SALA CONSTITUCIONAL
Magistrado Ponente: JESUS EDUARDO CABRERA ROMERO
En fecha 14 de marzo de 2000, esta Sala recibió de la Sala PolíticoAdministrativa de este Alto Tribunal, el expediente contentivo de la acción de amparo
tributaria interpuesta el 24 de febrero de 1997 ante el Tribunal Superior Primero de lo
Contencioso Tributario de la Circunscripción Judicial de la Región Capital, por el
abogado JOSE RAFAEL BELISARIO RINCÓN, inscrito en el Inpreabogado bajo el Nº
34.357, actuando con el carácter de apoderado judicial de los ciudadanos NORA
EDUVIGIS GRATEROL DE PAYARES, CARLOS GERARDO DOMÍNGUEZ
GRATEROL, JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ GRATEROL y MARÍA EUGENIA
DOMÍNGUEZ GRATEROL, titulares de las cédulas de identidad Nros. 3.101.908,
6.910.557, 6.910.556 y 10.790.263, respectivamente, integrantes de la SUCESIÓN DE
CARLOS ALBERTO DOMÍNGUEZ GÓMEZ, a los fines de que la Administración
Tributaria les expida a sus representados el certificado de solvencia de impuestos
sucesorales.
Dicha remisión obedeció a que la Sala Político-Administrativa de este Alto
Tribunal, mediante sentencia de fecha 24 de febrero de 2000 declinó en esta Sala la
competencia para conocer de dicho amparo.
El mismo día se dio cuenta en Sala y se designó como ponente al Magistrado
que con tal carácter suscribe.
Realizado el estudio del expediente, se pasa a dictar sentencia, previas las
siguientes consideraciones:
I
DE LA ACCION DE AMPARO
En el escrito que contiene la acción de amparo tributario, el apoderado actor
señaló lo siguiente:
1.- Que en fecha 24 de mayo de 1978 falleció en Caracas el ciudadano CARLOS
ALBERTO DOMÍNGUEZ GOMEZ, cuya sucesión está integrada por sus
representados, y que en consecuencia, el impuesto sucesoral fue liquidado según
Planilla Nº 3650 del 22 de noviembre de 1982 por la cantidad de Nueve Millones
Setecientos Veintitrés Mil Quinientos Veintitrés Bolívares con Cincuenta Céntimos (Bs.
9.723.523,50), cuyo pago con motivo de la existencia de procesos judiciales en los
cuales se discutía sobre el patrimonio hereditario tuvo que ser demorado hasta su
terminación.
2.- Que una vez efectuado dicho pago, el 9 de julio de 1992 fue emitida una
Planilla de intereses moratorios distinguida con el Nº 3593, por un monto de Nueve
Millones Setecientos Treinta y Siete Mil Ciento Tres Bolívares con Noventa y Cuatro
Céntimos (Bs. 9.737.103,94) con vencimiento el 1º de octubre de 1992.
3.- Que para esa fecha, la sucesión carecía de liquidez para su pago inmediato,
razón por la cual procedieron a su cancelación mediante depósitos en una cuenta abierta
en el Banco Industrial de Venezuela, Agencia Los Ruíces, conforme al oficio de la
Administración Tributaria Nº 01133 del 28 de septiembre de 1992, en el cual además se
indicó el número y los montos de los pagos mensuales que efectuaría la Sucesión (36
pagos de Bs. 216.379,80 cada uno) y el total que sumarían (Bs. 9.737.103,94).
4.- Que en consecuencia se abrió la cuenta Nº 17-10-0527-5, en la cual la
sucesión depositó un cheque por la suma de Un Millón Novecientos Cuarenta y Siete
Mil Cuatrocientos Veinte Bolívares con Setenta y Nueve Céntimos (Bs. 1.947.420,79)
correspondiente al 20 % del monto antes señalado, y que entre el 15 de octubre de 1992
y el 30 de junio de 1993 efectuaron los subsiguientes depósitos por la suma de Ciento
Ocho Mil Ciento Ochenta y Nueve Bolívares con Noventa Céntimos (Bs. 108.189,90)
cada uno.
5.- Que el 30 de julio de 1993 la Sucesión procedió a completar el pago de dicha
Planilla de intereses Nº 3593 de fecha 9 de julio de 1992, depositando la cantidad de
Cinco Millones Ochocientos Cuarenta y Dos Mil Doscientos Sesenta y Cuatro Bolívares
con Noventa Céntimos (Bs. 5.842.264,90).
6.- Que en fecha 17 de febrero de 1994, la Administración Tributaria emitió
Planilla Nº 647, correspondiente a intereses sobre saldos deudores de la suma de Bs.
9.737.103,94, lo cual -en su criterio- constituye una “...liquidación de intereses sobre
intereses...” pues la misma reproduce los montos pagados por dicha sucesión de acuerdo
a la Planilla de Intereses Nº 3593.
7.- Que contra esa Planilla Nº 647 la Sucesión que representa interpuso recurso
contencioso tributario, el cual mediante decisión de fecha 21 de junio de 1995, fue
declarado sin lugar por el Tribunal Superior Quinto de lo Contencioso Tributario;
decisión contra la cual ejercieron apelación que formalizaron ante la Sala PolíticoAdministrativa, pero de la cual desistieron cuando la causa se encontraba en estado de
sentencia.
8.- Que el 9 de octubre de 1996 su representada canceló la suma de Tres
Millones Cuatrocientos Setenta y Un Mil Trescientos Cuarenta y Cinco Bolívares con
Setenta y Tres Céntimos (Bs. 3.471.345,73), correspondiente a los intereses moratorios
recurridos, extinguiéndose así la deuda que su representada tenía con la Administración
Tributaria.
9.- Que en virtud de que la Sucesión nada adeuda al Fisco Nacional por concepto
de tributos y accesorios relacionados con el impuesto sobre sucesiones, la misma
procedió a solicitar a la Administración Tributaria se le expidiera la Solvencia de
Impuesto Sucesoral, en los términos establecidos en el artículo 42 de la Ley de
Impuesto sobre Sucesiones, Donaciones y demás Ramos Conexos.
10.- Que dada la falta de respuesta, su representada ratificó su solicitud mediante
escrito de fecha 22 de enero de 1997, y que hasta la fecha no ha recibido ningún
pronunciamiento por parte de la Administración Tributaria, lo cual –en su criterioconstituye una flagrante violación de los artículos 42 de la Ley antes mencionada y 153
del Código Orgánico Tributario y causa graves perjuicios a su representada, toda vez
que el certificado de solvencia es imprescindible para que pueda la sucesión disponer de
los bienes hereditarios que componen su activo social.
Finalmente, solicita que “...en aplicación de los (sic) dispuesto en el Artículo
215 del Código Orgánico Tributario se sirva tramitar el presente Amparo Tributario a
los fines de que la Administración Tributaria cumpla con su obligación de expedir a
...(su)... representada su certificado de solvencia de impuestos sucesorales”.
II
DE LA SENTENCIA APELADA
Mediante sentencia de fecha 17 de marzo de 1997, el Tribunal Superior Noveno
de lo Contencioso Tributario de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas declaró con lugar el amparo tributario ejercido, ordenando a la Gerencia de
Tributos Internos-Región Capital (SENIAT) expedir el certificado de solvencia
solicitado por los accionantes, en el plazo perentorio de cuarenta y ocho (48) horas
contadas a partir de la notificación de la presente decisión, y señalando que de no
cumplir con lo señalado en el lapso indicado “...el Tribunal dispensará a los integrantes
de la SUCESIÓN DE CARLOS ALBERTO DOMÍNGUEZ GOMEZ, del requisito
de exhibir ante las autoridades respectivas el Certificado de liberación de Derechos
Sucesorales emitido por la citada Gerencia, y eximiéndoles de presentar afianzamiento
del interés fiscal comprometido...”. Dicha decisión estuvo fundamentada en la
consideración de que “...la Administración Tributaria, ha incurrido en demora
injustificada y excesiva en resolver tal petición, ocasionándole a la recurrente,
obviamente trastornos en el ámbito de sus gestiones ordinarias, para las cuales pudieran
exigirle la exhición (sic) del certificado de solvencia del impuesto sucesoral, que ha de
expedir dicha administración...”.
III
CONSIDERACIONES PARA DECIDIR
Corresponde a esta Sala pronunciarse acerca de su competencia para conocer de
la presente apelación, la cual le ha sido declinada por la Sala Político-Administrativa de
este Alto Tribunal, con fundamento en lo siguiente:
“...visto que en el caso de autos se ha ejercido una
apelación, con fundamento en el artículo 35 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, contra una decisión dictada, a propósito
de una acción de amparo; por el Juzgado Superior
Noveno de lo Contencioso Tributario, que se circunscribe
a los criterios establecidos por la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia, procede a declinar la
competencia para conocer de la presente acción de
amparo en esta última. Así se decide”.
Observa esta Sala que la sentencia apelada fue dictada por un Juzgado Superior
con competencia Contencioso-Tributaria de conformidad con lo dispuesto en el artículo
220 del Código Orgánico Tributario, conociendo en primera instancia de un amparo
tributario ejercido por una sucesión de acuerdo al artículo 215 eiusdem que es del
siguiente tenor:
“Artículo 215: Procederá la acción de amparo cuando la
Administración Tributaria incurra en demoras excesivas
en resolver sobre peticiones de los interesados y ellas
causen perjuicios no reparables por los medios procesales
establecidos en este Código o en leyes especiales”.
Igualmente, se observa que ejercido el recurso de apelación por los
representantes judiciales del Fisco Nacional, el mismo fue oído en ambos efectos de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 217 del mismo Código, como consta del
folio 89 del presente expediente.
Ahora bien, tratándose de la primera oportunidad que tiene esta Sala para
pronunciarse respecto a una apelación ejercida con ocasión a un amparo tributario, ella
estima necesario -antes de hacer algún pronunciamiento al respecto de dicha apelaciónesgrimir algunas consideraciones sobre ese medio judicial y su regulación por el
Derecho, y al efecto, se observa:
La relación jurídico-tributaria nace entre el Estado y los particulares como
consecuencia del Poder Tributario y del ejercicio de la competencia que en esta materia
le ha sido atribuido al Poder Nacional y a los Municipios en la Constitución de 1961, en
el ordinal 8º del artículo 136 y en el artículo 29, respectivamente, en los términos
siguientes:
Artículo 136: Es de la competencia del Poder Nacional:
...Omissis...
8º- La organización, recaudación y control de los
impuestos a la renta, al capital y a las sucesiones y
donaciones; de las contribuciones que gravan la
importación, las de registro y timbre fiscal y las que
recaigan sobre la producción y consumo de bienes que
caigan sobre la producción y consumo de bienes que total
o parcialmente la ley reserve al Poder Nacional, tales
como las de alcoholes, licores, cigarrillos, fósforos y
salinas; las de minas e hidrocarburos y los demás
impuestos, tasas y rentas no atribuidos a los Estados y a
los Municipios, que con carácter de contribuciones
nacionales creare la ley”.
Artículo 29: La autonomía del Municipio comprende:
(...)
3º- La creación, recaudación e inversión de sus ingresos.
...Omissis...”.
Los ingresos que obtiene el Municipio por concepto de tasas, patentes,
impuestos y multas, esto es, en ejercicio de la potestad tributaria están especificados en
el artículo 31 del Texto Fundamental.
Asimismo, los Estados ejercen la competencia tributaria en la medida en que
ésta le ha sido transferida por el Poder Nacional, a los fines de la descentralización
administrativa, en las materias específicamente establecidas en el artículo 11 de la Ley
Orgánica de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias del
Poder Público, referidas al ramo del papel sellado y a impuestos al consumo no
reservados por ley al Poder Nacional, ello en un todo conforme a lo pautado en el
ordinal 6º del artículo 17 de la Constitución de la República de Venezuela de 1961.
Dicha competencia tributaria también ha sido contemplada en la vigente
Constitución, cuando en el numeral 12 de su artículo 156, establece que es de la
competencia del Poder Público Nacional “(L)a creación, organización, recaudación,
administración y control de los impuestos sobre la renta, sobre sucesiones,
donaciones y demás ramos conexos, el capital, la producción, el valor agregado, los
hidrocarburos y minas, de los gravámenes a la importación y exportación de bienes y
servicios, los impuestos que recaigan sobre el consumo de licores, alcoholes y demás
especies alcohólicas, cigarrillos y demás manufacturas del tabaco, y los demás
impuestos, tasas y rentas no atribuidas a los Estados y Municipios por esta Constitución
y la ley”; así como de lo dispuesto en los artículos 164 y 179 eiusdem, referidos a la
competencia exclusiva de los Estados y a los ingresos de los Municipios,
respectivamente.
De manera pues que, atendiendo a las competencias atribuidas en la Carta
Magna, el Estado a través de sus entes político-territoriales, realiza una actividad
tributaria, y ella sólo es posible por la existencia
del llamado Poder Tributario
“...(C)omo una manifestación del Poder Público, (...) el cual emana del imperium y
soberanía estatal, facultando a sus órganos legislativos para crear un conjunto de normas
jurídicas destinadas a imponer coactivamente a los particulares la obligación de entregar
una parte de sus rentas o de su patrimonio para satisfacer las necesidades colectivas”.
(Humberto D’Ascoli Centeno. “Potestades de la Administración Tributaria en el
Ordenamiento Jurídico Venezolano”. La Administración Tributaria y los Derechos de
los Contribuyentes. págs 121 y 122).
Así pues, una vez que el Estado, a través de los órganos que conforman la
Administración Tributaria, ejercita ese poder sobre los particulares, surge la llamada
relación jurídico-tributaria, la cual entendida en un sentido amplio tiene un contenido
complejo, que el autor Fernando Sainz de Bujanda en sus “Lecciones de Derecho
Financiero” (Serie de Publicaciones de la Facultad de Derecho en la Universidad
Complutense, Madrid, 1995. Págs. 194 y 195), resume de la siguiente forma:
“...1. Se integra, en primer término, por la relación
jurídica tributaria en sentido estricto, que suele
denominarse abreviadamente obligación tributaria. La
obligación tributaria se caracteriza por el contenido
patrimonial de la prestación que constituye su objeto, así
como por la función típica que cumple, que consiste en
hacer llegar al acreedor los ingresos que le son necesarios
para su funcionamiento.
2. Junto a la obligación tributaria, las leyes tributarias
regulan también otras obligaciones cuya prestación es
también de contenido patrimonial, pero que se distinguen
de la primera porque su función no es la típica de ésta –es
decir, la de procurar un ingreso tributario- y porque,
consiguientemente, varía también, en casi todos sus
aspectos, el régimen jurídico de una y otras. (Por
ejemplo, las obligaciones pecuniarias derivadas de la
imposición de multas y, en general, de sanciones
previstas en las leyes tributarias para los diversos tipos de
infracciones que puedan producirse por incumplimiento
de la obligación tributaria o de otra clase de deberes.)
3. Existen relaciones jurídicas sin contenido patrimonial,
cuyo lado pasivo se califica con frecuencia, en el lenguaje
usual y en los textos positivos, también de obligación.
Las leyes tributarias establecen y regulan múltiples
obligaciones accesorias (de la principal o tributaria)
cuando forman parte de una relación jurídica tributaria.
En cambio no son accesorias cuando tengan relaciones
jurídicas ajenas a una relación jurídica determinada. No
obstante, un amplio sector de la doctrina prefiere emplear
el término “deberes” para designar a estos vínculos sin
contenido patrimonial.
4. Por el lado activo de las relaciones tributarias, a las
diferentes situaciones de obligación examinadas
corresponden otros tantos derechos, cuyo contenido varía
naturalmente en función del contenido de la obligación.
5. Las leyes tributarias regulan también potestades
administrativas cuyo ejercicio por el poder público puede
generar el nacimiento de deberes sin contenido
patrimonial a cargo de los contribuyentes o de otras
personas (por ejemplo, el deber de presentar una
declaración complementaria o el de entregar una relación
de operaciones con clientes) o bien producir la
transformación de créditos tributarios de cuantía
indeterminada en créditos de importe determinado
(operaciones liquidatorias). En esta última hipótesis, la
potestad opera una mutación en el ámbito de la relación
patrimonial típica, es decir, en el seno de la relación de
crédito y deuda tributarias...”.
Ahora bien, independientemente del contenido que tenga esa relación jurídica
surgida del ejercicio del Poder Tributario antes referido, la misma siempre está revestida
de una serie de garantías que otorga el Texto Fundamental a favor de los sujetos pasivos
de esa relación, y que de alguna manera se constituyen en restricciones al ejercicio de
ese poder de la Administración Tributaria. Entre esas garantías constitucionales, resaltan
los principios de legalidad tributaria, de no confiscación y de igualdad ante las cargas
públicas, previstos en los artículos 224, 102 y 223 de la Constitución de 1961 y
recogidos en los artículos 317, 116 y 316 de la Constitución de 1999.
El principio de legalidad, que según el profesor Dino Jarach es “...el axioma
fundamental en esta rama jurídica, y que bien se podía llamar la partida de nacimiento
del derecho tributario...” (“Finanzas Públicas y Derecho Tributario”. Edit. Cangallo.
1993) debe inspirar toda relación jurídico-tributaria, de manera que como afirma el
doctor Gabriel Ruán Santos, “...(E)n primer lugar, está el punto de la confrontación
entre la relación de derecho y la relación de poder en la actividad de la
Administración. Se dice que el principio de legalidad tributaria por su carácter estricto
conduce a una pura relación de derecho entre la Administración y el ciudadano
contribuyente, que todo poder o deber tributario deben estar preestablecidos en la Ley
y a ello deben someterse tanto la Administración como el contribuyente. Ello da lugar a
un verdadero ‘estatuto del contribuyente’ que no puede ser obviado ni debe ser
desacatado. Frente a esta relación, se dice, que no existe una verdadera relación de
poder, ya que la Administración realmente no impone un poder propio, sino que
simplemente aplica una norma legal, cuando exige el pago de un tributo o cuando
determina una obligación tributaria...”. (“La Administración Tributaria y los Derechos
de los Contribuyentes. Homenaje a la Memoria de Ilse Van der Velde”, pág. 15).
Las ideas anteriores permitieron a Amilcar De Araujo Falcao expresar que la
relación tributaria “...se define como una obligación ex lege de derecho público en
virtud de la cual el Estado u otra persona de Derecho Público exige la prestación de
tributos...” (El Hecho Generador de la Obligación Tributaria. Ediciones de Palma.
1964), quedando comprendido dentro de este concepto las demás relaciones jurídicas
accesorias o secundarias vinculadas a la obligación principal de pagar el tributo, como
lo serían las consecuencias de derecho a la liquidación y pago del mismo.
Teniendo el principio de legalidad vital importancia en el ejercicio del poder
tributario, el Código Orgánico Tributario constituye expresión de dicho principio en la
medida que aparece como el ordenamiento jurídico para regular esta materia especial.
Así lo reconocen los doctrinarios de esta especialidad, entre los cuales cabe mencionar a
la doctora Ruth Noemí Rojas, quien en su artículo Las Funciones, Facultades y Deberes
de la Administración Tributaria en el Código Orgánico Tributario, ha señalado, entre
otras cosas, que “...el Código Orgánico Tributario es una ley general de la tributación,
aplicable en principio, a todos los tributos y a las relaciones jurídicas que de ellos se
derivan, salvo las excepciones que el mismo Código establece; es una ley de aplicación
preferente a las leyes especiales creadoras de tributos y a todas las normas generales de
naturaleza tributaria; el Código Orgánico Tributario desarrolla los principios
constitucionales de la tributación y garantiza la posición equilibrada frente a los
intereses, contrapuestos, del Estado y de los contribuyentes, lo cual refleja el concepto
de que la relación jurídico tributaria es una relación de derecho y no de poder....”.
Siendo evidente la existencia de un cuerpo normativo que rige de manera
preferente a la relación jurídico-tributaria y por ende, a todas las situaciones que con
ocasión a ella puedan suscitarse, así como las acciones o recursos con que cuenta el
administrado frente a la actuación u omisión de la Administración Tributaria que pueda
afectar su esfera jurídico-subjetiva, resulta imprescindible para esta Sala hacer un
análisis del amparo tributario previsto en el capítulo IV del título V “Procedimientos
Contenciosos” del Código Orgánico Tributario y del amparo constitucional consagrado
en el Texto Fundamental y regulado en una ley especial, como lo es la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, en virtud de que en el presente
caso, nos encontramos ante el supuesto de un amparo tributario por el retardo de la
Administración Tributaria de expedir el certificado de solvencia, respecto al pago de un
impuesto sucesoral.
Las certificaciones de solvencia pueden ser solicitadas a la Administración
Tributaria por los contribuyentes, responsables o terceros que con interés legítimo, estén
obligados a acreditar el cumplimiento de obligaciones tributarias, y la expedición de tal
solvencia debe realizarse en el plazo no mayor de tres (3) días, de acuerdo al texto del
artículo 153 del Código Orgánico Tributario. Lo anterior, constituye un deber de la
Administración Tributaria, pero ese requisito de certificación que tiene efecto
liberatorio respecto de los contribuyentes y responsables “...no podrá afectar el libre
ejercicio de los derechos consagrados en la Constitución” (artículo 156 del Código
Orgánico Tributario).
Sucede que aun cuando pudiera hablarse de un derecho constitucional tributario
como lo afirma el profesor Enrique G. Bulit Goñi “...en cuanto se apunte al conjunto de
principios y normas constitucionales, que son aplicables al derecho tributario al regular
el fenómeno financiero, la asignación de poderes, potestades, competencias o
atribuciones tributarias y sus límites, su coordinación federal, las garantías del
contribuyente, la tipificación de los ilícitos, la sustanciación de los contradictorios,
etc...” (“Estudios de Derecho Constitucional Tributario”, Homenaje al Prof. Dr. Roberto
Luqui, Edit. De Palma, Buenos Aires-Argentina. 1994, pp. 73 y 74), tal determinación
no nos puede llevar a concluir que el amparo tributario sea un amparo constitucional o
una categoría al menos de éste. Para sustentar razonadamente la afirmación anterior,
esta Sala estima necesario examinar el contenido de las disposiciones relacionadas con
dichas figuras procesales, y a tal efecto, se observa:
En la Constitución de 1961, el amparo constitucional estaba consagrado en los
siguientes términos:
“Artículo 49: Los Tribunales ampararán a todo habitante de
la República en el goce y ejercicio de los derechos y
garantías que la Constitución establece, en conformidad
con la ley.
El procedimiento será breve y sumario, y el juez
competente
tendrá
potestad
para
restablecer
inmediatamente la situación jurídica infringida”.
En la Constitución vigente está previsto en el artículo 27, que es del tenor
siguiente:
“Artículo 27: Toda persona tiene derecho a ser
amparada por los tribunales en el goce y ejercicio de los
derechos y garantías constitucionales, aun de aquellos
inherentes a la persona que no figuren expresamente en
esta Constitución o en los instrumentos internacionales
sobre derechos humanos.
El procedimiento de la acción de amparo constitucional
será oral, público, breve, gratuito y no sujeto a formalidad,
y la autoridad judicial competente tendrá potestad de
restablecer inmediatamente la situación jurídica infringida
o la situación que más se asemeje a ella. Todo tiempo será
hábil y el tribunal lo tramitará con preferencia a cualquier
otro asunto.
...Omissis...”. (Resaltado de esta Sala).
En la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales se
establece en su artículo 1º, lo siguiente:
“Artículo 1: Toda persona natural habitante de la
República o persona jurídica domiciliada en ésta, podrá
solicitar ante los Tribunales competentes el amparo
previsto en el artículo 49 de la Constitución, para el goce y
el ejercicio de los derechos y garantías constitucionales,
aún de aquellos derechos fundamentales de la persona
humana que no figuren expresamente en la
Constitución, con el propósito de que se restablezca
inmediatamente la situación jurídica infringida o la
situación que más se asemeje a ella.
...Omissis...”. (Resaltado de la Sala
Por su parte, el Código Orgánico Tributario prevé una acción de amparo dentro
del Título denominado “Procedimientos Contenciosos”, estableciendo en su artículo
215, lo siguiente:
“Artículo 215: Procederá la acción de amparo cuando la
Administración Tributaria incurra en demoras excesivas
en resolver sobre peticiones de los interesados y ellas
causen perjuicios no reparables por los medios procesales
establecidos en este Código o en leyes especiales”.
(Resaltado de esta Sala).
Dicha acción de amparo denominada por la doctrina “Amparo Tributario”, es un
medio judicial previsto en el mencionado Código Orgánico para proteger al
administrado del retardo por parte de la Administración Tributaria de resolver -en el
lapso legalmente establecido- las peticiones o solicitudes que éste le formule, con
ocasión de la existencia de una relación jurídico-administrativa en la materia de tributos;
figura que está a disposición del administrado desde el 31 de enero de 1983, fecha en la
cual entró en vigencia el Código Orgánico Tributario, y a pesar de las reformas del
mismo, dicho medio de protección se mantiene en el Código Orgánico Tributario
vigente de 1994; mientras que el amparo constitucional es una vía de protección de los
derechos y garantías consagrados en la Constitución así como de aquellos inherentes a
la persona humana que no figuren en el Texto Fundamental y en los instrumentos
internacionales, que tiene como propósito restablecer la situación jurídica infringida o la
situación que más se asemeje a ella, y cuya regulación en ley especial data del 27 de
septiembre de 1988, esto es, en una fecha posterior al cuerpo normativo que regula de
manera especial el amparo tributario, no pudiendo entonces afirmarse que éste es
consecuencia del amparo constitucional.
El problema de asimilar uno con el otro, o de creer que uno es una especie de un
género, parece surgir cuando se cree que el amparo tributario se prevé como medio de
protección del derecho de petición y de oportuna respuesta que tiene el particular,
derecho éste consagrado en el artículo 67 de la Constitución de 1961 y hoy en día en el
artículo 51 de la vigente Constitución; pues si se parte ya no de la protección de un
derecho constitucional sino de la garantía legal que tiene el administrado de que la
Administración cumpla con una obligación prevista en la ley, a través de un medio
también previsto en un instrumento especial como lo es el Código Orgánico Tributario,
la distinción existente entre dichos medios judiciales aparece más evidente.
Además, es necesario indicar que por el sólo hecho de que en el Código
Orgánico Tributario se identifica dicha vía judicial como “Acción de Amparo”, no
puede considerarse que se está previendo en dicho Ordenamiento especial un amparo
constitucional o una categoría de éste, pues el amparo como término no es otra cosa que
la “...Acción y efecto de amparar o ampararse...”, esto es, de “Favorecer, proteger”;
“Valerse del apoyo o protección de alguien de algo”; o “Defenderse, guarecerse”
(Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Madrid 1992, pág. 93),
“valimiento, favor o protección” (Diccionario Enciclopédico de Derecho Usual.
Guillermo Cabanellas, pág. 280, tomo I), siendo así utilizado dicho término en otras
figuras del derecho como el amparo agrario otorgado por el funcionario administrativo
competente en la materia, el interdicto de amparo y el amparo provisional a las
personas, sin que las mismas tengan similitud ni relación con el amparo constitucional;
además que algunas leyes estadales contemplan el “amparo policial”. En cambio,
existen medidas de protección previstas en leyes especiales muy parecidas al amparo, en
virtud de que tienden a la protección de derechos y garantías, pero que han sido
consagradas de modo que puedan ser aplicadas por órganos administrativos
competentes, como por ejemplo lo sería el abrigo establecido como medida provisional
y excepcional dictada en sede administrativa por los Consejos de Protección del Niño y
del Adolescente (Artículo 127 de la Ley Orgánica para la Protección del Niño y del
Adolescente).
Así pues, considera esta Sala necesario partir de la premisa que cuando la
disposición que consagra el amparo tributario se refiere a las demoras excesivas en que
incurra la Administración Tributaria en resolver sobre peticiones de los interesados, no
es cualquier petición o solicitud, pues se trata únicamente de aquéllas que puedan
formular los sujetos pasivos de la relación jurídico-tributaria, y las cuales debe resolver
o responder la Administración Tributaria, en el lapso que establezca el Código Orgánico
Tributario o las leyes especiales que en materia financiera le impongan tal obligación.
Resulta pues, que cuando se considera procedente el amparo tributario, el
juzgador sólo debe fijar en su sentencia “...un término a la Administración Tributaria
para que realice el trámite o diligencia o dispensará del mismo al actor, previo
afianzamiento del interés fiscal comprometido...” (artículo 217 del Código Orgánico
Tributario), como en efecto lo hizo el juez de la recurrida en el presente caso, al ordenar
a la Gerencia de Tributos Internos-Región Capital (SENIAT) expedir el certificado de
solvencia solicitado por los accionantes, en el plazo perentorio de cuarenta y ocho (48)
horas contadas a partir de la notificación de la presente decisión; y al señalar que de no
cumplir con lo señalado en el lapso indicado “...el Tribunal dispensará a los integrantes
de la SUCESIÓN DE CARLOS ALBERTO DOMÍNGUEZ GOMEZ, del requisito
de exhibir ante las autoridades respectivas el Certificado de liberación de Derechos
Sucesorales emitido por la citada Gerencia, y eximiéndoles de presentar afianzamiento
del interés fiscal comprometido...”.
Mientras que cuando se estima procedente el amparo constitucional ejercido, el
juzgador tiene la posibilidad de ordenar una conducta positiva al ente agraviante de la
Administración Pública, o bien ordenarle que se abstenga de actuar de una
determinada forma, de manera que la sentencia que se dicte debe contener, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 32 de la Ley Orgánica de Amparo sobre
Derechos y Garantías Constitucionales, “...A) Mención concreta de la autoridad, del
ente privado o de la persona contra cuya resolución o acto u omisión se conceda el
amparo; B) Determinación precisa de la orden a cumplirse, con las especificaciones
necesarias para su ejecución; C) Plazo para cumplir lo resuelto”.
Luego, se trata de dos acciones con fines diferentes. La primera es para que se
cumpla con una obligación; la segunda preventiva o restablecedora, según los casos.
Vistos los textos normativos que consagran el amparo tributario y el amparo
constitucional, y hechas las anteriores reflexiones, surgen para esta Sala claras
diferencias entre ambas vías judiciales, por lo cual vale destacar las siguientes:
1.- En el amparo tributario, el sujeto activo de acuerdo al artículo 216 del
Código Orgánico Tributario es “...cualquier persona afectada...”, entendiendo que debe
estar afectada por la demora en la resolución de la petición que ha formulado; solicitud
que debe estar circunscrita al vínculo jurídico que la une con la Administración
Tributaria sea éste en calidad de contribuyente, de responsable o de tercero con un
interés legítimo de acreditar una obligación tributaria; y el sujeto pasivo únicamente
puede ser la Administración Tributaria que es la obligada por ley a resolver en el lapso
establecido las peticiones o solicitudes de los contribuyentes o responsables, mientras
que en el amparo constitucional el sujeto activo es según la Constitución vigente “toda
persona” sin ningún tipo de distinción, y como agraviante no sólo puede ser señalada la
Administración Tributaria, sino la Administración Pública en general, tal y como está
previsto en el artículo 2 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales.
2.- El amparo tributario se ejerce a través de una demanda en cuyo escrito el
solicitante debe especificar las gestiones realizadas y el perjuicio que ocasiona la
demora, acompañando los escritos por medio de los cuales ha urgido el trámite; por su
parte el amparo constitucional se interpone mediante un escrito o en forma oral,
teniendo la carga el accionante de cumplir con los requisitos que señala el artículo 18 de
la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales y de
demostrar que su acción no encuadra en ninguna de las circunstancias previstas en el
artículo 6 eiusdem, que pudieran impedir su admisión.
3.- El procedimiento del amparo tributario se circunscribe al requerimiento que
hace el Tribunal a la Administración, en el cual le otorga un término breve y perentorio
para que le informe por escrito sobre la causa de la demora, y vencido el plazo dicta
dentro de los cinco días hábiles la decisión correspondiente, la cual puede ser apelada
dentro de los diez días continuos (artículo 217 del Código Orgánico Tributario). El
procedimiento para tramitar el amparo está regulado en la ley que lo rige; sin embargo,
el mismo ha sido ajustado a los principios de oralidad, publicidad, brevedad, gratuidad e
informalidad que lo inspiran de acuerdo a la vigente Constitución, por esta Sala
Constitucional mediante una interpretación vinculante que se hiciera en la sentencia de
fecha 01-02-2000, recaída en el caso José Amado Mejía. Del texto de la Ley así como
del contenido de dicha sentencia se puede colegir las discrepancias entre ambos
procedimientos, por sólo mencionar una, la verificación de una audiencia oral como
acto de inmediación del proceso de amparo constitucional.
4.- El supuesto de procedencia en el amparo tributario es la constatación de una
demora excesiva de la Administración Tributaria en resolver peticiones de los
interesados, cuando ella cause un perjuicio no reparable por los medios procesales
establecidos en el Código Orgánico Tributario o en leyes especiales, siendo el del
amparo constitucional la demostración de que existe la violación o amenaza de
violación de derechos y garantías constitucionales.
5.- La decisión del amparo tributario está delimitada por el Código Orgánico
Tributario y específicamente debe contener una orden para que la Administración
Tributaria cumpla en un término señalado con el trámite o diligencia solicitada, no
siendo así en el amparo constitucional en cuya decisión el juez cuenta con plenos
efectos restablecedores (artículo 27 de la Constitución y 1º de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales), tanto es así que en virtud de lo
dispuesto en el artículo 29 de la ley que rige la materia, debe ordenar que el
mandamiento dictado sea acatado por todas las autoridades de la República, so pena de
incurrir en desobediencia a la autoridad.
6.- La apelación que se ejerza contra la decisión dictada en primera instancia
sobre un amparo constitucional sólo se oirá en un solo efecto por disposición expresa de
la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales (artículo 35),
mientras que la decisión que se dicta en primera instancia de un amparo tributario tiene
apelación de acuerdo al artículo 217 del Código Orgánico Tributario, pero esta
disposición no fija de manera expresa los efectos en que la misma será oída, en virtud
de lo cual debe el juzgador aplicar supletoriamente –según se lo ordena el artículo 223
de dicho Código- las reglas contenidas en el Código de Procedimiento Civil,
específicamente el artículo 290 que reza “La apelación de la sentencia definitiva se oirá
en ambos efectos, salvo disposición especial en contrario”.
7.- De acuerdo a su naturaleza, el amparo tributario es una acción de
cumplimiento, pues su finalidad es que la Administración Tributaria cumpla con una
obligación que la Ley le ha impuesto, y a través de esta acción se crea en el solicitante
una situación jurídica que antes no tenía; mientras que el amparo constitucional es una
acción restablecedora, en virtud de que su objetivo es proteger los derechos y garantías
constitucionales, de manera que cuando éstos son violados o amenazados de violación
dicha acción funciona para impedir un daño o restablecer la situación jurídica
infringida, o una similar a ésta. De esta manera es claro que a través del amparo
constitucional no se reclama el incumplimiento de alguna obligación, sino la amenaza
de lesión o la violación de derechos o garantías constitucionales.
Esta naturaleza tan especial del amparo tributario, hace evidente la distinción de
dicha figura con el amparo constitucional, pues no tiene como fin la protección de
derechos y garantías constitucionales, y aun cuando pudiera pensarse que está destinado
a proteger el derecho constitucional de petición y oportuna respuesta, ello no es así, por
cuanto no toda omisión conlleva la violación de un derecho constitucional, siendo así
que el amparo tributario ha sido previsto como un procedimiento contencioso para
garantizar la legalidad de la actuación de la Administración Tributaria dentro de una
relación especial como es la que nace con ocasión al ejercicio de la Potestad Tributaria.
Lo antes expresado, conduce forzosamente a que esta Sala se refiera a una
disposición estrechamente ligada al derecho constitucional de petición y oportuna
respuesta, como lo es el artículo 4 de la Ley Orgánica de Procedimientos
Administrativos, que es del tenor siguiente:
“Artículo 4: En los casos en que un órgano de la
Administración Pública no resolviere un asunto o recurso
dentro de los correspondientes lapsos, se considerará que
ha resuelto negativamente y el interesado podrá intentar
el recurso inmediatamente siguiente, salvo disposición
expresa en contrario. Esta disposición no releva a los
órganos administrativos, ni a sus personeros, de las
responsabilidades que le sean imputables por la omisión o
demora”.
La disposición antes transcrita consagra el llamado silencio administrativo
negativo, que opera como garantía legal para evitar que, una vez vencidos los lapsos
establecidos en la Ley para que la Administración se pronuncie o actúe de una
determinada forma, el administrado se quede indefinidamente esperando la respuesta,
actuación o pronunciamiento, y en consecuencia pueda agotar los recursos o acciones
que el Ordenamiento Jurídico Venezolano le establece para impugnar bien sea la
actuación o la omisión del órgano administrativo.
Así pues, cuando el administrado ha ejercido el recurso administrativo de
reconsideración y ha vencido el lapso que tiene el órgano administrativo que dictó el
acto impugnado, sin que dicho órgano se hubiese pronunciado nuevamente, se entiende
que lo ha negado y por tanto ha confirmado el acto recurrido, pudiendo así el afectado
interponer -en aplicación de lo dispuesto en la norma antes transcrita- el correspondiente
recurso administrativo, como lo sería el jerárquico. También puede darse el supuesto del
silencio respecto al recurso jerárquico ejercido, y en este caso, la denegación entendida
por el plazo del lapso legal para decidir dicho recurso cobra mayor importancia, al
abrirle al afectado el acceso a la vía contencioso-administrativa para que los órganos
jurisdiccionales competentes se pronuncie sobre el asunto.
Ahora bien, ese silencio negativo que opera como garantía para el administrado
frente al actuar de la Administración, no puede conducir a afirmar que los recursos a
que puede optar el administrado y que han sido previstos por el legislador en desarrollo
de normas fundamentales, se constituyan en la conocida acción de amparo
constitucional, ni que contra las omisiones de la Administración tenga siempre que
ejercerse el amparo constitucional, pues de ser así el amparo sustituiría a casi todas las
vías procesales establecidas en el Ordenamiento Jurídico Venezolano, por no ser tan
breves, eficaces y sumarias como ella, y ello no ha sido la intención del legislador, toda
vez que en la propia Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales se ha establecido que no se admitirá la acción de amparo “Cuando el
agraviado haya optado por recurrir a las vías judiciales ordinarias o hecho uso de los
medios judiciales preexistentes...” (artículo 6, numeral 5), y se ha limitado su
procedencia al disponerse en el artículo 5 eiusdem que “La acción de amparo procede
contra todo acto administrativo: actuaciones materiales, vías de hecho, abstenciones u
omisiones que violen o amenacen violar un derecho o una garantía constitucionales,
cuando no exista un medio procesal breve, sumario y eficaz acorde con la
protección constitucional”. (Resaltado de esta Sala).
Lo anterior, conlleva a esta Sala a sostener que cuando la Administración ha
incurrido en las llamadas demoras excesivas, es decir, no haya resuelto una petición o
solicitud dentro de los lapsos que el Código Orgánico Tributario o las leyes financieras
le establecen, el administrado debe considerar que ha sido resuelta negativamente
conforme lo dispone el artículo 4 de la Ley Orgánica de Procedimientos
Administrativos, pudiendo entonces “...intentar el recurso inmediato siguiente...”, que
en la materia tributaria, no es otro que el amparo tributario, mecanismo legal que ha
sido previsto para lograr en vía jurisdiccional que la Administración Tributaria cumpla
con las obligaciones específicas surgidas con ocasión a la relación jurídico-tributaria.
8.- Las abstenciones u omisiones de los órganos del Poder Público que violen o
amenacen violar derechos o garantías constitucionales, específicamente el derecho de
petición y oportuna respuesta pueden ser atacadas por medio de la acción de amparo
constitucional, tal y como se desprende de los artículos 2 y 5 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales. Ahora bien, partiendo del hecho
de que no toda omisión genera una lesión constitucional, debe esta Sala señalar que
cuando el legislador previó en el Código Orgánico Tributario el llamado amparo
tributario dentro de los llamados procedimientos contenciosos como lo son el recurso
contencioso tributario y el juicio ejecutivo para demandar los créditos a favor del Fisco
Nacional por concepto de tributos, lo hizo con la intención de controlar que la
Administración Tributaria cumpla con las obligaciones que dicho Código y las leyes
fiscales le han impuesto, como lo sería por ejemplo, la de compensar, de oficio o a
solicitud del administrado, los créditos reconocidos con deudas tributarias ya
determinadas, como lo ordena el artículo 181 del Código Orgánico Tributario en
concordancia con el artículo 46 eiusdem; actuación ésta cuya satisfacción no trae la
restitución de una situación jurídica sino más bien una modificación favorable al
administrado, pues extinguiría su obligación tributaria al pasar a un estado de solvencia
frente a la Administración Tributaria.
Es evidente el carácter pecuniario que tiene la obligación tributaria, de modo que
cuando se prevé el amparo tributario se intenta equilibrar el poder que en la relación
jurídico-tributaria ejerce la Administración sobre el particular, cuando exige el pago de
los tributos legalmente establecidos.
9.- La referida naturaleza del amparo tributario pudiera conllevar a asimilarlo
con el recurso por abstención o carencia previsto en el artículo 42, numeral 23 de la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia y en el artículo 182, numeral 1 eiusdem, en la
medida en que con su ejercicio se pretende que el órgano jurisdiccional ordene a la
Administración (al funcionario competente) cumplir determinado acto previsto de
manera concreta y precisa en la Ley.
Sin embargo, es necesario resaltar una vez más, que a través del procedimiento
sencillo y eficaz consagrado en el Código Orgánico Tributario para la tramitación del
llamado “amparo tributario”, únicamente se busca lograr que la Administración cumpla
con su obligación cuando ha incurrido en “demoras excesivas”, esto es, en retraso o
retardo intolerable, cuya justificación el juez va a requerir al órgano tributario conforme
al artículo 217 del Código Orgánico Tributario. Mientras que con el recurso por
abstención o carencia, el recurrente no sólo puede pretender que el juez ordene a la
Administración ejecutar determinado acto, sino que conforme al segundo párrafo del
artículo 5 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales,
dicho recurso puede ser ejercido conjuntamente con acción de amparo constitucional
cuando el recurrente considere que la abstención o negativa de actuar le viole algún
derecho o garantía constitucional, mas aun puede acompañarse este recurso contencioso
administrativo a una pretensión de condena para reclamar a la Administración los daños
y perjuicios ocasionados por su abstención o negativa, como se desprende del contenido
de los artículos 206 de la Constitución de 1961 y 259 de la Constitución de 1999.
Este recurso por abstención o carencia no tiene a diferencia del amparo tributario
un procedimiento específico para su tramitación; no obstante, se ha aplicado -en
atención a lo dispuesto en el artículo 102 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de
Justicia- el procedimiento consagrado en dicha Ley para los juicios de nulidad de los
actos administrativos de efectos particulares, por tratarse de acciones mediante las
cuales se controla la legalidad de la actividad o bien de la inactividad de la
Administración, en virtud de que el juez contencioso administrativo que conozca de
dicho recurso debe determinar previamente a su decisión, la existencia de la obligación
por parte de la Administración de cumplir determinado acto o actuación material, y si en
efecto existe una “abstención o negativa”, esto es, una pasividad de la Administración
recurrida a cumplir determinados actos.
Igualmente, difiere el amparo tributario de la acción por carencia o abstención,
en lo que respecta al lapso para su ejercicio, pues siendo la última un medio de control
de la legalidad se le aplica el lapso de caducidad de seis meses que prevé el artículo 134
de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, mientras que la interposición del
amparo tributario no tiene un límite de tiempo establecido expresamente en la normativa
que lo consagra, de modo que el mismo puede interponerse siempre y cuando se esté en
presencia del supuesto de hecho previsto en el artículo 215 del Código Orgánico
Tributario, tomando en consideración los lapsos de prescripción de la obligación
tributaria establecidos en el artículo 51 eiusdem.
Destacando estas diferencias ha apuntado el doctor Gabriel Ruan Santos “...(S)i
bien es cierto que ambas acciones son medios genéricos para hacer valer el derecho de
defensa, o mejor dicho, para asegurar el ejercicio del derecho de defensa frente a la
arbitrariedad del Poder Público, ambas difieren en que la hipótesis del amparo
Tributario este es un medio de carácter legal frente a los retardos injustificados de la
Administración Tributaria en satisfacer alguna gestión o en tomar determinada decisión
solicitada por el contribuyente, mientras que en la hipótesis del amparo constitucional,
es un medio judicial de rango constitucional, una verdadera garantía constitucional
para defender los derechos y garantías que ese mismo texto confiere al contribuyente; o
sea, las fuentes son distintas y el objeto también es distinto”.
Dicho lo anterior debe concluir esta Sala, como en una oportunidad lo hizo la
Sala Político-Administrativa de la entonces Corte Suprema de Justicia, en sentencia
dictada el 29 de enero de 1997, caso empresa Plan Alimenticio Nueva Esparta, bajo la
ponencia de la doctora Hildegard Rondón de Sansó, que el amparo tributario no es un
amparo constitucional ni tampoco una categoría de éste, “...toda vez que difiere
sustancialmente de éste en cuanto a su fundamento, objeto y procedimiento y naturaleza
de sus decisiones...”.
Siendo ello así, no puede esta Sala considerar como erróneamente lo hizo la Sala
Político-Administrativa de este Tribunal Supremo, que en el presente caso se trata de
una apelación ejercida conforme al artículo 35 de la Ley Orgánica de Amparo sobre
Derechos y Garantías Constitucionales y cuya competencia correspondería a esta Sala
en virtud del criterio que en materia de amparo constitucional ha fijado en la sentencia
de fecha 20-01-2000 (caso Emery Mata Millán), puesto que estamos ante un amparo
tributario solicitado por los ciudadanos NORA EDUVIGIS GRATEROL DE
PAYARES, CARLOS GERARDO DOMÍNGUEZ GRATEROL, JUAN CARLOS
DOMÍNGUEZ GRATEROL y MARÍA EUGENIA DOMÍNGUEZ GRATEROL en
virtud del retardo de la Administración Tributaria de expedir el correspondiente
certificado de solvencia respecto al pago de un impuesto sucesoral; decisión que fue
apelada por el Fisco Nacional, atendiendo a lo dispuesto en el artículo 217 del Código
Orgánico Tributario.
De manera que para determinar la competencia en materia de amparo tributario
debe necesariamente esta Sala atender a lo dispuesto en el artículo 220 del Código
Orgánico Tributario, que es del tenor siguiente:
“Artículo 220: Son competentes para conocer en Primera
Instancia de los procedimientos establecidos en este
Código, los Tribunales Superiores de lo Contencioso
Tributario, los cuales los sustanciarán y decidirán con
arreglo a las normas de este Código inclusive los que en
materia tributaria se originen en reparos de la Contraloría
General de la República.
De las decisiones dictadas por dichos Tribunales podrá
apelarse dentro de los términos previstos en este Código.
Para ante la Corte Suprema de Justicia”.
En la disposición antes transcrita aparece claramente cuáles tribunales son
competentes para conocer y decidir en primera instancia el amparo tributario, mas no así
la Sala de la entonces Corte Suprema de Justicia competente para conocer en alzada de
dicho amparo.
Bajo la vigencia de la Constitución de 1961 debía entenderse que esta
competencia en segunda instancia correspondía a la Sala Político-Administrativa de la
Corte Suprema de Justicia, atendiendo a lo dispuesto en el artículo 206 de dicho Texto
Fundamental en concordancia con el artículo 42, numeral 18 de la Ley Orgánica de la
Corte Suprema de Justicia, por tratarse del control contencioso sobre la la omisión de
actuación de la Administración (Tributaria) que afecta la esfera jurídica de un particular
y que se verifica en el campo del Derecho Público; control éste que se ejerce en sus
determinadas instancias únicamente por la jurisdicción contencioso-administrativa.
Hoy en día, si atendemos al contenido expreso del artículo 336 de la
Constitución promulgada en 1999 que prevé las atribuciones de la Sala Constitucional,
y específicamente a la interpretación que esta Sala ha efectuado del numeral 10 de dicha
disposición, debemos concluir que a esta Sala no le ha sido atribuido el conocimiento de
las apelaciones que se ejerzan contra las decisiones dictadas por los Tribunales
Superiores Contencioso Tributario en los amparos tributarios ejercidos conforme a los
artículos 215 y siguientes del Código Orgánico Tributario.
En virtud de lo anterior y vista la competencia que corresponde a la jurisdicción
contencioso-administrativa conforme al artículo 259 del vigente Texto Fundamental,
estima esta Sala que la competencia para conocer en alzada de los amparos tributarios
en virtud de la materia debatida, corresponde a la Sala Político-Administrativa, como la
máxima instancia dentro de la jurisdicción contencioso-administrativa, y así se decide.
Determinado como ha sido el criterio de competencia que ha de regir en materia
de amparo tributario, y que por imperativo del artículo 335 de la Constitución vigente,
es de carácter vinculante para las otras Salas de este máximo organismo jurisdiccional,
así como para los demás Tribunales de la República, esta Sala se declara incompetente
para conocer de la presente apelación y ordena remitir el presente expediente a la Sala
Político-Administrativa de este Supremo Tribunal, a fin de que conozca de la misma.
Así se decide.
IV
DECISION
Por los razonamientos antes expuestos, esta Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad
de la Ley, decide lo siguiente:
1.- No ACEPTA la declinatoria de competencia que le fue efectuada por la Sala
Político-Administrativa de este Alto Tribunal, por lo que se declara INCOMPETENTE
para conocer de la apelación ejercida por el Fisco Nacional contra la sentencia de fecha
17 de marzo de 1997, dictada por el Tribunal Superior Noveno de lo Contencioso
Tributario de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de Caracas, mediante
la cual declaró con lugar el amparo tributario ejercido el abogado JOSE RAFAEL
BELISARIO RINCON, inscrito en el Inpreabogado bajo el Nº 34.357, actuando con el
carácter de apoderado judicial de los ciudadanos NORA EDUVIGIS GRATEROL DE
PAYARES, CARLOS GERARDO DOMÍNGUEZ GRATEROL, JUAN CARLOS
DOMÍNGUEZ GRATEROL y MARÍA EUGENIA DOMÍNGUEZ GRATEROL,
titulares de las cédulas de identidad Nros. 3.101.908, 6.910.557, 6.910.556 y
10.790.263, respectivamente, integrantes de la SUCESIÓN DE CARLOS ALBERTO
DOMÍNGUEZ GOMEZ, a los fines de que la Administración Tributaria les expida a
sus representados el certificado de solvencia de impuestos sucesorales.
2.- Declara COMPETENTE a la Sala Político-Administrativa de este Tribunal
para conocer de dicha apelación; en consecuencia, se ORDENA remitirle el presente
expediente, a los fines de que la misma conozca de dicho recurso.
Publíquese y regístrese. Cúmplase lo ordenado.
Dada, firmada y sellada, en el Salón de Audiencias de la Sala Constitucional
del Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los
30 días del mes de JUNIO
de dos mil. Años: 190º de la Independencia y 141º de la Federación.
El Presidente de la Sala,
IVÁN RINCÓN URDANETA
El Vicepresidente,
JESÚS EDUARDO CABRERA
ROMERO
Ponente
Los Magistrados,
HÉCTOR PEÑA TORRELLES
MANUEL DELGADO OCANDO
MOISÉS A. TROCONIS VILLARREAL
El Secretario,
JOSÉ LEONARDO REQUENA CABELLO
EXP. Nº: 00-0899 a.t.ap.
J.E.C/fma/av
JOSÉ
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