DESIGUALDADES SOCIALES EN SALUD. EL CASO DE LA C.A.E.
Emma Sobremonte de Mendicuti
DTS y Dra. en Sociología
Profesora de Salud Pública y Trabajo Social
Dra. del Máster de Gestión de Programas Sociales y de la Salud. Facultad de CC.PP. y
Sociología.
FF. CC. Políticas y Sociología.
Universidad de Deusto
Bilbao
1. El problema de las desigualdades sociales en salud y su relevancia.
Durante los últimos 40 años ha habido una explosión internacional del interés por
comprender cómo la sociedad y las diferentes formas de la organización social influyen
sobre la salud y el bienestar de la población. Desde las perspectivas iniciales de
investigación epidemiológica centradas básicamente en el conocimiento de la influencia
de los factores de riesgo sobre la salud de las personas, se han sucedido una serie de
circunstancias y hallazgos que están alumbrando nuevas líneas de investigación que están
siendo cruciales para el desarrollo de su misión, esto es, aportar información relevante
para la prevención de la enfermedad y promoción de la salud. La debilidad e insuficiencia
mostrada por los marcos explicativos convencionales para dar cuenta de la desigual
distribución de la salud y la enfermedad en la población ha servido de espoleta para
gestar nuevos enfoques que han puesto el acento en la influencia de variables colectivas
tales como la familia, el vecindario, la comunidad o la pertenencia a diferentes grupos
sociales y, cuyos hallazgos están modificando la visión tradicional de cómo se gana y se
pierde la salud. Su desarrollo está cambiando la aproximación al concepto convencional
de etiología de la enfermedad y el enfoque de las intervenciones.
Esta nueva perspectiva enfatiza el hecho de que la salud y la enfermedad están
influidas no sólo por factores individuales sino grupales y comunitarios. Por tanto la
cuestión central reside en comprender qué factores del contexto social y en qué medida
afectan a la salud, independientemente de las conductas y características individuales de
los sujetos. Estas y otras cuestiones similares han servido de detonante para el desarrollo
de un sinfín de investigaciones interdisciplinares que han tratado de encontrar respuestas
que expliquen por qué existen diferencias de salud entre grupos sociales y, cómo a pesar
de los conocimientos, riqueza y medios de que dispone hoy día la humanidad, las
desigualdades sociales en salud siguen presentes e incluso siguen aumentando. En el
fondo, la existencia de este fenómeno nos sitúa ante un problema de gran envergadura
moral que no hace sino expresar en términos de diferencias de salud la desigualdad social
presente de manera recurrente en todas las sociedades a lo largo de la historia. Por tanto,
el compromiso de los estados modernos en la defensa de los derechos humanos no
puede desentenderse de la responsabilidad que conlleva hacerlos efectivos y,
evidentemente, en un ámbito tan esencial para la vida humana como es el de la salud,
bien del que, desagraciadamente, disfrutan de manera muy desigual unos grupos y otros.
Esta preocupación queda perfectamente reflejada en las declaraciones realizadas por
organismos internacionales de la talla de la OMS quien, no por casualidad, propone el
1
logro de la equidad en salud en el mundo como objetivo prioritario para el siglo XXI.
Como ha señalado la reciente Comisión creada en su seno para la investigación sobre los
Determinantes Sociales de la Salud, existen múltiples evidencias de que las personas
socialmente desfavorecidas enferman y mueren antes que las que ocupan posiciones más
privilegiadas. A tenor del consenso generalizado en torno a lo injusto de estos hechos,
resulta enormemente satisfactorio que el problema de las desigualdades sociales en
salud esté escalando puestos en las agendas políticas de todos los gobiernos. Este es
también el caso de la C. A. de Euskadi, cuya sensibilidad en este tema se pone de
manifiesto tanto en los trabajos de investigación que vienen realizando de manera
sistemática distintos expertos durante los últimos años, como en las estrategias y
objetivos para reducir las desigualdades sociales en salud que se han establecido en el
último Plan de Salud 2002-201, así como en las diversos actividades científicas nacionales
e internacionales en las que se está participando y en los foros de discusión que se están
promoviendo1.
En la medida en que las desigualdades sociales en salud son consecuencia de las
estructuras de desigualdad social existentes, trataremos, en primer lugar, de hacer una
breve revisión doctrinal sobre los trabajos más relevantes, para presentar en segundo
lugar, algunos datos sobre desigualdades sociales en salud en la C. A. de Euskadi.
2. Clarificando el concepto de desigualdades sociales en salud
No es posible comprender el problema de las desigualdades sociales en salud sin
clarificar previamente en qué consisten y en dónde reside su importancia. Revisando la
bibliografía sobre el concepto de desigualdades en salud nos encontramos con diferentes
términos, aparentemente sinónimos, tales como: heterogeneidades, inequidades o
desigualdades sociales en salud. Prácticamente la mayoría de los autores entienden las
desigualdades en salud como las diferencias observadas en la distribución del estado de
salud de y entre poblaciones, asociadas a variables socioeconómicas. Esta acepción tan
generalizada del concepto hace referencia a las desigualdades de salud que se producen
entre grupos y áreas geográficas en función de sus determinantes sociales. La utilización
de este significado se basa en los hallazgos sobre los cambios que se observan en los
patrones de morbi-mortalidad en función de las características sociales, culturales y
económicas de los grupos y poblaciones estudiadas. Los grupos sociales más
desfavorecidos tienen las tasas más altas de mortalidad y morbilidad, y una expectativa
de vida más corta. Paralelamente, se ha observado de manera recurrente una
distribución desigual de la salud en función de otras características como la edad, el
sexo y la etnia, que se hallan asociadas a determinados riesgos para la salud. Pero
aunque existen riesgos específicos y diferentes entre hombres y mujeres derivados de
su biología, e igualmente en las diferentes etapas de la vida: niñez, madurez y vejez. 2,
Precisamente los pasados días 5 y 6 de noviembre de 2007, el Departamento de Sanidad del
Gobierno Vasco celebró unas Jornadas Monográficas que bajo el título "Desigualdades sociales en
la Salud: Una nueva visión para mejorar la salud de la Población", contó con la participación de los
expertos más relevantes del tema en Eukadi, así como con otros investigadores de reconocido
prestigio nacional e internacional.
1
4 BLANE, D. (2001) The life course, the social gradient, and health. En MARMOT, M. & WILKINSON, R. (Eds), Social
Determinants of Health, Oxford University Press. Págs., 64-80. El autor refiere que el desarrollo y proceso de
maduración biológico del ser humano está vinculado a factores sociales contextuales que condicionan el riesgo a
perder la salud en determinados momentos de la vida. Existen circunstancias de transición, denominadas periodos
2
como señala Durán: “las diferencias que se desprenden de estas características biológicas
están mediadas por la estructura social que es la que define los derechos, obligaciones y
estilos de vida que corresponde a cada grupo.3. Por ello, las diferencias relativas a las
características biológicas no deberían denominarse en principio desigualdades, salvo
cuando la sociedad aboca a quienes las poseen a situaciones de desventaja o de
discriminación social. Por tanto, son factores de la estructura social los que tanto a nivel
contextual como individual determinan la existencia de diferencias de salud, diferencias
que, como se muestra en la tabla siguiente, llegan a ser dramáticas cuando por
ejemplo, comparamos la esperanza de vida entre países con distinto nivel de desarrollo
económico y social.
Tabla 1. Diferencias mundiales en esperanza de vida
DIFERENCIAS MUNDIALES EN ESPERANZA DE VIDA
PAÍSES CON ESPERANZA
DE VIDA MÁS ELEVADA
AÑOS
PAÍSES CON ESPERANZA DE
VIDA MÁS BAJA
AÑOS
1
Japan
81,9
1
Sierra Leone
34,0
2
Monaco
81,2
2
Lesotho
35,7
3
San Marino
80,6
3
Zimbabwe
37,9
4
Switzerland
80,6
4
Swaziland
38,8
5
Australia
80,4
5
Zambia
39,7
6
Sweden
80,4
6
Angola
39,9
7
Andorra
80,3
7
Malawi
40,2
8
Iceland
80,1
8
Botswana
40,4
9
Canada
79,8
9
Burundi
40,8
10
France
79,7
10
Burkina Faso
41,7
11
Italy
79,7
11
Liberia
41,8
12
Singapore
79,6
12
Niger
42,6
13
Spain
79,6
13
Mozambique
42,6
14
Austria
79,4
14
Afghanistan
42,6
15
Israel
79,4
15
Central African Republic
42,9
16
Norway
79,1
16
Democratic Rep. of the Congo
43,5
17
New Zealand
78,9
17
Somalia
44,3
18
Luxembourg
78,8
18
Rwanda
44,4
19
Germany
78,7
19
Mali
44,8
20
Netherlands
78,6
20
Côte d'Ivoire
45,3
21
Belgium
78,4
21
United Republic of Tanzania
46,5
22
Greece
78,4
22
Guinea-Bissau
47,2
23
Finland
78,2
23
Chad
47,7
24
United Kingdom
78,2
24
Ethiopia
48,0
25
Malta
78,1
25
Cameroon
48,1
26
Cyprus
77,3
26
Nigeria
48,8
27
United States of America
77,3
27
Uganda
49,3
28
Denmark
77,2
28
Namibia
49,3
29
Costa Rica
77,1
29
Djibouti
49,6
30
Cuba
77,1
79,1
30
Haiti
50,1
43,6
x
x
Fuente: WHO. Elaboración propia
Mientras en los países desarrollados que disfrutan de un alto grado de bienestar la
esperanza de vida al nacimiento ronda los 80 años, en muchos países africanos no
alcanza los 40 años. Si datos tan escalofriantes nos ponen en evidencia que la pobreza es
un factor determinante de la salud, todo sugiere que los países desarrollados no
tendríamos mucho que temer. Sin embargo, las investigaciones epidemiológicas más
recientes muestran cómo en los países desarrollados que han escapado a los efectos de
críticos que contribuyen a aumentar el riesgo a enfermar. Se han señalado como momentos de mayor riesgo del ciclo
vital los primeros años de vida y la vejez. En ambos casos a la carga biológica se suman las condiciones de vida que
adquieren si cabe mayor importancia en etapas de gran vulnerabilidad.
3 DURAN, M.A. (1983) Desigualdad Social y Enfermedad. Tecnos. Madrid. Pág. 64.
3
la pobreza, también existen también diferencias internas de salud entre grupos y áreas
geográficas. Si además tenemos en cuenta que el impacto de los factores sociales en la
salud es mayor que el relativo a los estilos de vida, y que hay pruebas de que estas
desigualdades se pueden reducir a través de distintas estrategias de intervención, no es
difícil comprender la enorme trascendencia social del fenómeno que nos ocupa.
Dada su naturaleza, las desigualdades sociales en salud se han definido como
diferencias que son innecesarias, evitables, y que, por tanto, se consideran injustas. En
este sentido, conseguir la equidad en salud significa, como afirma la célebre M.
Whitehead: “que todo el mundo tenga la oportunidad justa de realizar su máximo
potencial de salud y que, en la práctica, nadie, mientras pueda evitarse, esté en
desventaja o sea discriminado a la hora de conseguir dicho potencial” (Whitehead,
1990)Pero, ¿qué se sabe sobre cuáles son y de qué manera afectan los factores sociales
a la salud?, ¿cuál el estado actual del tema?.
3. Antecedentes y estado actual de la cuestión. Marco teórico de referencia e
hipótesis explicativas sobre el fenómeno.
El problema de las desigualdades sociales en salud hace referencia directa a las raíces
sociales de la salud y la enfermedad, cuestión que a lo largo de la historia se ha puesto en
evidencia de manera recurrente aunque con un peso diferente en cada etapa histórica.
Aunque existen evidencias científicas sobre la influencia de los factores sociales sobre el
proceso de enfermar desde mediados del siglo XVII, lo cierto es que éstas se pusieron de
relieve dramáticamente con la revolución industrial, cuando como consecuencia de las
durísimas condiciones de vida en las que se vio inmersa la clase trabajadora, su estado de
salud se vio profundamente afectado. De su pésima situación deja constancia Engels en
un Informe muy célebre y esclarecedor4 publicado en 1845, en el que responsabiliza al
modo de producción capitalista de dicha situación. El enfoque crítico de Engels abre toda
una línea interpretativa sobre la influencia de las condiciones de vida en la salud.
Investigaciones de otros eminentes científicos siguieron este camino, encontrando
diferencias de salud entre distintas áreas geográficas y entre grupos con diferentes niveles
de riqueza y de clase social. Entre los más pioneros destaca el llevado a cabo por Louis
Rene de Villermé en 1830 donde analiza las diferencias en las tasas de mortalidad entre
distritos parisinos encontrando, como muestra el gráfico siguiente, que los patrones de
mortalidad se correlacionaban con el grado de pobreza de los distritos de Paris, medido a
través del porcentaje de gente que estaba exenta de pagar tasas municipales por carecer
de ingresos. 5
Gráfico 1. Diferencias en las tasas de mortalidad entre distritos de Paris.
ENGELS, F. La situación de la clase obrera en Inglaterra (1841/1981) en Engels: Escritos de
juventud, México. Fondo de Cultura Económica.
4
5
Cit. por ANDERSON, M. R. En Social Medicine 101. Monthly Revew Webzine Foundation. 14/07/05
.
4
Fuente: Anderson, M. R. 2005
Desde entonces, a lo largo de todo el siglo XX, se sucedieron un sinfín de estudios
similares que han dejado constancia de los efectos de la pobreza, de las condiciones de la
vivienda, de las condiciones de trabajo y de la clase social sobre la salud.
Con los éxitos cosechados por las ciencias biomédicas desde principios del siglo XX en la
lucha contra la enfermedad y, cuando posteriormente, se produjo el espectacular
despegue de los servicios públicos de salud, el interés por la dimensión social de la salud
pasó a un segundo plano. Pero investigaciones epidemiológicas posteriores volvieron a
recordar nuevamente la influencia de los factores sociales sobre la salud. Así sucedió en el
Reino Unido con la publicación del famoso Informe Black en la década de los 80 que
mostró cómo, a pesar de haberse instaurado el Nacional Healh Service en el año 1948, no
sólo persistían las diferencias en las tasas de mortalidad entre clases sociales, sino que
éstas habían aumentado, encontrando que la mortalidad de la clase social más
desfavorecida era 2,5 veces superior a la de la clase más elevada de la escala social.
Hallazgos como éste llevaron a Gobiernos como el canadiense a analizar y contrastar en
la década de los 70 las evidencias encontradas sobre los diferentes determinantes de la
salud, dando lugar a la creación del primer marco analítico de referencia que clasifica en
cuatro categorías los factores determinantes de la salud: la biología, los estilos de vida, el
medio social y los servicios sanitarios. Estas evidencia fueron recogidas en el bien
conocido Informe Lalonde6, donde además se afirmó que de los cuatro determinantes de
la salud la asistencia sanitaria no era el único ni el más importante, enfatizando así el rol
de los factores sociales.
La célebre cita de G. Rose refleja perfectamente el sentir del momento de un sector
importante de expertos en salud pública preocupados por resaltar el impacto de la
LALONDE M. (1974) A new perspective on the healh of Canadians: A working document. Otawa:
Departament of Health and Welfare.
6
5
estructura social sobre la salud: “En la era del optimismo científico se creía que la
medicina tenía la respuesta a nuestros problemas de salud o, por lo menos, estaba
apunto de descubrirlas. Este optimismo ha pasado, excepto en los medios de
comunicación más populistas... Realmente, la medicina ha dado respuestas a algunos
problemas de salud y ha encontrado el modo de disminuir los síntomas de muchos otros,
pero en gran parte seguimos necesitando hacer algo para modificar la incidencia de la
enfermedad, y eso significa que es necesaria una nueva colaboración entre los servicios
de salud y todos aquellos cuyas decisiones influyen sobre los determinantes de la
incidencia . Los principales determinantes de la enfermedad son, sobre todo, económicos
y sociales, y por tanto, los remedios deberían ser también económicos y sociales”7 (Rose,
1992)
Durante los últimos treinta años un plantel internacional de evidentes epidemiólogos
sociales han trabajado sin descanso en esta línea focalizando su atención en la
investigación sobre el fenómeno de las desigualdades sociales en salud tratando de
encontrar los factores responsables de su presentación y los mecanismos a través de los
cuáles la experiencia social se incorpora en el cuerpo provocando la enfermedad. El
conjunto de estos trabajos centrados en la búsqueda de la relación entre posición
socioeconómica y salud han llevado a dos tipos de aproximaciones empíricas, las
denominadas individual y ecológica. La primera ha dado lugar a un ingente cuerpo de
investigaciones sobre clase social y salud. Entre ellas destaca la realizada por M. Marmot
entre grupos de funcionarios del Whitehall8 donde encontró que la razón de mortalidad
estandarizada por edad en el periodo de diez años en varones entre 40 y 64 años era 3,5
veces mayor en los funcionarios pertenecientes a las categorías de auxiliar administrativo
y trabajador manual que en las categorías correspondientes a personal ejecutivo y de
gerencia. Sus resultados confirmaban la asociación entre estatus socioeconómico y salud.
Las hipótesis en relación a los mecanismos a través de los cuales la posición
socioeconómica afecta a la salud los expone en su reciente obra titulada “El síndrome del
estatus”9. En ella hace referencia a los mecanismos neuroinmunoendocronológicos que se
pone en marcha ante el estrés psicosocial que provoca un estatus de subordinación
social. La falta de control sobre lo que uno hace, la limitación de la autonomía y el escaso
acceso a los recursos sociales que conlleva la baja posición social genera un sentimiento
de inferioridad e incompetencia que, al fin y a la postre se acaba expresando en distintos
procesos de enfermedad.
En cuanto a las aproximaciones empíricas ecológicas, son tres las hipótesis en torno a las
cuales se han obtenido los principales hallazgos10:
ROSE, G. (1992) The strategy of preventive medicine. Oxford. Oxford University Press.
MARMOT, M. Et al. (1991) “Health inequalies among british servants: the Whitehall II
Study”.Lancet,337:1387-1393 .
9
MARMOT, M. (2004) Status Syndrome. London .Bloosmbury Publishing.
10
Para profundizar en estas hipótesis se pueden consultar los trabajos siguientes: WILKINSON, RG.
Unhealthy Societies: the aflicctions of inequality. Routledge. London, 1996. WILKINSON, R.G.
Properity, redistribution, health, and welfare. En Social determinants of health. Ed. Marmot M. And
Wilkinson RG. Oxford University Press. London, 2001. (2ª ed) y KAWACHI I. ; KENNEDY B.;
LOCHNER K.y PROTHROW-STITH.D. Social capital, income inequality, and mortality. American
Journal of Public Health, 1997; 87, 1491-1498.
7
8
6
a) la hipótesis de la privación material según la cual en las sociedades en desarrollo
las desigualdades en salud entre áreas geográficas están asociadas a su nivel de
pobreza/riqueza. Los informes de la OMS no dejan lugar a dudas sobre esta
dramática realidad.
b) la hipótesis de la renta relativa según la cual a diferencia de lo que ocurre en
países en desarrollo, en las sociedades desarrolladas las desigualdades en salud
entre áreas geográficas no están tan asociadas a su nivel de riqueza sino al modo
en que ésta se halla distribuida
c) la hipótesis del capital social según la cual aquellas sociedades que son más
igualitarias y tienen mayor cohesión social, tienen también una esperanza de vida
mejor
A modo de conclusión se puede afirmar que frente a la hipótesis epidemiológica
convencional que focalizaba su atención sobre los factores de riesgo individuales, la
maduración de la epidemiología social ha dado lugar a que exista un consenso bastante
generalizado en torno al rol que desempeñan un conjunto de determinantes sociales en
la creación de una vulnerabilidad o susceptibilidad general a enfermar por cualquier
causa. De acuerdo a esta hipótesis, el que las personas desarrollen una enfermedad u otra
no depende sólo de su bagaje biológico, sino de otros factores como son los
comportamientos relacionados con la salud o el grado de exposición a un contexto
biopsicosocial determinado. Si como recuerda provocativamente L. Syme en el prólogo
de la reciente obra “Social Epidemiogy”11 la investigación convencional sobre la influencia
de los factores de riesgo conocidos como el tabaquismo, la hipertensión y colesterol no
han podido explicar más que un 40% del riesgo a enfermar por enfermedad coronaria,
cuáles son los misteriosos factores que podrían explicar el 60% restante? . El desafío está
servido.
4. Las desigualdades sociales en salud. El caso de la C. . de Euskadi.
En el caso de la CAE, las hipótesis sobre desigualdades sociales en salud también han
sido contrastadas en diversos estudios. En todos ellos se pueden apreciar las
diferencias en el estado de salud según género, clase social o edad, y también
diferencias territoriales. En la mayoría de estos trabajos se utilizan como variables
dependientes la salud percibida, obtenida a través de las encuestas de salud, y la
mortalidad. A continuación se muestran algunos datos sobre diferencias en salud
percibida que dan cuenta de la presencia de desigualdades sociales en salud en
Euskadi.
La comparación en el grado de salud percibida entre 1997 y el 2002 no deja lugar a
dudas con respecto a la mejoría de la salud experimentada en la CAE, puesto que la
media de la salud percibida era de 2,95 en 1997 y en el año 2002 es de 2,88, siendo
además esta diferencia estadísticamente significativa. Ahora bien, una mirada más
atenta nos pone de relieve la presencia de un gradiente social en función del género, el
nivel de instrucción, la situación laboral, la condición socioeconómica y la edad,
pudiéndose observar que quienes tienen peor salud son las mujeres, los analfabetos,
los parados, las personas de baja condición socioeconómica y las personas mayores.
11
Berckman, L. Kawachi, I. ( 2000) Social Epidemiology. New Cork. Oxford University Press.
7
Tabla 2. Desigualdades en salud percibida entre grupos 1997-2002
1997
Media
2,94
2,95
2,83
2,92
4,36
1,34
3,45
3,43
3,2
2,82
2,71
2,72
2,56
3,48
3,31
3,19
2,81
2,66
2,64
2,53
-0,12
1,43
0,38
0,26
0,6
1,65
0,61
2,8
2,84
2,52
3,28
2,48
3,11
2,71
2,78
2,2
3,27
2,36
3,12
3,87
0,84
2,09
0,24
2,46
-0,31
2,67
2,73
2,93
3,03
3,07
2,63
2,75
2,82
2,94
3,07
0,89
-0,42
2,42
3,88
0
2,56
2,75
3,09
3,3
2,95
2,4
2,63
3,03
3,27
2,88
3,93
4,69
2,06
0,85
4,22
Media
I. GENERO
Hombres
Mujeres
II. NIVEL DE INSTRUCCIÓN
Analfabetos
Sin estudios
E. Primarios
Graduado Escolar
B.U.P./Profesionales
Técnicos Universitarios
Universitarios Superiores
III. SITUACION LABORAL
Trabajando
En Paro
Primer Empleo
Jubilados
Estudiantes
Labores del Hogar
IV. CONDICION SOCIOECONOMICA
Clase Alta
Clase Media-Alta
Clase Media
Clase Media-Baja
Clase Baja
V. EDAD
16-24
25-44
45-64
 65
C .A. de EUSKADI
2002
Valor
Tipificado
"Z"
GRUPOS SOCIALES
1
1
Significación
***
***
***
***
***
***
***
***
1
Los valores oscilan del modo siguiente: 1. Excelente; 2.Muy Buena; 3. Buena;
4.Regulay y 5. Mala.
*** Z significativas al 95% de Nivel de Confianza
Fuente: Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco, Encuestas de Salud de
la C.A. de Euskadi.
Fuente:
Elaboración
partir de las encuestas de salud 1997 y 2002 del Departamento de Sanidad.
propia
a
El análisis de la salud percibida de cada subgrupo en el 2002, que se representa en los
gráficos siguiente, confirma claramente el hecho de que a medida que se desciende en la
escala social, bien sea considerando el nivel de instrucción, la clase social o la ubicación
en el mercado laboral, se disfruta de una salud peor. Las puntuaciones entre la salud
percibida de hombres y mujeres manifiesta también la presencia de desigualdades de
género, siendo las mujeres las que experimentan una salud peor.
Gráfico 2. Diferencias en salud percibida según situación laboral, nivel de instrucción, clase social y
sexo.
8
S. LABORAL: X= 3,83-2,2 Dif “ 1,6”
NIVEL DE INSTRUCCIÓN: X= 3,65-2,53 Dif “1,1”
5
5
3,836
4
4
3,65
3,272
3,31
3,119
2,711
3
2,204
3,19
2,785
2,80
3
2,361
2
2,66
2,64
BUP/FP
Técnicos
2,53
2
1
1º EMP
ESTUD
TRAB
PARO
L. HOG
JUBI
INC. PER.
1
Analfabetos
Sin estudios
CLASE SOCIAL: X= 2,63-3,07 - Dif “O,44”
Prim arios
G. Escolar
Universitarios
GENERO: X= 2,92-2,83 Dif “ O,09”
5
5
4
3
3,07
2,82
2,75
4
2,94
HOMBRES
2,63
3
MUJERES
2,95
2,94
2,83
2
2,92
2
1
1
A LT A
2
M E D IA - A LT A
3
4
M E D IA
M E D IA - B A J A
1
5
1997
B A JA
2002
Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas de salud de 2002 del Departamento de Sanidad.
Pero, ¿en qué medida afectan más unas u otras variables al estado de salud? .Para tratar
de explicar la contribución conjunta estas variables sociales a la salud percibida, se ha
utilizado el modelo explicativo IOLAP-XSTAT. Puesto que la mayoría de las
investigaciones estiman de manera independiente la influencia de las distintas variables
sociales un función de su hipótesis de trabajo, se ha considerado mucho más interesante
utilizar una técnica que permita considerar simultáneamente la correlación entre diversas
variables y nos informe además sobre el grado de contribución de cada una de ellas. Los
resultados del análisis aparecen el los gráficos siguientes.
Gráfico 2. Representación de la contribución de las Variables Explicativas en la Salud Percibida.
(Todos)
60
Edad
Ki: 47,63%
50
Kr: 96,72%
40
%
52,19
30
apoyo
20
R2 = 0,92
20,64
10
Sitlab
11,39
Clase
7,82
Estud
6,50
Género
1,46
9
Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas de salud de 2002 del Departamento de Sanidad.
Tabla 1.
Contribución de todas as variables explicativas sobre la Salud Percibida.
CAPACIDAD
EXPLICATIVA
Contribuciones
% de contribución
% acumulado
Ki: 47,63 %
Kr: 96,72 %
Apoyo Situación
Nivel
Clase
Género
Social Laboral
Estudios
0,52 0,21
0,11 0,08
0,07
0,01
52,19 20,64
11,39 7,82
6,50
1,46
52,19 72,83
84,21 92,04
98,54 100,00
Edad
Fuente : Elaboración Propia.
ENCAV, 2002
Como puede observarse, la variable edad destaca sobre el resto con una contribución del
52,19%, seguida de la variable apoyo social con un 20,64%. Ambas variables explican
cerca del 75% de la varianza , constituyéndose en factores de primera importancia. Frente
a lo que podría pensarse, el porcentaje de varianza explicada por las variables situación
laboral, clase social y nivel de estudios es sensiblemente inferior. No es ningún secreto
que la edad es un factor determinante que condiciona la vulnerabilidad a enfermar. Dado
que cada etapa del ciclo vital tiene una idiosincrasia especial, ha parecido oportuno
neutralizar esta variable según categorías para observar cuál es el comportamiento del
resto de las variables en las distintas etapas de la vida.
Gráfico 3. Representación de la contribución de las Variables Explicativas en la Salud Percibida por
grupos de edad Encuesta de Salud 2002
10
25-44 años
40
apoyo
50
(16-25 años)
40
apoyo
Ki=15,86%
%
Kr=91,49%
30
Kr=93,55%
Sitlab
30
Ki=17,44%
Estud
R2 = 0,89
Sitlab
Género
%
20
20
Clase
R2 = 0,9371
Estud Clase
10
37,68% 28,15% 21,05%
6,75%
10
35,55%
6,37%
31,41%
20,41%
12,63%
0
0
60
40
apoyo
45-64 años
Sitlab
30
Estud
Ki=33,79%
Kr=97,42%
R2 = 0,66
%
apoyo
50
Clase
Ki= 29,97%
Kr= 93,89%
40
% 30
20
Más de 65
Clase
Estud R2 = 0,9576
Sitlab
20
10
10
33,07%
28,22%
27,68%
11,03%
50,48%
22,37%
17,33%
9,39%
0
0
Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas de salud de 2002 del Departamento de Sanidad.
En todas los grupos de edad, los datos hablan por si solos de la contribución de la
variable apoyo social entendida como la autopercepción de estar integrado en redes
primarias de solidaridad y confianza como son la familia, los vecinos o los amigos,
constituyendo un elemento decisivo a la hora de explicar las diferencias en el grado de
salud percibida. Como han puesto en evidencia diferentes estudios12, los vínculos que
proporcionan las redes sociales facilitan el acceso a diversos recursos tangibles e
intangibles que influyen favorablemente sobre la salud.
Los resultados obtenidos son consistentes con la mayor parte de trabajos de
investigación realizados tanto a nivel nacional como internacional y fortalecen la hipótesis
de que la salud se ve afectada por la posición social que ocupan los sujetos dentro de la
estructura social, por lo que cualquier acción tendente a reducir estas desigualdades no
puede desentenderse de la implementación de políticas redistributivas, y de acciones y
estrategias de discriminación positiva que contribuyan a compensar los desfavorables
efectos que ejerce la jerarquía social sobre la salud y la enfermedad. La carrera hacia la
igualdad de oportunidades es el reto al que se enfrentan las sociedades desarrolladas que
presuntamente han escapado a los efectos de la pobreza pero no al impacto de otros
factores de diferenciación social que configuran situaciones de desventaja social y de
BERCKMAN L.F and SYME L. (1979) Social networks, Host resistance and mortality: a nine-year
follow-up study Alameda County Residentes. Am J of Epidemiology, 109 (2) 186-204.
12
11
exclusión social que, sin duda, están influyendo sobre la etiología de los procesos de
enfermedad. Fenómenos sociales emergentes como la inmigración y sus consecuencias
en términos de salud, son un buen ejemplo de los desafíos en los que actualmente nos
hallamos implicados en nuestro contexto.
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Euskadi. (Tesis doctoral). Universidad de Deusto. Bilbao.
12
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