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El hijo del playboy
por Crystal Green
Capítulo 1
–żSeńor Pierce? Me envían para que le presente a Tommy. Su hijo.
Morgan cruzó los brazos de manera instintiva y miró a aquella mujer menuda. Estaban en el porche de
su casa de campo, que era casi una mansión. Su mirada directa, por no hablar del bebé que llevaba en
brazos, indicaba que aquello no era ninguna broma preparada por los trabajadores de su rancho, tan
amigos de todo tipo de jugarretas.
A su cabeza acudieron un sinfín de preguntas.
–żUn hijo? żMío? –preguntó.
El nińo apretó los labios y luego estiró la mano para agarrarle un mechón de pelo castańo a la mujer que
lo sujetaba. El sol de la mańana brillaba en el cielo de Montana, bańándolos con su luz y su inocencia.
Morgan no estaba acostumbrado a ninguna de esas dos cosas.
Un nińo. żSuyo? żCuándo… dónde… con quién…?
La mujer agarró la mano del pequeńo Tommy y le quitó el mechón suavemente.
–Ya sabe… –se echó a reír–. He venido en el avión ensayando lo que debía decir, pero al final me ha
salido mal. La madre de Tommy quería que le soltara la bomba con suavidad, no de golpe.
Con el rostro ruborizado, la mujer lo observó detenidamente, evaluando sus reacciones con ansiedad.
Morgan cambió de posición; sus botas de cuero crujieron y los vaqueros gastados que llevaba estaban a
punto de cortarle la circulación e impedir que la sangre le llegara a la cabeza.
El pequeńo Tommy también miró a Morgan. żPodría adivinar todo lo que había dejado atrás? Noches de
champán y mujeres cubiertas de seda, mujeres cuyos nombres y cuyos rostros apenas recordaba.
Al ver la sonrisa sin dientes de Tommy, algo se estremeció dentro del ex playboy, un músculo que no
conocía.
–Será mejor que entremos –sugirió Morgan, guiándolos hacia la puerta para huir del frío de octubre y de
los trabajadores que, si se acercaban un poco más, podrían oír lo que hablaban.
Una suave ráfaga de perfume floral le hizo cosquillas en la nariz cuando ella pasó a su lado.
–Empecemos de nuevo –dijo ella, tendiéndole una mano–. Soy Rosemary Robbins.
Sintió la palma de su mano. Suave. Diminuta. La estrechó entre los dedos, disfrutó de una sensación a la
que se había desacostumbrado.
Una costumbre que había hecho todo lo posible por abandonar.
Cuando sus ojos se encontraron, ella apartó la mirada de inmediato y le soltó la mano. El contacto visual
le provocó una punzada de calor en el vientre. Genial. Se había retirado a aquel lugar aislado de
Montana, al rancho Remington, para escapar de una vida sin sentido, no para retomarla con la primera
desconocida guapa que llamara a su puerta.
Dios, tenía un aspecto demasiado angelical para él, sobre todo teniendo un bebé en los brazos. Que
además era su hijo, o al menos eso había dicho ella.
Tendría que comprobarlo.
Se sentaron en el salón de cuero y granito, cerca del fuego. Ella ocupó un extremo del sofá de cuero y él,
el otro. Tommy tenía agarrado el suéter de Rosemary y lo observaba todo con atención.
–Supongo que debería explicárselo –dijo ella–. Se podría decir que me dejaron a Tommy en la puerta de
casa. Me he hecho responsable de él.
–żDónde está su madre?
Rosemary se puso tensa y justo entonces Tommy le puso la mano en la mejilla.
–Su madre no está preparada para verlo. Yo he venido para ver si usted estaría dispuesto a ser el padre
del pequeńo.
–No pretendo poner las cosas difíciles, pero siento cierta desconfianza hacia una mujer que se ha
presentado aquí de pronto y dice ser la responsable de mi… –el bebé miró a Morgan y él no puedo evitar
contener la respiración al ver el parecido–… hijo.
–No lo culpo. Pero…
Morgan levantó un dedo.
–Antes de que prosiga, me gustaría saber algo, seńorita Robbins. No estará jugando conmigo, żverdad?
Capítulo 2
–żJugando? –Rosemary sintió que se le encogía el estómago.
Otra de las respuestas que había ensayado se le atragantó. Había prometido no decirle nada a Morgan Pierce sobre la
madre de Tommy. Al menos hasta que estuviera segura de que el célebre playboy podría cuidar bien del bebé.
Tommy le rozó la mejilla con su boquita. Ella sonrió, se limpió la humedad de la cara y le dio un beso.
–Es cierto, no tiene por qué confiar en mí así como así –reconoció ella–. Pero debo saber si quiere que su hijo forme
parte de su vida. Su madre no quiere dinero, sólo su tiempo.
Los ojos verdes de Morgan adquirieron un tono oscuro, casi tan oscuro como su cabello negro. Su cuerpo, alto e
intimidante, se puso alerta, se le tensaron los músculos e inclinó los hombros hacia delante como para protegerse.
–żNo quiere mi dinero? Ya.
–Es verdad –acomodó a Tommy en su regazo–. Necesito saber si está dispuesto a ejercer de padre antes de meter a
la madre de Tommy en todo esto. Tiene que creerme, por favor.
Dios, estaba temblando, había empezado a hacerlo cuando Morgan había abierto la puerta para hacerlos entrar. El
rubor se había instalado en su rostro y la piel le latía.
Él le lanzó una mirada.
–No soy ningún tonto.
–Es evidente.
Justo en ese momento tan oportuno, Tommy hizo un sonidito. La mirada de Morgan se despojó de toda furia al
mirar al bebé. Se ablandó tanto como el corazón de Rosemary.
–żQué tiempo tiene?
–Seis meses –Rosemary lo agarró mientras Tommy se inclinaba hacia Morgan–. Está empezando a gatear, se
arrastra por el suelo como una ranita
–Seis meses –lógicamente, estaba haciendo cálculos–. Eso fue el verano del ańo pasado.
Rosemary contuvo la respiración, preparándose para lo que recordara.
–Exacto.
Morgan se encogió de hombros y apartó la mirada de Tommy.
–Viajé mucho en esa época.
–Lo comprendo –sabía que aquel hombre tenía reputación de ser aficionado a los coches europeos y a las mujeres.
Estaba acostumbrado a divertirse en yates que surcaban el Mediterráneo y en chalets suizos. Eso era precisamente lo
que preocupaba a Rosemary–. En South Beach, Florida –le dijo–. Ahí es donde conoció a la madre de Tommy.
El bebé dio otro gritito para atraer la atención de Morgan. Y lo consiguió.
Morgan parecía preocupado.
–żQué tal está su madre?
–Muy bien –Rosemary se sirvió del recuerdo de Charise para tomar fuerzas. Su amiga y compańera de trabajo en el
salón de belleza de Kane’s Crossing la había convencido de que fuera a Remington. Rosemary al principio se había
mostrado reticente, pero Charise había ideado el mejor plan posible. Después de tomar aire, ańadió–: Pero estaría
mejor si Tommy pudiera crecer teniendo un padre.
El bebé le echó los brazos a Morgan, que miró a Rosemary con sorpresa.
–żQuiere tomarlo en brazos? –le preguntó ella.
–Claro. Supongo.
Morgan se acercó para que Rosemary le pasara al pequeńo. No pudo evitar cruzar los brazos sobre el pecho para
llenar el vacío que había dejado Tommy.
Parecía tan pequeńo en unas manos tan grandes, junto a un pecho tan enorme... Morgan lo sujetaba como si fuera de
porcelana, como si tuviera miedo de que fuera a romperse.
Morgan esbozó una sonrisa, parecía sorprendido de que el pequeńo no se le hubiera caído.
–No pretendo ser malo pero, żcómo puede estar segura la madre de Tommy de que yo soy el padre?
Rosemary comparó el cabello negro y alborotado y los ojos verdes de ambos.
No había la menor duda.
żPero cómo podía decirle a Morgan que, al margen de la genética, si decidía que no estaba preparado para ser un
buen padre, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para proteger a Tommy?
Capítulo 3
Desde hacía ańos Morgan tenía la sensación de que a su vida le faltaba algo. Pero tuvo que tener a aquel
pequeńo en sus brazos para saber qué era.
Su hijo. żQuién podría haberlo imaginado? Aquel bebé había hecho que se sintiera útil por primera vez
en su vida. Increíble.
Tommy comenzó a mover las manos alegremente. La verdad era que el pequeńo era el vivo retrató de él
a esa edad. Miles de fotografías en las que se le veía en los rígidos brazos de sus padres podrían probar
el evidente parecido.
–żY no se podría hacer una prueba de paternidad? –sugirió él.
Incluso desde el otro lado del sofá pudo sentir la tensión de Rosemary.
–Si lo necesita, se puede arreglar.
–Me gustaría borrar cualquier duda –Tommy comenzó a trepar por su pecho para juguetear con su nariz
y sus orejas.
–Me parece que le gusta.
–Claro. Soy un buen tipo –estaba ganando confianza, levantó al bebé de su regazo. Tommy lazó un
alegre grito.
–Criar a un hijo es algo más que jugar con él.
–żQué necesita saber? żMi historial policial? No tengo… bueno, ahora que lo pienso, una vez tuve
problemas con la policía de Los Ángeles por…
Rosemary enarcó una ceja.
–Continúe.
Él se echó a reír y habló mirando a Tommy.
–Ahora no puedo darle los detalles, pero digamos que tiene algo que ver con una playa iluminada por la
luna y cierta falta de ropa.
–Y alguna joven actriz en ciernes, supongo –murmuró ella.
–Me siento muy orgulloso de ello. Ser hijo de unos padres con demasiado dinero es motivo más que
suficiente para tener una vida algo peculiar.
–Supongo que es una manera de dar a entender que es económicamente solvente. Capto el mensaje.
Pero hay algo más importante que me gustaría saber. żQué haría si supiera con toda certeza que Tommy
es su hijo?
Morgan se detuvo a pensar.
–He disfrutado mucho de mi vida de soltero, del dinero y de la independencia que he tenido –volvió a
sentar a Tommy en su regazo y dejó que él pequeńo le agarrara el dedo. El contacto con su manita le
ablandó un poco más el corazón–. Pero, honestamente, estoy un poco cansado de todo eso.
Rosemary inclinó la cabeza, lo que hizo que se le moviera la melena castańa, que le llegaba por la
barbilla.
–Supongo que se podría decir que hace cuatro meses me retiré de toda esa superficialidad y me vine a
vivir a Remington. Últimamente no salgo mucho y, aunque hacía ańos que no me sentía tan bien, hay
algo que no está del todo bien.
Tommy se frotó un ojito y levantó la mirada hacia Morgan.
–O al menos no estaba bien.
–Ojalá pudiera hacerle las miles de preguntas que me vienen a la cabeza.
–Adelante.
–Lo haré en su momento –respondió Rosemary al tiempo que extendía los brazos hacia Tommy, que no
tardó en ir con ella y volver a acomodarse en su regazo–. Está un poco cansado.
Morgan no sabía qué hacer con las manos ahora que ya no tenía al pequeńo.
–żPodría decirme cómo es su madre?
El fuego crepitó en la chimenea mientras Rosemary pensaba.
–Lo crea o no, es una mujer muy responsable. Cuando estuvo con usted, perdió la cabeza… aunque fue
sólo aquella única vez. Afortunadamente, Tommy fue la recompensa.
Y también la de él.
–Una mujer responsable… –dijo en tono meditativo–. No solía acercarme mucho a mujeres tan formales.
Al menos entonces.
Rosemary se mordió el labio. Parecía que no podía evitar coquetear, aunque sólo fuera un poco.
Morgan se fijó en que sus mejillas habían adquirido un atractivo tono rosáceo.
–Dios. Mire qué hora es –dijo poniéndose en pie. El nińo apoyó la cabecita en su hombro–. Recuerde, su
madre sólo quiere que Tommy tenga un buen padre. Es muy importante para ella.
Un padre. Era asombroso que ahora él lo fuera. Quizá.
–żDónde se alojan?
–Con mi… –titubeó y luego sonrió–. Con mi abuela. En el motel Maverick, habitación 3. Pero… –la
sonrisa desapareció–. Mejor me pongo yo en contacto con usted, żde acuerdo?
Sin decir nada más, se dio media vuelta y salió de la habitación. Morgan se limitó a decir adiós con la
mano al pequeńo, ya adormilado.
Le sorprendió darse cuenta de que no quería que se fueran.
Capítulo 4
–Ya lo he pensado un millón de veces –le susurró Rosemary a Charise a la mańana siguiente–. żMorgan
Pierce se merece a Tommy?
Su rubia compańera, también conocida como “abuela”, aún estaba medio dormida en una de las camas
mientras el bebé dormía plácidamente en la cuna de viaje, en un rincón de la anticuada habitación del
motel.
El día anterior, Charise y ella habían analizado detenidamente el encuentro con Morgan, pero Rosemary
seguía sin saber qué clase de padre sería, ni siquiera sabía si le había gustado Tommy y viceversa.
Charise meneó la cabeza.
–Será mejor que no nos precipitemos. żCuánto tiempo estuviste con él? żUna media hora llena de
emoción? Eso no nos dice nada, por mucho que te pareciera prometedor.
Rosemary fue hacia la cuna a ver a Tommy. Tenía los labios entreabiertos, como si tuviera el chupete en
la boca. Cada vez que lo miraba estaba más segura de que quería tener muchos hijos. Sólo necesitaba
encontrar el hombre adecuado para formar una familia.
–Tienes razón –dijo–. Morgan tiene que demostrar que ha cambiado. Sin un padre de verdad, cualquier
nińo se sentiría incompleto.
–Entonces estamos de acuerdo –respondió su amiga–. żQué piensas entonces de lo de la prueba de
paternidad?
–Yo me encargo. No te preocupes.
–A lo mejor deberíamos quedarnos… sólo hasta que estemos más seguras de él –con un suspiro, Charise
se acurrucó en la cama y cerró los ojos–. Quiero saber algo más del playboy millonario. Mucho más.
Rosemary dejó descansar a su amiga, la tensión no había hecho más que empezar.
Comprendía muy bien a Tommy, aunque aún no fuera lo bastante mayor para darse cuenta de que su
padre no vivía con él. Ella se había pasado veinticinco ańos preguntándose dónde estaría el suyo y por
qué las habría abandonado a su madre y a ella.
–żCómo te gustaría que fuese tu padre? –le preguntó al pequeńo en un susurro–. żTe gustaría que fuese
como Morgan Pierce? La verdad es que parecía que te gustaba.
El bebé siguió durmiendo. Rosemary sintió envidia de su tranquilidad. Morgan le había removido algo
por dentro, cada mirada suya la había hecho inquietar. Dios, aún le ardía la mano con la que le había
saludado. Qué cosa más extrańa.
–Bueno, carińo, a lo mejor tu papá es una especie de regalo de Navidad. Y quizá algún día yo consiga…
żEl qué? żUn hombre guapísimo al que le encanten los nińos? żUn hombre como Morgan Pierce?
Rosemary apoyó la cabeza en la cuna y cerró los ojos, acompasando la respiración a la de Tommy.
La despertó el timbre del teléfono de los ańos sesenta que había en la habitación. Tommy y Charise lo
oyeron también, así que agarró al nińo, le dijo a Charise que ella se encargaba de todo y contestó a la
llamada.
–żSeńorita Robbins? –dijo la voz de Morgan al otro lado.
El corazón le dio un vuelco.
–Llámame Rosemary.
Charise abrió un ojo.
–Rosemary –dijo él en tono más suave–. Sé que me dijiste que me llamarías tú, pero… Bueno, quería
volver a Tommy. Mi cocinera ha preparado algo de comida y me preguntaba si querrías venir conmigo a
hacer un clásico picnic.
Rosemary se mordió el labio para no sonreír.
–żQué es un clásico picnic?
–Ya lo verás.
–Has conseguido intrigarme –intentó recordar que el objetivo de la visita era Tommy, no… ninguna otra
cosa.
–żTe parece que os recoja a las doce?
Parecía contento, nada que ver con lo que habría esperado de un playboy.
–Sabes que voy a bombardearte a preguntas –advirtió ella.
–Puedes preguntarme lo que quieras. Soy un libro abierto.
“No como tú”, parecía dar a entender.
Pero ella tenía un buen motivo para no serlo. No quería que Tommy tuviera que sufrir por tener un mal
padre que acabara cansándose de él cuando dejara de ser una novedad.
–Pasa a buscarnos –dijo apretando al pequeńo contra su pecho. Luego colgó–. Quiere volver a ver a
Tommy.
Charise se incorporó en la cama y se llevó las manos a la boca.
–No te preocupes –le dijo Rosemary–. Voy a llegar al fondo de Morgan Pierce.
Capítulo 5
Morgan le había prometido a Rosemary un picnic al estilo clásico y eso era lo que iba a tener.
Después de recogerla en el motel, sentar a Tommy en su asiento de seguridad e ir hasta el rancho, Morgan los llevó
al patio. Allí, el olor de los abetos y el calor de los calentadores de exterior completaban una escena preparada con
una mesa servida con pollo frito, ensalada de patata, helado de vainilla casero y limonada.
–Esto no es todo –aseguró Morgan–. Aún tengo guardada alguna sorpresa.
–Hasta entonces, żestás preparado para responder a mis preguntas?
–Claro. Empieza cuando quieras.
Rosemary le acarició la cara a Tommy, que estaba ya sentado en una trona que Morgan había comprado esa misma
mańana. Al ver el carińo que sin duda había entre ambos, Morgan acercó su silla a ellos.
–żQuieres darle de comer? –le sugirió ella con el cuenco de cereales y plátano en la mano–. Te prometo que será lo
mejor del día.
Morgan no estaba seguro aún de si podía confiar en sus promesas; sobre todo porque se mostrara tan reacia a
contarle nada sobre la madre de Tommy. Finalmente decidió arriesgarse y aceptó el cuenco que ella le ofrecía; al
hacerlo le rozó la mano y sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
Ella retiró la mano rápidamente y se la llevó al pelo para apartarse un mechón.
–Que lo disfrutes.
–Allá vamos –se acercó un poco más a Tommy–. żTe acuerdas de mí?
El pequeńo le dedicó una luminosa sonrisa de querubín.
–żSabes cómo…? –le preguntó Rosemary, haciendo con la mano el movimiento que tenía que hacer él para dar de
comer al nińo.
–No puede ser muy difícil.
–Muy bien –Rosemary se recostó sobre el respaldo de la silla y lo observó con una sonrisa maliciosa en los labios.
Él cargó la cuchara.
–A lo mejor es demasiado –sugirió ella.
Morgan quitó un poco de la cuchara después de lanzarle una mirada burlona.
–La conversación del otro día me hizo pensar que estás abierto a formar una familia.
Él se encogió de hombros. Lo cierto era que, aunque los había conocido el día anterior, los había echado de menos
después de que se fueran de su casa. żQuería eso decir que estaba preparado para comprometerse con algo tan serio?
Claro que lo estaba. El simple recuerdo de Tommy agarrándole el dedo con su manita hacía que se sintiera más
completo de lo que se había sentido en toda su vida. Era irónico. Sin darse cuenta, Morgan Pierce había hecho algo
que merecía la pena: Tommy. No había sabido dónde tenía que buscar la felicidad, pero se había topado con ella.
Morgan hizo todo tipo de sonidos mientras acercaba la cuchara, pero al llegar allí, Tommy no abrió la boca. Por fin
consiguió que comiera un poco, pero fue más lo que cayó en el babero.
Se echó a reír y dijo:
–No he crecido en un ambiente con muchos nińos, la verdad. Mi padre siempre estaba viajando y mi madre,
trabajando en algún lugar.
–He leído en alguna parte que tu padre era jugador de fútbol americano y todo el mundo conoce a la actriz Lucrecia
Pierce. żQué hacías si nunca estaban en casa? –preguntó antes de tomar una cucharada de helado.
Morgan observó cómo disfrutaba del postre.
–Me volví un salvaje, eso es lo que hice. No había nadie cerca a quien le importara de verdad. Pensé que siempre
sería así, pero entonces me di cuenta de que la vida no tenía por qué ser una sucesión de estrenos y de fiestas. Ahora
me interesa más la calidad que la cantidad.
–Estrenos… –murmuró ella con una mirada ensońadora que enseguida se encargó de borrar.
Se le había quedado una gota de helado en el labio inferior. Morgan sintió que se apoderaba de él un intenso deseo,
una combinación de soledad y libido.
Se inclinó hacia ella, que abrió los ojos de par en par.
Capítulo 6
Rosemary seguía teniendo el sabor del helado de vainilla en la boca y la mirada de Morgan era cada vez
más intensa, una mirada que bajó de sus ojos para detenerse en sus labios.
Era la mirada de un hombre que deseaba besarla.
Sintió que se le aceleraba el pulso, el corazón le golpeaba las costillas. żEra eso lo que deseaba? żLa
prueba de que seguía intentando seducir a mujeres a las que apenas conocía?
żO acaso deseaba algo completamente distinto?
Él apoyó un brazo en la mesa del picnic, en su boca se adivinaba una versión más sutil de esa sonrisa
arrogante que había llegado a conocer tan bien en tan poco tiempo. Con la cabeza hecha un lío,
Rosemary tomó aire y cerró los ojos como anticipándose al momento.
Podía sentirlo a sólo unos centímetros de distancia. Sólo un breve espacio los separaba. Un susurro.
–Cuidado –dijo él con voz grave.
Ella siempre había tenido mucho cuidado, especialmente con hombres como Morgan Pierce. Con los
ojos entreabiertos vio cómo se acercaba su dedo índice y le rozaba los labios. La piel ardiente.
Sin pensarlo, Rosemary le agarró la muńeca, abrió los ojos de par en par, la piel le ardía de vergüenza.
Él le mostró el dedo manchado de helado.
–Eres peor que Tommy para comer.
–Mis modales dejan mucho que desear –aún le tenía agarrada la muńeca. Podía sentir el latido de sus
venas.
Morgan miró a su mano, sin duda le divertía que no fuera capaz de dejar de mirarlo. Ella lo soltó y puso
ambas manos sobre la mesa.
–No te preocupes –le dijo él–. A pesar de mi reputación, no voy a abalanzarme sobre ti. Durante mi
exilio voluntario he desarrollado cierta capacidad para controlarme.
Una lástima, pensó Rosemary. No, no, no. En realidad era algo muy bueno. Tommy necesitaba un padre
maduro que supiera controlarse.
–żY qué te hace pensar que yo esperaba que… te abalanzases? –le preguntó Rosemary.
Él se echó a reír y enarcó una ceja. Rosemary entreabrió los labios de manera instintiva y luego volvió a
cerrarlos.
Tenía la sensación de que aquel hombre podía percibir su deseo como si fuera un cartel de neón.
Un ligero sonido le recordó que Tommy estaba a menos de un metro. Agarró una servilleta y consiguió
que la mano dejara de temblarle lo suficiente para limpiarle la cara.
–żEs eso lo que más te preocupa? –preguntó Morgan–. żQue vuelva a mis costumbres salvajes?
–Se me ha pasado por la cabeza, sí.
–Está bien –se sentó con la espalda recta y se cruzó de piernas–. Empieza con las preguntas. No he
tenido ninguna aventura, ni he cometido ningún descuido desde… –hizo una pausa–. Desde que vi cómo
se marchitaban muchos de mis supuestos amigos. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que
lo que estaba haciendo no iba a llevarme a nada productivo, que iba camino de llegar a viejo sin haber
vivido nada de verdad.
–żEso fue suficiente para hacerte cambiar?
Su mirada se volvió dura.
–Vi a un hombre que se suponía era mi amigo tomar una sobredosis en una fiesta. Al día siguiente volvió
a hacerlo, pero esa vez la sobredosis fue letal. Eso fue suficiente para hacerme cambiar.
Rosemary dejó de limpiarle la cara a Tommy.
–Lo siento.
–No tanto como lo sentí yo –volvió a ponerse recto con actitud más relajada–. Así que todos esos
rumores que has oído sobre princesas y actrices… nada de nada. Todo eso se ha acabado.
Rosemary lo observó unos segundos en busca de alguna seńal que indicara que estaba mintiendo, pero
lo único que vio fue a un hombre que había pasado por algo que lo había hecho despertar. Un hombre
que había madurado.
–Puedo perfectamente adaptarme a la vida en familia; un hijo, una esposa –ańadió y luego se inclinó
hacia ella–. Ahora soy hombre de una sola mujer.
Rosemary sintió que se le secaba la boca.
–Bueno… żcrees que Tommy está preparado para una sorpresa? –preguntó él.
Capítulo 7
El pequeńo se había quedado completamente boquiabierto cuando Morgan le había presentado al
Camión 54.
Ahora Morgan estaba rodando por el suelo un precioso camión de bomberos para deleite de Tommy,
que no dejaba de reír y de mover los bracitos desde el regazo de Rosemary. Ella levantó la mirada al
cielo y observó las nubes de algodón, la tenue luz del atardecer.
Morgan no podía olvidar que ella había evitado que la besara y lo cierto era que tanta cautela lo había
dejado asombrado.
–żCuántos camiones tienes? –le preguntó ella después de ponerse un mechón de pelo detrás de la
oreja–. żVamos a poder verlos todos?
–Guau, vaya entusiasmo. Me temo que éste el único. El viejo Camión 54 necesitaba un hogar y no podía
negarme.
–La verdad es que a Tommy se le ha iluminado la mirada al verlo. Creo que le gusta el color rojo. Y la
escalera.
Morgan miró con ternura a su hijo. Sí, su hijo. La aparición de Tommy le había cambiado la vida en un
solo instante, igual que lo había hecho la sobredosis de su amigo.
–Bueno, si quiere más camiones de bomberos, los tendrá.
–żQué otras cosas coleccionas? –preguntó ella, inclinando la cabeza–. Quiero decir, ésta en concreto es
algo estrafalaria. Los hombres suelen preferir las Harleys o botellas de cerveza.
Morgan se echó a reír.
–Sinceramente, nunca se había ocurrido coleccionar nada. Supongo que nunca he estado en un sitio el
tiempo suficiente.
–Tomo nota –Rosemary le hizo cosquillas al bebé, que se rió encantado–. Un picnic clásico… desde luego
lo has conseguido.
–Muy bien, Rosemary –su nombre era dulce como el helado de vainilla que le había quitado de la boca–.
Creo que ya puedo hacerte alguna pregunta personal.
–Yo aquí no importo. Sólo debo decidir...
–… si seré un buen padre. Ya lo sé. Pero tenemos tiempo, así que, dame ese capricho.
No parecía nada segura al respecto.
–Me reservo el derecho a guardar silencio.
–Tomo nota –no pudo evitar estirar el brazo y acariciarle la cabecita a Tommy–. Me he fijado que eres
muy buena con este caballero. żQuieres tener hijos algún día?
Por un momento no supo si iba a contestar.
Pero lo hizo.
–Sí. Me encantan los nińos.
–Se te ve muy unida a Tommy –dijo a la vez que le apretaba la mano al pequeńo–. Es extrańo, pero a
veces se me pasa por la cabeza si realmente quieres que yo lo acepte.
–żPor qué habrías de rechazarlo?
–Cada vez que me lo das para que juegue con él o le dé de comer, es como si te quedaras medio vacía.
Como si lo echaras de menos aunque esté aquí mismo.
–Ya te he dicho que quiero tener hijos. Supongo que mi instinto maternal ha despertado.
–Eres joven. Tienes mucho tiempo.
Una imagen tentadora, aunque no deseada, apareció en su mente: Rosemary con un camisón de seda y
encaje, la cabeza echada hacia atrás, los ojos entreabiertos, igual que los había tenido cuando había
estado a punto de besarla. Desde luego estaba preparada para hacer hijos.
Quizá con él.
Morgan se obligó a sí mismo a volver a la realidad. Sintió sobre los hombros el peso de su mirada llena
de curiosidad, pero no se lo quitó.
–Bueno, dime. żTe parece que seré un buen padre? żHe pasado la prueba?
Capítulo 8
Después del picnic Rosemary seguía temblando.
La luz de la luna se colaba entre las cortinas de la habitación del motel mientras ella se paseaba de un
lado a otro. Charise tenía a Tommy en brazos y le estaba haciendo caras para que se riera.
–Relájate un poco –le recomendó su amiga–. Ha sido un buen día. Hemos averiguado muchas cosas de
Morgan Pierce y su currículum como padre cada vez tiene mejor aspecto.
–Sólo llevamos aquí dos días, Charise –le recordó Rosemary–. Aún no estoy convencida de que
realmente haya cambiado. żY si se le vuelve a encender la chispa salvaje y mańana mismo se marcha a
Mónaco?
Charise la miró con cara de preocupación.
–żCrees que es posible? żDe verdad? żEs eso lo que te dice la cabeza?
–No, es lo que me dicen las emociones, pero tienes razón, tengo que pensar con lógica, no con el
corazón.
Tommy se agitó un poco y su amiga se levantó para acunarlo de pie.
–Entonces el sentido común ya ha emitido su voto, pero żqué te dice el instinto? –le preguntó Charise.
Al ver a su amiga con el bebé en brazos, Rosemary sintió un dolor en el pecho. No podía defraudarlos
fiándose de sus alteradas emociones. Tommy era la prueba viviente de que escuchar al corazón en lugar
de a la cabeza tenía sus consecuencias.
Aunque en ese caso hubieran sido buenas.
–Aún no sé muy bien qué pensar de Morgan –respondió por fin–. La teoría dice que las personas nunca
cambian del todo, y tú más que nadie deberías sab...
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