CHARLA DE SERGIO SINAY - ¿COMO EDUCAR CON
VALORES?
No es lo biológico lo que nos convierte en padre y madre. El vínculo se
construye, se trabaja, necesita tiempo. Los vínculos humanos son
artesanales. Necesitan:
1. Tiempo
2. Responsabilidad
3. Presencia
Todos los vínculos humanos los construimos entre personas que estamos en
el mundo. El vínculo de padres e hijos es el único en el que, para que la
relación sea posible, una parte del vínculo debe construir o crear al otro
(otra vida). Es un vínculo asimétrico. Esta asimetría es una necesidad para
el éxito del vínculo.
Los padres y madres son como el agricultor o el jardinero.
El buen jardinero permanece allí cuando hay heladas, granizo, etc.
Combate las plagas, pone y saca tutores en plantas frágiles, poda (no
mutila) para ayudar al crecimiento, para que la planta crezca con fuerza y
para que la planta sea lo que quiere ser.
La semilla convierte así sus potencias en actos.
Para crear y educar hace falta “agricultores y jardineros conscientes y
RESPONSABLES”.
La responsabilidad es la capacidad de responder por las consecuencias
de nuestros actos.
Vivir produce efecto (estamos tramados, vinculados). Los efectos de
nuestros actos se ven en la trama que constituimos con nuestros semejantes
(estamos hechos de la misma materia aunque cada uno es una versión
única).
Tenemos que responder ante el otro con actos. Los valores tienen que
manifestarse en acciones, no en palabras.
En el crear y el educar la responsabilidad es esencial. Le tengo que
responder a esa vida creada.
Nuestros hijos nos van a pedir muchas respuestas. No hay delegación
posible en esa responsabilidad. La función de educar no se puede delegar.
No es función de la escuela educar. Su función es instrumentar, socializar,
darles información. Darles herramientas convirtiéndolos en seres sociales.
Educar es transmitir valores y modelos de vida. Cuando los chicos llegan a
la escuela ya llegan educados, ya han recibido valores.
Víctor Frankl dice: “Cuando hablamos de educar hay un solo propósito que
es educar para la responsabilidad”. Para poder transmitir valores primero
tenemos que vivirlos nosotros. Educamos todo el tiempo. (ej: enseño a mi
hijo el valor de la verdad cuando no le miento.)
Cuando le pongo un límite lo tengo que poder sostener, para orientar. Este
es valor de la coherencia. Hay muchas de las cosas que enseñamos cuyo
aprendizaje va a verse plasmado con el tiempo.
Debemos confiar en la calidad de la semilla y en la tarea bien hecha del
agricultor. Hay un proceso. Tenemos que recuperar la noción de proceso y
tiempo. Un producto de calidad (un libro, un puente un tornillo, un edificio)
necesita tiempo. La calidad es hija de procesos; los procesos se dan el
tiempo.
“No hay calidad sin presencia y sin tiempo. Los vínculos son
artesanales”
Tenemos que animarnos. Estas funciones están fluctuando entre la culpa y
la indiferencia.
La escuela es la primera auxiliar de los padres pero no debe reemplazarlos.
Los padres y la escuela deben ser socios.
Responsabilidad: incluir la responsabilidad respondiendo por la
consecuencia de sus actos. Donde hay responsabilidad las personas se
hacen confiables. La responsabilidad genera confianza y libertad. La
libertad no es no tener obstáculos ni hacer lo que se me antoja. La libertad
empieza cuando aparece el límite. El límite me dice que no se puede todo y
es parte esencial de mi vida. Venimos con fecha de vencimiento. Somos
limitados. Como no puedo todo tengo que preguntarme qué quiero. Por eso
tengo que conectarme conmigo mismo para poder elegir. Y me hago cargo.
Eso me hace libre.
Responsabilidad y límite son dos palabras esenciales en la educación.
Los límites no tienen nada que ver con el autoritarismo. El autoritarismo
sobreviene cuando hemos estado ausentes. Impongo miedo. El miedo aleja
a las personas. Sostener el límite desde la autoridad genera respeto y no
miedo. Esto necesita presencia y trabajo. No les tiene que faltar nunca
presencia a nuestros hijos. Las carencias materiales no provocan
traumas. La ausencia del jardinero, sí.
Cuando nos hemos convertido en padres y madres lo hemos elegido de
alguna manera. No venimos para convertirnos en ídolos o mejores amigos
de nuestros hijos. La amistad se da entre pares que se eligen.
La relación entre padres e hijos es asimétrica. Unos arriba y otros abajo. No
debemos mantener una relación de distancia. Se puede tener una relación
de padre con muchísima cercanía. Padre y madre tienen que aparecer como
una sociedad. Cuando nos asociamos 1+1 no es 2 sino un número nuevo.
Queremos dejar el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos.
Debemos saber para qué estamos asociados, luego ver el cómo. Ninguna
sociedad fracasa en el cómo salvo que no haya un para qué.
Un límite es marcar la cancha. Adentro de la cancha pueden demostrar
todas sus habilidades y jugar confiados porque la cancha está marcada.
Los vínculos son trabajo que no es solamente cumplimiento o sufrimiento.
El trabajo de ser padres es una bendición y no una condena. Los chicos y
los adolescentes son espejos que reflejan el mundo de los adultos donde se
están criando. Vivimos en un mundo de violencia donde no se acepta la
diversidad. Nosotros también somos adictos. Nos descalificamos con
mucha facilidad. Ellos nos están mostrando eso. Así podemos cambiarlo. El
espejo es fiel. Los chicos nos devuelven una imagen que uno no creía que
fuera la nuestra. Lo modificamos con actos de amor. Son actos de amor
los que al amado le llegan como amor. Para saber esto tenemos que
mirarlos, escucharlos, estar con ellos. Presencia. Acompañar el crecimiento
(modificar los límites).
Se necesita mucho amor para poner límites. Siendo hijo se aprende a ser
padre. Hay demasiados manuales para muchas cosas pero no hay un
manual para ser padres. Se aprende con los hijos. El error ya está
garantizado. Hay que animarse. Para animarse hay que estar.
La infancia y la adolescencia son etapas de formación. No hay
estacionamiento. Todos queremos que nuestros hijos se conviertan en
adultos autónomos, libres, con potencialidades desarrolladas.
Lo mejor que nos puede pasar como padres y madres es que nuestros hijos
dejen de necesitarnos. Eso significa que hemos creado seres autónomos.
Nos necesitan cuando son chicos para dejar de necesitarnos. Tenemos que
educarlos en nidos no en jaulas. Las jaulas son una trampa, los nidos
un trampolín. Debemos hacer de nuestra casas, nidos.
Educar un hijo con presencia es una maravillosa respuesta a la vida y vale
la pena intentarlo.
La televisión, los celulares, Internet, etc, son herramientas. Pensemos:
¿Qué uso les damos?
La democracia en la familia no va. Son monarquías que velan por sus
súbditos.
Vivir es una inversión de riesgo. Hay adicción al consumo de ansiolíticos,
al alcohol, a la velocidad, al riesgo por el riesgo mismo, a tendencias, al
ejercicio físico, al celular, etc. El primer argumento del adicto es “yo lo
controlo”. La adicción es un intento de llenar un vacío interno con algo
externo. Llenar un sentido de insatisfacción. El vacío se completa desde
adentro, no desde afuera. Las personas tenemos que conectarnos con la
construcción de una vida con sentido.
La presencia genera frutos pero los frutos no van a aparecer ya.
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