República de Colombia
Corte Suprema de Justicia
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA
SALA DE CASACIÓN LABORAL
CARLOS ERNESTO MOLINA MONSALVE
Magistrado Ponente
SL 816 - 2013
Radicación n° 44701
Acta No. 38
Bogotá D.C., diecinueve (19) de noviembre de dos
mil trece (2013).
Se resuelve el recurso de casación interpuesto por el
apoderado
de
la
SOCIEDAD
ADMINISTRADORA
DE
FONDOS DE PENSIONES Y CESANTÍAS PORVENIR S.A.
contra la sentencia del 16 de octubre de 2009, proferida por
el Tribunal Superior de Cali, Sala de Descongestión Laboral,
dentro del proceso adelantado por MARÍA VICTORIA
MORENO contra la recurrente.
I. ANTECEDENTES
MARÍA VICTORIA MORENO, demandó en proceso
laboral a la SOCIEDAD ADMINISTRADORA DE FONDOS
DE
PENSIONES Y CESANTÍAS
PORVENIR S.A., en
Radicado N° 44701
procura de obtener el reconocimiento y pago de la pensión
de sobrevivientes, a partir del 13 de diciembre de 2000; lo
que resulte probado extra y ultra petita, y las costas y
agencias en derecho.
Como fundamento de tales pedimentos, esgrimió que
dependía económicamente de su hijo VICTOR HUGO
RAMÍREZ MORENO, quien falleció el 13 de diciembre de
2000; que al momento de su deceso estaba trabajando con
el Hotel DANN y que se encontraba afiliado a Porvenir S.A.;
que el causante no era casado ni tenía hijos, y que la
sociedad llamada a juicio le negó la prestación social, hoy
deprecada.
II. RESPUESTA DE LA DEMANDA
La
demandada,
al
dar
contestación
al
escrito
inaugural del proceso, se opuso a la prosperidad de todas
las
pretensiones.
Propuso
como
excepciones
las
de
prescripción, falta de causa en las pretensiones de la
demanda, inexistencia de la obligación, cobro de lo debido,
inexistencia de dependencia económica, buena fe y la que
denominó “innominada o genérica”.
En su defensa sostuvo, en suma, que no se dan los
supuestos jurídicos y fácticos para considerar que la actora
dependía económicamente del causante.
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Radicado N° 44701
III. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA
La Jueza Tercera Laboral del Circuito de Cali, puso fin
a la primera instancia con la sentencia de fecha 7 de
diciembre de 2007, en la que condenó a Porvenir S.A. a
reconocer
y
pagar
a
la
actora
una
pensión
de
sobrevivientes, a partir del 13 de diciembre de 2000, “con sus
mesadas retroactivas, adicionales e incrementos de ley, en forma
vitalicia, teniendo en cuenta la totalidad de cotizaciones al sistema
pensional en los dos regímenes”. Condenó en costas a la vencida.
IV. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA
Inconforme
con
la
anterior
determinación,
apeló
Porvenir S.A. y el Tribunal Superior del Distrito Judicial de
Cali, Sala de Descongestión Laboral, con la sentencia del 16
de octubre de 2009, confirmó íntegramente la decisión del
primer grado. Costas a “cargo de la parte demandante”.
Inicialmente, la Sala sentenciadora advirtió que no fue
motivo de controversia para la demandada: (i) que el
causante se afilió a la Administradora de Fondos de
Pensiones y Cesantías- Porvenir S.A. el 1º de mayo de 1999;
(ii) que falleció el 13 de diciembre de 2000; (iii) que a
reclamar la pensión de sobrevivientes se presentó la señora
MARÍA VICTORIA MORENO, en calidad de madre del occiso,
y (iv) que mediante escrito del 19 de septiembre de 2003, la
accionada negó el reconocimiento de la prestación pensional
anhelada, aduciendo la falta de demostración de la
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Radicado N° 44701
dependencia económica entre la reclamante con respecto al
causante.
Enseguida, el juzgador determinó que la norma que
regula el asunto bajo examen es la Ley 100 de 1993 en su
redacción original, “antes de ser modificada por las leyes 797 y
860 de 2003, por lo que debe ser aquella norma a la que se acuda para
verificar los presupuesto que debe cumplir la accionante para recibir el
beneficio pensional anhelado”.
Copió el artículo 47 de la Ley 100 de 1993, e infirió
que “como no fue objeto de discusión en el plenario, que el causante
había generado el derecho a la pensión al momento de su deceso y el
único requisito que debe cumplir la accionante y que precisamente se
debate en el proceso, es la dependencia económica de ésta para con
aquel”.
Refiriéndose al concepto de dependería económica,
recordó el Tribunal que “la jurisprudencia ha sostenido que es
distinto a la simple colaboración, ayuda o contribución que los hijos
pueden otorgar a sus padres, pues la correcta teleología de dicho
concepto, a partir de su significado natural y obvio, supone “la
necesidad de una persona del auxilio o protección de otra”. De suerte
que, en este orden de ideas, el beneficiario de dicha prestación tiene
que encontrarse subordinado o supeditado de manera cabal al ingreso
que le brindaba el causante para salvaguardar sus condiciones
mínimas de subsistencia”.
Igualmente, acotó que “la Corte Constitucional ha dicho que
la independencia económica se refiere <a tener la autonomía necesaria
para sufragar los costos de la propia vida, sea a través de la capacidad
laboral o de un patrimonio propio>, o a la posibilidad de que <dispone
un individuo para generarse un ingreso económico o disponer de una
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Radicado N° 44701
fuente de recursos que le permitan asumir las necesidad básicas, y
garantizarse una vida en condiciones dignas y justas>”.
Así, dijo que para poder acreditar la dependencia
económica, no es necesario demostrar la carencia total y
absoluta de recursos, “propio de una persona que se encuentra en
estado de desprotección, abandono, miseria o indigencia, sino que, por
el contrario, basta la comprobación de la imposibilidad de mantener el
mínimo existencial que les permita a los beneficiarios obtener los
ingresos indispensables para subsistir de manera digna o que dichas
condiciones de subsistencia digna, las bridaba el causante”.
También precisó el juez de alzada que la dependencia
económica no es absoluta ni total, “por ende puede que la
persona beneficiara del afiliado causante reciba ayuda de otra persona
para llevar una vida digna sin que ello desnaturalice el concepto de
dependencia económica, pues ciertamente, existen lasos (sic) afectivos
familiares, que a su vez implican obligaciones alimentarias, que llevan
a que varias personas, en el caso de los padres y los hijos, se auxilien
y protejan entre si”.
En sentir del juzgador la dependencia económica
estaba acreditada con las “declaraciones de las señoras MARÍA
EDILMA RAMÍREZ PATIÑO y CARMEN OFELIA BENAVIDES RAMOS (fls.
47 a 49) quienes fueron enfáticas al manifestar que la accionante y su
causante convivían en la misma casa de habitación y que fue el
causante, quien se encargaba de suminístrale (sic) a ésta todo lo
necesario para una subsistencia digna, pues se encargó de la
manutención de su madre, que comprende alimentación, vestuario,
salud y demás auxilios que requería, hasta la fecha de su deceso”.
Observó el fallador que el causante, “desde que se vinculó
con la entidad de previsión social accionada, registró a su progenitora,
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Radicado N° 44701
aquí demandante, como beneficiara de su pensión, lo que en los
términos del Art. 16 del Decreto 1889 de 1994, vigente para el
momento del insuceso, es indicio de la relación de dependencia
económica entre la señora MARÍA VICTORIA MORENO y el obitado”.
Sostuvo que el hecho de que la accionante haya
reconocido que también recibía ayuda de su hija para
sobrevivir, “no destruye el lazo de dependencia económica con el
causante, pues esa ayuda que recibía no se conjuga con el concepto
atrás expuesto de dependencia económica, al que se atiene la ayuda y
protección que el extinto RAMÍREZ MORENO brindaba a su madre
según las pruebas examinadas. Y aún, si dicha ayuda pudiera
constituir una verdadera dependencia económica, debe recordarse que
la norma en cuestión no exige exclusividad en la dependencia”.
Adujo que “otro tanto ocurre con lo dicho por el libelista y que
se convirtió en su caballito de batalla desde el inicio del proceso hasta
su final, incluyendo los motivos de apelación, cuando alude que el
hecho de que la reclamación de la pensión del causante se presentó
casi tres años después del fallecimiento, insinuando que de existir
dependencia económica, la gestora del proceso al verse desprovista de
sus sustento habría reclamado en menor tiempo o interpuesto esta
acción en fecha anterior; argumentos que no son de recibo, pues como
atrás se dijo, podía la accionante ser auxiliada por su otra hija sin que
ello afecte el requisito para acceder al derecho a la pensión. Además, la
dependencia debe revisarse al momento de la muerte y no posterior
(sic). Por ello, si luego del fallecimiento del hijo de la accionante, éste
recibió apoyo y ayuda de otros familiares, que pudieran constituir
dependencia económica, es una circunstancia que nada tiene que ver
con el verdadero sentido del Art. 47 de la ley 100 de 1993”.
Por último, manifestó que “si la parte accionada, no estaba
conforme con lo expuesto por las declarantes, debió haberlas
contrainterrogado o presentar otros testimonios que desvirtuaran su
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Radicado N° 44701
dicho, siendo este sujeto procesal quien incumplió sus cargas
probatorias y dejó vencer las oportunidades para controvertir las
pruebas válidamente arrimadas al legajo procesal, por lo que no es de
recibo que se valga del recurso de apelación para ello”.
V. EL RECURSO DE CASACIÓN
Porvenir S.A., con el recurso extraordinario, persigue,
según lo dijo en el alcance de la impugnación, que se CASE
la sentencia del Tribunal, para que, en sede de instancia, se
revoque la decisión de primer grado y, en su lugar, se le
absuelva de todo lo pedido en contra de ella.
Con tal propósito invocó la causal primera de casación
laboral y formuló un cargo, que no tuvo réplica.
VI. ÚNICO CARGO
Acusa
la
sentencia
recurrida
de
violar
la
ley
sustancial, por la vía indirecta, por aplicación indebida de
“los literales e) de los artículos 47 y 74 de la Ley 100 de 1993 y 16 del
Decreto 1889 de 1994, como consecuencia de la falta de aplicación de
los artículos 27, 28 y 31 del Código Civil, 174, 177, 194 y 195 del
Código de Procedimiento Civil, 1°, mod.l15, numerales 1° y 30, del
Decreto 2282 de 1989, 60 y 61 del Código de Procedimiento Laboral y
29 y 230 de la Carta Magna. (Según enseñanza reiterada de la H.
Sala, cuando un cargo se plantea por la vía indirecta, como ahora, la
falta de aplicación se equipara a la aplicación indebida)”.
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Radicado N° 44701
Asevera que los errores de hecho que cometió el fallo
acusado son los siguientes:
“1- No dar por demostrado, estándolo, que lo aportado por el de
cujus a su madre no tenía la cuantía o significancia suficiente para
considerar que existía una dependencia económica de ésta frente a su
hijo, Víctor Hugo Ramírez.
2- No dar por demostrado, estándolo, que como la señora Moreno
no estaba subordinada en materia económica a su hijo difunto, los
aportes de Víctor Hugo Ramírez sólo constituían un medio que
contribuía al mayor bienestar de su progenitora, pero de ninguna
manera eran la fuente que garantizaba su congrua subsistencia y, por
tanto, era obvio que Porvenir debía ser absuelta de todo lo pedido
contra ella.
3- Dar por cierto, sin serlo, que la señora María Victoria Moreno
dependía económicamente de su hijo Víctor Hugo a la fecha de su
deceso.
4- Dar por cierto, sin serlo, que Porvenir podía ser condenada a
erogar la pensión solicitada”.
Sostiene que el cargo entiende que el juzgador tuvo en
cuenta
todo
el
material
probatorio
incorporado
al
expediente para proferir su decisión y, por lo tanto, los
mencionados errores de hecho los cometió por la mala
apreciación de la carta del 1° de septiembre de 2003
dirigida por la señora María Victoria Moreno a Porvenir (fs.
157 y 158), el interrogatorio de parte absuelto por la señora
Moreno (fs.92 y 93, c. 1), y los testimonios de María Edilma
Patiño Ramírez (fs.47 y 48) y Carmen Ofelia Benavides
Ramos (fs.48 y 49).
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Radicado N° 44701
La censura, luego de hacer algunos planteamientos de
naturaleza jurídica y de copiar pasajes de la sentencia
fustigada controvierte las pruebas así:
1º) Carta del 1° de septiembre de 2003 dirigida por
la señora María Victoria Moreno a Porvenir S.A..
Para el recurrente, de lo manifestado por la actora en
dicho documento es dable inferir que “la ayuda que ella recibía
del difunto en la época de su óbito ascendía a la suma de $20.000 o
$30.000 mensuales, partida con la que, de ninguna manera, podía
configurarse una dependencia económica de la madre frente a su hijo
pues basta con comparar esa cifra con el salario mínimo legal mensual
vigente en diciembre de 2000 para encontrar que el aporte de Víctor
Hugo Ramírez equivalía, en el mejor de los casos, al 11,5% de dicho
salario mínimo”.
2º) Interrogatorio de parte de la demandante.
Sostiene la censura que la promotora del litigio dentro
del interrogatorio de parte que rindió, al formulársele la
tercera pregunta, es decir, si recibía alguna ayuda de su
hija, respondió: “No, desde que mi hijo el que falleció empezó a
trabajar, él siempre fue el que me ayudo (sic)”, pero “no afirma que esa
“ayuda” tuviera el carácter de subordinante y, dentro de ese
interrogatorio, tampoco hace alusión a que para solventar sus
necesidades básicas debiera contar, en forma imprescindible, con el
dinero de su hijo Víctor Hugo”.
En consecuencia, es notoria la superficialidad con la que el
Tribunal examinó estas pruebas del proceso al no hallar comprobado
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Radicado N° 44701
que como la señora Moreno, al momento de la muerte de su hijo, tan
sólo recibía $20.000 o $30.000 mensuales de éste (como se ha
reiterado múltiples veces), era indiscutible que ella podía sufragar una
vida digna aun sin recibir la ayuda del fenecido (e, incluso, sin la de su
hija Sandra Teresa que por su cuantía tampoco era relevante), lo que
lleva a afirmar, sin asomo de duda, que la señora María Victoria
Moreno no estaba supeditada en términos monetarios a lo proveído por
Víctor Hugo Ramírez”.
Añade que es ostensible que la ayuda que el causante
le brindaba a su madre no alcanzaba un monto que pudiera
reputarse como determinante para solventar “una vida digna
ni para generar una situación de sometimiento económico de ésta frente
al fallecido, de lo que puede inferirse, en forma incuestionable, que al
tenor de lo previsto por el literal c) de los artículos 47 y 74 de la Ley
100 de 1993, la señora Moreno no cumplía con las exigencias
establecidas en materia de dependencia económica para poder
favorecerse con la pensión que reclamó”, pues, “la filosofía inmersa en
el sistema de seguridad social lo que busca es mantener un nivel de
vida digno para las personas a quienes la ley señala como eventuales
beneficiarias de una pensión de sobrevivientes”.
Asevera que una “simple” colaboración no tiene la
facultad de dar origen a una subordinación, “reiterando hasta
el cansancio que lo entregado en forma periódica por el señor Ramírez a
su progenitora de ninguna manera podría entenderse como una partida
monetaria que conllevase un sometimiento económico, ya que es
incontrovertible que tal dinero ($20.000 o $30.000 mensuales) jamás
tendría la aptitud de garantizarle un sustento, ni siquiera el más
modesto”.
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Radicado N° 44701
3º) Sobre los testimonios de María Edilma Patiño
Ramírez (fs.47 y 48, c.1) y Carmen Ofelia Benavides
Ramos fs.48 y 49, c.1).
Sostiene el casacionista que “aunque son uniformes en lo
concerniente a la hipotética dependencia pecuniaria de la señora
Moreno frente a su hijo Víctor Hugo, al comparar esas versiones con lo
aseverado por la misma María Victoria Moreno en el documento que
obra a fs. 157 y 158, c. 1 (tema que ya se analizó a profundidad con
anticipación) es claro que distan diametralmente, pues la citada señora
Moreno, en contradicción con lo atestiguado, adujo que la ayuda
percibida de su hijo se elevaba a $20.000 o $30.000 mensuales, de lo
que inexorablemente debe concluirse que dada esa cuantía era
impensable que hubiera un sometimiento pecuniario frente al occiso, lo
que deja palmario el dislate del Tribunal al confirmar la condena
impartida contra Porvenir, olvidando su propia frase de que “el
beneficiario de dicha prestación tiene que encontrarse subordinado o
supeditado de manera cabal al ingreso que le brindaba el causante
para salvaguardar sus condiciones mínimas de subsistencia.”
VII. SE CONSIDERA
Se exhibe patente que no son objeto de controversia
entre las partes, los siguientes supuestos fácticos: (i) que
Víctor Hugo Ramírez Moreno, fue hijo de la demandante
señora María Victoria Moreno; (ii) que aquel falleció el 13 de
diciembre de 2000; (iii) que al momento de su deceso estaba
trabajando con el Hotel DANN, (iv) y que se encontraba
afiliado a Porvenir S.A.
Como se recuerda el juzgador de segundo grado,
confirmó la condena impuesta a Porvenir S.A., por estimar
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Radicado N° 44701
que se encontraba acreditado que la actora dependía
económicamente de su difunto hijo Víctor Hugo Ramírez
Moreno.
El
descontento
del
recurrente
con
la
sentencia
fustigada, estriba, en esencia, en que la sala sentenciadora
se equivocó en la valoración probatoria, toda vez “que lo
entregado en forma periódica por el señor Ramírez a su progenitora de
ninguna manera podría entenderse como una partida monetaria que
conllevase un sometimiento económico, ya que es incontrovertible que
tal dinero ($20.000 o $30.000 mensuales) jamás tendría la aptitud de
garantizarle un sustento, ni siquiera el más modesto”.
Pues bien, delimitado el meollo del asunto bajo
examen,
y
según
aflora
del
esquema
del
recurso
extraordinario, la Sala procede a estudiar los argumentos
que sustentan la disconformidad de la sociedad llamada a
juicio, no sin antes rememorar lo que de antaño ha
enseñado en torno a que cuando el ataque se endereza por
la vía de los hechos no es cualquier desatino del juzgador el
que da al traste con su proveído, sino únicamente aquél que
tenga la connotación de “manifiesto”.
El precedente carácter de “manifiesto” surge frente a
transgresiones
fácticas
patentes,
provenientes
de
desaguisados en el examen de los elementos de juicio que
conforman el haz probatorio, bien por haberlos apreciado
equivocadamente, ora por no haberlos estimado.
De suerte que no basta que el recurrente dé
explicaciones así sean razonables sobre los eventuales
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Radicado N° 44701
asertos erróneos del fallador, o que se limite a enfrentar sus
conclusiones con las de éste, sino que además de identificar
y demostrar el desacierto de hecho ostensible debe
acreditar, con base en el contenido de las pruebas, qué es lo
que ellas en verdad acreditan y su incidencia en la
equivocada resolución judicial.
1. Consideraciones previas.
1.1. De orden técnico.
El cuarto de los yerros de hecho denunciados,
reprocha la conclusión final del fallador, que no es más que
el resultado del análisis que culminó en la condena
impuesta.
Memórese que en aras de alcanzar el propósito de
quebrantar la decisión del Tribunal, lo que debe derruir el
recurrente en casación son las premisas fácticas y jurídicas
que soportan la condena o la conclusión absolutoria o
condenatoria que se combate. No resulta afortunado, en
perspectiva del fin perseguido, atacar la conclusión final,
cuando los pilares que la sostienen se encuentran a salvo
de la impugnación.
1.2.
En
torno
al
concepto
de
dependencia
económica de los padres respecto del hijo fallecido.
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Radicado N° 44701
Esta Sala de la Corte en sentencia del 18 de mayo de
2005, reiteró lo adoctrinado de antaño en cuanto a que la
ausencia de previsión legal que definiera el concepto de
dependencia económica imponía que éste debiera ser
entendido en su sentido natural y obvio, en el que depender
significa estar subordinado a una persona o cosa, o
necesitar una persona del auxilio o protección de otra.
En la providencia en precedencia, la Corporación
enseñó que “en este preciso campo de la pensión de sobrevivientes la
dependencia económica tiene el significado de subordinación o sujeción
de los padres respecto de la ayuda pecuniaria del hijo para subsistir.
Discernida en ese sentido, la dependencia económica no se configura
con una simple ayuda o colaboración que distingue la relación de los
buenos hijos con sus padres”.
En ese horizonte, insistió la Corte que no es de recibo
reclamar que “la dependencia de los padres en relación con el hijo,
para que haga radicar en aquéllos el derecho a la pensión de
sobrevivientes por la muerte de éste, sea absoluta, total o plena, que
descarte cualquier otra fuente de ingresos de los progenitores, siempre
que ésta no sea de tal entidad que los últimos pasen de subordinados
a tener la suficiente solvencia económica que les permita atender por sí
mismos sus necesidades”.
La anterior línea jurisprudencial fue reiterada en
decisión del pasado 24 de abril de 2013, radicación 43138,
en donde también se rememoró que la mera presencia de
un auxilio o ayuda monetaria del buen hijo, no siempre es
indicativo de una verdadera dependencia económica, y en
esta
eventualidad
no
se
cumplirían
las
previsiones
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Radicado N° 44701
señaladas en la ley, porque desaparecería esa relación de
subordinación
derivada
del
significado
del
vocablo
“depender” y del contenido de la misma preceptiva legal.
Entonces, la determinación de la consolidación o no de
la dependencia económica de los padres respecto de los
hijos es un asunto que debe ser analizado por los
juzgadores frente a los precisos contornos y especificaciones
del caso concreto.
2. De la plataforma probatoria denunciada como
indebidamente valorada.
2.1. La Carta del 1° de septiembre de 2003 dirigida
por la señora María Victoria Moreno a Porvenir S.A..
Para el recurrente, de lo manifestado por la actora en
dicho documento es dable inferir que “la ayuda que ella
recibía del difunto en la época de su óbito ascendía a la suma de
$20.000 o $30.000 mensuales, partida con la que, de ninguna manera,
podía configurarse una dependencia económica de la madre frente a su
hijo pues basta con comparar esa cifra con el salario mínimo legal
mensual vigente en diciembre de 2000 para encontrar que el aporte de
Víctor Hugo Ramírez equivalía, en el mejor de los casos, al 11,5% de
dicho salario mínimo”.
Pues bien, analizada la carta en precedencia en su
contexto y no trayendo apartes insulares, en sentir de la
Corte
Suprema
de
Justicia
no
se
evidencia
una
equivocación en la valoración del juez de segunda
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Radicado N° 44701
instancia, al menos, con un carácter de protuberante,
capaz de derruir lo concluido por el sentenciador.
La comunicación dice:
“(…) Que soy la madre del señor VICTOR (sic) HUGO RAMIREZ
(sic) MORENO, quien se identificaba con la cédula de ciudadanía (…)
fallecido el día 13 de diciembre de 2.000.
Que no trabajo de manera dependiente e independiente y
actualmente no recibo ningún tipo de pensión o jubilación por parte de
ninguna entidad ni privada ni del estado.
Que era mi hijo fallecido quién respondía económicamente por mi
sostenimiento, manutención y alimentación hasta la fecha de su
deceso.
Que durante los meses de julio a diciembre del año 2.000, que mi
hijo se encontraba laborando formalmente con una empresa el (sic)
nunca me desamparo (sic) con la ayuda que siempre me brindo (sic) en
sostenimiento, manutención, y alimentación y monetariamente de
$20.000,oo o $30.000,oo mensuales ya que era un maravilloso hijo.
Que durante los últimos años he vivido en compañía de mi hija
Sandra Teresa y su familia quién me ha brindado el apoyo para seguir
adelante y su ayuda monetaria es de un promedio de unos $15.000,oo
pesos, referente a mis otros hijos podría decirles que tengo que
mendigarles cualquier ayuda”.
Puesta la mirada atenta en la anterior documental,
fluye de manera cristalina que la demandante no limitó la
declaración en cuanto a que la ayuda de su hijo fuese
única y exclusivamente monetaria, esto es, que se
restringiera a reconocerle “$20.000,oo o $30.000,oo mensuales”,
16
Radicado N° 44701
como lo aduce la censura, sino que fue reiterativa en
aducir que su descendiente también respondía por su
“sostenimiento, manutención y alimentación”.
Con el fin de corroborar lo asentado, recuérdese que
el juez plural al analizar la prueba testimonial, afirmó que
las “declaraciones de las señoras MARÍA EDILMA RAMÍREZ PATIÑO y
CARMEN OFELIA BENAVIDES RAMOS (fls. 47 a 49) quienes fueron
enfáticas al manifestar que la accionante y su causante convivían en la
misma casa de habitación y que fue el causante, quien se encargaba
de suminístrale (sic) a ésta todo lo necesario para una subsistencia
digna, pues se encargó de la manutención de su madre, que
comprende alimentación, vestuario, salud y demás auxilios que
requería, hasta la fecha de su deceso”.
Así las cosas, al recurrente competía rebatir tales
inferencias, esto es, que el causante respondía por el
“sostenimiento, manutención y alimentación”
de su progenitora,
que no lo hizo, por lo que dicho colofón se mantiene
incólume y, con ello, el fallo conserva su presunción de
legalidad.
En esa dirección, debe reiterar la Corte que para la
prosperidad del recurso de casación es necesario y
riguroso
que
el
recurrente
controvierta
todos
los
fundamentos de hecho o de derecho en que se basa la
sentencia acusada, pues nada conseguirá si ataca
razones distintas de las expresadas por el Tribunal como
soporte de la decisión impugnada o apenas alguna de
ellas.
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Radicado N° 44701
Ante la orfandad argumentativa del cargo en el
aspecto señalado, que constituyó el báculo esencial del
fallo, se insiste, las conclusiones del Tribunal permanecen
incólumes como la presunción de legalidad que cobija la
sentencia.
Entonces, en sentir de la Corte el juez colegiado no
desoyó las voces objetivas de las pruebas citadas en
precedencia, puesto que lo que infirió de las mismas se
atiene a lo que efectivamente consigna cada una de las
probanzas.
2.2. Sobre la pregunta tercera y la respuesta del
interrogatorio de parte de la actora.
"PREGUNTA 3: Diga como es cierto si o no que para la fecha de
fallecimiento de su hijo usted recibía ayuda económica y material de su
hija SANDRA TERESA?.
"CONTESTO: No, desde que mi hijo el que falleció empezó a
trabajar, él siempre fue el que ayudo”.
Bien, en reiteradas oportunidades ha adoctrinado la
jurisprudencia de esta Corte que el interrogatorio de parte
no es un medio de convicción calificado en la casación del
trabajo, a menos que entrañe confesión.
Del análisis de la respuesta en precedencia, fuerza
concluir que no es posible inferir una confesión que
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Radicado N° 44701
demuestre el desacierto fáctico atribuido a la decisión del
fallador y autorice el quiebre de la sentencia acusada, en
la medida en que las mencionadas declaraciones no
versan sobre hechos personales que favorezcan a la
recurrente o que perjudiquen a la actora (artículo 195
Código de Procedimiento Civil).
2.3 De la prueba testimonial.
No es posible abordar su estudio, dado que no quedó
acreditado ningún error de hecho con alguna de las tres
pruebas calificadas en casación, esto es, el documento
auténtico, la confesión judicial y la inspección judicial,
conforme a la restricción legal contenida en el Art. 7° de
la L. 16 de 1969, norma que fue declarada exequible por
la Corte Constitucional en sentencia C-140 de 29 de
marzo de 1995.
Queda añadir, que el hecho de que el Tribunal le
otorgue mayor credibilidad a unos medios probatorios
que a otros, no constituye un desacierto evidente de
hecho, por motivo de que los sentenciadores de instancia
gozan de la potestad legal de apreciar libremente la
prueba, para formar su convencimiento con base en el
principio de la sana crítica (Art. 61 del CPT y SS, cuando
las inferencias del juzgador sean lógicas y aceptables, las
cuales quedan abrigadas por la presunción de legalidad.
19
Radicado N° 44701
De suerte que los jueces de instancia, conforme a
esa
potestad
decisión
en
legal,
aquellos
pueden
válidamente
elementos
fundar
probatorios
que
su
le
merezcan mayor persuasión y credibilidad, ya sea en
forma prevalente o excluyente de lo que surja entre una u
otra prueba, sin que esa escogencia razonada configure la
comisión de un yerro fáctico por la errada apreciación o
falta de valoración de tales probanzas.
3. Conclusión.
El ataque no logra acreditar que la actora era
autosuficiente. por tanto el juzgador de segundo grado no
incurrió en los dislates fácticos que le atribuye la
censura, cuando concluyó que, en este caso específico, la
ayuda del hijo fallecido cumplía con las previsiones
legales, y cuando, conforme a su libre convicción, coligió
que la causahabiente que se presentó a reclamar la
pensión
de
sobrevivientes,
en
efecto
dependía
económicamente de su hijo para la época en que ocurrió
el deceso.
En las condiciones que anteceden es oportuno
destacar, que si bien es cierto no todos los casos pueden
ser tratados bajo la misma perspectiva, sino atendiendo
sus especiales particularidades, la Sala precisa que la
ayuda económica del hijo respecto del padre, tiene que
servir para sobrellevar las cargas o gastos familiares, tales
como alimentación, vestuario, vivienda, salud, como aquí
20
Radicado N° 44701
lo infirió el fallador, a fin de poder derivar la dependencia
económica de que trata el artículo 47 de la Ley 100 de
1993.
Así, el cargo no se abre paso.
Como no hubo réplica, no hay méritos para imponer
costas EN EL RECURSO DE CASACIÓN.
En mérito de lo expuesto la Corte Suprema de
Justicia,
Sala
de
Casación
Laboral,
administrando
Justicia en nombre de la República de Colombia y por
autoridad de la Ley, NO CASA la sentencia del 16 de
octubre de 2009, proferida por el Tribunal Superior de
Cali, Sala de Descongestión Laboral, dentro del proceso
adelantado por MARÍA VICTORIA MORENO contra la
sociedad recurrente.
Sin costas.
21
Radicado N° 44701
Devuélvase el expediente al Tribunal de origen.
CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y PUBLÍQUESE.
CARLOS ERNESTO MOLINA MONSALVE
JORGE MAURICIO BURGOS RUIZ ELSY DEL PILAR CUELLO CALDERÓN
CLARA CECILIA DUEÑAS QUEVEDO RIGOBERTO ECHEVERRI BUENO
GUSTAVO HERNANDO LÓPEZ ALGARRA LUIS GABRIEL MIRANDA BUELVAS
22
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por depender económicamente de su hijo, corte ordena

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