TEOLOGÍA DE LA FAMILIA
LA FAMILIA, ICONO DE LA TRINIDAD.
LA FAMILIA, IGLESIA DOMÉSTICA
Es muy importante que tengamos algunas pistas de tipo teológico para poder, a partir de
una reflexión teológica, encontrar algunas otras pistas en relación a la misión de la familia, en
cuanto a la acción pastoral.
A nosotros nos toca de una manera muy fuerte el animar y el promover un trabajo en
favor de la familia. Esto es fruto de un discernimiento pastoral. No sólo tener datos que nos
preocupen y tener una cara más o menos de preocupación. Nos damos cuenta de que
efectivamente hay mucho que hacer. Pero nuestra pregunta quizá sea qué y cómo.
Pero estas preguntas tienen que tener un sustento en la misma teología. Tendríamos que
empezar con un examen de conciencia. Las estadísticas nos dicen que un 54% de matrimonios
jóvenes no pasan de los 5 años. Entonces tenemos que preguntarnos qué tipo de cursos
prematrimoniales estamos ofreciendo a las parejas que se casan.
Los medios de comunicación, las actitudes del gobierno, de muchos organismos no
gubernamentales hacen que la idea con que los muchachos van al matrimonio es que van a perder
la libertad, va a morir el amor. Todo parece estar en contra del matrimonio. La sociedad está en
contra del matrimonio. Con todo este contexto cómo van a poder durar los matrimonios. Y
nosotros no movemos un dedo para remediar la situación.
El camino de la Iglesia es la familia
El Papa dice que el camino de la Iglesia es el hombre. Después en 1994, nos dice que el
camino de la Iglesia es la familia. Nuestra tarea también es la familia. Delante del Señor tenemos
que preguntarnos ¿qué tenemos que hacer? Hay que tener en cuenta que estamos luchando
contra muchos elementos contrarios. Incluso nosotros, y hay que decirlo, no siempre estamos a
favor de la familia, no siempre somos promotores de los laicos. Con mucha frecuencia nosotros
sacerdotes nos sentimos sobrepasados. No pedimos ayuda a los laicos porque pensamos tal vez
que no los controlamos.
Hay que tener en cuenta que la dignidad de la familia está opacada por la poligamia, el
divorcio, el amor libre, las drogas y muchas otras situaciones de pecado. Cuando se atenta contra
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la dignidad de la familia, se atenta contra la dignidad del hombre. Ese es el camino de la Iglesia y
ese es nuestro trabajo.
Una teología sobre la familia...
Para hacer un verdadero trabajo pastoral a favor de la familia, es necesario que éste esté
iluminado por la luz de la fe, de la revelación. Hoy, más que nunca -obra providencial del Papa- la
familia es objeto de reflexión teológica.
Nosotros estudiamos la teología del sacramento del matrimonio. Y los esquemas fueron
en la línea escolástica. En consonancia con el sentir y la reflexión de la Iglesia tenemos que
reflexionar sobre el misterio de la familia. Puebla propone incluir en la formación sacerdotal, a
nivel de teología, el tema del misterio del matrimonio (no. 614).
Ha habido una mayor sensibilización hacia la dimensión comunitaria. El esquema de Iglesia
presentado por el Vaticano II le ha dado a nuestra reflexión una dimensión comunitaria en donde
se puede incluir cosas muy valiosas. Otro dato es la valoración acerca de la dignidad, derechos y
responsabilidades de la mujer, entendida y respetada como persona. La teología hoy afronta el
tema de la familia como imagen de la Trinidad.
La teología va teniendo sus perspectivas y sus enfoques; va cambiando. Un tiempo fue
piramidal, de arriba hacia abajo y entendía al hombre desde arriba. Ahora se le va dando un
enfoque antropológico, a la luz de Cristo. El mismo misterio de la Trinidad es visto no en una forma
de tipo piramidal sino en una forma comunitaria, el Dios Amor, el Dios comunidad que dialoga. De
aquí derivan tres cosas: la igualdad, la relación y la dignidad de las personas. Esto mismo hay que
ubicarlo en la familia. Con frecuencia no se enfoca a la familia como una relación entre personas
iguales en la dignidad.
Analogía de la relación
Estamos hablando de imagen. Icono le llaman los orientales. De aquí podemos usar la
perspectiva de la analogía: la semejanza pero la diferencia, la aproximación pero la distancia. En
muchos aspectos la analogía es la manera de acercarnos al misterio de Dios. La imagen tiene una
dimensión de analogía. Por ejemplo, la imagen en el espejo hace lo que nosotros hacemos. Esa
imagen que vemos soy yo y no. Una fotografía es también una imagen y vemos al sujeto y le
decimos “qué bien saliste” o preguntamos ¿quién es? Es mi hermano y sin embargo no es mi
hermano. Es y no es, aproximación y diferencia. Nos da una idea de esa analogía.
Así la analogía de la relación en la Trinidad nos puede ayudar a entender las relaciones en
la familia. Vemos a Dios en la relación, en las procesiones y en las misiones. El hombre es creado a
imagen y semejanza de Dios, creado para la comunión. La teología no es una cuestión estática sino
un dinamismo que siempre se está profundizando. La comunión es una relación, la Iglesia es un
dinamismo continuo, la gracia y la vida espiritual es un dinamismo.
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A nosotros nos toca acompañar ese dinamismo para que encuentre su cabal
cumplimiento. Ante la realidad del hombre y la mujer, decimos primero que son criaturas. Esto
significa que dependen básicamente de Dios, porque la imagen depende de su original. Por
ejemplo, si ante el espejo me estoy lavando los dientes, la imagen del espejo, tiene que estarse
lavando los dientes, no puede hacer lo que le da la gana. Así, la criatura humana, debería actuar
siempre en consonancia con su Creador: ser en relación (hombre y mujer). Dios creó al hombre y a
la mujer de una manera sexuada que va a permitir al hombre corporal establecer esa relación.
Una naturaleza, varias personas
Gn 1,27: “hombre y mujer los creó”. Habla de un plural que no sólo se refiere a que creó
dos seres distintos, hombre y mujer. Aquí se habla de dos seres con una parte masculina y una
parte femenina. Son dos seres diferenciados, de la misma naturaleza pero diferenciados. El Hijo es
de la misma naturaleza del Padre, pero son diferenciados. El hombre y la mujer son dos personas
iguales en cuanto a su naturaleza, pero diferenciados y de hecho eso es lo que subraya el Génesis:
el hombre no encontró un ser igual a él hasta que encuentra a Eva.
En la pareja humana hay unidad y diferencia, reflejo fundamentalmente de la comunión
trinitaria. A partir de la analogía se ve la relación para llegar a la comunión. Pero hay que tener en
cuenta que Dios es, el hombre, en cambio, se va haciendo.
Hace 20 años, al Papa Juan Pablo I dijo una frase que causó escándalo: Dios es madre. Una
teología que viene del Oriente que es la dimensión femenina de Dios pero no porque Dios sea
femenino o masculino. Más bien tendríamos que hablar de una captación nuestra con una
dimensión femenina o masculina de Dios.
Encontramos que hay una serie de actitudes que descubrimos como propias de lo
masculino y de lo femenino que tienen que encontrar una complementación. Entonces la
diferenciación tiene que estar orientada a la complementación: los dos se unirán y serán una sola
carne.
Muchos aspectos que nosotros tomamos como propio de la femineidad los encontramos
en Dios: ternura, capacidad de acoger, de recibir, la dimensión de protección, el alimento, etc. Son
elementos que la misma Escritura nos da de Dios. Él es el modelo que nos hace entender cuál es la
realidad que nosotros tenemos.
En la Trinidad está la relación de donación, de recepción, de comunión. En la Sagrada
Escritura se habla de una teología de la alianza. Y es vista por los profetas como alianza de Dios
con su pueblo pero visto a en la perspectiva del amor del hombre por su mujer, de los esposos. EL
cántico del amor de Dios en el Cantar de los Cantares.
Esta misma dimensión encuentra su plenitud en el NT en San Pablo otra dimensión: el
amor de Cristo por su Iglesia. La comunión es el ideal, se va haciendo pero siempre contempla una
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mayor y mejor realización. Toda comunión pide una unidad y una diferencia. En este sentido
tendríamos que hablar de que la pareja es andrógina (no en el sentido del que odia algo, sino
etimológico: aner y ginés), es decir, hombre y mujer, unidad viva y operante. Esto es parte de lo
que nosotros tenemos que captar también sacramentalmente.
El matrimonio según San Pablo
San Pablo en Efesios (Ef. 5,21-33), en la exhortación a los esposos nos habla de cómo
Cristo se entrega por la Iglesia y dice que el matrimonio es un gran misterio relacionado a Cristo (5,
32). San Pablo pone el matrimonio como imagen de la entrega de Cristo a su Iglesia y viceversa. La
palabra mysterion es traducida al latín como sacramentum. Cristo + Iglesia: sacramento de
salvación, esposo + esposa: sacramento de salvación.
¿Qué significa que el matrimonio sea un sacramento? Es icono de la relación de Cristo con
su Iglesia. No se trata, aunque sí lo es, de la clásica dimensión de modelo. Hay una dimensión
mucho más importante que tenemos que entender y explicar para que los demás lo valoren, sobre
todo los que van al matrimonio. Dice Cristo a sus discípulos: “como el Padre me amó, así los amo
yo” (Jn. 15,9); estas palabras habría que entenderlas así: con el mismo amor con que el Padre me
amó, con ese mismo amor yo los amo. Encontramos también esta expresión: “Como el Padre me
envió, así yo los envío” (Jn. 20,21), es decir, a la misma misión que el Padre me envió ahora yo los
envío. Esta es la teología también del sacerdocio, el Sacerdote participa del sacerdocio de Cristo,
no sólo actúa al estilo de Cristo. No sólo es modelo sino participación. El sacramento matrimonial
participa de esa misma relación salvadora de Cristo con su Iglesia. Cristo comparte su amor por la
Iglesia con la pareja.
La pareja actualiza ese mismo amor de Cristo por su Iglesia, lo hace patente ante los
demás. Esto hace a la pareja signo, sacramento de comunión y de amor. Esto el sacerdote tiene
que entenderlo y valorarlo y transmitirlo a los que se casan, quién sin no ellos tienen que
entenderlo.
De aquí deriva la misión del matrimonio y la familia. De acuerdo a esa misión, ¿cómo tiene
que ser el esquema de pastoral familiar para hacer posible la actualización del amor de Cristo por
su Iglesia? ¿Cómo tiene que ser la Pastoral Familiar para que las familias actualicen ese amor? De
aquí deriva también la espiritualidad de la pareja y la familia.
El matrimonio, signo de Cristo
Tendríamos que entender que la pareja no sólo recibe un signo sacramental, sino que se
vuelve signo. Cristo, nos dice San Pablo, es Cabeza de la Iglesia, y se está refiriendo a la Iglesia
desde la perspectiva de Pablo, en términos esponsales. Por consiguiente habla también de la
Iglesia que es el cuerpo de Cristo. Pero también San Pablo refiriéndose al matrimonio, a la
diferenciación masculina y femenina, habla de esa relación, se hacen una sola cosa, una sola
carne. Y San Pablo dice la Iglesia es el cuerpo de Cristo, como la esposa es el cuerpo del esposo, se
pertenecen mutuamente. Probablemente no sólo esté hablando de esa perspectiva de cabeza y
miembros como en el cuerpo y sus miembros. Hay que entender más bien relación esponsal la
Iglesia cuerpo de Cristo.
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El matrimonio es participación de la misma relación salvadora de Cristo con su Iglesia y la
pareja es un signo de ello en una dimensión dinámica: la pareja es signo de Cristo. El signo
matrimonial se entiende como el amor del hombre y la mujer en el que sea realiza el amor
salvador de Dios al hombre que se culmina en Cristo. Es su camino de salvación.
Pero allí también hay una exclusividad: los esposos, sacramentalmente, se vuelven Cristo
el uno para el otro, en forma exclusiva. Cuando los sacerdotes celebramos los sacramentos
decimos: yo, te bautizo; yo te absuelvo; esto es mi cuerpo. Es Dios quien actúa, pero yo digo yo
porque soy ministro del sacramento. Pero en el sacramento del matrimonio los ministros son los
propios cónyuges: yo ... te acepto a ti... “Yo Cristo te acepto a ti que eres mi Cristo”. Ellos se
convierten sacramentalmente en canal de Gracia para su cónyuge, son encuentro con Dios, son
salvación para su pareja. Entonces el matrimonio no puede ser para nosotros sólo una cuestión
sociológica sino que hay un compromiso sacramental, cada pareja se vuelve signo sacramental de
Cristo para su pareja. Así como se dice del Sacerdote alter Christus para la comunidad, la mujer es
alter Christus para su esposo y viceversa. Si esto lo explicáramos más a los que se casan y a los que
ya se casaron, obviamente vivirían mejor su matrimonio.
Por esto, es más importante el matrimonio que los hijos y la mayor parte de los
matrimonios le dan más importancia a los hijos. Si nunca fueron un signo el uno para el otro
cuando los hijos se van no saben vivir juntos aunque quizá fueron signo de Dios para sus hijos pero
no el uno para el otro. El matrimonio pues no sólo nos recuerda, sino que actualiza la salvación de
Cristo, primero a sus hijos pero también hacia los demás.
El signo matrimonial se entiende como el amor del hombre y la mujer en el que se realiza
el amor salvador de Dios por el hombre y éste llega a su culmen en Jesucristo. Los esposos se
vuelven sacramentalmente Cristo el uno para el otro, en forma exclusiva y plena, de tal manera
que, actuando ‘en persona de Cristo’, son mutuamente origen y causa de santificación y de
encuentro con Dios y, por tanto, de salvación.
El matrimonio, signo de la Iglesia
La responsabilidad de la Pastoral Familiar, matrimonio y familia, es que este signo sea
claro, transparente; ser signo para otras parejas y otras personas. A veces la pastoral familiar la
realizan gentes solas, no parejas.
El amor y la fidelidad de Dios en Jesucristo se orientan al ser humano concreto; esto se
hace presente de un modo visible mediante el servicio de la comunidad de fe eclesial. El amor y la
fidelidad de Dios se hacen presentes en la historia gracias al amor y fidelidad entre los cristianos.
La pareja, por medio de su testimonio ante los demás, es un signo vivo del amor de Cristo
por su Iglesia y de la fidelidad de la Iglesia hacia su Señor.
La familia es por eso ‘Iglesia doméstica’, no sólo por una configuración en ella del ser de la
Iglesia, sino también por una colaboración activa en la edificación de la misma Iglesia. Esto se
manifiesta ampliamente en la celebración misma del sacramento del matrimonio, ya que el
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matrimonio mismo, por su naturaleza, no constituye un asunto privado, sino algo público y
eclesial.
Por eso también se habla, más que de contrato matrimonial, de Institución matrimonial
(GS, 47) y de alianza.
El matrimonio, signo escatológico
La pareja, por razón de su sacramento, se vuelve también signo escatológico, es decir,
anticipación de lo que se espera. El matrimonio consiste en una dinámica de relación y de
comunión que se espera, pero que también se construye. Entonces la Iglesia tiene la conciencia de
que la pareja es ese signo que de alguna forma con su amor prepara y construye la escatología. El
matrimonio, por importante que sea, no es la última realidad, lo último siempre será Dios por lo
que no se deberá absolutizar nada, ni el matrimonio ni la familia. Sólo que el matrimonio es
anticipación de esa realidad escatológica. Por eso se dice que al matrimonio es la iglesia
doméstica. Como la Iglesia, la familia avanza y construye una realidad escatológica. Por eso se
vuelve imagen de la Trinidad, se realiza en el amor y debe ser en una realidad de comunión que
poco a poco se va realizando. Ni el matrimonio ni la Iglesia tienen su razón de ser en sí mismos. La
boda es anticipación esperanzadora de la realidad escatológica.
Este es un ‘grande misterio’, dice San Pablo, que nosotros tenemos que contemplar para
disfrutar. Cuando hacemos algo tenemos que tener algo importante, tenemos que saber por qué y
para qué. Tenemos que tener bien conocidas las razones. Lo que tenemos que hacer para realizar
acciones de pastoral es valorar la realidad del matrimonio y la familia.
Icono de la Trinidad
La familia como imagen de la Trinidad hay que verla en una doble dimensión: es una
comunidad sexual enfocada a la comunión de la pareja pero también es una comunidad de
generaciones, de aquí viene la relación conyugal, paterno filial, y la fraterna.
Tenemos que hablar de cómo Dios Padre, principio sin principio, genera al Hijo. Entonces
hablamos del Hijo; decimos que ha sido generado pero no creado, consubstancial con el padre, de
la misma naturaleza del Padre, Dios como el Padre. El Padre es pues ‘ingenitus’ y el Hijo es
‘genitus’. Cuando hablamos de que el Hijo procede del padre, generado por el Padre, estamos
hablando de dos personas pero no de dos esencias o dos substancias. Estamos hablando de dos
modos de ser, pero no dos substancias.
En el relato de la creación se nos dice que Dios creó a Adán, que no es generación ni
procesión. Hay una substancia diferente, hay una esencia distinta, el hombre y Dios son distintos.
Pero se nos dice como Adán generó a sus hijos, Abel, Set. Todos sus hijos son generados y tienen
la misma naturaleza de Adán, pero son generados. En este sentido Adán es el ingenitus en el
sentido de que no fue generado sino creado. Pero también hay otra relación muy importante: Eva
no es generada por Adán, no es su hija ni su hermana porque no tuvo padre ni madre. Sin
embargo nos dice la Escritura que Dios le provoca un sueño a Adán y de su costilla (corazón), en
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una imagen biológica, Eva procede de Adán, como el Espíritu Santo es generado por el Padre y el
Hijo. Ella procede del costado de Adán pero no es hija.
Esta procesión de la mujer es obra del amor de Dios que tomó a Eva de la costilla de Adán
y del amor de Adán que da su costilla para Eva. Naturalmente nunca vamos a captar el misterio de
Dios pero este también es un misterio. La Iglesia misma sale del costado de Cristo, nuevo Adán
dormido en la cruz.
En el contexto de la familia hay un contexto de amor entre dos personas iguales,
diferenciados pero no diferentes porque tienen la misma substancia, pero que hacen también una
unidad que hace el amor. Después hay una generación de los hijos, en donde hay una misma
esencia pero hay una generación. Los hijos proceden de los padres por generación.
La espiritualidad de la familia es la relación conyugal, de la relación paterno filial y de la
relación fraterna.
Tenemos que hablar también de que el amor conyugal y familiar es donación, recibimiento
y comunión. En este sentido, en la donación y el recibimiento se hace la comunión. EL objetivo e
ideal es la comunión. Cuando se anticipa en el matrimonio la comunión que se espera en la otra
vida se vive el signo escatológico. Cuando hay comunión hay comunidad.
La familia, Iglesia doméstica
Ahora vamos a contemplar, disfrutar y promover este gran misterio. La familia es iglesia.
Iglesia es la asamblea de los llamados, la convocatoria. Iglesia doméstica, la iglesia de casa. Así la
familia es presentada como agente eficaz de evangelización, de renovación catequética, como
clave del futuro. Se le aplica las notas de la Iglesia y su misión es la misma que la de la Iglesia, por
eso dice el Papa: lugar prioritario de la evangelización. Esto se realiza en casa. Hay que entender
esto para generar los dinamismos, esquemas y estructuras para que sea una realidad. Casa se
refiere a familia, estirpe y a santuario: la casa de David, la estirpe de David, la casa de Dios o el
santuario en donde Dios está.
A la comunidad se le llama también la “casa de Dios”, en donde está Dios. Las primeras
comunidades se reunían en las casas, diferentes comunidades unidas por el amor y en donde
existe una finalidad. La comunidad es un conjunto de personas con un mismo interés en una sola
línea, con una comunicación.
Cuando se habla de casa, los padres son considerados como sacerdotes de su santuario
que es su familia, su casa. Entonces los esposos tienen que anunciarse a través de a su amor, su
ternura, la salvación. Los esposos son entonces para sí mismos, para sus hijos y demás familiares
son los primeros predicadores y testigos del amor, son sujeto de evangelización.
Esa misma iglesia o casa es terreno donde se recibe la evangelización, es objeto de
apostolado. Deben ser evangelizados para que ellos a su vez evangelicen. Cuando hablamos de
pastoral familiar no se trata de qué voy yo a hacer en mi parroquia sino cómo con matrimonios,
con familias, vamos a hacer una autoevangelización: la familia evangelizadora de la familia.
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Se habla de que los jóvenes sean evangelizados por los jóvenes. En la evangelización
tenemos que hablar un lenguaje común y no siempre los sacerdotes tenemos un lenguaje común
con las familias. Es importante promover, animar a las familias, que en esa acción evangelizadora
se busque trabajar con las familias. El Papa Juan Pablo II en la FC hacer referencia a la familia como
Iglesia doméstica.
Cuando hablamos de Iglesia doméstica no estamos hablando en el mismo sentido de icono
como analogía. Cuando hablamos de la familia como iglesia doméstica estamos hablando de una
participación. Así como el matrimonio participa del amor de Cristo, así la iglesia doméstica
participa del ser y misión de la Iglesia. Tiene una participación en el ser y en el quehacer de la
Iglesia. Así como la Iglesia es santa pero no plenamente, así la familia es santa pero no en plenitud
por lo que necesita de esa ayuda pastoral para que vaya caminando hacia esa perfección. La iglesia
doméstica está santificada por el Espíritu a través del sacramento del matrimonio. Tiene que ser
una iglesia doméstica pero abierta a todos, que no está cerrada, que tiene que ser católica. Tiene
que ser apostólica y no sólo porque tiene que hacer apostolado sino porque tiene como origen un
sacramento dado por Cristo sobre la base de los Apóstoles.
La familia tiene pues un fundamento teológico en la Trinidad, un fundamento cristológico
como Esposo, un fundamento pneumatológico por el Espíritu que la santifica, pero también un
fundamento eclesiológico.
¿Cuál es la misión específica de la familia en el mundo de hoy? La Familiaris Consortio es
un documento muy rico en cuanto a contenido, enormemente innovador y mucho muy fuerte y
valiente en cuanto al reconocimiento de la importancia de cuidar pastoralmente de las situaciones
irregulares.
Cuando esta visión de fe se pasa a los países árabes, asiáticos y africanos en donde la
cultura hace diferentes apreciaciones, no es fácil darles una orientación adaptada a sus situaciones
pero sin quedarse en sus situaciones. El Papa abrió una puerta que estaba prácticamente cerrada:
los que vivían en situaciones irregulares se consideraba que estaban fuera de la Iglesia. EL Papa
tuvo la osadía y la ternura pastoral de acoger a estas personas para darles un cauce que todavía no
hemos profundizado y afrontado suficientemente.
A partir de la FC se ha ido formulando una orientación muy precisa que tiene que dar
cauce a la pastoral: la visión de la familia como formadora de personas. Se han perdido o
deteriorado muchos valores. El único baluarte que los podría recuperar y formar en ellos es la
familia. Al faltar a su misión, las personas no alcanzan la integración personal y social. La familia al
servicio de la vida. La familia, con toda su fe y con todas sus gracias, en el desarrollo de la sociedad
tiene un papel imprescindible.
Respecto a la dimensión natural del matrimonio. La Iglesia siempre ha respetado la
dimensión natural del matrimonio. Si dos mahometanos se hacen católicos tiene que bautizarse
pero no casarse porque ya lo están. Lo que hace Cristo es elevar a la dimensión sacramental el
vínculo natural. Cuando nosotros tenemos en cuenta la grandeza y las dimensiones naturales del
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matrimonio podremos actuar no sólo con mucho sentido cristiano sino también entender más a
los que viven situaciones difíciles.
Como ideal es que nosotros sacerdotes amemos la institución matrimonial. Ayudar a
nuestros hermanos a que valoren qué es ser familia y que juntos construyamos el Reino de Dios.
*******
E. Glennie
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