SEAN SANTOS: MANDATO DE DIOS
Reflexión dominical 20.02.11
Mons. José Ignacio Alemany Grau. Obispo
Este domingo séptimo del tiempo
ordinario huele a santidad.
Se trata de una santidad simple para
los sencillos y valientes.
Ser santo no es hacer cosas raras.
Tampoco es hacer milagros… o
pelearse con el suelo para rezar
suspendido en éxtasis de amor a Dios.
Ser santo es parecerse al Padre.
El hijo bueno siempre goza cuando le
dicen “te pareces a tu papá”. También
el padre se alegra al ver que los ojos
de su pequeño son parecidos a los
suyos.
¿Qué quiere Dios que hagamos para
ser semejantes a Él?
Vean qué sencillo:
“Pues yo les digo: Amad a vuestros
enemigos, y rezad por los que os
persiguen…”
Es claro que esto cuesta, pero
teóricamente es fácil de entender.
Por lo demás, el Reino es un tesoro
tan grande que es lógico que cueste.
Lo que vale cuesta, solemos decir.
En fin de cuentas sería muy simplón
decir que el cristianismo es sólo para
devolver amor a quien nos quiere e
invitar a los amiguitos… “eso mismo lo
hacen los paganos”, los que no tienen
fe.
¿Será tan importante amar y rezar
por los enemigos?
Pues fíjate bien lo que enseña Jesús
hoy:
“…Así seréis hijos de vuestro Padre
que está en el cielo, que hace salir su
sol sobre malos y buenos y manda la
lluvia a justos e injustos”.
¿Fácil? ¿Difícil?
A nuestra naturaleza interesada y
débil le cuesta, pero Dios nos da su
gracia para que podamos parecernos a
Él. Nunca lo mereceremos, pero
sabemos que “Él es compasivo y
misericordioso”, como dice el salmo
responsorial.
“Él perdona nuestras culpas” y “siente
ternura por sus hijos”.
Contando con Él podemos entender el
pedido de Dios en el Levítico:
“Seréis santos, porque yo, el Señor,
vuestro Dios, soy santo”.
La razón es aplastante y no hay otra.
Está claro
santos”.
el
mandato:
“Seréis
Los motivos son más fuertes y claros:
Primero: “Porque yo soy santo”. Es
decir, quiere que nos parezcamos a Él.
Segundo: Y “soy vuestro Dios”. Por
tanto, el que manda sobre todo lo
creado, nos puede mandar.
Tercero: “Soy su Señor”. Y los
súbditos tienen que cumplir la
voluntad de su amo.
Tres razones para quien tome en
serio a su Creador.
¿Y cómo
santidad?
se
puede
llegar
a
la
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El mismo párrafo del Evangelio de hoy
nos lo explica, primero en negativo:
No odies, ni te vengues, ni guardes
rencor.
Y luego en positivo:
“Ama al prójimo como a ti mismo”.
Más adelante, Jesús llevará este
amor a un grado muy superior cuando
nos diga ¡ámalo como yo te amo!... y
más aún ¡como nos amamos en la
Trinidad!
Y en este párrafo del Evangelio de
hoy es preciso tener en cuenta un
detalle importante: “corrige a tu
pariente para que no cargues tú con
su pecado”.
Creo que esto es para pensarlo. Te
invito a que lo hagas como una
reflexión concreta para este día.
San Pablo, a su vez, nos enseña que en
nosotros, pobres “vasos de barro”,
llevamos la fuerza de Dios: somos
débiles y pequeños pero “somos
templo de Dios y el Espíritu de Dios
habita en nosotros”.
Se trata de un verdadero tesoro.
Llevamos dentro de nosotros a Dios
con todo su poder.
Pero
es
también
una
gran
responsabilidad: como tú eres templo
de Dios y le perteneces a Él si tú
destruyes tu “templo de Dios”… “Dios
te destruirá”.
¿Por qué dice esto San Pablo?
Porque el templo de Dios es santo y
ese templo eres tú mismo.
¡Cuánta
regalo!
responsabilidad
y
cuánto
Dios va dentro de ti a todas partes.
Ahora sí entendemos que es preciso
poner los medios y sobre todo
“cumplir los mandamientos”, “guardar”
su Palabra.
“Quien guarda la Palabra de Cristo,
ciertamente el amor de Dios ha
llegado en él a su plenitud”.
Si lo hacemos así cumpliremos el
mandato del Señor: “¡Sean Santos!”
Termino con estas palabras de
Benedicto XVI del miércoles pasado:
“Que corráis por le camino de la
santidad a la que el Señor os ha
llamado con el bautismo, abriendo
vuestro corazón al amor de Dios y
dejándoos transformar y purificar
por su gracia”.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
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