Santo Tomás y la Educación
Guillermo Alberto Romero
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Santo Tomás y la Educación
Resumen
El tema de la educación es motivo de preocupación tanto para católicos como
para no católicos en nuestro tiempo.
¿En qué consiste educar?
¿Cuándo empieza la educación?
¿Quién debe educar?
Estas son algunas de las preguntas que se tratan de responder en el presente
estudio. Tratamos de desarrollar la educación entendida como paideia, o bien
formación integral en donde se promueva al hombre en todas sus potencialidades.
Se debe formar al hombre para que sea feliz en el sentido trascendente del
término, alegrándose en el bien y en la verdad, gozándose en la belleza, y desde la
plena realización de su naturaleza se pueda abrir a la vida trascendente de la Gracia,
coronación de toda la existencia del cristiano.
Autor
Guillermo Alberto Romero, 53 años, argentino, médico (UBA), especializado en
Clínica Médica, Cardiología y Medicina Legal.
Coordinador del Comité de Etica
Biomédica del Hospital Municipal E. Tornú, Miembro de la Comisión Directiva de la
Sociedad Tomista Argentina. Autor de diversos artículos sobre Filosofía y Etica
Biomédica.
Santo Tomás y la Educación
Introducción
El tema de la educación que ocupa hoy la atención en esta Semana Tomista
es motivo de preocupación a lo largo y a lo ancho del mundo, tanto para católicos
como para no católicos.
¿En qué consiste educar? ¿Se reduce a la instrucción de los contenidos de
orden intelectual, o su concepto es más amplio?
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Guillermo Alberto Romero
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¿Cuándo empieza? ¿En los primeros años de vida en el medio familiar o en la
vida escolar y en medios oficiales?
¿Es exclusividad del Estado? ¿Tiene injerencia la Iglesia Católica o alguna otra
confesionalidad según las distintas creencias de este mundo pluralista que nos toca
vivir?
Estas son algunas de las preguntas entre otras, que buscan respuesta y sobre
las que, en el pasado siglo XX, la Iglesia Católica se expidió en numerosos
documentos, entre ellos Divini Illius Magistri de Pío XI (1929), Declaración
Gravissimum Educationis Momentum, documento para la Educación Cristiana del
Concilio Vaticano II (1965), Evangelii Nuntiandi de Pablo VI (1975), Catechesi
Tradendae de Juan Pablo II (1979). A los anteriores hay que sumarle los
Documentos de la Sagrada Congregación para la Educación Católica: La Escuela
Católica (1977), El Laico Católico Testigo de la Fe en la Escuela (1982), Orientaciones
Educativas sobre el Amor Humano (1983) y Dimensión Religiosa de la Educación en
la Escuela Católica (1988), amen de otros documentos y declaraciones sobre el tema
que los Papas y otros dignatarios eclesiásticos difundieron y promocionaron en
diversos foros internacionales. Se destaca entre estos últimos el discurso de SS Juan
Pablo II en la UNESCO en 1980.
Fuera del ámbito católico, no son escasos tampoco los esfuerzos por
responder a los diversos interrogantes que plantea la educación, más teniendo en
cuenta que educar pertenece al orden práctico y es preciso poner en claro los
conceptos fundamentales para desarrollar a la brevedad posible una acción
coherente en este crucial problema.
¿Qué es educar y quiénes deben hacerlo?
Santo Tomás en muchos lugares de sus obras remarca el imprescindible papel
que la familia estable tiene en la educación de los hijos. Es uno de las razones que
alega para explicar la permanencia o indisolubilidad del matrimonio con carácter de
ley natural. En efecto dice en la SCG:
: “En la especie humana no sólo necesita el hijo de nutrición corporal como los
demás animales, sino también de instrucción en cuanto al alma.” (...) “El hombre
vive con razón, la cual llega al a madurez después de muy larga experiencia. Por
donde es necesario que los hijos sean instruidos por los padres como por
experientados.” (...) “Para esto no es bastante la mujer sola, antes se precisa el
concurso del varón.”1
Pero por supuesto la familia no es una sociedad perfecta y necesita el
concurso de otros miembros de la sociedad para completar y perfeccionar la
educación de sus hijos. Así es como entra a jugar un papel muy importante la
escuela en sus diversos estamentos, primaria, secundaria y terciaria o universitaria.
1
Sto. Tomás, SCG L3 C122
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Esta debe tener afinidad profunda con la visión del mundo y de los valores
que tenga la familia, de ahí la importancia de que existan las escuelas confesionales
y la libertad de enseñanza porque entra “en la dinámica de toda opción porque es
importante que una vez que se eligió el tipo de enseñanza para los hijos, todos los
miembros de la comunidad escolar tengan una visión de la realidad común, aún
cuando sea según diversos grados de conciencia, para conferir unidad a toda la
enseñanza.”2 En otras palabras, tal como sea el concepto que tengamos de la
persona humana, tal ha de ser la educación que trataremos de darle.
Hoy vivimos una época de conflicto en el ámbito de la cultura porque en esa
dimensión se expresa el conflicto interior del hombre que arranca en los albores de la
modernidad. En mayor o en menor medida vivimos hoy del conflicto creado por la
filosofía cartesiana entre el mundo de los valores materiales y los del espíritu.
Decía Fray Mario Petit de Murat. OP, “ De la filosofía cartesiana deriva una
psicología de conflicto. Según ella están los sentidos que engañan, que traicionan al
hombre, y está otra parte segura, la espiritual. ¿Se dan cuenta que ésta es una
creencia que se ha extendido y que se ha hecho común? ¿No piensan algunos
cristianos que estamos en un eterno conflicto entre una felicidad terrena y una
felicidad celestial y que el decidirse por una es morir a otra? ¿No se piensa que
estamos en una disyuntiva; nacemos en una disyuntiva? Que si yo me decido por
una celestial entonces pierdo la vida terrena temporal, y que si me decido por la vida
terrenal pierdo la celestial, cosa que no es tal, porque en el buen vivir de la Tierra yo
voy a adquirir el Cielo, y el Cielo no se posterga sino que viene a mí y va
depositándose en mí, en la medida en que yo sea fiel a la esencia y a la definición
que Dios me ha dado, en la medida que yo sea auténtico hombre.”3
De esto precisamente se trata, de hacer auténticos hombres. Y esto es un
imperativo para todos sin distinción, porque cuando la Iglesia aboga por estas
realidades lo hace en defensa de la ley natural como participación de la Ley Eterna
de Dios en la creatura. El perfecto hombre a la postre termina siendo el perfecto
cristiano, sin olvidar por supuesto la distinción en el orden natural y el sobrenatural.
Con esto queremos decir que defendemos la promoción total del hombre y por eso
es que tenemos una preferencia en el ámbito de la educación.
Decía SS Juan Pablo II ante la UNESCO en 1980 “Genus humanum arte et
ratione vivit – citando a Santo Tomás “... el hombre que en el mundo visible es el
único sujeto óntico de la cultura, es también su único objeto y su término”.
La cultura es aquello a través de lo cual el hombre en cuanto hombre, se
hace más hombre, “es” más, accede más al “ser”. En e sto encuentra también su
fundamento la distinción capital entre lo que el hombre es y lo que tiene, entre el
ser y el tener. La cultura se sitúa siempre en relación esencial y necesaria a lo que
el hombre es, mientras que la relación a lo que el hombre tiene, a su tener, no sólo
es secundaria , sino totalmente relativa. Todo el tener del hombre no es importante
para la cultura, sino en la medida en que el hombre por medio de su tener, puede al
mismo tiempo ser más plenamente hombre en todas las dimensiones de su
existencia, en todo lo que caracteriza a su humanidad.
La experiencia de las
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3
La Escuela Católica, Documento de la Sgda. Congregación para la Educación Católica, 1977.Petit de Murat, Mario OP, tomado de Angustia y Esperanza en el Pensamiento de Petit de Murat OP
de Pascual Viejobueno, Cuadernos de Espiritualidad y Teologían Nº 24, 1999, San Luis, Argentina.
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diversas épocas in excluir la presente, demuestra que se piensa en la cultura y se
habla de ella principalmente en relación con la naturaleza del hombre, y luego
solamente de manera secundaria e indirecta en relación con el mundo de sus
productos.4
El hombre, nos enseña Santo Tomás siguiendo a Aristóteles, es un animal
racional, de modo que su auténtica plenitud la alcanza en la medida que actualiza las
potencias contenidas en su diferencia específica, esto es en su racionalidad.
Creemos que una vez más conviene recordar someramente la historia de la
educación de Occidente. En efecto, es en Grecia que se concibe la educación como
paideia, es decir formación integral tanto en el aspecto intelectual y moral de la
persona, donde se busca como meta la areté, esto es la nobleza y perfección de tipo
en formación.
En la época herioica nos describe Homero, el gran poeta de la Paideia Griega,
el mundo en la guerra y en la paz para los griegos representado en el escudo de
Aquiles en La Iliada como relata W.Jaeger.5 En éste se hallan representados entre
otras cosas las dos más bellas ciudades de los hombres. En una hay bodas y fiestas
y la otra es una ciudad sitiada por dos ejércitos numerosos.
En el se encuentran de algún modo presentes los dos aspectos del mundo
griego: la familia y el momento heroico de la guerra, y con el contenidas las virtudes
ciudadanas y las heroicas. Es el momento tradicional de las virtudes recibidas.
Pero es en Platón y más aún en Aristóteles, cuando se llega al análisis,
dinamismo y desarrollo de todas las virtualidades de la naturaleza humana, en ese
monumento intelectual que es la Etica a Nicómaco. En efecto, allí analiza Aristóteles
la vida del hombre según sus diversas manifestaciones y según se conciben los
diversos tipos humanos de que tenemos experiencia en este mundo.
Hay algo en lo que todos coinciden, y es en que todos los hombres quieren
ser felices, pero es en esto precisamente en lo que difieren , pues para los hombres
la felicidad consiste en cosas distintas según se orienten las distintas naturalezas.
Dicho en términos más precisos, todos los hombres buscan ser felices, y en esto
consiste el último fin formalmente considerado. Pero los hombres difieren en
aquello que los hará felices y esto es el último fin que persiguen materialmente
considerado.
Según sea el último fin de la vida de los hombres, así serán los medios que
pondrán en práctica para alcanzarlo, y así también la vida práctica que seguirán.
Esto es objeto de la consideración de Aristóteles en el primer libro de la Etica a
Nicómaco.
Pero hay algo que ya tenemos, todos buscan la felicidad, y ésta la define el
Estagirita como una actividad del alma de acuerdo con la virtud perfecta.
Entonces, si todos los hombres buscan la felicidad que consiste en una actividad del
alma de acuerdo con la virtud perfecta, el llevar al hombre a su plenitud es llevarlo a
su felicidad, es decir educarlo para que sea feliz, y educarlo para que sea feliz es
educarlo de acuerdo con la virtud perfecta.
Pero a cada paso que avanzamos surgen más interrogantes:
Discurso de SS Juan Pablo II a la UNESCO en junio de 1980, Ed. Claretiana, Documentos del
Magisterio de la Iglesia sobre la Educación Católica, pp. 372 y 55.
5
Jaeger W. Paideia Pág. 60, Fondo de Cultura Económica, Mexico, 1983.
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¿Qué es una virtud? ¿Es necesario tener virtud? ¿Es una o son muchas?
¿Cómo se adquieren? Todas estas son preguntas esenciales a nuestro tema que
nos colocan en el meollo de la cuestión.
¿Qué es una virtud?
Según aquello en lo cual busquen su felicidad los hombres, será el último fin
de su existencia, y como hay correspondencia entre el fin y los medios que a él se
ordenan y éstos determinan el tipo de vida que sigue cada uno, de esa manera se
determinan las diversas disposiciones o modos de ser humanos. Por esto es que en
el alma vemos en relación a la materia moral tres cosas: pasiones ( o vida
emocional, como se quiera), facultades y modos de ser o hábitos o disposiciones.
Las virtudes pertenecen a esta categoría.6
Pero está tan oscurecido el término virtud hoy día, que es preciso analizarlo
como si fuera ajeno a toda nuestra tradición cultural. Hoy, aunque parezca algo sin
sentido, no pertenece a los conceptos que se usan a diario.
Virtud, del latín virtus, significa “fuerza”, conjunto de cualidades propias del
varón tales como energía, valor, esfuerzo, valentía, perfección moral. Es decir que
en fin, sería un principio operativo. Aristóteles la define como sigue: “La virtud es
un hábito electivo, existente en lo medio para nosotros, determinada por la razón y
que el sabio determinará según su parecer”7
En este contexto, el término “sabio”
tiene el sentido del hombre prudente o sabio en materia moral.
La virtud es un término que en principio se aplica en sentido genérico, así
encontramos este término en expresiones tales como “la virtud de un caballo”, en
referencia a su capacidad para correr, con el desarrollo del término se aplica
propiamente al alma humana y la referimos a una capacidad o principio operativo de
lo más noble del alma.
Santo Tomás8 en la Suma Teológica , da la definición que San Agustín
propone en el texto de II L. Arbitrio.Cap. XIX que dice: “Virtud es una buena
cualidad de la mente por la que se vive con rectitud, de la cual nadie hace m al uso,
y que Dios obra en nosotros sin nosotros.”
En el cuerpo del artículo defiende explícitamente todas las notas de esta
definición, no obstante hace dos salvedades importantes: en primer lugar dice que
“la causa formal de la virtud como la de cualquier otra cosa se toma de su género y
diferencia , y se expresa al decir buena cualidad, pues el género de la virtud es la
cualidad y la diferencia la bondad . Sin embargo, la definición sería más exacta si
en vez de cualidad se pusiera hábito, que es el género próximo.”9
No hace
referencia a la materia sobre la que se ejercita (materiam circa quam) y la materia
en que reside (materiam in qua) la virtud, salvo genéricamente al decir que “es una
buena cualidad de la mente”, porque está definiendo aquí a la virtud en general.
Santo Tomás, como dijimos, hace aquí la salvedad que al referirse a Dios
como “la Causa de la virtud en nosotros sin nosotros”, se está refiriendo a las
6
7
8
9
Aristóteles, Etic. Nic. LII 11056-20
Aristóteles, Et. Nic. 1107a 1-2
Sto. Tomás S.Th. 1-2-q 55 a.4.c
Sto. Tomás, Ibidem.
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virtudes infusas, si se saca esta nota la definición es general para las virtudes infusas
y adquiridas.
De modo que la virtud es un hábito operativo que hace bueno a quien lo
posee porque lo hace obrar bien.
Aristóteles hace una interesante observación pues dice que las virtudes o
modos de ser que hacen al hombre bueno o malo en la medida que desarrollan el
carácter, se han de referir al placer o al dolor, o como dice santo Tomás, a los
deleites y las tristezas. Esto es debido a que dichas emociones básicas acompañan
todas nuestras acciones y pasiones y en fin, a todos nuestros objetos de elección.
“La virtud moral – dice – en efecto se relaciona con los placeres y dolores,
pues hacemos lo malo a causa del placer y nos apartamos del bien a causa del dolor,
Por ello debemos ser educados desde jóvenes, como dice Platón.”10, para podernos
alegrar y dolernos como es debido, pues en esto consiste la buena educación 11
Santo Tomás en su comentario a estos pasajes de la Etica en que Aristóteles
dice que el signo del hábito ya generado bueno o malo, se toma del deleite o la
tristeza o bien el placer y el dolor que sobreviene a las operaciones. Lo muestra con
un ejemplo: “el que se alegra por apartarse de los placeres corporales es templado,
en cambio el que se entristece o apena es intemperante porque hace lo que es
conforme a su hábito. De modo similar, el que afronta un peligro con deleite, o al
menos sin tristeza, es valiente; por el contrario, el que con tristeza resiste los
peligros es temeroso, porque toda virtud moral es respecto de los placeres y
tristezas”.12
Esto es debido a que uno se deleita porque algo es conforme a su naturaleza
y la virtud en tanto que es un hábito, obra como segunda naturaleza. Por eso es
signo que tenemos tal o cual hábito si nos alegramos o entristecemos con su acto.
Luego, comentando el pasaje de la educación de los jóvenes dice: “La recta
educación de joven consiste en que se acostumbren a deleitarse en las buenas obras
y a entristecerse en las malas. Por eso los que educan a los jóvenes los aplauden
cuando obran bien y los reprenden cuando obran mal”.13
Las virtudes morales adquiridas actúan regulando la vida emocional, las
pasiones son materia de la vida moral y en esta cuestión está incluida una tesis muy
importante de Santo Tomás: las pasiones no deben ser suprimidas o excluidas sino
gobernadas por lo más propio del hombre, o sea su razón (recta ratio agilibum), y
este gobierno no debe ser despótico sino político, conservado y orientado siempre en
busca de la justa medida frente a los desbordes tanto en exceso como en defecto en
que consisten los vicios. Es sintomático de este hecho lo que sigue “…el deleite es
el fin principal de todas las virtudes morales…” En cada virtud moral se requiere que
cada uno se deleite y se entristezca en lo que corresponde” (…) “porque la intención
de cualquier virtud moral es que alguien rectamente se halle en el deleite y en la
tristeza”14
Toda la fuerza vital de nuestra vida práctica se la dan las pasiones con las que
emprendemos todos nuestros proyectos, es así que el justo medio asegura la medida
de cada acto. En tanto sea buena una acción , el virtuoso se emplea entero por
10
11
12
13
14
Platón, Leyes II 653a
Aristóteles, Et. Nic. LII 1104b
Sto. Tomás en Coment. Et.Nic LIII 165
Sto Tomás En Coment Et. Nic. LIII 166
Sto. Tomás Ibidem 165
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cumplirla pues ello le da una satisfacción interior especial que sólo la conocen los
que gustan del bien.
Es de remarcar esta característica de la Moral Tomista. No es represiva ni
anula ninguno de los aspectos de nuestra naturaleza, por el contrario se funda en el
ejercicio positivo de la vida recta buscando ordenar y usar de todos los medios de la
naturaleza.
Y esto es así porque el placer es lo más común a la vida animal. En el
hombre se da tanto en la vida intelectiva como en la sensitiva. “Se nutre o crece a la
par que todos los hombres, desde que somos pequeños, porque el niño recién nacido
ya se deleita en la lactancia” “Por eso, es difícil pueda dominar esta pasión que se
compara a la vida, porque comienza con el hombre desde el inicio de la misma. Por
eso la virtud moral está especialmente vinculada al deleite.”15
Concluye luego: “Que la virtud gira en torno a los deleites y las tristezas.”16
Necesidad de las virtudes
Las virtudes son hábitos, es decir disposiciones que sirven de medio entre el
ente y su operación necesaria, en cuanto las facultades del alma están
indeterminadas respecto del modo en que deberán obrar, dado que lo pueden hacer
de muchos modos distintos y a la vez son determinables por diversos objetos. Esto
hace que concurran varios elementos que lo dispongan bien o mal respecto a la
forma y la operación.
Por esto es que, adquiriendo por medio de la costumbre algún modo habitual
de obrar, el mismo ejercicio del acto se hace más fácil y eficaz.
Por supuesto así como se adquieren de este modo hábitos buenos o virtudes,
por el mismo mecanismo se pueden adquirir hábitos malos o vicios.
Se adquieren voluntariamente y por elección pues somos dueños de nuestros
actos, y de la repetición de éstos es que se generan los buenos o malos hábitos.
Pero una vez adquiridos tal vicio o tal virtud es difícil corregirlo, aunque no imposible
ya que se pierden por repetición de actos contrarios, aunque una vez adquirido el
hábito, la voluntad o el apetito sensitivo se encuentran inclinados a tal o cual acto
que fácilmente realizan y en él se satisfacen. Por eso es que es muy importante
desde la primera infancia inclinar al joven a obrar con buenos hábitos debido a la
fuerza que adquieren estas disposiciones de carácter, con el posterior beneficio para
toda la existencia de esa persona.
“Además las mismas causas y los mismos medios producen y destruyen toda
virtud, lo mismo que las artes, pues tocando la cítara (guitarra) se hacen tanto los
buenos como los malos citaristas (guitarristas), y de la misma manera los
constructores de casas y todo lo demás, pues construyendo bien serán buenos
constructores y construyendo mal, malos. Si no fuera así no habría necesidad de
maestros, sino que todos serían de nacimiento buenos o malos. Y éste es el caso
también de las virtudes. En una palabra, los modos de ser surgen de las operaciones
semejantes. De ahí la necesidad de efectuar cierta clase de actividades.” “Así al
adquirir un modo de ser de tal o cual manera desde la juventud tiene no poca
15
16
Ibidem 171
Ibidem 174
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importancia, sino muchísima o mejor, total.”
educación integral entendida como Paideia.
Guillermo Alberto Romero
8
Tal entonces la necesidad de la
El justo medio
Hemos escrito bastantes cosas de las virtudes en general pero, ¿en qué
consiste obrar bien según la virtud?
Ante todo digamos que respecto de la vida práctica hay que hablar
oportunamente viendo lo que es coherente en cada caso, aunque sea en detrimento
de la precisión. No hay que olvidar que se está buscando el mejor modo de acción
en casos particulares, es decir en materia contingente, y en esto no hay nada
establecido con precisión.17
Aristóteles, y en esto Santo Tomás lo sigue, sostiene que obrar bien según la
virtud consiste en obrar en cada caso según el justo medio, es decir ni en exceso ni
en defecto. Medida ésta que será establecida por la razón práctica y en orden
proporcional para nosotros, el acto por el cual se establece es acto de la prudencia y
es propio del juicio de cada uno. En esto se busca la armonía de la obra a la que no
le debe faltar ni sobrar nada. En la doctrina del justo medio ser resume la búsqueda
de la armonía griega. Aristóteles en la Etica se introduce a este concepto por medio
de un ejemplo extraído de la medicina. “
Platón traza el paralelo entre las
18
virtudes del cuerpo y las virtudes del alma . El término medio aristotélico es una
vuelta consciente a este punto de partida.”
“
La medida del médico es también un justo término medio que tendría que
determinarse subjetivamente y al que habría que apuntar, y todo ello era doctrina
médica cuando menos desde la época de Hipócrates”19
Dice Aristóteles “…la virtud del hombre se va también al modo de ser por el
cual el hombre se hace bueno y por el cual realiza bien en función propia”. (…) “En
todo lo continuo y divisible es posible tomar una cantidad mayor, menor o igual, y
esto o bien con relación a la cosa misma o a nosotros; y lo igual es un término
medio entre el exceso y el defecto. Llama término medio de una cosa al que dista lo
mismo de ambos extremos, y éste es uno y el mismo para todos; y en relación con
nosotros al que ni excede ni se quede corto, y éste no es uno ni el mismo para
todos.” En el primer caso tenemos el medio según una proporción aritmética. Pero
el medio relativo a nosotros no se ha de tomar de la misma manera. (…) “Así pues,
todo conocedor evita el exceso y el defecto y busca el término medio y lo prefiere;
pero no el término medio de la cosa sino el relativo a nosotros.
Dice Santo Tomás: “Por eso este medio no es el mismo para todos. Si
tomamos lo medio para nosotros en los zapatos, nada ha de faltar ni de sobrar de la
medida del pie: Como no todos tienen los pies del mismo tamaño este medio no es
el mismo para todos”.20
Aristóteles por su parte da el ejemplo de la comida en los atletas. Nosotros
podemos hacernos una idea con la virtud de la templanza que debe buscar la
moderación en l os alimentos. Una cantidad determinada de alimento puede ser un
17
18
19
20
Coment. E. Nic. LII 1104 a 5
Werner Jaeger Aristóteles- pág. 57 donde cita a Platón Rep.IX 591, Leyes ,I,631,c
Ibidem
Sto. Tomás En Coment Et. Nic. L. VI-196
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exceso para un niño y sin embargo ser escasa para un hombre fornido y
voluminoso. Y así en las demás virtudes.
Concluye Santo Tomás: “Toda ciencia operativa hace bien su obra porque
según la intención mira al medio y según la ejecución conduce su obra al medio”21.
Resta sin embargo completar lo dicho respecto del justo medio virtuoso, el
cual según enseña Aristóteles: “es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro
por defecto...” Por eso de acuerdo con su entidad y con la definición que establece
su esencia, la virtud es un término medio pero con respecto a lo mejor y al bien, es
un extremo.”22
Y completa Santo Tomás: “el medio compete a la virtud y los extremos al
vicio. (...) Según la razón de bien la virtud se halla en lo extremo pero según la
especie sustancial en lo medio.”23
Esto es así excepto en el caso de ciertas acciones y pasiones que su mismo
nombre connota malicia. En las pasiones el gozo de lo malo , la desvergüenza y la
envidia, en tanto que en las acciones connotan malicia el adulterio, el robo y el
homicidio. Estos no son malos en exceso ni en defecto sino en sí mismos.”
Podemos extender el concepto a todos los actos que vayan contra la ley moral.
Relación de las virtudes con la educación
Luego de haber explicado en qué consiste la virtud, hemos de ver cómo se
relaciona con una educación integral ya que, en efecto, el propósito de una buena
educación es llevar al joven hacia la plenitud de sus posibilidades tanto en el orden
intelectual como moral.
Las disposiciones, o bien virtudes dianoéticas o hábitos intelectuales son
cinco, y según consideremos la razón especulativa o la razón práctica, tendremos a
la Sabiduría, la Ciencia y el Intelecto para la primera y la Prudencia y el Arte para la
segunda.24
Es propio de la razón especulativa el conocimiento de las cosas
necesarias, en tanto que la razón práctica tiene por objeto a lo contingente.
Enseña Santo Tomás “La virtud moral está en la parte apetitiva, por eso
supone cierta inclinación a algo apetecible. Esta inclinación o es por naturaleza, la
cual inclina a lo que le es conforme, o es por la costumbre que se vuelca hacia la
naturaleza.” Por eso el nombre de la virtud moral está tomado de la costumbre con
poco cambio. Porque en griego ethos, escrito con e breve, designa el carácter o
virtud moral. Pero ythos escrito con y que es como una y larga, significa costumbre,
como también entre nosotros la palabra moral a veces significa costumbre y a veces
designa lo que pertenece al vicio o a la virtud.
Las virtudes fundamentales se pueden agrupara del siguiente modo:
 Virtudes intelectuales o dianoéticas:
21
22
23
24
Sto. Tomás, Ibidem.
Aristóteles, Et. a Nic. L II 1107 a
Sto. Tomás Ibidem p.205.
Et. Nic..L VI
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Guillermo Alberto Romero 10
Virtudes de
la razón
especulativa
La sabiduría:
La inteligencia:
La ciencia:
Conocimiento cierto por las primeras causas.
Intuición de los primeros principios de la razón.
Conocimiento por las causas segundas o
próximas
Virtudes de la
razón práctica
El arte:
La prudencia:
Hábito de la recta ratio factibilium
Hábito de la recta ratio agibilium
 Virtudes éticas o morales:
Virtudes
morales
cardinales
La justicia
La templanza
La fortaleza
Hábito de la voluntad.
Hábito del apetito concuspicible
Hábito del apetito irascible
Mas pertenece a la noción de virtud ser un hábito de obrar con razón de modo
que haga bueno al que obra, por eso es la recta razón (recta ratio) en el orden
práctico la que dirige a las virtudes morales a alcanzar su fin propio, ser justas y
equitativas, lo que es propio de la justicia; ser moderadas en cuanto al apetito
concupiscible, lo que es propio de la templanza; ser valientes para alcanzar y
defender el bien así como resistir el mal, que pertenece a la fortaleza.
Como dijimos antes, el acto de cualquier virtud requiere obrar según el justo
medio entre los excesos y los defectos, según la materia de que se trate. De modo
que compete a la razón encontrar dicha medida.
La razón práctica que tiene por objeto a lo contingente, es decir a las cosas
que pueden ser o no ser, al mundo de lo generable y corruptible, en sí misma tiene
sin embargo dos hábitos distintos: el arte, que tiene por objeto la producción o el
hacer, y es un hábito cuyo acto propio consiste en operar de modo transeúnte con
transformación de una materia exterior, por ejemplo el arquitecto que edifica una
casa. La disposición intelectual que tiene es lo que le permite concebir en su mente
el tipo de casa que va a producir en la realidad, con anterioridad a su edificación.
Este es el hábito de lo fáctico, o la recta razón (recta ratio factibilium) en el dominio
de un arte. Pero la razón práctica tiene también el hábito de aquellas operaciones
que no se ordenan a la producción de algo exterior, sino que tienen su fin en la
acción misma del que obra. Este es el orden práctico del agere, o sea el dominio de
lo agible (recta ratio agibilium). Este hábito de la razón práctica en el orden de lo
agible es la virtud de la Prudencia, que tiene por objeto deliberar acerca de los
medios más adecuados para lograr un fin, y por supuesto establecer el justo medio
de cada una de las virtudes morales. De aquí que ninguna virtud se puede dar sin
la Prudencia, así como la misma prudencia no se puede desarrollar sin las demás
virtudes. Esto constituye la circularidad
de las virtudes en el ámbito de la
vida moral.
De modo que al ser la Prudencia la disposición intelectual que asigna el justo
medio de cada una de las demás virtudes, se constituye en la forma de las demás
virtudes morales. Y por lo mismo la razón práctica es lo propiamente forma de la
vida moral, lo que confiere lucidez intelectual a toda la vida práctica del hombre.
Por eso es que decimos que el vicio y la maldad moral consisten en obrar en
contra de la recta razón, o bien no acomodarse al orden de la recta razón.
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Y concluimos por lo anterior definiendo con Santo Tomás que “La Prudencia es
un hábito activo con razón verdadera que versa sobre el bien y el mal del hombre
mismo”.25
Pero la Prudencia ano sólo delibera, sino que una vez establecido el último
juicio práctico de preferencia sobre el medio más apto (indicium discretivum) la
voluntad (apetito racional) procede a la elección (electio) libre. Y luego la razón por
la prudencia procede al imperio y ejecución del medio elegido para completar el acto,
alcanzando así el fin intentado.
De este modo, la primacía de la virtud Prudencia sobre el orden práctico la
coloca en una especialísima situación en el aspecto educativo. En efecto, por ella
accedemos al dominio de toda la vida moral que es básico para lograr una educación
integral.
En el tratamiento de las virtudes no debemos olvidar nunca que el virtuoso
siente placer en obrar el bien, porque el placer es el signo de la virtud generada que
enseña Santo Tomás.26 Lo que tiene como consecuencia que no es la dificultad lo
que le confiere el carácter de virtud a dicha disposición, sino el hábito, que siendo a
modo de segunda naturaleza hace placentero el obrar virtuoso, porque en última
instancia no gusta lo que nos es natural y el objeto último de la virtud es la felicidad.
Pero la educación también tiene en cuenta a las otras virtudes intelectuales,
pues por el arte se procede al desarrollo de todo el quehacer productivo técnico y
artesanal, así como al dominio de las bellas artes.
Es así que con la educación de la virtud del Arte es que será posible la
formación de arquitectos, médicos e ingenieros, así como escultores, pintores y
músicos, por nombrar sólo algunas de las actividades comprendidas en la techne
aristotélica.27
La razón especulativa tiene como dijimos anteriormente, tres hábitos o
virtudes: el Intelecto, la Ciencia y la Sabiduría.28
El Intelecto no es la potencia intelectiva, no es facultad, sino virtud o modo de
ser; recordar que en el alma Aristóteles distingue facultades, pasiones o emociones y
modos de ser; es como enseña el Angélico “cierto hábito por el cual el hombre por la
luz del intelecto agente, conoce naturalmente los principios indemostrables. El
nombre es muy acertado pues al instante estos principios son captados, conocidos
sus términos. 29” Tales como el Principio de no contradicción, el de tercero excluido,
causalidad o el todo y la parte, etc.
La ciencia es un hábito demostrativo, es conocimiento cierto de las cosas por
sus causas. Es un saber por razones necesarias. Están entre ellas las ciencias físicas
que tienen por objeto el ente móvil tales como la filosofía de la naturaleza, la
mecánica, la biología, la psicología, las matemáticas, las ciencias medias que aplican
las matemáticas a las ciencias físicas, por ejemplo la física de I. Newton, la mecanica
cuántica, la física relativista, etc.
Es un saber especulativo que aparte de su cultivo por sí mismo, sirve de
fundamento a algunas artes o technes, por ejemplo la biología a la medicina, la física
25
26
27
28
29
En Coment. a la Et. Nic. L V Lectio IV –832En Coment. Et. Nic. L II, Lectio III – 165 Et.Nic. L VI
En Coment. Et. Nic. L VI, Lectio III – 818 En Coment. Et. Nic. L VI, Lectio V – 840 -
Santo Tomás y la Educación
Guillermo Alberto Romero 12
y las matemáticas a la ingeniería y la arquitectura, etc. De modo que son parte muy
importante de la educación.
Por último la Sabiduría es un hábito demostrativo como la ciencia, pero que
versa sobre los primeros principios de las cosas que son los más conocidos en sí
mismos, como dice el Angélico: “La Sabiduría en absoluto es la más cierta de todas
las ciencias, en cuanto alcanza los primeros principios de los entes, que son los más
conocidos en sí mismos, aunque algunos de ellos como los inmateriales, sean menos
conocidos para nosotros. Pero los principios más universales son más conocidos
también para nosotros como los que pertenecen al ente en cuanto ente, cuyo
conocimiento incumbe a la sabiduría en sentido cabal, como se ve en le Libro IV de
la Metafísica (Metaph. IV (III) 1005ª 19-34)”30
Es Ciencia en cuanto es un hábito demostrativo, es un saber universal por las
primeras causas de todas las cosas. Y también es Intelecto en tanto también versa
sobre los Primeros Principios, por eso es que: “ La Sabiduría en cuanto dice la verdad
sobre los principios es Intelecto; pero en cuanto conoce lo que se concluye a partir
de los principios es Ciencia. Se distingue empero de la ciencia, comúnmente
considerada por la eminencia que tiene entre las demás ciencias, pues es cierta
virtud de todas las ciencias.”31
Por eso es que se puede decir con Aristóteles que la Sabiduría es Ciencia con
Intelecto.32
Luego de esta breve reseña de las principales virtudes, cabría recordar con
Santo Tomás cuál es el orden que correspondería a su enseñanza. Menciona esta
recomendación al menos en dos lugares de sus obras, en el Comentario al De
Trinitate de Boecio y en el Comentario a la Etica a Nicomaco de Aristóteles, y lo
expresa asi:
“El orden adecuado de enseñar será que primero, los jóvenes sean instruidos
en los objetos lógicos, porque la lógica enseña el modo de proceder de toda la
filosofía (y la ciencia). Segundo, en matemáticas, que no necesita la experiencia ni
trasciende la imaginación. Tercero, en las ciencias naturales que, aunque no
exceden el sentido ni la imaginación, requieren sin embargo la experiencia. Cuarto,
en la ciencia moral, que requiere tanto la experiencia como un ánimo libre de
pasiones. Quinto, en lo sapiencial y divino (Metafísica, Teología), que trasciende la
imaginación y requiere de un entendimiento vigoroso.”
Por supuesto a este orden genérico de prioridad en la enseñanza que nos da
nuestro Doctor, se lo debe particularizar de modo parecido a como expusimos las
ciencias de los distintos órdenes, y mostrarlo en el contexto científico de nuestro
tiempo de modo de hacerlo factible.
Resta ahora considerar en breves palabras cómo accedemos desde el
quehacer educativo a la multiforme amplitud existencial del hombre.
30
En Coment. Et. Nic. L VI, Lectio V – 842 -
31
En Coment. Et. Nic. L V, Lectio V – 843 -
32
Et. Nic. L VI
Santo Tomás y la Educación
Guillermo Alberto Romero 13
Por la virtud intelectual de la Prudencia accedemos con adecuada formación
racional a toda la vida moral, como mostramos más arriba. Por esta disposición se
hace posible, entre otras cosas, el ejercicio pleno del libre albedrío que si bien es
acto de la voluntad, requiere como conditio sine qua non del acto de la razón que
delibera sobre los medios en orden al fin.
Pero la Prudencia requiere aparte de la razón que percibe los Primeros
principios, de otra facultad, porque su acto se resuelve en lo particular e individual
que es objeto de los sentidos, esa es la razón por la que Aristóteles pone lo que él
llama la razón particular o cogitativa, que resuelve y valora en el singular tanto el fin
(que es principio del acto moral) como los medios concretos que se pondrán en
juego para realizar la acción. Esto explica que la experiencia sensible juegue un
papel importante en la vida práctica y el ejercicio de la prudencia, y por eso los
jóvenes que carecen de experiencia generalmente no son prudentes, aunque sean
muy inteligentes en otros aspectos.
Es corriente como dice el mismo Aristóteles, ver jóvenes muy talentosos para
las matemáticas y sin embargo imprudentes, lo cual se explica porque para la
prudencia se requiere la experiencia sensible, y eso viene con el tiempo y el correcto
uso de la razón práctica. También por eso es que el conocimiento prudencial es
falible, porque es posible equivocarse en la estimación correcta de las cosas
concretas.
Por las Ciencias según el orden que propone Tomás, se puede acceder a la
multiforme preparación de todo el horizonte cultural.
Por la Sabiduría accede el joven al ámbito de lo trascendente. Y por el Arte al
hacer.
Y con todas estas virtudes adquiridas más las virtudes infusas por Dios con la
Gracia, nos elevamos al Orden Sobrenatural.
Falta recordar que al desarrollo de la vida de la Fe y a las Virtudes Teologales
accedemos por la educación que nos viene por la Catequesis.
La Prudencia es la forma de las virtudes morales adquiridas, pero comparada
con la Gracia, viene a ser materia que, junto con todas las otras virtudes, será
informada por la Caridad.
En el ejercicio de la educación aparecen no pocas dificultades, por eso es que
hay que recordar que debemos educar en la Prudencia, a fin de promover al joven
en el uso de su razón (recta ratio agilibium). Y en todas y cada una de las etapas
educativas, recordar esta virtud.
Entre otras cosas para la formación en la prudencia y demás virtudes es
importante que la misma se efectúe con el consejo del maestro o los padres y en un
ámbito de creciente libertad porque el objeto que se persigue es preparar la razón
práctica para un pleno ejercicio del libre albedrío imprescindible para la maduración
en la vida moral o vida virtuosa. L.Castellani indica esto último y pone como ejemplo
la educación inglesa en Eaton.33
Y debemos educar en el Amor a Dios y al prójimo. Porque esto es formal en
la educación como en el ámbito de las virtudes por ser la Prudencia forma de las
virtudes morales, y el Amor forma de todas las virtudes.
33
L. Castellani. pag. 60 en Castellani por Castellani Ed. JAUJA Buenos Aires 1999
Guillermo Alberto Romero 14
Santo Tomás y la Educación
Conclusión
Al comenzar esta ponencia nos preguntamos ¿en qué consiste educar? ¿Se
reduce a los contenidos de orden intelectual o su concepto es más amplio?
¿Cuándo empieza? ¿En los primeros años de la vida en el medio familiar, o en
la vida escolar y en medios oficiales?
¿Es exclusividad del Estado? ¿Tiene injerencia la Iglesia Católica u otra
religión según las creencias de este mundo pluralista que nos toca vivir?
A lo largo de este estudio hemos respondido estas preguntas, o al menos
colocado las bases para su respuesta.
Es patente que educación es formación
integral, concepto firme sostenido desde la Paideia griega, pasando por toda la
gran tradición intelectual de Occidente. Esto comprende la formación teniendo a la
vista los ejemplos o arquetipos de nuestra historia concepto éste ampliamente
desarrollado por A. Caponnetto. 34 Y por supuesto los ejemplos vivos que
caracterizan a los verdaderos maestros.
Es formación intelectual y, ateniéndonos a lo sugerido por Santo Tomás, debe
comenzar por la lógica para aprender a razonar y culminar en la Sabiduría o Filosofía
Primera, pasando por una sólida formación en el resto de las ciencias.
Debe ser educada también la vida moral, porque en la medida en que se
forme adecuadamente al joven en la vida virtuosa, se desprenden dos consecuencias
muy importantes: la primera es el ejercicio pleno de una libertad real que se funda
en su razón práctica con dominio armónico de sus emociones y con experiencia; la
segunda, el signo principal de la vida virtuosa, el placer de hacer el bien y su
orientación a la felicidad.
En caso contrario se dan las conductas conflictivas, propias de las personas
con virtud inexistente, y en no pocos casos las conductas neuróticas. Se generan
así personas desdichadas que sufren cuando ordenan su conducta en la dirección
correcta y aparece el fantasma del desasosiego , que está siempre al acecho y es
propio de nuestra condición espiritual.
Recordar que la Prudencia no se da sin las otras virtudes morales y viceversa,
porque no es posible ser prudente, es decir elegir el medio más adecuado al fin , sin
ser justo; ni tampoco es posible ser justo sin ser prudente, y lo mismo se comprueba
con las demás virtudes. De modo que la educación de la Prudencia significa educar
la razón práctica para todo el obrar moral del joven.
La educación empieza en la vida familiar, es impensable sin la participación de
la familia. Los afectos así como las buenas costumbres se adquieren en familia,
donde no sólo la comunicación verbal y el diálogo son necesarios, sino también el
ejemplo de los padres. De ahí que sea muy importante para la formación de los
jóvenes, la unidad de la familia, el amor recíproco y el ejemplo.
Desde luego que como ya dijéramos, la familia como sociedad imperfecta,
debe ser complementada con los otros medios corrientes de educación. Lo que se
entiende por educación formal en los colegios y demás instituciones educativas.
Asimismo es necesaria la libertad de enseñanza que se traduce en la libertad
de elegir la enseñanza más acorde con la cosmovisión de la familia. Por eso es
34
Caponnetto A., Los arquetipos y la Historia, Ed. Scholastica, Bs. As, 1991.
Santo Tomás y la Educación
Guillermo Alberto Romero 15
importante el papel de la Iglesia en la educación por muchos motivos, entre ellos
principalmente para la educación en la Fe y costumbres del joven. La Prudencia es
la llave racional de la vida moral, la Ciencia lo es de la vida intelectual y el Arte de la
vida técnica y artística.
Por la Ciencia y la Fe nos llega la noticia de Dios y la
Caridad es la piedra angular de la personalidad del cristiano.
Estas son las
respuestas que encontramos en Santo Tomás y la Tradición Occidental para el
problema de la educación, respuestas que nos llegan desde la Paideia griega y hasta
nuestros días.
Con una educación integral logramos el desarrollo del joven de carácter.
Porque el cristiano formado en el amor a la Verdad y al Bien es el hombre
integral, y al decir de Pieper:
“Primero. El cristiano es un hombre que por la Fe llega al conocimiento de
Dios Uno y Trino.
Segundo: el cristiano anhela – en la esperanza- la plenitud definitiva de su
ser en la vida eterna.
Tercero: el cristiano se orienta en la virtud teologal de la Caridad hacia Dios y
su prójimo con una aceptación que sobrepasa toda fuerza de amor natural.
Cuarto: el cristiano es prudente, es decir no deja enturbiar su visión de la
realidad por el sí o el no de la voluntad, sino que hace depender el sí y el no
de ésta, de la verdad de las cosas.
Quinto: el cristiano es justo, es decir puede vivir en la verdad con el prójimo;
se sabe miembro entre miembros en la Iglesia, en el pueblo y en toda
comunidad.
Sexto: el cristiano es fuerte, es decir está dispuesto a sacrificarse y, si es
preciso, aceptar la muerte por la implantación de la justicia.
Séptimo: el cristiano es comedido, es decir no permite que su ambición y afán
de placer llegue a obrar desordenadamente y antinaturalmente.”35
Este septiforme aspecto del cristiano, muestra del modo mas acabado al
hombre que deseamos se produzca por la educación ,en el tiempo que nos toca vivir.
Es el hombre de carácter, la grandiosa imagen del cristiano. Este hombre es el
hombre sino feliz, en camino a la plenitud de su felicidad.
Guillermo Alberto Romero
35
Pieper,J. Las Virtudes Fundamentales, Ed. RIALP, V Ed, Madrid, 1997, pág. 13.
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