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© Equipo Provincial de Pastoral
Escuelas Pías de España, Tercera Demarcación.
líneas básicas sobre
EL MINISTERIO
CALASANCIO
Introducción
1. Finalidad de las Escuelas Pías (p. 5)
2. A quién se direge este ministerio (p. 8)
3. Cooperadores de la verdad (p. 9)
¿y qué es la verdad?
valor pedagógico de la verdad
el Maestro y la Verdad
4. Liberando para ser libres (p. 14)
liberar de la esclavitud de la ignorancia
liberar de la esclavitud del pecado
ser libres
5. La Piedad: realizar la verdad en el amor (p. 18)
sobre el término "piedad"
hijos y hermanos
hacia la comunidad
6. El educador calasancio (p. 21)
7. Los medios (p. 23)
mediaciones empleadas en la escuela calasancia
mediaciones en nuestros tiempos
Notas aclaratorias
Para la reflexión y el diálogo
Bibliografía de apoyo
Ministerio Calasancio
p. 1
Introducción
Este es el tercero de los cuadernos de esta colección que está dedicado a la formación
en la identidad calasancia. Aborda lo que podríamos llamar unas «líneas básicas» para
comprender el ministerio calasancio. No se puede entender éste sin leer primero el
cuaderno nº 14, sobre el carisma calasancio, puesto que el ministerio confiado por la
Iglesia a los escolapios es consecuencia del camino recorrido por el fundador, José de
Calasanz, y el don que el Espíritu Santo ha dado en él y sus sucesores a la Iglesia.
La palabra «ministerio» hace referencia, en la Iglesia, a la función que desarrolla una
institución al servicio de la misión común de todos los cristianos: anunciar con palabras y
obras la Buena Nueva del Reino.
Por eso el primer «servicio» de las Escuelas Pías es mostrar a Jesús acogiendo y
bendiciendo al niño pobre: enseñar al que no sabe es una buena noticia, la primera por
nuestra parte en expresar la Buena Nueva. Más aún si acogemos a estos niños sabiendo
que Jesús mismo está en ellos... por eso Calasanz formula su experiencia -de modo
espontáneo pero firme- al embajador español que le propone, por fin, la canonjía que tanto
había esperado: «He encontrado en Roma mejor manera de servir a Dios: ayudando a
estos pobres hijitos, y no la dejaré por cosa alguna del mundo».
A este ministerio, que expresa el carisma calasancio, se corresponde una manera de
acercarse al misterio de Dios, de acogerlo para identificarnos cada vez más con Cristo por
la acción del Espíritu: es la espiritualidad calasancia, a la que dedicamos el cuaderno nº
13.
Algunos quizás esperéis referencias más concretas a la labor escolar; aquí están muy
reducidas intencionadamente: hemos dicho que queremos hablar de las líneas básicas del
quehacer calasancio, lo que entendemos que son las claves del «proceso educativo
evangelizador» calasancio, y evitamos despistar de lo que es fundamental con lo
secundario -por otra parte necesario para encarnar las «ideas»-, y por eso os remitimos
también a otro cuaderno, el dedicado a la pastoral en la escuela (nº 22).
El plan que os proponemos es: acercarnos en primer lugar a la finalidad de nuestro
ministerio (siempre en el contexto de la misión eclesial, cuaderno nº 1); teniendo clara esta
finalidad -lo contrario es caer en el sinsentido, la inercia o la supervivencia-, presentamos
luego tres grandes conceptos que, a nuestro parecer, pueden articular muy bien lo que
llamamos «líneas base» de este ministerio: Verdad, Libertad y Amor, si bien con títulos
que aluden a otras tantas expresiones calasancias en relación con estos tres conceptos.
Después presentamos un breve esbozo de las mediaciones que permitieron y permiten
hacer real este ministerio.
La Orden ha editado en junio de 1.999 -hace unos meses- el más reciente documento
oficial sobre el ministerio calasancio (El ministerio escolapio: evangelizar educando con
estilo calasancio), este cuaderno no sólo no lo sustituye, sino que quiere ser «telonero», es
decir, un medio de introducirse en el tema. Por eso os invitamos a leer después el
documento oficial, que podréis ver citado en la bibliografía.
Finalmente, no hemos querido ahogar la lectura con un exceso de citas calasancias,
que -como podréis imaginar- serían inacabables. Nos limitamos a algunas notas al final del
cuaderno y algunos textos básicos, escritos en este tipo de letra a lo largo del cuaderno.
Ministerio Calasancio
p. 2
1. Finalidad de las Escuelas Pías
(encontré mejor modo de servir a Dios)
Es importante saber cuál es la finalidad de una institución, de lo contrario corremos el
riesgo de dar «palos de ciego». Es, precisamente, el cumplimiento de esta finalidad el
principal criterio de fidelidad al fundador, a la misión recibida al servicio de la Iglesia y del
hombre y al don -carisma- del Espíritu para ejercerlo.
De hecho, se oyen decir cosas como que nuestro ministerio consiste en «tener
escuelas», «enseñar», la «instrucción», la «doctrina cristiana»... y ninguna de estas
realidades, sin duda muy vinculadas al ministerio, expresa la finalidad del mismo.
Calasanz lo da a conocer en el llamado «proemio» de las Constituciones, escrito en
1.621 y recogido en las constituciones actuales de las Escuelas Pías. Ahí dice
textualmente:
«Concilios Ecuménicos, Santos Padres, filósofos de recto criterio afirman, de consuno, que la
reforma de la Sociedad Cristiana radica en la diligente práctica de tal misión. Pues si desde
la infancia el niño es imbuido diligentemente en la Piedad y en las Letras, ha de preverse, con
fundamento, un feliz transcurso de su vida entera.»1
Aquí se expone el fin primero del instituto, luego se hablará de los medios («Será, por
tanto, cometido de nuestro Instituto enseñar...»), pero vamos a analizar más
detalladamente la finalidad. Se trata de «imbuir (infundir, empapar...) en la Piedad y las
Letras» ¿para qué?:
para que tenga un feliz transcurso de toda su vida, para que sea feliz
para revitalizar la Iglesia y reformar la sociedad
Respecto a la primera expresión -vida feliz-, en el Memorial al Cardenal Tonti2 dice que
las Escuelas Pías ponen «en práctica con plenitud de caridad en la Iglesia, un remedio eficaz,
preventivo y curativo del mal, inductor e iluminador para el bien (...) mediante las letras y el
espíritu, las buenas costumbres y maneras, la luz de Dios y del mundo...» (nº 9) e insiste al final:
«Si la Santa Iglesia ha concedido esta gracia a tantos Institutos (...) ¿por qué no los que curan,
preservan y rescatan las almas?» (nº 26). Se trata de una felicidad que trasciende la vida y
Calasanz expresa como hacerlos «hábiles para santificarse».
Y en lo que se refiere a la reforma de la Iglesia y la sociedad, afirma que nuestro
ministerio tiene una particular importancia porque «dispone las almas mediante una buena
educación a ser capaces de recibir el servicio de todos los demás ministerios» (nº 25). Calasanz
habla de la reforma de la sociedad Cristiana, término acorde con su contexto histórico,
pero si seguimos otros desarrollos de esta expresión en el mismo Calasanz, vemos que se
corresponden bien a la formulación que hacemos en nuestros tiempos como intentar
«construir un mundo más justo y más fraterno» (Constituciones actuales =C nº 11),
«reforma de la sociedad» (C nº 71) por personas reformadas.
Por eso se dice en nuestras constituciones (nº 86) actualmente:
«Esta misión educadora tiende a la formación integral de la persona. De modo que
nuestros alumnos amen y busquen siempre la verdad, se comprometan, como
cristianos responsables del Reino de Dios, en la construcción de un mundo más
humano y mantengan un estilo de vida que sea coherente con su fe. Así,
progresando a diario en la libertad de los hijos de Dios, logren un feliz transcurso de
toda su vida y alcancen la salvación eterna».
¿Hace falta decir más? Desarrollaremos en los apartados siguientes el contenido de
este texto, pero antes insistimos en dos puntos importantes:
Ministerio Calasancio
p. 3
1.- es a través del amor concreto, a Dios y al hombre, expresado como «plenitud de la
caridad» en el primer número del proemio de Calasanz, como se desarrolla este
ministerio, no debe caber nada que no sea por y con amor. También lo encontramos
en el lema: «para gloria de Dios omnipotente y utilidad del prójimo»3;
2.- el criterio de nuestra actuación es pues ese amor, la felicidad del niño y la reforma
de la sociedad y renovación de la Iglesia: son las preguntas para evaluarnos y para
evaluar todas nuestras opciones.
Un ejemplo para entender esto último son los llamados «tres praecipue», es decir los
tres acentos que expresan de un modo especial el carisma, llamados las tres «p» como
regla mnemotécnica:
desde los primeros años (pequeños), porque en ellos se construyen las estructuras
básicas de la persona que durarán toda la vida4
a los más pobres, pues para ellos -también hoy mayoría social- se fundó nuestro
instituto5
sobre todo la evangelización (piedad o pastoral...), pues la finalidad de la educación
calasancia se fundamenta en la experiencia de fe6
Estos tres acentos no definen el instituto, sino que ayudan a precisarlo. De hecho, si no
tenemos en cuenta la finalidad del instituto, correríamos el riesgo de justificar perversiones
del ministerio como trabajar con los más pequeños para así «embutirlos» mejor en el
sistema; o educar a los pobres de hoy para ser los ricos insolidarios de mañana; o enseñar
la piedad como escape egoísta del mundo real.
2. A quién se dirige este ministerio
(ayudando a estos pequeñuelos)
Calasanz se dirigió sobre todo a los pobres de su tiempo, pues eran los que no tenían
igualdad de oportunidades. Posteriormente quedó claro que las escuelas se abrían a
todos, pero se subrayaba la prioridad de los pobres precisamente para favorecer la
igualdad. Por eso también hoy debe dirigirse nuestro servicio (ministerio) en primer lugar a
los pobres de nuestro mundo, aquellos que permanecen en situación de miseria y opresión
(cf.: Ex 3,7.9), en las que se unen la esclavitud de la ignorancia y del pecado, en expresión
de Calasanz:
los niños y jóvenes del tercer mundo y de las zonas marginales de las grandes urbes
los niños desescolarizados, los que son víctimas del fracaso social educativo, los
necesitados de integración, los que sufren la falta de sentido y referencias...
Esta preferencia debería ser notoria en nuestras obras, de modo que el signo del Reino
«los pobres son evangelizados» (Lc 7,22) sea nuestro primer servicio a la Iglesia y al
mundo.
Se dirige, además, a los más pequeños, como hemos indicado más arriba: es el
momento educativo más importante y cada vez son más quienes así lo reconocen, algo
que ya hizo Calasanz cuando la sociedad los despreciaba. En estos tiempos esto supone
una apuesta educativa y pastoral de la que aún no todos los educadores y
evangelizadores están convencidos. Esto supone primar el método preventivo y trabajar
con más fuerza los primeros años, poniendo a los mejores educadores y evangelizadores,
definiendo mejor los métodos y contenidos propios de la edad... En esto hemos de
señalarlos frente a tanta insistencia en «arreglar entuertos» en edades tardías: esto habrá
de hacerse, pero sin descuidar la prevención.
Esta opción por los pequeños implica, además, una concepción del niño como alguien
capaz de desarrollar su personalidad humana y su vida sobrenatural si se le educa en la
Ministerio Calasancio
p. 4
Piedad y las letras: implica una visión del niño en su totalidad (corporalidad, afectividad,
inteligencia, voluntad, libertad... y espíritu) aceptando que en lo más hondo de sí hay una
huella de Dios, puede hacerse presente el Espíritu y es él quien debe guiarlo y nosotros
reconocerlo y colaborar: es todo un reto con consecuencias metodológicas.
3. Cooperadores de la verdad
Esta expresión la utiliza Calasanz para definir al educador escolapio: «En actitud humilde
debemos esperar de Dios Todopoderoso los medios necesarios para ser eficaces cooperadores de la
Verdad, pues Él nos ha llamado como braceros a esta mies fertilísima. (...)» (CC nº 3)
3.1. ¿y qué es la verdad?
La pregunta de Pilatos parece muy actual: ¡hablar hoy de verdad!, menuda osadía en
los tiempos que corren, en los que la opinión de cada uno es la que cuenta como «su
verdad», donde lo relativo de la verdad es más importante que su contenido y es mejor
quedarse en ello que buscarla, donde «nada es verdad ni mentira, todo es según el color
del cristal con que se mira»... Cooperadores ¿de qué?
Por supuesto, lo primero que hemos de creer los «cooperadores» es que la verdad
existe, en primer lugar como «realidad», como vida, como verdades parciales que
experimentamos y reflexionamos... y lo segundo es que la «verdad» no es fácil de
encontrar, tiene muchas facetas y cada uno ve desde su ángulo, no se puede poseer...
pero que sea así no significa que tengamos que renunciar a ella.
Así, nosotros tenemos como opción buscarla siempre, sin miedo. Acoger los
«fragmentos» de verdad que nos llegan, iluminarlos con la «verdad» conocida, dialogar
unos con otros para acercarnos más... lo contrario tanto de los escepticismos y los
relativismos, como de los fundamentalismos y los integrismos.
Para que no nos liemos, intentemos perfilar más nuestro concepto de verdad acudiendo
a las fuentes del lenguaje:
 para los griegos la verdad es «a-letheia» y hace referencia a lo no-oculto (a-lethes),
es pues una concepción fundamentalmente intelectual, que es la predominante en
nuestra cultura occidental;
 en cambio la noción bíblica (hebrea) de verdad procede del término «émet» (verbo
aman, de donde viene «amén») y cuyo significado hace referencia a «ser sólido»,
«seguro», lo que es estable, probado, en lo que uno se puede apoyar; por eso
aplicado a la relación con Dios o con los hombres, puede traducirse también por
«fidelidad»;
Puesto que la expresión «Cooperador de la Verdad» es bíblica, y teniendo en cuenta el
conjunto del pensamiento de Calasanz, podemos encontrar más en émet el sentido de la
Verdad con la que queremos trabajar.
Para entendernos por la vía de los contrarios: quien no busca y acoge la verdad que le
llega no actúa tanto como un necio o ignorante (ne + scío = el que no sabe o no conoce)
cuanto como un imbécil (in-báculo = el que no tiene apoyo), con perdón.
3.2. Valor pedagógico de la verdad
Con este concepto de «verdad» se entiende que el protagonista de la educación no es
tanto el «educador» cuanto la verdad misma, con la que aquél colabora. Es ésta la que
educa, no la mentira o la adulación, ni el escepticismo o el relativismo, ni el
adoctrinamiento o la manipulación, ni la violencia o el pecado.
Ministerio Calasancio
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Porque la verdad tiene valor pedagógico en sí misma, en la medida en que se la va
encontrando e incluso en el mismo buscarla. No se la posee, se la confiesa. Incluso si
volvemos a las raíces del lenguaje, el educador está más cerca del concepto «profesor»
(no entendido en la reducción de «profesional pagado») que de «maestro» (magister)...
con la verdad sólo hay un «Maestro».
Sí decíamos que más que poseerla se la busca y se acoge, ahora hemos de añadir, en
consecuencia, que más que entregarla -que no se puede pues no se posee- se acompaña
el encuentro con ella. Y se acompaña este encuentro contando con toda la persona como
quería Calasanz, no sólo con la razón, sino con la experiencia y con el corazón, que por
algo la «cordura» es juicio del corazón (cord-iuris). De hecho, la razón establece
«relaciones» y lo que relaciona son datos, experiencias, conocimientos varios; con la
razón sola no se puede llegar a ninguna parte.
Si la verdad tiene valor pedagógico es porque nos enseña a ser y a «ser-con». La
verdad puramente intelectual puede derivar en ideología y ésta suele ser peligrosa. Otra
cuestión es que la experiencia deba ser también «comprendida», dialogada, incluso
razonada: la inteligencia es la facultad que nos permite buscar la verdad.
Por eso no hemos de tener miedo a la verdad: ninguna posible verdad ha de
asustarnos. Sirva como ejemplo de esto que hemos dicho algo muy sencillo: si cojo en un
lugar de la Tierra una tiza con dos dedos y los abro, esta tiza caerá seguro y muy
probablemente se romperá, quiera aceptarlo o no, lo piense así o no: esta es la realidad
(«verdad» diríamos al comprobarlo), si no me gusta que se caiga y se rompa, lo mejor es
conocer y aceptar esta realidad para evitarlo. Esto que parece tan simple, no se
comprende cuando se refiere a otros campos de la experiencia.
Calasanz no tuvo miedo a la verdad, cooperó con ella incluso cuando algunos creían
que cuestionaba otras «verdades» conocidas. Lo podemos comprobar en el trato que tuvo
con Galileo y Campanella, por ejemplo. No hace mucho preguntaron al Papa si no tenía
miedo de lo que la ciencia pudiera decir en algunos casos por si cuestionaba a la fe... y él
respondió que no: al fin y al cabo por ambos lados se busca la verdad y una y otra no
pueden ser incompatibles si son verdad.
En este sentido, nuestro ministerio se puede expresar como el acompañar a nuestros
muchachos en la búsqueda de la verdad, en expresión de Calasanz, a la luz de los
hombres y a la luz de Dios7:
a la luz de los hombres: a través de las diferentes materias de estudio y con una
actitud de diálogo, en escucha atenta y exposición desapasionada, sincera y
razonada8
y a la luz de Dios, llevando respetuosamente al encuentro con Jesucristo, con la
ayuda de los sacramentos (que «iluminan el entendimiento9») y del Espíritu Santo (al
que invocaban al comenzar las clases y en cuya presencia confiaba cuando se
reunían «en su nombre»).
Así, el diálogo está en la base del ministerio, entendido este diálogo a diversos niveles:
diálogo entre las ciencias, diálogo entre diversos pensamientos, diálogo entre las
religiones, diálogo entre ciencia y fe, diálogo entre culturas, diálogo fe-cultura... diálogo
dentro del aula (¿no utilizaba Calasanz las «disputas» como método de aprendizaje?),
diálogo entre las posibilidades que ofrece el mundo y las propias potencialidades.
Por eso el conocimiento de Dios, del mundo y el cosmos, de la historia y los hombres y
el propio conocimiento terminan confluyendo en la escuela Calasancia en una síntesis
personal que permite al alumno encontrar su «lugar en el mundo», su «vocación» en la
sociedad y en la Iglesia, que es el resultado final de nuestro servicio.
Diríamos más: el propio conocimiento es una condición de éxito en esta tarea y este
conocimiento supone «diagnosticar las pasiones» -en palabras de la época- como las
máscaras que utilizamos, la experiencia de pecado, el egoísmo insolidario, las heridas
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p. 6
grabadas en el corazón, la vivencia del tener, el valer, el poder, el placer... como ídolos
que prometen hacernos felices pero nos impiden serlo. Y supone también descubrir «los
talentos» (aptitudes, capacidades) que cada uno posee y la «interna inclinación» del
Espíritu, es decir, lo más auténtico de cada uno y que responde al querer de Dios, que nos
permite decir, en cierto modo, que el niño tendrá un feliz transcurso de toda su vida si «es
él mismo de verdad».
Cuando Calasanz habla de que lo principal es educar en el Santo Temor de Dios se
refiere a esta conciencia de la propia pequeñez, de los dones recibidos a los que no
siempre respondemos y de la grandeza de Dios, que nos desborda: somos libres para
responder a Dios o no, pero Él es «el que es», no quien yo quiera que sea o me imagine o
manipule, y no responderle (o responderle «no») es alejarse de la felicidad.
3.3. El Maestro y la Verdad
El término «Cooperador de la Verdad» procede de 3Jn 8 y nos remitiría al sentido del
vocablo «verdad» en San Juan. Para Él la verdad no es tanto Dios mismo (más bien lo
identifica con «Amor») cuanto la Palabra del Padre: Jesucristo (Jn 14,6; 17,17). La Verdad
tiene, en este sentido, un carácter revelado y una fuerza interna. Jesús es «el camino, la
verdad y la vida» porque es Él la verdad, transmite la palabra y revelación del Padre y
conduce hacia el que nos comunica la vida divina, a la que nos llama a participar.
El creyente debe «ser de la verdad» (Jn 18,37) y esto es posible naciendo del Espíritu
(Jn 3,5) y viviendo bajo el influjo de la verdad que mora en nosotros (2Jn 4). Esta verdad
libera del pecado por la palabra de Cristo y la fe. Por eso estamos invitados a «hacer la
verdad», «caminar en la verdad» y esto supone amar a los hermanos «en verdad» y
adorar a Dios en «espíritu y en verdad». En último término, la verdad es la revelación del
amor de Dios y cuando practicamos el amor fraterno somos entonces realmente
«cooperadores de la verdad» según expresa el contexto de 3Jn 8.
Es fácil comprender entonces que la verdad con la que cooperamos no transforma
únicamente nuestra mente, sino que afectando a todo nuestro ser -y el de nuestros
alumnos- transforma toda nuestra existencia. Así sucedió también en Calasanz: el
encuentro con la realidad de los niños pobres en Roma y con la Palabra de Dios cambió
toda su vida10.
Dicho de otro modo y con palabras de la carta encíclica Redemptor hominis: Jesús
revela al hombre la verdad de Dios y la verdad del hombre. En este sentido se entiende
mejor lo que decíamos más arriba: Maestro (magister) sólo es Jesús... los demás lo somos
en cuanto participamos de él, en cuanto «profesamos» en nuestra vida nuestra fe.
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4. Liberando para ser libres
Calasanz habla de una doble liberación cuando ejercemos nuestro ministerio: «liberar
de la esclavitud de la ignorancia y del pecado».
4.1. Liberar de la esclavitud de la ignorancia
La primera liberación que podemos percibir es una «liberación social»: se trata de
romper las barreras sociales que establece el diferente acceso a la cultura y la formación.
En esto fuimos pioneros y nos costó la persecución y aparente ruina del esfuerzo de
Calasanz y sus compañeros.
También es liberar de esta esclavitud el motivar y capacitar en la búsqueda y
discernimiento de la verdad frente a la mera opinión o al bombardeo de datos... de modo
crítico, aprendiendo a formar un juicio propio.
Hoy, de un modo especial, es liberación de esta esclavitud el descubrimiento de la
manipulación de quienes controlan la información en la sociedad y el acceso libre, crítico,
certero, a la misma.
Finalmente, en nuestro primer mundo, una ignorancia de la que hay que desprenderse
y que nos esclaviza sutilmente es el dar la espalda a la realidad: hemos de ayudar a
descubrir a nuestros alumnos la realidad de un mundo injusto y oprimido. No se puede
construir una sociedad mejor si se ignora la realidad de injusticia presente en la nuestra y
no se es crítico con ella, aunque nuestra cooperación con la Verdad nos lleve tanto a
rechazar los «vendajes» en los ojos y la injusticia, como a evitar maniqueísmos que
simplifiquen las causas de la injusticia en cuatro demonios ajenos a nosotros mismos. Hay
una «ignorancia culpable» que Jon Sobrino, por ejemplo, expresaba recientemente en un
artículo con estas palabras: «un mundo que sabe tantas cosas, no sabe las cosas
fundamentales sobre la vida y la muerte en el planeta», y contra la que hay que luchar.
4.2. Liberar de la esclavitud del pecado
Porque el mal ciega nuestra inteligencia, limita nuestra libertad y dificulta nuestras
relaciones y nuestra capacidad de amar.
Para que esta liberación pueda tener lugar hemos de contar también con «la luz de los
hombres y la luz de Dios», y a partir de ahí, como dice Calasanz, «curar el mal».
Se trata de favorecer el conocimiento de sí, en el sentido de lo indicado en el apartado
anterior y que el educador ayude a descubrir, reconocer y aceptar con sencillez la propia
verdad, a base de escuchar a fondo y buscar -en su caso- el remedio necesario y todo
esto para Calasanz tenía más fuerza si contaba con apoyo sacramental: la Eucaristía y la
Reconciliación.
De este modo, se colabora -por un lado- en la aceptación de sí mismo, se supera el
miedo al «qué dirán» y la dependencia de la imagen y la apariencia como máscara. Y por
otra parte, se emprende un camino de liberación de las demás pasiones, fruto de las
heridas del pasado, de las «seducciones» de la sociedad y de la experiencia personal de
pecado.
4.3. Ser libres
Y todo este camino de liberación ¿para qué? para ser libres.
Esto es importante, no sea que olvidando la razón de ser corramos el riesgo de
escuchar la canción «¡déjame en paz! que no me quiero salvar», porque nuestros modos y
estructuras no expresen esta meta, no favorezcan una progresiva participación y
responsabilidad.
Ministerio Calasancio
p. 8
La educación también puede expresarse como el proceso por el que el niño va
desarrollando su persona hasta adquirir una capacidad de autonomía y libertad suficientes
para tomar sus propias decisiones.
Porque la libertad no consiste únicamente en la que «te dan», es decir, en las opciones
posibles (ser «libre de»), sino sobre todo en la que uno va conquistando, que tiene su
origen en el interior de la persona («libertad para» lo llaman algunos), un distintivo del
hombre que le hace ser histórico y también problemático, capaz de interrogarse por su
existencia. Esta libertad interna debiera crecer a la vez que la externa: es una especie de
diálogo-equilibrio entre la libertad concedida y la adquirida, donde una y otra se potencian
(o «frenan») mutuamente.
Podríamos decir que la libertad es la capacidad que tiene la persona para tomar
decisiones:
sabiendo sobre qué decide, conociendo con su inteligencia las opciones que le ofrece
la realidad y las propias capacidades;
siendo consciente de las motivaciones, de lo que le mueve al tomar la decisión, tanto
las más positivas como las «negativas», tanto las «pasiones torcidas» como las
mociones del Espíritu (que diría Calasanz), es decir: lo retorcido y lo auténtico, que
muchas veces conviven en la decisión;
conociendo también las consecuencias que puede traer consigo la decisión,
consecuencias muchas veces no «agradables», pero que están ahí; conociéndolas y
asumiéndolas, sin falsas «sorpresas» o dejaciones: es lo que llamamos
responsabilidad;
ser consciente de por qué y para qué decido, es decir, no sólo las motivaciones, sino
también los criterios que me llevan a tomar una decisión y no otra.
Podemos comprender mejor, con esta descripción, que Jesús dijera eso de «conoceréis
la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Humanamente hablando, nos libera el
conocimiento de la realidad, de las posibilidades que nos ofrece, el conocimiento de
nosotros mismos (limitaciones y capacidades...)... pero, más a fondo, nos libera el
conocimiento de Jesús-Verdad, que nos ayuda a descubrir lo mejor de nosotros, lo más
auténtico de cada uno y, por ello, los criterios más sólidos de nuestras elecciones que nos
llevarán en la dirección de ser más nosotros mismos en verdad y por eso a un «feliz
transcurso» de toda la vida.
Y todo esto se manifiesta de un modo especial en el proceso de conocimiento y
discernimiento de la propia vocación, del lugar que uno descubre como suyo en la
sociedad y en la Iglesia.
Citamos ahora dos tipos de «libertad» que nos ayudan a comprender mejor la amplitud
de la liberación que hemos de procurar:
libertad sociológica: en la relación entre autonomía y colectividad, aprender a estar en
la sociedad sin por ello dejarse manipular, mantener la dignidad personal;
libertad sicológica: conciencia del propio yo y las fuerzas internas; una vez que se
adquiere suficiente autoafirmación frente a la colectividad, profundizar en la
autonomía del «yo» frente al determinismo y anarquía de las pulsiones. En este
sentido, Caffarena11 indica que la inteligencia libera por cuanto sitúa en la realidad,
valora las pulsiones y enfrenta con las finalidades.
Para terminar, el encuentro con Jesús, si es auténtico, nos debe llevar a la «libertad de
los hijos de Dios», a liberarnos de los lazos del pecado, de la muerte y de la ley, que son
las tres grandes esclavitudes que señala la Biblia. Nos ofrece una confianza intrépida
(parresía) ante Dios, pues nos posicionamos como hijos, nos aleja de falsificaciones
(libertinaje) y lleva a que la caridad -el amor- tenga la primacía en nuestro ser y hacer, y
Ministerio Calasancio
p. 9
esta primacía no es tanto un límite cuanto una libertad superior, una mayor amplitud de
miras.
La expresión de Calasanz «dejarse llevar por la guía del Espíritu» es precisamente
poner nombre a esta fidelidad a lo más auténtico de nosotros que hemos indicado, y es
esa libertad frente al pecado, a la ley y a la muerte que nos ofrece Jesús. Supone, como
sospechamos, todo un camino de liberación que no termina nunca y en el que la persona y
la Palabra de Jesús tiene un papel fundamental si se quiere llevar a plenitud, porque
ilumina el camino que recorremos y le llena de esperanza.
5. La Piedad: realizar la verdad en el amor
San José de Calasanz cita con frecuencia lo que para nosotros es ya el «lema» de la
Orden: «Piedad y Letras». No cabe duda de que para él la Piedad es lo fundamental: así lo
dice reiteradamente en sus cartas y en los documentos oficiales que escribió.
5.1. Sobre el término «Piedad»
Alguna vez cometemos la torpeza de identificar la Piedad con la «doctrina cristiana»12,
cuando ésta pertenece más a la «Letras» en el sentido de formación intelectual que
Calasanz da al término. De hecho, Calasanz sustituye la palabra «Piedad» del lema la
mayor parte de las veces por «Temor de Dios», a veces «espíritu» y en alguna ocasión
cita la doctrina cristiana.
La piedad es más relacional que intelectual, como lo es el Temor de Dios.
De hecho, el nombre de «Escuelas Pías» tiene un doble significado que parece
intencional: escuelas de «piedad» (entendida como relación con Dios, devoción), y
escuelas piadosas (en cuando «obra de misericordia» de enseñar al que no sabe y no
tiene medios). Esta duplicidad se percibe más cuando llegando a países francófonos
queremos traducir al francés la palabra «piedad» encontrando dos términos diferentes:
piété y pitié, identificados respectivamente con los dos significados mencionados.
Para comprender mejor la actualidad de «educar en la Piedad» hoy, vamos a
acercarnos al sentido original del término «piedad» y comprenderemos también por qué es
lo más importante de la escuela calasancia.
La piedad romana es el amor comprometido con los del propio grupo: la familia, la
ciudad, la patria. Hace referencia, pues, a una relación, a un modo de vivirla y a un
compromiso.
Para los hebreos es la «hessed» que acompaña a la verdad o fidelidad (los dos más
importantes atributos de Dios) en unas cuarenta ocasiones a lo largo de la Biblia. Se
traduce también por «misericordia entrañable» y se comprende más cuando se mira la
historia de Dios con su pueblo Israel. Se trata también de una relación que une a los
parientes, amigos y aliados y que implica ayuda mutua, eficaz y fiel.
En la edad moderna se fue reservando para la relación con Dios, que también
bíblicamente se expresa -tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento- como «temor
de Dios».
Por lo que hemos visto del doble significado, no podemos aceptar únicamente el
sentido «vertical» de la piedad: la Piedad en la que queremos educar es al mismo tiempo
relación con Dios y con los hermanos. Esto nos vuelve a llevar a la unión de amor y verdad
por el término joánico «verdadera caridad», que también emplea Calasanz y que significa
Ministerio Calasancio
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que el amor a Dios y el amor al hombre no pueden ir separados, o, como dice el mismo
San Juan: «si alguno dice «amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues
quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve» (1Jn 4,20).
5.2. Hijos y hermanos
Podemos deducir fácilmente, de acuerdo con lo anterior, que el término piedad significa
hoy para nosotros relación de filiación (respecto a Dios) y de fraternidad (respecto a los
hermanos), incluso podríamos señalar también una «relación ecológica» (con la
naturaleza, de la que también formamos parte y que nos encomendó el creador para que
la cuidásemos); pero en todo caso relación que compromete de modo eficaz y fiel.
Educar en la Piedad calasancia es ayudar a descubrir a Dios como Padre que nos
acoge, ama y perdona; que nos llama a salir de nuestras esclavitudes al encuentro de la
verdad y del hermano y ante el que nos situamos en una relación de confianza, escucha y
respeto humilde; por Él podemos tomar también decisiones arriesgadas, pues sabemos
que está a nuestro lado y vamos aprendiendo a decir «sé de quien me he fiado»; y por eso
evitamos dañar esta relación que percibimos como esencial.
Y educar en la Piedad calasancia es también, como consecuencia, amar al que vemos
a nuestro lado descubriéndolo como hermano y comprometiéndonos con él. Es descubrir
que nuestra más honda verdad nos lleva a amar, que es en la relación de amor donde se
encuentra la felicidad. En último término: la verdad nos hace libres... libres para amar.
Aún más claro lo vemos cuando profundizamos en el modo de amar. Ya lo decía el
decálogo de la Ley mosaica: «amarás al prójimo como a ti mismo». Es muy difícil amar a
otros si no sabe uno amarse a sí mismo. Por eso el proceso liberador emprendido lleva a
amarse bien, con las propias limitaciones y cualidades, con lo más auténtico que nos guía:
entonces podremos amar en los hermanos lo que son, más allá de sus limitaciones,
aprenderemos a vivir la «misericordia», acogerlos y aceptarlos con amor, comprometidos
con ellos en este mismo camino de liberación.
Si descubrimos en Dios al Padre fiel, nadie puede ya sernos ajeno. Si descubrimos en
Dios al Padre de misericordia, todos los que sufren cualquier tipo de miseria tendrán la
preferencia de nuestra caridad comprometida: es el primer signo de la piedad, como en
toda familia que se precie, volcarse en el pobre y en el que más lo necesita... Calasanz lo
recuerda en el proemio (nº 4) con palabras evangélicas: «lo que hicisteis con un hermano
mío de esos más humildes, conmigo lo hicisteis».
5.3. Hacia la comunidad
Entonces, el final de todo el proceso educativo calasancio lleva a la comunidad, al
encuentro con los demás como hermanos con los que construir un futuro mejor, con los
que discernir en este camino el querer de Dios, acicate, fermento y esperanza de nuestro
quehacer.
Lleva a la comunidad humana, a la sociedad en la que se insertan nuestros alumnos;
nos insertamos, decíamos, de acuerdo con nuestras capacidades y las oportunidades que
nos brinda, pero sobre todo -añadimos ahora- con el criterio del amor concreto: cómo
puedo amar, servir, a esta sociedad en cuanto tal y a cada uno de sus miembros, para que
progrese según el Reino, para construir ese futuro mejor.
Lleva a la comunidad cristiana, a la Iglesia, en la que también se insertan nuestros
alumnos descubriendo que el carisma más importante es el de la caridad (el amor) y sólo
desde él se viven todos los demás: descubrir cuál es mi lugar para que la Iglesia adquiera
la belleza y madurez que Dios quiere, en un continuo proceso de purificación, de
renovación y reforma.
Ministerio Calasancio
p. 11
6. El educador calasancio
Volviendo de nuevo al proemio de las Constituciones escritas por San José de
Calasanz, nos encontramos con el siguiente texto:
«Como la tarea que traemos entre manos es de tanta trascendencia y exige personas dotadas
de gran caridad, paciencia y otras virtudes, habrá que considerar con gran atención quiénes
deben ser admitidos y quiénes deben ser excluidos del ejercicio de nuestro ministerio. Pues si
no se procede con gran discernimiento en la selección y admisión de los novicios (podemos
leer: futuros educadores calasancios) y no se les da una formación muy esmerada, nuestra
Obra, como cualquier otra por santa que sea, se desmoronará» (CC 6 y 7).
Así pues, no vale cualquiera. Debe tener cualidades humanas en su personalidad que
le permitan ejercer el ministerio; debe tener también una seria formación humana y
cristiana y estar «curado» para poder «curar»: es decir, debe recorrer el camino de la
verdad, la liberación y la «Piedad» o amor verdadero, del que hemos hablado.
Y debiera tener una profunda experiencia de fe:
que le ayude a realizar su misión siendo signo del amor concreto del Padre ante el
alumno, en la acogida, la escucha, la benevolencia, el desvelo, la dedicación, el
perdón, la sencillez...
que conozca cada vez más a Jesucristo y experimente la identificación progresiva con
Él para poder así acompañar al alumno en su camino de encuentro con Jesús;
que sepa estar atento y escuchar en sí mismo y en los signos de los tiempos la voz
del Espíritu, para así poder discernirla en el interior del niño.
Porque Calasanz compara el oficio del «Cooperador de la Verdad» con el de los
ángeles custodios, comparación de la que podemos deducir no sólo la importancia de la
misión, sino también el papel de mediadores -no protagonistas- entre Dios y el niño, que
nos obliga a estar a la escucha, a respetar en profundidad a uno y otro, a estar al lado del
niño con gran cariño y prudencia... y paciencia.
No decimos muchos más: nos remitimos al cuaderno sobre la espiritualidad (nº 13) y al
documento sobre el ministerio que citamos al final de este cuaderno.
Únicamente, recordar que el sujeto último del ministerio calasancio trasciende al
educador individual: se educa sobre todo por inmersión y por eso es la comunidad
educativa el sujeto, mejor aún si hablamos de la comunidad cristiana calasancia, en la
medida en que permite que el Maestro esté en medio de quienes se reúnen en su nombre
y él es quien realmente educa. Si esta educación es en realidad una «iniciación»
(sociocultural y cristiana), entonces la comunidad es decisiva. De ahí la importancia de
suscitar auténticas comunidades humanas y cristianas en nuestros centros, la importancia
de garantizar sus relaciones internas, su proceso de crecimiento, su profundidad y, en
último término, la presencia del Espíritu en medio de ellas. Al respecto también nos
remitimos al cuaderno sobre la comunidad, el nº 2 de esta colección.
7. Los medios
Para conseguir los objetivos del ministerio encomendado por la Iglesia, Calasanz dice
en el proemio de las Constituciones: «Será, por tanto, cometido de nuestro Instituto enseñar a
los niños, desde los primeros rudimentos, la lectura correcta, escritura, cálculo y latín, pero, sobre
todo, la piedad y la doctrina cristiana; y realizarlo con la mayor habilidad posible» (CC 5).
Ministerio Calasancio
p. 12
Sobre todo y en todo la Piedad: es la clave de todo y para todo. No es tanto una materia
(sí lo es la «doctrina cristiana») cuando un ambiente hecho no sólo de actos particulares,
estructuras físicas..., sino sobre todo cuajado de relaciones, empezando por las relaciones
dentro del aula, que lo abarca todo.
El resto de las «materias de estudio» enunciadas son las que se consideraban básicas
en la época... ahora sería cuestión de actualizarlo, pero es algo secundario para lo que
aquí nos interesa.
7.1. Mediaciones empleadas en la escuela Calasancia
Así, pues, tenemos una escuela en la que se aprenden una serie de asignaturas,
materias... o se trabajan unas «áreas de aprendizaje» determinadas y cuya enseñanza es
también acercamiento a la verdad, por el contenido y por el método (si incluimos las
relaciones dentro y fuera del aula).
No podemos detenernos aquí en los detalles de la pedagogía calasancia, que darían
para otro cuaderno, pero sí enunciar algunos de los elementos que se refieren más de
cerca a lo pastoral, que nos ocupa en estos cuadernos, teniendo siempre en cuenta el
contexto de la época que no nos permite extrapolarlo:
el método preventivo suponía para Calasanz:
-apartar del poder corruptor del ocio y el ambiente corrompidlo de la miseria, del pecado
y de las malas compañías
-empezar por los más pequeños
-una confesión general antes de entrar en el centro para los alumnos mayores
-el control vigilante en el centro y al acompañar a casa
-la ejemplaridad del educador
-una educación moral en valores y actitudes
-y una educación religiosa que abarca:
*la grandeza y bondad de Dios y su autoridad paterna, siendo el Santo Temor de
Dios la base principal de esta educación
*las verdades básicas de la fe
*la proposición de ideales de vida Cristiana: Cristo (doctrina, vida y pasión,
fiestas...), María (oraciones, acto de ofrecimiento, fiestas, congregaciones
marianas), los santos (liturgia, cuadernos y estampas... especialmente los santos
niños, como Justo y Pastor, y S. José, S. Carlos Borromeo, S. Felipe Neri y Sto.
Tomás)
en cuanto a la educación en las virtudes:
-examen cotidiano de conciencia, necesaria para el autocontrol y progreso moral,
enseñando también el modo
-virtudes teologales: dedicación matutina de la jornada y actos de fe, esperanza y
caridad a los que añade los de humildad y contrición
-virtudes morales:
*la propuesta de ideales a través de la liturgia, la predicación, los ejemplos...
*la importancia de los sacramentos
*la importancia de la sinceridad y la veracidad
*subraya la modestia, humildad, recogimiento y la pureza, con ejemplos abundantes
y método preventivo (vigilancia, oración, confesión y comunión)
*el confesor era consultado en las edades más difíciles incluso varias veces entre
semana, siendo una verdadera dirección espiritual
Ministerio Calasancio
p. 13
la oración como medio de educación moral y religiosa, pero también como meta
(adquirir un espíritu de oración, adorar a Dios e interceder por las necesidades de la
Iglesia, de la sociedad, de las Escuelas Pías, haciendo auténticas «cruzadas» de
oración), para ello se enseñaba el modo de orar bien, se conocían las principales
oraciones, se practicaba durante todo el día (al comienzo, al final, en la oración
continua, por pequeñas jaculatorias...) y tanto la oración vocal como la mental.
También importaba la oración del educador como medio.
los sacramentos eran muy importantes para Calasanz: ponía mucha esperanza en su
eficacia iluminativa, sanativa, preservativa y estimulante: en casi todas las cartas en
que aborda temas pedagógicos insiste en aconsejar la frecuencia de los sacramentos
a los jóvenes:
-la confesión requería un confesor dedicado a su ministerio todo el día para los
alumnos; había una confesión general para los mayores que entraban nuevos y una
mensual obligatoria y se prefería ésta al castigo (pudiendo suplirlo);
-la comunión (rara en su época) era obligatoria mensualmente y deseaba que los más
devotos pudieran comulgar semanalmente; tenían misa diaria como «homenaje» al
Señor;
-preparación: durante la oración continua aprendían a hacer examen de conciencia, a
confesarse bien y cómo recibir bien la Eucaristía; inmediatamente antes de las
confesiones y comuniones generales pedía se diera «algún razonamiento para
prepararles» a veces hecho por los mismos alumnos; también se editaron libritos para
aprender a confesar, comulgar y hacer oración mental;
los alumnos participaban elaborando a veces pequeñas exhortaciones o discursitos,
incluso en el reglamento del colegio Nazareno Calasanz indica que los alumnos
hicieran pequeños sermones sobre el evangelio corriente.
respecto al premio o castigo: en su época aún se recomienda el castigo corporal pero
con moderación... para Calasanz, debería ser el último de los medios y prefiere que
se persuada y convenza «con la verdad declarada con amor de padre mucho más que con
gritos y palabras injuriosas» (EP 2412)
-por eso eran mejores medios los premios, el control vigilante y los sacramentos
-para que no fuese desahogo de pasiones: sólo el prefecto, con ecuanimidad,
moderación, dignidad y pudor podía castigar. Nunca bajo impulso de ira. No se
castigaba si podía preverse por ello un empeoramiento o si se esperaba más
resultado por la confesión: de ahí la exhortación paternal y amorosa previa que
dispusiera a la reconciliación.
En resumen, tendríamos las siguientes actividades directamente evangelizadoras (se
pueden observar en ellas actividades de aula, de grupos obligatorios y libres y actividades
personalizadas):
la «doctrina cristiana»: que se enseñaba como una materia más a diario, incluía
catecismos de la época, las oraciones básicas del cristiano... pero también la
comprobación de la asimilación de estos conocimientos
un ambiente general de «piedad» en cuanto a relación con Dios: sea por la oración al
comienzo del día, la asistencia a la misa diaria y otros actos breves de relación con
Dios;
los sacramentos: con la confesión y comunión mensual o semanal (todo un récord en
una época en que la Eucaristía se veneraba, pero no se recibía);
la oración continua: como pequeño grupo de catequesis durante el horario escolar en
que se aprende a orar, se preparan para el sacramento de la eucaristía y de la
reconciliación, se tratan otros temas adecuados a la edad y se intercede por las
necesidades de la Iglesia;
Ministerio Calasancio
p. 14
también está la eucaristía y catequesis del domingo en la iglesia del colegio, con
alumnos y familiares, donde los alumnos podían participar con composiciones
propias; y las cofradías marianas, con participación sobre todo de los alumnos, a los
que en alguna ocasión el propio fundador escribe; éstas suponían compromisos de
asistencia, oración, actos de piedad y limosnas.
Entre los principales responsables de estas actividades destacamos:
-el encargado de la oración continua
-el confesor (verdadero director espiritual) de los alumnos, que ejercía durante todo el
día
-el profesor del aula
En cuanto a la educación intelectual, como hemos dicho al comienzo, supera las
pretensiones de este cuaderno: en cierto modo estaba subordinada al objetivo
evangelizador, pero supone la mayor parte del tiempo de dedicación; incluso no se cerraba
sólo en lo intelectual, sino que incluía lo estético (por ejemplo, de manera importante, lo
musical) y al menos un cierto cuidado de la salud y la educación física.
Podríamos decir, en resumen, que se trata de una educación integral, que abarca toda
la persona (no renunciando a ningún aspecto), empezando por el espíritu (que es lo que
unifica) según el concepto de Piedad que hemos indicado y continuando por el afecto y la
mente (educación moral, estética e intelectual), así como el cuerpo.
7.2. Mediaciones en nuestros tiempos
Al respecto hablaremos algo más en el cuaderno dedicado a la pastoral en la escuela
cristiana, pero valga ahora el subrayado de la importancia de las relaciones filiales y
fraternales en el centro. Educar para la fraternidad (y su expresión cósmica «ecológica»)
debe ser nuestro lema. Y no hay fraternidad sin filiación.
Esto se realiza, como decimos, en todas las relaciones del centro, particularmente
dentro del aula: el profesor con los alumnos ha de ser ejemplar en ello y debe procurar
hacer del aula una verdadera comunidad humana y, en lo posible, cristiana, en la que se
viva la búsqueda confiada de la verdad, la reflexión crítica que gana en profundidad, el
camino de la liberación de la ignorancia y del pecado, el perdón, la capacidad de volver a
rehacer relaciones deterioradas, el amor de servicio concreto, la solidaridad... sin dejar de
lado ningún aspecto auténticamente humano, con un protagonismo cada vez mayor de los
propios alumnos, que les ayuda a crecer en libertad.
El diálogo fe-cultura es un aspecto fundamental de nuestra escuela, se trata de
«inculturar la fe», de aceptar todos los elementos humanizadores de la cultura e
integrarlos en el mensaje cristiano, y de «evangelizar la cultura» facilitando la conversión
de aquellos contravalores de deshumanizan nuestra cultura actual. Para que esto sea
posible, todos los profesores del centro deben implicarse y esto supone haber resuelto
bien la integración de la fe cristiana y la cultura actual, tanto en lo que se refiere a su vida
personal como en lo referente al área académica que trabajan, pues no es algo que se
reduzca a la «enseñanza religiosa escolar».
El hecho de que no estemos en la «sociedad cristiana» de la época de Calasanz,
supone respetar al máximo la libertad de nuestros alumnos y muchachos, pero también
supone tener clara nuestra identidad y nuestra oferta. Por eso ofrecemos también la
posibilidad de orar en el aula, de la vida sacramental y de los grupos de fe, posibilidad que
se acoge libremente y con respeto de esta libertad por parte de todos. Esto debe nacer de
la comunidad cristiana y llevar a la comunidad cristiana.
También hemos de enseñar a escuchar a Dios, a través de los signos de los tiempos,
de la mediación comunitaria... y sobre todo de su Palabra, camino para conocer mejor a
Ministerio Calasancio
p. 15
Jesús, Verdad del Padre. Esto supone educar para el silencio, la sensibilidad y la
disponibilidad.
El acompañamiento personal es una mediación que se está redescubriendo, no
decimos mucho más de lo indicado más arriba: es una mediación muy importante en la
escuela de Calasanz, tanto que no podemos entender cómo se puede desarrollar este
ministerio con lo arriba indicado si no se incluye este acompañamiento personal (con el
tutor, con el catequista... pero sobre todo con presbíteros adecuadamente formados).
En todo ello es importante recuperar la dimensión vocacional de la educación y,
particularmente, de la educación calasancia: ayudar a descubrir el lugar de cada uno en la
sociedad y en la Iglesia, y sobre todo si se entiende como una responsabilidad ante Dios
que nos ha creado y nos llama a colaborar con Él (a través de las mediaciones indicadas:
los propios talentos, los signos de los tiempos y la sensibilidad a las necesidades, las
oportunidades, el silencio, la Palabra...)
Finalmente, el camino mejor para la evangelización es el testimonio: el que ofrezca toda
la comunidad educativa y de un modo más específico, la comunidad cristiana calasancia:
testimonio de oración y discernimiento de la misión y de los signos de los tiempos, de
escucha atenta de la Palabra de Dios, de autoridad que es realmente servicio, una
vivencia de la norma y la ley como mediación para el hombre y no como esclavitud, un
discernimiento de las actividades que se ofrecen -no sea que caigamos en la oscura ley
del mercado-, una apertura al barrio y a la sociedad en diálogo con la ciencia, con los
deseos, anhelos y esperanzas de los hombres, en diálogo con las personas y colectivos
de otras religiones y de otras creencias... y un apoyo concreto a quienes más lo necesitan.
Estos son algunos de los elementos de nuestro testimonio hoy.
Notas aclaratorias
Constituciones de Calasanz, nº 2 (en adelante citaremos así: CC 2, por ejemplo)
Es un documento escrito por Calasanz en el que defiende ante el Cardenal Tonti que la
Congregación de las Escuelas Pías pase a ser «Orden» religiosa, y para ello defiende con energía
la importancia de su ministerio. Lo citaremos en adelante como «Tonti» y luego el número
correspondiente.
3 Dice textualmente el comienzo de las Constituciones: «En la Iglesia de Dios y bajo la guía del
Espíritu Santo, las Instituciones Religiosas tienden a la plenitud de la Caridad como a su meta
genuina, mediante el ejercicio de su ministerio específico...» (CC 1) y el lema es citado como
cierre de las constituciones: CC 345
4 Tonti nn. 15 y 25 y CC 2; Documento El carisma escolapio hoy nº 26 (citado en adelante: «El
carisma...»)
5 CC 4 y 198; El carisma... nº 27; Carta apostólica de Juan Pablo II nº 4
6 CC 5; El carisma... nº 28; Carta apostólica de Juan Pablo II nº 4
7 Tonti, nº 9
8 Estas características del diálogo y el discernimiento las expone en diversas circunstancias
Calasanz: EP 1236, 1958, 2774; CC 238; Declaración de Espiritualidad Calasancia nota 138. (EP
= epistolario de Calasanz editado por el P. Picanyol)
9 EP 471, 4000; C3
10 En palabras del propio fundador: «El motivo que tuve no fue otro más que la disolución que he
visto en los pobres muchachos de Roma,... reflexionando sobre las palabras del salmo que dice:
«A ti se te ha dado el pobre; tú escuchas al huérfano», consideré esta sentencia como dicha a mí
mismo, y por ello empecé a catequizarles en la fe cristiana y en las letras», según relato de
1
2
Ministerio Calasancio
p. 16
Mateo Judiski. Por otra parte, en las cartas de Calasanz hay cientos de citas bíblicas aplicadas a la
realidad de la vida.
11 En su libro Metafísica fundamental tiene un capítulo dedicado a la libertad que recomendamos.
12 Término empleado en la época de Calasanz -y por él mismo- para referirse a los contenidos de la
fe, sea a través del «Catecismo», que por otros libros: es una parte de lo que ahora llamamos
«enseñanza religiosa escolar».
Para la reflexión y el diálogo:
1.-De acuerdo con la finalidad de las Escuelas Pías, señalad algunos indicadores
positivos respecto a los resultados en vuestro centro... y después valorad en qué
medida se orienta el centro en que trabajáis a esta finalidad como lo que le define.
2.-¿Qué importancia se da de hecho a la opción por los pequeños y los pobres en tu
centro, educativa y pastoralmente? Indicad alguna experiencia de la importancia
pastoral de trabajar con los más pequeños, valorándola por los resultados.
3.-¿Qué concepto tenemos habitualmente de «verdad»? ¿hay verdades molestas que
evitamos afrontar también en la educación y la evangelización? Como cooperadores
de la verdad ¿cuál debiera ser nuestra actitud?
4.-¿Interesa una sociedad de personas libres? Señalad algunos indicadores a favor y
en contra
5.-¿Percibimos la necesidad de «liberación» en nuestros muchachos? ¿de qué?
6.-«Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por
añadidura», dice el Evangelio... ¿podríamos traducirlo también en nuestras escuelas
por «buscad primero la Piedad...»? ¿por qué?
7.-¿Cómo podemos favorecer el compromiso de nuestros muchachos con los más
desfavorecidos, sobre todo en nuestra labor evangelizadora?
8.-¿Cuidamos la dimensión vocacional en nuestra evangelización escolapia?
¿Llevamos al conocimiento y encuentro con la sociedad e Iglesia reales, como lugar
en que insertarse?
9.-Comentad los números 6 y 7 de las constituciones de Calasanz, citados al comienzo
del sexto apartado ¿se aplica bien a los agentes de pastoral? Sugerencias.
Ministerio Calasancio
p. 17
Bibliografía
Documentación oficial:
CONGREGACIÓN GENERAL, El ministerio escolapio: evangelizar educando con estilo
calasancio, en «Misión compartida en las Escuelas Pías», «cuaderno» nº 23, ICCE,
Madrid, 1.999
CONGREGACIÓN GENERAL, El carisma escolapio hoy, en «Carisma y Ministerio II»,
«cuaderno» nº 21, ICCE, Madrid, 1.997
CONGREGACIÓN GENERAL (Coord.), Espiritualidad y Pedagogía de San José de
Calasanz. Ensayo de Síntesis, ICCE, Madrid, 1.995
CAPÍTULO GENERAL ESPECIAL, Declaraciones y Decretos (especialmente el Decreto
sobre la educación cristiana,... pp. 155-207), Madrid, 1.970
Documentos originales:
CALASANZ, J., Constituciones de la Congregación de los Pobres de la Madre de Dios de
las Escuelas Pías, editadas en varias ocasiones por separado o con otros documentos:
la última edición ha sido junto a las actuales constituciones de la orden: Constituciones,
Madrid, 1.999; con el texto original latino se publicaron bajo el título «Constituciones de
S. José de Calasanz» en Salamanca (1.980).
Documentos fundacionales de las Escuelas Pías, Ediciones Calasancias, Salamanca,
1.979
LÓPEZ RUIZ, S., Documentos de San José de Calasanz, Editorial Calasancia
Latinoamericana, Bogotá, 1.988
CUEVA, D., Calasanz: mensaje espiritual y pedagógico, ICCE, Madrid, 1.973
Investigaciones y trabajos:
SÁNTHA, G., San José de Calasanz, obra pedagógica, BAC, 2ª Edic. revisada por S.
Giner, Madrid, 1.984
SÁNTHA, G., Ensayos críticos, Salamanca, 1.976
HARO SABATER, R., El «Santo Temor de Dios» en San José de Calasanz, Valencia,
1.987
PADILLA, L., Intuiciones de Calasanz sobre la formación escolapia, Edición revisada y
aumentada, ICCE, Madrid, 1.998
AUSENDA, G., La escuela calasancia, «cuaderno» nº 4, Salamanca, 1.980
AUSENDA, G., Apostolado extraescolar en la tradición escolapia, «cuaderno» nº 6,
Salamanca, 1.983
FAUBELL, V., Antología periodística calasancia, Ediciones Calasancias, Salamanca, 1.988
Otras obras de interés publicadas:
MIRÓ, J. A., Ministerio Sacerdotal y Carisma Calasancio, «cuaderno» nº 5, Salamanca,
1.982
MASCARÓ, C., Discernimiento de nuestra misión, «cuaderno» nº 8, Salamanca, 1.984
LOPEZ RUIZ, S., Educar es liberar, Ediciones Calasancias, Salamanca, 1.979
ASIAIN, M.A., Itinerario de Espiritualidad Calasancia: III un camino de discipulado
calasancio, Madrid, 1.990
ASIAIN, M.A. - R. ESPEJO, M., Espiritualidad Calasancia para laicos: III la pedagogía
calasancia, Madrid, 1.988
SANTANA, J. L. - F. DE BOBADILLA, R., La escuela de Calasanz, Dayenu, Madrid, 1.997
Ministerio Calasancio
p. 18
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