
escalafón y el funcionamiento del escalafón y cómo se otorgan las suplencias –que
era un tema legal secundario– ahora se volvieron temas fundamentales porque como
la gente pelea cada cargo posible en las escuelas se arman unos bolonquis terribles
por si se dio o no se dio como correspondía una suplencia. Todo eso genera una
consulta mucho más permanente.
El Área Salud
En 1998 se decide crear AMSAFE Salud, como un servicio complementario de IAPOS
(la Obra Social provincial). Se trata de un proyecto más amplio del que forman parte el
Centro de Salud Luis Lescano, que existía con anterioridad pero no con las dimensiones
actuales y la Farmacia Sindical, creada con posterioridad a AMSAFE Salud. Mientras de
los dos primeros es responsable ante la Comisión Directiva el Secretario de Acción Social
local, la Farmacia es un emprendimiento de la AMSAFE Provincial.
AMSAFE Salud se sostiene con un aporte voluntario extra al de la cuota sindical. A
mediados del 2002 hay aproximadamente dos mil cien afiliados titulares, ciento diez
pasivos y cuatrocientos adherentes –familiares de los titulares. AMSAFE Salud cubre,
siempre refiriéndonos al año 2002, los servicios de emergencias, sepelios, enfermería,
médico a domicilio, atención gratuita en el Centro de Salud, pago de co-seguros y la
posibilidad de practicar natación en piletas climatizadas. Inicialmente otorgaba también
créditos blandos. El servicio de mensajería permite enviar órdenes y medicamentos
directamente a las escuelas.
También en el 2002 el Centro de Salud atiende unas mil doscientas consultas
mensuales. Allí trabajan catorce médicos y siete psicólogos. De acuerdo con el Secretario
de Acción Social, de los dos mil cien afiliados a AMSAFE Salud aproximadamente
doscientos se afiliaron simultáneamente a la AMSAFE.
La proyección sindical y social
En 1993 la AMSAFE se separa de la CTERA y desde entonces la delegación Rosario,
cuya conducción es oposición a la provincial, pasa a ser el puntal dentro del sindicato
para lograr el regreso. Mientras en la delegación Rosario se organiza un Congreso de la
CTERA y son fluidos los vínculos con la Confederación, la AMSAFE integra los intentos
nacionales paralelos y su conducción disputa con la de la CTERA la gestión de la Obra
Social Para la Actividad Docente (OSPLAD), donde continúan aportando los docentes que
dependían de la nación.
En Santa Fe la CTA tiene una regional sur, con sede en Rosario, donde además de la
delegación Rosario de la AMSAFE participan la Asociación de Trabajadores Estatales
(seccional Rosario), la Unión Obrera Metalúrgica (seccional Villa Constitución) y la COAD
(docentes de la Universidad Nacional de Rosario). Las conduciones provincial y regional
se encuentran divididas entre los principales sindicatos de la CTA: el Secretario General
de la CTA zona sur es miembro de ATE, el de la CTA provincial lo es de la AMSAFE.
Frecuentemente la AMSAFE funciona con protagonismo dentro Comisiones en las que
también se nucleaban otros sindicatos, organismos de derechos humanos, partidos
políticos y centros de estudiantes alrededor de la defensa de la educación pública. Uno de
los dirigentes de la primera conducción de TE señalaba uno de los ejes de acción: «No
puede pasar nada en el departamento en el tema educativo que no tenga como principal
referente al gremio». A comienzos de los ’90 es la Comisión Permanente en Defensa de
la Educación Pública (COPEDEP), luego el Foro en Defensa de la Educación Pública.
Desde estas instancias se convoca a algunas de las actividades que son, esencialmente,
docentes.
Durante el 2001 se constituye el Frente Nacional contra la Pobreza (FRENAPO), en el
que a la CTA se suman organismos sociales, de derechos humanos, etcétera. Esta vez el
objetivo excede la defensa de la educación pública: se trata de impulsar una Consulta
Popular –que se lleva adelante del 14 al 17 de diciembre–, con la que fortalecer la
propuesta de la creación de un seguro de empleo y formación, pensado como salida
política redistributiva a la crisis.
Junto a este involucramiento orgánico del sindicato, tanto dirigentes de la conducción
como de la oposición tienen durante el período 1992-2004, en continuidad con la
experiencia de las décadas anteriores, un importante compromiso político partidario6.
La administración económica de AMSAFE
Como reminiscencia de la estructura federativa sobre la que se constituyó, y pese a
tratarse de una entidad sindical de primer grado, la gestión económica se encuentra
descentralizada. De los ingresos en concepto de cuota sindical* , el 19% lo gestiona la
Comisión Directiva provincial, el 26% restante se destina a una Subcomisión de Fondo
Común y el 55% se envía a las delegaciones. De este último porcentaje una parte (el
19%) se asigna directamente y en partes iguales a cada una de las 19 delegaciones
independientemente de la cantidad de afiliados; el 81% restante se reparte en forma
proporcional** .
En los balances económicos se refleja, tanto el crecimiento de la AMSAFE-Rosario
como el peso relativo de sus ingresos.
* Casi la totalidad del ingreso de la AMSAFE se obtiene a través de las cuotas sindicales. Estas
cuotas fueron fijadas en un 2% del salario básico (por la Asamblea Extraordinaria del 26 de abril de
1984) y luego en un 3% (por la Asamblea Ordinaria del 15 de junio de 1990). Esto no omite el hecho
que la tendencia, con el desarrollo citado del área servicios –fundamentalmente de las dos
principales delegaciones- es a su descenso relativo respecto del ingreso total. Pese al aumento
incesante del número de afiliados, las cuotas sindicales del ejercicio 1991-1992 representaban un
96% del ingreso total, para el ejercicio de 1994 un 82%, un 79% en 1997 y 73% en el 2000. El
desarrollo del área servicios de la Delegación Rosario aporta la principal fuente de recursos por
fuera de la cuota sindical: el 7% para el ejercicio del 2000.
** Esto está planteado de esta manera desde la Asamblea de 1992 que modificó los estatutos y
significó un peso mayor de las delegaciones menores, ya que anteriormente, si bien el esquema
era similar no había suma fija enviada a todas las delegaciones: el 20 % lo gestionaba la CD
provincial, el 30 % para el Fondo Común y el 50% restante se otorgaba directamente a cada
departamento
en forma proporcional a la cantidad de afiliados.

Ingresos AMSAFE Rosario
1.500.000
1.000.000
Otros
Servicios
500.000
Cuota sindical
0
1991
1996
2000
Estamos tomando por Cuota sindical las cuentas «Cuota societaria», «Cuotas cobradas en
delegación», «Cuota sueldo anual complementario» y «Cuota societaria incentivo» –en el 2001-.
En Servicios estamos tomando «Recupero servicios afiliados» y «Recupero préstamos».
Egresos de AMSAFE Rosario (2001)
Egresos AMSAFE Rosario (2001)
4%
39%
57%
Gastos Administrativos
Servicios a afiliados
Otros
Egresos Servicios a Afiliados
AMSAFE Rosario (2001)
7%
25%
10%
12%
Movilizaciones y mensajería
46%
Asesoramiento
Servicios Sociales
Pago de créditos
Otros
Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Secretaría de
Hacienda- Rosario
Notas
1 Cuando no se especifica la fuente se trata de un registro producido en el marco del trabajo de
campo. En las citas de estos registros transcriptos hemos hecho como sigue: las respuestas a
preguntas nuestras y las opiniones individuales provienen de desgrabaciones textuales, los
registros de discusiones o diálogos entre docentes están tomados in situ y no son textuales.
2 Escribimos “Trabajadores de la Educación” para simplificar. En esa ocasión el nombre de la lista
con que se presentan a elecciones es “Solidaridad Docente”.
3 En el Estatuto de la AMSAFE no se menciona ni siquiera que debiera haber un «cuerpo» de
delegados. En los ‘80 se había comenzado a discutir la posibilidad de un estatuto para el cuerpo,
cuestión a la que la izquierda gremial temía especialmente porque veía tras ello la formalización y
el control de un vínculo (maestros- sindicato) muy poco delegativo.
4 En realidad, la subdelegación Arroyo Seco había funcionado con anterioridad, hacia comienzos
de la década del ´90.
5 Se firma un Convenio con la Universidad Nacional de Rosario que sirve de marco para algunos
de los cursos dictados.
6 Nos detendremos en esto al referirnos a las agrupaciones gremiales.
Conflicto, actividad gremial y toma de decisiones
Pertenecer a un sindicato significa en nuestro concepto, discutir, debatir,
expresar opiniones, ser consultado y tomar las decisiones en conjunto;
síntesis: democracia sindical.
Ediberto Sánchez, Secretario General de la AMSAFE, 1993.
«Editorial» en Nuestra Idea, revista de la AMSAFE, Nº 3.
Sinceremos qué sindicato queremos: no el de las burocracias que nos han
traicionado sino una estructura horizontal, donde la participación garantice la
fuerza y la dirección que se tome.
«El delegado gremial», Cuaderno del delegado Nº 1, AMSAFE, 1999.
Las Asambleas
Las Asambleas son probablemente el rasgo más característico de la vida de la
Asociación del Magisterio de Santa Fe.
Ante la convocatoria a Asamblea Provincial de la AMSAFE se realizan Asambleas de
Afiliados en cada uno de los diecinueve departamentos. Las mociones votadas en estas
Asambleas son respaldadas por el delegado en la Asamblea Provincial.
Las Asambleas pueden ser ordinarias o extraordinarias. Las Asambleas ordinarias se
realizan anualmente, aprueban la memoria y balance y fijan la política gremial de la
entidad.
El caso de las Asambleas extraordinarias es algo particular de la AMSAFE. Si bien
estatutariamente pueden realizarse ante el requerimiento del 33 % de las delegaciones o
el 15 % de los afiliados, de ordinario sólo se reúne ante la resolución de la Comisión
Directiva. En el cuadro mostramos qué es lo que resuelven y mediante qué mecanismo,
dado que en algunos casos el voto de los afiliados es directo y en otros se apela a un
régimen especial de votos por departamento según la cantidad de afiliados.
Asamblea Provincial Extraordinaria
¿Qué resuelven?
Medidas de fuerza
Otras cuestiones (*)
Voto directo de todos los
Voto proporcional de cada
docentes de la provincia en las
delegación de acuerdo a la
escuelas de las mociones
cantidad de afiliados según un
realizadas en la Asamblea de la
régimen de representación
Delegación
indirecto
¿Mediante qué mecanismo?
Los resultados se vuelcan en una
pizarra donde están todas las
mociones
propuestas
en
las
Asambleas de las delegaciones
que precedieron a la Provincial
(*)
La moción ganadora en la
Asamblea de la Delegación lleva
a la Asamblea Provincial todos
los votos proporcionales que
corresponden a la Delegación
Además de adoptar medidas de fuerza, son funciones de la Asamblea Provincial
Extraordinaria: a) Juzgar la actuación de la Comisión Directiva y Delegados Gremiales, b) Designar
candidatos y representantes gremiales, c) Juzgar a los afiliados, de acuerdo con lo que disponen los
Estatutos, d) Modificar los Estatutos, e) Resolver la unión o fusión con otras entidades o asociaciones
de Nivel Superior, f) Resolver la desafiliación de otras instituciones, g) Autorizar la venta de bienes
inmuebles, su compra y otros actos de disposición conforme a estos estatutos, h) Decidir la
disolución voluntaria de la entidad, i) Elegir la Junta Electoral, k) Considerar los anteproyectos de
convenciones colectivas de trabajo, l) Dar mandato a los Delegados a Congresos de Asociaciones
de grado superior y recibir el informe de su desempeño, ll) Fijar los montos de las cotizaciones
ordinarias y extraordinarias de los afiliados, m) Cualquier otro asunto que requiera la aprobación de
los afiliados (Art. 134º del Estatuto aprobado en 1992, vigente en la actualidad).
Como se aprecia en el gráfico, salvo cuando se trata de medidas de fuerza, en estas
Asambleas se apela a un régimen indirecto de toma de decisiones que otorga más peso a
los departamentos menores. Los votos proporcionales respaldan la moción ganadora en
la delegación respectiva1.
En el caso de las medidas de fuerza los votos son directos. Según el estatuto vigente
desde la reorganización de la AMSAFE hasta 1992, en el caso de los paros:
Art. 137º) La votación será secreta, mediante urnas y se iniciará en el momento en
que se haya formulado la última moción en la Asamblea de afiliados de las
Seccionales. La misma se clausurará dos horas después de su iniciación, pudiendo
postergarse la clausura si el número de votantes presentes lo justificare.
Art. 139º) Los afiliados no presentes en la Asamblea podrán votar dentro del
horarios establecido por el Art. 137º de los presentes Estatutos, previa confrontación
en el padrón de su calidad de socio.
Art. 142º) Las medidas de acción directa se adoptarán por simple mayoría, a
excepción del cese de actividades por dos o más días que se requerirán los 2/3 de
los votos emitidos.
Esto favorecía que el sector movilizado –independientemente de su número–
condujera los conflictos. En los archivos sindicales pueden verse decisiones avaladas en
Rosario por unos pocos cientos de docentes (doscientos, trescientos). En el período
1988-1990 en Rosario se impuso un cambio sustantivo: en adelante las medidas se
votarían en los lugares de trabajo. En el verano de 1992 Educación Popular, conducción
provincial desde 1990, impulsa una reforma estatutaria que modifica los artículos
anteriormente citados2 . Veamos el actual Estatuto:
Art. 151º) La votación será secreta y se realizará en los lugares de trabajo y en la
sede gremial.
Art. 155º) Las medidas de acción directa hasta 24 horas se adoptarán por simple
mayoría. Para el cese total de actividades por cuarenta y ocho horas o más se
requerirán los dos tercios (2/3) de los votos emitidos por medidas de acción directa
superiores a veinticuatro horas, siempre y cuando los votos emitidos sean del
cincuenta y uno por ciento (51 %) de los afiliados.
Se intentaba con esta reforma evitar las medidas de fuerza que rápidamente se
convertían en huelgas largas. De cualquier manera, los militantes gremiales coinciden en
señalar que lo definitivo para acabar con los paros salvajes (al decir de Bondesío) fue el
presentismo.
Salvo contextos de movilización especial, a las Asambleas de Afiliados de Rosario,
concurren los docentes más activos en un número que oscila entre cincuenta y algo más
de cien docentes. Muchas de estas Asambleas están llamadas ante la posibilidad de
decretar medidas de fuerza, ya sea por demandas particulares de la docencia santafesina
o para decidir orgánicamente una posición frente a la convocatoria ya realizada por
alguna otra organización, como es el caso de los paros nacionales decretados por la
CTERA, la CTA o la CGT. Aunque estatutariamente una Asamblea puede resolver por sí
misma todo menos las medidas de fuerza, muchas veces se envían a las escuelas otras
mociones para que sean votadas y cuenten con mayor respaldo (por ejemplo un acto, una
movilización). Esto significa que la mayoría de las veces las Asambleas se continúan en
votaciones en los lugares de trabajo.
Usualmente las Asambleas de Afiliados de Rosario se hacen en el local sindical,
aunque también han sido realizadas en escuelas. Regularmente comienzan con un
informe de un dirigente de la AMSAFE Rosario, luego de lo cual se abre la lista de
oradores.
Las «minorías consistentes»3 contabilizan las fuerzas propias y ajenas y hegemonizan
la lista de oradores. Las mociones y posiciones discutidas previamente en las escuelas
siempre se usan como argumento de autoridad. Frecuentemente los docentes enfatizan
en que no coinciden con la posición que traen de su escuela, o que se limitan a dar la
opinión recogida, presumiendo representatividad.
El sector que condujo la delegación hasta 1992 (Educación Popular) en el
departamento Rosario sólo tiene presencia en las Asambleas con ocasión de elegir la
junta electoral de los comicios sindicales o los miembros docentes de algunas instancia
ministeriales, como los tribunales de evaluación. Por ello en la mayoría de las Asambleas
son las peleas entre la conducción y la oposición de izquierda un rasgo característico,
sobre todo en los últimos años, ante el fortalecimiento de la oposición. Como mostramos
más adelante, esto es muy desgastante para quienes no están involucrados en este tipo
de debates.
Finalizada la Asamblea se informan a las escuelas las resoluciones de Asamblea –que
no deben ser votadas– y las mociones para votar. Un delegado militante relataba cómo
continúa el proceso:
... las Asambleas son de ochenta, noventa personas y no vienen los siete mil
quinientos docentes afiliados del departamento Rosario. O a lo mejor vienen, ven
cómo viene la mano, o vienen tres Asambleas seguidas, y son los mismos discursos,
las mismas personas que hablan, se cortan, se las toman. Se ve que es una pelea de
uno con el otro, una discusión entre ellos mismos, entonces ése se las toma y
cuando llegan las votaciones le pregunta a su referente o a su amigo «¿cuál es la
moción que hay que votar?», «la cinco», «bueno: la cinco». Y votan la cinco. «¿Qué
hay que votar?», «No, hay que votar la tres», «Bueno» y votan todos la tres.
Esta visión parece excesiva, ya que a partir del trabajo de campo se puede observar
que no es tan acrítico el seguimiento de los referentes. Sin embargo, es indicadora de
cómo la militancia alrededor de estas instancias no se resuelve en la asistencia a la
Asamblea Departamental.
Esta manera de tomar decisiones promueve la discusión en las escuelas inclusive de
quienes no participaron de la Asamblea. En palabras de una delegada, que normalmente
no asiste a las Asambleas de Afiliados:
Llegan las mociones, las leo yo, las lee la delegada suplente, entonces las
traemos para votar. Si están las chicas en el recreo se lee cuáles son las mociones,
cuáles son las propuestas de cada uno de los que mocionaron y a veces después
hay algún debate, algún análisis, «yo creo más conveniente...», «mi posición es
ésta...». El que quiere decir algo lo dice, y si no, se vota. Antes, cuando estaba la otra
directora, teníamos que votar en secreto, para que nadie pudiera ser acusada de lo
que había votado, porque ella se sentía perseguida por mí, entonces ella pensaba
que yo le iba a recriminar lo que votó si decía «yo voto por el no paro» –que tiene
todo su derecho a hacerlo y nadie le ha dicho nunca nada. Pero bueno, ahora no,
ahora pasamos un papelito, cada una pone una rayita y moción una, dos, tres... a
veces un voto cantado: «a mí me parece que está mejor la dos».
Siendo las Asambleas algo característico de la vida política de la AMSAFE, es
interesante recoger algunas opiniones respecto de ellas. Comenzamos por la cita de un
dirigente local:
Es muy difícil pautar, consensuar formas de funcionamiento que realmente
garanticen la democracia (...) Yo no estoy proponiendo ahora transformarlas, pero me
parece que un proceso en que se madure sí, porque genera algo que es
contraproducente para todos, para los que están en la conducción y para los que
están en la oposición, porque el descrédito del compañero en una instancia tan
importante como es la [Asamblea] Departamental nos perjudica a todos los
interesados. Digo, ningún compañero de ninguna agrupación hace esto para que
vaya menos gente sino en un sentido que supone que es constructivo. En realidad no
es constructivo, y creo que muchas veces nosotros mismos hacemos, como
conducción, informaciones largas y nos parece que es necesario e importante, el
problema es que cuando tenés siete u ocho sectores que piensan que lo suyo es
importante, entonces asfixiamos al conjunto de la Asamblea.
En línea con esta preocupación un delegado con militancia gremial particularmente
sensible a la inclusión de la base, considerando que la Asamblea en realidad no es el
ámbito de participación del conjunto de los docentes, decía:
... eso creo que habría que mejorarlo, ahora lo que no sé es cómo. Porque para mí
está bien que el delegado4 tenga posturas políticas tomadas, y que las exprese y
que las defienda, eso me parece bien. Me parecería mal que la Comisión Directiva
dijera: «no se discute, de política no se discute»... me parece mal que muchos
delegados, ya hinchados las pelotas lo planteen, o sea, algunos delegados que no
tienen militancia, cansados porque no ven la forma de participar de la discusión
plantean desde que no se discuta política general hasta que no dejen entrar las
tendencias organizadas, ha habido propuestas de ese tipo (...) O también me parece
asqueroso que se le pongan tiempo a las intervenciones (...) Me parece muy difícil
poder salir de ese corset que tienen las Asambleas de la AMSAFE, me parece difícil
salir sin tocar aspectos, sin dañar aspectos democráticos.
La opinión de un delegado muy involucrado en la vida gremial, pero relativamente
ajeno a las discusiones, muestra cómo son percibidas por una parte de los activistas:
... militancia, gresca de bar estúpida, que no sirve para nada... ya estamos
acostumbrados. Supongo que a mí tampoco me conforma todo lo que hace la
Comisión Directiva, pero no puedo ir a todas las Asambleas a pasar facturas porque
te hace perder de vista el objetivo de la reunión que es tratar acciones concretas, que
se haga alguna medida consensuada.
Finalmente, un dirigente histórico de la oposición se refiere a las Asambleas
comparándolas con el voto de las mociones en las escuelas:
La Asamblea es una deliberación, donde hay oradores y además donde se vota.
En la Asamblea. A mano levantada. El voto en urna en las escuelas es un voto
aislado donde se influencia cada uno en cada escuela, porque el docente en su
mayoría no participó. Se vaciaron las Asambleas, y no hay Asamblea de hecho. A tal
punto que la realidad qué es: cuando se convoca –salvo momentos de ascenso muy
grande– la gente no va a las Asambleas y después espera las mociones que le
lleguen y vota en las escuelas, sin saber el debate ni la fundamentación. La gente no
puede leer, tiene que seguir un debate.
En las opiniones transcriptas aparece con claridad que las Asambleas no son en la
AMSAFE una simple manera estatutaria de decidir ni una «supervivencia» de las
movilizaciones de los ‘80. Las Asambleas «deben» incorporar a la docencia con fluidez a
la toma de decisiones con un «funcionamiento que garantice la democracia». Y sin
embargo están vaciadas, hegemonizadas por los activistas con más formación política y
los docentes que no están involucrados en los debates no encuentran su lugar en ellas.
Algunos resultados de Asambleas Provinciales
Fecha
Votos Rosario
28/2/1990
4.996
14/3/1990
4.205
31/3/1990
4.341
9/4/1990
4.852
17/4/1990
5.276
22/4/1990
3.078
5/11/1990
1.189
20/5/1993
1.413
28/8/1997
2.038
2/9/1999
6.167
15/10/1999
2.899
15/10/1999
2.809
1/3/2000
2.175
24/8/2000
5.016
Votos Provincia
S/D
S/D
16.587
S/D
S/D
12.808
6.138
8.712
S/D
15.010
12.188
7.418
8.706
13.420
Situación
Conflicto ‘90
Conflicto ‘90
Conflicto ‘90
Conflicto ‘90
Conflicto ‘90
Conflicto ‘90
CTERA
Desafiliación CTERA
Implementación Ley Federal
Pago Incentivo Docente
Reafiliación CTERA
Emergencia Económica
Inicio del año
Conflicto provincial y nacional
Confrontación y toma de decisiones
El proyecto de confrontación de Trabajadores de la Educación, el marco estatutario y la
misma tradición combativa del magisterio hacen que estas Asambleas sean importantes
inclusive en contextos de desmovilización. Porque sin que medie interés particular en la
docencia local, para que el magisterio acompañe un paro de la CTERA, de la CISEP, de
la CTA o la CGT, hay que realizar Asambleas.
La combinación entre esta manera de tomar decisiones y el proyecto de confrontación
durante el período tiene importantes consecuencias para la vida gremial:
* En cuanto a la relación de los dirigentes sindicales con la base docente.
Estatutariamente, para definir cualquier medida de fuerza, hay que votar. Todos los
frentes en que la AMSAFE confronta (contra la reforma educativa provincial, contra las
leyes previsional y de emergencia económica, con la CTERA, con la CTA) permiten y
presionan a los delegados y a los militantes gremiales a conversar y discutir política
gremial. Al hacer esto tanto la conducción como la oposición, los dirigentes se ven
constreñidos a redoblar sus esfuerzos militantes, a que la gestión no los aleje de las
escuelas, a polemizar y convencer a docentes independientes, a recorrer escuelas y a
contener políticamente a los militantes de TE.
* Respecto de la percepción que tienen los docentes del sindicato. Hacia las escuelas,
significa que –voten o no– los docentes saben que las medidas de fuerza son votadas.
En el contexto del descrédito sindical esto es inestimable. Aún cuando no voten las
mociones, o cuando no cumplan lo que votaron.
* En relación con la militancia gremial. Los militantes gremiales intentan en cada
votación interpelar abiertamente al conjunto de la docencia, recorriendo escuelas y
comunicándose con activistas y delegados.
Y significa también, hacia la conducción sindical, una situación un tanto atípica. Lo
plantea en estos términos un delegado militante de Trabajadores de la Educación:
Acá para un paro tienen que votar los treinta y cinco mil docentes de la provincia
de Santa Fe, sean afiliados o no (...) las reuniones del cuerpo de delegados no
existen como para que sean resolutivas, las Asambleas Departamentales son
resolutivas pero ad referéndum de la Asamblea Provincial. Entonces yo Rosario no
puedo determinar si hago paro hoy porque me cerraron una escuela. Entonces
faltaría ese poquito de la UOM [Unión Obrera Metalúrgica]. Esa pequeña cosita de la
UOM. Pero lo que pasa es que muchas veces esa pequeña cosita, esa toma de
resolución que la tienen el Secretario General del departamento o el cuerpo de
delegados se puede desvirtuar y lamentablemente te podés transformar después en
la UPCN [Unión de Personal Civil de la Nación] o en la UOM5.
La conflictividad constante
Analizamos el comportamiento sindical en un marco de conflictividad constante. En
efecto, a diferencia de los conflictos que involucran a toda la docencia santafesina, al
magisterio nacional o al conjunto de los trabajadores, las resoluciones o decretos
ministeriales usualmente afectan sólo a una parte pequeña de los docentes. Esto habilita
un nivel de conflictividad que, aún cuando es menos visible, es constante y muy
importante desde el punto gremial.
En otra ocasión nos referimos a algunos de estos procesos conflictivos (Gindin; 2001).
Vamos a detenernos en uno que conocemos de cerca y en el que la dinámica fue muy
progresiva si pensamos en cómo puede llegar a operar gremialmente esta conflictividad
constante. Es el de la Comisión de Nivel Medio que conocimos en 1999.
La Comisión de Nivel Medio estaba formada por docentes de estructuras tradicionales
(no de las escuelas Medias transferidas) que están en la misma zona. Seguimos el
desarrollo de esta comisión desde mediados de 1999. El «corazón», por decirlo de alguna
manera, era la escuela Nº 100, creada en 1993. En 1999 Gabriel era delegado de la Nº
100 y la 102. Catalina y Mirta, docentes en la 100, eran delegadas gremiales de la
escuela 101. Norma, docente en la 102, era delegada en la 103. Junto a ellos, algunos
otros docentes de las mismas escuelas intervenían sindicalmente.
En 1996 la escuela Nº 100, recientemente creada, protagonizó un conflicto ya que el
Ministerio, aunque luego reconocía y pagaba la deuda, no presupuestaba las horas
docentes con las que debía sostener anualmente la creación de nuevos cursos. Gabriel,
que había sido electo delegado ese mismo año, nos decía en 1999:
... empezamos a hacer reuniones semanales en el sindicato. La dirección de la
AMSAFE nos impulsó, hacíamos volantes y ellos los imprimían, los repartían, a las
reuniones venían los dirigentes. Se ponían enseguida a la cabeza: movilizaciones,
huelga, actos en el Ministerio, presentaciones a la justicia, todo lo más disparatado
que se le ocurría a cualquiera lo tiraba y los tipos lo tomaban (...) Nos contactaron
con los medios, llevaron las cámaras, hicimos de todo: abrazo a la escuela, clases
públicas...
Es interesante la vinculación que hace Gabriel entre la resolución favorable del
conflicto laboral y la constitución de un grupo unido en la docencia de la escuela:
... de verdad de verdad fue la única que ganamos, pero eso nos hizo bien porque
nos consolidamos como grupo. Éramos un grupo nuevo, relativamente nuevo y
tantas reuniones... ir a las radios, ir a la T.V., ir de un lado para el otro y demás nos
unió muchísimo y nos hizo un grupo fuerte.
En estos conflictos que no involucran directamente al conjunto de la docencia
aparecen, desde el punto de vista de la militancia gremial, algunos puntos para destacar.
En primer lugar, el valor de la información y el conocimiento legal, fundamental para
destrabar muchos de estos problemas o como mínimo intervenir fundamentadamente.
¿Cómo se está respondiendo en otras escuelas?, ¿Qué alcance tiene tal o cual
legislación?, ¿Cómo evolucionó el recurso de amparo?. En segundo lugar, la importancia
de la carrera docente. Ante estos problemas que no afectan de conjunto al magisterio, los
directores y/o supervisores pueden llegar a tener capacidad de decisión o influencia sobre
los funcionarios ministeriales. Los directores y supervisores han llegado a esos cargos por
concurso y hay quienes son afines al sindicato6. Finalmente, estos conflictos permiten
que el sindicato, que en los frentes anteriores puede ser visto como preocupado en
cuestiones generales y nacionales, aparezca en los casos puntuales defendiendo al
docente. Junto a otra serie de actividades, esto también permite templar la militancia,
generar o mantener vínculos gremiales y mostrar al sindicato sentando posición casi
constantemente. Sin estos conflictos de sectores específicos de la docencia, en general
con poca visibilidad, no se entenderían las ocasionales respuestas masivas. «Esas
respuestas –nos decía un dirigente local en una entrevista– no son espontáneas.
Nosotros venimos trabajando preparando las respuestas, respuestas en general».
Ante estos casos puntuales, y quizá a contramano de la situación general, el sindicato
cuenta con muchos recursos y su intervención tiene posibilidades reales de éxito. Con
«muchos recursos» nos referimos a las intervenciones legales, a la difusión a través de la
prensa local a la que constantemente recurre la AMSAFE, a la situación ambivalente de
supervisores y directores que eventualmente pueden acordar con alguna medida gremial
y a la posibilidad de realizar alguna pequeña concentración sin riesgos laborales.
Y tras estas medidas sobre problemas particulares, eventualmente exitosas, vuelve a
aparecer la promoción del involucramiento en la vida gremial. Transcribimos lo siguiente
de la entrevista con un dirigente local, en la que contaba cómo se empezaba a formar una
Comisión de docentes de un nivel específico:
Tiene que ver con todo esto que impulsamos para que los compañeros puedan
estabilizarse en sus trabajos, se titularicen, y por eso los hemos convocado a
participar muy activamente en el gremio. Muchas veces no es cuestión de ir a la
escuela y decir: «vos sos de música, vení al gremio». No. Tenés que tomar iniciativas
que convoquen gente, por supuesto que le resulten atractivas a los compañeros,
como por ejemplo pelear por el concurso de ingreso y de titularización. Eso es
sumamente atractivo.
La educación en la democracia
Las Asambleas operan de manera diferente hacia dos sectores de la docencia muy
relevantes para comprender la vida política interna de la AMSAFE.
En primer lugar, hacia las «minorías consistentes» del gremio: las Asambleas son el
lugar centralizado en que se encuentra parte del activismo, y por ello son una presión
hacia la Comisión Directiva y una posibilidad para la oposición. La oposición realiza
mociones que llegan al conjunto de la docencia, puede eventualmente ganar una
resolución de Asamblea y denunciar políticamente a la conducción. La Comisión Directiva
se encuentra ante la necesidad de formar políticamente a sus activistas afines y de dar
respuestas que, por la propia percepción como sector democrático que tiene de sí el
activismo docente, deben contemplar ciertos valores tales como la participación, la
decisión colectiva, la autonomía y el respeto de las diferencias.
En segundo lugar, hacia los viejos activistas, los delegados, los docentes afines a
alguna agrupación y quienes se sienten parte del sindicato en tanto organización de los
trabajadores, esta práctica asamblearia los confirma en sus valores y les brinda la
posibilidad de militar casi constantemente. Les «brinda la posibilidad» no quiere decir,
claro está, que la tomen.
Sin tener en cuenta a este sector más amplio, que sólo ocasionalmente asiste a las
Asambleas, no puede comprenderse la relación de la conducción sindical con el gremio.
Porque, aún si en muchas escuelas la apatía es dominante, por el proyecto gremial en
que se embarca, la dirigencia de la AMSAFE no puede dejar de apelar al compromiso de
los docentes que han militado gremialmente, quieren ser delegados o están dispuestos a
confrontar con el gobierno. Y éstos son quienes se identifican como gremio democrático.
Hay consenso en que las Asambleas «ya no son como antes» y que «están vaciadas».
Sin embargo todos deben guardar, cuanto menos, una formalidad democrática: cualquier
conducta groseramente burocrática enfrenta a un sector muy importante de la docencia
con la conducción sindical. Esto es relativamente independiente de las convicciones
políticas de la conducción y trascendente en cierta medida del grado de movilización.
Cierto es que en un proceso de movilización las actitudes groseramente burocráticas
tienen mucha más visibilidad, pero este sector de la docencia hace un seguimiento de
segundo orden de la política gremial aún cuando no se involucre cotidianamente, y esto
no debe ser confundido con pasividad (Del Águila; 1996) .
El seguimiento de la política gremial es un ejercicio que hace casi cotidianamente una
parte de la docencia rosarina y que, junto a la experiencia de los conflictos masivos de los
‘80 y la promoción constante de prácticas asamblearias, la confirma en su autopercepción
como sector democrático.
Esta imagen aparece constantemente en el discurso sindical y en las intervenciones
públicas e inclusive es visible en instancias institucionales superiores, donde la mayoría
de las definiciones están tomadas de antemano y no dependen en nada de la capacidad
argumentativa o el despliegue simbólico. En la Asamblea Provincial en la que la AMSAFE
decide separarse de la CTERA, Tessa, que era ya Delegado Departamental de Rosario,
expresó:
Yo no voy a cambiar un ápice mi mandato, lo voy a mantener a muerte, porque es
lo que me han dicho los compañeros que tengo que hacer, lo voy a discutir acá y
donde sea y creo que estoy en el espíritu de los compañeros cuando planteo esto
que estoy planteando, de los compañeros de Rosario, no sé los de otros
departamentos, que si yo vuelvo a proponer con todos estos fundamentos y digo
cuarto intermedio hasta ver qué resuelve el Congreso de CTERA, si el Congreso de
CTERA persiste en la línea de no respetar la autonomía, de no incluir al conjunto de
los compañeros, vamos a estar todos juntos peleando contra la Junta Ejecutiva de la
CTERA (Actas Asambleas Provinciales).
Esta importancia de las prácticas democráticas puede entrar en tensión, y de hecho lo
hace, con las tendencias burocráticas de las organizaciones sindicales.
A mediados del 2000 desde la Agrupación Trabajadores de la Educación se escribe un
«Documento para la discusión», de carácter interno7. Allí se sienta clara posición respecto
de temas muy discutidos, como la relación entre la CTERA y la Alianza gobernante en el
ámbito nacional, y tiene de conjunto el objetivo de fortalecer políticamente a la base de la
agrupación. Una parte especial se dedica al desarrollo de la AMSAFE Salud, y a la
relación entre una estructura de servicios y una tradición gremial de confrontación. En
este marco, citamos el documento, «algunos miembros de la CD sostenían que en un
gremio democrático como la AMSAFE también todas las decisiones ligadas a los servicios
deben ser votadas por las bases, otros sosteníamos que la consulta a las bases sólo debe
tener lugar cuando se compromete el patrimonio de nuestro sindicato». Es
particularmente ilustrativa una parte:
En relación con el manejo democrático del sindicato y también de este tipo de
estructura de servicios, creemos que los docentes se expresan a través de los
ámbitos correspondientes, Asambleas, reuniones de delegados, zonales, votaciones
por escuelas, etc., que deciden lineamientos de la política gremial a seguir en
cuestiones generales y también ante conflictos concretos, pero que eligen una
conducción gremial para que lleve adelante en forma eficaz estos lineamientos,
depositan en ella confianza y esperan que el trabajo y la capacidad de resolución se
vean en hechos concretos. Si planteáramos una votación ante cada paso a seguir
estaríamos dejando de ejercer nuestro mandato, no estaríamos dando respuesta a
nuestros compañeros y estaríamos distorsionado el concepto de democracia. Para
que la democracia sea real es necesario no abusar de los mecanismos de consulta,
no devaluarlo para priorizar los temas que se someten a consulta, garantizar la
participación efectiva (porque si se vota por escuela y votan 1000 compañeros la falta
de participación devalúa el mecanismo), garantizar que los compañeros tengan al
momento de la decisión la información necesaria y suficiente (no tiene sentido que
voten si prefieren una farmacia o un camping porque son opciones que no se
corresponden ya que la inversión para una cosa o la otra es totalmente diferente)
(Agrupación Trabajadores de la Educación «Isauro Arancibia»; 2000).
La cita, en el contexto del documento, evidencia una tendencia y algo que la
contradice. Por un lado, es clara respecto del proceso por el cual la gestión de la
organización sindical se independiza de la participación del conjunto de trabajadores.
Esto, que fortalece las tendencias burocráticas, no debería extrañar a nadie familiarizado
con la vida sindical.
Pero esta cita muestra también una cuestión fundamental que es contradictoria
respecto de la tendencia antedicha: la autopercepción como sindicato democrático. Es de
una relevancia particular el que se trate de un documento interno, no para convencer a un
sector de docentes adherente a la oposición sino para fortalecer políticamente a la misma
agrupación. Porque es inclusive en ella donde las presiones de la tradición asamblearia y
de la autopercepción como sindicato atípicamente democrático se expresan.
Notas
1 Un voto hasta cien afiliados de la delegación; un voto por cada cien a partir de ciento uno hasta
quinientos; un voto por cada doscientos a partir de quinientos uno hasta mil cien; un voto por cada
quinientos a partir de mil ciento uno hasta la totalidad de afiliados (Art. 143º del Estatuto de la
AMSAFE). Por ejemplo, en la Asamblea Provincial en que se resuelve la desafiliación a la CTERA,
hay ochenta votos proporcionales respaldando la moción respectiva y treinta votos en contra de la
decisión finalmente adoptada (diecisiete de Rosario, seis de Iriondo y siete de Constitución).
En un intento de volver a la CTERA, en 1997, en términos absolutos gana la moción positiva pero
este sistema de votos proporcionales impide concretar el regreso. Una conducción provincial
puede no tener quórum propio en una instancia tan decisiva como la Asamblea Provincial. La
gestión provincial de Trabajadores de la Educación recién logra quórum propio en las elecciones
del 2001, para volver a perderlo en las del 2004.
2 Es la única reforma estatutaria desde que la AMSAFE tiene la forma actual, fue aprobada en la
Asamblea Provincial del 21 de febrero de 1992.
3 La categoría de consistencia refiere la mayor capacidad que otorgan, respecto de otros grupos
(que pueden ser mayoritarios numéricamente) la superioridad organizativa, la constancia respecto
de un objetivo planteado y la cohesión (Lechner; 1986).
4 Nótese que el entrevistado usa «delegado» como «activista».
5 El entrevistado se refiere a la Unión Obrera Metalúrgica y a la Unión de Personal Civil de la
Nación como ejemplos paradigmáticos de sindicatos conducidos burocráticamente.
6 Al ser objetivos de la reforma la descentralización y el fortalecimiento de las capacidades de
gestión de la escuela, los directores se ven ante más responsabilidades, pero también frente a un
mayor control. Sin embargo, continúan gozando de estabilidad laboral y han llegado a esos cargos
por concurso –no son designados por funcionarios ministeriales. Por ello los directivos pueden
oponerse a medidas gubernamentales, acordar con puntos de vista sindicales o directamente ser
militantes gremiales. Pero con el aumento de las responsabilidades y del control por parte del
Ministerio, también tienen responsabilidad en la implementación de trazos importantes de la
reforma. Esta situación ambivalente de los directivos aparece constantemente en las discusiones
gremiales y la AMSAFE apela también a ella para lograr la habilitación, en las escuelas, de
instancias sindicales no reglamentadas ministerialmente (las Jornadas Gremiales).
7 Contamos, por supuesto, con la autorización para hacerlo público.
La organización del gremio docente
Indudablemente que esto se empezó a debilitar por la no participación de la
gente, eso es lo más débil que tiene el gremio (...) pero yo no sé a quién
atribuírselo, o sea, por qué la gente no se acerca, ellos tampoco pueden
llegar, o por qué ellos no llegan.
Eduardo Batallanez, delegado gremial.
Es importante recordar que, en el período del cual nos ocupamos, la docencia
protagoniza sólo algunas movilizaciones masivas y el contexto social es desalentador. Por
ello las instancias de organización gremial, aún si pueden rastrearse antecedentes en los
’80, son menos producto de las necesidades de coordinación de la movilización que parte
de una política de organización de la conducción sindical.
Las escuelas y la fragmentación ocupacional
Para comprender la política de organización gremial se debe atender a ciertas
características del gremio, fundamentalmente a la gran cantidad de planteles escolares, a
su heterogeneidad y a la fuerte interacción que se establece entre los docentes en ellos.
En un documento ministerial de 1998 puede verse la cantidad de cargos docentes en el
nivel primario, nivel en el que pocos maestros tienen más de un cargo. En las 140
Escuelas Primarias que reconoce en la ciudad de Rosario había 3.024 cargos de
maestros de grado, 438 directivos (directores y vicedirectores) y 1.625 maestros de
especialidades (Educación Física, Música, Actividades Prácticas, Educación Manual,
etcétera). El promedio es de tres directivos, veintidós maestros de grado y doce de
especialidades por escuela.
Esta gran cantidad de escuelas existentes en Rosario configura un escenario que
describimos como de «fragmentación ocupacional».
Establecimientos educativos dependientes del Estado
Rosario 1997
Inicial
Primario/EGB
Medio/Polimodal
Superior no Universitario
Total
178
192
86
20
476
Fuente: Elaboración propia en base a datos del INDEC. Dirección de
Coordinación del SEN en base a datos de la Dirección General Red Federal
de Información Educativa. Relevamiento anual 1997.
Nota: Casi la totalidad de los establecimientos primarios es doble turno.
Hay diferencias entre los distintos colegios, y no todos los docentes de la misma
escuela mantienen idéntica relación con el conjunto del plantel, pero el tipo de actividad
supone una marcada interacción en los lugares de trabajo. De este modo se construye
algo así como una «personalidad gremial» de la escuela, a partir de actitudes particulares
hacia el gobierno, la reforma educativa y el sindicato conocidas por los activistas.
Lo muestra claramente la entrevista a un miembro de la Comisión Directiva que a
mediados del 2001 se manifestaba preocupado acerca de cómo comenzar a revertir la
marcada desmovilización del gremio. Ante la fragmentación ocupacional proponía trabajar
intensivamente con escuelas específicas, con «personalidades gremiales» diferentes:
[en la Comisión Directiva] Somos pocas personas, la mayoría trabajamos, no
tenemos relevo, no podemos estar visitando un departamento gigantesco como es
Rosario. Pero sí buscar esas escuelas que sabemos que funcionan distinto, o que
piensan distinto porque las instituciones piensan también un poco, aunque por abajo
esté la cosa peleada, hay algo que las caracteriza (...)
Está la escuela uno, que hoy es una escuela pública con mentalidad privada,
donde el sindicato no puede entrar y donde presumen que además nunca van a tener
conflicto. La escuela dos me interesaría también. Porque es una escuela monstruo.
Cuando hay plenarias se juntan sesenta maestros. Nosotros hemos participado
gremialmente de esas plenarias donde hay sesenta personas. Está el que te putea, el
que no te mira, el que está totalmente en el gremio, el que acuerda, o sea, tenés un
abanico de ideas ahí que podés hacer un zafarrancho. Igualmente son escuelas
duras. Tanto la escuela uno como la dos son escuelas duras, en dos ambientes
geográficos y sociales absolutamente diferentes.
De cualquier manera los docentes se conocen por encima de la fragmentación de los
lugares de trabajo: en general han impartido clases en diferentes escuelas, comparten
actividades formativas e interactúan en las reuniones y actividades sindicales, en el caso
de los delegados y activistas.
Esto bosqueja una situación en la que dentro de los lugares de trabajo, muy
heterogéneos, hay una fuerte interacción entre los docentes y la importante fragmentación
ocupacional, de cualquier modo, no logra hacer de las escuelas cotos cerrados.
Es ante esta situación que se despliega la política de organización que describiremos a
continuación. Algunas de las instancias no están reglamentadas estaturiamente. Las que
sí lo están expresamente dependen de las delegaciones locales y no son resolutivas. Esto
es, a diferencia de lo que ocurre con las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias, su
realización no está prescripta por el Estatuto de la AMSAFE.
Las instancias de organización gremial
Si bien no son las únicas1 , hay tres instancias fundamentales de organización gremial:
los plenarios de delegados, las asambleas zonales y las jornadas gremiales. A diferencia
de las Asambleas de Afiliados, realizadas ante el llamado a una Asamblea por la
conducción provincial, la realización de estos plenarios, asambleas y jornadas es decidida
por la Comisión Directiva del Departamento Rosario

Reuniones plenarias de delegados
De la mano de un fuerte impulso a la elección de delegados gremiales, la AMSAFE los
convoca a plenarios departamentales. Hay una clara diferencia entre las instancias donde
se aglutina la militancia gremial más comprometida, como es el caso de los plenarios
generales y de las Asambleas de Afiliados, y las que se despliegan hacia la base gremial.
En las Asambleas Departamentales y reuniones generales de delegados se reúne, como
nos dijera oportunamente un militante de la opositora lista Violeta, la «farándula». La
reunión de delegados, como la Asamblea, comienza con un informe de un miembro de la
CD y las discusiones políticas entre la conducción y la oposición marcan el ritmo de la
reunión.
Al asistir un porcentaje muy bajo del total de delegados no alcanza a funcionar como
un cuerpo representativo del total, o de la mayoría, de escuelas. Incluso un indicador del
grado de movilización del gremio lo constituye la cantidad de delegados que asisten a las
reuniones. La oposición de izquierda, por otro lado, critica la tendencia a que los
delegados se conviertan en meros mensajeros de la política de la Comisión Directiva –al
ser las Asambleas Provinciales las instancias deliberativas y resolutivas.

Reuniones zonales
Se habían realizado reuniones zonales de delegados en los ’80, pero siempre
vinculadas a la coordinación de los conflictos gremiales. En los ’90 se retoman, inclusive
se hace alguna antes de la primera gestión de Trabajadores de la Educación, y se
consolidan poco después de la mitad de década. Se llevan a cabo tomando el horario en
el que la mayoría trabaja –a la mañana o a la tarde– y son presididas por miembros de la
Comisión Directiva oriundos de la zona en cuestión. Si bien puede asistir cualquier
docente van sólo los delegados, que son quienes cuentan con licencia gremial. Estas
zonas son Oeste, Sur, Centro y Norte; pero no es fija ni esta cantidad ni las escuelas que
asisten a cada una.
A cada reunión zonal asisten entre quince y sesenta delegados, como en todas las
instancias la variabilidad de la asistencia depende del interés en los asuntos gremiales.
Por ello no se trata de que sean particularmente masivas, pero los militantes más
comprometidos, la farándula, se desagrega. En primer lugar, respecto de la toma de
decisiones es una instancia poco jerarquizada. Las asambleas zonales no son instancias
resolutivas –como las Asambleas Provinciales– y ni siquiera pueden organizar a
actividades para toda la ciudad en línea con la política gremial de la AMSAFE –como las
reuniones de delegados de todo Rosario. En segundo lugar, la misma fragmentación
descompone la asistencia.
Es interesante contrastar las opiniones acerca de las zonales con aquellas respecto de
los plenarios de delegados y las Asambleas de Afiliados para ver positivamente qué se
valora de estas instancias. Las siguientes son citas de entrevistas a delegados:
Cuando estoy en la zonal yo participo. Porque me siento mejor, conozco más al
grupo... en la Asamblea Departamental me cuesta hablar o levantar la mano, u otro
dice cosas que yo también pienso. A mí me gusta la zonal. Yo los tengo cerca, les
puedo hacer preguntas que por ahí allá [en el sindicato] hay tanta gente que no se
puede, o plantear inquietudes directamente de lo que es la particularidad de mi
escuela y son escuchadas o recepcionadas de otra forma, porque en la Asamblea,
lógicamente, se tratan temas más generales y no hay oportunidad de hacerlo.
... cualquier maestro, cualquier profesor puede ir a la Asamblea Departamental
pero por lo general no va. Las Asambleas Departamentales son más politizadas, van
las tendencias y la discusión se politiza más y se lleva a un plano más
superestructural, en las zonales no, porque van las maestras, los profesores que no
tienen militancia política y que van a discutir los problemas específicos de las
escuelas de la zona (...) y aparte se pasa más a la práctica, al estar reunida toda
gente que trabaja en un mismo lugar y en la misma zona es más fácil coordinar
acciones para el lugar.
·
 Jornadas gremiales
En las escuelas, el sindicato propone la realización de jornadas gremiales con la
discusión de documentos elaborados al efecto por la AMSAFE. En muchos lugares es
difícil que se lleven a cabo: al no estar reconocidas por el Ministerio su realización
depende del contexto puntual de la convocatoria, de los directivos y de su relación con
quienes las impulsen.
Las jornadas gremiales se realizan para movilizar al gremio de conjunto ante alguna
circunstancia evaluada importante. Luego de realizadas se llevan las conclusiones a
reuniones de delegados o Asambleas.
Al desarrollarse en los lugares de trabajo, cuando los delegados y activistas se refieren
a ellas aparece de manera más patente algo que circula en el conjunto de la vida gremial:
la reunión con los docentes menos involucrados en la vida sindical es, por un lado, lo que
legitima a los activistas y, al mismo tiempo, la instancia privilegiada para lograr que más
maestros y profesores se sumen a la actividad sindical.
En este mismo sentido, un delegado con experiencia militante, en el marco de una
entrevista, realizó un comentario que en el momento nos sorprendió:
Creo que el sindicato tendría que lograr que el Ministerio autorizara una reunión
mensual donde estés obligado a asistir y en las demás escuelas no te consideren
inasistencia, como hacen en las plenarias. Cuando ellos nos tienen que informar algo
el Ministerio resuelve que sea una reunión plenaria y te obligan a ir a la escuela, y si
tenés que ir a otra escuela te relevan de ir a la otra escuela ¿se entiende?.
JG: Sí.
Entrevistado: Para que participes de la plenaria. Bueno, creo que el gremio tendría que
negociar con el Ministerio algo así.
JG: Vos decís obligatorio de cualquier manera.
Entrevistado: Claro. Algo que nos permita reunirnos en una escuela a discutir.
«El sindicato debiera lograr reuniones obligatorias». Quizá sea uno de los ejemplos
más claros del escaso control que tiene sobre la base gremial el activismo y la conducción
sindical; activismo y conducción que al mismo tiempo busca y precisa de esa base para
su proyecto.
Aunque la realización de jornadas gremiales depende en mucho de la particularidad de
la escuela (en algunas inclusive nunca se han realizado), en general en la posibilidad de
realización y la dinámica de la jornada gremial se evidencian tanto el peso de los
directores como las presiones de la base gremial hacia el delegado para estar informado.
El delegado ante el sindicato: mejor mal delegado que ninguno
En todas estas instancias la figura del delegado gremial es central. Con la diferencia de
no ser ni estatutarios ni resolutivos, si se pensara sólo en las discusiones que se suscitan
y en los asistentes, los plenarios departamentales de delegados son casi como
Asambleas Departamentales. Concurren las agrupaciones opositoras –con poca o nula
presencia de Educación Popular–, militantes y activistas independientes y un sector que
responde a la Comisión Directiva y del que ésta depende para no ser minoría en las
reuniones.
Los delegados gremiales de los ’80 eran delegados en la coordinación de la
movilización docente, casi sin institucionalización. Uno de los cambios respecto de la
militancia gremial de entonces es el peso que cobran ahora las licencias gremiales: hay
mucha menos militancia gremial a contraturno2. Por ello, docentes que han sido
delegados desde siempre en sus colegios recién a mediados de los ‘90 han sido
reconocido como tales ante el Ministerio. De 1996 al 2000 el número de delegados crece
de ciento ochenta a cuatrocientos cinco, entre titulares y suplentes.
Ser electo delegado es ingresar a un espacio donde no se encuentran los demás
afiliados: es la posibilidad de licencia gremial, de asistir a las asambleas zonales, a los
plenarios departamentales y a los congresos provinciales. El tener licencia gremial hace
también que, ante una medida de lucha, cuando el resto de los docentes se desobliga
laboralmente los delegados pueden sostener movilizaciones o actos sin «desobligar» y sin
perder el presentismo. Los materiales gremiales enviados a las escuelas por mensajería
llegan a su nombre y es incluido en un sistema de postas telefónicas por el que es
avisado de las actividades gremiales.
La política de elección de delegados comprende la individuación del docente, su
vinculación a nuevos lazos sociales y su jerarquización.
1. La individuación. Permite descomponer en personas específicas a los docentes con
mayor interés en la vida sindical; significa salir de los serializantes «base» o «activismo»
magisterial. En una reunión de Comisión de Nivel Medio, en 1999, registramos:
Ernesto: Hay una tendencia, incluso en los más participativos, a que las actividades las
tomen los dirigentes. O los delegados. Se delega la movilización. Entonces usan la
licencia gremial. Federico [un miembro de la CD] me dijo que el otro día tuvo
veinticuatro actividades en dos días; está reflaco, perdió siete kilos.
Luciano: La última marcha, la de los portuarios... ¿por qué únicamente los delegados?.
La cuestión de la postulación personal hace que en líneas generales activista y
delegado se confundan.
2. La vinculación del delegado a nuevos lazos sociales. Esto, evidente luego de referir
las instancias de organización gremial, se ve con claridad en el caso de una docente de
diecinueve años de antigüedad en la escuela en la cual trabaja actualmente, pero con
actividad anterior, tanto como docente y como delegada, en otra escuela:
Era muy activa, estaba en todos lados... yo siempre digo que tuve una maestra en
esto también, en la cuestión gremial. Porque no es sencillo, no todo el mundo
ingresa, ella me llevaba a las movilizaciones y me mandaba al gremio a lo mejor para
preguntar una cosa, y yo ya escuchaba, me acercaba, veía gente, conocía,
saludaba... y así poco a poco... además que coincidía también con mi forma de
pensar en cuanto a las acciones que uno tenía que seguir para defender ciertas
cuestiones de la docencia en general.
3. La jerarquización del activista hacia dentro del sindicato. Hacia la escuela esa
jerarquización significa la ubicación del delegado por la base en un lugar de
responsabilidad, fundamentalmente alrededor de la responsabilidad de la información y el
asesoramiento, en un contexto de desmovilización. Una delegada electa recientemente
decía:
... me ha resultado durísimo ser delegada, durísimo, durísimo. Más que yo me
tomo todo a pecho, me gustaría poder responder todo y veo que no tengo las
respuestas; mis compañeros me paran y dicen: «che, vos que sos la delegada». Y a
mí me falta formación e información.
No se trata de que todos los delegados por sólo serlo cumplen el papel en que la
política de organización gremial los coloca: una minoría asiste a los plenarios
departamentales. Aún así el delegado se mantiene en el cargo. La tendencia es a que
quienes se postulan, aunque sea ocasionalmente, queden contenidos sindicalmente como
delegados. Cierta vez un delegado quiso renunciar por entender que no ejercía bien sus
funciones gremiales y la respuesta de la Secretaría gremial fue «mejor mal delegado que
ninguno».
El delegado en la escuela: la cara del sindicato
Al poder elegirse dos delegados (titular y suplente) por turno, en algunas estructuras
con pocos docentes la relación es un tanto desproporcionada y eso permite que, en
general, quien quiera ser delegado sea electo. Por ello ser delegado en la AMSAFE
involucra, antes que un problema de representación, una cuestión de postulación personal
hacia la participación gremial.
El que la elección dependa de la postulación personal es el germen de un problema.
Un dirigente local describía en una entrevista lo que se percibe en muchas reuniones de
delegados:
En general la persona que asume el rol queda legitimada porque no hay cinco que
asuman el rol. Es más, muchas veces al que dice «bueno, yo voy a ir» le firman todos
[el acta de elección de delegado]. El problema más bien es que después lo pueda
ejercer. Porque después lo que pasa es que el delegado se siente aislado y siente
que no lo escuchan. Esa es más la pelea que ver quién es delegado.
Constantemente aparece en la vida gremial la importancia de esta postulación personal
hacia la figura gremial (postulación en la que tiene un peso definitivo la participación,
como mostraremos luego) y las demandas de la base docente hacia el delegado. Como
es «mejor mal delegado que ninguno», generalmente cuando éste se encuentra
desgastado simplemente deja de asistir a las actividades, muchas veces sin ser
reemplazado. A poco de ser relevado de las funciones docentes, un miembro de la
Directiva nos decía:
... hay un grado de delegación de la participación impresionante (...) Muchas veces
al elegir delegado en las escuelas se plantea «total ya está el delegado, que vaya el
delegado». Todo al delegado. Y ese es un problema, porque el delegado puede ser
un tipo que te traiga una moción inventada de la escuela o que plantee que su
escuela es la ultra avanzada patrulla de la revolución.
«Todo al delegado» puede ser un problema aún cuando éste se encuentra legitimado
hacia dentro de la escuela y cuenta con vasta experiencia sindical, esto es, inclusive si
está en condiciones relativamente buenas para ejercer su rol.
Este es el caso de una vieja activista gremial que militó en la agrupación docente del
Movimiento al Socialismo –en los ’80– y actualmente lo hace en Fuera del Renglón. Esta
docente hace nueve años aproximadamente pidió un traslado a una Escuela Primaria de
zona sur. Se refería en una entrevista al paternalismo de la relación entre el docente de
base y el delegado, y continuaba:
... en la última discusión cuando leímos el decreto del Ministerio3 , empezaron a surgir
compañeros que decían «bueno, esto habría que salir ya», «¿por qué el gremio no sale
ya?», por qué esto, por qué lo otro; yo digo: «pero bueno, nosotros, sujetos, ¿qué
vamos a hacer?... porque ¿hasta cuándo vamos a esperar a que los otros nos digan
qué hacer?». Y ahí surge esto de cortar la calle nosotros. Y le tomé la palabra a la que
lo planteó y todas fueron a visitar otras escuelas, otros compañeros, uno hizo los
volantes, otro los imprimió, otro hizo un cartel, todos de alguna manera aportaron a un
hecho que se concretó y que bueno, estuvimos en la calle todos los compañeros,
vinieron de otras escuelas (...)
JG: Por ejemplo, normalmente –salvo el día de hoy– ¿cómo ves que funciona ese
paternalismo?.
Entrevistada: Por ejemplo un día nos habíamos reunido y habíamos decidido que íbamos
a ir a tal marcha. Viene la directora, nos llama y dice: «¿quiénes van a ir?». Y se hace
el silencio. Entonces ahí reacciono: «¿cómo? ¿No habíamos acordado tal cosa?, ¿Qué
pasa ahora?, ¿Cuál es la duda?, ¿Porque está ella adelante no lo van decir?. Bueno, si
tenían dudas ¿por qué no las dijeron el otro día?». Esa fue la pelea. Y bueno, parece
que más de uno se reubicó y empezó a decir «yo quiero hacer esto, lo hago».
Lo que esta delegada llama paternalismo del delegado sobre los docentes se traduce
en un seguidismo de éstos hacia el delegado. Esto es, los docentes «siguen» lo que vota
o propone el delegado. Igualmente esto no debe exagerarse: tiene un límite y una
contrapartida.
El límite del seguidismo es lo que los docentes están dispuestos a sostener. El caso de
las huelgas docentes nacionales del 2001 es un ejemplo revelador: la conducción pudo
haber continuado impulsando mociones de paro para acompañar las medidas nacionales,
los docentes probablemente habrían votado positivamente y los paros, votados, no se
habrían cumplido4.
Para ver la contrapartida del seguidismo y el paternalismo hay que prestar atención
especial a las escuelas: la fuerte interacción existente en los lugares de trabajo hace muy
permeables a los delegados.
El delegado es normalmente, junto a algunos docentes afines del mismo plantel, el
único responsable de la actividad gremial en la escuela. Y el trabajo docente implica una
fuerte interacción, sin un control por parte del Estado comparable al que existe en el
sector privado. Esto favorece que se formen vínculos personales estrechos y que sean
fluidas las relaciones político-gremiales.
Estos grupos, al tiempo que son la base sobre las que se proyectan los militantes,
significan una fuerte presión sobre ellos. Ésta es la contrapartida del seguidismo. En casi
todos los gremios hay sectores de trabajadores sindicalmente más activos que otros, y el
apoyo de éstos últimos es fundamental para los primeros. Lo que señalamos como una
particularidad es que el activismo es muy presionable por la base gremial y se encuentra
particularmente expuesto ante ella debido a la fragmentación de los lugares de trabajo y a
la fuerte interacción de los trabajadores en ellos.
Describiendo esta situación señalaba un militante opositor, a propósito de una
Asamblea en que se mocionó el levantamiento de una gran huelga a fines de los ’80:
En esa Asamblea que yo presido, que es para decidir la continuidad de la huelga,
había dos mil personas. Todo el anfiteatro lleno. En general las mociones de
continuar la lucha eran ovacionadas y el tipo que planteaba levantar era vilipendiado.
Cuando fuimos a las escuelas se dio vuelta la relación. Pesa toda la presión de que
estamos aislados, estamos aislados... la gente junta ahí le da fuerza: nosotros
podíamos continuar. Aislado, la presión en cada escuela y demás... perdemos la
votación en las escuelas. Yo dije: «el mecanismo es así. Es absurdo que teniendo el
grueso de la docencia activa participando y movilizándose...» (...) El voto en las
escuelas es un voto más atrasado porque no hay debates, y el sector activo pierde.
Otra cita, también de un militante opositor con larga experiencia militante, describe más
claramente esta particularidad:
Que yo tenga una posición no quiere decir que el otro... yo quiero confrontarle y
que me digan si están de acuerdo de verdad, o no. Porque después te das vuelta... y
en eso le hago caso a mi directora que me dice: «cuidado cuando te des vuelta a ver
quién te sigue». Me lo dijo por derecha pero yo lo tomo así. Porque es así. Eso se
construye, que vos te des vuelta... no que te des vuelta, que al lado tuyo haya unos
cuantos. Pero no es fácil, aparte no es que todo el mundo lo vive así. Más de una vez
el delegado termina siendo reventado, hasta los más honestos, porque después
hacia adentro, en la cotidianeidad de la escuela, vos cargás con las derrotas. Porque
vos has sido la cara del gremio en la escuela. Cuando se va para atrás sos vos la
que tenés que aguantar que pasen y no quieran saber nada con lo que vos les decís.
Y sos vos la que tenés que volver a llevar la discusión ¿entendés?, aguántatela
después de una derrota. Yo he visto camadas y camadas de delegados desaparecer.
No quieren saber más nada.
Notas
1 Durante el período tomado se han promovido también, por ejemplo, Comisiones. Las Comisiones
son maneras de integrar al trabajo desde el sindicato a docentes que no son parte de la Comisión
Directiva. Hay antecedentes de este tipo en Rosario en los tempranos ‘80 (de Educación Física) y
una Comisión muy exitosa fue la de Derechos Humanos en la gestión de Sánchez (1988-1990). Si
son Comisiones por nivel se estructuran alrededor del Secretario de Nivel, pero también ha habido
Comisiones de docentes no-titularizados, por ejemplo, para pelear por los concursos. La Comisión
más exitosa ha sido la de nivel Técnico, también hubo una Comisión de nivel Medio, de nivel Inicial
y de las Especialidades. Según el Estatuto «Las seccionales podrán constituir comisiones y
subcomisiones previstas en el art. 2 inc. h y l de los presentes Estatutos cuando las actividades de
aquélla lo justifiquen, las mismas serán designadas por Asamblea de Afiliados». Los citados
artículos estipulan que estas sub comisiones promueven la realización de los fines de la
organización y las comisiones asesoras pertenecen a los distintos niveles y jurisdicciones del
sistema educativo. En los hechos, en Rosario, los integrantes no son votados en Asamblea sino
impulsados por algún miembro de la Comisión Directivo. Como suponen un trabajo más estrecho
con la Comisión Directiva, raramente la oposición participa de estas comisiones.
2 Las licencias gremiales significan 24 horas (cinco días de jornada laboral) por mes de licencia y
sólo pueden ser presentadas por delegados reconocidos como tales ante el Ministerio y con la
certificación firmada por el Secretario Gremial o el Delegado Departamental.
3 Se refiere a alguno de los dos decretos ministeriales de fines del 2000 (los decretos 2991 y
2992). El primero congela las plantas docentes al mes de agosto (para realizar las auditorías de
cargos docentes, matrículas, etc. que comenzaron en noviembre); el segundo considera
innecesario mantener el pago a los docentes reemplazantes durante las vacaciones.
4 Con ocasión del paro de la CTERA del jueves 28 de junio del 2001 los dirigentes de la AMSAFE
se amparan en una votación de febrero (se había resuelto parar cuando no se pagase el Incentivo
Docente) y adhieren a la medida nacional sin Asamblea Provincial. La medida de fuerza fracasa.
Ocurre que ni siquiera la votación garantiza la realización de la huelga y en los otros paros
nacionales del 2001 la conducción sindical propone mociones de no paro ya que lanzar paros que
nadie realiza tiene graves consecuencias para cualquier sindicato.
Militancia gremial y adhesión
... la fuente de nuestra dinámica y de nuestros recursos es esa cantidad de
militantes que pueden extender una homogeneidad de ideas o de
concepciones que te permitan presionar. Esa es la estructura sindical para
nosotros. Si no, tenés estructura económica. No tenés llegada directa a la
patronal. Porque elegís no tenerla, obviamente. Si vos elegís ser reutemista
sería más fácil. Te sentás, negociás y ya está.
Leandro Hanuch, Comisión Directiva AMSAFE Rosario (1992-2003).
Involucramiento sin incentivos selectivos
El proyecto de confrontación y organización gremial promueve el involucramiento en el
sindicato. Es importante destacar esto ya que, como se expresó anteriormente, no hace lo
mismo ni el contexto sociopolítico ni la experiencia de muchos trabajadores con sus
organizaciones sindicales.
Además del sostenimiento de las asambleas zonales o el recorrer escuelas, el servicio
sindical (sea mediante información, la realización de cursos, la asesoría o AMSAFE
Salud) permite a los miembros de la conducción vincularse a muchos docentes. Un
miembro de la Comisión Directiva ejemplificaba:
... cuando hicimos los cursos de ascenso yo me vinculé con cantidad de maestros.
Y hay cantidad de maestros que saben que yo estaba ahí. Cuando nosotros hicimos
el tema de discutir con la gente el tema de la Ley de Titularización y demás venían
acá cien maestros y nosotros intercalábamos, leíamos, o sea, hay actividades donde
no se juega qué hacer que te permiten abrir, abrir, abrir, y vincularte de una manera
muy buena.
En general esto se traduce en vínculos personales. El mismo miembro entrevistado
continuaba: «nosotros por cuestiones nuestras a veces alimentamos esa idea;
alimentamos que vos vengas a hablar conmigo y yo te resuelvo». Se debe ser cuidadoso
para no fijar comportamientos que de hecho cambian, pero esto se traduce en una
demanda muy grande hacia el sindicato. Un miembro de la Directiva se refería al lugar en
que se siente colocada por la base gremial. Decía:
... la idea del gremio es «tiene que servirme»; el reclamo es de atención, de
demanda a que lo tenés que atender, que tenés que atender el caso personal. Y el
gremio no da abasto para atender individualidades. Así que es muchas veces gente
que individualmente se enoja con el gremio. No es que se enoje con la política del
gremio sino que «me enojo porque no me dio un crédito, no me dio un reemplazo, no
me pudo defender...». Eso pasa mucho. A mí me cansó muchísimo en mi relevo eso.
Sin embargo, la realidad de la actividad gremial cotidiana lleva a que estos vínculos, de
prosperar, terminen formando parte de la dimensión político-gremial de la actividad
sindical. Porque la dimensión político gremial encauza los vínculos y los mejores
esfuerzos militantes: es por ello que no hay ningún dirigente abocado a AMSAFE Salud.
A un viejo afiliado, delegado reciente, le preguntamos qué experiencia tenía con el
sindicato antes de ser delegado y respondió:
Me atendieron bien, pero no puedo hablar más en detalle porque yo entré y salí.
No, no es lo mismo como ahora que yo voy, me quedo, conozco a la gente de la
Comisión Directiva... y entro ahí un poco como si fuera mi casa, como que es mi
casa, la casa de los trabajadores.
Queremos decir: nadie conoce a los miembros de la Comisión Directiva y entra a la
AMSAFE como si fuera su propia casa si no participa de las actividades gremiales.
Un dirigente local se encontraba trabajando en talleres sobre violencia escolar,
surgidos luego de la demanda de algunas escuelas y articulados con una experiencia
desarrollada por el sindicato docente de la provincia de Buenos Aires. Al preguntarle
sobre la relación entre esta actividad y el vínculo gremial, explicaba:
No es algo que te de un rédito político directo, sino que es una actividad que nos
parece importante sostenerla porque tiene que ver con las problemáticas que hay hoy
(...) Nosotros veníamos llevando adelante este trabajo de violencia en la escuela
porque lo habían demandado, porque era una problemática de ellos; más allá de que
fuera bueno o malo era un esfuerzo que el gremio estaba haciendo. En el medio de
eso hubo un paro nacional y nosotros nos enteramos por una compañera que no lo
acataba nadie. Llegamos a la escuela a la mañana, estaban todas ahí –no trabajando
porque había muy pocos chicos, pero estaban en posición de trabajar–; nos pusimos
a discutir y se recalentaron porque se sintieron perseguidas de que fuéramos a la
escuela el día de paro que ellas no estaban haciendo.
Y concluía:
... vos pudiste generar una relación a través de las otras cosas, pero si vos no
conducís en el sentido de cómo se articula lo gremial, todo lo demás no te sirve. Si el
compañero no acuerda en cómo vos llevaste adelante la política gremial, por más
que hayas hecho muchos servicios; por más que haya venido al abogado y le haya
ido bien; por más que haya hecho un curso y le haya gustado, no tenés una relación
sólida, porque acá lo que define es lo gremial, eso está claro. Todo lo demás sirve
para articular, para que el gremio tenga presencia, para que haya relación, pero lo
que define es el criterio gremial.
Este punto es importante ya que la AMSAFE Rosario, en el período que tomamos, se
embarca en muchas actividades que no son directamente gremiales –la última y más
importante es AMSAFE Salud. Probablemente en algunos años se podrá ver cómo
impacta su desarrollo en términos de política sindical, sin embargo es pronto para calibrar
esto. Por ello, en la adhesión o no a la conducción sindical continúa siendo definitiva la
política gremial. Mucho más cuando es en un claro y muy visible proyecto político-sindical
en que se embarca la dirigencia de la AMSAFE y ésta necesita contar con compromiso
político al menos entre parte de los afiliados –no sólo con la aceptación que puede
generar una buena gestión del área servicios.
Cuando desde la teoría neoclásica se intenta explicar por qué se participa en acciones
colectivas se refiere como un elemento el de los «incentivos selectivos». La existencia de
«incentivos selectivos» supone que quienes participan lo hacen porque acceden a
beneficios (en términos de racionalidad económica individualista) a los que no accede el
resto (Acuña; 1997). Si bien nuestra definición de participación es diferente1 es
importante observar qué puede ofrecer la vida gremial en términos de beneficios
individualistas.
Sin vínculos estrechos con la patronal, poco tentador es el involucramiento en el
sindicato para la obtención de beneficios laborales; lo mismo ocurre con su pequeño
aparato sindical. En la AMSAFE lo más asimilable a un «incentivo selectivo» es el uso de
las licencias gremiales, sobre las que tiene control la conducción sindical. De cualquier
manera, a partir del trabajo de campo, podemos concluir que la utilización de estas
licencias es insuficiente para explicar el involucramiento docente. Esto es, si bien son
importantes para comprender la vida de la AMSAFE, poco ayuda partir de las licencias
gremiales para explicar la participación docente.
Trataremos esto de un modo más completo en las consideraciones finales, aquí
queremos sólo señalar que el poco peso de los incentivos selectivos hace que el
involucramiento se fundamente casi exclusivamente en términos político-gremiales. Como
expresamos anteriormente, esta dimensión encauza los mejores esfuerzos y es la razón
por la que la conducción de la AMSAFE no forma –no puede formar– a los delegados
como engranajes de la burocracia sindical: los forma como activistas gremiales.
De los problemas específicos a los generales
En el contexto social de los ‘90, neoliberalismo mediante, poco queda de fuertes
identidades políticas colectivas que fundamenten subjetivamente el compromiso gremial.
Sin embargo, los dirigentes de la AMSAFE no pueden, por el proyecto en que se
embarcan, ceder a esta situación general.
Hay docentes muy comprometidos casi sin formación política y también ocurre lo
inverso, pero esos dos polos siempre aparecen como referencia de la militancia gremial.
«Hay que tener el marco político de las medidas puntuales» es un argumento que se
repite en boca de los principales referentes sindicales. Inclusive se lo plantean a los
nuevos delegados y activistas que, aunque comprometidos, atienden a cuestiones
específicas.
Hay cosas que no están claras, si seguimos NO A LA LEY FEDERAL, yo el resto
ni entraría a discutirlo. Pero como hay compañeros que ven en las tutorías un nuevo
puesto de trabajo, vos tenés que dar respuesta a eso, te dicen: peleemos por eso
que es un cargo genuino (delegado, Reunión de la Comisión de Nivel Medio).
... tenemos que globalizar. En la zonal anterior traje un material que me alcanzó
para veintidós compañeros, sobre el material del Banco Mundial para los próximos
cuatro años. Hay una continuidad del gobierno en lo que respecta a nosotros; la
educación. Los que estamos en el activismo no nos cuesta tanto ver lo general
(miembro de la Comisión Directiva, asamblea zonal).
Vinculada a esto hay una figura que circula mucho en la vida gremial, la de la «toma de
conciencia». De la manera en que se usa cotidianamente, «tomar conciencia» es
apropiarse de una serie de concepciones que son consistentes con la militancia gremial.
Toma conciencia quien ve en los problemas particulares los proyectos políticos generales,
identifica a esas cuestiones como ataques a la docencia, los trabajadores o el conjunto de
la sociedad y «sabe» que la única manera de oponerse con éxito tiene un cauce colectivo.
Vale recordar el peso de los partidos políticos en las agrupaciones sindicales y que lo
que divide aguas son diferencias políticas y como tales se discuten. Durante el desarrollo
del trabajo de campo realizamos una encuesta a miembros de las Comisiones Directivas
de Rosario de los períodos 1995-1998 y 1998-2001. Por medio de esta encuesta
identificamos que muchos, y casi la totalidad de los más comprometidos con la
conducción sindical, han participado en organizaciones políticas, estudiantiles e inclusive
barriales: son ex militantes de Montoneros, de Vanguardia Comunista, del Peronismo de
Base, de la Unión de Estudiantes Secundarios, del Partido Comunista, de la Juventud
Universitaria Peronista, del Movimiento al Socialismo, de la Unión Cívica Radical y del
Partido Justicialista.
Estructuralmente, y más allá de las intenciones, la importancia de la discusión política y
la «toma de conciencia» guarda una relación con el poco peso de los incentivos
colectivos. De hecho, la principal motivación subjetiva para los docentes comprometidos
sindicalmente es que conciben ese compromiso como parte de un proyecto políticogremial por el que pelean, al que adhieren o del que se sienten relativamente parte. Son
esos proyectos los que justifican subjetivamente la militancia más comprometida. Como
dijera Mary Sánchez, Secretaria General de la CTERA (1989-1994), «(l)a gente llega a
jugarse hasta a perder su trabajo cuando ve que tiene un escape, una salida. Sin un
camino político junto con la lucha sindical, ésta no despierta pasiones» (en Rauber;
1998:303).
Este peso de las definiciones políticas para sostener un compromiso gremial no se
trata de una especificidad de la AMSAFE Rosario. ¿Qué satisfacciones íntimas puede
proporcionar la carrera política?, se preguntaba Max Weber en un contexto en que las
connotaciones de «carrera política» seguramente no serían las actuales: «... la sensación
de tener entre manos una fibra vital de acontecimientos históricamente importantes puede
ayudar al político profesional a superar la rutina cotidiana, aun cuando ocupe cargos
formalmente modestos» (Weber; 1985:59).
Vale destacar algunos aspectos:
* Nuevamente, la importancia de la cantidad de lugares de trabajo: la mayoría que
menos participa unifica a la minoría que más lo hace, inclusive a los opositores, como
la cara del gremio en las escuelas.
* Esa minoría le da a su involucramiento en la vida sindical un sentido político gremial.
No se trata de adherir a un programa político acabado, puede inclusive tratarse sólo de
una fuerte solidaridad gremial, pero siempre le da a la militancia sobre problemas
coyunturales y específicos un sentido político gremial, trascendente de esos
problemas.
* El ritmo constante de la actividad gremial estimula a esos docentes a actualizar
permanentemente la tradición gremial y a actuar en función de esa «conciencia» que,
de otra forma, permanecería como una convicción abstracta.
*
La fuerte proyección social y sindical, el ritmo constante de la actividad gremial, la
tradición del magisterio y la existencia de la oposición hacen que, en la AMSAFE, sea
difícil intervenir sindicalmente sin asumir esos debates políticos.
Delegación y adhesión
La actividad constante y la fuerte proyección hacen muy visible al sindicato ante la
base docente. Y esta visibilidad también hace del sindicato blanco de fuertes exigencias.
Dos docentes con aproximadamente la misma antigüedad como delegados y poca
experiencia política, parecían casi discutir en sendas entrevistas:
... entendía, y de alguna manera sigo entendiendo, que son muy pocas las cosas
que hacen. Creo que los gremios no pelean por la gente (...) Ahí viene [el Polimodal],
lo veo, los miro, y me pregunto ¿a dónde van éstos?. Vengo a perder el tiempo... y
escucho. Entonces vos decís: esto yo ya lo escuché en la reunión anterior, ¿por qué
siempre con lo mismo?. Entonces todas esas cosas me llevan a pensar que uno, si
desconfía, por algo desconfía.
... el otro día me encontré con una compañera por el centro y charlamos dos
minutos; yo le cuento que estoy yendo al gremio, que el otro día había tenido una
reunión y entonces me preguntó: «¿y, qué consiguieron?». Así, como si de cada
reunión vos te pudieras venir con el decreto bajo el brazo. Tiene una óptica muy
infantil. Se cree que vos te reunís y cambiaste la estructura, cuando ni siquiera a
veces sabemos cómo entrar a debatir un tema. Es una aproximación muy, muy
burda. «¿Y qué consiguieron?», de una reunión, cuando a lo mejor ni conseguimos
que la reunión se diera con el número suficiente.
La crítica de la primera cita no es como las de la oposición, que postula una política
que se pretende superadora. Está vinculado con la importancia de la educación en la
división del trabajo social, esto es, en la delegación política: exige que el sindicato haga
las cosas bien, porque es lo que compete a los sindicalistas. Los sindicalistas tienen que ir
por delante del Ministerio, hacer que la información llegue a las escuelas, que los
docentes salgan satisfechos de las reuniones gremiales, que el abogado resuelva
expeditivamente todos los problemas, que los servicios puedan compararse con los de
otros sindicatos.
Un miembro de la Directiva reafirmaba esto al recordar su actuación como delegada:
Los compañeros tienen una tendencia –a mí, como delegada te lo digo– a delegar.
«¿Querés hablar?; ¿Tenés algo para decir? Bueno, te damos un ratito». «Te
damos». «Si lo quieren lo agarramos entre todos»... delegan mucho; por lo tanto
como delegan mucho cuando no hacés lo que quieren se enojan mucho con vos.
Es interesante tomar la situación de los delegados y darle, luego de la investigación,
otro sentido a su actividad. Legalmente son cientos los delegados de escuelas, sin
embargo ¿qué es lo que los docentes delegan en sus delegados?. En los registros de
entrevistas y reuniones gremiales aparece con claridad que ordinariamente se delega
responsabilidad (de sostener la actividad gremial en la escuela –«todo al delegado»–, de
la información, etc.). Esto es más evidente en la elección de delegados de base, pero
creemos que puede trasladarse a la Comisión Directiva. Se delega responsabilidad y por
ello el reclamo hacia la base de los militantes y dirigentes sindicales es que no se
desresponsabilice, que asista al sindicato, que vaya a la asamblea, que se preocupe. No
se trata de una actividad que la base realiza y resigna al elegir delegados; lo que está
delegando realmente es una capacidad teórica, una posibilidad legal, un derecho que no
ejerce.
Generalmente las medidas gremiales son acompañadas por una minoría de docentes,
y no porque el resto tenga otras propuestas. Los otros docentes simplemente no asisten a
las actividades sindicales. No discuten, no mocionan algo diferente, sencillamente no
asisten. Si entendemos la adhesión como aquella actividad de las mayorías que da
cuerpo a la representatividad de los dirigentes (De Certeau; 1999) podríamos pensar que
al asistir a una actividad sindical hay, además de un interés o una coincidencia con el
sentido de esa actividad, una adhesión al espacio que la promueve. Quien va a una
movilización por recomposición salarial, aún si no acuerda con la conducción sindical, de
hecho está legitimando al sindicato como la organización que plantea las reivindicaciones
del sector.
Lo llamativo en la AMSAFE es la frenética y constante actividad cotidiana de los
militantes y dirigentes gremiales en la búsqueda de esa adhesión. La búsqueda puede
llevarlos a decir que las reuniones gremiales debieran ser obligatorias, hace que el
puñado de dirigentes de un sindicato de miles de trabajadores sientan cotidianas
presiones para recorrer escuelas, sin descanso, actualizando ese vínculo del que
dependen y que no deja de desvanecerse.
Notas
1 Intentamos atender a la dimensión individual de la participación sin por ello dar preeminencia
a la racionalidad como motivación, al menos en el sentido en que la entienden los teóricos de la
acción racional (Elster; 1992).
Democracia y control sindical
Tanto que peleamos, el poder, que el poder. Ahí también hay poder [en el
sindicato], ahí también hay poder, y ese poder es el que nos sacó plata del
Incentivo.
Luciano Carenzo, Delegado Gremial.
Las agrupaciones gremiales
En la segunda mitad de la década del ‘80 había en Rosario dos grupos de militantes
gremiales que integraban el espacio provincial y nacional de la lista Celeste, la que gana
la conducción de la CTERA en 1987/8. Uno con mejores vínculos con el justicialismo que
durante los ‘90 prácticamente desaparece de la vida gremial (la lista Azul y Blanca) y otro
que contaba a Carlos de la Torre y José María Tessa entre sus principales referentes.
Este espacio constituía la principal oposición a la conducción de la lista Blanca y luego
Verde: Educación Popular.
Apenas terminado el conflicto nacional de 1988, que culmina en la «Marcha Blanca»,
se realizan elecciones en la AMSAFE y la lista Celeste gana a la Verde la conducción
provincial. Giovanovich es electo Secretario General de la AMSAFE. Tessa encabeza la
lista rosarina que, a pesar de hacer una buena elección, no tiene éxito. Ediberto Sánchez,
de Educación Popular (EP), gana en Rosario.
A comienzos de la década del ‘90 la realidad de los espacios político-gremiales que
actúan en la AMSAFE cambia sustancialmente.
Giovanovich lleva adelante una gestión provincial (1988-1990) muy cuestionada en
Rosario, situación que es capitalizada por Sánchez. Y aunque renuncian dos miembros de
la gestión Giovanovich vinculados a la Celeste rosarina, de cualquier manera ésta sufre
su participación en el mismo espacio político y queda relegada1.
Tessa era entonces supervisor en la zona oeste y realiza durante estos años algunas
actividades con alumnos, docentes y padres. Sobre esas experiencias y acompañado por
algunos militantes históricos de la Celeste, encabeza la lista que gana la delegación
Rosario en 19922.
De alguna manera puede decirse que Tessa hace con Sánchez lo que éste había
hecho con Giovanovich: confronta a la conducción provincial desde la delegación más
fuerte y combativa3.
Educación Popular pierde en 1992 la delegación Rosarina y la provincial en 1995 a
manos de Trabajadores de la Educación. Desde entonces, en Rosario EP interviene poco
en la vida gremial, asistiendo a las asambleas sólo en ocasiones puntuales y aunque
invariablemente conserva un caudal electoral importante no logró recomponer su nivel de
militancia. Es por la poca presencia de EP que, cuando se refiere a la oposición, se
piensa en otra serie de agrupaciones y militantes gremiales que participan activamente de
la vida política de la AMSAFE. Es el espacio a la izquierda de la conducción de TE. Este
sector había quedado minimizado luego de la crisis del Movimiento al Socialismo (MAS) a
comienzos de los ‘90, que se llevó consigo a la que era entonces la principal agrupación
de izquierda: Alternativa Docente. Un poco antes, la agrupación docente del Partido
Comunista había visto enflaquecer mucho sus fuerzas. Para las elecciones de 1992
Tribuna Docente, la agrupación en el gremio del Partido Obrero, fue en alianza con
Alternativa Docente integrando el Frente de Lucha Docente; todavía Alternativa Docente
era algo más importante que Tribuna, pero desde entonces esta última es la agrupación
trotskista opositora a TE por excelencia.
Complejo es el caso de la agrupación Mariano Moreno, vinculada al Partido Comunista
Revolucionario. Aunque nacionalmente han participado en frentes electorales de izquierda
para disputar con la Celeste, sería difícil ubicarlos con claridad a la izquierda de
Trabajadores de la Educación. Tanto en 1995 como en 1998 hubo negociaciones entre
Trabajadores de la Educación y la Mariano Moreno para presentar lista juntos.
Estas dos agrupaciones (Mariano Moreno y Tribuna Docente) fueron separadas a las
elecciones de la AMSAFE de 1992, 1995, 1998, 2001 y 2004 mientras que con ellas, o
por fuera, algunos militantes individuales o en pequeños grupos intervinieron
gremialmente como parte de agrupaciones docentes (los restos de Alternativa Docente,
Resistencia Docente, los docentes de Patria Libre, Docentes en Marcha, etc.).
Alrededor de Tessa y Panozzo se nuclean militantes gremiales con diferentes
tradiciones que forman grupos de trabajo dentro de la Comisión Directiva. Trabajadores
de la Educación invita a integrar la CD a ex militantes de la agrupación «Aníbal Ponce»
(vinculada al Partido Comunista en los ‘80) y a uno de los referentes de lo que era la
agrupación «9 de Julio» (otro sector de izquierda de los ‘80). Sólo los primeros aceptan la
propuesta.
Luego de las elecciones de 1998 comienza un proceso que termina con la renuncia de
un sector de la CD, fundamentalmente alrededor de dos ex militantes de la «Aníbal
Ponce». De hecho, a partir del año 1999 el espacio opositor a la izquierda de
Trabajadores de la Educación se recompone. Ex miembros de agrupaciones de izquierda
forman «Fuera del renglón», una agrupación que pronto crece incorporando nuevos
militantes. Poco después se constituye SUR (Solidaridad- Unidad- Resistencia), por el
sector que renuncia a sus cargos en la Comisión Directiva. El Frente Gremial lista Violeta,
formado para las elecciones del 2001 e integrado en Rosario por Tribuna Docente, Fuera
del renglón y SUR constituye un cambio en varios sentidos. A diferencia de los otros
frentes electorales, es el comienzo de un trabajo en común, con plenarios de la Violeta y
volantes y afiches conjuntos. (SUR y Fuera del Renglón constituyen el equipo más fuerte
de trabajo). En segundo lugar, ha vehiculizado la organización de lo que hasta entonces
eran militantes independientes con posiciones políticas afines. Es éste el sector que gana
las elecciones en la delegación en el 2004.
Desempeño electoral de las listas provinciales (1992-2001)
Elecciones 1992
EP
FLD
Blancos
Rosario
1.171
1.342
917
Provincial
7.932
3.437
2..780
Elecciones 1995
EPA
NEP
TE
FRA
UD
Blancos
Rosario (*)
577
468
1.539
510
283
482
Provincial
4.492
4.826
5.488
974
809
1.818
Elecciones 1998
EP
TE
FUL
FUD
Blancos
Rosario
831
2.075
780
454
659
8.473
8.475
1.299
1.190
2.197
EP
TE
Violeta
FUD
Blancos
819
8.209
1.909
9.028
1.477
2.562
401
848
744
2.598
Provincial
Elecciones 2001
Rosario
Provincial
EP: Educación Popular
EPA: Educación Popular Auténtica
NEP: Nueva Educación Popular
TE: Trabajadores de la Educación
FUD: Frente Unidad Docente
UD: Unidad Docente
FLD: Frente de Lucha Docente
FRA: Frente para Recuperar AMSAFE y Tribuna Docente
FUL: Frente de Unidad para la Lucha
Violeta: Frente Gremial lista Violeta
* No contamos con los datos definitivos del departamento Rosario. Se trata del
resultado en Rosario sobre 14.970 votos provinciales (finalmente se escrutaron 18.451)
Nota: Luego de Solidaridad Docente en 1992 –que ganó la delegación-, otras listas
exclusivamente locales fueron la Corriente Antiburocrática de Lucha en 1995
(Alternativa Docente, Docentes en Marcha, Compañeros de Base, Docentes de Patria
Libre); y Resistencia Docente en el 2001.
A diferencia de lo que pueden ser otras divisiones en organizaciones sindicales, donde
la pelea entre distintas agrupaciones puede ser tan sólo cuestión de alineaciones
personales o diputas por el poder y la gestión de fondos, en la AMSAFE está claro que lo
que divide aguas son diferencias políticas, y como tales se discuten. Mientras Educación
Popular está más próxima a negociar con el gobierno y critica la relación próxima de la
AMSAFE con la CTERA, lo que unifica al otro arco opositor es la crítica, tanto a los
dirigentes de la AMSAFE como a los de la CTERA, acusándolos de no luchar
consecuentemente. Más o menos virulentamente la oposición de izquierda declara que
las conducciones negocian con el gobierno a espaldas de los docentes, traicionan las
luchas y participan de salidas políticas que perjudican a los trabajadores.
El mecanismo de toma de decisiones de la AMSAFE permite a cualquier grupo, por
más pequeño que sea, llegar con sus posiciones a casi todas las escuelas.
Independientemente de lograr o no ganar determinada votación, esto incide en la
percepción del sindicato por parte de los trabajadores: la presencia de una oposición
visible e institucionalizada ayuda a distinguir entre la estructura sindical y la agrupación
que la conduce.
Para quienes trabajan en el Estado, y mientras no medien políticas de privatización
directa, la estabilidad laboral está relativamente garantizada y esto es una importante
ventaja para los militantes gremiales en general y para la oposición de izquierda en
particular. La presencia de estas agrupaciones, y el tipo de diferencias, imprime también
una particularidad en la formación de los militantes (oficialistas e independientes): la
militancia gremial pivotea alrededor de la discusión de la política sindical. Por esto, no
todo se resuelve en la adhesión personal –aunque es un nivel importante. La politización
de la actividad gremial fuerza a la alineación política.
La proyección política de las agrupaciones docentes
Algunos dirigentes de la primer gestión de Trabajadores de la Educación (1992-1995)
participaron desde el comienzo del Frente Grande, experiencia política de centroizquierda
creada en 1993 de la que también fueron parte otros docentes que se integran en la
siguiente conducción (1995-1998).
Durante la primera gestión de Trabajadores de la Educación Leonardo Panozzo era el
principal referente, junto a Tessa, de la conducción local. Panozzo es militante del Partido
Socialista Popular (PSP) y fue electo Delegado Departamental de la AMSAFE en 1995.
Para las elecciones legislativas de 1997 Panozzo es electo concejal, sin embargo se trata
de una decisión que no está vinculada a la política nacional ni provincial de la Lista
Celeste.
Mediante una corriente política originalmente vinculada al Frente Grande importantes
dirigentes de la CTERA, particularmente de la provincia de Buenos Aires, fueron electos
legisladores nacionales. La Alianza, constituida por la Unión Cívica Radical y el Frente
País Solidario (a su vez formado por el PSP, el Frente Grande, etc.) ganó las elecciones
presidenciales en 1999 y los problemas en el gobierno forzaron una crisis dentro de la
Alianza de la que surgió Alternativa por una República de Iguales (ARI), formado
alrededor de la diputada radical disidente Elisa Carrió. Desarticulado el Frente Grande, allí
se acercaron los militantes de la corriente docente ligada a la conducción de la CTERA.
En las elecciones del 2003 Verónica Benas, dirigente de Trabajadores de la Educación
en Rosario, es electa diputada provincial por el ARI.
Respecto de la oposición, muchas de las agrupaciones tiene vínculos o directamente
son parte de partidos políticos. Hacia la izquierda, Tribuna Docente es la agrupación del
Partido Obrero. Los vínculos de Educación Popular, conducción local y provincial anterior
a Trabajadores de la Educación, son con la Unión Cívica Radical (UCR). Al terminar su
gestión en la conducción de la AMSAFE, Ediberto Sánchez es electo en 1995 diputado
provincial por la UCR.
La «burocracia» sindical
La Comisión Directiva de la delegación Rosario de la AMSAFE está integrada por
quince miembros titulares y seis suplentes, a los que se sumó en el 2001 otro miembro
titular. Entre estos se distribuye un número de relevos gremiales que depende de la
cantidad de afiliados. Estos docentes se encuentra relevados de las funciones docentes,
para abocarse a las gremiales4.
La mayoría de los miembros de la Directiva trabaja en las escuelas y a esa mayoría se
suma una minoría relevada. En los relevos se hace palpable que la posibilidad del
magisterio de que algunos de sus mejores militantes gremiales se aboquen con todas sus
fuerzas a la construcción sindical significa también que quienes lo hacen dejan de trabajar
como docentes. Para analizar todo lo concerniente al gobierno burocrático de la AMSAFE
es fundamental considerar el relevo gremial ya que éste es indicador, en términos
generales, del peso específico del docente dentro de la Comisión Directiva5.
A partir de la segunda conducción de TE la militancia gremial de los miembros de la
CD se canaliza mediante la atención sindical de una serie de escuelas, generalmente las
mismas de las zonas y/o nivel de donde proviene dicho miembro, que visita y conoce.
Inclusive quienes integran la CD y no lo hacen como titulares de Secretaría de
determinado nivel tienen, en tanto militantes gremiales, este circuito de escuelas a las que
visitan. También se ocupan de garantizar el funcionamiento de las asambleas zonales.
Esta militancia de los miembros de la Comisión Directiva, de la mano con el frenético
ritmo y otras características ya descriptas, tiene una expresión en las negociaciones
internas de la misma conducción: la importante capacidad de presión de los niveles
inferiores a los superiores de la élite.
Como vemos el problema, esta expresión lo es también de la relativa democracia de la
AMSAFE y de su escaso desarrollo en términos de estructura sindical jerárquica y
verticalista. La CD local debe militar gremialmente en forma constante y es poca la
capacidad de encolumnar claramente a los niveles inferiores en manos de quienes
ocupan cargos de mayor jerarquía –el secretario general local, el adjunto, los dirigentes
provinciales. Más aún, los dirigentes dependen de todo aquél que milita6. Por ello la
Comisión Directiva local parece más una federación de los mejores militantes gremiales
de TE –con fuertes capacidades de presión uno sobre el otro e inclusive a niveles
superiores– que una correa de transmisión por medio de la que la CD provincial tuviera
control sobre la delegación.
En los últimos años también en el magisterio rosarino la posición del dirigente es muy
controvertida. El siguiente extracto de una entrevista realizada a un delegado no muy
involucrado en la vida sindical refleja una posición común no sólo entre la docencia sino
en el conjunto de la sociedad: la desconfianza.
... ¿por qué la gente no va?, podés sacar como conclusión que la gente es
cómplice: es mentira. ¿La gente cree en la Comisión esa que está?, ¿Cree en el
gremio?, porque por ahí la gente se confunde gremio, Comisión Directiva, es decir: la
Comisión Directiva es una cosa, el gremio docente somos todos. Entonces yo como
gremio quiero estar ahí, quiero ver qué pasa y si tengo que decir algo se lo quiero
decir. Pero a veces el hecho de no creer es superior al hecho de querer ir y decir,
porque vos sabés que vos le decís y no pasa nada, porque ellos siguen con la de
ellos, entonces es como que nos abrimos: por un lado están todos los delegados, por
otro lado está la Comisión Directiva y por otro lado está la gente que no interviene
para nada y que sigue agachando la cabeza (...)
Cuando nosotros cobramos el Incentivo el gremio nos descontó plata de nuestro
Incentivo, ¿por qué?; nadie me explicó todavía. Porque yo le pregunté ¿por qué nos
descuentan de nuestro Incentivo?: a mí nadie me respondió nada (...)
Yo voy al gremio y ahora me dicen: «¿viste el edificio?»; y querés que te diga una
cosa: a mí me importa un carajo el edificio, porque la plata que está ahí es plata mía.
Ahí está parte de lo que me sacaron del Incentivo, y cada vez que voy quiero
romperles la pared o el vidrio por lo menos, para decirles: «este vidrio no te lo voy a
pagar porque es lo que vos me afanaste del Incentivo». Y yo me pregunto, tanto que
peleamos, el poder, que el poder. Ahí también hay poder, ahí también hay poder, y
ese poder es el que nos sacó plata del Incentivo, eso es lo que yo me pregunto y
nadie me responde. Por eso: si vos sos un poco pensante no podés estar en un
gremio de ese tipo, no, si sos honesto menos que menos.
La Comisión Directiva percibe esta desconfianza. Aquí lo ilustramos con una anécdota,
contada por un miembro de la CD que no está relevado, a propósito del uso de boletas
para tomar taxis de las que dispone la Comisión Directiva. La entrevista se realizó a poco
de asumir la conducción del 2001.
... ayer teníamos que ir a la movilización. Día del paro de la CTERA, que no sale,
tenía que llevar por lo menos a cinco, seis... siete compañeros de mi escuela. Nos
retirábamos de la escuela, que ya era todo un avance, para poder participar. Y yo
tenía unas boletitas de taxis que a nosotros nos dieron este mes, cinco boletitas para
que los usáramos en casos de emergencia (...) Estuve quince minutos explicándole a
mis compañeros por qué razón Comisión Directiva me había dado cinco boletas de
taxis para que no sospecharan que era un privilegio o estábamos malversando
fondos. O sea, primero estuve diez minutos «vamos a usar estas boletas porque
Comisión Directiva nos da a los compañeros...»... todo un desarrollo, yo después
decía «¿por qué tengo que hacer estas cosas?», no: las hago. Si las hice es porque
estaba segura que compañeros con los cuales ya tengo siete, ocho años en la
escuela, aún así no los convenzo de que no voy a afanar. A ese nivel, a ese nivel. Te
sentís sospechado. Yo nunca lo había sentido a eso.
Lo llamativo no son los pequeños fondos para viáticos, ni el uso eventualmente
discriminatorio de las licencias gremiales, ni que una parte del Incentivo Docente sea
descontado por la organización sindical. Llamativo es que para sostener su proyecto
político gremial la conducción sindical debe responder a esto cotidianamente, en cada
escuela y a cada docente. Porque precisa de su adhesión. Expresaba en una entrevista
un dirigente local de la AMSAFE:
... lejos de ser una cosa de avanzada el cuestionar el uso del dinero me parece
que a veces es al revés, es como una falta de conciencia colectiva. Decir «a mí el
edificio no me importa y si me saca el gremio es lo mismo que si me lo saca el
gobierno» –como a mí me dijeron en una escuela– en realidad me parece que es una
mirada absolutamente liberal. Es no entender nada de lo que significa una
organización.
Ahora bien, ¿puede este informante desentenderse de esa crítica?. En términos
generales no, porque no puede prescindir de la adhesión de ningún docente. En la misma
entrevista, conversábamos acerca de los activistas más críticos y decía:
... aunque vos a veces vas en contra y los querés matar, en realidad eso es lo que
te permite equilibrar a toda esa otra gente que piensa que se va a quedar en su casa
y te va putear al sindicato; y te va a putear desde afuera de todo.
El proyecto de TE hace presionable a la élite de la AMSAFE. En las citas transcriptas
de los miembros de la CD se percibe cuán expuestos se encuentran respecto del conjunto
de la docencia, y especialmente de quienes están dispuestos a involucrarse en la
actividad gremial.
Actividad gremial y conducción sindical
La gran cantidad de lugares de trabajo y la vida política activa contribuyen a que los
militantes y activistas, generalmente delegados, sean cotidianamente los únicos
responsables de una parte considerable de las actividades gremiales. Ni quienes están
relevados, ni la Comisión Directiva en pleno, ni siquiera la agrupación que dirige el
sindicato de conjunto alcanza a tener un papel definitivo en ese sostenimiento cotidiano
de la actividad gremial. Dos delegadas de nivel primario, opositoras políticamente a la
conducción de la AMSAFE, expresaban:
[la hora de integración] muchas veces lo aprovechamos para discutir. Hay
semanas que vos decís: «chicas ¿por qué no discutimos?» y no quieren saber nada.
Pero en general hay cierto nivel de estar al tanto. Creo que eso también es un trabajo
conciente que hacemos dos, tres delegados, dos, tres personas de ahí que
concientemente tratamos de alimentar siempre por lo menos la información.
... antes estaba más en la escuela –porque yo ahora vengo tres veces por semana
nada más. Claro, lógicamente, estando todo el día y todos los días, nos reuníamos
con las chicas acá, leíamos algo del gremio, pero no sé si actualmente se está
haciendo algo de eso (...) Mucho no llega, la que lo lee lo lee... una cuestión de
voluntad propia (...) cuando no hay alguien que tire las cosas, lógicamente si aparece
un papel de la AMSAFE dicen «Bueno a la carpeta, a la carpeta», en cambio si estás
vos para agarrarlo ya es distinto.
La oposición es, de hecho, parte del sostenimiento de la actividad sindical. Una de las
delegadas recién citadas lo decía hermosamente:
... el rol del delegado, incluso el del opositor siempre está muy ligado a «vos sos
del gremio»; el gremio se equipara mucho a «dirigentes». Entender que el gremio es
la organización de los trabajadores y los dirigentes es otra cosa, cuesta mucho.
Ninguna conducción sindical habilita adrede la actividad gremial de los militantes
opositores porque quiera fortalecer a quienes, justamente, se le oponen. Pero difícilmente
la política de Trabajadores de la Educación no puede dejar de tener como efecto no
deseado el apuntalar la militancia opositora. Algo llamativo es que el vínculo mediante la
información y el asesoramiento no es exclusivo de la conducción sindical sino que
también es empleado por quienes se le oponen. A una delegada vinculada a una
agrupación opositora le preguntamos en el 2002 si había habido interés en su escuela en
las elecciones sindicales del 2001. Respondió:
Sí, acá siempre ha habido interés, sobre todo por esa lista que las chicas vienen
bastante a vernos, son las que más nos informan, es como la sucursal un poco de la
AMSAFE en cuanto a las cosas que uno quiere preguntar... en ese sentido te brindan
todo lo que saben o preguntan.
JG: Claro, vos ante una duda lo charlás...
Entrevistada: Muchas veces... yo generalmente cuando tengo alguna duda primero lo
charlo con mi amiga que está dentro de la lista.
El protagonismo inclusive de los opositores es notable, pero no es sino una parte de
una situación más de conjunto. En una muestra preciosa del poco control, y como
consecuencia de la dependencia que tiene la conducción respecto de docentes que no
son disciplinados, expresaba un dirigente rosarino:
... a veces se vota algo, esa votación va a Santa Fe y cambia, porque a nivel
provincial es otra cosa, y esa votación a nivel nacional cambia porque el resultado es
otra cosa. Y la escuela después vuelve a hacer una especie de plebiscito interno a
ver si acata o no lo que salió. Lo cual es una falta de conciencia acerca de lo que es
la organización gremial, porque vos votás, pero después los ámbitos siguen, no
podés parar en lo que vos votaste.
Es una situación de conjunto en la que la conducción necesita de docentes que no le
responden disciplinadamente. Resulta especialmente significativo cuando se trata de
opositores políticos, pero en realidad constituyen una parte –la más gráfica– de una
situación respecto al activismo. Conversábamos esta idea con un dirigente local:
JG: Si ustedes pudieran sostener, desde la agrupación, todo lo que es actividad gremial,
no tendrían ese problema [del poco control].
Entrevistado: No, no. Bah, más o menos. La agrupación también cuestiona todo (...) Pero
bueno, suponete que sí. Vos lo que me querés decir es que si tuviéramos una
agrupación que garantizara todo se terminó la democracia.
JG: Sería más lógico, ¿no?. No sé si se terminó, pero ustedes no dependerían de abrir
constantemente el juego, eso independientemente...
Entrevistado: Bueno, eso tenés razón. Está bien lo que vos decís.(...) La falta de control
no es porque no lo podés controlar a Pablo di Puglia [un referente opositor], la falta de
control es porque no llegás a mucha gente. Digamos, que vos no puedas controlar a la
oposición está bien, e incluso de que necesités el nivel de militancia de la oposición
para poder cerrar algunas cuestiones también está bien, el problema es que si vos no
tenés un alto nivel de participación de la gente no tenés con qué negociar, no tenés
con qué presionar para después poder negociar.
Veamos dos ejemplos en que se cuestiona la conducción sindical, el de la Toma del
Complejo Pedro de Vega en el 2000 y el de la ¿auto? convocatoria en febrero del 2002.

La toma del Complejo Pedro de Vega (2000)
El 30 y 31 de marzo del 2000 se realizan asambleas zonales. Allí hay tres temas en
discusión:
1) la evaluación docente (en mayo habría un muestreo Ministerial en el que evaluarían a
sesenta escuelas).
2) la cobertura para emergencias de salud en los colegios. ECCO (empresa médica) tenía
un convenio de buena voluntad por el que cubría las emergencias en los colegios de
Rosario, sin contraprestación económica. Ahora, ECCO restringiría su atención por
accidente a treinta casos mensuales.
3) el régimen de licencias. El decreto 1172 fue firmado por el gobernador Reviglio en
1990. Se trata de un decreto que, en función de los reclamos de la AMSAFE, era
suspendido anualmente. Ocurre que esta vez se puso en vigencia y afectó a siete
docentes no titulares que, de hecho, quedaron sin trabajo por haber tenido familia: si
piden licencias por maternidad pierden el trabajo, al no haberlas pedido, el Ministerio
las conmina a pedir dichas licencias.
Luego de estas zonales se impulsan jornadas gremiales en los colegios alrededor de
los mismos temas y luego de ellas se llama a una reunión del cuerpo de delegados el 13
de abril. En esta reunión desde una escuela se propone la toma del Complejo Pedro de
Vega (donde funciona la sede en Rosario del Ministerio de Educación) y una marcha con
desobligación de los docentes para el 18 de abril. La toma del Complejo es impulsada por
la oposición y un sector minoritario de la CD (el que luego renunció), y es votada por muy
escaso margen.
Ante la movilización docente del 18 de abril el Ministro de Educación afirma que la
normativa (1172) no se aplica. Fuentes gremiales declararon que la movilización también
presionó respecto del pago del incentivo: «podemos pensar que también actuó como
disparador para este pago, ya que se empezó a hacer efectivo en Rosario y Santa Fe, a la
que no sería político dejar de pagarles, pero el resto de la provincia no cobró» (Diario
Rosario/12, 19 de abril, 2000).
El 5 de mayo la CGT rebelde llama a un paro general y la AMSAFE convoca a
Asamblea Provincial para tomar posición al respecto. El 27 de abril se realiza la Asamblea
Departamental correspondiente, y con las mociones respecto del paro llega a las escuelas
la resolución del cuerpo de delegados de tomar el Complejo Pedro de Vega el 4 de mayo.
La idea era que los delegados aseguren la toma y con la desobligación del dictado de
clases se incorporen más docentes antes del mediodía y a la tarde.
El 4 de mayo al mediodía había unas trescientas personas concentradas frente al
Complejo Pedro de Vega. La policía dispuso un cordón con el que niega la entrada y ante
ese hecho imprevisto se decide ir a una escuela cercana a discutir qué hacer. La medida
fue votada en contra de la mayoría de la CD, la asistencia no fue contundente y la policía
niega el ingreso. Finalmente la toma se realiza con pocos docentes. Para la mayoría de la
CD la medida fue un fracaso, irrepresentativa y marca la peligrosa autonomización del
cuerpo de delegados. Para quienes la impulsaron fue debidamente consultada y contó
con una importante asistencia al acto (sobre todo en sectores que se movilizan menos).
Convencida de su posición, pocos días después la CD llamó a otro plenario de delegados
para realizar el balance de la actividad.
·
* La ¿auto? convocatoria de febrero del 2002
En diciembre del año 2001 y los primeros meses del 2002 abundaron las
«autoconvocatorias» y la fuerte movilización política se canalizó por fuera de las
organizaciones gremiales y políticas tradicionales. El magisterio santafesino sufrió una
fuerte embestida ministerial sobre los Institutos de nivel terciario junto a la observación de
cientos de cargos en colegios de otros niveles7. Desde el comienzo la AMSAFE se pone
a disposición del conflicto en el nivel terciario, donde la sindicalización es menor y se
motoriza inicialmente mediante asambleas de «autoconvocados». La AMSAFE realiza a
principios de febrero una Asamblea Provincial que decide una movilización en la capital
provincial a fin de mes. Junto a ello se impulsan jornadas gremiales en Rosario y
actividades zonales.
A principios de la semana que comienza el 11 de febrero, en el marco de las jornadas
gremiales, se convoca desde una Escuela Primaria de zona sur (la Nº 10), a los docentes
de otros establecimientos con cargos observados, y luego a un acto con cacerolazo en el
Complejo Pedro de Vega el viernes 15. Hay algo más de doscientas personas y junto a
los dos grandes carteles de la AMSAFE («AMSAFE Rosario» y «La escuela pública
también es patrimonio nacional»), otros más pequeños confeccionados para el acto por
docentes de diferentes escuelas: «¿es lo mismo un burro que un gran profesor?»; «Sin
educación no hay futuro»; «Escuela 10: un cargo en disponibilidad, 4 cargos observados»;
«Escuela Nº 13: presente»; «+ educación, - corrupción»; «Maestros autoconvocados»;
«Pena de muerte a la educación»; «+ presupuesto para educación, - gastos políticos y
viáticos»; «Escuela 12 en contra del cierre de cargos», etc.
Diferentes docentes hablan y se pasan el megáfono: el primero invita a cualquier
afectado, el segundo critica al sindicato porque realiza «marchas, escraches, pero nada
contundente» y es aplaudido. Otro explica que al no ser escuchados decidieron formar un
grupo que se llama «Maestros en acción». Y las intervenciones se suceden. Los
miembros de la Comisión Directiva están molestos no sólo porque no hegemonizan el
acto sino porque significa una clara desautorización en la misma sede ministerial. Los
militantes opositores están exultantes. El delegado de la escuela 10 invita a una asamblea
el lunes próximo en su escuela para decidir los pasos a seguir. Recién la novena
intervención es hecha por un miembro de la CD, y el décimo sexto orador es la Delegada
Departamental de Rosario. El ambiente es tenso. Informa que el poder judicial ha dictado
una medida cautelar, pero ni los jueces son escuchados por el Ministerio y, para aclarar
dudas, culmina «Y a los que tenemos que torcer el brazo es a Rébola y a Reutemann, no
hay otro culpable». Invita a un docente por escuela afectada por la observación de cargos
para dirigirse a una reunión junto al responsable Ministerial.
Cinco días después se realizan asambleas zonales y tomamos registro en la de la zona
sur. La dirige Estela Michaleck, Delegada Departamental que es oriunda de la zona, y
asisten algo más de cuarenta docentes. Luego del informe de rigor comienzan a intervenir
alrededor de los cargos observados y la actitud de los directivos, pero claramente todos
pensaban en el balance del acto del 15. Algunos delegados estaban molestos por la
imagen que, debido a las evidentes diferencias, se dio en la sede ministerial. La Delegada
Departamental recorre las acciones que viene llevando adelante la AMSAFE contra el
ajuste y es tajante al destacar que no se trató de una autoconvocatoria porque la
realización de actividades zonales había sido resuelta en una asamblea en el mismo local
sindical. Expresa «Tiene que haber un espíritu de unidad más que nunca (...) más allá de
las diferencias que se puedan tener con la conducción hay ámbitos orgánicos».
Se sucede una discusión entre los que adhirieron a la medida (el argumento es “abrir”,
que “todo aporta”) y los que no (porque es “bochornoso” pelearse en “territorio enemigo”).
Interviene el delegado de la escuela Nº 10. Dice que no se identifica políticamente con
nadie, que puede haberse ido de las manos y que fue una actividad dentro de la
convocatoria general. Se sucede luego un entredicho que reconstruimos
aproximadamente entre la Delegada Departamental y Rogério, un referente de la lista
Violeta.
Rogério: Sobre el cacerolazo. Reducimos el análisis y no vemos que desde el 20 de
diciembre está cambiando el país: si estamos viendo cosas espurias, nos confundimos.
Toda la organización gremial está cuestionada. En la Asamblea Departamental se dijo
de la convocatoria, la Comisión Directiva sabía, y hay mucha bronca por abajo.
Tuvimos que parar a una compañera que quería ir a hacer un cacerolazo al gremio.
Los compañeros estaban contentos: se resolvió rápido, se fue operativo. Debemos
reivindicar algunas cosas: cuestiones concretas de acción en la zona y convocatorias
sabiendo cuándo es la próxima vez que nos juntamos. Pongamos fecha para saber
cuándo es la próxima reunión, ya sabemos qué hay en el medio. Es bueno que hablen
todos [a propósito del acto].
Estela [interrumpiendo]: Todos.
Rogério: Sí, porque antes hablaba siempre uno. La última reunión habíamos dicho que
hable uno por escuela.
Estela: Te tomo la palabra. Al tiempo que se hacía la reunión en la 10, la Comisión
Directiva recorría escuelas con las gremiales. Y lo que te dijo Malena [miembro de la
CD] ayer: que hablen todos si es contra el gobierno [para no mostrar al gremio
dividido].
La toma del Complejo Pedro de Vega constituye una situación atípica respecto del
conjunto del período estudiado (las diferencias dentro de la CD, que posibilitan la mayoría
en el plenario de delegados) pero muestra cómo una actividad puede escaparse del
control de la CD. Evidencia también los severos límites para realizar maniobras
burocráticas y cómo entonces se apuesta a ganar el balance político. Es destacable que
ni en el caso de la toma del Complejo, ni en la ¿auto? convocatoria se trata de
movilizaciones masivas incontenibles.
También la «¿auto?convocatoria» se produce en un contexto inédito a escala nacional,
y en una nueva situación en la AMSAFE local, debido al peso de la oposición. Sin
embargo es revelador de un aspecto que entendemos reviste valor explicativo para el
conjunto del período: la conducción sindical no puede controlar toda la actividad sindical.
Es gráfico lo que dice la Delegada Departamental: la CD estaba recorriendo escuelas.
Pero no puede recorrerlas todas. Si pudiera hacerlo, o si tuviera militantes de la
agrupación en todas los lugares de trabajo, poco esfuerzo le cuesta ir a la reunión previa
al acto con alguna propuesta que contenga de un modo menos díscolo la convocatoria.
No pudo hacerlo. Una vez lanzada la actividad, es muy grande el costo político de no
asistir, entonces la Comisión Directiva inclusive garantiza que haya colectivos para asistir
al cacerolazo y apuesta a ganar el balance político de la actividad –ese fue el sentido de
la zonal.
Notas
1 En 1990 Tessa no integra ninguna lista en Rosario y ese mismo año, para el Congreso de la
CTERA al que se presentan en la AMSAFE tres listas, la de Giovanovich queda tercera en Rosario
siendo segunda fuerza provincial.
2 Los resultados locales fueron Solidaridad Docente: 1339; Frente de Lucha Docente: 529;
Participación (lista local de EP): 816; Recuperación: 238; Clasista para el triunfo de los
Trabajadores: 151; 352 en Blanco, 6 anulados y 3 impugnados.
3 Ya en el verano de 1992, Rosario fue la única delegación que votó contra la reforma estatutaria
impulsada por Educación Popular a escala provincial. En las elecciones Trabajadores de la
Educación no presenta lista provincial, la competencia a este nivel se dio entre Educación Popular
y el Frente de Lucha Docente. La elección fue tan desfavorable a Sánchez en Rosario que, a nivel
provincial, ganó el Frente de Lucha Docente con alrededor de ochocientos votos más de los que
obtuvo a nivel departamental (esto es, alrededor de ochocientos personas que votaron a
Trabajadores de la Educación contra Educación Popular a nivel local votaron al Frente de Lucha
Docente contra Educación Popular a nivel provincial).
4 Inicialmente estas licencias se daban pero el sueldo tenía que aportarlo el sindicato, la gestión
provincial de 1986-1988 consigue que el gobierno sostenga dos relevos gremiales cada mil
afiliados, situación que se mantiene hasta la actualidad.
5 De los diecisiete docentes de la Delegación Rosario relevados entre 1992 y 2002 uno se jubiló,
dos renunciaron para participar en cargos legislativos de gobierno (en 1997 y en 2003), cinco
dejaron la Comisión Directiva de la delegación para integrarse a la provincial y ocho renunciaron
por diferencias políticas (entre el 2000 y el 2003).
6 Esto es análogo a la relación entre los delegados y la Comisión Directiva.
7 Observados porque no están frente a la cantidad de alumnos que justifica el cargo docente. La
observación es el paso previo a la disponibilidad.
Consideraciones finales
La movilización docente en Rosario en la década del ‘80, junto a la experiencia de los
docentes con una organización gremial joven y poco institucionalizada, promovía una
situación de excepcional democracia sindical en el escenario del sindicalismo de masas.
A poco de comenzada la década del ‘90 el proyecto de los sectores dominantes para la
educación logra la sanción de la ley que enmarca la «transformación educativa», en una
situación social y política general en la que la hegemonía menemista dificulta la oposición
de las organizaciones sindicales. Al tiempo que esto ocurre, se produce un recambio en la
conducción de la AMSAFE-Rosario. El impulso de la organización gremial promovido por
los nuevos dirigentes tiene por objeto reconstruir –no desde una movilización que ya no
existe sino desde una iniciativa de la conducción sindical– el vínculo de los trabajadores
con el sindicato. En el mismo sentido opera, en un contexto de fuerte interpelación
profesional a la docencia, la realización de cursos y actividades formativas.
De la primera gestión en el departamento Rosario y convocando a docentes de
distintas experiencias políticas para organizar un gremio desmovilizado, enfrentada con la
gestión provincial, la agrupación Trabajadores de la Educación pasa a dirigir la AMSAFE
en 1995. Una gestión ministerial abierta al diálogo, junto al hecho de que la
implementación de la reforma haya significado reconversión sin pérdida de fuentes
laborales, permitió una gestión sindical relativamente cómoda en un marco de altas tasas
de desocupación. Por ello los esfuerzos se ponen en el crecimiento y la consolidación de
las posiciones en la provincia (en 1995 vence a una oposición dividida). Con la Carpa
Blanca, aparece con protagonismo la CTERA en el escenario nacional y alineada con ella
la conducción de la AMSAFE.
Pero a medida que se agota la década del ‘90, y más claramente con el gobierno de
De la Rua (1999-2001), la conflictividad social crece junto a la miseria y los dirigentes
gremiales y políticos son cada vez más cuestionados. Casi al mismo tiempo que fracasa
la Alianza que llevó a De la Rua al gobierno, y de la que habían participado dirigentes
docentes, se fortalece la izquierda gremial. Es gráfico que actualmente entre los
principales dirigentes opositores a Trabajadores de la Educación se encuentren docentes
que habían sido invitados a integrar lista común en 1995.
Con el desarrollo del área servicios y la organización gremial la AMSAFE Rosario es
hoy una organización sindical más fuerte. Sin embargo, hemos intentado mostrar
diferentes factores que limitan las tendencias burocráticas y promueven la participación de
los docentes: son ellos los que explican la relativa democracia sindical de la AMSAFE.
No hay democracia sindical, en la organización, sin actividad gremial de los
trabajadores. Esa idea norteó nuestra investigación. En el magisterio rosarino activar
significa sentir las presiones constantes por estar informado, ser «la cara del gremio en la
escuela», responder ante los directivos, sostener actividades gremiales, votaciones... y
casi ningún «incentivo selectivo». «El hombre se niega a someterse a esa obligación –
escribió Max Weber en otro contexto– si no le es dado relacionarla de manera directa con
determinados valores del espíritu, por excelencia elevados» (Weber; 1998:114).
Señalamos que el poco peso de los incentivos selectivos hace que el involucramiento se
fundamente casi exclusivamente en términos político-gremiales y, en tal sentido, la ética
de la participación –diríamos parafraseando a Weber– es el espíritu de la democracia.
Insistimos en que, siendo la participación un comportamiento individual, intentaríamos
explicarla en términos de características gremiales y sindicales. Presentamos aquí
nuestros principales argumentos, fundamentados en el cuerpo del trabajo, para explicar la
vida política interna de la AMSAFE Rosario.
Proyecto de confrontación con poco control sobre la base
Como método, la dimensión clave de la confrontación es la posibilidad de presionar
con movilizaciones, actividades públicas y fundamentalmente con la huelga. La Secretaria
gremial local de la AMSAFE lo decía en una intervención pública:
O sea, que realmente el tema de la democracia no es solamente un buen deseo,
una buena idea que tenemos los trabajadores sino una necesidad imperiosa porque
si en cada gremio nosotros no podemos contar con el consenso de nuestros
compañeros (...) yo creo que no tenemos futuro (en Rodríguez et al coord.; 2000:80).
Esto hace que los proyectos confrontadores necesiten de la base gremial
independientemente del buen deseo o la buena idea, de los principios democráticos de
los dirigentes sindicales.
Mientras en algunos gremios la concentración ocupacional, el tipo de trabajo, la
tradición y/o la integración sindical favorecen la presión del sindicato y un sector de
activistas sobre la base, nada de esto ocurre en el magisterio rosarino. El poco control
hace que las Asambleas no sean sólo la instancia que estatutariamente define un paro
sino uno de los momentos –ni siquiera el definitivo– en el que la docencia adhiere o no a
las actividades impulsadas por sus dirigentes. Para llevar adelante su política
Trabajadores de la Educación depende de la adhesión de una parte importante de la
docencia.
Poco le importa la adhesión de la base gremial a una conducción sindical que no
precisa de ella para su proyecto político y puede sostenerse sólo cuidando algunas
formalidades democráticas, por lo demás estatutarias y sin riesgo de cuestionar su
hegemonía. Pero no es eso lo que ocurre en la AMSAFE. Aquí es importante la categoría
de adhesión, ya que permite situar en un lugar activo a las mayorías (porque la adhesión
es un trabajo de éstas) aunque esa actividad no se canalice por las vías formales de
representación y decisión.
Mientras los cambios económicos y la agresividad política tienden a desarticular a los
sindicatos, el neoliberalismo en lo que tiene de programa ideológico ha contribuido a
vaciarlos. Pero por su proyecto y las dificultades de presionar a la base, Trabajadores de
la Educación se ve obligada a contener, atender las inquietudes y tener una relación con
la base que, como describimos oportunamente, no se logra mediante los servicios que
presta el sindicato sino mediante el vínculo gremial. Para lograr la adhesión de la
docencia necesitan contener las tendencias burocráticas, y esto es constante porque
constante es la actividad gremial.
La militancia constante actualiza la tradición
La fuerte proyección social y política, junto a los decretos y resoluciones que afectan
sectorial pero permanentemente a la docencia, permite tonificar la militancia del activismo
y constriñe a la presencia de la conducción sindical en las escuelas. Esto aceita los
vínculos gremiales en un contexto que fomenta justamente lo inverso, y lo hace casi sin
riesgos laborales. Si bien hubo pocos conflictos masivos, sectorialmente hubo procesos
de movilización importantes y un seguimiento de segundo orden de una parte significativa
de la docencia. A eso se añaden las múltiples dimensiones en que actúa el sindicato:
problemas hacia dentro de escuelas específicas, cursos de capacitación, movilizaciones
en solidaridad con otros reclamos sociales o sindicales, actividades promovidas hacia las
escuelas, etc..
La tradición en que se formaron muchos de los activistas y la historia que vivió gran
parte de la docencia los confirma en sus valores, en su autopercepción como sindicato
democrático, los familiariza con los conflictos gremiales, con el sindicato y los
mecanismos democráticos de tomar decisiones. «No hay asambleas como las de antes»
significa que el gremio no se ha movilizado como entonces; pero también que se sabe lo
que son asambleas de cientos e incluso miles de trabajadores. Y que se valoran
positivamente. «Los maestros no participan» refleja una realidad en la que no hay
movilizaciones masivas, pero quien lo dice supone que debería haberlas.
Junto a esta tradición hay una actividad constante con fuertes ribetes democráticos, la
más clara es la votación en las escuelas. En esas actividades casi no hay protagonismos
descollantes sino varias redes de militantes en juego, nuevos docentes que se postulan y
activistas que encuentran la oportunidad de conversar con sus compañeros de trabajo.
Así la tradición –aunque sea por el «dolor de ya no ser»– se mantiene presente, se
actualiza. Esto al tiempo que hace que los militantes gremiales se formen relativamente
rápido, entorpece de hecho las tendencias burocráticas, porque la burocracia no tiene
total control sobre la actividad sindical, y confluye con una situación social en la que todos
los liderazgos están fuertemente cuestionados. No es necesario para un maestro confiar
en ese dirigente que aparece en televisión y quizá no visita su escuela, con quien nunca
habló personalmente, está relevado de las funciones docentes hace años y se dedica a la
tan desacreditada actividad sindical. Alcanza con tener una confianza tibia al menos, en
ese compañero docente que puede inclusive cuestionar fuertemente al dirigente, pero lo
invita incansablemente a las movilizaciones, le evacúa algunas dudas, se desvela por
cómo lograr buenas jornadas gremiales, corre de acá para allá con las mociones y es la
cara del gremio en la escuela.
Los activistas suelen decir que muchos docentes no distinguen Comisión Directiva de
Sindicato, que se enojan con la conducción y «no quieren saber más nada» con la
actividad gremial. Esto, lejos de ser un error, pone al desnudo el que todos los militantes –
inclusive opositores– sostienen las movilizaciones, las votaciones, las asambleas, las
reuniones zonales, las jornadas gremiales, etc., esto es, el grueso de la actividad gremial.
Y lo hacen porque la actividad gremial es constante y la conducción no puede sostenerla
sola ni controlarla totalmente. Ningún dirigente está abocado a la estructura de servicios –
por lo demás, reciente–, ningún referente exclusivamente a la CTERA o a la CTA local.
Todos, todos a la frenética actividad gremial en el magisterio.
La fragmentación ocupacional
En «Union Democracy» Lipset, Trow & Coleman destacaban la importancia de la
existencia de una «comunidad ocupacional» entre los tipógrafos. La manera en que
trabajaban la relación entre la comunidad ocupacional de los tipógrafos y la vida política
interna del sindicato ilumina un fuerte argumento respecto al papel de los planteles
escolares en la democracia sindical de la AMSAFE, aún si no hay en el magisterio
rosarino nada parecido a los clubes de los tipógrafos.
En el magisterio los planteles de las escuelas tienen un lugar fundamental en la raíz
relacional del vínculo gremial. La fuerte interacción de docentes en muchas escuelas hace
que en éstas se formen grupos en los que se mantiene el interés por los problemas
comunes, los militantes tejen lazos personales y desde los que se proyectan nuevos
activistas con base de apoyo en él.
Lipset insistía en que, para la institucionalización de la democracia, es fundamental que
estas comunidades se formen relativamente al margen del poder central. Efectivamente,
eso ocurre en la AMSAFE. El sindicato ocupa un lugar intermedio entre esas
comunidades, de las que necesita sin tener control, y la negociación laboral, que es
provincial. Independientemente del creciente y apuntalado poder de gestión de los
directores, las reglamentaciones, decretos y resoluciones son provinciales. Por ello, estos
grupos, mucho más con la presión y confusión de la reforma, se proyectan o atienden a
un nivel que los trasciende: ese nivel es el que busca ocupar el sindicato. La centralidad
que cobra la información y el asesoramiento es el mejor ejemplo.
Esto promueve la democracia al presionar objetivamente a la participación. De poco le
sirve a un delegado ser parte de una sociedad que lo educó en la división social del
trabajo político, ya que la realidad sindical no puede hacerlo engranaje burocrático de una
estructura de delegación de poder. Deberá aprender a participar en la actividad gremial.
Insistimos en la relación clave entre el proyecto político de la conducción sindical y la
realidad de las escuelas. Refiriéndose a los movimientos sociales en general, Sydney
Tarrow escribe:
La estrategia de sacar partido a las estructuras de solidaridad ya existentes puede
debilitar los lazos entre el centro y la periferia pero, cuando tiene éxito, la
heterogeneidad e interdependencia resultantes producen movimientos más
dinámicos que la homogeneidad y la disciplina (...) Si bien fomentan la autonomía de
la base y dejan a los activistas espacios libres para la democracia y la participación,
permiten –y de hecho favorecen– la falta de coordinación y la discontinuidad (...) Lo
máximo a lo que pueden aspirar a largo plazo los organizadores es a construir o
utilizar vínculos informales entre redes de activistas que comparten lazos de
solidaridad y son interdependientes. Tales redes son especialmente naturales cuando
surgen de vínculos ocupacionales, vecinales o familiares (Tarrow; 1997:252, 258).
De la manera en que venimos trabajando, «homogeneidad y disciplina» es burocracia.
Gran parte de la política de Trabajadores de la Educación de organización gremial puede
ser vista como una manera de morigerar en la medida de lo posible la falta de
coordinación y la discontinuidad en la que se traduce la realidad de tener que sacar
partido de estructuras de solidaridad ya existentes. Y tiene que sacar partido de ellas
porque es la manera de que sea exitosa una política de confrontación y proyección social
con la estructura del gremio.
Este esquema proyecta frecuentemente docentes hacia el sindicato; la política de
formación de un cuerpo de delegados es una manera de fijarlos. La AMSAFE depende
mucho de estos delegados y activistas por escuela, sobre los que tiene poco poder de
presión, y por eso es mejor que sea malo a que no haya ninguno, porque cargan
cotidianamente solos con la responsabilidad de una acción gremial constante. La
contrapartida es que en estructuras poco numerosas y generalmente integradas, estos
delegados son la cara del sindicato y por la fuerte interacción son simplemente docentes
con mayor interés en la vida gremial muy expuestos ante la base.
Recapitulemos. Nos preocupamos por lograr una definición teórica de la democracia
sindical y las reflexiones que continuamos nos llevaron a entender que ésta dependía de
la existencia de un gremio participativo, esto es, donde los trabajadores influenciaran en
las decisiones sindicales. En tal sentido, un sindicato (relativamente) democrático es
aquel en el que la participación de los trabajadores limita la capacidad de la élite de
controlar las decisiones.
El epígrafe con que iniciamos el libro es revelador. Cierta vez, conversando con Estela
Michaleck sobre esta investigación, dijo: «vos después fijate cómo lo pones en tu trabajo...
pero acá te soplan la nuca, y vos tenés que estar sacando [actividades] todo el tiempo».
Hemos intentado «ponerlo» en términos teóricos y, fundamentalmente, contribuir a
explicarlo.
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