CONSEJO DE ESTADO
SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO
SECCIÓN CUARTA
CONSEJERA PONENTE: CARMEN TERESA ORTÍZ DE RODRÍGUEZ
Bogotá, D. C., dieciocho (18) de julio de dos mil trece (2013)
Ref.: 0800012331000200900513 01
Número Interno 19184
INDUSTRIAS PUROPOLLO S. A.
Contra LA DIAN
FALLO
Se decide la apelación interpuesta por la parte demandada contra la sentencia del 9 de junio del 2011,
por la cual el Tribunal Administrativo del Atlántico decidió la acción de nulidad y restablecimiento del
derecho instaurada contra los actos administrativos que determinaron el impuesto sobre la renta y
complementarios a cargo de la accionante, por el año 2004.
Dicho fallo dispuso:
“PRIMERO.- DECLARAR la nulidad de la Liquidación Oficial de Revisión No.
020642007000121de fecha 19 de diciembre de 2007, mediante la cual se determinó
oficialmente el Impuesto de Renta y Complementarios, y estableció sanción por inexactitud,
sobre el año gravable 2004, proferido por la Jefe División Liquidación Tributaria (sic).
SEGUNDO.- DECLARAR igualmente la nulidad de la Resolución No.900009 de fecha 14 de
enero de 2009, por medio de la cual se resolvió el recurso de reconsideración, expedido por
la Subdirectora de Gestión de Recursos Jurídicos.
ANTECEDENTES
El 8 de abril de 2005, la Sociedad Industrias Puropollo S. A. presentó, vía electrónica, la declaración del
impuesto sobre la renta y complementarios correspondiente al año 2004, en la que registró una
deducción por inversión en activos fijos reales productivos de $432.095.000 y un saldo a pagar de
$394.689.000.
Previo requerimiento ordinario de información, la Administración Local de Impuestos de Barranquilla
profirió el Requerimiento Especial N°. 020632007000038 de 23 de marzo del 2007, en el que propuso
modificar la declaración privada en el sentido de desconocer la suma de $322.470.000 de la deducción
solicitada, correspondiente al 30% del valor de dos inmuebles adquiridos por $1.074.900.000, con
edificaciones construidas y respecto de las cuales ya se había aplicado la depreciación.
La División de Liquidación de la mencionada Administración aceptó la propuesta de modificación
señalada, mediante la Liquidación Oficial de Revisión Nº 020642007000121 de 19 de diciembre del 2007
y, en consecuencia, redujo la deducción declarada a $92.909.000, impuso sanción por inexactitud de
$734.213.000 y aumentó el saldo a pagar a $734.213.000.
Esa liquidación fue confirmada por la Resolución Nº 900009 de 14 de enero del 2009, en sede del
recurso de reconsideración que interpuso la contribuyente.
LA DEMANDA
Industrias Puropollo S. A. solicitó la nulidad de la Liquidación Oficial de Revisión Nº 020642007000121
del 19 de diciembre de 2007 y de la Resolución Nº 900009 del 14 de enero de 2009. A título de
restablecimiento del derecho, pidió que se declare en firme la declaración de impuesto sobre la renta y
complementarios que presentó por el año 2004. Así mismo, solicitó que se condene en costas a la parte
demandada en el evento de que el fallo se profiriera a su favor.
Invocó como violados los artículos 60, 128, 135, 158-3 y 647 del Estatuto Tributario; 2° del Decreto 1766
del 2004 y 1° del Decreto 1014 del mismo año. Sobre el concepto de violación expuso, en síntesis:
Para que proceda la deducción establecida en el artículo 158-3 del ET, se requiere que los activos
adquiridos se incorporen al patrimonio productivo del contribuyente y participen en la generación de su
renta.
La actora adquirió activos fijos reales productivos constituidos por bienes inmuebles, contabilizados como
parte de su patrimonio productivo, y destinados a la actividad avícola que constituye su objeto social.
Los actos demandados desconocen que dicha adquisición reactivó el proceso productivo e incrementó la
rentabilidad del contribuyente, cumpliendo la orientación que sobre la materia ha impartido el Consejo de
Estado, en cuanto a que la inversión tenga relación de causalidad con la actividad generadora de renta
del contribuyente, como lo certificó el revisor fiscal de la demandante a la luz del artículo 777 ibídem, en
documento adjunto a la respuesta al requerimiento especial y al recurso de reconsideración.
El ya referido artículo 158-3 no exige que los activos fijos reales productivos cuya inversión da derecho a
la deducción discutida, sean nuevos o no usados, pues unos y otros pueden cumplir la finalidad
perseguida por dicha norma, especialmente en un país en vía de desarrollo como Colombia, donde la
utilización de los bienes muchas veces excede la vida útil señalada en las normas reglamentarias, bien
por reconstrucción, ora por reparación o potencialización, las cuales, en todo caso, hacen que el bien siga
participando eficientemente en el proceso productivo. Exigir que los activos sean nuevos o no usados es
una extralimitación ilegal.
Tal reflexión se evidencia más en materia de inmuebles, porque la mayoría de las instalaciones en las
que se desarrolla la actividad empresarial tienen más de 20 años de construidas, y pese a ese tiempo
siguen sirviendo al propósito productivo para el cual se diseñaron.
La naturaleza de los activos fijos, según la definición legal de los mismos (art. 60 del ET), se deriva del
hecho de que no se enajenen dentro del giro normal de la actividad económica de la empresa, no de que
sean depreciables; de hecho, hay activos fijos que no lo son.
La depreciación es un fenómeno económico y contable que permite estimar razonablemente el valor que
representa el desgaste, deterioro u obsolescencia de los bienes usados en las actividades generadoras
de renta, y su propósito es obtener los recursos necesarios para su reposición, de manera que se
conserve la capacidad productiva u operativa del ente económico.
El hecho de que un activo fijo real productivo haya agotado su vida útil “reglamentaria”, no impide que
sobre él pueda solicitarse la deducción del 30% consagrada en el artículo 68 de la Ley 863 de 2003, pues
la depreciación es una consecuencia accesoria del “activo fijo” y no determina la naturaleza del mismo.
Si el reconocimiento del beneficio tributario dependiera de la posibilidad de depreciar el activo fijo real
productivo adquirido, se incurriría en excesos inequitativos dependientes solamente de la fecha de
adquisición del activo.
Los bienes inmuebles, con excepción de los terrenos, son bienes susceptibles de depreciación, pero la
deducción por inversión en los mismos no requiere que ellos se deprecien obligatoriamente, pues en
Colombia los inmuebles, en lugar de depreciarse, se “aprecian” y adquieren mayor valor con el transcurso
del tiempo. La depreciación tributaria es sólo un mecanismo aparente que permite al contribuyente
acopiar recursos para adquirir nuevos activos cuando deba prescindir de los que utiliza.
Por esa razón lo avalúos catastrales incrementan anualmente el valor de las propiedades inmuebles,
reconociendo que no han perdido vida útil y que cada día son más valiosos.
Dado que los activos fijos no siempre son eternos, la contabilidad obliga a depreciarlos de forma tal que
se refleje su valor más ajustado posible, o a amortizarlos a largo plazo
El Estatuto Tributario autoriza la deducción de la depreciación y determina los bienes objeto de la misma,
limitándola a los “activos fijos tangibles” y excluyendo de ella a los terrenos, los activos movibles y los
valores mobiliarios (arts. 128 y 135).
Las construcciones de bienes inmuebles, en tanto se trate de activos fijos, son depreciables cuando se
usan en negocios o actividades productoras de renta, durante su vida útil, y siempre que hayan prestado
servicio en el año o período gravable.
El artículo 2º del Decreto 3019 de 1989 determinó que la vida útil de los inmuebles es de 20 años, en
tanto que el artículo 138 del ET autoriza la utilización de una vida útil diferente, previa autorización del
Director General de la Dian.
El carácter de activo fijo de un bien no depende de que se deprecie o no, sino de que no forme parte de
los bienes que se comercializan por parte del contribuyente dentro de su actividad económica.
El artículo 2º del Decreto Reglamentario 1766 de 2004, en la forma como fue modificado por el artículo 1º
del Decreto 1014 del mismo año, no puede modificar la ley, ni limitar su alcance. De allí que esas normas
hayan autorizado el beneficio tributario sobre las inversiones realizadas en activos fijos reales
productivos, pero dentro de los límites del concepto legal que para los mismos fija el artículo 60 del ET.,
el cual no exige la depreciación como requisito para identificarlos.
Respecto del artículo 158-3 del E.T., la norma reglamentaria limita el beneficio a los activos “reales”,
asimilándolos a los “bienes tangibles”, lo cual fue validado por el Consejo de Estado, ente otras, en la
sentencia 14898 del 24 de mayo de 2007 (sic), que tampoco condiciona la naturaleza de los activos fijos
a la posibilidad de depreciarse.
Al proveer sobre la demanda de nulidad impetrada contra el artículo 2º del Decreto 1766 de junio 2 de
2004, dicha Corporación aceptó el beneficio de la deducción por la adquisición de bienes que por “su
naturaleza” no son depreciables, como ocurre con los terrenos, estimando que lo preponderante es la
vinculación de tales activos a la actividad generadora de renta del contribuyente.
Así, lo importante para la concesión del beneficio es que los activos fijos reales productivos se involucren
en el proceso productivo generador de renta, independientemente de que por su naturaleza la ley los
considere depreciables o amortizables. En ese entendido, la adquisición de bienes con tales
características, pero que no se utilicen en las actividades generadoras de renta, no dan derecho a la
deducción.
A contrario sensu, la adquisición de bienes no depreciables que permanezcan y se utilicen directamente
en las actividades generadoras de ingreso del contribuyente, sí otorga derecho a la deducción, porque el
elemento determinante de la prerrogativa fiscal es que el activo fijo real se involucre directamente en el
proceso productivo para generar ingreso y ejercer efectos positivos en la producción y el empleo.
Los bienes inmuebles adquiridos por la demandante para realizar la actividad generadora de ingreso,
propia de su objeto social, son susceptibles de depreciación, y la existencia de disposiciones fiscales que
impidan realizarla, como en el caso de los terrenos, no implica que no den derecho a la deducción, ya
que esta procede siempre que dichos bienes permanezcan y se utilicen directamente en las actividades
generadoras de renta, como elemento determinante del beneficio tributario.
El mayor impuesto generado por el rechazo de la deducción del 30%, se origina en la diferencia de
criterios entre las partes respecto de la calidad de los activos fijos adquiridos, específicamente en relación
con la posibilidad de que las construcciones se deprecien y de que los aparatos instalados en la planta de
producción fueran activos individuales, o repuestos o partes y piezas para el mantenimiento de las
instalaciones.
Ello, a la luz del artículo 647 del ET no configura inexactitud sancionable, máxime cuando los datos
declarados por la contribuyente son completos y verdaderos, pues no se omitieron ingresos, ni se
disminuyó el patrimonio o los valores declarados como inversión en activos fijos reales productivos. El
patrimonio liquidado es igual al declarado.
La demandada constató que la declarante adquirió bienes que contabilizó como activos fijos, amén de
utilizarse en la actividad avícola que genera sus ingresos.
CONTESTACIÓN DE LA DEMANDA
La DIAN se opuso a las pretensiones de la demanda, con fundamento en lo siguiente:
El Gobierno Nacional fijó la vida útil de los activos fijos depreciables adquiridos a partir del año 1989, en
20 años para los inmuebles. Dentro de ese periodo los contribuyentes pueden hacer uso del desgaste
normal que ocasiona el bien en la producción de la renta, salvo en los eventos especiales debidamente
autorizados por la DIAN, de conformidad con el artículo 138.
La depreciación de los bienes usados adquiridos por los contribuyentes, como elemento de depuración
de la renta, se encuentra limitada al tiempo faltante de vida útil (según reglamento) que les reste, entre la
fecha en que se inició su vida productiva y la restante al momento de la adquisición.
Si al momento de adquirir un bien usado este ya había sido depreciado en su totalidad porque su vida útil
fiscal ya había transcurrido, según lo establecido por el Gobierno Nacional, cuando se depura la renta no
puede solicitarse ninguna deducción; en consecuencia, ese bien tampoco es objeto de depreciación, sin
perjuicio de que ella pueda aplicársele en la determinación de las utilidades comerciales.
Al tenor del Concepto 013861 del 17 de febrero de 2000, de la Oficina Jurídica de la DIAN, en la
depreciación de los bienes usados que se adquieren, la vida útil estimada por el adquirente, sumada a la
transcurrida durante el uso de anteriores propietarios, no puede ser inferior a la que señale el reglamento
para bienes nuevos.
Los bienes que se adquieren y que ya han sido usados tienen tratamiento fiscal especial y, cuando se
adquiere esa clase de bienes, el adquirente puede calcular razonablemente el resto de vida útil probable
para amortizar su costo de adquisición.
Si no existe valor a depreciar y/o amortizar fiscalmente como elemento sustancial de la productividad, el
activo adquirido no puede recibir el beneficio de que trata el artículo 158-3 del ET, de modo que las
edificaciones adquiridas con el terreno y ya depreciadas, carecen de ese incentivo fiscal, toda vez que no
incrementan el valor histórico de la propiedad, ni aumentan significativamente la cantidad y/o la calidad
de la producción.
Para la procedencia del tratamiento exceptivo de la norma referida, no sólo se requiere que el activo fijo
adquirido corresponda a aquellos sujetos a depreciación o amortización, y que pertenezca y se utilice
directamente en la actividad económica, sino además que su vida útil en materia fiscal aún se encuentre
vigente.
Procede la sanción impuesta por inexactitud, porque el mayor impuesto generado por el rechazo de la
deducción del 30% no se originó en diferencia de criterios, pues del Decreto 1766 de 2004 y la sentencia
15133 (no se cita el año) del Consejo de Estado, puede deducirse que los activos fijos consistentes en
construcciones de las Granjas María Bonita y Santa María, no podían acceder al tratamiento exceptivo
aplicable a los activos fijos reales productivos.
LA SENTENCIA APELADA
Previa alusión al marco legal y jurisprudencial de la deducción por inversión en activos fijos reales
productivos, el Tribunal anuló los actos demandados, por las siguientes razones:
Las Granjas María Bonita y Santa María cumplen los requisitos legales para gozar del beneficio de la
deducción del 30%, establecida en el artículo 158-3 del ET, dado que corresponden a los activos fijos
reales productivos de que habla dicha norma, porque se adquirieron entre el 1° de enero del 2004 y el 31
de diciembre del 2007 y se dedican a la actividad avícola, constitutiva del objeto social de la compañía
demandante.
Dicha norma no ordenó que tales activos fueran nuevos, sino que simplemente participaran de manera
directa y permanente en la actividad productora de renta del contribuyente.
RECURSO DE APELACIÓN
La DIAN apeló la sentencia. Al efecto y en síntesis, adujo:
La deducción del artículo 158-3 del ET presupone que se adquieran bienes reales productivos dentro del
periodo gravable en el que se solicita la deducción, y que tales bienes se deprecien o amorticen
fiscalmente, como lo exige el Decreto Reglamentario 1766 de 2004, condiciones que deben demostrarse
de acuerdo con los artículos 28 a 141 del ET.
La demandante no cumplió esa carga probatoria, pues se abstuvo de practicar la depreciación
correspondiente sobre los activos que adquirió, porque consideró que no eran objeto de la misma, a
pesar de que ella se exige en todos los casos.
La depreciación, como elemento de depuración de la renta, se limita al tiempo faltante de vida útil del
activo, entre la fecha en que comenzó su vida productiva y la restante al momento en que se adquiere, de
manera que si para ese momento dicho bien ya había sido depreciado totalmente por haber fenecido la
vida útil fiscal que le reconoce el Gobierno Nacional, no puede generar ninguna deducción.
Según el Concepto DIAN 013861 del 17 de febrero del 2000, para la depreciación de los bienes fiscales
adquiridos debe tenerse en cuenta la vida útil estimada por el adquirente, sumada a la transcurrida
durante el uso de los anteriores propietarios que, como tal, no puede ser inferior a la señalada en el
reglamento para bienes nuevos.
Los bienes fiscales adquiridos tienen tratamiento fiscal especial a la luz del artículo 139 ibídem. Si la vida
útil estimada para ellos, una vez adicionada a la transcurrida durante el uso de los anteriores propietarios,
es inferior a la prevista en el reglamento para bienes nuevos, el Director de Impuestos debe autorizar la
utilización de una vida útil diferente. En esa hipótesis la depreciación se realiza con base en conceptos de
reconocido valor técnico, según lo previsto en el artículo 138 ejusdem.
Los conceptos jurídicos de la Oficina Jurídica de la DIAN indican cómo debe aplicarse la depreciación y/o
amortización de que trata el Decreto Reglamentario 1766 de 2004, el cual goza de presunción de
legalidad. Por lo mismo, la aplicación de dichos conceptos es obligatoria para los funcionarios de la
Administración, máxime cuando aquellos obedecen al propósito de unificación doctrinaria de los criterios
interpretativos de la ley tributaria en orden a revestirlos de un evidente grado de seriedad y certeza.
Las normas aplicables al momento en que la demandante adquirió los activos, respecto de los cuales
pretende aplicar la deducción del artículo 158 del ET, exigían que su actuar se limitara a las exigencias
puntuales de la norma tributaria vigente para ese momento.
El principio de legalidad y el de irretroactividad de la ley tributaria, presuponen que las normas fiscales
deben ser preexistentes al hecho imponible, y sólo rigen hechos verificados dentro del periodo fiscal que
comience después de iniciada su vigencia.
Así, una vez el Congreso de la República publica o promulga las normas tributarias en el diario oficial,
estas se tornan obligatorias y todos los ciudadanos tienen el deber de cumplirlas. Las normas
procedimentales rigen a partir de la vigencia de la nueva ley.
Por lo tanto, si bien es cierto que el contribuyente realizó la adquisición de los activos fijos reales
productivos durante el periodo gravable 2004, al momento de depurar su declaración privada no realizó la
depreciación correspondiente, con lo cual desconoció el artículo 2° del Decreto Reglamentario 1766 del
2004, vigente para esa época y sobre cuya interpretación se ha pronunciado la Oficina Jurídica de la
DIAN, en el Concepto 013861 antes mencionado.
ALEGATOS DE CONCLUSIÓN
La actora, en lo esencial, reiteró los argumentos de la demanda. En ese sentido, puntualizó:
El Estatuto Tributario no exige que los bienes objeto de la deducción especial del 30% deban ser nuevos
o no hayan tenido un uso anterior.
La condición de activos fijos de dichos bienes, depende de su aptitud para enajenarse en el giro ordinario
de los negocios, en tanto que la posibilidad de depreciarlos es un factor accesorio, en cuanto se deriva o
es consecuencia de la propia calidad de activos fijos.
La contribuyente demostró la adquisición de activos fijos reales productivos constituidos por
construcciones inmuebles, la contabilización de los mismos como parte de su patrimonio productivo,
según se observa en pruebas suficientes como los respectivos asientos, cuentas y soportes existentes,
así como su destinación a la actividad avícola, que es el objeto social con el cual se creó.
La deducción discutida no puede supeditarse a que los activos conserven alguna vida útil, pendiente de
depreciar, independientemente de que tengan relación de causalidad con la actividad productora de
renta. En ese tratamiento fiscal tampoco incide el hecho de que después de vencido el término
reglamentario de vida útil del activo, ya no pueda solicitarse la deducción por depreciación.
La depreciación y la amortización son elementos sustanciales a la productividad, por tratarse de una
expensa contable que puede y debe tomarse en cuenta para establecer los resultados de la actividad
social; el hecho de que no se pueda calcular ese demérito de los activos por agotamiento de su vida útil,
no significa que deje de generarse la producción, ni que la adquisición de activos usados para utilizarse
en la actividad generadora de renta, impida el reconocimiento indebidamente denegado por la
Administración.
Las normas relacionadas con la deducción que se comenta, establecen como su único requisito que los
bienes objeto de la misma sean activos fijos y no movibles, y pretender desconocer ese mandato, por el
hecho de que las construcciones adquiridas no puedan depreciarse por agotamiento de su vida útil, viola
tales normas, ninguna de las cuales ha sugerido que el carácter de activos fijos dependa de la posibilidad
de depreciarlos, que expresamente han negado a los terrenos y a los bienes intangibles.
Finalmente se anota que el patrimonio declarado por la actora no fue alterado en la liquidación de revisión
y que, por lo mismo, no se tipifican hechos que impliquen inexactitud sancionable, como sería la omisión
de ingresos, impuestos, bienes o actuaciones gravables, la adición del patrimonio bruto y líquido
declarado, el registro de costos inexistentes o el de descuentos, exenciones, pasivos, impuestos
descontables, retenciones o anticipos improcedentes.
La única diferencia entre la declaración de renta de la actora y la liquidación de revisión demandada,
corresponde al rechazo de la partida del 30% de la inversión en activos fijos reales productivos, pero por
discrepancias interpretativas de las partes y no porque las inversiones no se hubieran realizado.
La demandada, por su parte, insistió en las glosas de su escrito de contestación y del recurso de
apelación, precisando:
La interpretación del a quo no se ajusta al Decreto 1766 del 2004, pues los bienes objeto de la deducción
especial del artículo 158-3 deben ser depreciables o amortizables en la forma taxativamente dispuesta
por la ley.
En el periodo de depreciación el contribuyente hace uso del activo, desgastándolo para la producción de
renta. No puede aplicarse la depreciación sobre bienes inmuebles que ya han sido depreciados, no
pueden volver a serlo para efecto de realizar la deducción, como lo ha señalado la jurisprudencia 1.
CONSIDERACIONES
Provee la Sala sobre la legalidad de los actos administrativos que determinaron el impuesto de renta y
complementarios a cargo de la demandante para el año gravable 2004.
GENERALIDADES SOBRE LA DEDUCCIÓN ESPECIAL QUE ESTABLECE EL ARTÍCULO 158-3 DEL
ESTATUTO TRIBUTARIO
En los términos del recurso de apelación, corresponde establecer la procedencia de la deducción
especial por inversión en activos fijos reales productivos, consagrada en el inciso tercero del artículo 158
del E. T., adicionado por el artículo 68 de la Ley 863 del 2003, a cuyo tenor se lee:
“&$ARTÍCULO 158-3. Las personas naturales y jurídicas contribuyentes del impuesto
sobre la renta, podrán deducir el treinta por ciento (30%) del valor de las inversiones
efectivas realizadas solo en activos fijos reales productivos adquiridos, aun bajo la
modalidad de leasing financiero con opción irrevocable de compra, a partir del 1º de
enero de 2004. Esta deducción solo podrá utilizarse por los años gravables 2004 a 2007
inclusive. Los contribuyentes que hagan uso de esta deducción no podrán acogerse al
beneficio previsto en el artículo 689-1971. La DIAN deberá informar semestralmente al
Congreso sobre los resultados de este artículo.
El Gobierno Nacional reglamentará la deducción contemplada en este artículo.”
De la reglamentación que ordena la norma, se ocupó el artículo 1° del Decreto 1766 del 2004 que señala:
“Artículo 1. Deducción especial. Las personas naturales y jurídicas contribuyentes del
Impuesto sobre la Renta, podrán deducir en la determinación del Impuesto sobre la renta
de los años gravables de 2004 a 2007, inclusive, por una sola vez en el período fiscal en
el cual se adquiera, el treinta por ciento (30%) del valor de las inversiones
efectivamente realizadas en la adquisición de activos fijos reales productivos que se
efectúen entre el 1° de enero de 2004 y el 31 de diciembre del año 2007. Esta deducción
igualmente procederá, cuando los activos fijos reales productivos se adquieran bajo el
sistema leasing con opción irrevocable de compra.”
Para los efectos anteriores, el reglamento definió el activo fijo real productivo como los bienes tangibles
que se adquieren para formar parte del patrimonio y participar de manera directa y permanente en la
actividad productora de renta del contribuyente, y que se deprecian o amortizan fiscalmente (art. 2°).
Esta Sección, mediante sentencia del 26 de abril del 2007, exp. 15153, negó la nulidad de la expresión “y
se deprecian o amortizan fiscalmente” que integran el concepto anterior, por no exceder la facultad
reglamentaria. Allí precisó:
1 Sentencia del 8 de noviembre del 2007, exp. 15212
“La norma transcrita consagra una deducción especial del 30% para los contribuyentes del
impuesto de renta que adquieran efectivamente activos fijos reales productivos, en busca de
estimular la inversión y el aumento de la capacidad productiva del país, con el consecuente
incremento de la rentabilidad del contribuyente.
Ahora bien, el legislador determinó en forma concreta que la inversión que otorga la prerrogativa
fiscal debía realizarse “sólo en activos fijos reales productivos”, de lo cual se deduce que excluyó
aquellos bienes que por definición no tienen la naturaleza de reales2, como sucede con los que
ostentan el carácter de intangibles3.
Así mismo, la norma legal condicionó la procedencia de la deducción a que los activos fijos reales
fueran “productivos”, frente a lo cual la Sala en Sentencia reciente4 que examinó la legalidad de la
expresión “participan de manera directa” y permanente en la actividad productora de renta del
contribuyente, contenida en la misma norma que aquí se impugna, señaló:
“De otra parte, la condición sobre la cualidad de “productivos”, prevista en la ley para que proceda
la deducción, implica que entre lo producido y los bienes empleados para ello, debe existir
una relación directa y permanente, de suerte que sean indispensables para su ejecución.
Ello necesariamente excluye los activos fijos que participan de manera indirecta en el proceso
productivo, como son los muebles y equipos destinados a la parte administrativa y gerencial, a que
alude la accionante.
De lo expuesto se colige que la definición contenida en el reglamento acusado, en cuanto precisa
que son activos fijos reales productivos, los bienes tangibles que “participan de manera directa” y
permanente en la actividad productora de renta, no contradice lo preceptuado en la norma superior
reglamentada, pues está claro que fue voluntad del legislador limitar la deducción del 30% “sólo”
para aquellos activos fijos que se incorporan de manera directa al proceso productivo.”
(Negrilla de la Sala)
Por tanto, debe existir una estrecha relación o vinculación directa entre los activos fijos y la
actividad productiva del contribuyente, de tal suerte, que su incorporación incida en forma
inmediata en las actividades productoras de renta y por ende en el caudal de ingresos sometidos al
tributo.
De esta manera el legislador concibió una deducción que estimulara la inversión en la adquisición
de activos fijos reales productivos, para buscar aumentar el ingreso público, es así como en la
exposición de motivos del proyecto inicial, aún cuando en principio se refirió a una tarifa diferencial
en renta para la reinversión de utilidades
(…)
Se colige que el propósito del legislador al establecer la deducción en comento, fue la adquisición
de bienes tangibles que participen de manera directa y permanente en la actividad productora de
renta del contribuyente, es decir, que el elemento determinante de la prerrogativa fiscal, es que el
activo fijo real se involucre directamente en el proceso productivo para generar ingresos y ejercer
efectos positivos en la producción y el empleo y así en tal definición deben ser tenidos en cuenta,
por ser elementos sustanciales a la productividad, los fenómenos de la depreciación y/o la
amortización.
2 Los bienes “reales” se predican de los “corporales”, definidos en el artículo 653 del Código Civil, como
las cosas “...que tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos,...”
3 Los activos fijos se definen fiscalmente como aquellos “bienes corporales muebles o inmuebles y los
incorporales que no se enajenan dentro del giro ordinario de los negocios del contribuyente” (Art. 60 del
E.T.).
4 Sentencia del 3 de marzo de 2006, expediente 15086, Consejera Ponente: Dra. Ligia López Díaz.
En efecto, la expresión legal “activos fijos reales productivos adquiridos”, indica que son aquéllos
en los que invierte el contribuyente para producir renta y para el caso de los terrenos que participan
de manera directa y permanente en la actividad productora o generadora del ingreso, existe otro
tipo de disposiciones fiscales que impiden su depreciación o amortización. (arts. 135 y 142 E.T.)
Todo ello sin perjuicio de que la naturaleza propia de los demás activos fijos reales obligue a
observar los preceptos legales tributarios que establecen la depreciación y amortización e incluso
la renta líquida por recuperación de deducciones (arts 137, 142, 196 y 198 del E.T.), aspecto por
demás contemplado en el Decreto reglamentario (Art. 3°), cuando se deja de utilizar el bien en la
actividad productora de renta o por su enajenación, antes del vencimiento del término para
depreciarlo o amortizarlo.”
Por su parte, en fallo del 24 de mayo del 2007, exp. 14898, se negó la nulidad de la expresión “bienes
tangibles”, porque el hecho de que asociara los activos fijos reales productivos a dichos bienes no
excedía la facultad reglamentaria otorgada por el artículo 158-3 del E. T., en cuanto éste precisó que la
deducción recaía sobre activos reales excluyendo todo tipo de bienes que no tuvieren esa particularidad.
Así lo indicó:
“En efecto, aunque, los bienes incorporales o intangibles, tales como ciertos derechos, propiedades
intelectuales o informáticas o sistemas técnicos, forman parte del patrimonio, tienen la calidad de
ser activos fijos y de igual manera, participar en la realización del proceso productivo de la
empresa, lo cierto, es que el legislador fue claro al especificar concretamente el tipo de activos
sobre los cuales recae la deducción, al señalar que se trataba de activos reales.
Por ello, en cuanto a la condición de ser bienes tangibles, el reglamento no contradice ni limita el
precepto legal. Por el contrario, se encuentra conforme con la particularidad que de activos fijos
efectuó el legislador y, aunque no se haga una distinción expresa en el texto legal, tal singularidad
excluye aquellos conceptos que no participen de la misma.
(…)
Así las cosas, el reglamento que definió como activo fijo real, los bienes tangibles, para efectos de
la deducción especial del 30% en su adquisición, no viola el citado artículo 26, pues si el
contribuyente acredita el cumplimiento de los presupuestos contenidos en la norma legal que la
autoriza, no hay lugar a desconocer su procedencia.
Por todo lo anterior, el Gobierno Nacional no excedió la potestad reglamentaria prevista en el
artículo 189 [11] de la Constitución Política, por lo tanto, no se accederá a declarar la nulidad del
aparte demandado.”
A su turno, la sentencia del 5 de julio del 2007, exp. 15400, negó la nulidad de las expresiones “para
formar parte del patrimonio” y “se deprecian o amortizan fiscalmente”5 contenidas en el mismo artículo 2°
del Decreto 1766 del 2004, porque tampoco excedían lo dispuesto en el artículo 158-3 del Estatuto
Tributario ni agregaron requisitos no previstos en él, sino que se limitaron a aclarar unas características
esenciales de los activos fijos reales productivos cuales son: formar parte del patrimonio del contribuyente
y depreciarse o amortizarse fiscalmente. Entre sus consideraciones, anotó:
“el legislador consagró una deducción especial para los contribuyentes del impuesto de renta que
decidan invertir en activos fijos reales productivos, en busca de estimular la inversión y el aumento
de la capacidad productiva del país, con el consecuente incremento de la rentabilidad del
contribuyente.
5 Si bien la Sentencia del 26 de abril de 2007, exp. 15153, había negado la nulidad de esta expresión, la
Sala examinó las pretensiones puestas a su consideración por considerar que no se presenta cosa
juzgada.
Esta medida constituye un incentivo importante para la reactivación del proceso productivo, pues
permite que en el año de adquisición del activo se pueda deducir el 30% del valor de la inversión,
mientras que en otras circunstancias, su amortización se realiza según el tiempo de vida útil, lo que
conlleva que las deducciones anuales sean inferiores, reflejándose en una mayor utilidad gravable.
De otra parte, el legislador al referirse de manera específica a las inversiones realizadas “sólo en
activos fijos reales productivos”, excluyó de tal tratamiento, aquellos bienes que por definición no
tienen esa naturaleza.
Reitera la Sala6 que los “activos fijos”, cuya adquisición da lugar a la deducción especial, son
aquellos bienes “que no se enajenan dentro del giro ordinario de los negocios del contribuyente”
(art. 60 E.T.). La disposición legal excluyó del beneficio la inversión en bienes que por definición no
tienen la naturaleza de “reales”,7 como sucede con los que ostentan el carácter de intangibles. Los
activos también deben ser “productivos”, esto es, que entre lo producido y los bienes empleados
para ello, debe existir una relación directa y permanente, de suerte que sean indispensables para
su ejecución.
Para que un gasto sea deducible se requiere que tenga relación de causalidad con la actividad
productora de renta. Una de las características de los activos fijos reales productivos es que las
erogaciones realizadas para su adquisición no son de fácil asociación con los ingresos, toda vez
que regularmente prestan un servicio no sólo durante el periodo en el cual se adquirieron, sino
también durante periodos posteriores. Es por ello que resulta necesario asignarles un valor
proporcional durante el tiempo de vida útil o de duración del negocio. A medida que el activo
participa en la actividad productora de renta en el periodo gravable, una parte proporcional del
valor de la inversión es deducible de la renta, como depreciación o amortización.
Por ello, es propio de los activos fijos reales productivos que sean depreciables o amortizables
fiscalmente y así, cuando el artículo 2° del Decreto 1766 de 2004 incluyó esta característica dentro
de su definición, no restringió el beneficio otorgado en la ley, ni extendió su contenido, pues se
limitó a aclarar un rasgo que en todo caso es esencial de estos bienes. 8
Esos criterios fueron retomados en la sentencia del 7 de febrero del 2008, exp. 15394, que negó la
nulidad de los Conceptos DIAN 055704, 077779 y 085085 todos del 7 de febrero del 2004, analizando si
el artículo 158-3 del E T descartaba el leasing operativo para efecto de la deducción especial que allí se
contempla, conforme con el tratamiento contable y fiscal previsto en el artículo 127-1 ibídem. para los
activos fijos reales productivos contabilizados en el haber patrimonial del contribuyente.
En tal sentido, recordó que, a la luz de los antecedentes legislativos9 del artículo 158-3 del E. T., la
deducción especial que en él se prevé busca reactivar el proceso productivo, con una incidencia directa
en el empleo y en la rentabilidad del contribuyente.
6 Ibídem.
7 Los bienes “reales” son los “corporales”, definidos en el artículo 653 del Código Civil, como las cosas
“que tienen un ser real y pueden ser percibidas por los sentidos.”
8 Consejo de Estado, Sección Cuarta, Sentencia del 26 de abril de 2007, exp. 15153, M.P. María Inés
Ortiz Barbosa.
9 “Es así como se dijo en exposición de motivos del proyecto inicial, “ ...Bajo la convicción de que la mejor
forma de aumentar los ingresos públicos es estimular la inversión por sus efectos positivos sobre la
producción y el empleo, este proyecto propone una tarifa diferencial del impuesto sobre la renta para las
utilidades reinvertidas. Así, se propone que los contribuyentes que reinviertan por lo menos el 60% de las
utilidades fiscales en activos productivos, tendrán una tarifa del impuesto del 15%” (Gaceta del Congreso
572 de 2003).
Sobre la propuesta de establecer una tarifa diferencial del impuesto sobre la renta para la reinversión de
utilidades presentada con el proyecto inicial, las Comisiones Conjuntas no la aceptaron y en su lugar se
aprobó una proposición que permite a las personas jurídicas deducir del impuesto sobre la renta el treinta
por ciento (30%) del valor de las inversiones efectivas realizadas en activos fijos reales productivos que
Y la sentencia del 2 de abril del 2009, exp. 16088, que anuló los Conceptos DIAN 002461 de 19 de enero
de 2005 y 023560 de 25 de abril del mismo año, insistió:
“La intención del legislador con esta disposición (se refiere al artículo 158-3 del E. T.) fue estimular
la inversión y concretamente en la adquisición de “activos fijos reales productivos”10.
(…)
Sobre el alcance de esta deducción, la Sala mediante sentencia de 23 de marzo de 2006, decidió
sobre la legalidad de la expresión “participan de manera directa” en la actividad productora de
renta, del artículo 2 del Decreto en mención (se refiere al Decreto 1766 del 2004) y resaltó que tal
deducción se trataba de un incentivo importante que perseguía la reactivación del proceso
productivo y como consecuencia lógica, al incremento en la rentabilidad del contribuyente 11.
(…)”
Ahora bien, la deducción in examine debe solicitarse en la declaración del Impuesto sobre la renta y
complementarios correspondiente al año gravable en que se realiza la inversión, con base en el costo de
adquisición del bien, según las siguientes reglas:

Si se realizan obras de infraestructura para el montaje o puesta en funcionamiento de los activos
fijos reales productivos y ellas deben activarse para ser depreciadas o amortizadas de acuerdo
con la técnica contable, su costo hace parte de la base para calcular la deducción; y si la
confección o construcción de tales obras tarda más de un período gravable, la deducción se
aplica sobre la base de la inversión efectuada en cada año gravable.

Si los activos fijos reales productivos son construidos o fabricados por el contribuyente, la
deducción se calcula con base en las erogaciones incurridas por la adquisición de bienes y
servicios que constituyan el costo del activo fijo real productivo.

Si el activo fijo real productivo se deja de utilizar en la actividad productora de renta o se enajena
antes de vencer el término de depreciación o amortización del bien, el contribuyente debe
incorporar el valor proporcional de la deducción solicitada, como renta líquida gravable en la
declaración del Impuesto sobre la renta y complementarios del periodo fiscal en que ello ocurra,
teniendo en cuenta la vida útil pendiente de depreciar o amortizar según la naturaleza del bien.
De los activos fijos reales productivos que configuran el derecho a la deducción establecida en el
artículo 158-3 del ET – incidencia del artículo 2° del Decreto Reglamentario 1766 del 2004
Sin duda alguna, el artículo 158-3 del ET constituye un tipo normativo abierto de interpretación
sistemática, en cuanto no define la expresión “activos fijos reales productivos” para los cuales establece
la deducción por inversión.
se adquieran a partir del 1º de enero de 2004. Esta deducción sólo será aplicable por los años gravables
2004 a 2007(Gaceta del Senado 691 segundo debate)”.
10 Si bien, en la exposición de motivos del proyecto inicial de la reforma tributaria de 2003, se proponía
una tarifa diferencial del impuesto sobre la renta del 15% para los contribuyentes que reinvirtieran por lo
menos el 60% de las utilidades en activos productivos (Gaceta del Congreso 572 de 2003), las
Comisiones Conjuntas no la aceptaron y en su lugar se aprobó una proposición que permite a las
personas jurídicas deducir del impuesto sobre la renta el 30% del valor de las inversiones efectivas
realizadas en activos fijos reales productivos que se adquieran a partir del 1º de enero de 2004, aplicable
sólo por los años gravables 2004 a 2007(Gaceta del Senado 691 segundo debate).
11 Expediente 15086, C.P. Doctora Ligia López Díaz.
Bajo ese entendido, la determinación de dichos activos y, por consiguiente, del alcance aplicativo del
beneficio tributario en renta, se sirve de las definiciones contenidas en otras disposiciones fiscales como
el artículo 2° del Decreto 1766 del 2004, que al haber reglamentado el referido artículo 158-3 porque este
así lo dispuso, es norma de directa y de obligada consulta, máxime cuando la sentencia C-714 del 2009
encontró constitucional el ejercicio de esa regulación, en los términos que se pasa a trascribir:
“…la facultad que se le confiere al Gobierno Nacional de reglamentar la referida deducción,
no es una delegación que supere el ámbito de competencia que le depara el artículo 189
numeral 11 de la Constitución, para expedir los “decretos, resoluciones y órdenes necesarios
para la cumplida ejecución de las leyes”. Las reglamentaciones que de una determinada ley
expida el Gobierno no tendrían, por más que el legislador así lo buscara en alguna hipótesis
irreal e imaginable, la capacidad de alterar el contenido de una ley en el sentido de
transformarla en algo sustancial y radicalmente distinto de como quedó configurada por el
Congreso de la República. Mucho menos va a tener esa potencialidad si las
reglamentaciones a que se refiere una ley –como en este caso- son meras redundancias
normativas de una facultad que ya de suyo le pertenece al Gobierno Nacional en virtud de
expresa norma constitucional. Por lo demás, si por hipótesis se pensara en una
reglamentación encaminada a transformar la ley en un sentido radical y evidente, sería la
reglamentación, y no la ley, la que estaría contraviniendo los mandatos superiores, pues no
existe ni la más mínima o remota posibilidad de que una reglamentación condicione la
validez de una ley a la que dice estar desarrollando debidamente para su cumplida
ejecución. En ese sentido, la reglamentación a la que se refieren las normas
demandadas, debe estar orientada a determinar, por ejemplo, cuáles condiciones debe
reunir el inversor en activos fijos reales productivos para beneficiarse de la
deducción, y también a establecer cómo pueden acreditarse esas condiciones ante la
entidad administrativa encargada de recaudar los impuestos sobre la renta y
complementarios, pero no a expandir el ámbito predeterminado con la suficiente
claridad y certeza por el legislador.”
De acuerdo con ello y atendiendo a la norma reglamentaria que se comenta y que, de paso sea anotar,
se encontraba vigente y gozaba de fuerza ejecutoria para cuando la actora declaró la deducción
rechazada, es claro que el derecho al reconocimiento del artículo 158-3 del ET depende de que los
activos fijos reales productivos adquiridos sean bienes tangibles, destinados a formar parte del patrimonio
y a participar de manera directa y permanente en la actividad productora de renta del contribuyente, y de
que los mismos puedan depreciarse o amortizarse fiscalmente.
Según esa premisa, vista en contraste con la definición fiscal de activos fijos del artículo 60 del ET12, es
claro que la deducción no opera para la adquisición de activos movibles y que los “bienes” cobijados por
el beneficio son únicamente los corporales, (art. 653 del C. C.), por ser de suyo la forma tangible.
Ese último requisito, como también lo ha precisado la Sala, excluye los activos fijos que participan de
manera indirecta en el proceso productivo, como los muebles y equipos destinados a la parte
administrativa y gerencial13.
De la depreciación fiscal de los activos fijos reales productivos adquiridos para los efectos del
artículo 158-3 del ET
Las normas tributarias permiten deducir la depreciación causada por el desgaste o deterioro normal de
los bienes usados en negocios o actividades productoras de renta, por la suma necesaria para amortizar
el 100% del costo de los mismos, durante su vida útil, y siempre que éstos hayan prestado servicio en el
año o período gravable de que se trate.
12 “Bienes corporales muebles o inmuebles y los incorporales que no se enajenan dentro del giro
ordinario de los negocios del contribuyente"
13 Sentencia del 26 de marzo del 2006, exp. 15086
Dicho costo, dicen las normas especiales, está constituido por el precio de adquisición, incluidos los
impuestos a las ventas, los de aduana y de timbre, más las adiciones y gastos necesarios para que el
bien se ponga en condiciones de iniciar la prestación de un servicio normal (ET, arts. 128 y 131).
En ese contexto, el ordenamiento entiende como bienes depreciables aquellos activos fijos tangibles, con
excepción de los terrenos, que no sean amortizables14, y prevé que cuando esos bienes se adquieren o
mejoran en el curso del año o período gravable, la depreciación se calcula proporcionalmente al número
de meses o fracciones de mes en que las respectivas adquisiciones o mejoras prestaron servicio (arts.
135 y 136 ibídem).
En cuanto a la vida útil de los bienes depreciables, el artículo 137 del ET prevé su oscilación entre tres y
veinticinco años, según lo establecido en el respectivo reglamento, y de acuerdo con la actividad en que
se utilice el bien, los turnos normales de la misma, la calidad de mantenimiento disponible en el país y las
posibilidades de obsolescencia.
Lo anterior, sin perjuicio de que el contribuyente pueda fijar una vida útil distinta con base en conceptos o
tablas de depreciación de reconocido valor técnico, de acuerdo con sus condiciones particulares y previa
autorización del Director de Impuestos Nacionales.
Al ejercer la atribución legal otorgada por el mencionado artículo 137, el Decreto 3019 de 1989
reglamentó la vida útil de los activos depreciables, como sigue:
“Artículo 2° La vida útil de los activos fijos depreciables, adquiridos a partir de 1989 será la
siguiente:
Inmuebles (incluidos los oleoductos) 20 años
Barcos, trenes, aviones, maquinaria, equipo y bienes muebles 10 años
Vehículos automotores y computadores 5 años
Parágrafo. Se tendrán como activos adquiridos en el año, aquellos que a 31 de diciembre
del año anterior figuraban como "maquinaria en montaje", "construcciones en curso" y
"activos fijos importados en tránsito" y que se incorporen como activos fijos utilizables
durante el respectivo período.”
Finalmente, tratándose de la adquisición de bienes que han estado en uso, el artículo 139 del ET faculta
al adquirente para calcular razonablemente el resto de la vida útil probable de los mismos, y para
amortizar su costo de adquisición, pero prohíbe que el resultado de ese cálculo sumado a la vida
transcurrida durante el uso del bien por parte de los anteriores propietarios, sea inferior a la vida útil que
el reglamento contemple para bienes nuevos.
ANÁLISIS DE LA DEDUCCIÓN ESPECIAL RESPECTO DE LOS BIENES INMUEBLES
ADQUIRIDOS POR LA DEMANDANTE EN EL AÑO 2004
Según dan cuenta los antecedentes administrativos de los actos demandados, los inmuebles respecto de
cuya adquisición se solicitó la deducción especial del artículo 158-3 del ET, son las Granjas María Bonita
por valor de $746.900.000 y Santa María por valor de $328.000.000, compradas con sus respectivas
edificaciones.
14 Así, se excluyen de la definición de bienes depreciables a los activos movibles como materias primas,
bienes en vía de producción e inventarios, así como los valores mobiliarios constituidos por títulos
representativos de participaciones de haberes en sociedades, de cantidades prestadas, de mercancías,
de fondos pecuniarios o de servicios que son materia de operaciones mercantiles o civiles.
La Administración rechazó la deducción, porque las referidas edificaciones fueron construidas con una
antelación de 25 y 20 años, de manera que ya se habían depreciado y, por tanto, no podían reunir los
requisitos para deducirse fiscalmente.
La demandante se opone a ese criterio, arguyendo que la depreciación no es un requisito fijado en la ley,
sino un elemento de la descripción reglamentaria de los activos fijos, y que, en esa medida, el no
practicarla sobre bienes usados y ya depreciados, no justifica el rechazo de la deducción.
Ahora bien, las escrituras públicas 6022 y 6023 del 27 de diciembre del 2004 (fls. 115-120) demuestran
que Industrias Puropollo S. A. compró el globo de terreno denominado “María Bonita”, identificado con
matrícula inmobiliaria 040-99705, y el lote donde se ubica la granja de nombre “el Socorro”, identificada
con matrícula inmobiliaria 040-105408.
Según los mismos instrumentos públicos (cláusula segunda), la enajenación de los bienes comprados
incluía todas las construcciones, usos, costumbres y servidumbres con las que contaban dichos predios,
las cuales comprendían galpones aptos para la explotación avícola, así como otros bienes relacionados
con procesos de producción de la misma naturaleza.
Tal verificación permite constatar que ciertamente en el año gravable declarado la demandante adquirió
activos fijos reales directamente ligados a su actividad productora de renta, dado que su objeto social
como empresa que es, lo constituyen las actividades propias de la industria avícola, para cuyo desarrollo
podía adquirir a cualquier título los bienes muebles e inmuebles necesarios para el buen desarrollo de la
empresa, según lo previsto en su certificado de existencia y representación legal15.
Los certificados de tradición y libertad visibles en los folios 121 a 124 demuestran que la existencia de los
bienes adquiridos data de varios años atrás (1979 en el caso del Lote María Bonita, y 1966 en el caso de
la Granja el Socorro); y los avalúos rurales aportados al proceso (fls. 181 a 189 y 190 a 197), informan
que para el mes de diciembre del 2004 las construcciones del predio María Bonita tenían un tiempo
promedio de 25 años, y las de la Granja el Socorro, de 20 años.
Ello indica que las edificaciones, partes de los inmuebles comprados, son bienes usados depreciables en
la forma prevista por el artículo 139 del ET, dado que la contribuyente los adquirió en el año 2004.
El hecho de que el tiempo promedio de existencia señalado en los avalúos rurales aportados supere el
tiempo de vida útil de inmuebles establecido en el artículo 2º del Decreto 3019 de 1989 (es el caso de las
construcciones del predio María Bonita – 25 años) o se ajuste a ese límite (ocurre con las construcciones
de la granja el Socorro – 20 años), no permite categorizar a los bienes adquiridos como “indepreciables”
ni mengua o suprime, per se, su aptitud para poderse depreciar.
Una conclusión en ese sentido sólo podría resultar de las condiciones materiales reales del bien, pues,
asociándose la depreciación al “desgaste” natural del mismo, capaz de reducir su valor, es claro que
mientras el activo adquirido conserve su funcionalidad no puede considerarse inútil ni, menos aún,
completo el tiempo de su desgaste natural; de por sí, la regla general desde el punto de vista económico
y fiscal indica que el contribuyente de renta adquiere bienes para incrementar su patrimonio o para
ayudar a incrementarlo.
Bajo esa reflexión y dado que la depreciación de activos se liga necesariamente al tiempo durante el cual
se usan en la actividad productiva, así como a su efectiva utilización en la misma, estima la Sala que los
bienes adquiridos por Industrias Puropollo S. A., mediante las Escrituras Públicas 6022 y 6023 del 27 de
diciembre del 2004, son verdaderos activos fijos reales productivos pasibles del beneficio fiscal
consagrado en el artículo 158-3 del ET.
Es así, porque dichos bienes corresponden a inmuebles adquiridos para desarrollar la industria avícola a
la que se dedica dicha empresa, conservan las condiciones de uso para ello y, por tanto, pueden
15 Certificado de existencia y representación legal visible en los folios 20 a 22.
depreciarse calculando razonadamente su resto de vida útil probable, en la medida en que no se ha
producido el desgaste natural suficiente para considerarlos inutilizables o desechables.
Lo anterior, unido a que la defensa no probó concretamente que los activos adquiridos carecieran de las
condiciones anteriormente advertidas, reviste de procedencia a la deducción rechazada y desvirtúa la
presunción de legalidad de los actos demandados.
En consecuencia, se confirmará la sentencia apelada.
En mérito de lo expuesto, el Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Cuarta,
administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,
FALLA
1. CONFÍRMASE la sentencia del 9 de junio de 2011, proferida por el Tribunal Administrativo del
Atlántico, dentro del proceso de nulidad y restablecimiento del derecho instaurado por INDUSTRIAS
PUROPOLLO S. A., contra la DIAN.
2. Reconócese personería para actuar como apoderada de la DIAN, a la abogada Maritza Alexandra Díaz
Granados, en los términos y para los fines del poder visible en el folio 307 de este cuaderno.
Cópiese, notifíquese, comuníquese, devuélvase el expediente al Tribunal de origen y cúmplase.
Esta providencia se estudió y aprobó en sesión de la fecha.
CARMEN TERESA ORTIZ DE RODRÍGUEZ
Presidente
HUGO FERNANDO BASTIDAS BÁRCENAS
MARTHA TERESA BRICEÑO DE VALENCIA
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