DERECHO AL RECURSO
Ver Voces :
Tribunal: Corte Suprema de Justicia de la Nación(CS)
Fecha: 07/04/1995
Partes: Giroldi, Horacio D. y otro.
Publicado LA LEY 1995-D, 462, con nota de Lino Enrique Palacio - Colección de
en:
Análisis Jurisprudencial Derecho Constitucional - Director: Daniel Alberto
Sabsay, Editorial LA LEY 2005, 132, con nota de Pablo Luis Manili Colección de Análisis Jurisprudencial Derecho Constitucional - Director:
Alberto Ricardo Dalla Via, Editorial LA LEY 2002, 462, con nota de Andrea
Piesco - DJ 1995-2, 809 - Colección de Análisis Jurisprudencial Elems. de
Derecho Penal y Procesal Penal - Andrés José D'Alessio, 406
Cita Fallos Corte: 318:514
Fallos de la Corte Premium
Historia Directa
Instancia previa:
Giroldi, Horacio - Cámara Nacional de Casación Penal, sala I(CNCasacionPenal)(SalaI)
Sentido del pronunciamiento: Revoca la sentencia de la instancia previa
Vía Procesal
Jurisdicción y competencia: Por apelación extraordinaria
Tipo de recurso: Queja
Tipo de acción o proceso: Penal
Control de Constitucionalidad
Art. 14, ley 48
Resultado: INCONSTITUCIONAL
Norma analizada: NACI - PODER LEGISLATIVO NACIONAL (P.L.N.), LEY 23.984, art.
459, inc. 2
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HECHOS:
Un tribunal oral de la Capital Federal condenó al imputado a la pena de un mes de prisión
en suspenso. Contra dicho pronunciamiento, la defensa interpuso recurso de casación,
fundándose a los fines de su admisibilidad, en la inconstitucionalidad del art. 459, inc. 2°
del Cód. Procesal Penal por contrariar el derecho a la doble instancia consagrado por la
Convención Americana sobre Derechos Humanos. Rechazado el recurso, se interpuso el
remedio federal, cuya denegación dio origen a la queja. La Corte Suprema de Justicia de
la Nación dejó sin efecto el pronunciamiento
SUMARIOS:
1. -Corresponde declarar la inconstitucionalidad de lo dispuesto por el inc. 2° del art.
459 del Cód. Procesal Penal de la Nación, en cuanto veda la admisibilidad del
recurso de casación contra las sentencias de los tribunales en lo criminal en razón
del monto de la pena, en tanto ella no resulta adecuada a la exigencia de doble
instancia contenida en el art. 8, inc. 2°, apartado h) de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos (Adla, XLIV-B, 1250).
2. - La Cámara Nacional de Casación Penal ha sido creada para conocer, por vía de
los recursos de casación e inconstitucionalidad, de las sentencias que se dicten,
sobre los puntos que hacen a su competencia, tanto de los tribunales orales en lo
criminal como en lo correccional
3. - El recurso extraordinario no constituye un remedio eficaz para la salvaguarda de
la garantía de la doble instancia que debe observarse dentro del marco del
proceso penal, como garantía mínima para toda persona inculpada de delito.
4. - Como órgano supremo de uno de los poderes del Gobierno Federal, le
corresponde a la Corte Suprema, en la medida de su jurisdicción, aplicar los
tratados internacionales a que el país está vinculado, ya que lo contrario podría
implicar responsabilidad de la Nación frente a la comunidad internacional.
TEXTO COMPLETO:
Opinión del Procurador General de la Nación.
I. El Tribunal Oral en lo Criminal N° 6 de la Capital Federal, condenó a Horacio D. Giroldi y
a Raúl B. Hatchondo, a la pena de 1 mes de prisión de cumplimiento en suspenso como
coautores de tentativa del delito de robo simple (arts. 26, 29 inc. 3°, 42, 44, 45 y 164, Cód.
Penal).
A fs. 126/132 la Defensora Oficial interpuso recurso de casación, el que fue concedido a
fs. 114.
La apelante en aquella instancia, fundó sus agravios en la violación a las garantías del
debido proceso y la defensa en juicio (art. 18, Constitución Nacional) en que habría
incurrido el Tribunal Oral en lo Criminal, al no observar las formas sustanciales del juicio
relativas a la acusación, defensa y sentencia, lesionando, además, las disposiciones
concernientes a la asistencia y representación del imputado (art. 167, incs. 2° y 3°, Cód.
Procesal Penal de la Nación), defectos que, a su criterio, conllevan la nulidad de la
sentencia y que consideró enmarcados dentro de las previsiones de los dos incisos del
art. 456 del Código adjetivo para la habilitación de la vía casatoria.
En cuanto a la procedencia formal de aquel recurso, sostuvo que el límite establecido en
el inc. 2° del art. 459 del Cód. Procesal Penal, no resulta aplicable en situaciones en las
que, como en el caso, se encuentra gravemente afectada la garantía de defensa en juicio
y donde se han conculcado principios básicos del debido proceso referidos a la necesaria
intervención del acusador y la defensa.
Subsidiariamente, planteó la inconstitucionalidad de la referida norma procesal, ya que, a
su criterio, el límite que establece lesiona el principio de igualdad ante la ley (art. 16,
Constitución Nacional), argumentando a este respecto que un condenado a 7 meses de
prisión por un delito correccional puede recurrir en casación, en tanto que a otro
condenado a igual pena por un tribunal en lo criminal, le está vedado acceder a aquella
vía recursiva.
Sostuvo, por último, que el límite del art. 459, inc. 2° del Cód. adjetivo, restringe la plena
vigencia de las normas constitucionales que hacen a la garantía del debido proceso y a la
defensa en juicio (art. 18, Constitución Nacional), al impedir la Cámara Nacional de
Casación Penal examinar cuestiones que afectan derechos de raigambre constitucional
por razones de monto de penas, máxime cuando el art. 8, inc. 2°, apart. h) del Pacto de
San José de Costa Rica, garantiza a todo imputado el derecho de recurrir ampliamente el
fallo ante un tribunal superior.
II. La Cámara Nacional de Casación Penal resolvió, con fecha 22 de setiembre de 1993,
rechazar el planteo de inconstitucionalidad del art. 459, inc. 2° del Cód. Procesal Penal de
la Nación y declaró inadmisible el recurso de casación que fuera concedido por el Tribunal
Oral en lo Criminal N° 6.
Contra dicho pronunciamiento el Defensor Oficial ante la Cámara de Casación, interpuso
recurso extraordinario, cuya denegatoria dio origen a la articulación de esta queja.
Sustancialmente, la cuestión se presenta análoga a la planteada en la causa "Martini,
Simón A. s/robo y atentado a la autoridad" (M.820, XXIV), en la que tuve oportunidad de
dictaminar con fecha 1 de febrero del corriente año, y donde propicié la declaración de
inconstitucionalidad del art. 459, inc. 2° del Cód. de Proced. en Materia Penal, en cuanto
limita la posibilidad de recurrir en casación de la sentencia del tribunal oral en lo criminal,
que impone una pena inferior a los 3 años de prisión; a lo que debo añadir que, en dicho
dictamen, fueron tenidos en cuenta los argumentos esgrimidos por la Cámara Nacional de
Casación Penal en la sentencia que aquí se recurre.
Ello así, corresponde, en honor a la brevedad, que me remita, en lo pertinente, a los
fundamentos de aquel dictamen, evitando incurrir en innecesarias repeticiones.
III. Por lo expuesto, opino que V.E. debe hacer lugar a la queja revocando la sentencia
apelada y que, en consecuencia, corresponde declarar la inconstitucionalidad del art. 459,
inc. 2° del Cód. de Proced. en Materia Penal, a fin de que la Cámara Nacional de
Casación Penal trate los agravios respectivos de acuerdo con lo expuesto. -- Marzo 20 de
1995. -- Angel N. Agüero Iturbe.
Buenos Aires, abril 7 de 1995.
Considerando: 1. Que el Tribunal Oral en lo Criminal N° 6 de la Capital Federal condenó a
Horacio D. Giroldi a la pena de 1 mes de prisión en suspenso, como autor penalmente
responsable del delito de robo simple en grado de tentativa. Contra dicho
pronunciamiento, la defensora oficial interpuso recurso de casación.
Sostuvo, en cuanto al fondo del litigio, que la sentencia del tribunal oral violaba la garantía
de la defensa en juicio. Consideró, además, a fin de fundar la admisibilidad del
mencionado recurso, que era inconstitucional el límite impuesto por el art. 459, inc. 2° del
Cód. Procesal Penal de la Nación, por contrariar lo dispuesto en el art. 8° inc. 2°, apart. h)
de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que otorga a toda persona
inculpada de delito el derecho "...de recurrir del fallo ante juez o tribunal superior".
2. Que la Cámara Nacional de Casación Penal (sala I) rechazó el planteo de
inconstitucionalidad y, en consecuencia, declaró inadmisible el recurso de casación. Para
llegar a ese resultado, el a quo invocó, en lo que interesa, el caso "Jáuregui" (Fallos:
311:274), en el que esta Corte resolvió que el requisito de la doble instancia judicial en
materia penal quedaba satisfecho con la posibilidad de interponer el recurso
extraordinario previsto en el art. 14 de la ley 48. Contra el pronunciamiento de la Cámara
de Casación, la defensa interpuso recurso extraordinario, cuya denegación dio origen a la
presente queja,
3. Que el recurso es admisible en tanto se ha puesto en tela de juicio la validez de una ley
nacional por ser contraria a normas de la Constitución Nacional y de un tratado
internacional al que ella hace referencia, y la decisión ha sido adversa al derecho fundado
en estas últimas (art. 14, inc. 3°, ley 48).
4. Que el a quo sostuvo que: "Por virtud de los límites objetivos fijados en los arts. 458 a
462 del Cód. Procesal Penal no hay posibilidad de recursos de casación ni
inconstitucionalidad... y la causa ha fenecido en instancia única, por lo que su sentencia
es final y contra ella cabe el recurso extraordinario de apelación".
5. Que la reforma constitucional de 1994 ha conferido jerarquía constitucional a varios
acuerdos internacionales (art. 75, inc. 22, párr. 2°, entre ellos la Convención Americana
sobre Derechos Humanos que, en su ya recordado art. 8°, párr. 2°, inc. h, dispone que
toda persona inculpada de delito tiene derecho "de recurrir del fallo ante juez o tribunal
superior".
6. Que en virtud de lo expuesto corresponde determinar si dentro del ordenamiento
procesal penal existen el órgano y los procedimientos para dar adecuada satisfacción a la
garantía constitucional antes invocada. En ese sentido, la inexistencia de recursos en la
ley de rito ha conducido al a quo a sostener que la sentencia del tribunal oral era
susceptible del recurso extraordinario ante esta Corte, sobre la base del precedente
"Jáuregui" (citado).
7. Que en el caso antedicho, el tribunal consideró que el requisito previsto en el ya
señalado art. 8°, párr. 2°, inc. h, de la Convención se hallaba satisfecho por la existencia
del recurso extraordinario federal ante este tribunal (Fallos: 311:274, consid. 6° del voto
de la mayoría, 7° del voto del juez Caballero y 6° del voto del juez Petracchi).
Sin embargo, las reglas y excepciones que en aquella época determinaban la
competencia apelada de la Corte Suprema sufrieron modificaciones a partir de la reforma
introducida en el año 1990 por la ley 23.774, que otorgó al tribunal la facultad de rechazar,
por la sola aplicación del art. 280 del Cód. Procesal Civil y Comercial de la Nación,
recursos extraordinarios por falta de agravio federal suficiente o cuando las cuestiones
planteadas resultaren insustanciales o carentes de trascendencia.
8. Que en tales condiciones puede sostenerse hoy con nuevos fundamentos que, en
hipótesis como la de autos, el recurso extraordinario no constituye un remedio eficaz para
la salvaguarda de la garantía de la doble instancia que debe observarse dentro del marco
del proceso penal como "garantía mínima" para "toda persona inculpada de delito" (art. 8°,
párr. 2°, apart. h, Convención).
9. Que, asimismo, las reformas introducidas por las leyes 23.984 y 24.050 respecto de los
distintos órganos judiciales que conforman los "tribunales inferiores" de la Justicia
nacional (art. 75, inc. 20, Ley Fundamental), incluyeron la creación de la Cámara Nacional
de Casación Penal.
Esta circunstancia modificó la organización del Poder Judicial de la Nación existente para
la época en que fue fallado el caso "Jáuregui" --que no contemplaba un "tribunal
intermedio" entre la Corte Suprema y las Cámaras Nacionales o Federales de Apelación--.
La Cámara Nacional de Casación Penal ha sido creada, precisamente, para conocer, por
vía de los recursos de casación e inconstitucionalidad --y aun de revisión-- de las
sentencias que dicten, sobre los puntos que hacen a su competencia, tanto los tribunales
orales en lo criminal como los juzgados en lo correccional.
10. Que lo expuesto determina que la forma más adecuada para asegurar la garantía de
la doble instancia en materia penal prevista en la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (art. 8°, inc. 2°, apart. h), es declarar la invalidez constitucional de la limitación
establecida en el art. 459, inc. 2 del Cód. Procesal Penal de la Nación, en cuanto veda la
admisibilidad del recurso de casación contra las sentencias de los tribunales en lo criminal
en razón del monto de la pena.
11. Que la ya recordada "jerarquía constitucional" de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos (consid. 5°) ha sido establecida por voluntad expresa del
constituyente, "en las condiciones de su vigencia" (art. 75, inc. 22, párr. 2°, esto es, tal
como la Convención citada efectivamente rige en el ámbito internacional y considerando
particularmente su efectiva aplicación jurisprudencial por los tribunales internacionales
competentes para su interpretación y aplicación.
De ahí que la aludida jurisprudencia deba servir de guía para la interpretación de los
preceptos convencionales en la medida en que el Estado Argentino reconoció la
competencia de la Corte Interamericana para conocer en todos los casos relativos a la
interpretación y aplicación de la Convención Americana (confr. arts. 75, Constitución
Nacional, 62 y 64 Convención Americana y 2°, ley 23.054).
12. Que, en consecuencia, a esta Corte, como órgano supremo de uno de los poderes del
Gobierno Federal, le corresponde --en la medida de su jurisdicción-- aplicar los tratados
internacionales a que el país está vinculado en los términos anteriormente expuestos, ya
que lo contrario podría implicar responsabilidad de la Nación frente a la comunidad
internacional. En tal sentido, la Corte Interamericana precisó el alcance del art. 1° de la
Convención, en cuanto los Estados parte deben no solamente "respetar los derechos y
libertades reconocidos en ella", sino además "garantizar su libre y pleno ejercicio a toda
persona sujeta a su jurisdicción". Según dicha Corte, "garantizar" implica el deber del
Estado de tomar todas las medidas necesarias para remover los obstáculos que puedan
existir para que los individuos puedan disfrutar de los derechos que la Convención
reconoce. Por consiguiente, la tolerancia del Estado a circunstancias o condiciones que
impidan a los individuos acceder a los recursos internos adecuados para proteger sus
derechos, constituye una violación del art. 1.1 de la Convención (opinión consultiva N°
11/90 del 10 de agosto de 1990 --"Excepciones al agotamiento de los recursos internos"
párr. 34--). Garantizar entraña, asimismo, "el deber de los estados parte de organizar todo
el aparato gubernamental y, en general, todas las estructuras a través de las cuales se
manifiesta el ejercicio del poder público, de manera tal que sean capaces de asegurar
jurídicamente el libre y pleno ejercicio de los derechos humanos" (íd., parág. 23).
13. Que síguese de lo expresado, que la solución que aquí se adopta permite, desde el
punto de vista de las garantías del proceso penal, cumplir acabadamente los
compromisos asumidos en materia de derechos humanos por el Estado nacional a la vez
que salvaguarda la inserción institucional de la Cámara Nacional de Casación Penal en el
ámbito de la Justicia federal y respeta el sentido del establecimiento de órganos judiciales
"intermedios" en esa esfera, creados para cimentar las condiciones necesarias para que
el tribunal satisfaga el alto ministerio que le ha sido confiado sea porque ante ellos pueden
encontrar las partes la reparación de los perjuicios irrogados en instancias anteriores, sin
necesidad de recurrir ante la Corte Suprema, sea porque el objeto a revisar por ésta ya
sería un producto seguramente más elaborado (Fallos: 308:490 --La Ley, 1986-B, 476--,
consid. 5°, con cita del Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, período de 1901,
Congreso Nacional, Buenos Aires, 1961).
Por ello, habiendo dictaminado el Procurador General, se declara procedente la queja y el
recurso extraordinario y se deja sin efecto el pronunciamiento apelado. Acumúlese al
principal y devuélvase al tribunal de origen, a fin de que, por quien corresponda, se dicte
un nuevo fallo conforme a lo resuelto en el presente. -- Julio S. Nazareno. -- Eduardo
Moliné O'Connor. -- Carlos S. Fayt. -- Augusto César Belluscio. -- Enrique S. Petracchi. -Antonio Boggiano.
Ver Voces :
Tribunal: Corte Suprema de Justicia de la Nación(CS)
Fecha: 14/10/1997
Partes: Arce, Jorge D.
Publicado LA LEY 1997-F, 697, con nota de Agustín - LA LEY 1998-A, 326, con nota de
en:
F.J.D. - Colección de Análisis Jurisprudencial Derecho Constitucional Director: Daniel Alberto Sabsay, Editorial LA LEY 2005, 325, con nota de
Marta Susana Maldonado - DJ 1998-1, 404
Cita Fallos Corte: 320:2145
Fallos de la Corte Premium
Vía Procesal
Jurisdicción y competencia: Por apelación extraordinaria
Tipo de recurso: Extraordinario federal
Tipo de acción o proceso: Penal
Control de Constitucionalidad
Art. 14, ley 48
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HECHOS:
Un tribunal oral en lo criminal condenó a dos personas a las penas de cinco y seis años
de prisión respectivamente. El fiscal interpuso recurso de casación, mediante el cual
controvirtió la limitación que le impone el art. 458 del Cód. Procesal Penal para deducir
ese recurso. La Cámara Nacional de Casación Penal lo declaró mal concedido. Contra
esa decisión, se interpuso recurso extraordinario. La Corte Suprema de Justicia de la
Nación declaró admisible el remedio federal y confirmó la sentencia apelada.
SUMARIOS:
1. El adecuado respeto a la garantía del debido proceso sólo exige que el litigante
sea oído con las formalidades legales y no depende del número de instancias que
las leyes procesales, reglamentando esta garantía constitucional, establezcan
según la naturaleza de las causas. Esta regla ha quedado limitada por la reforma
constitucional de 1994, que consagra expresamente el derecho del inculpado de
"recurrir del fallo ante juez o tribunal superior" (confr. art. 8° párr. 2°, inc. h,
Convención Americana sobre Derechos Humanos -Adla, XLIV-B, 1250-).
2. De la conjunción entre el art. 8°, párr. 2°, inc. h) de la Convención Americana de
Derechos Humanos (Adla, XLIV-B, 1250) --que establece que "... Durante el
proceso toda persona tiene derecho, en plena igualdad, a las siguientes garantías
mínimas: ... derecho de recurrir del fallo ante el juez o tribunal superior" y el art. 14
inc. 5° del Pacto Internacional de Derechos Civil y Políticos (Adla, XLVI-B, 1107) -según el cual "Toda persona declarada culpable de un delito tendrá derecho a que
el fallo condenatorio y la pena que se le haya impuesto sean sometidos a un
tribunal superior conforme lo prescripto por la ley--, surge que la garantía del
derecho de recurrir ha sido consagrada sólo en beneficio del inculpado. Por ello,
en tanto el Ministerio Público es un órgano del Estado, y no es el sujeto
destinatario del beneficio, no se encuentra amparado por la norma con rango
constitucional, sin que ello obste a que el legislador, si lo considera necesario, le
conceda igual derecho.
3. La limitación de la facultad de recurrir las sentencias al ministerio público cuando
se verifique uno de los supuestos del art. 458 del Cód. Procesal Penal, no puede
considerarse inconstitucional en la medida en que, en las particulares
circunstancias del caso no se demuestre que se afectó la validez de otras normas
constitucionales.
4. A los fines de establecer el sentido de la voz "persona" enunciada en el art. 8°,
párr. 2° de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Adla, XLIV-B,
1250), es válido recurrir al Preámbulo y al art. 1° del citado ordenamiento, los
cuales establecen que "persona" significa todo ser humano. Ello en virtud de la
aplicación, por un lado, de la pauta de hermenéutica según la cual cuando una ley
es clara y no exige mayor esfuerzo interpretativo no cabe sino su directa aplicación
y, por el otro, del principio conforme el cual las garantías emanadas de los tratados
sobre derechos humanos debe entenderse en función de la protección de los
derechos esenciales del ser humano y no para beneficio de los Estados
contratantes.
5. El principio de la igualdad de todas las personas ante la ley, según la ciencia y el
espíritu de nuestra Constitución, no es otra cosa que el derecho que no se
establezcan excepciones o privilegios que excluyan a unos de lo que se concede a
otros en iguales circunstancias, de donde se sigue forzosamente que la verdadera
igualdad consiste en aplicar en los casos ocurrentes la ley según las diferencias
constitutivas de ellos.
6. La procedencia del recurso extraordinario exige un agravio concreto y actual, por
lo que corresponde desestimarlo cuando se base en consideraciones generales
sin contener una mínima referencia a las constancias de la causa que permitan
inferir que en autos se ha configurado una situación de tal naturaleza.
TEXTO COMPLETO:
Buenos Aires, octubre 14 de 1997.
Considerando: 1. Que contra la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal N° 15 que
condenó a Jorge D. Arce y a Pablo A. Miranda o José A. Gramajo a las penas de cinco y
seis años de prisión respectivamente, la fiscal ante dicho tribunal interpuso recurso de
casación mediante el cual controvirtió la aplicación del art. 458 del Cód. Procesal Penal de
la Nación, en cuanto impide al Ministerio Público deducir ese recurso cuando, como en el
caso, se da alguna de las situaciones previstas en los incs. 1° ó 2° de esa norma.
2. Que la Cámara Nacional de Casación Penal declaró erróneamente concedido el
recurso de casación y resolvió, con apoyo en precedentes de ese tribunal, que era de
aplicación el límite establecido por el art. 458 del Cód. Procesal Penal de la Nación,
asimismo dispuso que la Convención Americana sobre Derecho Humanos --que consagra
la garantía de la doble instancia-- no ampara a quien ejecuta la acción penal como órgano
del Estado en tanto tiene como finalidad principal asegurar la plena vigencia y el respeto
de los derechos fundamentales referentes al ser humano. Contra esa decisión el
representante del Ministerio Público interpuso recurso extraordinario con fundamento en
que el Pacto de San José de Costa Rica no lo excluye del ámbito de protección y en
cuanto consideró violadas las garantías del debido proceso y de igualdad ante la ley (arts.
18 y 16, Constitución Nacional).
3. Que el recurso es admisible en tanto se ha puesto en tela de juicio la validez de una ley
nacional (art. 458, Cód. Procesal Penal de la Nación), por ser contraria a normas de la
Constitución Nacional y de un tratado internacional al que ella hace referencia, y la
decisión ha sido adversa al derecho fundado en estas últimas (art. 14, inc. 3°, ley 48).
4. Que esta Corte entendió en el caso "Giroldi" (La Ley, 1995-D, 462), --Fallos: 318:514-que la forma más adecuada para asegurar la garantía constitucional del derecho de
recurrir ante un tribunal superior era declarar la inconstitucionalidad del art. 459, inc. 2°,
del Cód. Procesal Penal de la Nación, en cuanto veda al imputado la admisibilidad del
recurso de casación contra las sentencias de los tribunales en lo criminal en razón del
monto de la pena. Resta ahora analizar si la garantía antes invocada --consagrada en el
Pacto de San José de Costa Rica-- es aplicable al Ministerio Público.
5. Que la reforma constitucional de 1994 en su art. 75, inc. 22, párr. 2° otorgó jerarquía
constitucional a la Convención Americana sobre Derechos Humanos la cual dispone
"Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras
no se establezca legalmente su culpabilidad. Durante el proceso, toda persona tiene
derecho, en plena igualdad, a las siguientes garantías mínimas: ... derecho a recurrir del
fallo ante juez o tribunal superior" (art. 8°, párr. 2°, inc. h).
6. Que en primer término cabe analizar cuál es el sentido de la voz "persona" enunciada
en el art. 8°, párr. 2°, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. A tal fin es
válido recurrir al Preámbulo y al art. 1° del citado ordenamiento los cuales establecen que
"persona" significa todo ser humano. En tales condiciones es de aplicación al caso la
pauta de hermenéutica que establece que cuando una ley es clara y no exige mayor
esfuerzo interpretativo no cabe sino su directa aplicación (Fallos: 218:56 --La Ley, 60-625-). Por otra parte, las garantías emanadas de las tratados sobre derechos humanos deben
entenderse en función de la protección de los derechos esenciales del ser humano y no
para beneficio de los estados contratantes. En este sentido la Corte Interamericana, cuya
jurisprudencia debe servir como guía para la interpretación de esta Convención, en la
medida en que el Estado argentino reconoció la competencia de dicho tribunal para
conocer en todos los casos relativos a la interpretación y aplicación de los preceptos
convencionales (confr. arts. 41, 62 y 64, Convención y art. 2°, ley 23.054), dispuso: "los
Estados... asumen varias obligaciones, no en relación con otros Estados, sino hacia los
individuos bajo su jurisdicción" (OC-2/82, 24 de setiembre de 1982, párr. 29).
7. Que, asimismo, cabe indagar cuál es el alcance del art. 8°, párr. 2°, inc. h, consagrado
en el instrumento antes citado. Entre los acuerdos internacionales enumerados en el art.
75, inc. 22, párr. 2°, figura el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Dicho
instrumento trae luz sobre la cuestión planteada desde dos perspectivas. Primero en
cuanto que los tratados con jerarquía constitucional deben entenderse como formando un
bloque único de la legalidad cuyo objeto y fin es la protección de los derechos
fundamentales de los seres humanos. En segundo término porque el citado pacto ha sido
utilizado como instrumento preparatorio de la Convención Americana, lo cual conduce a
utilizarlo como medio de interpretación según lo ha establecido esta última (confr. art. 29,
inc. d) y la Convención de Viena sobre derecho de los tratados (confr. art. 32). Así el
Pacto emanado del seno de las Naciones Unidas establece "Toda persona declarada
culpable de un delito tendrá derecho a que el fallo condenatorio y la pena que se le haya
impuesto sean sometidos a un tribunal superior conforme a lo prescripto por la ley" (confr.
art. 14, inc. 5°). Por lo expuesto, de la conjunción de ambas normas surge que la garantía
del derecho de recurrir ha sido consagrada sólo en beneficio del inculpado. Cabe concluir,
entonces, que en tanto el Ministerio Público es un órgano del Estado y no es el sujeto
destinatario del beneficio, no se encuentra amparado por la norma con rango
constitucional, sin que ello obste a que el legislador, si lo considera necesario, le conceda
igual derecho.
8. Que el recurrente tacha de inconstitucional el art. 458 del Cód. Procesal Penal en
cuanto no le concede al Ministerio Público el derecho de recurrir por vía de casación. Al
analizar esta argumentación, es preciso señalar que el derecho a la doble instancia no
reviste jerarquía constitucional. En este sentido, existe reiterada jurisprudencia de esta
Corte que afirma que el adecuado respeto a la garantía del debido proceso sólo exige que
el litigante sea oído con las formalidades legales y no depende del número de instancias
que las leyes procesales reglamentando esta garantía constitucional, establezcan según
la naturaleza de las causas (confr. Fallos: 126:114; 127:167; 155:96; 223:430; 231:432 -La Ley, 80-316-- 289:95; 298:252, entre otros). Esta regla ha quedado limitada por la
reforma constitucional de 1994, que consagra expresamente el derecho del inculpado de
"recurrir del fallo ante juez o tribunal superior" (confr. art. 8°, párr. 2°, inc. h, Convención
Americana sobre Derechos Humanos). Por consiguiente es voluntad del constituyente
rodear a este sujeto de mayores garantías sin que sea posible concluir que esta diferencia
vulnere la Carta Magna, pues es una norma con jerarquía constitucional la que dispone tal
tratamiento.
9. Que por otra parte no es ocioso señalar que el Estado --titular de la acción penal-puede autolimitar el "ius persequendi" en los casos que considere que no revisten
suficiente relevancia como para justificar su actuación. En tales condiciones, el fiscal debe
ejercer su pretensión en los términos que la ley procesal le concede. Por ello, no puede
considerarse inconstitucional la limitación de la facultad de recurrir del Ministerio Público
cuando se verifique un supuesto como el previsto por el art. 458 del Código Procesal
Penal en la medida en que, en las particulares circunstancias del "sub lite", no se ha
demostrado que se haya afectado la validez de otras normas constitucionales.
10. Que corresponde desestimar el agravio del recurrente referente a que la situación
creada a partir de la declaración de inconstitucionalidad del art. 459 del Cód. Procesal
Penal en el caso "Giroldi" (La Ley, 1995-D, 462) vulnera el derecho de igualdad (art. 16,
Constitución Nacional). Ello es así, porque las partes en el proceso penal no persiguen
intereses iguales. En efecto, lo que caracteriza al proceso penal es la ausencia de un
permanente antagonismo, propio del proceso civil. Ello deriva del carácter público de la
pretensión que persigue el Ministerio Público, la cual muchas veces puede coincidir con el
interés particular del imputado, pues su función es la reconstrucción del orden jurídico
alterado. Así lo ha entendido el representante de la República Argentina, doctor José
María Ruda, en la discusión del Pacto Internacional de Derechos Civiles Políticos, "la ley
debe conceder idénticas garantías a todos los que se encuentran en la misma situación
ante los tribunales en materia criminal, los derechos del Procurador General no son
iguales que los del acusado. Todos los individuos deben ser objeto de igual protección,
pero no son iguales ante los tribunales, ya que las circunstancias varían en cada caso
(confr. Trabajos preparatorios del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, Naciones Unidas,
Asamblea General, tercera comisión, decimocuarto período de sesiones, art. 14 de
proyecto, 24 de noviembre de 1959).
11. Que en virtud de lo señalado, cabe concluir que en el presente caso se ha respetado
el derecho a la igualdad consagrado en nuestra Constitución con el alcance que desde
antaño le ha otorgado este tribunal, "el principio de la igualdad de todas las personas ante
la ley, según la ciencia y el espíritu de nuestra Constitución, no es otra cosa que el
derecho a que no se establezcan excepciones o privilegios que excluyan a unos de los
que se concede a otros en iguales circunstancias, de donde se sigue forzosamente que la
verdadera igualdad consiste en aplicar en los casos ocurrentes la ley según las
diferencias constitutivas de ellos" (Fallos: 16:118; 137:105; 270:374 --La Ley, 131-110--;
306:1560 --DT, 1984-B, 1886--, entre otros).
12. Que, por último, resta considerar el agravio del recurrente en cuanto a que el
mantenimiento del límite legal para recurrir podría generar de la misma sentencia dos
tribunales superiores distintos, según si el apelante fuera el fiscal o el imputado, con las
consecuencias que ello provocaría. Esta argumentación constituye una afirmación
prematura o meramente conjetural. En efecto, la procedencia del remedio federal exige un
agravio concreto y actual (Fallos: 271:319 --La Ley, 135-1175, 21.365-S--; 307:2377, entre
otros) y dado que el presente recurso se basa en consideraciones generales sin contener
una mínima referencia a las constancias de la causa que permitan inferir que en autos se
ha configurado una situación de tal naturaleza, corresponde desestimar este planteo pues
no reviste interés jurídico suficiente para justificar la intervención de esta Corte.
Por ello, oído el Procurador General, se declara admisible el recurso extraordinario y se
confirma la sentencia apelada. -- Julio S. Nazareno. -- Eduardo Moliné O'Connor. -- Carlos
S. Fayt. -- Augusto C. Belluscio. -- Antonio Boggiano. -- Enrique S. Petracchi. -- Guillermo
A. F. López. -- Adolfo R. Vázquez (en disidencia). -- Gustavo A. Bossert.
Disidencia del doctor Vázquez.
Considerando: Que el suscripto coincide con los consids. 1° a 11 del voto de la mayoría.
12. Que, por último resta considerar el agravio del recurrente en cuanto a que el
mantenimiento del límite legal para apelar podría generar de la misma sentencia dos
tribunales superiores distintos, según si el apelante fuera el fiscal o el imputado, con las
consecuencias disvaliosas que ello provocaría. Esta argumentación constituye una
afirmación prematura o meramente conjetural. Ello no exime a esta Corte --a manera de
"obiter"-- de hacer notar la necesidad de adoptar las medidas necesarias dentro de ese
ámbito para remediar situaciones que, como la antes expuesta, importan un
entorpecimiento a la correcta administración de justicia que se traduce, en última
instancia, en un perjuicio para el procesado a quien se obliga a recorrer una instancia más
que al Ministerio Público para poder obtener --eventualmente-- una decisión final de esta
Corte. A lo que cabe agregar que los delicados intereses confiados a la custodia del
Ministerio Público y que, en definitiva, no son otros que los de protección de los derechos
de la sociedad, no es recomendable que queden librados a una instancia única, toda vez
que con la reforma de la ley 23.774 al art. 280 del Cód. Procesal, la apelación ante este
tribunal no constituye una auténtica instancia de revisión, en virtud de su carácter
discrecional.
Por ello, oído el Procurador General, se declara admisible el recurso extraordinario y se
confirma la sentencia apelada. -- Adolfo R. Vázquez.
Expte. n° 3910 "Alberganti, Christian
Adrián s/ art. 68 CC — apelación s/
recurso
de
inconstitucionalidad
concedido"
Buenos Aires,
5
de agosto de 2005
Vistos: los autos indicados en el epígrafe.
Resulta
1. La defensa de Christian Adrián Alberganti interpuso recurso de
inconstitucionalidad (fs. 115/135) contra la decisión de fecha 27 de diciembre de 2004 (fs.
102/110), por la cual la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Contravencional revocó
la sentencia absolutoria dictada en la instancia anterior y, en consecuencia, condenó al
imputado a la pena de dos días de arresto por encontrarlo autor responsable del
suministro de bebidas alcohólicas en las adyacencias del Club Atlético Vélez Sarsfield,
momentos antes de disputarse un partido de fútbol.
2. El defensor oficial consideró que la sentencia de Cámara afectó: a) el principio
de defensa en juicio y del doble conforme; b) el principio de legalidad; y, c) el principio de
lesividad. En subsidio, solicitó a este Tribunal la sustitución de la pena impuesta por
aplicación del principio de la ley más benigna, en tanto, el nuevo Código Contravencional
sólo sanciona la conducta aquí analizada con pena de multa (art. 104, Cód. Contrav., ley
n° 1472). Por último, y en caso de imponerse ese tipo de condena solicitó que la misma
fuera condicional (art. 46, Cód. Contrav., ley n° 1472).
3. La Cámara entendió que el recurso de inconstitucionalidad era formalmente
procedente en virtud de la afectación del derecho constitucional a la revisión de la primer
condena dictada en segunda instancia.
4. El Sr. Fiscal General Adjunto coincidió con la solución propuesta por la Alzada y
solicitó la apertura del recurso al sólo efecto de resguardar el derecho al doble conforme,
imponiéndose por tanto, el tratamiento y rechazo de los restantes agravios en esta
instancia (fs. 155/157).
Fundamentos
La jueza Ana María Conde dijo:
1. El recurso de inconstitucionalidad en principio cumple con los requisitos
formales básicos de admisibilidad, pues fue interpuesto contra una sentencia de carácter
definitivo, por escrito, presentado dentro del plazo legal establecido y ante el tribunal
superior de la causa.
2. En cuanto a su contenido material, no logra articular un caso constitucional pues
se sustenta exclusivamente en la mera discrepancia con la decisión condenatoria
adoptada por la Cámara; se asienta sobre la base de alusiones genéricas vinculadas
únicamente con la interpretación y aplicación de las normas sustantivas y adjetivas
locales, lo que dista de constituir el desarrollo serio y fundado que un recurso de esta
naturaleza requiere. La presentación exhibe un defecto sustancial, pues no vincula
directamente sus agravios con algún motivo de impugnación constitucional —en los
términos del art. 27 de la Ley 402—, esto es, no evidencia palmariamente en el caso, la
afectación de un derecho, principio o garantía constitucional [cf. Expte. n° 3264/04,
sentencia del 23/02/05, "Góngora Martínez, Omar Jorge s/ queja por recurso de
inconstitucionalidad denegado en: Góngora Martínez, Omar Jorge c/ Banco de la Ciudad
de Buenos Aires s/ amparo (art. 14, CCABA)"]. Al no individualizar las lesiones concretas
y su relación con la causa, el recurso nos remite al examen de cuestiones de derecho
común, análisis y valoración de los hechos y las pruebas, extremos todo ellos, ajenos al
recurso de inconstitucionalidad que intenta [cf. Expte. 1976/02, sentencia del 09/04/03,
"Labayru, Julia Elena y otros s/ queja por recurso inconstitucionalidad denegado"] .
3. La invocada violación a la garantía de la doble instancia bajo la forma de doble
conforme no fue introducida oportunamente. En efecto, la Defensa se pronunció en tal
sentido recién al interponer su recurso de inconstitucionalidad y no —como debió hacerlo,
conforme lo dispone el art. 51 de la ley 12— al momento de contestar el traslado de la
apelación del Fiscal que motivó la primer condena que hoy recurre, es decir, nada dijo al
respecto cuando la afectación se presentó como probable, lo cual, convierte a tal
manifestación en el resultado de una reflexión tardía (Fallos 298:321; 307:629; 308:51,
entre otros). En este sentido, es doctrina de este Tribunal que la cuestión constitucional
debe introducirse en tiempo y modo oportuno para que los jueces de mérito puedan
considerarla y resolverla, pues la articulada con posterioridad a la sentencia, no habilita la
intervención extraordinaria por medio del recurso de inconstitucionalidad, debiendo
considerarse extemporáneo al planteo así intentado [cf. este Tribunal, expte. n° 1286/01,
"Consorcio de propietarios edificio 86 (ex 78) nudo 2, barrio Soldati c/ Comisión Municipal
de la Vivienda s/ ejecución de expensas s/ recurso de inconstitucionalidad concedido", del
20 de febrero de 2002; entre otros].
El recurrente no agrega ningún argumento novedoso o distinto con relación a la
operatividad de las garantías constitucionales previstas respecto de las faltas y
contravenciones que permitan modificar los precedentes en la materia. En este punto,
conviene señalar —tal como lo sostuve al votar en una causa en la que se debatió la
vigencia de esta garantía en el ámbito de las normas que regulan la convivencia entre los
vecinos—, que "en el orden jurídico de esta Ciudad no existe identidad entre las materias
penal y contravencional, y, en el ámbito de ésta última, la cuestión de la vigencia de la
garantía de la doble instancia se desenvuelve en un plano infraconstitucional" [cf. mi voto,
a cuyos fundamentos me remito en extenso, en expte. nº 1509, sentencia del 23/10/02,
"Ministerio Público — Defensoría Oficial en lo Contravencional n° 3 — s/ queja por recurso
de inconstitucionalidad denegado en Ábalos, Oscar Adrián s/ art. 71 CC — Apelación"].
4. Si bien la Cámara admitió el recurso en virtud de la plausible afectación de la
garantía de la doble instancia, descartada la existencia de un caso constitucional a este
respecto, es preciso señalar que tampoco los restantes agravios pueden habilitar la vía
intentada de manera autónoma.
a) La defensa tachó de arbitraria a la sentencia por resultar violatoria del principio
de legalidad, discurriendo acerca de la interpretación extensiva y analógica del tipo
contravencional. Aquí, su argumentación no resiste el menor análisis pues no acredita
precisa y fundadamente el cercenamiento de los preceptos constitucionales que cita,
incurriendo nuevamente en el terreno de la mera discrepancia subjetiva [cf. Expte. n°
131/99, sentencia del 23/02/00, "Carrefour Argentina S.A. s/ recurso de queja"].
Respecto del art. 68 CC (L. 10), la Cámara entendió que esa norma establece con
fines preventivo-generales una prohibición clara y concreta dentro de un ámbito espaciotemporal previamente fijado, en el cual, se impide normativamente el consumo de alcohol
de los concurrentes a los espectáculos, con inclusión de aquellos sujetos que
permanecen en las adyacencias de las áreas fijadas para la evacuación masiva del
público (perímetro), en aras de evitarse, potenciales desmanes entre las diferentes
parcialidades deportivas, entre grupos fanáticos de un mismo equipo o conjunto artístico.
La interpretación brindada por la Alzada a la previsión contravencional no sólo resulta
razonable en función de los fines esperados por el legislador local, sino que además, se
encuentra lo suficientemente fundada como para resistir la que pretende introducirse a su
respecto.
b) El recurrente propició la inexistencia de lesividad de la conducta reprochada a
su asistido. Por idénticos argumentos a los expuestos en el apartado anterior, este
agravio debe ser rechazado, pues la afectación al bien jurídico pudo ser empíricamente
verificada en el caso desde que no se trató de un daño real y concreto al bien jurídico
tutelado, sino, que se vinculó con las circunstancias que lo hicieron previsible en virtud de
la situación de riesgo potencial —pero cierto en los términos del art. 1° CC— que genera
el expendio de alcohol a personas cuya posterior conducta no puede preverse. Aquí, la
comprobación del grado de lesividad fue competencia privativa del tribunal a quo de cuyo
razonamiento no se advierte el apartamiento de las constancias del caso. Por lo tanto, un
estudio más profundo sobre el tema ineludiblemente nos remite a cuestiones de hecho y
prueba ajenas a la competencia limitada de este Tribunal.
Las consideraciones expuestas resultan suficientes para rechazar el recurso
también respecto de estos puntos.
5. Por último y con relación a la pregonada aplicación del nuevo Código
Contravencional (L. 1472) tanto para la sustitución de la pena como para la modalidad de
ésta, este Tribunal tiene dicho que el problema de la interpretación y aplicación del
principio de la ley más benigna es una cuestión de derecho común y reposa finalmente en
el tribunal superior de la causa que, para el caso es la Cámara de Apelaciones en lo
Contravencional y de Faltas, ante quien deberá ser planteada –mediante la articulación
del recurso de revisión previsto en el art. 479 inc. 5 CPPN, o aquél que estime
conducente– [cf. Expte n° 61/99, sentencia del 18/10/99, “Transporte 22 de septiembre
S.A.C s/ recurso de queja” y, 292/00, sentencia del 07/06/00, “Expreso Caraza S.A.C. c/
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires s/ queja por recurso de inconstitucionalidad
denegado"].
Por los argumentos que dejo expuestos, y oído el Fiscal General Adjunto, voto por:
1) Declarar mal concedido el recurso de inconstitucionalidad interpuesto a fs. 115/135; 2)
Mandar que se registre, se notifique y, oportunamente, se devuelva el expediente a la
Sala II de la Cámara Contravencional.
El juez Julio B. J. Maier dijo:
1. Si bien la Cámara, al conceder el recurso, se dedica sobre todo a aceptar el
motivo llamado necesidad de doble conforme en caso de condena, la lectura del
dispositivo y de sus fundamentos permite apreciar que ha concedido el recurso de
inconstitucionalidad por todos los agravios y los motivos, esto es, no lo ha concedido
parcialmente. Esto explica la ausencia de queja, y también el hecho de referirme a todos
los agravios expuestos por el recurrente.
2. Con relación a la posible afectación a la garantía de la defensa en juicio y al
principio doble conforme, el recurso bajo análisis logra articular con éxito un caso
constitucional. Tal como lo afirma el tribunal a quo, el agravio fue deducido en tiempo
oportuno (fs. 146/150), esto es, al momento de interponer el recurso de
inconstitucionalidad que ahora se examina. En este sentido expresé, en un reciente
pronunciamiento, que "(...) cuando los tribunales de apelación revocan fallos absolutorios
o que no hacen lugar a la demanda, dictan ellos la primera resolución adversa para el
demandado, esto es, reconocen por primera vez la obligación y condenan por primera
vez. Se trata, entonces, de una decisión que, aunque dictada en una segunda instancia, si
nos remitimos a la línea de organización jerárquica, es, para el demandado, una primera
decisión de condena. Resulta excesivo exigirle a él que reitere [en este caso, vislumbre
hipotéticamente] todas sus defensas, cuando ha obtenido un fallo favorable en la primera
sentencia" (cf. punto 4 de mi voto in re “GCBA s/ queja por recurso de inconstitucionalidad
denegado” en: “Farías, María Antonia c/ GCBA s/ empleo público [no cesantía ni
exoneración]”, expte. nº 3565/04, resolución del 26/5/05). Estas consideraciones bastan
para acreditar la pertinencia temporal del planteo defensista puesto que es claro que, al
momento de contestar la vista conferida del recurso de la fiscalía (cf. art. 51, LPC), no
correspondía exigirle al ahora recurrente —atento la ausencia de agravio: el imputado fue
absuelto en primera instancia— que planteara, de modo puramente conjetural, la
hipotética lesión de un derecho cuyo ejercicio carecía de todo asidero fáctico. En síntesis,
jerárquicamente se trata de un Tribunal de segundo grado, que, sin embargo, dicta una
sentencia de primer grado (primera condena).
Asimismo, en su recurso de inconstitucionalidad, el defensor sustentó el derecho
de su defendido a recurrir la sentencia de condena dictada en segunda instancia en, inter
alia, los arts. 10 y 13, inc. 3 de la CCBA, arts. 18 y 75, inc. 22 de la CN, art. 8, inc. 2, h,
CADH y art. 14, inc. 5 del PIDCP (fs. 120/124 vuelta). La exigibilidad del derecho a la
revisión de la condena, ante estos estrados, encuentra su fundamento, liminarmente, en
la mención expresa que sobre el punto realiza el art. 13, inc. 3 de la CCBA. De modo
adicional, el derecho a acceder a la mentada doble instancia en favor del ahora
condenado reside en el carácter represivo del Derecho contravencional (ver, punto 2 de
mi voto en "León, Benito Martín s/ recurso de inconstitucionalidad", expte n° 245/00,
resolución del 24/10/00, en Constitución y Justicia [Fallos del TSJ], t. II, Ed. Ad Hoc,
Buenos Aires, 2002, ps. 344 y ss.) que torna aplicable, a nuestro juicio contravencional,
todas las garantías propias del sistema penal. En este sentido, las normas citadas por el
recurrente —que gozan de jerarquía constitucional; cf. arts. 18 y 75, inc. 22 de la CN, art.
8, inc. 2, h, CADH y art. 14, inc. 5 del PIDCP— exigen la revisión amplia de la condena
dictada por un tribunal ubicado en el segundo grado de jurisdicción según la organización
institucional jerárquica de la justicia local, frente a una condena de primera instancia, a
pedido del propio condenado; empero, como sucede en este caso, esa misma regla de
garantía supone que, si la condena aparece como resultado del recurso acusatorio contra
la absolución del tribunal de primera instancia, ésa, por ser la primera condena es
recurrible también para el condenado en busca de su revocación o modificación (en este
caso, a través de su defensa por vía del único y último recurso aún subsistente según la
ley, el recurso de inconstitucionalidad oportunamente interpuesto ante el tribunal de mérito
sentenciante). Este razonamiento avala también el hecho de que, con respecto a este
agravio, la sentencia de Cámara debe ser considerada definitiva, a contrario de aquello
que sucederá con los otros agravios que, en realidad subsidiarios de éste, pueden todavía
ser eventualmente reparados por el tribunal revisor de mérito al que tiene derecho el
recurrente.
No ignoro el hecho de que cierta doctrina, y aún cierta legislación (Convenio
Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales
[1950], Protocolo ampliatorio n° 7 [1984], art. 2, párrafo II), a la que concedo
razonabilidad, dejan de lado las contravenciones de orden o las faltas como alcanzadas
por el principio (excepción expresa), pero ya he afirmado que: a) el Convenio que así lo
expresa no es aplicable en nuestro territorio; b) que la CCBA, art. 13, inc. 3, reputa a la
doble instancia como principio judicial general y c) que resulta innegable el carácter penal
que nuestro legislador le ha concedido al Derecho contravencional (pena estatal), al punto
de que, según antes lo dije en este mismo párrafo, torna aplicables los principios del
Derecho penal general. Por lo demás, cabe dejar de lado cavilaciones atinentes a la
posible insignificancia de la sanción amenazada por el ordenamiento contravencional
cuando, como en el caso, el imputado ha sido condenado a una pena privativa de la
libertad, esto es, a cumplir dos días de arresto (cf. art. 11, inc. 10 del CC entonces
vigente).
3. Tras las exposiciones efectuadas en los párrafos precedentes, me detendré,
ahora, en la posible solución de este caso. Es cierto que la garantía de la doble instancia
no requiere de un "doble grado de jurisdicción" —como condición de validez de la
organización judicial creada y su ley procesal— sino que, antes bien, reclama que el
condenado tenga la posibilidad, regulada por el orden jurídico, de intentar un "nuevo
examen de su condena", en los límites del recurso planteado, ante un tribunal con poder
para revocar la sentencia. Como afirmé oportunamente, este nuevo examen puede arrojar
como resultado la revocación de la condena y su reemplazo por la absolución, su
confirmación, en cuyo caso se ejecutará la pena impuesta, o su reforma por una condena
con consecuencia más benigna para el recurrente, en cuyo caso ésta será la pena
ejecutable —reformatio in pejus— (cf. punto 5 de mi voto en "Ministerio Público —
Defensoría en lo Contravencional n° 3— s/ queja por recurso de inconstitucionalidad
denegado" en "Ábalos, Oscar Adrián s/ art. 71 CC —apelación", expte n° 1509/02,
sentencia del 23/10/02, en Constitución y Justicia [Fallos del TSJ], t. IV, Ed. Ad Hoc,
Buenos Aires, 2005, ps. 521 y siguientes). En este sentido, vale remarcar la notoria
carencia de recurso para el condenado en la ley procesal contravencional que no sea
aquel que ha interpuesto en este caso particular el defensor recurrente
(inconstitucionalidad o casación constitucional). Sin embargo, la operatividad de la
garantía de la doble instancia en el ámbito contravencional local exige que un tribunal de
mérito entienda o conozca en los límites del recurso planteado. Este tribunal podrá ser, tal
como lo propuse en el punto 6 de mi voto in re "Masliah Sasson, Claudio s/ queja por
recurso de inconstitucionalidad denegado" en "Masliah Sasson, Claudio s/ infracción art.
71 CC" (expte n° 1541/02, sentencia del 1/11/02, en Constitución y Justicia [Fallos del
TSJ], t. IV, Ed. Ad Hoc, Buenos Aires, 2005, ps. 553 y ss.), la Sala de la Cámara
Contravencional que no intervino en el pleito, incluso integrada, si fuera necesario, por
tres jueces de primera instancia en materia contravencional, pues los jueces que ya
decidieron sobre el fondo de la cuestión planteada no pueden intervenir en el control
material de su propia sentencia.
4. La garantía del recurso del condenado contra la sentencia de condena, que
invoca el recurrente, no es otra cosa que una garantía procesal que, si de ella se ha
carecido, cabe restablecer. Así, la solución del caso no es revocar la sentencia ya dictada
—por acertada o errónea— sino, tan sólo, restablecer para el condenado la posibilidad de
apelar esa sentencia, posibilidad de la que él no ha gozado, conforme a la ley, para hacer
valer los agravios contra ella que aquí ha indicado su defensor. Estos agravios, atinentes
a la lesión de los principios de legalidad y lesividad, y el relativo a la aplicación de la ley
penal más benigna, cualquiera que fuere su naturaleza, no sólo tienen todavía posibilidad
de ser eventualmente reparados ante el tribunal de mérito revisor, si hubieran sido
lesionados, sino que, además, según lo decidido anteriormente, no están dirigidos, en
verdad, contra una sentencia definitiva —para quien sostiene la opinión anterior—, según
lo requiere la ley del recurso (LPTSJ, 27). No sucede lo mismo con el principio
denominado de la doble instancia, porque, en el caso, él ya está lesionado por la propia
ley común (infraconstitucional), que no ha previsto la hipótesis que se nos presenta a
decisión y resulta inconstitucional, como lo sostiene el recurso, por omisión o laguna
normativa, para el caso en examen. A tal punto ello es así que, si el recurso actual fuera
rechazado totalmente, la sentencia de mérito dictada por la Cámara adquiriría calidad de
cosa juzgada. Por supuesto, la sentencia a dictar después del eventual nuevo juicio de
mérito podrá ser atacada por el condenado y su defensor si todavía advierten en ella
lesiones constitucionales.
5. De acuerdo con la apreciación del tribunal sentenciante "la plataforma fáctica
sobre la que se juzgó (...) ha permanecido intacta en esta instancia de acuerdo al principio
tantum apellatum quantum devolutum" (fs. 108). La concordancia existente sobre el relato
de los hechos de la causa efectuado tanto por la sentencia de primera instancia
(absolución) como por la resolución de la segunda instancia (condena) permite afirmar la
ausencia de todo agravio fáctico en el caso bajo estudio. Lo antedicho impone la revisión,
por parte de un tribunal de mérito, de los argumentos puramente jurídicos vertidos en el
recurso de inconstitucionalidad (legalidad y lesividad), con el objetivo de verificar si existe
una doble conformidad sobre el punto en cuestión; cuestión que incluye, asimismo, la
defensa subsidiaria por la ley penal más benigna (ley n° 1.472).
Repito aquí el argumento contrario a la solución propuesta por el Sr. Fiscal
General Adjunto, en el sentido de usar de la autorización del art. 31, II, de la LPTSJ (local
nº 402), que expresé el punto 5 de mi voto en “Ministerio Público —Defensoría en lo
Contravencional y de Faltas n° 2 s/ queja por recurso de inconstitucionalidad denegado"
en "Sama, Javier Fernando s/ infracción art. 56 CC —apelación”, expte n° 3892/05, causa
que tramita coetánemente con ésta.
6. En consecuencia, propongo: a) declarar procedente el recurso intentado en
torno al agravio atinente a la garantía de la doble instancia; y b) sólo a los efectos
estipulados en el punto 5 de este voto, reenviar la causa a la Cámara actuante.
El juez José Osvaldo Casás dijo:
1. Coincido con la decisión de la señora jueza de trámite, doctora Ana María
Conde, pues, en mi concepto, corresponde declarar mal concedido el recurso de
inconstitucionalidad interpuesto por la defensa del señor Christian Adrián Alberganti.
2. El recurso de inconstitucionalidad no logra plantear un caso constitucional en los
términos del art. 27 de la ley de procedimientos ante este Tribunal en tanto se sustenta,
exclusivamente, en la mera discrepancia de la recurrente con la decisión del tribunal a
quo.
La presentación efectuada por el Defensor Oficial —que se asienta sobre la
presunta afectación de los principios de legalidad y lesividad—, padece de un defecto
sustancial: no logra conectar argumentalmente sus quejas con un motivo de impugnación
de carácter constitucional, esto es, con la aplicación de normas que lesionen garantías
constitucionales referidas directamente al caso (cf. este Tribunal in re “Góngora Martínez,
Omar Jorge s/ queja por recurso de inconstitucionalidad denegado en: Góngora Martínez,
Omar Jorge c/ Banco de la Ciudad de Buenos Aires s/ amparo [art. 14, CCABA])”, expte.
nº 3264/04, resolución del 23/05/03). Así, no ha logrado exponer fundadamente un caso
constitucional, más allá de efectuar alusiones genéricas a derechos y principios
constitucionales, lo que dista de constituir el desarrollo consistente y fundado que un
recurso de esta naturaleza requiere.
3. Los argumentos del recurso se encuentran orientados a cuestionar el alcance
atribuido por la Cámara al art. 68 del Código Contravencional y, en definitiva, pretenden
que este estrado revise una cuestión de aplicación e interpretación de reglas
infraconstitucionales, materia no comprendida por el recurso interpuesto ni constitutiva de
la competencia del Tribunal, mientras su validez no sea cuestionada por razones
constitucionales. El recurso de inconstitucionalidad no erige al Tribunal en una tercera
instancia sobre hechos ni sobre derecho común.
Lo cierto es que la Cámara, para revocar la sentencia absolutoria de primera
instancia, sin variar la valoración de la plataforma fáctica original, se limitó a establecer el
sentido y alcance del art. 68 CC, entendiendo que la conducta desplegada por Alberganti
encuadraba en el tipo contravencional citado. Y más allá del acierto o desacierto de estas
consideraciones en que la Cámara sustentó su decisión, la eventual discrepancia de
criterio no constituye el objeto del recurso de inconstitucionalidad.
4. En cuanto a la presunta violación de la garantía de la doble instancia bajo la
forma del doble conforme, debo advertir que el agravio no ha sido interpuesto
oportunamente, tal como lo sostiene la doctora Ana María Conde en el punto 3 de su voto,
a cuyos términos me remito en homenaje a la brevedad.
Por lo demás, en este caso concreto, la revocación de la sentencia de primera
instancia por parte de la Cámara se sustenta en la interpretación de las disposiciones
contenidas en el art. 68, CC —como se dijo, la plataforma fáctica tenida en cuenta para
emitir el pronunciamiento de condena no ha variado—. La recurrente objeta esa
hermenéutica, pues considera que violenta los principios de legalidad y lesividad. Ocurre
que, tal como lo sostiene la doctora Ana María Conde en su voto, más allá del acierto o
error del pronunciamiento atacado en punto al alcance que corresponde otorgar a los
términos del art. 68 CC, en el recurso no se ha conectado el agravio con un motivo de
impugnación de carácter constitucional. Así, no se ha acreditado que las herramientas
recursivas que el justiciable tuvo a su alcance —según el diseño de la LPC— hayan
resultado, en el caso, inapropiadas para dirimir la cuestión que lo agravia (cf. mi voto in re:
“Ministerio Público —Defensoría Oficial en lo Contravencional n° 3— s/ queja por recurso
de inconstitucionalidad denegado en ‘Abalos, Oscar Adrián s/ art. 71 CC – apelación’”,
expte. n° 1509, sentencia del 23 de octubre de 2002 y el dictamen del señor Fiscal
General, doctor José Luis Mandalunis, emitido en dicha causa con fecha 20 de junio de
2002, al que me remití en lo pertinente).
A mayor abundamiento, la alusión genérica a la garantía de la doble instancia
reconocida en la Constitución local (art. 13.3), en mi concepto, no puede interpretarse
como una argumentación suficiente para demostrar que la misma comprende la exigencia
de la observancia del “doble conforme” en los procesos contravencionales que tramitan
ante la jurisdicción local y que, entonces, su desconocimiento provoca un menoscabo
actual y concreto a la defensa en juicio. Por su parte, el art. 50 de la Ley de Procedimiento
Contravencional dispone que la sentencia de primera instancia “es apelable dentro de los
cinco días de la notificación, mediante escrito fundado. Las actuaciones se elevan de
inmediato a la Cámara”. Si la ley no distingue, la apelación puede ser interpuesta por el
contraventor ante una sentencia desfavorable (de condena) y por el Ministerio Público
Fiscal ante una sentencia absolutoria. Cuando el legislador quiso limitar o restringir las
posibilidades recursivas del Ministerio Público Fiscal, lo hizo expresamente (cf. art. 53,
LPC que sólo permite al contraventor interponer el recurso de inconstitucionalidad ante
este estrado). Y como es sabido, no es dable suponer la inconsecuencia del legislador.
Por lo tanto, en el curso de las instancias ordinarias la apelación es un derecho procesal
de las dos partes protagonistas de la causa.
Por las consideraciones expuestas, y habiendo dictaminado el señor Fiscal
General Adjunto, corresponde declarar mal concedido el recurso de inconstitucionalidad
interpuesto a fs. 115/135.
Así lo voto.
El juez Luis F. Lozano dijo:
1. Corresponde dilucidar, en primer término, si los agravios que la defensa infiere
contra la sentencia del a quo —punibilidad de la venta de bebidas alcohólicas a “personas
a quienes [el imputado] conocía por su condición de clientes” y que presumía “no iban a
concurrir al espectáculo deportivo que se estaba realizando porque no eran simpatizantes
de los equipos deportivos que protagonizaban el encuentro” (fs. 129 vuelta)— pueden ser
tratados en el marco de un recurso ante esta instancia, o si, por el contrario, examinarlos
excede la competencia de este tribunal, en cuyo caso cobraría relevancia analizar si el
derecho a recurrir ante un “juez o tribunal superior”, que la apelante funda en el artículo
8.2.h. de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, artículo 14 inc. 5 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el artículo 13 inc. 3° CCABA, y artículo 3 del
Código Contravencional, impone abrir una vía procesal susceptible de tratar aquellas
cuestiones a cuyo respecto ésta es insuficiente. Examinado el memorial de la defensa se
advierte que invoca un caso constitucional alegando la violación de los principios de
lesividad y legalidad (arts. 19 CN, 13.9 CCBA y 1 CC), pero no limita a ello sus agravios,
ni tampoco a la interpretación de la ley aplicable (art. 68 CC), sino que todo su planteo
está erigido sobre una afirmación de hechos relativa a los atributos de aquellos a quienes
suministró las bebidas y a sus conductas posteriores, reales o posibles, en particular al
eventual destino que podrían haberle dado a esos artículos dichos adquirentes, base para
establecer, a su vez, si la conducta del imputado generó en el caso concreto el peligro
cierto que requiere el artículo 1 del CC. Esta es cuestión de hecho cuya elucidación no
puede decirse que venga definitivamente dada por los jueces de grado, puesto que,
aunque admitida en primera instancia, se convirtió en irrelevante para la solución
adoptada por la Cámara, y cuyo contenido excede la competencia que a este tribunal le
ha sido conferida por el art. 113 de la CCBA en la reglamentación sancionada por ley 402.
2. Establecido que el recurso de inconstitucionalidad, en el marco que le dan la
Constitución de la CABA y la reglamentación provista por la ley 402, es insuficiente para
tratar los agravios presentados contra el contenido de la sentencia impugnada, cobra
concreción el relativo a la frustración del derecho a recurrir esa sentencia condenatoria,
que viene apoyado en el artículo 8.2.h. de la Convención Americana de Derechos
Humanos, el artículo 13 inc. 3° CCABA, y artículo 3 del Código Contravencional. Ello así,
puesto que no es dudoso que las planteadas son, habida cuenta de su impacto en la
solución final de la causa, cuestiones relevantes, a la luz de la doctrina sentada en el
precedente Herrera Ulloa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
3. El artículo 8.2.h de la CADDHH reza así: “toda persona inculpada de un delito
tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su
culpabilidad. Durante el proceso toda persona tiene derecho, en plena igualdad, a las
siguientes garantías mínimas: [...] h) derecho de recurrir del fallo ante juez o tribunal
superior”. La CSJN, por remisión al dictamen del Procurador Fiscal de la Nación, aunque
en una integración que no subsiste, resolvió que dicha disposición no resulta aplicable a
las contravenciones y a las faltas, habida cuenta de que el artículo citado se refiere tan
sólo a los “delitos” (Fallos 323:1797). Este alcance de la Convención encuentra apoyo en
una categorización de las conductas punibles que viene siendo empleada en el derecho
interno de la generalidad de los países que ratificaron la CADDHH desde antes de su
firma. Ello lleva, por aplicación del artículo 31.1 de la Convención de Viena sobre el
Derecho de los Tratados de 1969, que indica que “…[u]n tratado deberá interpretarse de
buena fe conforme al sentido corriente que haya de atribuirse a los términos del tratado en
el contexto de éstos y teniendo en cuenta su objeto y fin”, a otorgar al término “delito” un
alcance acorde con ese generalizado empleo. Ello así, porque era y es el sentido
corriente de las palabras y, asimismo, porque distinguir entre conductas según su
gravedad es un temperamento acorde con el objeto y fin de la garantía que nos ocupa.
Haciendo un repaso breve de la situación actual, por ejemplo, el Código Penal de
Guatemala distingue entre delitos y faltas, reglando estas ultimas en el Libro Tercero (arts.
480 a 498) y sancionándolas con penas privativas de la libertad; del mismo modo Uruguay
(arts. 360 a 366, Libro Tercero, Código Penal), Venezuela (arts. 485 a 547, Libro Tercero,
Código Penal) y Nicaragua (arts. 553 a 564, Libro Tercero, Código Penal). Con las
mismas características el Código Penal de Ecuador distingue entre contravenciones y
delitos (arts. 603 a 605, Libro Tercero). Chile, si bien no prevé penas privativas de la
libertad para las faltas, también realiza esta distinción (arts. 494 a 501, Libro Tercero,
Código Penal).
No es dudoso que la distinción trasciende nuestras fronteras, era conocida por los
redactores de la CADDHH, quienes, no obstante, optaron por referirse a “toda persona
inculpada de delito”, y no a un universo de supuestos que comprendiera genéricamente a
todas las categorías de conductas punibles (delito, contravención y falta), eligiendo a ese
fin una categoría omnicomprensiva, o a un universo de conductas cuya comisión
conllevara sanciones de índole penal, retributivas o privativas de libertad, ya fuese que el
legislador las hubiera considerado delitos, contravenciones o faltas.
Tampoco cabe identificar los delitos como conductas sancionadas con prisión o,
dicho de modo más genérico, como el universo de supuestos castigados con las penas
privativas de la libertad. En efecto, son variados los estados que ratificaron la CADDHH1
que tienen previstos en sus ordenamientos tipos contravencionales o de faltas cuya
infracción genera la aplicación de verdaderas sanciones retributivas y limitativas de la
libertad ambulatoria de los individuos, al igual que nuestro código contravencional. A
modo de ejemplos, cabe mencionar los ordenamientos de países como Uruguay, Ecuador
(dispone pena de arresto de 7 días en algunos casos), Guatemala (60 días), Nicaragua (3
meses), y Venezuela (30 días).
Este contexto muestra que, aún cuando la distinción entre contravención, falta y
delito no responda a criterios universalmente aceptados, ni reciba un tratamiento idéntico
en todas las legislaciones nacionales de los países que han ratificado la CADDHH, no es
dudoso que esa distinción está generalizada y que la voz “delito”: a) no agota el universo
de conductas a cuya comisión la ley enlaza una sanción penal, y ni siquiera comprende la
totalidad de las conductas alcanzadas por penas privativas de la libertad, mas b) apunta
a un ámbito de ilicitud de mayor entidad que el de las contravenciones o las faltas, a las
cuales, universalmente, se identifica como conductas reprochables de menor gravedad.
En el caso de nuestro país, la distinción ha quedado directamente ligada al
sistema federal. El Congreso ha escogido denominar delitos a las conductas definidas en
el Código Penal que sanciona en ejercicio de la potestad que le atribuye el art. 75 inc. 12
de la CN, no obstante que ese artículo le da posibilidad de distinguir categorías. Las
contravenciones han pasado, en ese marco, a ser descripciones de conductas
antijurídicas que cada una de las entidades federadas, y eventualmente la Nación,
identifican como dañosas de bienes jurídicos cuya tutela les cabe hacer separadamente.
Finalmente, razones prácticas explican que una garantía que impone dar mayor
extensión y complejidad al proceso previsto por el art. 8 de la misma convención para una
categoría mucho más amplia de supuestos quede reservada para aquellos casos que más
lo justifican por la gravedad de su repercusión sobre el enjuiciado.
Lo dicho lleva a descartar una interpretación de la Convención que torne aplicable
la garantía de la doble instancia a las faltas y contravenciones.
4. Descartado que la Convención imponga obligación de esta especie para el
juzgamiento de las contravenciones previstas en la ley 10, similares consideraciones
resultan de aplicación al PIDCyP, cuyo art. 14, además, somete el derecho al recurso
“conforme a lo prescripto por la ley”, fórmula que parece otorgar una protección más débil.
Empero, ello no implica que la garantía no exista con apoyo en el derecho interno.
El art. 13 inc. 3 de la CCBA dispone que “[l]a Ciudad garantiza la libertad de sus
habitantes como parte de la inviolable dignidad de las personas. Los funcionarios se
atienden estrictamente a las siguientes reglas: [...] 3.- Rigen los principios de legalidad,
determinación, inviolabilidad de la defensa en juicio, juez designado por la ley antes del
hecho de la causa, proporcionalidad, sistema acusatorio, doble instancia, inmediatez,
publicidad e imparcialidad. Son nulos los actos que vulneren garantías procesales y todas
las pruebas que se hubieren obtenido como resultado de los mismos”.
Ciertamente, ese artículo no establece en qué consiste la “doble instancia” sino
que la identifica por su nombre, lo que supone remitir a la Convención. Ello haría suponer
que resultaría aplicable solamente al juzgamiento de delitos –ámbito contemplado en la
Convención– para la época en que, cumpliendo con la manda del art. 129 de la CN, las
competencias respectivas queden a cargo de las autoridades locales. Sin embargo, la
cláusula transitoria duodécima, punto 5 in fine, dispone que “[l]a primera Legislatura de la
Ciudad, dentro de los tres meses de constituida, sancionará un Código Contravencional
que contenga las disposiciones de fondo en la materia y las procesales de ésta y de
faltas, con estricta observancia de los principios consagrados en la Constitución Nacional,
los instrumentos mencionados en el inciso 22 del artículo 75 de la misma y en el presente
texto. Sancionado dicho Código o vencido el plazo fijado, que es improrrogable, todas las
normas contravencionales quedarán derogadas”.
Vale destacar en el texto transcripto que a) el código específicamente
contravencional debe prever garantías procesales, b) que dichas garantías deben
comprender las aseguradas por la CN y la CCBA así como las de los “instrumentos
mencionados en el inciso 22 del art. 75”. Por cierto, la mención de estos instrumentos
1
http://www.cidh.org, 26 de julio de 2005.
trasunta una voluntad de poner énfasis en las garantías contempladas en los tratados, de
los cuales la CADDHH es el que contiene las más características. Ello así, puesto que la
sola mención de la CN, y aún su solo art. 5 en ausencia de menciones, bastaría para
imponer su cumplimiento si el constituyente de nuestra Ciudad hubiera revelado menor
compromiso con estas seguridades de respeto por la dignidad humana. Más aún, no
parece dudoso que la generalidad de las garantías contempladas en los tratados fueron
desde antiguo reconocidas por la CN, con excepción de la garantía procesal que nos
ocupa. Esta es propia de la Convención, y en verdad vino a oponerse, en el campo de los
delitos, a la inexistencia genérica del derecho a la doble instancia entre los reconocidos
por la CN (Fallos 310:122411; 318:1711 y 320:2145).
No hay duda de que si alguna razón puede justificar las menciones de la cláusula
transitoria duodécima, que vengo de destacar, ella es la voluntad de rodear al supuesto
contraventor de las garantías propias de un proceso en el que se dilucida si una persona
ha cometido un delito. Aún así, a la luz de dicha cláusula no es ineludible la aplicación de
la garantía de la doble instancia en el proceso contravencional, en tanto cabe leerla como
dirigida a aplicar aquellas garantías a las que remite según el alcance que cada una de
ellas tiene, es decir, que en el caso de la de la doble instancia podría suponérsela limitada
al juzgamiento de delitos o, lo que es lo mismo, no incluida entre las que tutelan al
contraventor.
Empero, el legislador adoptó, en el art. 3 de la ley 10, una interpretación de la
CCBA comprensiva de “todos los principios, derechos y garantías consagrados en la
Constitución de la Nación, en la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en
los Tratados de Derechos Humanos que forman parte de la Constitución Nacional en
virtud de lo establecido por ella en su artículo 75 inc. 22, y en los demás Tratados
ratificados por la Nación”, circunstancia que torna inequívoca la aplicación de la doble
instancia al proceso contravencional, toda vez que, una vez indicado que todos los
principios, derechos y garantías son aplicables en él, no hay razón con base en el texto de
la Convención que justifique apartarla, pues la voluntad del legislador local prevalece en la
medida en que asegura una mayor extensión de aquello que se busca resguardar.
En tanto esta solución se apoya en una decisión legislativa, podría inquirirse si
dicha voluntad quedó enervada por otra posterior del mismo órgano. Concretamente, la
ley 12 instituye un proceso que asegura que toda sentencia condenatoria es recurrible,
pero no que la apelación sea lo suficientemente amplia, en cuanto a las conclusiones de
hecho y de derecho que fundan la condena, como para satisfacer la garantía en el
desarrollo que ella ha merecido, en materia de juzgamiento de delitos, en la Corte
Interamericana de Derechos Humanos. Pero, ello no significa que haya querido dejar sin
efecto lo que la ley 10 instituyó, por cierto, apenas tres días antes. Por el contrario, la
circunstancia de que no dotó al ministerio público fiscal de la facultad de apelar la
sentencia de cámara, aunque sí la de primera instancia, muestra que contempló al
recurso de inconstitucionalidad como el resorte por cuyo medio quedaría preservada la
garantía, toda vez que no puede verse en ese recorte de las potestades del fiscal la
voluntad de evitar que el Tribunal Superior contribuyese a emitir interpretaciones acerca
de la Constitución Nacional o de la CCBA, sino que la solución se acomoda a lo que fue la
interpretación que la CSJN hizo de la garantía, por lo menos, hasta la causa “Giroldi” del 7
de abril de 1995. A su vez, en la causa “Giroldi” no adoptó una interpretación de la
garantía que contemplase una apelación de alcance amplio como la que aquí persigue el
recurrente sino que se limitó a establecer que una vez creada la Cámara Nacional de
Casación Penal era ese tribunal y no la Corte o, visto desde otra mira, el recurso de
casación y no el de la ley 4055 el que surtía como herramienta para tutelar la garantía,
sobre todo luego de la reforma del art. 280 CPCCN, circunstancia en base a la que la
Corte justificó apartarse del criterio sentado en el precedente “Jáuregui” (Fallos 311:274),
en el que sostuvo que el recurso extraordinario era idóneo para dar cumplimiento al
derecho al recurso.
Con posterioridad, la Corte Interamericana de Derechos Humanos sentó el criterio
con arreglo al cual sólo un recurso accesible que permita “un examen integral de la
decisión recurrida”, sin que dicha revisión pueda limitarse a aspectos formales y legales,
cumple con lo previsto por el art. 8.2.h. de la CADH (in re “Herrera Ulloa vs. Costa Rica”,
sentencia del 2 de Julio de 2004).
Ciertamente, las conclusiones sentadas al comenzar este examen permitirían
afirmar que, sin incumplir con la Convención pudo la Ciudad brindar un alcance menor a
la garantía, o más exactamente que, tal cual la contempló el legislador local, la garantía
tiene el alcance que permite la ley 12. Empero, más de una razón aconseja desechar este
criterio. Debe ser descartada, en primer término, la tentación de acudir a la regla según la
cual la ley posterior deroga a la anterior, toda vez que dicha regla se funda en la
circunstancia de que el legislador no puede quedar limitado por lo dispuesto con carácter
general por quienes lo precedieron, por lo que, para dar la más plena virtualidad a la ley
posterior, se debe estimar removido todo aquello de la anterior que se le opone. Pero,
esto supone investigar la voluntad del legislador que emite la ley posterior. El intérprete
debe asegurarse de que la voluntad más reciente se oponía a la más antigua. De lo
contrario, no sería el legislador, sino el intérprete, quien habría dejado ésta sin efecto. En
el caso que nos ocupa, nada indica que al emitir la ley 12, la Legislatura quiso recortar las
garantías contempladas en la ley 10. Por el contrario, todo sugiere que quiso mantenerlas,
toda vez que no confirió al fiscal la posibilidad de recurrir ante este tribunal vía recurso de
inconstitucionalidad. De modo que una primera sentencia condenatoria en segunda
instancia podría ser siempre recurrida por el condenado, y se vedaba la posibilidad de
obtener una primera condena ante este tribunal, quitando la posibilidad de recurso al
acusador. Ese sistema recursivo, cuando fue previsto (9 de marzo de 1998), era
compatible con el derecho al recurso a la luz de la jurisprudencia de la CSJN, toda vez
que en “Giroldi”, la CSJN justificó su apartamiento del precedente “Jáuregui” en base a la
sanción del artículo 280 CPCCN en el año 1990. Así, toda vez que en el orden local no
existe una disposición análoga al art. 280 CPCCN, el recurso de inconstitucionalidad pudo
razonablemente ser considerado por el legislador como suficiente remedio a los fines de
la garantía, a la luz del panorama jurisprudencial imperante al tiempo de sanción de la ley
comentada. A su vez, tampoco hay razones para creer que el legislador quiso garantizar
la doble instancia con un alcance menor que el que le diere el desarrollo de su aplicación
por los órganos del sistema interamericano, toda vez que para la fecha de sanción del
código procesal contravencional no se registraba la jurisprudencia de la CIDDHH que
estableció los alcances del derecho al recurso, tal como lo hizo en el precedente “Herrera
Ulloa” mencionado más arriba, emitido, según dije antes, el 2 de Julio de 2004. A la luz de
estas circunstancias, se justifica buscar los mecanismos para que la doble instancia tenga
el alcance que la CIDDHH requiere a partir del precedente “Herrera Ulloa” en el ámbito de
la Ciudad, colocando las disposiciones de la ley 12 en el lugar que el legislador quiso
darles: conjunto de reglas para instrumentar un bloque de garantías entre las cuales están
tanto el derecho de defensa como la de la doble instancia.
Para finalizar este aspecto de la cuestión, cabe tener en cuenta que, aunque no
directamente aplicables al juzgamiento de las contravenciones, las leyes 1.287, del 25 de
marzo de 2004, y 1.330, del 13 de mayo del mismo año, suponen también un criterio de
cumplimiento con la garantía de la doble instancia, esta vez en una situación, la de los
delitos cuyo juzgamiento por la justicia de la CABA prevé la ley local n° 597 y la ley
nacional n° 25.752, a la cual son estrictamente aplicables las cláusulas contenidas en la
CADDHH y el PIDCyP a las que me referí más arriba. En lo que aquí interesa, refuerzan
el criterio sentado anteriormente, puesto que, ambas de fecha anterior al precedente
Herrera Ulloa mantienen un mecanismo similar al de la ley 12 en materia contravencional,
es decir, que puede inferirse de ellas que el legislador quiso dar en el proceso
contravencional una extensión de la garantía de la doble instancia no menor que en
materia de juzgamiento de delitos.
5. Ello sentado, queda por establecer cuál es el mecanismo procesal más próximo
al previsto por el legislador para satisfacer la garantía procesal de la doble instancia con el
alcance que, según lo antedicho, quiso darle el mismo legislador. A este fin, estimo que
constituye el medio más adecuado aquel que señala el Juez Maier en su voto, a saber,
encomendar a la Sala de la Cámara Contravencional que no intervino en el pleito que
trate el recurso de la defensa.
No es difícil prever la objeción según la cual esta interpretación supone
incoherencia en el legislador, hipótesis que, como principio, debe desechar el intérprete, y
dar, como contrapartida, el más pleno efecto a sus intenciones. Empero, la situación no
permite rescatar la voluntad de preservar la garantía y al mismo tiempo la observancia
estricta de las formas procesales pautadas en la ley 12. Mantener estas formas en todo
detalle supone dar un alcance menor a la garantía, lo cual importa afirmar que el
legislador no quiso acogerla en toda la dimensión que podían darle los órganos de la
CADDHH en la previsible evolución de su doctrina, sino en una menor, a saber, la que
supuso suficiente la Legislatura que sancionó la ley 12. Esta no es, en mi opinión, una
interpretación leal hacia un legislador que tres días antes asumió que la doble instancia
regía como garantía supralegal para el juzgamiento de las contravenciones. De la relación
entre una y otra ley cabe inferir que el legislador consideró o habría considerado preferible
resolver una eventual colisión en favor de la garantía, y no en el del mantenimiento de una
forma procesal que previó como instrumento para desarrollar el proceso observando las
garantías procesales y de fondo que enuncia el art. 1 de la ley 10.
Esta preservación de la garantía solamente puede desembocar en la flexibilización
de alguna norma procesal. Por una parte, la satisfaría una ampliación del espectro de
cuestiones que pueden ser resueltas por el TSJ. Esta solución tiene como ventaja la de
reducir la extensión máxima del proceso, lo cual supone beneficios para ambas partes.
Pero, extender la competencia del Tribunal hasta abarcar cuestiones que no podría
abordar supone desnaturalizarlo. Remitir a la siguiente Sala el examen de los agravios de
la defensa supone sí hacer que una de ellas revise lo que la otra dispuso, imponiendo una
jerarquía, para la causa, no prevista en la ley de organización de la justicia. Empero, esta
supraordinación de un pronunciamiento de una Sala al de la otra no implica alterar su
posición como órganos permanentes del Poder Judicial. A su vez, el contenido de la
revisión que debe efectuar la siguiente Sala en el pleito no difiere del que debe hacer
habitualmente en ejercicio de las competencias ordinarias que le asigna la ley. Por estas
razones, estimo preferible, como adelanté, la remisión a la Sala de la Cámara
Contravencional que no intervino en el pleito, tal como postula el Presidente del Tribunal.
6. Por lo expuesto, voto por declarar procedente el recurso de inconstitucionalidad
en cuanto a la violación de la garantía de la doble instancia, y remitir el expediente a la
Sala de la Cámara que no intervino en el pleito para que se pronuncie conforme a lo
estipulado.
La jueza Alicia E. C. Ruiz dijo:
1. El recurso de inconstitucionalidad interpuesto por la defensa de Alberganti fue
correctamente concedido por la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo
Contravencional y de Faltas.
En los fundamentos de la resolución de fs. 146/150, los jueces Fernando Bosch y
Pablo A. Bacigalupo señalan que “[e]l recurrente, sin perjuicio de sostener que la materia
relativa a la inteligencia art. 68 CC conforma un verdadero caso constitucional en los
términos del art. 27 de la ley 402, en el primer punto lo que propugna, en verdad, es
precisamente la laxitud del radio del recurso para obtener la revisión de la condena
y sobre tal argumento fundamenta la razón por la que debe ser concedido.
En consecuencia, la solución alternativa que proponemos de acuerdo a esta
lectura de su escrito, es que la queja relacionada con el contenido y alcances que
este Tribunal ha sentado en relación al art. 68 de la ley 10 no debe ser enfocada a
través de la lente estricta del art. 27 de la ley 402 sino como el objeto del ejercicio
de un derecho constitucional del que está investido el justiciable: la proposición, a un
órgano revisor, de una intelección distinta de una norma a aquélla en la que fundó su
condena y, por ende, la pretensión de que ésta sea revocada” (fs. 149 vta., el resaltado es
mío).
Y más adelante agregan que la propuesta que formulan procura salvar una
deficiencia del sistema contravencional mediante la “aplicación directa de la Constitución”,
ya que “ante cláusulas self-executing, corresponde conceder el remedio interpuesto más
allá de la ordinarización que en los supuestos como el sub lite, corresponde realizar” (fs.
150).
El señor Fiscal General Adjunto a fs. 155 vta. /156 dice que el sistema
contravencional de la Ciudad tiene “naturaleza penal”, y que ello debe ser tenido en
cuenta al tiempo de “resolver los alcances del sistema legal aplicable”... “con ello sentado
corresponde destacar que claramente establece nuestra Constitución local, en su art. 13,
inc. 3, el derecho a la doble instancia y la garantía del doble conforme sobre la sentencia
condenatoria surge también con nitidez del Pacto internacional de los Derechos Civiles y
Políticos (art. 14 inc. 5) y de la Convención Americana de Derechos Humanos (art. 8, inc.
2, punto “h”) que, con el especial alcance indicado, integran el derecho de la Ciudad”. Y
concluye “entiendo que para dar cumplimiento al mandato constitucional corresponde que
VE se aboque plenamente al tratamiento de los agravios invocados por la defensa, sin las
restricciones propias de un recurso de excepción”.
La ley nº 12 faculta al ministerio público a recurrir por vía de apelación la decisión
absolutoria del juez de primera instancia, con lo cual habilita la posibilidad de una primera
sentencia de condena en Cámara. En esta situación el condenado está privado de recurrir
ante un tribunal de mérito, porque el sistema procesal contravencional (ley nº 12) no prevé
un recurso ordinario o amplio ante otro órgano judicial para impugnar la sentencia de
segunda instancia. En consecuencia, el recurso de inconstitucional ante el Tribunal
Superior de Justicia (art. 53 de la ley nº 12 y art. 27 de la Ley nº 402) es el único camino
para la defensa.
Como se ve, la estructura diseñada por la ley procesal contravencional, genera, en
un caso como el de autos, la afectación a la garantía de la defensa en juicio y del principio
del doble conforme. Y sólo por este agravio es parcialmente admisible el recurso de
inconstitucionalidad.
2. El tratamiento del recurso, por las circunstancias de la causa que motivaron su
interposición, debe quedar limitado al agravio indicado en el párrafo anterior, porque
únicamente en relación con la garantía de la defensa en juicio y del principio del doble
conforme la sentencia recurrida debe tenerse por definitiva.
El carácter represivo del derecho contravencional y la disposición contenida en el
art. 13 inc. 3 de la CCBA determinan el derecho del condenado a exigir una revisión
amplia de la sentencia de Cámara.
En forma adecuada la defensa apoya su
argumentación en los arts. 10 y 13, inc. 3 de la CCBA, arts. 18 y 75 inc. 22 de la CN; art.
8, inc. 2, h, CADH; y art. 14, inc. 5 del PIDCP. Y, en el mismo sentido, he de mencionar
los considerandos 157/168 del fallo de la Corte Interamericana en el caso “Herrera Ulloa
vs. Costa Rica”.
3. Las consideraciones precedentes me llevan a compartir los fundamentos y la
solución que propone mi colega el juez Maier en los apartados 3, 4, 5 y 6 de su voto.
Por ello, oído el Sr. Fiscal General Adjunto, por mayoría
el Tribunal Superior de Justicia
resuelve
1. Declarar parcialmente procedente el recurso de inconstituciona-lidad
interpuesto a fs. 115/135 con respecto a la lesión a la garantía de la doble instancia.
2. Ordenar la remisión del expediente a la Cámara de Apelaciones en lo
Contravencional para que jueces diferentes a los que emitieron la sentencia resuelvan
como tribunal de mérito (apelación) los agravios del recurrente que no fueron tratados por
el Tribunal.
3. Mandar se registre y notifique.
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derecho al recurso - Consejo de la Magistratura de la Ciudad