21 de mayo 2004
Soy yo quien os ha elegido...
Es una tradición del Instituto reunir a las nuevas provinciales para un tiempo de compartir y
de formación a su nuevo ministerio, un tiempo que puede ayudar a cada una a comprender su
misión en el hoy del Instituto, profundizarlo y amarlo. Al comienzo de este encuentro, cada
una de la fraternidad Saint Michel, desea daros la bienvenida.
El azar, o mejor todavía, la Providencia ha permitido que nuestro encuentro comience el 21 de
mayo, aniversario del nacimiento de María de la Pasión. De hecho, ¿no es ella la que nos
acompañará a lo largo de estas semanas, para profundizar el ministerio de provincial que os
ha sido confiado, inspirando nuestros intercambios y reflexiones? Las provinciales y el
Consejo general, formamos juntas un mismo Cuerpo que lleva la responsabilidad del Instituto
y su misión.
Nos habitan múltiples sentimientos. Quizás están todavía en los espíritus y corazones los
meses de las elecciones... Fueron de luchas interiores y de aceptación, de interrogantes y de
disponibilidad, de inquietud y de abandono. El cambio de vida que se ha dado, en general ha
sido rápido y, a menudo con una breve etapa de transición. Ha sido necesario dejar una
misión, los compromisos, una comunidad e incluso la provincia... bruscamente ha cesado toda
una red de relaciones.
Se os ha confiado un ministerio. Se inscribe en la bella historia de vuestras provincias que os
ofrecen un pasado rico de experiencias para acoger el presente y preparar el porvenir. En estos
primeros meses habéis visto la envergadura de la tarea. Algunas de vosotras han vivido
situaciones difíciles y dolorosas. Sin embargo cada una descubre que si la responsabilidad es
grande, la lleva junto a las hermanas que Dios nos da, las hermanas de vuestras provincias y
las del Consejo general. Se vive en Iglesia, es una misión de Iglesia. Os sitúa en el centro del
mundo y de sus realidades, y os invita a colaborar, a trabajar, a buscar con diferentes
instancias y personas.
Habéis descubierto que para acoger este servicio de autoridad, el SÍ que habéis dado al Señor,
le ha comprometido cuanto a vosotras y mucho más. Asombradas, lo volvéis a descubrir
actuando en la vida de vuestras hermanas y en las situaciones que habéis encontrado. Un
misionero escribía a María de la Pasión cuando era Reparadora y provincial en Madurai: “Las
dos casas del Sur le han acogido con sentimientos de agradecimiento. Ellas esperan que salve
la misión. Su casa del Norte le ofrece también un aporte admirable de consuelos... Su
gobierno será sin duda obstaculizado por varias influencias que están en curso, pero créame,
en el cielo velan por usted. No dude... de la hermosa misión que se le ha confiado... Sí, poco a
poco las dificultades se allanarán”.
Cada una de nosotras se halla con su historia personal y el contexto de su provincia. A partir
de ahí, nos situaremos e intercambiaremos con percepciones y esperanzas que pueden ser
diferentes. Nuestro compartir nos abrirá a la diversidad en la que el carisma está encarnado y,
a la fuerza de la complementariedad y de la comunión. Haremos la experiencia de la
complejidad del Instituto así como de su gran riqueza.
A veces algunas situaciones e interrogantes nos habitan y desconciertan: ¿Por qué yo? ¿Cómo
sucederá eso? (Lc 1,34 y cf. las Costumbres de la provincial 7). Preocupaciones o gentes,
hermanos/hermanas y otras personas me impiden amar al Señor Dios (cf. Carta a un Ministro 2)...
Ellas están ahí para invitarnos a acoger el proyecto de Dios, para abrirnos a la gratuidad del
don, la gratuidad del amor, la gratuidad de la llamada. “Ya no os llamo siervos, porque el
siervo no sabe lo que hace el amo. A vosotros os he llamado amigos porque os comuniqué
cuanto escuché a mi Padre. No me elegisteis vosotros; yo os elegí y os destiné a ir y dar fruto,
un fruto que permanezca” (Jn 15, 15-16). Esa elección misteriosa, ¿por qué yo?, ese don
gratuito de Dios, como nuestra vocación, no corresponde a ninguna lógica humana. Solicita la
misma respuesta, la del don de sí, de la ofrenda en seguimiento de Cristo, en el Espíritu, para
entregarnos sin reserva al Padre (cf. Fórmula de los votos).
Si me permitís, para terminar, quisiera compartir un hecho personal que me acompaña desde
hace mucho tiempo. Cuando era provincial no me gustaba que me presentaran con ese título.
Sin embargo un día, un jefe de empresa, un cristiano profundamente convencido, me ayudó a
dar un paso más en la comprensión de la responsabilidad que me había sido confiada. Me
repitió el pasaje de Juan, me hizo notar que Cristo no había negado lo que Él era. Más que
hacer de ello un poder o un derecho, hizo un servicio: “Vosotros me llamáis maestro y señor,
y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros
debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado el ejemplo” (Jn 13, 13 –14).
“Hoy es el día del prodigio de la ternura de Jesús”, nos dice María de la Pasión en la
Meditación del Jueves Santo (Tomo V)
Christiane Mégarbané
Superiora general
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26 de mayo 2004
Soy yo quien os ha elegido...
Sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber
amado a los suyos del mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena (...) sabiendo que
todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se
levanta de la mesa, se quita el manto y tomando una toalla, se la ciñe. Después echa agua en
una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que
llevaba ceñida. (...) Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y les dijo:
“Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo,
que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente
los pies. Os he dado el ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho”. (Jn 13,1-15)
1.“Vivir como DISCÍPULAS, apasionadas por Cristo, sencillas, transformadas por la
Palabra”. (Documento capitular: Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 –
Discípulas 3)
1.1 Jesucristo es el centro de nuestra vida. Durante el último Capítulo general renovamos con
fuerza nuestro deseo de ser discípulas. El camino del discípulo es el mismo que Jesús ha
vivido, pensado y actuado durante su vida terrena. Su misma acción es un mensaje que tiene
valor de testamento y que no deja ninguna duda sobre lo que Él espera de nosotras. Os he
dado el ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho. Para llegar a ser discípulas tenemos que
dar una respuesta a la llamada de Cristo que nos invita a vivir la responsabilidad de provincial
como Él, en espíritu de servicio hasta el don, un don enraizado en una relación.
1.2 Una llamada. “Caminando por el mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés que
echaban las redes al mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: ‘Veníos conmigo y os haré
pescadores de hombres’. Al punto dejando las redes y lo siguieron. (Mc 1,16) Esta elección,
que es un misterio en cada vida, es una elección de Jesús que “conoce a los que ha escogido”
(Jn 13,18)
1.3 Un servicio. “Jesús se levanta de la mesa, se quita el manto, y tomando una toalla, se la
ciñe. Después echa agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a
secárselos con la toalla” (Jn. 13, 4 y 5). Cristo nos propone una imagen sencilla del cotidiano,
una imagen diferente de lo que acostumbra a ser la autoridad, para darnos el sentido de lo que
nos quiere trasmitir. Nos recuerda que no somos responsables para dominar y hacer sentir
nuestro poder, sino más bien, para estar atentas a las necesidades de las demás y presentes a
sus realidades y situaciones. Este servicio es un ministerio, una misión.
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1.4 Un don. “El Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por todos.” (Mc 10,45) La imagen del servicio invita a salir de sí mismas a descentrarse.
Cristo, profundamente humano, y consciente, es el autor de los acontecimientos que le van a
hacer pasar de este mundo al Padre. Se ofrece, se entrega y nos invita a salir de la lógica de
la eficacia para vivir la experiencia significativa del don total.
1.5 Una relación. “Las palabras que yo os digo no las digo por mi cuenta; el Padre que está
en mí realiza sus propias obras” (Jn 14,10) El servicio de Jesús se alimenta de su relación con el
Padre
2.“En el umbral de este nuevo milenio, con la Beatificación de María de la Pasión, la
Iglesia ha confirmado el valor de nuestro carisma como “un don” para el mundo. En
nuestras manos llevamos este “tesoro” del que todas somos responsables...”
(Documento Capitular: Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 – Introducción)
Enviadas por Cristo “ Como tu me enviaste al mundo, yo los envié al mundo.” (Jn 17,18) para
continuar su misión, nuestro ministerio nos pone al servicio del Instituto, de la provincia, de
las comunidades y de las hermanas para caminar juntas hacia la realización de nuestro
carisma.
2.1 El servicio de la autoridad
2.1.1“No vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos.” (Mc 10,45)
Jesús está en medio de nosotros como El que sirve (cf. Lc 22,27)... habla y sirve como alguien
que tiene autoridad. Su servicio no era como el de un esclavo, sino el del Maestro, que vino
para “cumplir la tarea que el Padre le encargó” (cf. Jn 17,4)
2.1.2 La autoridad que nos ha sido confiada, vivida a ejemplo de Cristo, nos pone al servicio
del proyecto de amor de Dios para el mundo (Documento capitular: Discípulas enviadas a la Misión
Universal en el mundo de hoy, 2002 – Discípulas 3) Jesús nos confía su visión y la de su Padre para el
mundo. Hoy se actualiza el “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que
quien crea no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para
juzgarlo, sino para que el mundo se salve por medio de él.” (Jn 3,16-17) y “para que tengamos
vida, una gran vitalidad” (Jn 10, 10).
2.1.3 El servicio de la autoridad, es esencialmente profético, como nuestra vida religiosa. Es
signo de Dios y anuncia su presencia amorosa que nos abre a la esperanza.
2. 2 Contexto en el que se vive este servicio
2.2.1 Por una parte, el mundo y su realidad. Vivimos en un mundo desacralizado, manipulado
por los mass media, víctimas del poder y del tener, que influencian nuestra manera de ver la
autoridad, a menudo puesta en cuestión y no siempre valorizada. Espontáneamente se percibe
como una amenaza al valor sagrado de la autonomía individual.
2.2.2 Por otra parte, la precariedad de la mayoría de nuestras situaciones. Hoy, hay muchas
comunidades, incluso algunas provincias, que después de un pasado glorioso, que aún está
vivo en nuestras memorias, se encuentran despojadas y frágiles, resulta difícil aceptar la
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realidad. Acoger este presente como un paso del Señor, nos invita a abrirnos al futuro
desde nuestras raíces profundas, desde lo esencial.
2.3 La provincial
2.3.1 La Provincial, elegida en un momento particular de la historia de su provincia,
animadora de su proyecto fmm, ofrece a sus hermanas, a la Iglesia y a su entorno, la pasión
que vibra en ella por el Señor y su misión. Ella, según el carisma del Instituto, inspira,
fortalece y estimula el espíritu de pertenencia y de compromiso ‘a compartir la
responsabilidad y preocupación del anuncio de la Buena Nueva en todo el mundo’
(Documento capitular: Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 – Enviadas a la
Misión Universal 2)
2.3.2 Hermana elegida entre sus hermanas, y nombrada a favor de sus hermanas como
representante ante Dios... Puede ser indulgente con las ignorantes y extraviadas, porque
también ella está sujeta a debilidad, y a causa de ella, tiene que ofrecer sacrificios por sus
propios pecados, lo mismo que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad si no es
llamada por Dios... (cf. Hb 5, 1-4)
2.3.3 Somos instrumentos en las manos de Dios para guiar a la provincia, esta verdad nos
hace ser humildes, humanas, realistas y también serenas. “La parte de autoridad que se nos
ha dado es para nosotras un medio de ser, cada vez más, Menores, ‘de servir y no de ser
servidas’ (MD,659)
2.4 Gobierno y Animación
2.4.1 Son dos las tareas confiadas a la provincial: el gobierno con su parte administrativa y la
animación. Las realiza con el mismo espíritu que animó a Cristo “ a pesar de su condición
divina no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de
esclavo” (Fil 2, 6 y 7). para realizar el proyecto del amor de Dios en el mundo” (cf.
Documento capitular: Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 – Discípulas 3)
Tener una orientación y una visión, dan una dirección clara y precisa y el verdadero
sentido del servicio de la autoridad que es “ quererlo y hacerlo según el designio amoroso
de Dios” (cf. Fil 2,13).
2.4.2 La responsabilidad del líder es de ir siempre adelante, de escuchar desde su realidad, su
experiencia pasada y su intuición; de expresar sus deseos para el presente y el futuro y
confrontarlos con los de las otras para que todo ello se haga una visión. De esta manera su
visión será la visión de conjunto y la visión de conjunto es la del líder. Es esperanza de un
posible futuro que se construye juntas, en comunión y corresponsabilidad. De esta visión
depende el futuro.
2.4.3 Para abrir nuevos horizontes, el servicio de la autoridad requiere una visión, y
también transformación, progreso y crecimiento. Para ello, la provincial tiene en cuenta el
carisma del Instituto dedicado a la Misión Universal, favorece la comunión entre los
miembros de su provincia y de las provincias, apoya las iniciativas y vivifica el sentido de
pertenencia al Instituto, a la provincia y a la comunidad local.
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2.4.4 El arte de gobernar y animar no se puede vivir sin un espíritu de sabiduría y
discernimiento, de una apertura al Espíritu para acoger la voluntad de Dios en la vida del
Instituto y en cada una de nosotras. Escuchad y entended gobernantes del orbe hasta sus
confines... el poder os viene del Señor y el mando del Altísimo... supliqué y se me concedió
la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría. Ella sabe lo que a ti te agrada,
lo que responde a tus mandamientos. Ella, que todo lo sabe y lo comprende, me guiará
prudentemente en mis empresas y me custodiará con su prestigio; así aceptarás mis obras.
(cf. Sab 6,1-3; 7,7; 9,9, 11 y 12)
3. “Reunidas de numerosos países y culturas, Franciscanas Misioneras de María,
portadoras de un mismo carisma, hermanas, viviendo juntas, discerniendo y
descubriendo niveles más profundos de nuestra identidad.”(Documento capitular: Discípulas
enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 - Introducción)
3.1 El gobierno
3.1.1 El gobierno está al servicio del Instituto, de las Provincias, de las comunidades y de las
hermanas. Contribuye a la puesta en acción de los mandatos dados por los diferentes
Capítulos generales y provinciales. Inspira y anima las orientaciones, favorece la
encarnación del carisma en los diferentes contextos donde el Instituto está insertado y
apoya la realización de nuestra misión en el mundo de hoy.
3.1.2.“El gobierno se ejerce según una “descentralización moderada”, está escrito en nuestras
Constituciones (art129). Los recientes estudios sobre el gobierno llevaron al Consejo general
ampliado de 1999 a hacer resaltar la interdependencia, que une los diferentes niveles: local,
provincial y general, en una dependencia mutua, en solidaridad, colaboración y comunión,
comprometiéndonos cada vez más a construir juntas el Cuerpo al que pertenecemos. Vivir la
realidad del “cuerpo” es un testimonio palpable para el mundo actual que tiende enormemente
hacia la fragmentación y el individualismo.
3.2 Contexto en el que se ejercita el gobierno
3.2.1 Los desafíos del mundo actual y de la Iglesia, por nuestra responsabilidad, nos sitúan en
medio de situaciones complejas pero vitales. Tenemos que hacer frente a la disminución de
recursos humanos y financieros, y al mismo tiempo nos parece fundamental estar a la escucha
de los signos de los tiempos. Sentimos la necesidad de responder a nuevas llamadas, de
comenzar nuevos proyectos misioneros, y es necesario asegurar el funcionamiento de lo que
ya existe y que todavía es válido. Tenemos que administrar con prudencia nuestros recursos
financieros y necesitamos responder a los múltiples pedidos de apoyo financiero,
contribuyendo a la solidaridad y la ayuda mutua: la razón de ser de la caja común.
3.2.1 Estas situaciones y otras que comenzamos a vivir, como la supresión de provincias, no
tendrían que afectar nuestra valentía y confianza, ni ocultar los signos reales de vida y
de esperanza que animan al Instituto, la riqueza de su historia y de su misión, la
experiencia inestimable de las hermanas mayores, el entusiasmo de las nuevas
generaciones, aunque su número haya disminuido, el apoyo y las disponibilidades
efectivas que encontramos junto a muchas hermanas.
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3.2.3. En este contexto, ¿Cómo podría impregnar nuestras estructuras de gobierno? nuestra
vocación de discípulas de Cristo, En el Documento capitular de 2002, hemos afirmado
que “la cruz es el paso necesario para la resurrección” (Documento Capitular: Discípulas
enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002, Enviadas a la Misión Universal 4). ¿Qué
lugar le damos? María de la Pasión escribía a Marie des Sts. Apôtres: “Creo que si
estuviéramos encargadas de elegir, raramente tomaríamos parte en la Pasión de
Nuestro Divino Salvador, por esto Él mismo nos la da a menudo, porque sin ella
nunca podríamos asemejarnos a Él, y Él no nos ha engañado en el método. Nos dice:
“El que quiera ser mi discípulo que tome su cruz y me siga”.
3.3 Las estructuras de gobierno
3.3.1 Después del Vaticano II, tanto en el Instituto como por todas partes, las estructuras de
gobierno y su funcionamiento, han experimentado evoluciones sucesivas, una
profundización esencial. Los cambios, tanto sociales como eclesiales y las tomas de
conciencia en las comunidades han facilitado retornar a los orígenes, encontrando un
estilo de relaciones y de animación más fraternal y amistoso. ¿No es lo que
encontramos en estos días en Francisco y María de la Pasión? La atención a las
personas con sus dones y límites nos ha facilitado liberarnos de la uniformidad para
descubrir la riqueza de la diversidad y sus consecuencias: la participación, el diálogo,
el proceso de consulta y decisión, el discernimiento, la escucha y la búsqueda
conjunta, la subsidiariedad y la corresponsabilidad. Sin embargo, lo sabemos por
experiencia, no es nada fácil la integración de estas realidades en nuestro día a día. Lo
hemos constatado con mucha fuerza en el estudio sobre el gobierno. No basta cambiar
la terminología para que el antiguo modelo sea transformado.
3.3.2 La responsabilidad de la provincial es asegurar el buen funcionamiento de diversas
estructuras que faciliten a la provincia hacer un camino como Cuerpo. Estas
estructuras tienen un fin común y favorecen la unidad y la cohesión. Sin embargo,
cuando las preocupaciones administrativas invaden el terreno, suprimiendo una visión
más amplia, cuando se desatiende lo fundamental de la comunidad, del apostolado y la
vida espiritual, poco a poco en la provincia se crea la pérdida de puntos de referencia,
acarreando vacío y desorientación.
3.3.3 Los capítulos, los consejos provinciales y los consejos provinciales ampliados, las
asambleas de la provincia, los equipos y las comisiones, asisten a la provincial en su
gobierno para la búsqueda en conjunto del bien común de la provincia y también del
Instituto.
3.3.4 De esta manera se vive plenamente la subsidiariedad y la responsabilidad compartida,
indispensables para el crecimiento de las personas y de su sentido de pertenencia a la
provincia y a su misión en el Instituto.
3.4 La toma de decisiones
3.4.1 Ser responsable requiere tomar decisiones. Lanzar un nuevo proyecto, cerrar una casa,
reagrupar comunidades, nombrar a una persona para una responsabilidad, dar un envío
a una hermana de una comunidad a otra, organizar encuentros, confiar más
responsabilidades, amonestar a una hermana, tomar decisiones financieras y otras
muchas deliberaciones que hay que hacer con los riesgos que todo ello implica. Estas
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decisiones llevan siempre a una escucha paciente y humilde, a un diálogo en vista de
un discernimiento.
3.4.2 La base de todo discernimiento es la confianza, la confianza en el Espíritu que anima y
en el que cada una se expresa, la confianza de unas y otras. Clara, describiendo el rol
de la abadesa en la comunidad, la ve como hermana entre las hermanas, que toma las
decisiones después de haber consultado a cada una. Yo, con mis hermanas... según la
expresión de Clara, es testimonio de la igualdad, del apoyo mutuo y respeto mutuo.
3.4.3 El servicio de autoridad supone una ascesis permanente para no imponer su propia
voluntad, y una búsqueda juntas para estar abiertas al Espíritu que “sopla donde
quiere” (cf Jn 3,8). El gobierno está siempre al servicio de la vida, de la vida del
Espíritu en cada una y en la misión que le ha sido confiada.
3.5 La puesta en práctica de las decisiones
3.5.1 Para un funcionamiento sano, un elemento clave es la puesta en práctica de las
decisiones. Demorar la aplicación de las decisiones lleva a una pérdida de credibilidad
en los intercambios, las consultas y discernimientos.
3.5.2 Sin embargo la comunicación y la claridad en la información, son elementos
fundamentales que favorecen la participación y el compromiso, un espíritu de
provincia sano y constructivo.
3.5.3 En la puesta en práctica de las decisiones tomadas, algunas aportan sufrimiento con el
riesgo de crear frustraciones, heridas. De hecho es así. No se encuentra la solución
dejando continuamente la decisión para más tarde, sino pensando cómo aplicarlas.
Junto con la decisión, ¿sería también posible transmitir la misericordia y la ternura del
Señor?
3.6 La responsabilidad compartida
3.6.1 Si la tarea, con razón, nos parece grande, no la llevamos solas. Ninguna persona puede
ser responsable sola. Tenemos necesidad unas de otras. A nivel provincial, los
miembros de esta responsabilidad compartida son las consejeras provinciales y las
responsables. Compartir y llevar juntas las preocupaciones y situaciones dolorosas, las
alegrías y los signos de vida y de esperanza, hacen sentir la solidaridad y la fuerza de
la búsqueda juntas, pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos (cf Mt 18,20). Lo que al inicio parece imposible, difícil, se hace posible.
3.6.2 La complementariedad de los conocimientos y capacidades de cada una son una fuerza
y una riqueza inestimable para un discernimiento, una toma de decisión. Encontrar en
el otro lo que nos falta, reconocerlo y apreciarlo, nos brinda grandes recursos. La
responsabilidad compartida se vivió en Pentecostés, en la acogida del Espíritu que se
expresa en cada uno y hace entrever nuevos horizontes.
3. 7 La corresponsabilidad
3.7.1 Cada hermana, sean cuales fueren sus actividades, sus responsabilidades y sus
compromisos, es corresponsable de la vida de su propia provincia y de su misión. Cada una ha
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recibido el carisma y en ella Dios revela una parte de Sí mismo. La misión primordial de la
autoridad es la de escuchar la voz del Espíritu en cada miembro y la de creer en sus
capacidades y su aportación. “Alzando la vista y viendo la multitud que acudía a él, Jesús
dice a Felipe: ¿Dónde compraremos pan para que coman ésos?. Felipe le contestó:
‘Doscientos denarios de pan no bastarían para que a cada uno le tocase un pedazo’. Uno de
los discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dice: ‘Aquí hay un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es esto para tantos?’ Jesús dijo: Haced que la
gente se siente... los varones eran cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio gracias y los
repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: todo lo que querían...”
(Jn 6,5 –11)
3.7.2 Tener confianza en las demás les ayuda a crecer en la estima de ellas mismas, y por
ello mejora la colaboración y participación de cada una.
3.8 Las prioridades en el servicio
3.8.1 A menudo resulta difícil distinguir entre lo que es importante y lo que es urgente,
programar a largo plazo cuando una se encuentra abrumada con problemas urgentes a
solventar en lo inmediato. A veces nos sentimos mal preparadas ante un conjunto
enorme de tareas. La falta de tiempo, las inevitables exigencias de los trabajos de
escritorio y la multiplicidad de contactos, encuentros, reuniones, dispersan y crean
tensiones. ¿Cómo establecer prioridades?
Hay que hacer siempre una elección crucial entre limitarse a hacer frente a las
urgencias, a gestionar lo que ya existe y hacer una planificación; establecer prioridades
que a partir de una visión y una proyección posibiliten la apertura de caminos que
conduzcan hacia el futuro.
4. “Comprometernos, como discípulas fmm, a vivir como hermanas en el seno de una
comunidad intercultural e internacional que anuncia la comunión más allá de nuestras
diferencias y da una respuesta a la sed espiritual y a la falta de esperanza de nuestros
contemporáneos” (Documento Capitular: Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy,
2002 – Discípulas, Líneas de acción 3).
4.1 La animación
4.4.1 Al final de una comida, después de haber explicado a sus discípulos lo que iba a
suceder, Jesús, antes de separarse de ellos, en su última oración, entrega al Padre a los que Él
le había dado.
Jesús, levantando la vista al cielo, dijo: Padre yo te he dado gloria en la tierra, cumpliendo
la tarea que me encargaste hacer. Ahora tú Padre, dame, la gloria que tenía junto a ti antes
de que hubiera mundo. He manifestado tu nombre a los hombres sacados del mundo, que me
confiaste, eran tuyos y me los confiaste y han cumplido tus palabras. Ahora comprenden que
todo lo que me confiaste procede de ti. Las palabras que tú me comunicaste yo se las
comuniqué; ellos las recibieron y comprendieron realmente que vine de tu parte, y han creído
que tú me enviaste. Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has
confiado, pues son tuyos. Todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío: en ellos se revela mi gloria. Ya
no estoy en el mundo, mientras que ellos están en el mundo; yo voy hacia ti Padre Santo,
guárdalos con tu nombre, el que me diste, para que sean uno como nosotros.
(...) Como tu me enviaste al mundo, yo los envié al mundo. (...) No sólo ruego por ellos, sino
también por los que han de creer en mí por medio de sus palabras. (...) Padre justo, el mundo
no te ha conocido; yo te he conocido y éstos han conocido que tú me enviaste. Les di a
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conocer tu nombre y se lo daré a conocer, para que el amor que me tuviste esté en ellos, y yo
en ellos.” (Jn 17, 4-11; 18;20;25 y 26).
4.1.2. En su oración Jesús nos describe la misión que acaba de cumplir. Enviado por el Padre,
ha formado la comunidad de discípulos, Él les ha animado, acompañado revelándoles quien
es el Padre. Les envía al mundo para hacerles discípulos y reza por ellos y por aquellos que
gracias a su palabra se harán también discípulos.
4.1.3 Esta oración de Jesús por los suyos, ¿no describe los grandes rasgos del servicio de
animación? En seguimiento de Cristo, a la escucha de su Palabra y atentas a los signos de los
tiempos, penetramos en el misterio de Dios para descubrir su amor que irrumpe en la historia
y salva al mundo (cf Cons 11) dándonos a conocer su secreto designio (cf Ef 1,9) en nosotras y
en aquellas a quienes somos enviadas. “Cristo os renovará día a día, para construir con su
Espíritu comunidades fraternas, para lavar con El los pies a los pobres, y para dar vuestra
aportación insustituible a la transformación del mundo.” (VC nº 110)
4.2 El contexto en el que se vive la animación
4.2.1 El contexto es bastante variado de una provincia a otra, en cuanto al número de
hermanas, a su media de edad, a las vocaciones, a las posibilidades y medios de formación, a
los compromisos apostólicos...Hay provincias de mucha edad, hay provincias jóvenes; hay
provincias sin vocaciones desde hace mucho tiempo, otras tienen muchas y otras, al contrario
tienen muy pocas. Hay provincias que tienen muchas hermanas ancianas y enfermas que
necesitan hoy una atención particular, después de haber dado lo mejor de ellas mismas
durante numerosos años al Instituto y la su misión. En muchos lugares su número representan
a la mayoría. Muchas provincias ya han respondido con creatividad y amor a sus necesidades.
4.2.2 Están también las fuerzas vivas del Instituto, indiferentemente de su edad, las que están
comprometidas directamente en la misión y los servicios de las comunidades y del Instituto.
A menudo, poco numerosas en las provincias, necesitan ser apoyadas, comprendidas,
reagrupadas, estimuladas, alimentadas espiritualmente y vivir en comunidades que les
ofrezcan espacios y apoyo. De lo contrario existe en ellas el riesgo de marginarse por tratar de
sobrevivir.
4.2.3 Existen también las jóvenes generaciones con todos los desafíos que comporta su
integración en las comunidades y provincias, que a menudo tienen una media de edad
netamente más elevada que la suya. Es urgente encontrar con ellas nuevas respuestas que les
ofrezcan campos apostólicos donde entregarse y, las responsabilidades donde ellas puedan
servir. Su acompañamiento continúa siendo una necesidad, hay que ayudarles a vivir los
pasos necesarios para unas experiencias constructivas de integración.
4.2.4 En nuestras comunidades nos encontramos a menudo con hermanas que se sienten solas
o aisladas. El ritmo de nuestra vida cotidiana, los múltiples compromisos no favorecen
siempre las relaciones profundas que necesitan tiempo, energías e interés. Fácilmente nos
comunicamos con hermanas, personas que están en la otra punta del mundo, en otras
provincias, pero quedan lejanas las que están cerca, las que soy su prójimo.
4.2.5 Están también nuestras situaciones de fragilidad, hermanas que no llegan a conciliar sus
compromisos, su vida de oración y de comunidad y, que después de un cierto número de años
se encuentran sin fuerzas, vacías, dispersas; hay algunas que heridas por la vida no saben
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situarse en una relación de bondad, de cortesía, de apertura; hay otras que no saben envejecer
y no llegan a retirarse a tiempo de su cargo; ciertas hermanas están marcadas por la cultura
individualista y actúan solas y sin ninguna referencia a la comunidad. Los ejemplos de
situaciones diversas son múltiples...
4.2.6 Jesús está delante de sus discípulos. Entre ellos hay una gran diversidad de caracteres y
temperamentos, de entusiasmo y de pobreza. Les habitan sentimientos variados. Hay miedo,
dinamismo, sensibilidad, inestabilidad... e incluso el pecado. Jesús está de rodillas delante de
cada uno, incluso delante de Judas, para afirmar que para él todos son grandes e importantes,
todos tienen necesidad que sus pies sean lavados... Un servicio que él hace a todos, sin tener
en cuenta sus diferencias, sus méritos y su dignidad y que va a dar nacimiento a una
comunidad. El relato de la última Cena es la historia de una comunidad deshecha. El
hombre, que es el corazón va a ser traicionado y renegado. Todos sus amigos se van a
dispersar. Es la historia del nacimiento de una comunidad donde quedan abolidas la
alienación bajo todas sus formas, la traición e incluso la muerte. Una historia que nos aporta
esperanza. (Je vous appelle amis, Timothy Radcliffe op p.151)
4.2.7 El desafío que recibe la provincial, a partir estas realidades y las del mundo de hoy, es
saber cómo ofrecer una animación que ayude a las hermanas, las comunidades y la provincia
a hacer una experiencia de Dios, que compartida sea motivo de consuelo, solidaridad, justicia,
paz, reconciliación, diálogo con todas y todos.
4.3 El servicio a las hermanas
4.3.1 En el servicio de autoridad, al igual que en nuestra vida de discípulas, se trata siempre
de amar, amar gratuitamente, amar generosamente, amar sin esperar recompensa.
En seguimiento de Francisco, Clara recibe las hermanas que el Señor le ha dado poco
después de su conversión (Test Cl 25), como un don ofrecido a su libertad de amar... y a la
nuestra. “Demostrar con actos de amor externos el amor que lleváis dentro, amándoos
mutuamente con el mismo amor de Cristo. Estimuladas por este ejemplo, las hermanas
crecerán siempre en el amor a Dios y en el amor mutuo. Que la elegida al servicio de las
hermanas (...) sea para sus hermanas como una madre llena de bondad para con sus hijas, con
cuidado y ponderación... Será tan sencilla y benevolente que las hermanas puedan expresar
sus necesidades con la certeza de que pueden recurrir a ella en todo momento con confianza,
siempre que lo crean necesario para ellas y para sus hermanas” (Test CL 59...)
Pensar en las demás, orar por ellas, ofrecer sus sufrimientos, estimarlas, ser agradecida y
alegrarse con sus éxitos... todo esto es signo de un auténtico servicio realizado desde la verdad
y el amor...
4.3.2 El servicio de autoridad, nos llama a abrirnos a un diálogo con las hermanas, a escuchar,
a compartir, a dar el tiempo para crecer en la comprensión mutua.. Jesús llega a Simón Pedro
((cf Lc 22,32). Al terminar su diálogo con Jesús, Pedro se adhiere totalmente al proyecto del
Maestro. El diálogo a la escucha del otro, abre a respuestas inesperadas que pueden cambiar
una vida.
La responsabilidad nos llama a comprometernos con una grande profunda humildad y
caridad, con la paciencia de saber que Dios tiene su hora. En nuestra propia debilidad, Su
acción transformadora, nos sorprende sin cesar por su fidelidad en el amor.
La primera característica del servicio de autoridad y la más profunda, es la capacidad de
relación, de crear relaciones interpersonales, desde la apertura al otro, a su historia personal y
a lo que le da vida... para poder caminar luego juntas.
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4.3.3 El servicio de autoridad nos permite conocer a las hermanas en profundidad, acercarnos
a ellas de una manera particular, ayudarles, sostenerles y acompañarles en los momentos de
fragilidad y dificultad. “He rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas
vuelto, confirma a tus hermanos” (cf Lc 22,32)
Hay hermanas que viven a menudo con gran valor y generosidad situaciones de pobreza y
violencia. Su testimonio de vida es fuente de inspiración.
El encuentro con las hermanas nos pone también en contacto con la parte sagrada de cada una,
con su deseo de vivir la vida fmm en la disponibilidad y la pasión que le anima por el Instituto
y su misión...
4.3.4 No obstante, el servicio de autoridad nos invita a ir todavía más lejos en el amor hacia el
otro. Amar, es tener el valor de recordar al otro su deseo de vivir su consagración con alegría
y autenticidad, desde la libertad y la verdad. A veces, existe una tendencia de “dejar hacer”, o
de decir, “todo el mundo lo hace”. No siempre es fácil llamar por su nombre a los conflictos y
tensiones que hieren y que son un obstáculo para la vida comunitaria y para la misión.
4.3.5 El gesto de Jesús de lavar los pies de todos los discípulos, incluso de Judas, es una
llamada a las que tienen el servicio de autoridad, para prestar particular atención a aquellas
que viven una experiencia de amargura, a las que se sienten heridas por la vida y que tienen
dificultad de perdonar, y perdonarse. La verdadera reconciliación empieza siempre por la
persona ofendida, herida. ¿No es este el mensaje que nos deja Jesús al lavar los pies a Judas?
María de la Pasión escribía a Marie de Ste Veronique que le sometía una gestión de
reconciliación con un misionero que hacía sufrir a las hermanas, María de la Pasión escribía:
“El afrentado es el que tiene que ir a quien es culpable y pone la mejilla derecha al que le ha
abofeteado la mejilla izquierda... haced todo lo que podáis por el Padre y según lo que
juzguéis prudente y posible; si es voluntad de Dios que se hagan la paz y la caridad llegará su
hora” (septiembre 1887).
4.3.6 Jesús llamó a sus discípulos a seguirlo, curó a los enfermos, conjuró a los demonios,
resucitó a los muertos y se atrevió enfrentarse a las autoridades religiosas de su época. En Él,
el poder curaba siempre y daba la vida. Jamás rebajaba, reducía, disminuía ni destruía. Su
poder lo dio a sus discípulos. (cf Lc 10)
Es muy importante valorar a las personas y su misión. De ahí la importancia de fiarse de ellas,
en una palabra de responsabilizar. ¿No es esto lo que hizo María en Caná? María fuerza la
situación porque cree que Jesús es capaz de cosas grandes.
Bien comprendido, el servicio de autoridad reúne la vida, el crecimiento de las personas.
4.4 El servicio a las comunidades
“En medio de un mundo dividido, vivir como hermanas, en comunidades
internacionales e interculturales, en comunión y compartiendo. Rechazar todo tipo de
exclusión”, hemos escrito en nuestro documento capitular (Documento capitular:
Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 – En el mundo de
hoy, 4.1)
4.4.1 En un mundo cada día más fragmentado, como discípulas de Cristo, somos llamadas, de
hecho, a dar un testimonio visible y concreto del Evangelio, a partir de nuestra manera de
vivir la comunidad. La riqueza de las relaciones interpersonales en un contexto internacional e
intercultural, el conocimiento mutuo, el apoyo, el respeto, la colaboración muestran que la
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diferencia no significa división, sino más bien testimonio de la universalidad. La verdadera
comunidad nos enseña a valorizar la diversidad sin caer en la fragmentación, el
individualismo y aislamiento del mundo postmoderno.
4.4.2 Llevamos en nosotras aspiraciones a una vida fraterna donde se vive un intercambio
profundo, en un clima de acogida, de respeto de aceptación, de libertad y de amistad.
Deseamos comunidades en las que sus miembros puedan apoyarse recíproca y fraternamente,
y en el compartir la misión. Pero constatamos que hay una gran distancia entre el ideal y la
realidad. . La comunión que debería ser uno de los signos más evidentes dentro de las
comunidades, se logra difícilmente. Sin embargo, nuestras relaciones alcanzan mayor
profundidad y favorecen un conocimiento mutuo más auténtico cuando intentamos compartir
la fe que nos anima y de que forma Dios actúa en nuestras vidas.
4.4.3 Al mismo tiempo somos conscientes de que la comunidad pertenece a la esencia de la
vida consagrada y a la forma de vivir la misión. La vida comunitaria es un factor de
credibilidad de nuestro anuncio del Dios Amor... cada una llevando la carga del amor del
otro, cumpliremos sin esfuerzo la ley de Cristo (Clr 17) Ella hace parte de nuestro testimonio,
de lo que decimos y significamos por nuestra propia existencia, más que por nuestras
palabras. Nuestra manera de vivir en sí misma ya es una evangelización y una esperanza.
Cuestiona al mundo y anuncia una nueva sociedad.
4.4.4 Las visitas y contactos diversos que una provincial puede tener con las comunidades,
son un momento privilegiado para acompañarles en su camino y ayudarles a partir de su
historia, a ser verdaderas en la finalidad de su `presencia, su proyecto, su razón de ser en la
Iglesia y en el mundo actual.
4.4.5 Francisco consideraba las visitas a los hermanos como una de las responsabilidades de
los ministros y servidores de sus hermanos. “Todos los hermanos que son constituidos
ministros y siervos de los otros hermanos, distribuyan a éstos en las provincias y en los
lugares donde estén, visítenlos frecuentemente y amonéstelos y anímenlos espiritualmente”,
escribía en la primera Regla (IR 4,2), mientras que en la segunda, donde la expresión es más
concisa, el acento es otro: “Los hermanos que son ministros y siervos de los otros visiten y
amonesten a sus hermanos, y corríjanlos humilde y caritativamente” (IIR 10,1). Las dos
Reglas subrayan la importancia de las visitas, con aspectos diferentes, que expresan el fin y el
espíritu de cómo deben hacerse.
4.4.6 Tiempo privilegiado, de apertura al Espíritu y de escucha mutua, tiempo de información
y de formación para las hermanas y la comunidad, la visita es un tiempo de gracia para todas,
provincial y comunidad. Amplía sus horizontes y se abre a la solidaridad y a la comunión con
las demás comunidades de la provincia y del Instituto.
4.4.7 Posibilitar a la provincial guiar la trayectoria de la comunidad y apoyar la encarnación
del carisma en su entorno, suscitar la generosidad y el compromiso apostólico, animar la
formación permanente y la colaboración en Iglesia y con los otros organismos, renovar el
entusiasmo y la esperanza de cara al futuro... El proyecto comunitario, instrumento importante
de crecimiento, ofrece a la provincial los medios de evaluación y de acompañamiento.
A veces el proyecto comunitario se limita solamente a que la comunidad viva y actúe sin
referencia al fin principal por el que están juntas. El compromiso de los miembros se sitúa al
nivel de la práctica. La comunidad no tiene una identidad propia y los miembros el sentido de
pertenencia.
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4.4.8 La visita es también un apoyo para la responsable local, un tiempo que facilita el
intercambio de conjunto desde los desafíos encontrados, el compartir libremente y
fraternalmente las esperanzas y los temores. En las Costumbres de las provinciales, María de
la Pasión insiste en el rol primordial de las superioras locales en la vida de una provincia. “La
Superiora provincial se asegura del buen estado de su Provincia, si conduce y mantiene a
todas las superioras locales en el amor de Dios, en su divina voluntad, por consiguiente en el
orden. Que se ocupe de las Superioras locales con un cuidado particular y las considere como
la parte más hermosa de su rebaño. Que trate de inspirarles un sincero afecto y confianza, para
que su influencia sobre ellas sea la de una Madre que consuela y sostiene, más que la de una
autoridad encargada de controlar a sus subordinadas”. (Costumbres de la provincial 47)
4.5. El servicio a la provincia
En su provincia y en todo el Instituto, la provincial está al servicio del carisma “un tesoro
‘ofrecido y compartido de múltiples formas’ (...) en la vida ordinaria de tantas hermanas
nuestras, con respuestas audaces... y hasta el don de su propia vida”.
(Documento capitular: Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 – Introducción)
(Continuará)
“Que todos sean uno, como tu Padre en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros,
para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para
que sean uno como nosotros somos uno: Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente
uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has
amado a mi”(Jn 17, 21-23)
5. “En comunión...
(Documento Capitular: “Discípulas enviadas a la MISIÓN UNIVERSAL en el mundo de hoy, 2002 – Enviadas
a la Misión Universal 2)
5.1 La exhortación apostólica “Vita Consecrata” confía una tarea importante a la vida
consagrada. “ Se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en
comunión, y que vivan la respectiva espiritualidad como ‘testigos’ y artífices de Aquel
‘proyecto de comunión’ que constituye la cima de la historia del hombre según Dios.”
(Vita Consecrata nº 46)
5.2 La intercesión de Cristo a su Padre, algunas horas después de su pasión, hacen eco en el
corazón de María de la Pasión. Es también oración, deseo, sed, expresión de su consagración.
“Comunión. ¡Oh Dios mío haz que mi vida sea comunión! (...) Que no sea yo, sino él, Jesús el
amor, y que Jesús permanezca en mí, holocausto anonadado de toda la perfección en la
comunión. (NS 356) El 28 de marzo de 1893, escribía al P. Rafael: “Cuanto más avanzo más
siento que Dios canta en mi alma la belleza de la unidad”. La unidad - la comunión- la desea
para todo el Instituto llamado a formar un solo cuerpo (cf MD, 724). Particularmente a las
provinciales les confía mantener esta unión y espíritu de cuerpo (cf. Costumbres de la
provincial 128)
5.3 Dios es el origen de toda diversidad, él ha creado a cada persona única. Lo que desea
ardientemente para nosotras es la comunión, un deseo que él sólo puede satisfacer y que nos
invita a vivir a imagen de la Trinidad. Descubrir la impronta Trinitaria de comunión en
nuestro servicio de autoridad, es anunciar una manera de ser que, abiertas a las diferencias,
vivida en pobreza de corazón, acoge e integra la construcción de una humanidad capaz de
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comunicarse, relacionarse y respetarse. Al recibir el servicio de autoridad, la provincial recibe
una misión de comunión.
5.4 Ser fmm, es formar parte de la Fraternidad universal del Instituto donde, juntas, somos
responsables de nuestra misión de comunión en la diversidad... para anunciar y preparar la
plenitud del Reino, donde todos los pueblos reconciliados se reunirán formando el único
pueblo de Dios. (cf Cons 7) Aunque la comunidad y la provincia son el lugar donde se
concretiza nuestro sentido de pertenencia, no se pueden percibir como un fin en sí mismos.
5.5 Si la tarea de la provincial es ante todo un servicio a la provincia, su responsabilidad le
pone al servicio de todo el Instituto, de su identidad y de su misión. Llamada a gobernar y a
animar su provincia según el carisma y las orientaciones del Instituto - encarnados en los
objetivos propios de la provincia - crea con todos los miembros relaciones de confianza, de
solidaridad y de compromiso. Es lazo de unidad entre las comunidades de su provincia y
construye la unidad entre ellas abriéndoles al conjunto del Instituto. (cf Cons 156)
5.6. “El Instituto, donde libremente hemos elegido vivir en seguimiento de Cristo, es la
familia religiosa en la que, juntas, vivimos nuestra vocación de discípulas”, hemos escrito en
el último Capítulo general (cf Documento Capitular: Discípulas enviadas a la misión universal en el
mundo de hoy – Discípulas 6 ) Atentas a los signos de hoy y unidas al pasado, fuente y raíz de
nuestra identidad, la provincial, desde una fidelidad creativa, abre horizontes nuevos y ofrece
perspectivas nuevas que afianzan el sentido de pertenencia al Instituto, a la provincia y a la
comunidad y confirman el sentido de “cuerpo”.
6. “con todo el Instituto, estamos dispuestas a compartir la responsabilidad y
preocupación del anuncio de la Buena Nueva en todo el mundo”.
(Discípulas enviadas a la Misión Universal en el mundo de hoy, 2002 – Enviadas a la Misión Universal 2)
6.1 “La comunión y la misión están profundamente unidas entre ellas”, nos dice el documento
“La vida fraterna en Comunidad”. “Se compenetran y se comprometen mutuamente, a tal
punto, que la comunión representa el manantial y, al mismo tiempo, el fruto de la misión: la
comunión es misionera y la misión es para la comunión” (cf. La vida fraterna en comunidad nº 58,
Documento de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica)
6.2 A partir de nuestra identidad, tenemos una vocación a la fraternidad universal. La hemos
afirmado en el último Capítulo: “Comprometernos, como discípulas fmm, a vivir como
hermanas, en el seno de una comunidad intercultural e internacional que anuncia la comunión
más allá de nuestras diferencias, y da una respuesta a la sed espiritual y a la falta de esperanza
de nuestros contemporáneos” (Documento Capitular: Discípulas Enviadas a la Misión Universal en el
Mundo de hoy 2002 – Discípulas, Líneas de acción 3).
En muchos lugares, el desafío actual para nosotras es vivir realmente nuestra identidad y
compartirla. La comunidad internacional, intercultural es una elección para nosotras. La
animación de las comunidades, ¿cómo podrán ayudarnos la animación de las comunidades y
la relectura verdadera de nuestras vidas a acoger y apoyarnos mutuamente para ser testigos
fiables de perdón y reconciliación en nosotras, entre nosotras y con los demás? (cf. Documento
Capitular: Discípulas enviadas a la misión universal en el mundo de hoy, 2002 – Enviadas a la Misión Universal
, Líneas de Acción 1)
6.3 Estar al servicio de la comunión en seguimiento de Cristo, es responder también al deseo
del Papa Juan Pablo II de “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comunión. Este es el gran
desafío que se nos presenta en el milenio que comenzamos, si queremos ser fieles al designio
de Dios, respondiendo también a las esperanzas profundas del mundo”. (Novo Millennio
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Ineunte nº 43) Como miembros de la Iglesia ¿no tenemos una responsabilidad de expresarcon la palabra y la vida - lo esencial en el seguimiento de Cristo? Cada vez más y por todas
partes nos codeamos con personas desplazadas, de otras naciones, culturas, religiones o
Iglesias. Este servicio de autoridad que se nos ha confiado, ¿cómo podrá ayudar a cada una a
llevar la esperanza a esas personas esparcidas en los cuatro puntos de nuestro planeta?
6.4 Nuestra vida fmm se sitúa en el proyecto de Dios. “Dios es amor. Quiere que todos los
hombres se salven y formen su pueblo”, leemos en las Constituciones (Cons 1)
Nuestra fe nos invita a entrar en relación con Dios, una relación concreta. Está presente de
forma privilegiada donde la vida está amenazada, pero también allí donde la vida se
reorganiza; y al vivirla Dios es glorificado. (Sal 114-115). Nuestro servicio de autoridad nos
pide acompañar a nuestras hermanas en este camino de vida (Dt. 30,19), un camino para vivir
compartir y anunciar.
6.5 Los Capítulos provinciales deberían ser los momentos donde nos atrevemos a responder a
los desafíos. A menudo en los Capítulos se toman decisiones muy valientes e incluso audaces
y sin embargo, tres años después, no ha ocurrido gran cosa. La dificultad no está en la toma
de decisiones sino en su ejecución.
6.6 El discernimiento y la búsqueda del bien común son la tarea principal del gobierno.
Apoya y acompaña las relaciones entre los diferentes niveles de gobierno. Enviar una
hermana a otra comunidad o a otra provincia no siempre se comprende, ni se acepta, sin
embargo es así como se vive la expresión más clara de nuestra comunión en una misión
común, la del Instituto. ¿Cómo podríamos profundizar y apoyar el sentido de pertenencia, la
apertura a la misión de la provincia, y del Instituto? La calidad de nuestra misión depende del
sentido de “cuerpo” que experimentamos. Si este sentido no es fuerte no habrá disponibilidad
para la misión.
6.7 Se siente cada vez más en nuestra realidad, la necesidad concreta de colaboración, de
ayuda recíproca y mutua. La complejidad y fragilidad de nuestras situaciones nos interpelan y
nos invitan a una comunión efectiva y solidaria. Es importante que nos abramos a la
colaboración y a la ayuda recíproca entre provincias. ¿No es esto lo que se ha vivido a lo largo
de la historia del Instituto? Esto nos ayudará a superar nuestros miedos e inseguridades ante
un futuro que nos preocupa a todas, a liberarnos del individualismo y de la autosuficiencia
que obstaculiza y disminuye la comunión y el compromiso en una misma misión.
6.8 El Espíritu actúa en la misión compartida. El Documento “Caminar desde Cristo” nos
invita a ir todavía más lejos en la colaboración y confirma lo que hemos mantenido en los
últimos Capítulos generales, trabajar en colaboración con los demás. “La comunión que los
consagrados y consagradas están llamados a vivir más allá de la familia religiosa o del propio
Instituto. Abriéndose a la comunión con los otros Institutos y las otras formas de
consagración, pueden dilatar la comunión, descubrir las raíces comunes evangélicas y juntos
acoger con mayor claridad la belleza de la propia identidad en la variedad carismática, como
sarmientos de la única vid. Deberían competir en la estima mutua (cf.Rom 12,10) para alcanzar
el carisma mejor, la caridad”.(cf. 1 Cor 12, 31) (Caminar desde Cristo nº 30)
6.9 En lo profundo de nuestra misión de autoridad, está la comprensión del gran misterio de la
presencia de Dios hoy. ¿Estamos realmente consagradas al Dios Único y Encarnado? ¿Cómo
podríamos renovar nuestra experiencia de Dios para discernir su presencia que actúa entre los
gemidos y esperanzas de nuestro mundo? La misión principal de la provincial es dar una
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vitalidad espiritual y apostólica a las hermanas y a las comunidades. Manteniendo una
coherencia de vida hace crecer la comunión en su provincia y, de hecho en el Instituto, la
Iglesia y el mundo.
Padre, los que tú me has dado quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que
contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del
mundo... Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el
amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos. (Jn 10, 17,24-26)
El primer día dejamos brotar en nosotras las preguntas que nos habitaban, ¿por qué a mí?
¿Cómo sucederá esto? Las preocupaciones... me impiden amar al Señor. A medida que van
pasando los días y que avanza la relectura de los primeros meses, hemos tomado mayor
conciencia de que el Padre nos ha elegido. Nos entrega la misión de su hijo, apacentar el
rebaño que Dios os ha confiado, no forzadas, sino voluntariamente, según Dios.(cf 1ª Pedro 5,2)
La elección no depende de nosotras, sin embargo a cada una de nosotras le ha sido concedido
el favor divino a la medida de los dones de Cristo (cf. Ef 4,7) y sabemos que su don no tiene
límites. Amor de Dios que nos habita para vivir el servicio que nos ha sido confiado: de amar
de servir, de entregarnos, de vivir nuestra vocación hasta el fin, para que otras puedan realizar
plenamente el proyecto que Dios tiene para ellas.
Este servicio brota de la Eucaristía, donde cada una recibe su misión. “Haced esto en memoria
mía”, y el envío “Id”. La Eucaristía, celebración de la Vida, alcanza nuestras experiencias
humanas más esenciales. Aunque nos sobrepasen podemos contemplarlas con esperanza, la
esperanza que abre nuestros corazones a la Pasión de Cristo por nosotros y por el mundo.
“Comunión, esta palabra me colma: Jesús consumado en mí y por mí, me consume en
vosotras y por vosotras, que mi vida entera sea una comunión Eucarística.” (María de la Pasión
NS 356)
Christiane Mégarbané, fmm
Superiora general
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2004 Soy yo quien os he elegido