DECLARACIONES SOBRE LA CONVOCATORIA A LA CONFERENCIA
LATINOAMERICANA POR LA SOBERANÍA NACIONAL, LA EMANCIPACIÓN
ECONÓMICA Y LA PAZ. MÉXICO, D. F. ENERO DE 1961.
Confrontamos en la hora presente la lucha por la supervivencia del derecho sobre la
fuerza. Las grandes potencias siguen hablando de fomentar su poderío militar y esto es
un serio obstáculo a los propósitos de paz que reclaman los pueblos.
Los países latinoamericanos no deben, ni pueden, eludir su responsabilidad histórica
frente a la amenaza de una conflagración universal, más destructora que las precedentes
de este siglo, dados los medios aniquiladores de las armas modernas.
Como miembros del Consejo Mundial de la Paz en Latinoamérica, hemos convocado a
representativos de organismos democráticos, patriotas y pacifistas para discutir
serenamente sobre la paz y los problemas que aquejan a nuestros países como
consecuencia de la situación internacional.
Al hacer esta convocatoria, con las finalidades que se expresan, invitamos a los pueblos
de Norteamérica y Canadá, y de los demás continentes que no quieren la guerra, a que
hagan sentir su fuerza moral, su espíritu pacifista y sus aspiraciones democráticas, para
que no sea la fuerza del poderío militar la que quiera imponer la paz, sino la razón y la
justicia a que tienen derecho todos los pueblos.
Rechazamos la guerra porque nada favorable obtenemos de ella. La mayoría de nuestros
países, con gran número de población sin escuelas, sin capacitación y con pobreza, se
enrola por necesidad en las guerras, que sólo benefician a los grandes intereses
imperialistas.
En la pasada guerra mundial, los pueblos latinoamericanos aportaron, para la defensa de
las democracias, sus recursos naturales y humanos, con promesa de una vida mejor; mas
con las frustraciones de la victoria han continuado gravitando bajo la política
expansionista de los negociantes de la posguerra. Los privilegios de los inversionistas
extranjeros, con sus exageradas utilidades, han forzado la congelación de los salarios, el
extraordinario aumento del costo de la vida, la injusta distribución de los bienes y
servicios y el desplazamiento de los capitales autóctonos.
Las dependencias del exterior han obstaculizado los programas nacionales de bienestar
social, a costa del águdizamiento de las condiciones de pobreza, de insalubridad,
ignorancia y desamparo de las masas trabajadoras, y han prohijado el enriquecimiento
de minorías detentadoras de sus instituciones populares.
Esta amenaza de los consorcios capitalistas a los pueblos latinoamericanos, como lo
fuera antaño el régimen colonialista de la dominación monárquica, obliga a una estrecha
y efectiva solidaridad que se hace hoy más indispensable ante el palpitante caso del
pueblo hermano de Cuba, que después de liquidar una dictadura militar está luchando
por su soberanía, por rescatar y aprovechar sus recursos en beneficio de su propio
pueblo, por intensificar y diversificar su agricultura, impulsar su industria y abrir su
comercio a todos los mercados del mundo.
La injusta conspiración contra Cuba, impone a todos los pueblos de Latinoamérica el
deber ineludible de solidaridad colectiva, porque constituye también un ataque a todas
las instituciones republicanas y progresistas que registran intromisiones y amenazas
económicas, políticas y diplomáticas.
Nuestra lucha por la paz lleva invívita la aspiración de los pueblos de disfrutar de sus
propios recursos, emancipar sus economías de la absorción y de los precios del exterior,
el desarrollo tecnificado de la agricultura y de la industria, para aumentar el volumen y
calidad de la producción en forma ventajosa al ritmo de crecimiento de las poblaciones.
La falta de cumplimiento de los postulados y normas de la Organización de Estados
Americanos y de la Organización de las Naciones Unidas, constituye un escarnio a los
millones de víctimas y de los grandes sacrificios y pérdidas de la última contienda
internacional. La continuación de la carrera armamentista, con sus enormes
presupuestos bélicos, la ocupación de territorios libres con bases militares estratégicas,
los pactos militaristas en lugar de convenios de paz, conducen a las rivalidades y
choques entre potencias, por la disputa de los continentes y del mundo.
Frente a estas ambiciones destructivas, ¿qué hacen los pueblos de Latinoamérica?
Reclaman el cese de las actividades armamentistas, la desmovilización de las industrias
bélicas y su reencauzamiento hacia la liquidación de las condiciones aflictivas en que
viven millones de habitantes del planeta, entre ellos nuestros pueblos, a fin de que la
ciencia y la técnica contemporáneas se utilicen en beneficio de la humanidad.
Para la celebración de esta conferencia nos reuniremos bajo el patrocinio de los
forjadores de nuestras nacionalidades, por la defensa y promoción de su legado moral y
espiritual, al lado de los gobiernos lealmente identificados con la lucha por la justicia
social, la soberanía e independencia, y la paz de todos los pueblos.
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1961 enero