¿Qué es la democracia?
Alain Touraine
VII. La apertura del espacio público.
La representación de los intereses populares.
Empieza el texto señalando que no se puede reducir el liberalismo a la defensa de los
intereses de la burguesía y el socialismo a la expresión de los de las clases populares,
y más precisamente de la clase obrera. De esta forma limitamos la democracia a la
representación de los intereses sociales.
El aporte tanto de las ideas liberales como de las republicanas nos inducen a pensar
que no hay democracia sin limitación del poder del Estado y sin ciudadanía. Pero aun
antes de recordar que tampoco hay democracia sin representación de los intereses de
la mayoría, es preciso preguntarse sobre la naturaleza de los derechos personales que
limitan el poder del Estado y sobre la de la ciudadanía sin caer en el riesgo de
convertir la democracia en un medio de proteger los intereses de los mas fuertes y
ricos.
Touraine luego se explaya sobre los dilemas que enfrenta la democracia. Menciona a
John Stuart Mill (un liberal utilitarista1) y su temor al ver que en la Revolución Francesa
no hay un gobierno del pueblo sino el de los dirigentes que hablan en su nombre, que
procuró “limitar la ingerencia legítima de la opinión colectiva en la independencia
individual”.
Este Mill, que devino utilitarista luego de oponerse a su padre James Mill, fue
confundido por socialista al defender los derechos de los sectores postergados y
dominados de la sociedad. También afirma la prioridad de las realidades políticas
sobre las realidades sociales; defiende la unidad nacional y anhela incluso la creación
de una alta función pública profesionalizada, independiente de los partidos y
asalariada.
Luego, y a través de citas de este autor, Touraine delinea lo que será uno de los ejes
de la democracia, que es la lucha de ésta frente, en un primer momento a la
aristocracia, y más adelante en la historia, a los totalitarismos. En otras palabras, la
democracia se opone a los absolutismos.
Según Mill, la política de la burguesía liberal, se vio conducida a buscar alianzas con
las categorías populares contra la oligarquía. Así es como nacen de los partidos
radicales, el radical socialismo de Chile por ejemplo, y el pasaje de liberales a
laboristas en Gran Bretaña.
El concepto de ciudadanía se transformó al evolucionar su análisis de lo puramente
político hacia lo social y económico. Es así como encontramos que a fines del siglo
XIX, la vida política está dominada por la defensa de los intereses sociales. Por eso,
1
El utilitarismo es un marco teórico para la moralidad, basado en una maximización cuantitativa de consecuencias
buenas para una población. La moralidad de cualquier acción o ley viene definida por su utilidad para la humanidad.
Utilidad es una palabra que significa las consecuencias positivas que deben estar maximizadas. Estas consecuencias
usualmente incluyen felicidad o satisfacción de las preferencias. El utilitarismo es a veces resumido como "el
máximo bienestar para el máximo número de personas".
1
en sus inicios, es claro asociar a la derecha conservadora a los intereses de la banca y
la industria, en tanto crece la ola socialdemócrata que hace del partido el brazo político
de la clase, subordinándolo con ello a los sindicatos (y su acción directa desconfiada
de la acción política).
Este período parece lejano, dado que nos separa una larga época de totalitarismo
posrevolucionario que hizo de la referencia a una clase y un pueblo un instrumento de
manipulación al servicio de un régimen despótico, devenido por lo mismo, en
totalitario.
Una “política de clase”, puede ser utilizada para los objetivos de una minoría,
transformando al movimiento social en un gobierno totalitario. Una política de clase
sólo es democratizante si está asociada al reconocimiento de los derechos
fundamentales que limitan el poder del Estado y a la defensa de la ciudadanía. La
democracia se define por la interdependencia de tres principios y no por el predominio
de uno solo de ellos. Los principios son:
1- La limitación de poder.
2- La representatividad.
3- La ciudadanía.
El primero es el históricamente más importante. Pero Touraine hace una salvedad al
dar definiciones negativas del pueblo, como lo hicieron los comunistas, quienes no
dejaban lugar a la democracia al abrazar a la revolución como objetivo. Para este
autor el verdadero motor de la democracia es la participación positiva y activa de los
dominados en la transformación de la sociedad.
Touraine afirma que el movimiento obrero está compuesto por dos fuerzas que actúan
en sentido contrario:
Socialismo Revolucionario
Movimiento Obrero
- (Acción Revolucionaria)
- Define negativamente los intereses a defender (por la
privación, exclusión, etc.)
- Procura tomar el poder para liberar a los obreros y a
los pueblos oprimidos.
- Muchas veces, condujo a la instauración de
regímenes autoritarios.
- Identificación de clase con un Partido.
- Analiza la situación de una clase en términos de
dominación, de violencia y de explotación sufridas.
- (Acción democrática)
- Descansa sobre la idea que los trabajadores tienen
derechos y define a la justicia social como el
reconocimiento de los mismos.
- Asocia la autonomía obrera a la de defensa política
de los intereses de la mayoría
- Se niega a separar la situación de la acción y a
reducir a una clase, o a una nación, o cualquier otra
categoría social, a ser la mera víctima de una
dominación que la aliena más aún de lo que la
explota.
Así, a la lógica historicista se opone una lógica a la que puede llamarse democrática,
dado que conjuga la apelación a unos derechos, la conciencia de ciudadanía y la
representación de los intereses.
No es en el momento en que la acción política se impone sobre la lucha social cuando
triunfa la democracia, es en el caso contrario, cuando el actor de clase es definido lo
bastante positivamente para dirigir la acción política y para legitimar su acción en
términos de derechos fundamentales y de construcción de una nueva ciudadanía.
Luego Touraine explica que los ingleses desarrollaron un movimiento en defensa de
los derechos de los trabajadores, llamado democracia industrial. Que fue la expresión
central de los grandes sistemas de seguridad social. El objetivo a alcanzar tanto en
Inglaterra, como Suecia y Francia era el de extender el principio democrático al
2
dominio de la economía, dándole a los sindicatos el rol de interlocutor social y creando
una nueva ciudadanía económica. Tanto suecos como ingleses abrazaron este
modelo e insistieron en afirmar esta democracia industrial.
Como contrapartida, la seguridad social francesa, creada por el General De Gaulle y la
CGT unida al partido comunista, fue de una inspiración más republicana, apuntando a
reintroducir a la clase obrera, asociada a la resistencia contra el ocupante, en la
nación, en detrimento de la patronal acusada de haber colaborado.
Así hay acciones democráticas que están orientadas a la defensa de los derechos de
los trabajadores, y otras dirigidas a romper las cadenas de una población dependiente.
Las revoluciones conocen siempre una fase inicial en la que las dos tendencias se
mezclan pero, como regla general, la lógica de conquista del poder, debido a que
emplea estrategias eficaces se impone sobre la lógica de afirmación de los derechos.
En las situaciones en que la dependencia parece extrema, la dinámica revolucionaria
es fortalecida desde el inicio por el privilegio que da la teoría de la vanguardia (una
ideología).
La debilidad e ineficacia de la socialdemocracia se debe a que no se posiciona
claramente en ninguna de ambas orientaciones (revolucionaria o democrática).
Combina la prioridad reconocida a la acción sindical con el papel central de la
intervención del Estado y por lo tanto de su conquista.
Partidos y sindicatos
Touraine da dos lineamientos democráticos basados en las contradicciones de la
socialdemocracia. Uno es la democracia parlamentaria, defendida por Kelsen, donde
las luchas sociales están en la base de la vida política. Los partidos permiten cierto
control de los electores sobre los elegidos, limitado por cierto por la autoridad de los
jefes partidarios, pero más grande que en la república de los notables.
La otra corriente, la del derecho social, va más allá al hablar de pluralismo jurídico. La
imagen de un sistema jurídico integrado, coherente, desarrollado en forma de pirámide
desde su vértice, desde la “norma fundamental”, establece al Estado como el
soberano cuyo interés supremo es el mantenimiento de la unidad territorial y social.
Pero, la idea de derecho social conduce a una imagen más fragmentada tanto del
derecho como de la política. La atención se desplaza hacia los actores, y no al
sistema, al mismo tiempo que la concepción normativa del derecho cede terreno a
frente a una concepción realista. El pluralismo de los centros de poder y de iniciativa
jurídica da un poder indirecto a unas asociaciones y sus dirigentes. Partidos y
sindicatos aparecen desde ese momento como elementos indispensables de la
democracia. Cuánto más complejas es una sociedad, más numerosos son los grupos
de interés y más indispensable es que sus demandas sean admitidas por unos
agentes que aseguren la conexión entre la sociedad civil y la sociedad política. Es casi
imposible concebir una democracia sin partidos.
El Estado necesita tener la posibilidad de negociar los cambios económicos e
internacionales con interlocutores sociales confiables, tanto del lado de las empresas
como del lado de los asalariados.
Luego, Touraine plantea que para que una movilización abarque distintos grupos de
interés es necesario que sus premisas abarquen variadas preocupaciones de la
3
sociedad, lo cual fue aprehendido por los partidos socialistas que pretendían
representar a una clase mayoritaria y derrocar un orden social que los subyugaba.
Una de las críticas a los partidos, de inspiración liberal manifestada por Ostrogorski,
combate la tentación de llamar la “ley de hierro de la oligarquía” manifestada en el
funcionamiento de los caucus2 ingleses y norteamericanos. La otra crítica,
representada por Michels, que es sin ambargo el autor de esta célebre formula,
cuestion más bien la concentración del poder en Partidos-Estado.
La primer crítica se ejercerá contra los partidos pantalla. La debilidad de este
planteamiento radica en que no reconoce la necesaria representatividad de los
dirigentes políticos. Dice Ostrogorski: “la función política de las masas en una
democracia no es gobernarla (...) la función de las masas es mantener en jaque a la
minoría dirigente, de intimidar a los gobiernos”, Y concluye de ello que la capacidad de
presión de los grupos de interés es tanto mayor en la medida en que sus objetivos son
más limitados.
Una gran amenaza de la democracia, sobretodo en buena parte del siglo XX, es la que
constituye la utilización de las masas y de sus reivindicaciones sociales en pos de un
control total del poder político en manos de un Partido por ejemplo.
No obstante, es preciso señalar que la relación directa entre el Estado y los actores
sociales es imposible, lo que funda la necesidad de fundar un sistema político
autónomo cuya forma desarrollada y coherente es la democracia. Es por esto que ella
necesita de instituciones de mediación entre el Estado y los actores. La consecuencia
de la ausencia de estas instituciones políticas libres impide la formación de actores
sociales y facilita el control represivo ejercido por el aparato del Estado sobre las
reivindicaciones y las movilizaciones sociales.
El peligro inverso al del Estado corporativo o totalitario aparece cuando el sistema
político invade ya sea el dominio del Estado, o el de la sociedad civil. Un ejemplo de
invasión del Estado es el caso italiano de utilización ilegal de fondos públicos para
financiar a los partidos. Y cuando el sistema político invade la esfera civil se reducen
las acciones colectivas a meros recursos políticos utilizados por los partidos y sus
dirigentes. Un caso clásico es el PRI mexicano (Partido Revolucionario Institucional),
que es un Partido-Estado que desde hace medio siglo gobierna directamente los
sindicatos obreros y campesinos, así como las organizaciones urbanas.
La naturaleza de los partidos no depende únicamente de ellos mismos y de las
tradiciones del Estado; resulta en igual medida del grado de formación y organización
de las demandas sociales. A medida que los países económicamente más avanzados
salen de la sociedad industrial, la oposición de la burguesía y de la clase obrera,
pierde su importancia. Los partidos pierden su unidad de orientación; son entonces
invadidos por el faccionalismo, por las luchas de tendencias que se convierten cada
vez más en clientelas.
Las facciones pueden tender a representar fracciones fragmentarias internas de los
partidos; a representar jerarquías sociales; los conflictos de tendencias dentro de una
organización política.
2
En los Estados Unidos se entiende por caucus la etapa preliminar de las elecciones presidenciales, en la que cada
partido político reúne a los candidatos del partido que aspiran a ser presidente. A partir de esa reunión tiene lugar en
todos los estados la elección del candidato de cada partido. Computados los resultados de las votaciones en los
estados, queda nominado por cada partido el candidato a la presidencia. El presidente resultará de las elecciones
finales, a las que se presenta el candidato de cada partido.
4
En ausencia de tensiones exteriores o interiores dramáticas, las democracias pueden
sobrevivir a una crisis semejante de la representación, pero se reducen a no ser más
que mercados políticos abiertos en los cuales los ciudadanos son sólo consumidores
políticos. Situación que hace frágiles a las democracias al privarlas de toda adhesión
activa y al disminuir las más de las veces el nivel de participación en la vida política e
incluso de las elecciones.
El totalitarismo
Cuando un partido de vanguardia no se siente sometido a la voluntad del actor social
que representa, la democracia desaparece y quienes se refieren a ella son las
primeras víctimas del poder totalitario.
Por ejemplo, tanto el nazismo como el comunismo, parten desde una representación
de un movimiento obrero y luego se transforman, se pervierten, en regímenes
totalitarios, que serían incomprensibles si no hubiesen tenido este primer momento
representativo.
Elementos principales de los regímenes totalitarios (Raymond Aron):
1. El monopolio de la actividad política está reservado a un partido
2. Ese partido está animado por una ideología que se convierte en la verdad
oficial del Estado.
3. Éste se atribuye el monopolio de los medios de fuerza y persuasión
4. la mayor parte de las actividades económicas y profesionales se incorporan al
Estado y quedan sometidas a la verdad oficial.
5. Una falta económica o profesional se convierte en una falta ideológica y por lo
tanto debe ser castigada por un terror a la vez ideológico y policial.
Alejandro Pizzorno dio una interpretación histórica original de la apelación de los
poderes totalitarios a los fines últimos. Para él, la separación del poder temporal y el
poder espiritual en el Occidente cristiano provocó en primer lugar que el poder
temporal –los poderosos- intentara definir los fines últimos y ejercer el poder espiritual,
pero a continuación y en reciprocidad incitó a los débiles –naciones, clase,
movimientos- a “proponer explícitamente y con vigor unos fines de largo alcance para
salir de su debilidad”.
Esta interpretación se aplica a la continuidad que hubo entre la formación del Estado
en la Edad Media y la “política absoluta”, como en el caso de la Revolución Francesa;
pero no se aplica para los nacionalismos totalitarios contemporáneos, que se
presentan más bien como reacciones a la crisis o al cuestionamiento de valores y
normas comunitarias a causa de una modernización exógena. No fue la clase obrera
la que alimentó a los totalitarismos fascistas y ni siquiera a los comunistas; fueron
unas élites de poder que hablaron en nombre de una nación, una clase, o una religión.
El totalitarismo no es el poder de los débiles; nace de la desaparición de los actores
sociales.
El rasgo principal del Estado autoritario es que habla en nombre de una sociedad, un
pueblo o una clase que tomó en préstamo la voz y el lenguaje. El totalitarismo crea un
poder total en el que el Estado, el sistema político y los actores sociales se fusionan y
pierden su identidad y su especificidad para no ser ya más que instrumentos de la
dominación absoluta ejercida por un aparato de poder, casi siempre concentrado a un
jefe supremo.
La modernidad ha sido definida por la secularización y la diferenciación de los
subsistemas sociales: religión, política, economía, justicia, etc. Lo propio de los
5
regímenes totalitarios en la destrucción de la secularización en pos de una ideología
que se aplica al conjunto de la vida pública y privada y el reemplazo de la
diferenciación de las actividades sociales por una jerarquía partidaria que hace del
vínculo personal con el príncipe o el partido la medida del lugar que ocupa en la
jerarquía social.
La fuerza que impulsó a la democracia a vencer sobre las oligarquías o monarquías
absolutas -y que convocaba al gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo,
propulsada a su vez por el movimiento obrero mayoritariamente- se convirtió en el
principal arma de los regímenes totalitarios para alcanzar el poder. La referencia a las
fuerzas sociales a representar y la idea misma de que la democracia representativa
debe poner la acción política al servicio de actores sociales representables, cuya
existencia y conciencia son anteriores a su representación política, las que crearon la
situación en que apareció el totalitarismo, como fuerza invertida, pervertida, de la
democracia social y hasta del socialismo, como nos lo recuerda los orígenes
sindicalista de Mussolini, el nombre mismo del partido nacional socialista alemán, el
lenguaje proletario del partido comunista soviético, o en un nivel de menor importancia,
la presencia de líderes políticos y sindicales de izquierda o de extrema izquierda en el
régimen de Vichy3 en Francia. El totalitarismo triunfa por el trastrocamiento de un
movimiento social, cultural o nacional, en el antimovimiento que siempre lleva en su
seno.
En tanto un movimiento social combina la conciencia de un conflicto social con la
adhesión a unos valores culturales juzgados centrales en la sociedad considerada; un
antimovimiento transforma al adversario social en enemigo exterior y se identifica a sí
mismo con unos valores culturales que fundan una comunidad, es decir una
colectividad que coincide enteramente con sus valores.
Un Estado totalitario es un Estado secta cuya función principal es combatir a los
enemigos exteriores e interiores y asegurar una unanimidad tan entusiasta como sea
posible. Un régimen autoritario puede contentarse con aplastar, con reducir al silencio
a la sociedad; el Estado totalitario, en cambio, debe hacerla hablar, movilizarla,
excitarla; se identifica con ella exigiendo que ella se identifique con él.
En una Estado totalitario se funden la sociedad política con la civil en un partido
todopoderoso. En otros regímenes nacional-populares latinoamericanos esta fusión es
parcial, por lo cual no se puede de calificar de totalitario a Perón. En cambio, allí donde
un régimen autoritario no moviliza a la sociedad, donde su acción política y social es
represiva antes que ideológica, lo que fue el caso de la dictadura de Pinochet en Chile,
es falso hablar de totalitarismo.
Los regímenes no se reducen a la imagen que dan de sí mismos; tan importante como
la unidad proclamada es la denuncia constante del enemigo, la vigilancia y la
represión, la transformación del adversario interior en traidor a sueldo de los enemigos
externos. La guerra está en el corazón de los regímenes totalitarios.
No hay democracia sin gestión política de conflictos sociales insuperables. Esto se
contrapone al análisis trotskista que afirma que la sociedad es transparente para sí
misma, donde la realidad social y voluntad política se corresponden completamente. Al
justificar así la exteriorización de los conflictos sociales, es funcional a la ideología
totalitaria.
3
Vichy es una ciudad francesa, más conocida por haber sido la capital de la Francia de Vichy de 1940-1944 durante
la Segunda Guerra Mundial
6
El siglo XX conoció tres tipos de regímenes totalitarios:
1. Los totalitarismos nacionalistas que oponen una esencia nacional o étnica al
universalismo sin raíces del mercado, capitalismo, arte, etc. Este nacionalismo
antimodernista se opone a la concepción racionalista impuesta por la
Revolución Francesa. Los fascismos entran en este tema general y su
movimiento atrajo a los nacionalismos autoritarios, corporativos y
tradicionalistas de Europa mediterránea o centro-oriental.
2. El segundo tipo de totalitarismo también se apoya en un ser histórico, pero ya
no se trata de una nación, sino de una religión. Lo cual puede conducir a un
control aún más absoluto del Estado secta sobre el conjunto de la sociedad.
Claro ejemplo de esto son las sociedades iraquíes y de Medio Oriente.
3. El tercero es un totalitarismo objetivista y se presenta como el agente del
progreso, de la razón y de la modernización. Los regímenes comunistas son
totalitarismos modernizadores cuya meta es ser los parteros de la Historia.
Exigen una movilización social y un discurso ideológico dirigidos contra un
enemigo de clase identificado, o en algunos países periféricos, contra una
dominación imperialista.
Estos regímenes, pueden obtener resultados económicos o culturales positivos
durante un tiempo más o menos largo, pero en el largo plazo desarrollo y democracia
son inseparables y que el totalitarismo es un obstáculo insuperable para la constitución
de un desarrolló endógeno, porque impide la formación de actores económicos y
culturales independientes y por lo tanto susceptibles de innovaciones. Los regímenes
totalitarios cuando no se hunden en la guerra que desencadenaron, se asfixian en su
negativa a reconocer la existencia autónoma de la sociedad civil y la sociedad política.
Las dictaduras que se instalaron en Brasil en 1964, en la Argentina en 1966 y en 1976,
en Chile y Uruguay en 1973, no fueron totalitarias sino solamente autoritarias. En
cambio, la dictadura militar del General Stroessner en Paraguay tuvo aspectos más
totalitarios, porque la población fue a la vez movilizada y vigilada estrechamente por
intermedio del Partido Colorado.
Hanna Arendt define al totalitarismo, retomando las ideas de Le Bon y Freud, por la
disolución de las clases y el triunfo de las masas. “La caída de los muros protectores
de las clases transforma a las mayorías que dormitaban al abrigo de todos los partidos
en una sola gran masa informe de individuos furiosos”. Con su tesis, Arendt demuestra
que los regímenes totalitarios quieren, mediante el terror, cumplir una ley de la
naturaleza o de la Historia, lo que equivale a abolir a los actores y su subjetividad,
“cumpliendo la ley de la Historia o de la Naturaleza sin traducirla en normas de bien o
de mal para la conducta individual”.
Hay dos diferencias fundamentales en el interior de los regímenes totalitarios: los
totalitarismos objetivistas y los subjetivistas.
La ideología en los países comunistas (totalitarismo objetivista) penetró poco en la
personalidad de los actores. Lo cual culminó con la desaparición rápida de las
referencias de los regímenes antiguos, o el reemplazo del comunismo por el
nacionalismo en Serbia o Croacia; o el reemplazo fácil de una ideología estatista por
valores netamente económicos como en Polonia o Hungría, con la formación de un
sector privado muy importante, y por otro lado el mercado negro y la mafia en Rusia.
Los totalitarismos subjetivistas en cambio, penetran más sólidamente en las
personalidades, lo que hace posible resurgencias después de un largo plazo, como
por ejemplo los nazis, y a mi entender también los regímenes islámicos.
7
El estado providencia
El análisis que sigue tiene que ver con hasta dónde es lícito la intervención del Estado
en nuestras vidas, o como lo llama Habermas la colonización de lo vívido. Así como
Foucault, Touraine dice que los ciudadanos somos lo que el Estado nos hace ser a
través de sus medidas de asistencia o control. Nuestra identidad está construida por
categorías administrativas que se convirtieron en previsiones de comportamiento. Y la
pregunta que se hace Touraine es si esta desindividualización, propia del progreso
científico como de la organización burocrática, no es una amenaza para la
democracia.
¿Dónde debe situarse la frontera entre la organización racionalizada de la sociedad y
la autonomía de lo vívido? Es sencillo responder que aquí el deber es la puesta en
práctica de un derecho y el medio de superar los obstáculos a la igualdad de
posibilidades creados por la pobreza, la ignorancia o los prejuicios. Una gran parte de
las políticas sociales apunta a disminuir la desigualdad e incluso a asegurar una cierta
redistribución de los ingresos que, en Europa occidental alcanzó niveles elevados.
Hay dos problemas que enfrenta el Estado Providencia:
- Uno es la ineficacia de las medidas de redistribución, ya que por ejemplo la
gratuidad de la enseñanza o de la salud no implica que sean igualitarias, ya
que las familias de los sectores más acomodados tienen mejores y mayores
beneficios de estas instituciones. Esta crítica es justa pero limitada, puesto que
se puede responder con facilidad que un financiamiento más liberal de los
gastos de salud conduce a resultados más desigualitarios.
- El peligro de la heteronomización de los asistidos es real, porque la ayuda
aportada por el Estado a las categorías más desfavorecidas, que son las que
suelen tener menor capacidad de acción individual y colectiva, puede conducir
a un paradójico debilitamiento de la democracia, ya que ésta se basa en una
intervención activa de los ciudadanos en la vida colectiva. Las políticas sociales
pueden ser concebidas como medios de protección del individuo y del grupo
sometidos a relaciones de poder, pero, a la inversa, dichas políticas pueden
convertirse en un instrumento de la integración social y nacional.
Hay tres categorías de normas jurídicas de Estado Providencia:
1. Derecho Integrador: Buscan asegurar el orden en el sentido más general del
término. Por lo general el Estado toma la iniciativa en este sentido, contenida
en medidas particulares.
2. Derecho Contractual: Dispone las relaciones entre los intereses diferentes u
opuestos de actores que deben participar en el mismo conjunto social.
Asociada a los grupos de interés organizados. Las medidas que se toman
suelen aplicarse a conflictos más generales.
3. Derecho Protector: Está relacionado a la defensa de los individuos contra el
poder del Estado. Sus iniciativas suelen estar vinculadas a movimientos de
opinión organizados o no.
La falta de soluciones a flagelos sociales como la desocupación se debe no a la
influencia excesiva de la racionalización sino a la debilidad del pensamiento y la acción
políticos. Lo que llamamos la colonización de la vida privada no es más que la
consecuencia de nuestra impotencia para dar una expresión y hallar soluciones
políticas a problemas sociales. Y en estas condiciones más vale aún el Estado
Providencia con todas sus debilidades que el juicio del mercado que excluye
inexorablemente a una parte creciente de la población.
8
La democracia sólo existe cuando los problemas sociales son reconocidos como la
expresión de relaciones sociales que pueden ser transformadas mediante una
intervención voluntaria de gobiernos libremente electos. Es necesario hallar un
equilibrio entre el mundo vívido y la racionalización. Porque si damos prioridad al
primero, se debilitaría el campo político y se eliminaría toda referencia a relaciones
sociales y a la posibilidad de elaborar otra política.
En cuanto al tema de la desocupación por ejemplo, hay que evitar caer en el análisis
coyuntural y psicológico porque al despolitizar un problema social se debilita la
democracia, debido a la debilidad del pensamiento político y el compromiso de los
partidos con análisis y soluciones que ya no corresponden a las situaciones actuales.
La defensa de los derechos fundamentales se discute día a día en el dominio de las
industrias culturales, principalmente la salud y la educación. Es preciso incrementar la
capacidad de expresión y de iniciativa de los individuos no como víctimas sino como
actores sociales. Lo que debe protegerse y estimularse no es el mundo vívido, es la
capacidad de acción de las categorías dominadas o excluidas. No hay que combatir la
racionalización sino la degradación del dominio de lo posible en universo de la
necesidad y por lo tanto la disociación de las políticas económicas de las medidas de
asistencia social.
Touraine concluye esta sección afirmando la necesidad de adquirir una visión de
conjunto de nuestra sociedad, percibida como una sociedad de producción al mismo
tiempo que de consumo y redistribución, a fin de poner en evidencia nuevos actores
sociales y políticos. El futuro de la democracia depende más de nuestra capacidad de
comportarnos como actores sociales en un nuevo tipo de sociedad que reduzca las
desigualdades y aumente la protección de la seguridad y la libertad de los individuos.
El debilitamiento de la democracia
La democracia en un principio surge de las tres dimensiones mencionadas: limitación
de poder, representatividad y ciudadanía. Pero con el tiempo surgen formas más
completas de ella. Hoy en día es imposible concebir una democracia que no sea a la
vez republicana, liberal y social, aunque no haya ningún gobierno democrático que
satisfaga plenamente estos tres criterios.
El sistema político encuentra dificultades para desarrollar sus papeles principales: de
antecámara del Estado y de expresión de demandas y sentimientos populares. Esto se
debe a la acción de partidos y sindicatos de masas, la masificación del consumo
masivo y el desarrollo de los mass media que desvían la participación ciudadana en la
democracia. A esto ayuda la trasnacionalización de la economía y la exasperación de
los problemas nacionales y la sensibilidad de los ciudadanos asalariados a las crisis.
Así, lo que se consigue es disociar los elementos de la democracia. La ciudadanía se
convirtió en identidad cultural, la limitación de poder por unos derechos fundamentales
se transformó en separación de la vida privada y la vida pública y la representación de
los intereses se degradó a menudo en fusión neocorporativa del Estado y las ex clases
sociales.
Los partidos se debilitan mientras el Estado es absorbido por sus respuestas a las
coacciones ejercidas por el mercado mundial. La represión o la distensión son
ejercidas por las inversiones antes que por la policía. Los problemas que enfrenta la
democracia son el
- La desaparición de la esperanza en la acción política, ya sea revolucionaria o
no.
9
-
individualismo, la esperanza de un éxito económico personal por ejemplo.
Apatía política y falta de participación activa. Provocando el aislamiento del
sistema político de la sociedad.
Capacidad de saber distinguir y expresar los problemas sociales en términos
de expresión política.
Una reflexión de la democracia debe interrogarse sobre la naturaleza de los grandes
problemas sociales y culturales que tienen que ser las apuestas del debate y la
decisión políticos. Puesto que la democracia no puede sino debilitarse si deja de ser
representativa y, por consiguiente, si los actores sociales son incapaces de formular
reivindicaciones y esperanzas.
Es necesario pues, hallar un equilibrio para evitar que la participación caiga en un
totalitarismo o bajo las garras de un imperio neocorporativo o hiperliberal. Para ello
debemos definir el orden democrático como la combinación de las lógicas internas de
los sistemas sociales y la autoproclamación del sujeto. Podría incluso considerarse a
esta separación del actor y el sistema, del ciudadano y el Estado, como la
consolidación de una democracia.
La renovación de la idea democrática
Para consolidar las democracias hay que reconocer los peligros que la amenazan y
por ende los medios para combatirlos. En primer lugar hay que afirmar al sujeto
individual y su libertad siendo lo conscientes del pasado totalitarista y de la posibilidad
de reducir la sociedad al consumo masivo.
En las sociedades posindustriales las industrias culturales desempeñan un papel
más central que la producción de bienes materiales y la suerte de la democracia se
juega en todos los ámbitos de la sociedad. A esta acción democrática ampliada debe
corresponder un espacio político transformado. La vida democrática pasó de
organizarse en Parlamentos a los partidos y hoy son los medios masivos de
comunicación los que producen los debates que constituyen las apuestas de la acción
democrática.
Hoy en día, al estar los gobiernos más preocupados en torno a la política económica,
el debate de los problemas sociales, de la opinión pública se dirime en ámbitos ajenos
a los gobiernos. Esta disociación en los debates provoca la percepción de la
declinación de la política y la disminución del voluntarismo político y la consecuente
reducción de la política hacia los intereses y no a la búsqueda del bien común.
Es por el lado de la cultura y ya no por el lado de las instituciones donde hay que
buscar el fundamento de la democracia. La cultura democrática es la concepción del
ser humano que opone la resistencia más sólida a toda tentativa de poder absoluto –
incluso validado por elección- y suscita al mismo tiempo la voluntad de crear y
preservar las condiciones institucionales de la libertad personal. Importancia central
de la libertad del sujeto personal y conciencia de las condiciones públicas son hoy los
dos principios elementales de una cultura democrática.
10
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