Proceso por el secuestro y desaparición de cuatro ciudadanos franceses en Chile:
La justicia francesa hace su trabajo
Casi diez años después que las familias interpusieran las respectivas querellas, la justicia gala
someterá a juicio a quince responsables de la dictadura militar chilena, inculpados del
secuestro y desaparición de cuatro ciudadanos franceses.
El juicio, que tendrá lugar en el Palacio de los Tribunales de París durante la tercera semana
de mayo, juzgará en ausencia a quienes se considera como autores del secuestro de Georges
Klein, Etienne Pesle de Mesnil, Alphonse Chanfreau y Jean Ives Claudet. Con excepción de
este último, quien, por orden del régimen chileno fue detenido y desapareció en Argentina, en
el marco de la Operación Cóndor, todos los demás fueron secuestrados por las fuerzas
represivas chilenas, durante los dos primeros años de la dictadura militar del General Pinochet.
Durante todos estos años, la justicia francesa ha indagado, escrutado e interrogado a decenas
de testigos, familiares y víctimas. Sólo al cabo de una paciente e interminable investigación
(instrucción) realizada por tres jueces sucesivos, las autoridades judiciales francesas han
decidido someter a proceso a las personas imputadas por estos crímenes.
La inusual duración de la instrucción, de la que no se puede descartar el telón político de
fondo; el carácter excepcional del proceso que persigue a responsables extranjeros que
cometieron sus crímenes fuera del territorio francés, pero sobre ciudadanos galos; y para
terminar, el hecho que el juicio se haga en ausencia de los acusados (hasta hace poco esto se
llamaba “contumacia”), han transformado esta cita judicial del mes de mayo, en un verdadero
proceso histórico a la dictadura de Augusto Pinochet. Esta última afirmación es tan cierta que
los periodistas y los diversos medios informativos franceses o acreditados en Francia, hablan
del proceso Pinochet, aún cuando el principal responsable haya sido eliminado de la lista de
acusados después de su muerte ocurrida, paradojalmente, el 10 de diciembre, día internacional
de los derechos humanos, en el año 2006.
¿Por qué la justicia francesa juzga crímenes cometidos por chilenos en su propio país?
A muchos chilenos podrá parecerles extraño que sea la justicia francesa la que trate crímenes
o delitos cometidos en Chile por chilenos, en el marco de situaciones
criminales ocurridas en nuestro país. La principal respuesta que se puede dar a esta
interrogante es que las víctimas de tales crímenes son francesas. En efecto, el artículo 113-7
del Código Penal francés estipula claramente que «la ley penal francesa es aplicable a todo
crimen y delito sancionado de cárcel, cometido por un extranjero fuera del territorio de la
República (francesa), cuando la víctima es de nacionalidad francesa en el momento de la
infracción». Ese ha sido el criterio legal sobre el cual se han apoyado los abogados de las
familias de las cuatro víctimas involucradas en este proceso. Como lo prueba la
documentación en manos de la Corte de París, las cuatro personas detenidas-desaparecidas
gozaban al momento de su rapto, de la nacionalidad francesa. Georges Klein, por haber
nacido en Francia, siendo hijo de emigrantes; Etienne Pesle por ser hijo de franceses y
Alphonse Chanfreau y Jean Yves Claudet por poseer la nacionalidad por filiación directa. En
esas circunstancias, la aplicación estricta de la ley francesa obligaba a las autoridades
judiciales de París a instruir el sumario. En febrero de 2007, nueve años después de
presentadas las querellas, los magistrados encargados de la investigación consideraron haber
recogido antecedentes y testimonios suficientes para acusar y someter a juicio a 19 personas,
cuatro de las cuales están muertas. Es sobre quince responsables, entonces, sobre los cuales
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recaen las principales acusaciones por el secuestro acompañado de torturas de los cuatro
ciudadanos franceses.
Casos ejemplares de diversos hitos históricos de la tiranía
Cuando se analizan caso a caso los crímenes sometidos a los magistrados franceses,
constatamos que cada uno de ellos representa un período, un mecanismo o un método
particular de la siniestra máquina represiva puesta en funciones por la dictadura militar.
Siguiendo el orden cronológico de estos acontecimientos criminales, debemos empezar por la
detención y desaparición del doctor Georges Klein, consejero del Presidente Allende,
detenido por las tropas del General Javier Palacios en la Moneda, la mañana del 11 de
septiembre de 1973. Él no fue ni la víctima exclusiva ni la única persona secuestrada en el
palacio presidencial. Allí también fue muerto el doctor Ricardo Pincheira, el joven estudiante
Enrique Roppert Contreras y muchos otros. La investigación llevada a cabo por los jueces
franceses reconstituye la detención y posterior envío al regimiento Tacna de todos los
detenidos de la Moneda, entre ellos del doctor Jorge Klein, quien desaparece definitivamente
de ese lugar el 13 de septiembre, luego de haber sido atrozmente torturado, sin que jamás las
autoridades militares, como tampoco la justicia chilena, hayan entregado explicación o
sancionado a los culpables. El general Javier Palacios, responsable del asalto a la Moneda,
murió en su cama en junio de 2006 sin haber sido ni juzgado ni condenado. Herman Brady,
general en jefe de la Guarnición de Santiago al momento del Golpe y por ende, superior
jerárquico de Palacios y Luis Ramírez Pineda, comandante del Regimiento, serán juzgados
por los tribunales franceses. Junto al doctor Klein desaparecen varios detenidos en la Moneda.
Profesionales, médicos, asesores y partidarios del gobierno del presidente Allende, quienes
permanecieron junto a él hasta los últimos momentos del bombardeo del palacio de la
Moneda.
Etienne Pesle de Mesnil, ex sacerdote, funcionario de INDAP de Temuco es detenido el 19 de
septiembre por miembros de la FACH. Numerosas declaraciones y testimonios dan cuenta de
su presencia en la base aérea de Maquehue. Tampoco de él se volverá a saber nada. Los
abogados y los jueces franceses sospechan que su rapto y desaparición forma parte de la
venganza institucional lanzada contra los funcionarios de la reforma agraria, que cumplían
con el mandato de realizar esa reforma, entregando a sectores de los pueblos originarios,
principalmente mapuche, sus tierras usurpadas. Bajo instigación de los terratenientes de
Cautín y civiles de ultraderecha de la zona, Etienne Pesle es detenido y se ignora su destino
hasta la actualidad.
Alphonse Chanfreau, representa la represión al MIR y a la resistencia clandestina a la
dictadura. Ex estudiante de Filosofía de la U de Chile, Chanfreau es detenido en su domicilio,
el 30 de julio de 1974. Detención efectuada en presencia de su esposa Erika Hennings,
principal testigo a cargo. Numerosos otros testimonios de presos, en diversos centros de
tortura, atestiguan de su tortura brutal y de su presencia en diferentes centros clandestinos de
la dictadura. Además Erika, detenida junto con él, sometida a brutales torturas, es testigo
directo de sus vejaciones y desaparecimiento de la casa de tortura Londres 38 en Santiago. En
este caso es la Dirección de Inteligencia Nacional de la dictadura, la DINA, la que estará
sometida a juicio, con su principal responsable, Manuel Contreras Sepúlveda.
Por último, entre las múltiples víctimas del Plan Cóndor, coordinación represiva de las
dictaduras latinoamericanas durante la segunda mitad de los años 70, está Jean Yves Claudet,
ingeniero franco-chileno detenido en Buenos Aires el 1 de noviembre de 1975. Los
magistrados galos han acumulado cargos suficientes para inculpar al menos a un alto oficial
argentino en contacto con Manuel Contreras y la DINA.
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Un proceso simbólico
El proceso francés a la dictadura chilena es ejemplar y transparente. Es el único que llegará a
término fuera de Chile contra responsables de torturas, ejecuciones sumarias, prisión, exilios
y desaparecimientos. La dictadura chilena es un paradigma de graves y masivas violaciones a
los derechos humanos. Será el único juicio legal que abordará diversas épocas y formas de
represión, mostrando la variedad y la increíble red de complicidades de las que gozó el Estado
dictatorial para la comisión de sus crímenes. Juzgará a numerosos altos responsables que, por
diversas razones, han escapado a las sanciones de la justicia chilena. Tendrá lugar a casi
treinta y cinco años de la comisión de los delitos y después de más de dieciocho años de
intentos de normalización democrática, tiempo que habla por si solo de la desesperante
lentitud de la justicia y de las increíbles secuelas de la impunidad, sufrida, no sólo por los
sobrevivientes de tortura, los familiares de los detenidos desaparecidos, de los ejecutados,
cuyos cuerpos no han sido jamás entregados, así como también la falta de verdad y justicia
vivida por toda la sociedad.
La lista de inculpados presenta importantes ausencias. Los generales Javier Palacios y
Augusto Pinochet y el coronel Pacheco Cárdenas, muertos durante la larguísima intrucción.
Osvaldo Romo, alias “El Guatón Romo”, lúmpen al servicio de las más bajas tareas, muerto
en la cárcel hace casi dos años. La muerte de Pinochet ha contribuido a acelerar una
instrucción que se arrastraba desde hacía largos años. Para Francia, juzgar y condenar al ex
dictador habría representado una eventual fuente de conflicto con los medios de negocios
chilenos y habría constituido un riesgo financiero comercial para los intereses galos en
nuestro país. De ese modo, el 10 de diciembre del 2006, no sólo se oyeron suspiros de alivio
en la derecha y en los medios oficiales chilenos, sino también en el ámbito judicial francés.
El juicio que tendrá lugar en París entre el 19 y el 23 de mayo no es una experiencia nueva
para la justicia francesa. Ya existen varios precedentes en la materia, como lo fue el juicio y
condena del capitán de navío argentino Alfredo Astiz, condenado a cadena perpetua por el
secuestro y la desaparición de dos religiosas francesas a finales de los años setenta.
Hay quienes podrían restar importancia a este juicio por el hecho que los inculpados estarán
ausentes y que evidentemente no serán obligados a cumplir condena. Eso es cierto, sin
embargo, el hecho que pese sobre ellos una orden de detención internacional y que sean
condenados, los obliga a tener Chile por cárcel de la que no podrán salir sin arriesgar la
detención inmediata y la extradición automática a París. Eso constituye el comienzo de
la pena a la que estarán sometidos de por vida.
¿Hacia una justicia con competencia universal?
La gravedad y masividad que han revestido las violaciones de los derechos humanos en el
mundo, durante los últimos años (Ruanda, Ex Yugoslavia, Sierra Leona, etc.), sumado al
carácter global de la evolución del planeta, han puesto en el tapete la idea de una justicia
universal. Un importante paso en ese sentido lo han constituido el tribunal de la Haya,
encargado de juzgar a los criminales de guerra de la ex Yugoslavia, o el Tribunal de Arusha
responsable de investigar y someter a juicio a los criminales del genocidio ruandés. Lo más
significativo en ese sentido ha sido la creación por el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, del Tribunal Penal Internacional (TPI). Este organismo está encargado de juzgar las
violaciones de los derechos humanos, los genocidios y los crímenes de guerra, poco importa
el país y el lugar donde estos hayan sido cometidos.
A pesar de la oposición activa de los Estados Unidos, numerosos países han firmado y
ratificado la creación del TPI. La idea de una justicia con vocación y competencia universal
avanza no sólo en las esferas dirigentes sino también en la opinión pública internacional.
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Cuando por distintas razones un país se encuentra impedido de impartir justicia accesible y
democrática a todos sus conciudadanos, la participación de la comunidad internacional es una
necesidad.
En este caso no se trata de justicia universal, puesto que la justicia francesa está defendiendo a
ciudadanos de su propio país víctimas de la barbarie de la dictadura chilena. Sin embargo, este
juicio está fortaleciendo el proceso de sanción universal de futuras agresiones de los Estados
sobre seres humanos, cualquiera sea su nacionalidad o condición.
Por último este juicio representa para los familiares directos y para los sectores más
conscientes de la sociedad chilena una pequeña pero gran suerte de reparación moral, la
verdad es indesmentible, sus familiares son desaparecidos hasta el día de hoy, salvo el caso
del Dr Jorge klein, cuyos restos fueron encontrados en una fosa y luego, por orden de
Pinochet, lanzados al mar. De modo que el duelo, rito ancestral de la muerte, aún no existe.
Por estas razones, cinco asociaciones apoyan a los familiares querellantes de las víctimas, y se
constituyeron también querellantes: la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH)
y sus ligas en Chile (CODEPU) y Francia (Liga Francesa de Derechos Humanos), Asociación
de ex Presos Políticos Chilenos (Francia) y Francia América Latina.
Paz Rojas Presidenta del CODEPU (Corporación por los Derechos del Pueblo)
Ricardo Parvex, Presidente de la Asociación d’Ex Presos Polçiticos Chilenos (Francia).
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