EL/LA ADOLESCENTE Y SU FAMILIA
Adaptado de “Propuestas educativas” P.Ortega, R.Mínguez y P.Saura
Barcelona 2003
Ed. Ariel
Texto
¡Socorro, tengo un hijo adolescente! Es una expresión que más de un padre o de una
madre han manifestado con cierta preocupación. La transición de los adolescentes y los
jóvenes a la edad adulta está plagada de incertidumbre, de aciertos y de errores. Es el
tiempo de la duda, donde el chico o la chica vive en un constante vaivén de sus
pensamientos, sentimientos y comportamientos. El adolescente es la imagen siempre
viva del conflicto que busca una orientación, un criterio, una palabra de escucha,
de atención y de apoyo.
Si tiene un hijo/a adolescente piense, por un momento, que usted también lo ha sido.
Su adolescencia es distinta de la que usted vivió, por eso es importante tomar cierta
distancia afectiva, como si se tratase de alguien nuevo. ¡Ya quisiera que mi hijo/a fuera
o hiciera lo que a mí me gusta!, pero aspira a ser él mismo: Una persona, alguien. Deje
que su hijo sea un adolescente, porque tiene un montón de cosas pendientes que
ciertamente le reclaman: aprobar las asignaturas y sentirse acogido en el instituto; tener
amigos y no sentirse vigilado por sus padres; entender lo que le pasa y dar sentido a su
vida.
Puede tender a manifestarse como un despistado. No es un niño grande, ni tampoco
es un recién adulto. No sabe cómo desprenderse de su comportamiento a veces infantil,
pero también se encuentra raro a sí mismo actuando como un adulto. Mezcla en su vida
cotidiana tanto la seguridad que le proporciona su familia, como el deseo de
manifestarse ante los demás como una persona independiente, autosuficiente. Es niño y
es adulto, y también no es ninguna de las dos cosas. Deje que sea adolescente, aunque
parezca que imita lo que hacen sus amigos o se deja llevar por ellos.
El adolescente está condenado a ser adolescente, y no son pocos los que se muestran
sin criterio propio, confusos o atolondrados sin saber lo que quieren. Sin embargo, es
importante que los padres muestren mucha paciencia, no indiferencia, sobre lo que
hacen. Su hijo/a no es igual que sus amigos, es distinto a los otros adolescentes: hace
cosas bien y mal, pero no todo es bueno o malo. Tiene aspectos positivos, valores que
pide sean reconocidos. Son pocos los padres que reconocen en sus hijos los valores o
esfuerzos realizados. Piense por un momento que la autoestima de su adolescente
depende en gran medida del refuerzo y reconocimiento positivo de usted. Destacar lo
valioso de su hijo/a contribuye a perfilar su personalidad, a que germine y se
comprometa con sus capacidades más propias.
Quizá su hijo o su hija tenga problemas porque hace cosas raras como provocar,
oponerse a todo, ser inestable (pasa de la euforia a la melancolía en un segundo), por
tanto se muestra como un extremista en sus pensamientos y en sus actuaciones. No se
preocupe, no añada más problemas a los que ya tiene encima: descubrir lo que es
importante en su vida y lo que no lo es. A veces su hijo adolescente se muestra
nervioso, inquieto, impaciente. Es importante que alguien de su confianza (por ejemplo
usted como padre o madre) mantenga un tono afectivo sereno, acogedor, tranquilo. El
adolescente necesita que le hagan descubrir lo que tiene valor en la vida y lo que es
superfluo. Por eso hace cosas que unas veces están bien y otras están mal. Subraye lo
que realmente tiene importancia para él y evite los mensajes pretenciosos o profecías
malintencionadas. Necesita confianza, que le reconozcan sus cualidades o valores
personales (lo positivo de él o ella).
Es probable que su hijo corra riesgos (beber, fumar, amistades peligrosas, etc.). Los
adolescentes normalmente construyen su personalidad por oposición y por imitación. Al
querer ser ellos mismos, hacen y piensan de distinto modo que los que están a su
alrededor (por ejemplo usted mismo). A la vez, tienden a copiar y a repetir estilos de
conducta que han aprendido de sus mayores (de sus profesores, familiares o famosos).
Hace cosas que usted también ha hecho. Así pues manifiesta, con bastante frecuencia,
las contradicciones de las personas con las que convive diariamente y las que percibe de
su entorno social. Sin recurrir a la falsa imagen de “víctima”, necesita proyectos que le
ilusionen, pequeñas dosis de sentido que orienten su conducta, a lo que tendrá que
aportar esfuerzo, sacrificio, tenacidad, actitudes que, en definitiva, le hacen ser persona.
Es algo habitual en los adolescentes plantear preguntas a sus padres que no pueden
responderlas inmediatamente. Saben bien cómo “comprometerlos” en los momentos
más inoportunos, “buscarles las cosquillas” o ponerlos en evidencia allí donde más les
duele. Y da la impresión de que lo hacen con intención de provocar situaciones
extremas (como desquiciamiento, exasperación, relaciones tensas y delicadas). Para que
estas circunstancias “límite” no se resuelvan de modo adverso, es necesario adoptar un
tono sereno de no estar en posesión de saberlo todo, de carecer de la mejor respuesta
para todo. Los adolescentes buscan en sus padres personas flexibles pero no blandas,
cariñosas pero sin ningún rastro de hipocresía. Por eso necesitan saber a qué atenerse,
tener conciencia de los límites de su conducta y de las normas que existen en su hogar
para que sea posible la convivencia.
No espere que el tiempo arregle por sí solo los conflictos que usted tiene con su hijo
o hija adolescente. Él tiene un objetivo claro: Ser una persona adulta. Conseguirlo es
fruto de un largo proceso de aprendizaje en el que necesita gestionar los problemas en
un mundo cargado de problemas. Y para ello usted necesita “perder tiempo” con su
hijo, es decir, escucharle y dialogar con él, enterarse de qué va por la vida, saber lo que
busca, y ayudarle a que tenga sentido lo que hace y piensa.
1. Primeras impresiones, sentimientos o ideas que más les ha llamado la atención
tras la lectura del texto anterior. El conflicto no es algo negativo que deba
ocultarse porque genera tensión y distanciamiento, sino que es una espléndida
ocasión para el fortalecimiento de las relaciones interpersonales, contribuyendo
a la mejora de la convivencia en familia.
2.
a. Identifiquen claramente las situaciones problemáticas más importantes y
preocupantes para ustedes.
b. Intenten analizar, a su juicio, las causas que determinan la conflictividad
de cada problema.
c. Discutan sobre posibles soluciones y las consecuencias que implicaría la
aplicación de las mismas.
d. Lleguen a un acuerdo sobre las soluciones más adecuadas. Es
conveniente que los acuerdos tomados sean asumidos conjuntamente.
3. ¿Cómo es mi relación con mi hijo adolescente? Uno de los puntos más
complicados en la relación entre padres e hijos adolescentes es el estilo de
conducta que se establecen entre ambos.
a. Califique el estilo de conducta que normalmente establece con su hijo.
b. ¿Está satisfecho del estilo de conducta que mantiene con él?.
c. ¿Cómo cree que su hijo percibe las relaciones con usted? ¿Está
satisfecho? ¿En qué aspectos mejoraría?
4. ¿Cuál es la imagen de mi hijo adolescente? A veces los padres mantienen una
idea de su hijo que escasamente se ajusta a la realidad.
a. ¿Sería capaz de describir cómo es su hijo adolescente? (Aspectos
positivos y negativos, sus valores, sus capacidades, sus preocupaciones,
etc.). Resuma la imagen de su hijo que, en lo posible, delimite sus
valores o cualidades positivas.
b. ¿Es consciente su hijo de la imagen que usted tiene de él? ¿Es aceptada
por él?
c. ¿En qué medida coincide la imagen que tiene de su hijo con la que él
tiene de sí mismo?
5. Propuestas de mejora: Resuma en unas frases cortas las principales ideas que ha
obtenido, para mejorar las relaciones interpersonales con su hijo o su hija.
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