SAN PABLO DE LA CRUZ
Rasgos de una vida
P. Clemente Sobrado
Misionero Pasionista
Presentación
- Con motivo de los 300 años del nacimiento de San Pablo de la Cruz, fundador de los
Misioneros Pasionistas, he querido publicar una serie de folletos, siete en total, como un
pequeño ramillete de temas que enmarcan su vida y que lo convierten en una de las figuras
más importantes del siglo XVIII.
- Después de leerlos, alguien se ha atrevido a preguntarme: ¿y quién es San Pablo de la Cruz? Es
posible que muchos tengan que hacerse esta misma pregunta. ¿Quién es San Pablo de la Cruz?
Sabemos que es el fundador de los Misioneros Pasionistas, pero ¿quién es él? Esta inquietud
me ha movido a escribir este nuevo Fo1leto que quisiera titular “Rasgos de una vida”. Y
decimos rasgos porque lo único que pretendemos es hacer como un pequeño diseño de su
vida. Algunas líneas que nos vayan llevando de la mano, algo así como introduciendo en su
interior.
- Pienso que es interesante dar a conocer estos rasgos de la vida del Fundador de los
Pasionistas, pues ayudarán a situar mejor su mensaje. E incluso podrán centrar mejor su
mensaje. De todos modos reconozco que no me resulta nada fácil hacer este perfil de San
Pablo de la Cruz. Y esto por algo muy simple y sencillo. Los Santos son igua1itos que nosotros,
que los de a pie. Y a la vez son tan diferentes, tan distintos... El problema es cómo presentarlos
para que su figura ni se achate tanto que sea uno más, ni se altere tanto que la gente la vea tan
distante que termine diciendo que “esto no va para mí, esto no va conmigo”.
- Y lo que pretendemos es precisamente todo lo contrario. Hacer ver que los santos son gente
de carne y hueso como los demás. Que les duele el estómago como a los demás, y que también
a ellos les salen caries en las muelas y tienen que ir al dentista. ¿No dice San Pablo que “Jesús
se iguala a nosotros, uno de tantos...” ¿Y cómo, siendo uno de tantos, resulta luego tan
distinto al resto?: interviene el misterio de la gracia. Ahí ya comienza el problema de Dios y de
cada uno, la voluntad y los proyectos de Dios y la voluntad y los proyectos personales de cada
uno. ¿Cómo lograr una armonía y una melodía musical entre la partitura escrita por Dios para
cada uno de nosotros y la interpretación que cada uno de nosotros da a esa partitura?
- Los caminos de San Pablo de la Cruz no fueron nada fáciles. Estuvieron demasiado
empedrados de obstáculos y dificultades. Ya la vez, fueron caminos que siempre estuvieron
iluminados por una luz central: el misterio del amor de Dios revelado en la Cruz de Jesús y la
voluntad de Dios como faro y guía de sus andares por el mundo. Una de las cosas que más me
ha sorprendido siempre de él, es ese sentido de unidad de su vida. Aparece como una sola
pieza, como si no hubiese en ella fisura alguna. Incluso en los momentos más difíciles de la
fundación de la Congregación, daría la impresión de que lo humano se resquebrajase en él,
pero que sin embargo, no se rompía la unidad de su ser.
- Esa unidad de pensamiento, de voluntad, de lucha y de esfuerzo se debe en San Pablo de la
Cruz a las dos experiencias centrales de su vida: el amor crucificado de Dios, y la voluntad de
Dios. Ambos son como los dos rieles sobre los que se irá deslizando su propia vida. Se cuenta
que alguien preguntó al discípulo que no hacía sino hablar de su maestro: “¿Qué milagros ha
hecho tu maestro?” El discípulo respondió: “Bueno, verás... hay milagros y milagros. En tu país
se considera milagro el que Dios haga la voluntad de alguien. Entre nosotros se considera
milagro el que alguien haga la voluntad de Dios”. Yo me atrevería a decir que San Pablo de la
Cruz vivió en ese constante milagro de “buscar y hacer la voluntad de Dios”.
- Personalmente, me sentiría feliz si después de leer este folleto, completado con los otros
siete, alguien pudiera decir como Daniel Rops, de la Academia Francesa, al leer la vida de San
Pablo de la Cruz escrita por Almerás: “Gracias a usted, he descubierto una figura admirable, y
una vez más me maravillo de la riqueza de esta heredad inagotable en que la Iglesia cosecha
las mieses de tantas almas, nacidas en su seno”.
Lo pongo en tus manos. Léelo con cariño, con ese mismo cariño que yo, hijo espiritual de Pablo
de la Cruz, lo escribí y dejá que también el Espíritu vaya haciendo su obra de gracia en vos. Tu
hermano y amigo de siempre,
Clemente Sobrado
Misioneros Pasionistas
Parroquia Virgen del Pilar
San Isidro - Perú
1.
LAS RAÍCES: SU TIEMPO Y SU FAMILIA
- Carlos Almerás transcribe un proverbio árabe como encabezamiento de la vida de San Pablo
de la Cruz, escrita allá por los años cincuenta. Dice: “Los hombres tienen más parecido con su
tiempo que con su padre”. Y comenta Almerás que, tratándose de los Santos, “estos tienen
más parecido con su madre que con su tiempo”.
- Aplicado esto al Fundador de los Pasionistas, más bien habría que decir: que Pablo de la Cruz
tiene un gran parecido con su madre, pero que en nada se parece a su tiempo.
El tiempo de Pablo de la Cruz
- El tiempo que le tocó vivir tenía muy poco
de parecido con lo que fue su vida. Al
contrario, su vida sería la contraoferta de
Pablo de la Cruz precisamente a su tiempo.
No olvidemos que si bien nació en el siglo
XVII (1694), sin embargo, toda su vida se
desarrolla en pleno siglo XVII.
- Es el siglo dominado por la naciente
filosofía de la ilustración con todo el bagaje
de naturalismo, de increencia y de la
liberación del hombre de la dependencia de
Dios. No en vano se le ha llamado el siglo
de la razón. Una razón capaz, de por sí, de
explicarlo todo, el mundo, Dios, el hombre,
la vida. Una explicación que no dejaba
margen ni posibilidad a la fe como
explicación del sentido hombre y de la vida.
- Es el siglo de la revolución científica que,
prescindiendo de todo dato revelado y
religioso, inicia una nueva etapa en las
ciencias. Una nueva ciencia que nacía,
desde su misma cuna, con una gran
virulencia contra todo lo religioso. Aunque
también es preciso reconocer que tampoco
la Iglesia supo tender su mano para
entablar un diálogo franco y sereno ni
entre la tradición del pasado y la realidad
del presente. ni entre la razón y la fe.
Siempre resulta más fácil cerrarse en si
misma y condenar todo lo que viene de
afuera.
- Su tiempo fue, para el fundador de los
Pasionistas, algo más que una realidad que
lo configuraría en su pensamiento, en su
personalidad y en su vida. Por el contrario,
el siglo XVIII configuró a Pablo de la Cruz
como e1 creyente que se sintió interpelado
por esa nueva realidad y trató de buscarle
nuevas respuestas. Y tal vez sea ahí donde
resplandezca mejor su talla espiritual, ya
que Pablo no buscó de ninguna manera
una especie de matrimonio con las
debilidades de su tiempo, sino que se
distanció de él, no para salirse de él, sino
para buscar horizontes más amplios que le
permitieran respuestas más radicales y
realistas. Así, por ejemplo, frente a una
cultura secularizante de la razón, Pablo de
la Cruz anunciará la cultura de la fe. Frente
a la cultura de un deísmo que era la manera
disimulada de negar a Dios, Pablo centrará
su vida en Dios. y frente a un mundo
enredado en la cultura de lo fácil y de la
satisfacción, Pablo aparecerá anunciando a
todos el misterio de la Cruz. la Pasión y la
Muerte de Jesús.
- Las dos Cortes europeas, la borbónica y
los habsburgos se habían convertido en los
dos grandes centros de la filosofía
i1uminista, y po1íticamente estaban
divididas en la lucha por la hegemonía
europea. Italia será víctima de duras y
largas guerras entre ambas casas reales. y
de ellas participará sin duda Pablo de la
Cruz. Esto 1e hizo conocer más de cerca las
condiciones de las ambiciones humanas.
Italia carecía de unidad. Fraccionada en
Ducados era víctima segura de los
invasores. Las fronteras de los Ducados se
modificaban constantemente. Esto llegará
a traerle consecuencias al mismo Pablo.
Las raíces familiares
- La historia de San Pablo de la Cruz es una
historia que comienza con la prematura
viudez de Lucas Danei. Lucas se había
casado con María Catalina De Grandis. Una
ilusión que duró muy poco. Sólo cinco
años, ya que María Catalina murió cuando
apenas había cumplido treinta primaveras.
- La vida y la muerte llegaron casi juntas a
su corazón. De María Catalina sólo le
quedará a don Lucas Danei el recuerdo de
una ilusión y una esperanza. Ilusión y
esperanza que ella se llevó consigo, pues ni
siquiera pudo dejarle un hijo que
perpetuara su recuerdo.
- La vida de Lucas se veía como apagada. Se
veía privado de la llama que el amor había
encendido en su corazón y ahora era una
vela de altar a la espera de que un fuego
nuevo la vuelva a encender.
- Lucas se había transferido de Castellazzo
a Ovada por uno de esos líos en que a uno
le meten por tener cara de bueno. Los
avivados siempre encuentran inocentes a
quienes culpar. Se había cometido un
crimen y alguien puso la puntería en Lucas
Danei. Felizmente tenia un hermano
sacerdote, don Juan Cristóbal, que conocía
muy bien a Lucas y lo defendió, jurando
que aquella noche Lucas había pernoctado
Renacen las esperanzas
-Los caminos de Dios no se detienen, por
más que encuentran estorbos
y
a su lado en su casa. De todos modos,
Lucas, temiendo cualquier posible enredo,
decidió escaparse de Castellazzo a Ovada a
donde no solía llegar la policía, aunque no
distase sino unos 24 kilómetros.
- Luego que se aclaró la inocencia de Lucas,
éste no quiso regresar a su pueblo y
prefirió quedarse en Ovada. Allí congenió
estupendamente con don Gaspar De
Grandis, arcipreste de Ovada. Fue así cómo
llegó a conocer a María Catalina, sobrina de
don Gaspar, hasta que se casó con ella. El
mismo don Gaspar bendijo el matrimonio
de su sobrina con Lucas el 25 de febrero de
1686. en el Oratorio de la Santísima
Trinidad y San Juan Bautista, de Ovada.
- Se habían encendido dos vidas en una
misma hoguera. Pero pasaron dos años y
Lucas y María Catalina seguían tan solitos
como el día que comenzaron el camino
juntos. En Ovada existía la Cofradía de la
Anunciación. En 1787 Lucas hizo la ofrenda
a “la primera cera», era un signo de
inscripción y pertenencia a la Cofradía. Pero
no falta quienes piensan que se trataba, a
la vez, de un gesto de oración a la Virgen,
pidiéndolo el regalo y don de los hijos. Sin
embargo, éstos no llegaron. Muy por el
contrario, el14 de agosto de 1790. María
Catalina moría plácidamente cuando
apenas contaba treinta años de vida.
dificultades. Lucas Danei conoce entonces
a una jovencita por la que se siente
profundamente atraído tanto por su
belleza física como por la belleza espiritual
de su corazón. Se trata de Ana Mana
Massari, hija también de una familia de
comerciantes y miembro también de la
Cofradía de la Anunciación. ¿Será que el
comercio no siempre es competencia
desleal sino que también sabe unir los
corazones y las vidas? ¿O no será que tal
vez la Cofradía no sólo hace cofrades sino
también enamorados y esposos?
¿Quince años que son para el amor?
-Ana Maria andaba entonces por los veinte
años, mientras que Lucas le llevaba la
ventaja de quince años más viejo. Esto no
fue obstáculo para que el amor prendiese
en sus corazones y decidiesen unirse
“hasta que la muerte nos separe”.
matrimonio de Lucas lo bendecirá el tío del
novio, don Juan Andrés, con la delegación
del
arcipreste
don
Juan
Benzo.
¿Competencia de tíos por ver cuál de ellos
tiene mejor estilo de bendecir amores y
corazones enamorados?
- Y así fue. El de enero de 1792, Lucas Danei
y Ana María Massari contrajeron
matrimonio en el Oratorio de la
Anunciación. El primer matrimonio lo
bendecía el tío de la novia, este segundo
- Pues si de competencia se trata. el tío de
Lucas, don Juan Andrés, lleva las de ganar
porque ahora sí que la cosa va para largo y
las flores de la fecundidad también serán
abundantes.
Dieciséis hijos nada más
- No todos están seguros Si fueron quince o
dieciséis los nacidos del amor de Ana María
y Lucas. Pareciera lo más seguro que
fueron dieciséis. Lo que sucede es que la
primera en iluminar el hogar de los Danei
nació el 4 de enero de 1693, casi al año
exacto de matrimonio. Su carrera por la
vida fue demasiado corta. Justo el tiempo
necesario para bautizarla de emergencia en
la misma casa, pues moría a los tres días de
nacida. Pasó por la vida sin nombre. Fue
enterrada en la cercana Iglesia de la
Madonna de las Gracias.
- Un año más tarde, casi matemático, el 3
de enero de 1694 nació el primer varón y
que seria la luz que encendería de luces el
apellido Danei en la Iglesia. Eran las
primeras horas de la mañana de un día
domingo. Nació en día festivo, como luego
su vida será una fiesta de santidad en la
Iglesia.
- Tres días más tarde, el 6 de enero, día de
1a Epifanía. Era bautizado con el nombre de
Pablo Francisco. E hicieron de padrino, don
Juan Andrés, que había bendecido e!
matrimonio de Ana María y Lucas. y de
madrina, la abuela materna María Catalina
Massari. Lo de Pablo pareciera que se debe
al recuerdo del abuelo paterno, muerto
hacía unos meses, el 7 de octubre pasado.
- Luego vendrán otros catorce. La mayoría
de ellos morirían a muy temprana edad. De
los dieciséis hijos sobrevivieron seis: Pablo,
Juan Bautista, Teresa, Antonio, José y
Catalina. Dos serán los cofundadores de la
Congregación Pasionista. Pablo y Juan
Bautista. Antonio ingresará más tarde a la
Congregación. Teresa y José se quedarán
en casa. Y Catalina murió relativamente
joven a los veintitantos años, soltera.
- Muchos hijos pero el apellido Danei no
será perpetuado por el árbol genealógico.
Más bien diríamos que el apellido
sobrevivirá a la historia reemplazado por
«de la Cruz» en la gran familia pasionista.
Hay muchas maneras de supervivencia. La
supervivencia biológica y la supervivencia
espiritual. Los Danei pasarán a la historia
más
que
como
«Danei»
como
“Pasionistas”.
2. LAS SEMILLAS DE LAS MADRES
NUNCA MUEREN
- La vida de Pablo Danei quedaría marcada por la imagen de su extraordinaria madre. Pablo
nació en un hogar sereno y tranquilo, sin grandes aspiraciones sociales pero muy rico de calor
humano y ternura.
- Mientras Lucas mueve el negocio del tabaco, la pólvora y cuanto puede venderse en un
pequeño comercio de una pequeña aldea, mamá Ana Maria da calor humano a sus retoños que
son la esperanza del mañana. Ella se dedica a sembrar en el corazón tierno de sus hijos. Porque
Ana María es consciente de que la edad de la niñez, infancia y adolescencia es la etapa de la
sementera. Lo que a esa edad no se siembra es difícil cosecharlo luego.
Sembradora de motivaciones
- Una de las cosas que más destaca en esa
maternidad espiritual de mamá Ana María
es que ella está convencida de que el
hombre no se hace hombre en base a leyes
o prohibiciones, sino en base a
motivaciones.
- Hay madres y padres que esperan lograrlo
todo comprando la voluntad de sus hijos
con regalos, premios y remuneraciones.
Alguien llamó a éstos “hijos comprados”,
“bondades pagadas”. Ana María tenía un
sistema mucho más humano y más
respetuoso de la dignidad de las personas.
Ella no premiaba la bondad de sus hijos. Ni
tampoco compraba su bondad con
premios. Por el contrario, prefería sembrar
valores,
aspiraciones,
ideales
y
motivaciones en el corazón de los
pequeños.
- Una de las cosas que menos agradan a los
niños pequeños suele ser que les corten el
pelo. Personalmente es de los peores
recuerdos que conservo de niño. Mi
peluquera era mi propia tía, quien a base de
tijera ponía en orden mi cabeza. Pero a mí
me fastidiaba. Me resistía y aún me
escapaba. Mamá Ana Maria tenía una
pedagogía muy práctica. Sabía que a Pablo
tampoco le gustaba que le cortasen el
cabello y como cualquier otro niño lloraba.
Pero mamá Ana María inmediatamente
solucionaba el problema. Comenzaba a
contarle al pequeño Pablo la v1da de los
Santos del Desierto, les hablaba de sus
penitencias por el Señor o si no la vida de
los Mártires, lo valientes que habían sido
por confesar su fe. El pequeño Pablo se
olv1daba de las tijeras que trabajaban en su
cabeza y quedaba embebido de los relatos
piadosos de su madre.
- Pero el argumento fuerte de mamá Ana
María era contarle al niño la historia de la
Pasión y Muerte de Jesús. Cualquiera
pensaría que era un plato demasiado
pesado para el estómago espiritual de un
niño, y sin embargo, el alma de Pablo iba
asimilando callada y silenciosamente las
enseñanzas maternas. Ha sido ahí, en el
regazo materno donde Pablo descubrió por
primera vez lo que es el amor de Dios y
cómo nos ama. Es posible que todo
quedase, como es lógico, en simples
semillas. Pero semillas que luego
comenzaron a brotar lozanas y vigorosas
en el alma de Pablo.
-Con ello, Ana María no hacía sino ir
creando en el corazón de hijo motivaciones
espirituales, motivaciones profundas de su
espíritu. No había premios que comprasen
sus lágrimas y sus silencios. Había algo
mucho más serio y profundo.
Los pequeños penitentes
-Según confesiones de Teresa, los
pequeños hermanos, Pablo y Juan Bautista,
con frecuencia se subían al desván de la
casa y allí pasaban horas haciendo oración
y castigando sus cuerpos con duras
penitencias. Eran los recuerdos de los
santos del desierto y de los primeros
mártires de la Iglesia, que comenzaban a
estimular los ideales de santidad en
aquellos corazones aún tiernos.
- Silenciosamente salían de su habitación,
se subían al desván, y allí poniendo un
ladrillo por almohada y la dura madera por
colchón, pasaban la noche. Alguna vez,
Teresa, preocupada por la conducta de sus
hermanos, llegó a reprenderles diciendo “si
querían matarse”.
- Es posible que a esa edad no tuviesen
conciencia de sus comportamientos tan
audaces. Pero revela cómo, cuando a los
niños les ofrecemos ideales altos y
elevados, ellos se sienten motivados a la
imitación, se sienten empujados a ser
también grandes de espíritu.
La imagen de una madre
- Pablo recordará siempre con un gran
respeto y veneración la imagen infantil de
su madre. Se diría que así como su ser
humano fue modelado en el seno materno,
también su espiritualidad se fue
configurando desde muy tierna edad por
ese otro seno materno que se llama “la
educación”,
“la
formación”,
“las
motivaciones espirituales del corazón”.
necesidad de líderes y no de ídolos". “Los
jóvenes tienen necesidad de hombres que
sepan comunicarles el gusto de lo difícil, el
sentido de la disciplina, la audacia de la
honestidad y la alegría del altruismo; no
solamente e1 campeón en el estadio, sino
el hombre, con su personalidad completa,
quien debe convertirse en modelo de
millones jóvenes”.
- Con frecuencia confesará, ya de mayor,
que le gustaría ser tan santo como su
madre. Incluso llegará a afirmar que su
madre está en el paraíso. Y a su muerte,
escribiendo a sus hermanos, les pedirá que
“hagan fiesta” por la alegría de saber que
su madre está gozando ya de Dios.
- De nuestra parte añadiríamos que los
primeros líderes de niños y adolescentes
son sin duda los padres. José Luis Martin
Descalzo escribía que «Navidad, tiempo de
gran aguinaldo del cielo. En los zapatos de
la humanidad hambrienta de Dios puso
nada menos que a su Hijo". Bien
pudiéramos modificar la frase y decir que
“en los zapatos del corazón de los niños
Dios pone figura de los padres como una
invitación a ser grandes en la vida”. Por eso
damos la razón a F. Dostoievski, cuando
dice que “el hombre que guarda muchos
buenos recuerdos de su infancia, ése está
salvado para siempre". Cuando el hombre
conserva los grandes ideales sembrados en
su infancia, ése está llamado a ser grande
toda su vida.
- Uno de los grandes peligros que corren
los niños suele ser que les impedimos
crecer. Con nuestros horizontes tan
pequeños terminamos achatándoles el
horizonte de los grandes ideales. Los niños
necesitan juguetes, necesitan premios que
los gratifiquen. Pero, sobre todo, necesitan
ideales a los que configurar sus vidas. En
1990, con ocasión de la bendición del
Estadio Olímpico de Roma, remodelado
para el campeonato mundial de fútbol,
Juan Pablo II dijo: “Los jóvenes tienen
3. DIOS EN EL CAMINO
- A Dios le encantan los caminos, porque los caminos son bonitos, son sorpresivos, en cada
momento nos deparan novedades. Por eso Dios aprovecha también los caminos para salir al
encuentro de los hombres. Y es maravilloso encontrarse con los hombres de caminantes. A
San Pablo lo sorprendió de camino a Damasco. Allí el camino del hombre se cambió en camino
de Dios. El camino del perseguidor se cambió en el camino del santo y del apóstol.
Marcado por Dios
- Corría el año 1713. Pablo Danei ha
cumplido sus diecinueve abriles. Su alma
está llena de ilusiones y esperanzas. Su
corazón es como una montaña que lleva
dentro un fresco manantial y que sólo está
buscando una rendijilla para salir afuera y
hacerse cauce, hacerse arroyo y río.
Aquellas semillas sembradas por su madre
en sus primeros años no han muerto. Allí
están dentro buscando el momento de
brotar de echar tallo y florecer en espiga.
- Por esas fechas, posiblemente e1 22 de
julio, Dios asumió el timón de la vida del
joven Pablo Danei. Dicen los historiadores
que un día Pablo se sentó a escuchar una
“charla familiar” del párroco. No sabemos
ni dónde ni con qué motivo. Lo de charla
familiar parece indicar que se trataba de
algo informal o poco solemne. Allí, el joven
Danei se siente tocado por lo divino. Dios
se hace luz de mediodía en su corazón.
Dentro se le enciende la presencia de Dios
como sol esplendoroso que lo deja, como
al otro Pablo de Tarso, ciego. Ciego, no
porque Pablo no pueda ver, sino porque la
luz que Dios irradia dentro es tan fuerte
que todo queda interiormente iluminado.
- Pablo Danei queda como fascinado por lo
divino. Su corazón queda extasiado en el
asombro. Y su vida queda marcada para
siempre por la experiencia de Dios en su
interior. Dentro de su alma se ha producido
como un embarazo espiritual de lo divino.
Está embarazado de Dios. Lo que nazca en
delante de su corazón no será sino
experiencia de lo divino.
“Darse a una vida santa y perfecta”
- Ese día, impulsado por ese asombro y
admiración de lo divino que lo atrae
irresistiblemente, Pablo decide “darse a
una vida santa y perfecta”.
- Delante de sí se le han borrado todos los
caminos de la vida y sólo queda un sólo y
gran camino, ser santo. La vida se decide
en un instante. Un momento es suficiente
para dar vuelta y media a la vida. A partir de
ese entonces Pablo quedará marcado por
su experiencia de Dios y por su infinito
deseo de ser santo. Todo lo demás le
parecerá inútil.
- De regreso a casa, Pablo ya no es el
mismo. Externamente nada ha cambiado.
Pero por dentro Dios lo ha renovado
entero. Todo lo parece estrecho. Siente
como si el alma ya no le cupiera dentro. Sus
sueños e ilusiones de andar caminos son
como una sed infinito que le quema dentro.
El Dios que desconcierta
- Pero el Dios que arrebata y asombra es, a
la vez, el Dios que desconcierta. El joven
Pablo está seguro de Dios, pero ahora
todos los caminos se le han borrado bajo
sus pies, ¿por dónde caminar? ¿cuál es
ahora el camino? Se siente como perdido
en horizonte de las posibilidades de Dios en
su corazón. En su corazón joven y generoso
le bailan todas las ilusiones hechas
posibilidades de Dios. Su mente y su
corazón están regados y cruzados por mil
caminos. ¿Pero cuál es el suyo? ¿Cuál es el
camino que Dios quiere para él?
¿Cruzado?
- El mes de mayo de 1715, el Papa Clemente
XI anuncia un año jubilar a la Iglesia e invita
a la cristiandad a una cruzada para unirse a
la República de Venecia para luchar contra
los turcos que amenazaban a la Iglesia.
- Pablo sintió en ese llamado del Papa,
como la voz de Dios que lo invitaba a unirse
a esa cruzada de lucha por la fe. Y se dirigió
a Crema para unirse a los que se
preparaban para la guerra santa.
- Sin embargo, poco a poco, ese camino de
generosidad y riesgo comenzó a borrarse
de su corazón. Dios no lo quería defensor
de la fe con las armas ni con guerras santas.
Y así, el jueves de carnaval de 1716,
mientras oraba delante del Santísimo
durante la exposición de las Cuarenta
Horas, vio muy claro que debía echar
marcha atrás y buscar nuevas andaduras
espirituales.
El místico de las soledades
- El Espíritu es creativo. Y todo lo grande, lo
bello y lo sublime encandila y enamora a las
almas de los santos. ¿Hay algo más bello
que las cumbres de las montañas para
sentirse más lejos de todo y más cerca del
TODO? Sentía especial predilección mística
por la soledad, los bosques, los montes.
Pablo no sólo era el místico de la
contemplación de Dios, sino el místico que
sentía y escuchaba a Dios en el vacío
sonoro de las grandes soledades.
- Un día camino de Génova logró divisar en
la punta del Monte Gazzo, el santuario de
la Virgen de la Misericordia. Su corazón
comenzó a latir más fuerte que nunca.
¡Cuánto le gustaría instalarse allá arriba y
vivir como tocando con la mano el cielo!
Pablo describe esta experiencia con un
El enamorado de la pobreza
- Bien pronto a su soledad se unió en su
corazón un deseo profundo de pobreza.
Una pobreza total y absoluta. Desnudo de
todo para sentirse más libre para el TODO.
alma cristalina de enamorado: “... dos años
casi después que mi amantísimo Dios me
convirtió a penitencia, pasando por la ribera
de Génova hacia Poniente, vi una pequeña
iglesia en un monte sobre Sestri, llamada de
la "Madonna Santísima del Gazzo, y al verla,
sentí mi corazón conmovido por el deseo de
aquella soledad. Pero como yo me veía
detenido por el oficio de caridad debido a la
asistencia de mis padres, no pude efectuar
ese deseo, aunque siempre lo mantuve, en el
corazón".
- Sus aspiraciones y deseos no se
cumplieron. Sin embargo, toda su vida se
sentirá atraído por esas soledades: Monte
Argentaro, San Ángel de Vetralla, etc.
- Todas estas ilusiones místicas dieran la
impresión de ser como grandes rodeos que
lo dejaban cada día más desconcertado. Sin
embargo, en esos caminos que no eran el
camino, Pablo va siendo modelado por
Dios para la iluminación y decisión
definitiva.
El contemplativo
- Desde el momento de su conversión,
según confesión de él mismo, Pablo de la
Cruz siente una inclinación profunda por la
vida de oración, por la vida contemplativa.
Su confesor el P. Juan María Cioni
confesará: “me confió que en diversas
ocasiones el Señor le ha concedido una
gracia espacialísima de oración hasta
sentirse tan arrebatado por Dios que sería
casi imposible que algo lo pudiese separar
de Él”.
- Al margen de las ocupaciones caseras a las
que debía atender para solucionar los
graves problemas económicos de la familia,
se daba tiempo para entregarse a la
oración. Renunciando al descanso del
cuerpo, durante las noches, se retiraba a
orar acompañado casi siempre de otra
alma gemela a la suya, su hermano Juan
Bautista.
había buscado, la chica se sentía
profundamente atraída por él. Y como no
le resultaba fácil verse con él en la calle, ella
se las ingeniaba. Sabía donde encontrarlo.
Porque las mujeres saben mucho de
amores... Sabía que en la Iglesia podría dar
con él. Y como quien no quiere la cosa iba a
sentarse o arrodillarse a su lado. Pablo no
se inmutaba por ello. Siempre quiso ser
muy discreto y educado con ella. Por otra
parte, el amor puede ser grande pero las
rodillas terminan por cansarse. Todos se
preguntaban admirados; “¿cómo hace para
estar tanto tiempo de rodillas? ¿Y cómo
puede aguantar tanto tiempo con el frío
que hace y con los pies descalzos?” Y así,
antes se cansaba ella de esperar, que Pablo
de estarse, de rodillas, a gusto con su Dios.
- Se dice que después de haberse negado a
su tío Juan Cristóforo a contraer
matrimonio con la novia que él mismo le
4. CUANDO GRANEAN LOS TRIGALES
- Era el verano de 1720. El sol doraba ya las espigas de los trigales y se doblaban reverentes
ante la hoz del segador, dispuestas convertirse en el pan de cada día.
- Todos hablan de la buena cosecha de ese año. Valió la pena sembrar y esperar los duros fríos
del invierno. Ahora los segadores acarician con sus manos las pesadas espigas y les sonríen
agradecidos.
El otro trigo
- Mientras los campos huelen a espigas y a
siega, un nuevo trigo empieza también ya a
granear en el corazón del joven Pablo.
Aquellas semillas que desde 1713 llevaba el
joven Pablo en corazón empezaban ya a
echar tallo y espiga. Los caminos empiezan
a clarearse y a definirse delante de sus ojos.
- Será el mismo sembrador de aquellas
inquietudes primeras, quien ahora vaya
despejando la maleza y vaya marcando
delante de él el que será el camino
definitivo.
Visiones del verano 1720
- Pero, ¿por qué no dejar que sea el mismo
Pablo quien nos lo cuente con esa frescura
del alma enamorada de Dios?
"Luego, este verano último (no me
recuerdo exactamente ni del mes ni del día,
porque no lo escribí; tan sólo sé que era el
tiempo en que se recogía el grano), un día de
trabajo, recibí, aunque indigno, la sagrada
Comunión en la Iglesia de los padres
Capuchinos de Castellazzo. Y recuerdo que
me encontré recogido. Después salí para
irme a casa, y por el camino iba recogido,
como si estuviera en oración. Cuando llegué
a una calle para
tirar hacia casa, me sentí elevado en Dios:
con altísimo recogimiento, con olvido de
todo y con grandísima suavidad interior. Y
entonces, me vi en espíritu vestido de una
vestidura negra que llegaba hasta la tierra,
con una cruz blanca sobre el pecho, y bajo la
cruz iba escrito el Nombre Santísimo de
Jesús en letras blancas. Y en el mismo
instante sentí que me decían estas palabras:
´Esta es la señal de lo cándido y puro que
debe ser el corazón de quien lleve sobre sí
esculpido el Nombre Santísimo de Jesús´. Yo,
viendo y oyendo esto, me eché a llorar, y
luego cesó”.
-Es la primera vez que Pablo de la Cruz
habla de estas Visiones o experiencias
personales. Dios le va mostrando el nuevo
camino vistiéndolo con un nuevo traje. Y
marcándolo con un nuevo signo. La Cruz
será el signo que le marque la dirección de
su caminar bautismal. No es una cruz
desnuda la que Pablo contempla. Es una
cruz con el nombre de Jesús. La verdadera
cruz es la suya.
Pablo estrena espiritualmente su nuevo vestido
- Pablo Apóstol insiste al cristiano en la
necesidad de “revestirse de Cristo”.
Cuando Jesús llama a alguien a una misión
particular en la Iglesia, primero lo desnuda
de todo, para luego vestirlo con ese vestido
nuevo que será el distintivo externo de su
vocación y de su misión.
- En ese mismo verano de 1720, el joven
Pablo acaba de cumplir 26 años. Los
campos se están vistiendo de amaril1o. El
sol veraniego quema la hierba. Los trigales
segados parecen como si alguien los
hubiese desnudado. Mientras tanto. Dios
sigue vistiendo a Pablo. Esta vez su visión
espiritual va tomando más forma.
“De allí a poco me vi en espíritu revestido de
la santa túnica, con el nombre santísimo de
Jesús y la cruz blanca. La túnica era negra, y
yo la abrazaba con gran júbilo del corazón...”
- Dios va dibujando en el corazón de Pablo
el nuevo camino. Pero un camino sin
demasiado asfalto, con demasiadas piedras
que duelen al caminar...
“Estando en oración, veía un látigo
en las manos de Dios, y el látigo tenía
ramales, a modo de disciplina: y sobre ellos
estaba escrito: amor”.
No se puede caminar solo, se necesitan compañeros
- La misión de Pablo va adquiriendo forma.
El hábito negro al igual que la cruz y el
nombre de Jesús, le están marcando el
camino de su propia espiritualidad. Será el
camino de la Cruz. Y será el camino del
amor. La Cruz como revelación del amor de
Dios.
“Continuando pues con las maravillas de
Dios, habidas esas visiones de la sagrada
túnica con el santo emblema, me dio Dios
mayor deseo e impulso de reunir
compañeros y de fundar, la licencia de la
santa madre Iglesia, una Congregación
titulada: los Pobres de Jesús”.
- Ahora siente que lo que Dios le pide no
puede realizarlo él solo. Necesita reunir
compañeros que sientan y vivan como él y
juntos anuncien al mundo ese amor de Dios
tan olvidado aún por los mismos cristianos.
Nace en su corazón, ya con detalles
suficientemente perfilados, la idea de la
Congregación Pasionista.
- La idea de la Congregación que Dios está
poniendo en su espíritu queda enmarcada
no sólo desde la exterioridad de unos como
el hábito o la Cruz, sino de una misión muy
concreta en la Iglesia: la de hacer Vivo
recuerdo y memoria del amor de Dios
revelado en el misterio de la Cruz.
Escuchémosle a él:
“Y sepan también, amadísimos, que el
principal motivo por el que andamos
vestidos de negro, según la particular
inspiración que Dios me dio, es para guardar
luto por la Pasión y Muerte de Jesús y para
que no nos olvidemos nunca de hacer de él
memoria y guardarle doloroso recuerdo”.
naturaleza rayada y garabateada de
infinitos pequeños riachuelos. Pero todos
ellos confluyendo siempre a un gran río. El
corazón de Pablo desde 1713 está arado,
garabateado de infinidad de riachuelos de
ilusiones, ideales y sueños, hasta que todos
confluyen en el gran río que será su
Congregación de la Pasión.
- Cuando uno vuela sobre la selva peruana
los ojos contemplan el espectáculo de una
Debajo de unas escaleras
- Los caminos de Dios en las almas no son
de fácil lectura para los demás. Rompen
nuestros
esquemas
de
prudencias
humanas y la lógica de nuestras
coherencias.
- Aunque seguro de las llamadas que Dios
hacía en su corazón, Pablo se vio precisado
a confrontar sus experiencias con el
discernimiento de varios directores
espirituales, entre ellos el P. Comumbano
de Génova. El Obispo, Mons. De Gattinara
no veía claro o simplemente tenía miedo a
los riesgos del Espíritu.
- El 22 de noviembre, Monseñor vestía a
Pablo con el hábito de penitencia. Un
hábito de ermitaño. Pero eso sí, no podrá
llevar ningún signo externo que lo
identifique. Pablo hubiera querido recibir el
hábito de penitencia el día 21 por ser la
fiesta de la Presentación de María, pero lo
hizo al día siguiente, por ser viernes, un día
para él tan querido por estar dedicado al
recuerdo de la Pasión de Jesús.
- Por mandato del Obispo, ese mismo día,
Pablo da comienzo a un largo retiro
espiritual de cuarenta días. Durante ese
tiempo ocupará una salita al lado de la
sacristía de la Iglesia de San Carlos, y que
quedaba debajo de las escaleras. Durante
ese tiempo Pablo deberá entregarse a la
oración haciendo un discernimiento sobre
su verdadera vocación. Sus sentimientos
deberá ponerlos por escrito, para que su
Obispo pueda juzgar con mayor serenidad.
De esa experiencia nos ha quedado el
llamado “Diario espiritual”, una verdadera
joya de la mística y un verdadero retrato
del mundo interior de Pablo. Ahí
encerrado, Pablo oró, sufrió, sintió cada
vez más viva su vocación de fundador de la
Congregación. El frío, el hambre y el
cansancio agotaban sus fuerzas físicas,
pero su espíritu se vigorizaba al calor de la
hoguera del amor de Dios. Ahí escribió las
primeras Reglas de la futura Congregación.
- Pese a todo, Mons. De Gattinara se
negaba una y otra vez a aprobar en Pablo la
idea de fundador. Podía vivir como solitario
ermitaño. Pero, fundar una nueva
Congregación, ni pensar. Es posible que no
dudase de la legitimidad de las
inspiraciones divinas en el corazón de
Pablo, pero los cánones eclesiásticos en
aquel entonces eran muy restrictivos sobre
la fundación de Congregaciones Religiosas.
5. EL CAMINO DE ROMA CON
MUCHAS DIFICULTADES
- Pablo está convencido de que las puertas de la aprobación episcopal de la Congregación
están cerradas y bien cerradas. Pero la fuerza del Espíritu no se detiene ni ante las puertas
cerradas ni ante las dificultades. Pablo sueña con Roma. Sabe que por encima de todos está el
Papa. y decide irse de frente a Roma. En su corazón está seguro de que las puertas del Palacio
Pontificio del Quirinal se le van a abrir de par en par. ¿No es el Papa el representante de Cristo?
¿ Y si Jesús le habla tan fuerte al corazón, el Papa le dirá que no?
- Pablo sale para Génova acompañado de su hermano Juan Bautista. Pero llegados aquí, Pablo
obliga a Juan Bautista a que regrese a casa. Irá él solo a Roma. Juan Bautista, tal vez con esa
intuición profética de los santos, le dice: “Iréis solo, pero me necesitaréis y volveréis a
buscarme, pues no podréis estar sin mí”.
- El Marqués de Pallavicino le dio hospedaje los días que permaneció en Génova y le brindó
ayuda para el viaje. Hacía fines de agosto de 1721, Pablo se embarcó en una nave que iba rumbo
a Civitavecchia. Llegados al Monte Argentaro los vientos se callaron y la embarcación debió
detenerse. Esa fue una buena oportunidad para el joven Pablo. El Monte Argentaro con sus
soledades, sus bosques y lo rico de su flora, le ganó el alma.
- Después de algunos días, el viento comenzó a soplar de nuevo. Las velas volvieron a
hincharse y los navegantes rumbearon a Civitavecchia. Allí llegaron posiblemente el 9 de
septiembre. Roma ya no estaba lejos, pero fue necesario hacer la cuarentena. Civitavecchia era
el paso obligado a Roma, y por precaución sanitaria, allí había que detenerse a fin de evitar
llevar a Roma enfermedades, pestes y otros males. Posiblemente Pablo quedó allí unos doce
días.
- En realidad, el 20 de septiembre, entrando por la vía Aurelia, llega a Roma. Se hospeda en el
Hospicio de la Trinidad de los Peregrinos. Pero su mente está pensando en el encuentro con el
Papa. Al día siguiente, 21 de septiembre, Roma amanece iluminada por el sol de un verano que
aún se acaba. Entra en un mundo nuevo, diferente al de su pequeño pueblo de Ovada y
Castellazzo. --¿A primera enfila ?--al Palacio del Quirinal, entonces Palacio del Papa. El corazón
le late más fuerte que nunca. Va a encontrarse con el representante de Cristo y además espera
que sea él quien le de carta en blanco para la fundación de la Congregación. Eso le ratificará
aún más en el convencimiento de que la Congregación es obra de Ojos y una obra querida por
la Iglesia.
Las ilusiones rotas
- No todos escuchan la misma música del
espíritu. Nada más llegado al Quirinal uno
de los guardias lo despide con cajas
destempladas: “Malandrines llegan aquí
cada día, vía...” El árbol florecido de
ilusiones del corazón de Pablo se sintió
como si una helada nocturna hubiera
secado todas las flores. Con el alma y las
ilusiones rotas, Pablo no acierta a hacer
otra cosa que sentarse junto a una fuente a
compartir el pedazo de pan que aún le
queda en el bolso con otro mendigo como
él. La música del agua de la fuente parece
reavivar en él las esperanzas rotas. Aún hay
música en la Vida. La música del agua.
El alma rota en el regazo de la Madre
- ¿Adónde ir? Pablo no conoce Roma.
Tampoco ha venido de turista con su
cámara fotográfica a tomar fotos para el
recuerdo. El ha venido a cumplir la misión
que Dios le inspira dentro y que él no
puede dejar de escuchar.
- Como ave con el ala rota camina por las
calles romanas por la actual Via Nazionale y
la Cavour, hasta que llega a Santa María la
Mayor. Como una suave brisa callada y
silenciosa, la esperanza comienza a
aletearle dentro. De rodillas delante de la
imagen de la Virgen “Salus populi Romani”,
Pablo siente que Dios sigue brillando en su
corazón, aún en medio de las oscuridades
humanas. Como hijo bajado de la Cruz se
arroja en los brazos de la Madre y siente
que algo le quema dentro. El amor del
Crucificado.
- Es entonces que, en medio de todas las
inseguridades humanas, las certezas
divinas se le agarran al alma y la reviven. De
rodillas, no retrocede. Avanza. Mira hacia
un futuro que no ve pero que presiente
hondamente. Y hace el voto de “promover
entre los fieles el misterio del amor de Dios
revelado en Jesús Crucificado". Tonificado
su espíritu, siente que no ha conseguido
nada en Roma, pero a la vez, los caminos
se han ensanchado.
- Serían los días 26 ó 27 de septiembre y
Pablo con las alas del corazón rotas pero
con un espíritu fortalecido regresa de
nuevo a Castellazzo. ¿Lo ven como un
fracasado? Importa poco que los demás
vean las cosas como éxito o fracaso. Él
seguirá pensando en los triunfos de Dios
aún en medio de los fracasos humanos.
Rumbo al Argentaro
- A fines de 1721, Pablo y Juan Bautista
deciden abandonar la familia, y dirigirse al
Monte Argentaro. De regreso de Roma,
Pablo había tenido tiempo de inspeccionar
un poco el Argentaro. Había varias ermitas.
La de la Anunciación, antiguo convento de
Agustinos y entonces ya en estado de
abandono, la ermita de San Antonio.
Ambos hermanos se sintieron atraídos por
aquella soledad y ciertamente estarían más
cerca de Roma.
- Aquí en el Argentaro comenzarían las
primeras dificultades. Porque, aún entre los
hombres de Dios, nunca faltan los celos. En
un principio la presencia de Pablo y Juan
Bautista no cayó bien a los demás
ermitaños que habitaban la montaña.
- Mons. Pignatelli se sintió sorprendido por
la vida de santidad de los dos hermanos y
les ofreció toda una serie de posibilidades
en su diócesis. Incluso, aún en contra del
parecer de muchos sacerdotes, les encargó
la predicación de los ejercicios espirituales
a los seminaristas ordenados.
- Sorpresivamente, a fines de 1722 los
hermanos Danei recibían una cariñosa
invitación de Mons. Pignatelli, sobrino de!
Papa Inocencio XII para trasladarse a
Gaeta. Comenzaba una nueva etapa y una
nueva experiencia en sus vidas. Hacia 172526, Gaeta se convertirá un poco como en el
centro de sus labores apostólicas. Incluso
aquí, Pablo soñó contar con los ermitaños
Michelini y Schiaffino.
- Fue en esta relación con Mons. Pignatelli,
igual que con Mons. Cavallien, Obispo de
Troya, que Pablo pudo retocar ciertos
puntos de las Reglas. Pero, sobre todo, su
estadía en Gaeta le sirvió para convencerse
definitivamente que la vocación de los dos
hermanos, Pablo y Juan Bautista, no era la
de ermitaños. Ellos aspiraban a otra cosa
diferente.
El año jubilar de 1725
-Mons. Cavallieri conservaba muy buenas
relaciones con el Papa Benedicto XIII.
Aprovechando la ocasión del año jubilar de
1725 recomendó a los dos hermanos visitar
Roma. Le hubiese gustado acompañarles
personalmente, pero su estado de salud no
se lo permitía.
- Pero Dios cierra una ventana y abre dos.
Llegados a Roma, por una circunstancia
fortuita, visitando la Basílica de San Pedro.
Pablo y Juan Bautista conocieron a Mons.
Crescenzi y al Cardenal Marcelino Corradini.
Ambos quedaron impresionados por la
personalidad espiritual tan recia y firme de
los dos hermanos y les ofrecieron no sólo
su amistad sino también su mediación con
el Papa. Así, el21 de mayo de 1725, con
ocasión de la visita del Papa a la Iglesia “La
Navicella” pudieron hablar personalmente
con Benedicto XIII. Este, muy amable y
comprensivo con Pablo y Juan Bautista, les
autorizó de viva voz poder reunir
compañeros y echar a andar la
Congregación.
Tampoco este parecía el momento
oportuno. Una autorización que no pudiese
- A instancias del Card. Corradini, Pablo y
Juan Bautista aceptaron dedicarse al
servicio de los enfermos en dicho hospital,
inaugurado el 8 de octubre de 1726. Era una
nueva experiencia en su vida. En un
principio parecería que Pablo encontró allí
una respuesta a sus generosidades. Así
escribe a su íntimo amigo don Tuccinardi:
“Estamos en el santo hospital, que nos
parece muy a propósito para sacrificarnos
por el amor de Dios. Aún no se ha
mostrarse con el sello y firma del Pontífice
podría consolar las ansias del santo, pero
no las exigencias de los Obispos.
¿Renuncia a su misión de fundador?
- En 1726 daba la impresión como si Pablo y
Juan Bautista cayesen un tanto en el
desaliento con respecto a la fundación de
la Congregación. Pablo renuncia al
proyecto de Gaeta y se encuentra de nuevo
en Roma. El Papa Benedicto XIII y el
Cardenal Corradini abren el hospital de San
Galicano para atender a los pobres de la
ciudad y a los enfermos. Se trataba de una
obra de bien social tan urgente y necesaria
cuanto era el número de menesterosos y
enfermos deambulando por las calles de la
ciudad.
inaugurado. Dentro de ocho o diez días el
Papa consagrará la Iglesia y luego iremos
todos, con gran alegría, a abrazarnos con
nuestro querido Jesús por medio de sus
pobrecitos... no faltarán sufrimientos y
tampoco mortificaciones sobre todo
teniendo que preocuparnos del propio
desprecio...”
“Haced esto en memoria mía”
- ¿Juega Dios al escondite con las almas
generosas? Apenas llevan unos meses al
servicio del hospital y reciben la invitación
para ordenarse de sacerdotes. La idea ya se
la había manifestado Mons. Cavallieri y
ahora se la ratifica Mons. Corradini. Como
sacerdotes podrían ser de mayor utilidad a
los mismos enfermos.
- Prácticamente se sienten presionados a
ordenarse de sacerdotes. El mismo Pablo lo
confiesa cuando escribe a su amigo don
Tuccinardi el 15 de marzo de 1725:
“Los superiores quieren que seamos
ordenados de sacerdotes con la licencia del
Santo Pontífice para que podamos continuar
llevando el mismo hábito y viviendo la
misma vida”.
- El 7 de junio de 1727 Benedicto XIII
ordenaba a Pablo y Juan Bautista como
sacerdotes en la Basílica de San Pedro. Ni
Pablo ni Juan Bautista habían pensado en
el sacerdocio. Y ahora la Iglesia les pedía
este servicio ministerial. Pablo tenía un
concepto muy elevado del sacerdocio y por
eso ahora se siente como abrumado por las
nuevas responsabilidades. El 8 de junio de
ese mismo año, fiesta de la Santísima
Trinidad, los dos hermanos celebran su
primera Misa en el mismo Hospital San
Galicano, en medio de los enfermos y
pobres recogidos por la caridad cristiana.
En un rincón del alma
- Hacía como cinco o seis años que Pablo y
Juan Bautista habían abandonado la casa
paterna. No por eso habían dejado de
sentir muy de cerca los problemas, penas y
alegrías de la familia. Porque los santos,
aunque muy enamorados y llenos de Dios,
no dejan de tener un rinconcito en el alma
que les duele con el dolor de los suyos.
padre, Lucas Danei. Era un duro golpe para
su corazón, primero por su amor de hijos, y
luego porque con la muerte de papá Lucas
las cosas de casa se pondrían peor y eso
significaba una preocupación más para
ellos. Aún sin pretenderlo, la pobreza en
que quedaba la familia significaría una
preocupación más para los
dos hermanos.
- Hacia mediados de agosto reciben la triste
y dolorosa noticia de la muerte de su
La soledad del Argentaro llama
- Corría el año 1728, Pablo y Juan Bautista
renuncian al hospital San Galicano y
retornan al Monte Argentaro, convencidos
cada vez más de que la voluntad de Dios
era la de fundar la Congregación.
que él quería. Así, en ausencia del Obispo,
el párroco de Portércole les autorizó a
instalarse en el eremitorio de San Antonio
que mira, como vigía despierto, desde las
alturas del Argentaro, hacia Orbetello.
- Sin embargo los caminos no se han
allanado, ni siquiera en el Argentaro, ya que
a mediados de marzo, cuando llegaron a
Portércole, se enteraron de que la ermita
de la Anunciación ya estaba ocupada por
Antonio Schiaffino, con quien el Padre
Pablo se había convencido ya en Gaeta, no
era posible formar una comunidad como la
- San Antonio será el testigo mudo, hasta
hoy, de la vida de aquellos dos hombres
consagrados del todo a Dios. Vivirán allí
hasta que la nueva comunidad religiosa
pueda instalarse en el primer Retiro de la
Congregación “La Presentación”, un poco
más abajo y con una espléndida
perspectiva hacia Orbetello.
El espíritu mueve la cuna
- La ermita de San Antonio estaba rodeada
de castañales que cada año les ofrecían
buenas raciones de castañas. Además todo
el monte era un bello y hermoso bosque.
La voz de la naturaleza se unía a 1a voz de
Pablo y Juan Bautista en la alabanza al
Señor. Pero la belleza del bosque no era un
obstáculo a las dificultades cada día más
dolorosas. Comenzaron a llegar 1os
primeros candidatos a la vida religiosa
inaugurada por Pablo y su hermano. La
ermita era demasiado pequeña. Aún hoy se
pueden ver las dos habitaciones que
formaban todo el complejo. Una de ellas
servía de Capilla y la otra de todo. Arriba
armaron como pudieron el dormitorio.
Pero, según iban llegando los nuevos
candidatos se hacía cada vez más grande la
- Es entonces que Pablo decide levantar el
primer Retiro de la Congregación “La
Presentación”. La obra se terminó, con la
ayuda de sus amigos de Orbetello, en 1737.
Pero, antes de trasladarse la comunidad,
debieron pasar por una larga noche de
dificultades y problemas. No resulta fácil
entender muchas cosas, y menos cuando
éstas provienen de gente de la misma
Iglesia. El primero en oponerse a la
instalación de la comunidad en La
Presentación fue el Cardenal Altieli. ¿Por
qué será que los hombres de Iglesia son los
primeros en poner piedras en el camino a
las obras de Dios?
estrechez. Se llegó al punto de que fue
necesario levantar un cobertizo fuera.
- La década de 1730 a 1740 fue de un gran
movimiento del Espíritu. Cantidad de
jóvenes y aún adultos pedían ingresar en la
nueva comunidad. La fama de santidad de
Pablo y Juan Bautista era como una
invitación a seguir los caminos de la nueva
aventura religiosa. Sin embargo, los
fervores de los comienzos suelen durar
poco. La vida de la comunidad pasionista
del Argentaro era demasiado dura y ponía a
prueba la fortaleza de los más valientes. Así
como entraban, también salían. Si los que
entraban en la comunidad eran motivo de
esperanza para Pablo, los que la
abandonaban le dejaban el alma rota y
quebrada por la desilusión.
¿Capellán de soldados?
- Resulta sorprendente la flexibilidad
espiritual de los Santos. El monte
Argentaro, lleno de belleza y de soledad,
sin embargo se convertía en línea
fronteriza de conflictividad entre las dos
Cortes Europeas, los borbones de España y
los habsburgos de Austria.
- El Argentaro era un enclave estratégico
para cualquiera de los dos ejércitos. Uno y
otro luchaban por lograr la plaza, y en
medio de ambos ejércitos un pobre
hombre que la única guerra que conocía
era la de luchar contra el vicio, el pecado, la
frialdad de la fe y la renovación espiritual
del pueblo de Dios. los sacerdotes, los
Monasterios de Monjas.
- De ambos lados reconocían la santidad de
Pablo, hasta el punto de permitirle unos y
otros el tránsito libre de un ejército al otro
para atender a los heridos en la batalla.
Desde las más altas autoridades hasta los
soldados sentían un aprecio particular
hacia él. Llegó a darse el caso de ordenar el
cese del fuego para no poner en peligro su
vida. Sabían que sus intereses no eran ni
políticos ni militares sino espirituales.
- El 14 de septiembre de 1737 se bendecía el
primer Convento de la Congregación, La
Presentación. Esto significaba una gran
alegría para el corazón de Pablo. Pero las
alegrías humanas de los santos nunca son
completas. El Cardenal Altieri no autorizó
que se instalase el santísimo sacramento en
la nueva Iglesia. Esto significaba para Pablo
estar en una casa que huele a vacía. ¿Qué
oscuros intereses había escondidos? ¿Qué
insensibilidades espirituales se ocultaban
en el corazón del purpurado? Por esos
absurdos de la vida, los religiosos debían ir
diariamente a la ermita de San Antonio a
celebrar la misa ya que en la Iglesia del
propio convento no se les permitía.
Prohibido tener el Santísimo en casa
- Fue necesario que Pablo acudiese a Roma
y pasando por encima del capello
cardenalicio, consiguiese del Papa la
autorización necesaria para tener el
Santísimo y bendecir la Iglesia como
oratorio público. Los santos sufren,
encuentran piedras en el camino, se les
despuntilla el zapato, pero no se detienen.
La fuerza del Espíritu que los anima es más
fuerte que las dificultades de los hombres.
6. LA ESPERANZA SE LLAMA «SIEMPRE»
- Maestro ¿cuánto tiempo tengo que esperar?
- Siempre.
- ¿Y cuánto es siempre?
- Cuando todo te sale mal, esperar siempre que saldrá mejor. Cuando parezca perdido, esperar
siempre que algún día llegará el éxito.
- ¿Y qué pasa cuando uno, cansado de esperar, siente que todo se le nubla y que se ha perdido
el sol?
- Las nubes pueden ocultar el sol pero no apagarlo. Entonces seguir esperando a que cambien
los vientos y se disipen las nubes y vuelva a lucir el sol.
-Pablo de la Cruz es el hombre de la espera y de la esperanza. Es el que cada día amanece con
nuevas esperanzas en el alma aunque prevea que tampoco hoy saldrá el sol. Todo había
comenzado en 1720 y van pasando los años y nada acaba de clarificarse. En 1737 puede
inaugurar su primer “Retiro de La Presentación”. Los compañeros comienzan a llegar. Pero
Pablo aún no tiene aprobación oficial alguna de su Congregación. Puede reunir compañeros, y
nada más, porque ni las Reglas ni la Congregación han recibido una aprobación definitiva de
parte de la Iglesia.
Dos estorbos en el camino
- Por delante se encuentra siempre con dos
estorbos que parecen, hasta entonces,
insalvables. Por una parte, los encargados
de revisar las Reglas las consideran
demasiado duras, demasiado exigentes
para la debilidad de la condición humana.
Ya en 1736 el Cardenal Altieri frena la
bendición del Retiro de la Presentación,
porque cree que será imposible seguir una
vida de tanta austeridad y sobre todo, de
tanta pobreza. No se puede pretender que
Dios haga un milagro permanente. E
incluso llega a sugerirle un poco más de
caridad para con el cuerpo.
Por otro lado la idea de Altieri y de otros
muchos era que la Congregación fuese de
derecho diocesano, dependiente de los
Obispos. Pablo tiene otras intenciones.
Quiere una Congregación de derecho
pontificio, y luchará por ella hasta el final.
Más se consigue con la presencia que por carta
- Pablo sabe que la influencia de Altieri
puede condicionar la aprobación de las
Reglas. En enero de 1738 se encaminó a
Roma acompañado, esta vez, por el P.
Fulgencio, una de las figuras más
eminentes de la naciente Congregación. La
Providencia no abandona a quienes
confían. Llegados a Roma fueron recibidos
con gran hospitalidad por el Cardenal
Rezzonico. Los dos hermanos, más que
pena daban lástima.
Empapados
por
la
lluvia,
muertos de frío y con los pies sangrantes
por las heridas del camino. En el mes de
febrero la comisión encargada de revisar el
texto de las Reglas emitió un voto
desfavorable.
- Los santos son muy dóciles a las llamadas
del Espíritu, pero también son tercos
cuando saben los caminos de Dios. Y no se
achican por más negativas que puedan
encontrar en los hombres. Así, en enero de
1740, Pablo vuelve a la carga. Esta vez
aprovecha su amistad con el Cardenal
Rezzonico para hablar personalmente con
el Papa Clemente XII. Pero, el 6 de febrero
una mala noticia sorprende a Pablo. La
muerte del Papa. De nuevo habría que
esperar.
Almas gemelas
- La espera se hacía larga. El Cónclave para
la elección del Papa se vio entrampado en
una serie de dificultades. Eran tiempos en
los que los Gobiernos ejercían demasiadas
presiones e incluso vetos en la elección del
Pontífice. Pasaron seis largos meses para
que saliese elegido Papa el Cardenal
Lambertini, que subiría al solio pontificio
con el nombre de Benedicto XIV.
- Valió la pena esperar. El Papa Lambertini
será considerado por la historia como una
de las figuras más eminentes de su siglo. A
Pablo se le abrió el corazón y las
esperanzas volvieron a cantar en su alma.
El nuevo Papa era un hombre de una
profunda espiritualidad, con gran celo por
la renovación de la Iglesia y que, pese al
clima y ambiente cultural de la época, supo
mantener una gran altura espiritual y una
primacía de la misión espiritual de la Iglesia.
Rompió una serie de marcos que impedían
sus movimientos en la Iglesia, y así,
cuentan los historiadores, era fácil verlo
caminar solo por las calles de Roma
charlando amenamente con la gente
sencilla del pueblo. Esto lo hizo sentirse
querido por todos, sobre todo teniendo en
cuenta el buen humor que siempre
marcaba su trato personal.
- Abierto al Espíritu, fácilmente supo intuir
la profundidad del alma de Pablo de la Cruz
y el espíritu innovador de la nueva
Bautista y recién ahí se le abrieron los ojos
y logró intuir la profundidad de sus almas y
Congregación. Por eso Pablo no dejó pasar
el tiempo. Benedicto XIV había sido elegido
el 17 de agosto de 1740. Inmediatamente
Pablo escribió a los Cardenales Rezzonico y
Corradini, quienes el 13 de septiembre
presentaron al Papa la Congregación del P.
Pablo. A mediados de noviembre, Pablo va
de nuevo a Roma acompañado por el P.
Juan Bautista. Es entonces que el Papa
nombra una nueva comisión encargada de
revisar las Reglas del nuevo Instituto.
Formaban dicha comisión los Cardenales
Rezzonico, Corradini y el Abad Pedro Maria
Garagni.
- ¿Por qué será que siempre tiene que
haber alguna voz discordante que lleva la
contra? Cuando Garagni vio a los dos
hermanos, no les vio pinta. ¿Qué podrían
hacer aquellos pobres hombres? Pablo y
Juan Bautista no se preocupaban en
demasía de cuidar sus apariencias, y
pareciera que, aunque las apariencias
engañan, son útiles para quienes no ven las
cosas más que desde afuera.
- Cuentan las crónicas que esa noche
Garagni no pudo dormir. Sentía que algo no
funcionaba bien en su actitud para con los
dos hermanos Danei. Levantó a sus
familiares para que lo acompañaran a orar
a Dios a fin de clarificar su mente y su
corazón con respecto a la obra que le
habían encomendado. Al día siguiente
llamó
a
Pablo
y
Juan
la santidad de sus vidas. A partir de ese
momento fue uno de sus mejores amigos
en Roma.
- La preocupación de Pablo se cifraba en su
miedo de que la comisión encargada de la
revisión del texto de las Reglas pudiese
cambiarlas, mitigarlas y hacerles perder ese
brillo espiritual de las exigencias del
Evangelio.
Hoy amaneció el sol
- El 15 de mayo de 1741 será uno de los días
más luminosos en el corazón de Pablo y de
la nueva Congregación. Por fin, ese largo
camino que había comenzado en 1720
parecía llegar a su meta. El Papa Benedicto
XIV firmaba el escrito de aprobación de las
Reglas de la Congregación de la Pasión de
Nuestro Señor Jesucristo. Por fin, la Iglesia
hablaba con su palabra oficial y aceptaba la
nueva Congregación.
cierto que, pese a la luminosidad del sol,
alguna nubecilla quedó aún notando en el
cielo de sus preocupaciones. Se habían
introducido algunos pequeños detalles que
personalmente a él le disgustaban, y sobre
todo, porque no se le habían concedido los
“votos solemnes”. Pero eso no impedía
que la alegría que sentía en ese entonces
fuese más fuerte que sus pequeñas
decepciones. Aún había tiempo por
delante.
- El P. Pablo estaba en el Monte Argentaro.
Al conocer la noticia el alma se le llenó de
alegría. La Comunidad se vistió de fiesta. Es
La profesión religiosa
- Junto a la aprobación de las Reglas, Pablo
conseguía la autorización para conservar la
Eucaristía en la Iglesia de la Presentación.
Era el 1 de junio, festividad del Corpus
Christi.
- Inmediatamente la Comunidad entró en
los Ejercicios Espirituales. Se respiraba un
clima de fervor y de espiritualidad que
hacía del Monte Argentaro como un
pequeño corazón de la Iglesia.
- El 11 de junio de 1741 los seis primeros
religiosos pasionistas hacían su profesión
religiosa oficialmente reconocida por la
Iglesia. Cinco sacerdotes y un hermano
coadjutor. La congregación acababa de
nacer oficial y públicamente en la Iglesia.
Una larga espera de 21 años. Larga espera y
después de 21 años, sólo seis religiosos...
Una semilla que crecía lenta pero vigorosa.
- ¿Recuerda el lector aquellas visiones del
verano de 1720? La Virgen se le aparecía a
Pablo revestida con el “hábito” pasionista y
el “escudo” con los signos de la Pasión. Por
primera vez, Pablo puede llevar sobre su
corazón este signo que le recordará a él y al
mundo el misterio de amor y de dolor de su
Jesús Crucificado. Un corazón de fondo
símbolo del amor y recuerdo del amor. Una
inscripción “Jesu Xpi Passio”, “Pasión de
Jesucristo”. Y abajo los tres clavos
expresión viva de las llagas dolorosas y
amorosas del Crucificado.
7. NUBARRONES EN EL CIELO
- Un largo camino de esperas. Un largo
camino de ilusiones y esperanzas que cada
día parecían más lejanas a la realidad. Un
largo camino, como largos son los caminos
de Dios. Pero un largo camino que es
preciso andar con la antorcha de la
esperanza siempre encendida en medio de
tantas oscuridades. Las semillas de 1720-21
recién acaban de f1orecer en espiga.
- Los partes meteorológicos no siempre anuncian buen día para mañana. Con frecuencia
anuncian cielos nublados, lluvias, tormentas y hasta peligrosos ciclones que amenazan
sembrar ruinas y muerte. También las almas y los corazones tienen su propia meteorología,
que no siempre augura días fáciles.
El florecer vocacional
- La aprobación pontificia de las Reglas fue
como un viento fresco que reverdeció el
fervor y el entusiasmo de las almas. El
mismo Pablo, en medio de su alegría
espiritual, se sentía como confuso. Una
confusión nacida de la admiración de la
obra de Dios en la Iglesia. Lo dice él mismo:
“El sumo Bien que es Dios, nos ha
abierto el secreto de su altísima misericordia
al concedemos la aprobación por parte del
Sumo Pontífice, de las Reglas y
Constituciones de nuestra Congregación. Es
preciso darle gracias y mantenemos con gran
humildad, pues de nuestra parte no tenemos
nada que hacer en esta obra que es toda de
Dios”.
- Comenzaron a tocar las puertas de la
Congregación figuras eminentes que
fueron puntales de la misma y verdaderos
hombres de Dios en la Iglesia. En 1742
ingresa como hermano coadjutor Santiago
Gianiel, de origen suizo. Hoy ha sido ya
declarado “venerable” por la Iglesia. En
1743, Marco Aurelio Pastorelli, natural de
Niza (Francia). Provenía de la Orden de los
Doctrinarios, y era profesor. El Retiro de la
Presentación está lleno. Ya no hay
habitaciones para más. Incluso, en una sola
habitación fue preciso meter a cuatro
hermanos coadjutores. A fines de 1747 los
religiosos llegan ya al número de 38 en las
tres comunidades existentes en aquel
entonces.
Nuevas fundaciones
- Igualmente los pueblos comienzan a pedir
al P. Pablo que funde su Congregación en
sus comunidades. La primera de ellas será
la de San Ángel de Vetralla. A ella seguirán
muchas otras.
- Pareciera que la semilla retenida en el
surco de la tierra durante tantos años,
ahora brota pujante y vigorosa por todas
partes. El 2 de marzo de 1744 salían del
retiro de la Presentación nueve religiosos
acompañados del P. Pablo. Cinco de ellos
fundarían la Comunidad de Vetralla, y los
otros cuatro, la comunidad de San Eutiquio.
La energía reprimida por tantos años,
ahora se convertía en fuerza arrolladora.
Una de las mayores ilusiones de los pueblos
era poder contar con una comunidad
pasionista. A donde quiera que fuese a
predicar, el P. Pablo recibía el ofrecimiento
de este o aquel santuario o convento vacío
para que instalara allí a sus religiosos.
- El 28 de marzo de 1746, el corazón de
Pablo vuelve a sentir las caricias del amor
de Dios. Era un lunes de la semana de
pasión, y el Papa le regala una grata noticia.
La primera aprobación de la Congregación
y el nuevo texto de las Reglas. Pablo, lleno
de santa alegría, fue personalmente a
agradecérselo a Benedicto XIV. Aún le
queda la espinita de la negativa a los
“votos solemnes”, pero la Congregación
está avanzando gozosamente en la Iglesia.
A la vez, el Santo Padre concede a los
Pasionistas el titulo de “misioneros
apostólicos”, lo que le abría todo un
horizonte de posibilidades apostólicas en la
Iglesia.
- Claro que no siempre el entusiasmo de la
gente respondía a las exigencias del
fundador. A veces encontraba las cosas
ofrecidas generosamente por la Comuna
de los pueblos, en tales condiciones que
eran prácticamente inhabitables. El P.
Pablo tenía fe en el fervor espiritual de sus
hijos, pero también era consciente de un
mínimo necesario para poder desarrollar la
vida religiosa. Lo divino no impide lo
humano. El P. Juan María Cioni describe así
lo que encontraron al llegar a Cercano:
“Había cuatro o cinco habitaciones
contiguas a la Iglesia, pero en tal mal estado
de conservación que servían para redil de las
cabras... Los religiosos se veían obligados a
dormir seis o siete en cada habitación, todo
tan estrecho que difícilmente se podía pasar
entre las camas. El pavimento estaba
sembrado de estiércol de las cabras. Las
ventanas estaban más abiertas que cerradas.
Recuerdo que para la fiesta de Navidad,
estando en el comedor almorzando, la nieve
entraba por las ventanas hasta el punto de
necesitar encender una fogata”.
"Maestro, hemos visto a uno que hace milagros y se lo hemos prohibido”
- No es fácil aceptar la competencia. Ni
siquiera en los hombres que se dicen
espirituales. Los mismos discípulos de
Jesús no se sentían bien cuando alguien
“en nombre” del Maestro “hacía
milagros”. “Se lo prohibieron”.
- La presencia de la nueva Congregación
religiosa era como una suave brisa fresca
de renovación espiritual de la Iglesia en el
alma del pueblo fiel. Esto despertó
inquietudes y preocupaciones en las
antiguas Ordenes mendicantes que se
sintieron como agredidas en su estabilidad.
Se trataba de comunidades, muchas de
ellas venidas a menos en su fervor
religioso, debido precisamente a la
decadencia de la fe en medio de una
cultura de indiferencia iluminista. Este
nuevo soplo con el que el Espíritu
refrescaba el alma de la Iglesia, ponía más
en evidencia la decadente espiritualidad de
quienes instalados en sus privilegios se
sentían incapaces de una renovación
espiritual.
- Y comenzaron los ataques. “Se lo hemos
prohibido". Frente al nuevo frescor de la
vida, pareciera que lo mejor es matar la
vida, para que la vida no nos mate. Matar lo
nuevo, para que lo viejo pueda seguir
adelante. Es cierto que, en muchos casos,
había situaciones que pudieran ser
conflictivas con los cánones eclesiásticos.
Pero, las razones de fondo, hay que
situarlas en otros trasfondos. La luz
descubre demasiado el polvo que se ha
pegado a los cristales de las ventanas. La
luz pone en evidencia el polvo adherido a
los viejos muebles de la casa, y, cuando la
luz molesta, lo mejor será apagar la luz.
- Pablo siente como si todo estuviese en su
contra, menos Dios. Mientras el Señor le
envía buenas y santas vocaciones, los
hombres levantan muros de dificultades y
obstáculos. Los años 1748-1750 fueron una
dura lucha entre la pobre Congregación,
aún niña en la Iglesia, y las grandes
instituciones tradicionales de la Iglesia. Lo
viejo contra lo nuevo. Lo Viejo que se
resiste a dejar nacer lo nuevo, y lo nuevo
que se resiste a dejarse ahogar por unas
estructuras
esclerotizadas
en
la
esterilizante costumbre.
¿Un Santo luchando contra otro Santo?
- La cosa fue tan lejos, que los superiores
obligaron bajo obediencia a San Leonardo
de Puerto Mauricio a aprovecharse de su
íntima amistad con el Papa para presentar
un monitorio contra P. Pablo de la Cruz y
su naciente Congregación. “Fue por
obediencia que lo hice”, confesará el
mismo San Leonardo.
- Estas luchas se nos antojan las mismas de
Jesús con la institución judía. Buscaban la
manera de enredarlo por todas partes. Era
la ley que se resistía a dejarse cambiar por
el Espíritu, y también aquí se da el mismo
fenómeno, que mientras los jefes se
resisten contra Jesús, el pueblo sencillo lo
aclama y lo admira y sigue. Aquí, son los
pueblos los que intuyen la santidad de
Pablo y el espíritu de su Congregación y
sienten la necesidad de acogerle y
ayudarle. Pero esto, si bien es satisfacción
para su corazón, a la vez, le duele ver a la
Iglesia dividida en bandos. Esto no le
agrada en manera alguna. “Todos los
pueblos, escribe al P. Fulgencio, se han
unido para luchar contra los frati. Oh,
cuánto me desagrada! He escrito una y mil
veces para impedirlo...
He dicho
claramente que no quiero Retiros con
luchas, sino en paz. Es necesario orar”.
Un rayo de luz en la tormenta
- El año 1750 trajo para Pablo un rayo de luz
en medio de la tormenta. El Papa
Benedicto XIV declaró el Año Santo con la
finalidad de renovar la fe dormida del
pueblo de Dios. El Vicario de Roma, el
Cardenal Guadagni, quiso contar con los
Pasionistas para la Misión de Roma. Se les
encomendó la Iglesia de San Juan de los
Florentinos. En un principio se había hecho
cargo de la Misión el P. Struzzieri, pero
cayó enfermo. Entonces debió suplirlo el
mismo P. Pablo. Entre sus oyentes había
cardenales y el mismo Papa.
- No era tanto el hecho de predicar en
presencia del Santo Padre. Era el hecho de
que, mientras las grandes Ordenes
Religiosas lanzaban todas sus baterías
contra la Congregación, en Roma se le
confiaba a la Congregación la predicación
de la Misión. No era la solución a los
problemas, pero sí un rayo de luz en medio
de la más dura tormenta.
Cuando el enemigo está en casa
- Pero los dolores y sufrimientos de Pablo
no provenían únicamente de fuera.
Tampoco dentro de casa comenzaron las
cosas a marchar siempre bien. ¿Crisis de
crecimiento? Así lo llaman algunos. Lo
cierto es que de 1755 a 1758, Pablo vio su
alma sumamente afligida por los
problemas internos de la Congregación.
Ahora no luchaba contra nadie de afuera.
Ahora su lucha era por mantener vivo el
espíritu dentro. “Son años, escribe, en los
que jamás había sufrido tantas angustias”.
- No es fácil averiguar las causas. Son,
posiblemente, muchas. Por una parte no
resulta fácil seguir el ritmo de los Santos.
Tampoco faltarían las imprudencias de
Superiores un tanto improvisados. La
Congregación estaba haciendo camino.
Estaba aprendiendo a ser Congregación.
- Pero lo peor es cuando uno se siente
responsable o culpable de lo que acontece.
Y esto fue lo que le sucedió a Pablo. El se
creía el culpable de los problemas internos
de la Congregación. Así, a fines de 1757
escribió
a
todos
los
religiosos
anunciándoles la anticipación del Capitulo
General, a fin de que se pudiese elegir a
otro mejor que él y más capaz que él.
“Todos sabéis que he decidido anticipar el
Capítulo General algo más de un año. por el
vivo deseo que tengo de retirarme a uno de
nuestros retiros de mayor soledad, y no
pensar en otra cosa que estar a los pies de
Jesús Sacramentado, para orar día y noche
mis muchos pecados y prepararme en
oración, ayuno, silencio y esperanza, para
una santa muerte”.
- En la Carta de convocación del Capítulo
habla de “con el fin de tratar varios y
graves problemas de mucho peso y de los
cuales depende en gran parte la utilidad y
el desarrollo espiritual y temporal de esta
naciente congregación”. ¿Cuáles eran esos
“varios y graves problemas”? Ya hemos
dicho que pudieron ser de distinta índole.
Sin embargo, pareciera que una de las
cosas que más preocupación estaba
causando era el gran número de Religiosos
que habían abandonado la Congregación.
- Los religiosos eran bien conscientes de
que los problemas que aquejaban a la
Congregación no se debían en modo
alguno a su gobierno. Así, pese a sus
deseos de liberarse de la carga de Superior
General, el Capitulo volvió a ratificarlo en su
cargo. Era una muestra de confianza de la
Congregación hacia él. Pero también era un
volver a cargar de nuevo con la Cruz de las
responsabilidades.
La muerte del amigo
- A lo largo de estos años, Pablo tuvo duros
golpes al corazón. En 1746 sufre la pérdida
de su madre. Aunque lejos de ella, sin
embargo, la imagen de la madre la llevaba
siempre muy guardada dentro de su
corazón.
- Y en 1758 pierde a uno de los mejores
protectores de la Congregación, el Papa
Benedicto XIV. Sin embargo, la muerte del
Papa Lambertini quedó de alguna manera
compensada al ser elegido como sucesor el
Cardenal Rezzonico quien, juntamente con
el Cardenal Cescenzi, tanto le habían
ayudado y apoyado hasta entonces. Los
santos lo dejan todo en las manos de Dios.
Pero tampoco se olvidan de los caminos
humanos.
Hay desilusiones que matan el alma
- Pablo persiste de una u otra manera para
conseguir la aprobación de los votos
solemnes para la Congregación. La Santa
Sede, prudente en sus decisiones, prefirió
hacer una encuesta sondeo sobre el
parecer de cada religioso sobre el
particular. Pablo estaba seguro de que
todos estarían a favor de los votos
solemnes. La Comisión de Cardenales,
encargada de estudiar el asunto, invitó
personalmente al P. Pablo a la reunión
definitiva del 23 de noviembre de 1760. Allí,
para sorpresa suya, le hicieron saber que
no todos los religiosos estaban conformes
con los votos solemnes.
- Pablo lo sintió como un golpe bajo de
parte de sus propios hijos. Bajó la cabeza y
aceptó la realidad. Sin embargo una espina
le punzaba dentro. ¿Por qué? y la única
respuesta que encontró la expuso en una
carta dirigida una semana más tarde a la
Congregación:
“Porque
nuestra
Congregación ha decaído de su primera
observancia y fervor. Ya no resplandece en
ella la caridad fraterna de antes, ni aquella
ciega obediencia, ni aquella humildad. El
fervor se ha apagado día y noche, y la
pereza en los ejercicios prescritos por las
Reglas se impone...”
- Siempre había encontrado dificultades
para los votos solemnes. Pero eran
dificultades que venían de afuera. Pero
ahora el virus estaba dentro y eso le
preocupaba. Sintió como si el alma se le
fuese vaciando del cuerpo por ese
resquicio abierto por la sensación de
frustración. Pese a todo, Pablo es
admirable en resucitar constantemente las
esperanzas. Unos párrafos abajo añade:
“Concibo grandes esperanzas de todos
vosotros y espero comencéis una apuesta a
quien puede ser más santo”.
Compartir el sufrimiento de los otros
- Esta decepción de Pablo no lo encierra en
sus heridas. Estas han adolorido duramente
su sensibilidad espiritual. Pero no han
logrado apagar su espíritu de generosa
apertura hacia los demás.
- Los años 1762-1767 fueron de una gran
prueba para la mayoría de los pueblos. Se
trata de una famosa carestía que dejó a los
pueblos
prácticamente
hambrientos.
Pablo, sensible ante esa dura realidad de
las gentes, decidió cerrar por ese año el
Noviciado, debido a la escasez de todo. Y
mediante una Carta Circular anima y
compromete a todos los religiosos a
compartir las necesidades de la gente:
“Más que a nadie, le toca al religioso
participar del divino flagelo con la
mortificación voluntaria, privándose de los
alimentos y de cualquier otra cosa superflua,
a fin de poder aliviar a la pobre gente que se
muere de hambre”.
- Pablo quiere que sus religiosos no vivan
ajenos a la realidad del pueblo. La soledad
de los Conventos será un camino de
contemplación, pero de ninguna manera
puede significar el marginarse de la
realidad de los hombres.
Arrecian los ataques a la Iglesia
- A la miseria humana se unen ahora los
duros ataques de las Cortes Iluministas
sobre la Casa Borbónica contra la Iglesia.
En Toscana sube al poder el gran duque
Pedro Leopoldo de Lorena. Entre otras
muchas ordenanzas está una que atenta
directamente contra las Ordenes y
Congregaciones Religiosas.
“Recomiendo, entre otras cosas detener la
reforma de los frati liberándolos de la
dependencia de sus Superiores Generales de
Roma, con la obligación de depender
directamente de los Obispos de la Toscana,
los cuales, por su parte, deberán ser
escogidos entre aquellos indicados por el
Gran Duque y que no tengan relaciones o
dependencia de Roma”.
Gran Duque. Una de las condiciones era su
independencia de Roma, es decir del Papa.
- Tales decisiones rompían el espinazo de
las Ordenes y Congregaciones Religiosas al
independizarlas
de
sus
legítimas
autoridades y ponerlas bajo la dependencia
directa de cada Obispo. Y por otra parte, la
elección y nombramiento de los Obispos
quedaban condicionadas por el placet del
- Es ahí donde Pablo siente más
profundamente la necesidad del verdadero
fervor y autenticidad de sus religiosos. La
tibieza espiritual en las comunidades no
contribuiría en nada a mantener firme la fe
y la comunión eclesial.
Pablo pierde la mitad de sí mismo
- Pablo y Juan Bautista habían sido el
sostén el uno del otro. Juntos habían
compartido
las
mismas
intuiciones
fundacionales. Juntos habían recorrido los
mismos caminos y amado las mismas
soledades. Juntos sufrieron el golpe de los
fracasos humanos, como juntos lograban
hacer su pervivir siempre la esperanza. Los
dos parecían formados de una sola pieza. El
uno necesitaba del otro. No por una
dependencia sino por una mutua
complementación.
- El lO de Julio de 1765, Juan Bautista caía
enfermo. Eran los años de carestía. En el
Retiro de San Ángel de Vetralla dieciocho
religiosos estaban enfermos. El P. Juan
Bautista era consciente de aquella dura
realidad. Incluso 1legó a decir: “Ya no sé
qué hacer para que nuestra humanidad se
escape de la muerte. El 29 de julio celebró
por última vez la Santa Misa. Era el 30 de
agosto. El fin había llegado. Reunidos junto
a la cama del enfermo, el P. Pablo entonó la
“Salve Regina”. Y mientras la plegaria
hecha canto sube al corazón de Dios, el P.
Juan Bautista le entrega su propia alma.
Pablo confesará que “se sintió como
huérfano y niño sin padre”.
8. EL FUEGO QUE ARDÍA
Y QUEMABA DENTRO
- Un día se encontraron dos conchas en el mar. Una cantaba de alegría. Mientras tanto la otra
se dolía porque algo le crecía dentro. Sentía como dolores de parto. La concha cantora se reía
de la otra. Pero ésta le respondió: es triste ser feliz por estar vacía. Tu no llevas nada dentro.
Cantas tu propio vacío. A mí me duele, pero mi dolor es de fecundidad. Dentro de mí está
creciendo una bella y hermosa perla.
- ¿Qué es lo que crecía dentro de Pablo? ¿Y qué es lo que le quemaba allá dentro que lo
empujaba constantemente a darse y entregarse a los demás?
El poder y sabiduría de la Cruz
- La gran intuición de Pablo, desde 1720, fue
el misterio de la Cruz. El poder y la
sabiduría de la Cruz. Su fuerza espiritual era
la fuerza de la Cruz. Y su verdadera
sabiduría era la sabiduría que brota de la
Cruz.
- Si en 1713 quedó como absorto y
asombrado por Dios, en 1720 caerá en el
asombro del misterio del amor revelado en
la Cruz. No fue un camino de búsqueda el
que tuvo que andar. Fue un don de Dios, un
regalo de Dios infuso en su alma. Durante
toda su vida será conciente de que el
descubrimiento del misterio de la Cruz no
es fruto ni de una búsqueda ni de un
estudio, sino de la pura gratuidad de Dios
que se lo revela y se lo descubre.
- Para Pablo de la Cruz, la Pasión de Jesús lo
es todo. Porque en ella, Pablo encuentra a
Dios, encuentra al hombre, descubre el
amor de Dios y descubre el amor al
hombre. La Cruz deja de ser un espectáculo
más o menos sentimental y tierno del
sufrimiento de Jesús para convertirse en el
sacramento de la revelación, el sacramento
de la fuerza de Dios, capaz de cambiar al
hombre y transformar el mundo.
- Para Pablo, el misterio de la Cruz
trasciende el misterio del dolor humano y
se convierte en problema de Dios. Porque,
para él, la Cruz no termina en la punta del
palo vertical. El palo vertical apunta mucho
más allá de la Cruz misma: apunta a Dios.
Se diría que ese palo vértice de la Cruz es
como la antena parabólica a través de la
cual Dios se revela y manifiesta en esa
pantalla del Cristo colgado y en los
televisores de cada corazón humano. La
Cruz para Pablo no es ocultamiento de Dios
sino revelación de Dios. La Cruz no es
silencio de Dios sino revelación de Dios. La
Cruz no es silencio de Dios sino Palabra de
Dios. En la Cruz Dios se hace Evangelio.
- Pese a vivir en un siglo donde la
espiritualidad está recargada de dolorismo
y sentimentalismo, Pablo de la Cruz
descubrirá en la Pasión de Jesús el amor de
Dios al hombre y a Dios mismo como amor.
En una de sus cartas se expresa así:
“De este mar procede el mar de la Pasión de
Jesús, si bien ambos mares no son más que
uno solo”. (Lt. II, 717)
- Edith Stern, poco antes de ofrendar su
vida a Dios en el holocausto nazi escribía:
“no son las conclusiones humanas las que
pueden venir en nuestra ayuda, sino la
Pasión de Cristo, quiero participar en ella”.
Frente a los racionalismos humanos de la
Ilustración, Pablo de la Cruz se atreve a
hacer la opción por “la necedad y lo
absurdo” humano de la Cruz. Los
verdaderos profetas no suelen ser aquellos
que hablan lo que la gente quiere escuchar,
sino lo que la gente se niega a oír. En medio
de una cultura que rechaza este absurdo y
está necedad de la Cruz, Pablo descubre en
ella la única luz capaz de iluminar los
caminos de los hombres y la única fuerza
capaz de cambiar el corazón humano. Al
estilo del Apóstol Pablo, este otro Pablo,
que él mismo quiso apellidarse de la Cruz,
dirá:
“Se que por la misericordia de nuestro buen
Dios, no deseo saber otra cosa ni quiero
gustar consuelo alguno: sólo deseo estar
crucificado con Jesús”. (Diario, 23-XI-1720)
- De ahí que para Pablo, la Cruz es la puerta
para todo. Una puerta que nos abre el
camino de la contemplación de Dios, nos
abre el camino para salir de nuestra
condición de pecado y lo que es más
importante, nos abre el camino de la
perfección y santidad cristiana. Pablo lo
encuentra todo ahí. y esa será su fuerza y
su dinamismo. El olvido de este misterio de
amor será la razón y la causa de todos los
males del hombre y del mundo.
- Por eso mismo, Pablo de la Cruz y su gran
obra, la Congregación, se sitúan no en el
plano de las soluciones fáciles o parciales
sino en lo que viene a ser la raíz misma de
la Iglesia. No se trata de una devoción. Se
trata de renovar en la Iglesia sus mismas
raíces.
Tres grandes caminos
- La vida de Pablo de la Cruz está marcada por tres grandes caminos, que en realidad
convergen todos en uno solo. Pablo tiene esa virtud de síntesis y de radicalidad.
La meditación o memoria
- Una de las ideas fuerza de su vida será “el
olvido y la memoria”. La raíz de todos los
males del hombre y de la Iglesia es el
olvido. Cuando el hombre ha olvidado a
Dios, el hombre se siente amenazado en su
condición humana y en su condición de
creyente. Por eso repetirá insistentemente
que “la causa de todos los males está en
que el hombre ha olvidado el misterio del
amor de Dios revelado en la Cruz”.
- Para ello, todo su empeño y preocupación
será el llevar al hombre a la meditación,
como el mejor ejercicio espiritual de la
Ministerio de la palabra
memoria. Y en esto, el fundador de los
Pasionistas se sitúa en lo más puro de la
tradición bíblica y de la tradición
sacramental de la Iglesia: "Haced esto en
memoria mía”.
- No se trata de un simple recordar, sino de
un recordar haciendo presente el
dinamismo del pasado. Es un recordar
interiorizando. Y para ello, Pablo considera
que la meditación es el camino más
adecuado para este recordar y personalizar
el pasado como dinamismo del futuro.
- Por otra parte, Pablo de la Cruz siempre
ha sentido como imperativo de su corazón
el anuncio, la proclamación de la Palabra de
Dios. Sintió como misión suya la
predicación, sobre todo la predicación al
pueblo sencillo, siempre ansioso de Dios.
- Tanto él como la Congregación por él
fundada tendrán como misión inmediata la
predicación de la Palabra. Y la predicación
precisamente a aquellos que más
necesitados están de ella, y también más
abiertos a ella. El pueblo sencillo.
- En las Reglas y Constituciones, al marcar
el fin primario de la Congregación,
propondrá la predicación de la Palabra, y
de manera muy concreta, las Misiones
populares. Pablo de la Cruz es el hombre de
la Palabra de Dios y es el hombre apóstol
de la palabra.
- Pero una palabra que no quiere ser simple
palabra, sino que antes ha de pasar por la
fecundidad de la soledad y la pobreza. La
soledad, como clima propicio para dar
fecundidad a la palabra en el corazón. Y la
pobreza, como libertad para el anuncio. La
Palabra de Pablo de la Cruz estaba siempre
cargada de vida. Por eso, las Misiones
predicadas por él eran momentos de
verdaderas conversiones. Los pueblos
quedaban, como solía decir, reconciliados,
pacificados y renovados espiritualmente.
La renovación del clero y de la vida religiosa
- Por otro lado, Pablo era uno de esos
convencidos de que la renovación de la
Iglesia ha de comenzar precisamente por
aquellos a quienes Dios ha puesto como
“luz y sal de la tierra”. El mismo Jesús decía
que «si la sal se pierde o corrompe» ya no
sirve para nada. Y si la luz “se apaga”
tampoco sirve para iluminar.
- Una de sus grandes preocupaciones fue
siempre la renovación espiritual y cultural
de los eclesiásticos y la revitalización de la
vida consagrada de los Monasterios. Sentía
vivamente la pobreza de la formación del
clero de su tiempo y la pobreza
consiguiente de su vida sacerdotal. Le dolía
ver a los sacerdotes vagando inútilmente
por las calles o simplemente llevando una
vida secularizada, cuando cada uno de ellos
estaba llamado a ser un signo de la
presencia salvífica de Jesús en la Iglesia.
- Por lo demás, la Vida consagrada en los
Monasterios de su tiempo dejaba mucho
que desear. Prácticamente se había
mundanizado y dentro se había caído en
una gran pobreza de ideales del espíritu.
Pablo dedicó sus mejores esfuerzos en
devolverle el frescor del espíritu y esa
nueva brisa renovadora de las almas que de
nuevo volvían a emprender los caminos de
la santidad.
Las religiosas contemplativas pasionistas
- Así como desde un principio sintió su
vocación de fundador de una Congregación
que fuese como un fermento de
renovación espiritual de la Vida Religiosa en
la Iglesia, desde los años 1730 una idea le
revoloteaba constantemente en el alma:
sembrar la semilla de la renovación de la
vida contemplativa de los Monasterios
femeninos, fundando en la Iglesia las
Contemplativas de la Pasión, las Religiosas
Pasionistas de Clausura. Dadas las
dificultades de la fundación de la
Congregación de la Pasión, la idea de la
fundación de las Religiosas la echaba de su
corazón como un sueño imposible. Con
frecuencia hace alusión a este deseo y a su
imposibilidad. Escribiendo a Tomás Fossi, le
dice:
“La obra que usted desea para las mujeres la
veo cada vez más lejos y no me engaño:
todavía no ha llegado la hora, y Dios no me
da a conocer su santísima voluntad”.
- La hora tardó en llegar, porque los
caminos de Dios son largos y suelen
carecer de atajos fáciles. Recién el 30 de
septiembre de 1770 el Papa firma el
rescripto de aprobación de las Reglas de las
Religiosas Pasionistas. Y el 7 de abril de 1771
ya se puede bendecir el Monasterio de
Tarquinia, aunque en realidad su apertura e
inauguración tiene lugar el 3 de mayo.
- La rama femenina de la Congregación
quiere ser la expresión femenina de la
experiencia contemplativa del misterio de
la Cruz. Las religiosas serán como las
palomas del Calvario que revolotean las
veinticuatro horas del día en torno al
Crucificado. Ellas, desde la estricta clausura
y soledad de sus Monasterios, serán como
el corazón de la Iglesia que late al ritmo del
corazón del Crucificado y, a la vez, serán la
memoria viva de esa memoria del amor
crucificado.
La dirección espiritual
- Uno de los medios de renovación
espiritual más queridos por Pablo de 1a
Cruz fue siempre la dirección espiritual. Los
cinco grandes volúmenes de sus cartas de
dirección espiritual hablan a las claras de su
espíritu y de su vocación de maestro de las
almas.
- ¿A qué se debe esta preferencia de Pablo
de la Cruz por la dirección espiritual? A
varios motivos. Así como la meditación es
el mejor camino para la personalización del
misterio de la Cruz, la dirección espiritual es
la manera más personal del trato con las
almas. Pablo siempre sintió muy honda y
profundamente a la persona, y por eso
siempre se sintió motivado para la atención
y el trato personal. Además, conocedor
como era del espíritu humano, sabía que la
gracia de Dios también es muy personal.
Dios no llama en anónimo, sino que Dios se
personaliza en cada alma.
- La dirección espiritual de Pablo de la Cruz
tenía muy poco de condescendencia con la
pura simpatía humana. Si dirigir a un alma
era ponerla en camino y ayudarla a caminar
hacia la santidad, Pablo tenía conciencia
plena de que la santidad es obra de píos y
que nadie puede interferir en ella. Por eso
esperaba siempre a sentir que “era la
voluntad de Dios el aceptar ser su Director
espiritual.
- La dirección espiritual es una de las
facetas más ricas de la vida de Pablo.
Religiosas, sacerdotes, seglares, solteros y
casados. Toda una gama de experiencias
que hicieron de él un verdadero maestro
conocedor del don de Dios en las almas.
Las denuncias proféticas
- Los santos no son unos gritones ni unos
lamenta-desgracias. Prefieren que sea su
propia vida la que grita, denuncia y anuncia.
Pablo de la Cruz intuyó, desde el comienzo,
los dos grandes caminos proféticos de su
tiempo:
La soledad: en primer lugar la mística de la
soledad que tan vivamente sentía ya allá
por los años 1713-1720. No era la soledad ni
del miedo al mundo ni de la huida del
mundo. Pablo nunca se consideró extraño
ni ajeno a las realidades de su tiempo. La
soledad era para él el anuncio profético en
la Iglesia de la primacía de Dios. En una
cultura que se independizaba de Dios,
Pablo reafirma la prioridad de Dios en la
vida. Su soledad era encuentro con Dios,
era diálogo con Dios, era consagración de
la vida a Dios. Un Dios suficiente para llenar
el corazón humano. Cuantos subían desde
Orbetello al Monte Argentaro iban en
busca de algo que no encontraban en las
calles. Subían al encuentro con lo divino,
con aquello que abajo, en el llano, se le
negaba al hombre. No era una soledad
vacía, sino llena. No era la soledad muda,
sino la soledad donde se escuchaba la voz
del Dios al que abajo se le había declarado
mudo, como si no tuviese nada ya que decir
al nuevo hombre que se estaba gestando.
La pobreza: del otro lado, estaba la
pobreza. Una pobreza que era carencia y
desnudez total. Frente a una sociedad que
luchaba disputándose el poder y frente a
una vida cristiana entibiada que buscaba
sus apoyos en el “tener” y la “seguridad y
comodidad”, Pablo hace la opción por el
“carecer de todo”, el “no tener nada”, el
vivir al día colgados única y exclusivamente
del milagro de la Providencia de Dios.
- Cuenta uno de esos maestros orientales
que había un pájaro que a diario se
refugiaba en las ramas secas de un árbol
que se alzaba en medio de la desértica
llanura. Un día, el viento sopló tan fuerte
que el árbol se cayó y se deshizo. El pobre
pájaro se vio precisado a emigrar volando
muy lejos. Al término de su viaje se
encontró con un hermoso bosque lleno de
árboles y lleno de la música de infinidad de
pájaros. Hay muchos que prefieren
quedarse en el árbol, aunque esté seco y
vivir en la soledad vacía del desierto. Pablo
no esperó a que el árbol de las seguridades
humanas se cayese. El mismo renunció
voluntariamente a él, y decidió levantar
vuelo, sin nada, sin más equipaje para el
camino que las propias inseguridades
humanas. Pero fue precisamente eso lo
que le hizo descubrir el bello y frondoso y
sonoro bosque donde se encontró con Dios
y con los hombres.
- Pablo nunca fue el profeta gritón contra
los ricos y cuantos ponen su corazón en las
riquezas. Por el contrario, prefirió ser el
signo vivo del pobre que carece de todo y
encuentra razones para vivir sólo en las
manos providentes de Dios a través de la
caridad cristiana.
9. SERENO Y RADIANTE ATARDECER
- Siempre me han fascinado los atardeceres, sobre todo, los atardeceres marinos. Me encanta
poder contemplar el sol sin que sus rayos puedan cegarme y a la vez, recrearme en ese color
rojizo del horizonte. Uno siente, por una parte, el gozo de la luz que ya no molesta, y por otra,
siente como si la naturaleza se hubiese cambiado de ropas para la fiesta nocturna.
- Esta idea me viene cuando veo a Pablo de la Cruz en esos últimos años de su vida. Uno siente
que su vida se va haciendo tan serena y tan humana hasta el punto de que la santidad que la
ilumina pareciera más asequible y a la mano.
El obsequio de un amigo
- Nada más caro al fundador de los
Pasionistas que disponer de una casa
definitiva en Roma. Durante algunos años
había conseguido instalar una pequeña
comunidad en el Hospicio del Santo
Crucifijo muy cerca de la Basílica de San
Juan de Letrán. Pero aquello era como
poner el pie en el estribo y no poder subir
al tren.
- El Papa Clemente XIV le había prometido
en diversas ocasiones una casa más amplia
y cómoda en Roma. Llegó a ofrecerle la
Iglesia y el Convento de San Andrés del
Quirinal calle de por medio con el entonces
Palacio pontificio. Sin embargo, otro amigo
suyo, el Cardenal de Zelada, le propuso a
Pablo un trueque. Que él y su Congregación
se instalasen en la Casa-Basílica de los
Santos Juan y Pablo al Celio, y que los
Lazaristas, que la ocupaban hasta entonces
se trasladasen a San Andrés del Quirinal. La
idea tampoco desagradó al Papa. Pero las
cosas no suelen ser tan simples. Otras
Congregaciones también apetecían la
Iglesia y Convento de San Andrés y por su
parte, los Lazaristas exigían algunas
Otro amigo que se va
- En 1774 Pablo va a perder a otro de los
grandes amigos. El P. Marco aurelio. Para
Pablo significaba un duro golpe ya que era
uno de los religiosos de mayor confianza
para él. De todos modos, con el corazón
roto pero aceptando el beneplácito divino.
Pablo aún tuvo fuerzas para decirle:
"Padre Marcoaurelio, cuánto me desagrada
que me deje. Ayudará más a la Congregación
cuando esté en el paraíso que estando aquí
compensaciones por el cambio. Resulta
simpático leer lo que Pablo escribe al Papa:
“Siento
que
se
levantan
contradicciones y que contamos con
enemigos que dicen que somos pocos, que
somos de poca categoría, y que seremos
incapaces de llevar con altura aquella Iglesia,
y otras cosas más. Yo adoro la voluntad de
Dios en todo... He dispuesto ya de 30
religiosos, catorce sacerdotes y siete
hermanos laicos. Ruego a su santidad la
gracia de poder establecemos en dicha casa
de los Santos Juan y Pablo para mayor gloria
de Dios, y poder demostrar a nuestros
enemigos todo lo contrario a lo que dicen”.
- Superadas todavía toda una serie de
dificultades y obstáculos, el nueve de
diciembre de 1773 Pablo de la Cruz pudo
tomar posesión de la Casa y la Basílica, que
hoy es la casa madre de toda la
Congregación y la sede de la Curia
Generalicia. Era el mejor regalo navideño
que pudieran hacerle.
en el mundo. Alégrese, Padre Marcoaurelio,
que muy pronto pasará de esta celda al Cielo.
No se olvide de mí, pobre pecador. Padre
Marcoaurelio, le pido perdón, pues para esto
he venido a visitarlo, para pedirle perdón de
tanta paciencia que ha tenido siempre
conmigo. Perdóneme y ruegue a Dios por mí,
pobre viejo, que me quedo solo. Todos mis
primeros compañeros se me han ido. Cuando
llegue al paraíso hágame la caridad de
adorar a la Santísima Trinidad y reverencie a
la Santísima Virgen, juntamente con el P.
Juan Bautista. Salúdeme al P. Fulgencio.
Junto con el P. Juan Tomás y el P. Francisco
Antonio juntamente con todos aquellos
religiosos que han vivido con nosotros y que
ahora gozan de la eterna bienaventuranza”.
- ¿Hay acaso algo más humano y tierno que
esta serenidad de espíritu y esta gozosa
esperanza que la que manifiesta el corazón
de Pablo? Los santos sufren como los
demás. Pero los santos tienen esa
capacidad espiritual de ver siempre las
cosas por detrás. Detrás del dolor
contemplan la alegría de la Pascua. Detrás
de la muerte contemplan la vida. Al otro
lado del tiempo ellos se divierten con
juegos de eternidad.
La última Navidad
- El año 1774 fue un año de sufrimientos y
enfermedades para el P. Pablo. Pero aún le
fue posible celebrar la Misa en la basílica de
los Santos Juan y Pablo. Fue su última Misa
en su última Navidad. Al año siguiente la
celebraría ya en el cielo. Como si se tratase
de una Misa de despedida, antes de subir al
altar, quiso pedir perdón a todos. Fue un
momento cargado de emoción. Religiosos
y seglares presentes sentían como los ojos
de todos se llenaban de ternura y emoción
espiritual.
“Pido perdón, en primer Lugar a mi Dios,
luego a los Consultores. Pido perdón a los
Provinciales y a sus Consultores. Pido perdón
a todos los sacerdotes de la Congregación, a
todos los clérigos, a los hermanos laicos, a
los terciarios. a los empleados que trabajan
en el Retiro. Pido perdón al aire que he
respirado, a la tierra que he pisado. En suma,
pido perdón a todos del mal ejemplo que les
he dado, aunque muy a pesar de mi
voluntad”.
- Nos imaginamos que esa Navidad el
“Gloria a Dios en las alturas y paz a los
hombres de buena voluntad”. volvía a
resonar vivo en el corazón de todos.
Mientras la liturgia anuncia el nacimiento
de Dios, un santo hacía su despedida
cargada de fe y de gozosa esperanza.
Los amigos se visitan
- Resulta simpática la relación de amistad
entre el Papa Clemente XIV y el P. Pablo. El
8 de mayo había podido acercarse a visitar
al Papa, y el Papa, para no ser menos, le
devolvió la visita un mes más tarde, el 26 de
junio, fiesta de los Santos Juan y Pablo.
Pero, si Pablo ya estaba con una salud muy
deteriorada, el Papa lo estaba aún más. Así,
el 22 de septiembre de 1774 las campanas
de Roma tocaban a duelo. El Papa
Clemente XIV había muerto, y Pablo había
perdido al mejor amigo de su vida y al
mejor protector de su Congregación.
- En medio de su pena pudo celebrar la
Misa de honras fúnebres por su amigo. La
tristeza del enorme vacío que dejaba en su
c6razón le hizo recogerse dentro de sí
mismo y rumiar a solas su propia soledad.
Sin embargo, cuando estaba ya para
terminar la comida, tuvo como una
reacción interior, su rostro se despejó
como un cielo nublado que vuelve a
regalarnos el sol, y sorpresivamente dice a
alguno de los religiosos: “Hoy es fiesta,
vaya y dígale al P. Superior que ponga un
extra a los religiosos”.
Muere mi amigo, tengo otro amigo
- Pareciera que “muerto el amigo, nace
otro amigo”. Cinco meses después de la
muerte de Clemente XIV, el 15 de febrero
de 1775, es nombrado como sucesor, Pío VI.
- Como quien tiene prisa para cumplir con
un encargo, antes de un mes, el 5 de
marzo, fue a visitar personalmente al Padre
Pablo de la Cruz a la Casa de los Santos
Juan y Pablo. ¿Razones? ¿Alguna amistad
anterior? ¿La necesidad de encontrarse con
hombres espirituales a los que poder
confiar los problemas de la Iglesia?
Después de visitar la Basílica, pidió subir a
la habitación del Fundador.
- Cuando Pablo ve entrar en su cuarto al
Santo Padre se sintió estremecer de arriba
a abajo. Sintió una gran confusión. ¿Quién
era él para que el Papa, recién elegido,
haya tenido esta delicadeza y finura de
amistad? ¿Era acaso querer continuar las
relaciones de su antecesor Clemente XIV?
Sobreponiéndose a sí mismo no pudo
menos de exclamar: “Beatísimo Padre, se
lo digo en el Señor: después de la muerte
de santa memoria de Clemente XIV, yo me
siento huérfano, y he aquí que su Divina
Majestad me ha regalado otro padre”.
- Todo hace suponer que, aparte de una
sincera amistad, el Papa buscaba apoyarse
en hombres de la talla espiritual del P.
Pablo. Era muy consciente de las
dificultades que encontraría en el camino
de su pontificado. No olvidemos que él fue
testigo de la Revolución Francesa con
todas las consecuencias culturales y
espirituales de cambio que ésta significó.
- Sólo la santidad de la Iglesia sería capaz
de fortalecerla no para resistir los embates
de sus enemigos sino para recobrar las
energías necesarias para recuperar un
nuevo vigor y vitalidad. Con una intuición
profética, el P. Pablo comentaba un día con
su amigo don Antonio Frattini: “Yo me
llamo Pablo de la Cruz, pero sólo de
nombre. Con mucha mayor razón puede
decirse de la Cruz el Santo Padre”.
Una nueva estrella en el firmamento
- De cuando en vez, los astrónomos suelen
hablar de un nuevo hallazgo en el
firmamento. Una nueva estrella. Un nuevo
astro. Cuando la vida del P. Pablo estaba ya
declinando como un sol que no muere sino
que va a alumbrar otros mundos, surge en
su vida una nueva estrella. Rosa Calabresi.
- No se conocían personalmente, aunque
Rosa le había escrito por primera vez en
1766. Desde entonces entre ambos se
cruzó una rica correspondencia espiritual.
No sabemos si por iniciativa suya o a
sugerencias del P. Pablo, ella quemó toda
esa correspondencia. Nunca se habían
visto. El primer encuentro personal tuvo
lugar el 22 de abril de 1775 en la sacristía de
la Basílica de los Santos Juan y Pablo.
Durante su estadía en Roma, que duró dos
meses, se veían diariamente. Sus
encuentros fueron toda una experiencia
mística de los dos. Fueron momentos tan
ricos de experiencia de Dios, que la misma
Rosa sintió profundo rechazo interior a
declarar en los procesos de beatificación.
Dicen algunos que fue necesaria una
comunicación espiritual del mismo Pablo
para que se decidiese a hablar de aquellas
intimidades espirituales.
10. “PADRE, GLORIFICA TU NOMBRE”
- Los árboles mueren de pie. Pero muchos mueren también caídos y carcomidos en el suelo.
Los santos, como los demás mortales, suelen morir en cualquier sitio, en la calle, en la oficina o
en la cama. También en ellos la enfermedad quiebra sus resistencias físicas. Pero, mientras sus
cuerpos mueren tumbados en la cruz del dolor, sus almas siguen de pie, erguidas por la fe y la
esperanza.
- Cada vez que voy a Roma me encanta poder celebrar, cada día, mi Misa en la habitación
donde el Fundador de mi Congregación, Pablo de la Cruz, pasó sus últimos días y donde
entregó su alma a “su Sumo Bien”. Sencilla, llena de esa limpia pobreza que la hace más pura,
más clara, e impide desviar la atención del espíritu, se presta al recogimiento, al silencio. La
última vez que tuve la oportunidad de estar en Roma fue en septiembre de 1993. Diez escasos
días. Cada mañana, procuraba levantarme muy temprano. Primero ambientaba mi espíritu
paseando por la amplia huerta escuchando el despertarse de los pájaros. Luego, sin prisas,
sabiendo que nadie estaba esperando turno, celebraba mi Eucaristía. Era un diálogo de
sentimientos entre mi corazón, el corazón de mi “padre Pablo de la Cruz” y el corazón
crucificado de Jesús. Los últimos meses él mismo había celebrado allí mismo la Misa, y cuando
ya le era imposible, un sacerdote se la celebraba mientras él estaba tendido en la cruz de su
enfermedad. Cuentan las crónicas que la última Misa que Pablo de la Cruz celebró fue
precisamente el 15 de junio de 1775, día de la fiesta del Corpus.
La enfermedad
- Los dolores de los meses de junio a
octubre eran cada día más fuertes. Como él
mismo llegó a confesar “no tengo en todo
el cuerpo ni cuatro dedos de espacio donde
me sienta libre de dolor”. El cuerpo se le
iba desmoronando por fuera, hasta el
punto de que se le quedó totalmente
paralizado, mientras tanto, por dentro, el
alma se le iba abrillantando más, tal vez,
porque las luces de la pascua eterna ya
comenzaban a reverberar en ella. Recuerdo
una mañana muy temprano que
contemplaba el nacimiento del sol en el
desierto de Judea. Aún no se veía el sol, y el
desierto daba la sensación de irse
coloreando de una especie de rojizo claro
con unas chispas de bri11antes. Pienso en
aquel amanecer del desierto, ahora que
reflexiono sobre el ocaso temporal del
Fundador de los Pasionistas, San Pablo de
la Cruz, y su amanecer pascual en el cielo.
El testamento
- Quien toda su vida vivió sin querer tener
nada, no poseer nada, ¿tenía algo que
dejar en testamento? No siempre los que
más tienen son los que más dejan. Hay
hombres que no tienen nada que dejar y
cuando se van nos dejan mucho. Cuando
Jesús moría en la Cruz, ya le habían quitado
y repartido sus vestidos, y aún entonces le
quedaba lo principal por darnos: su vida.
- El 29 de agosto el Dr. Giuliani, que lo
atendía en su enfermedad, aconsejó
administrarle los últimos sacramentos. Al
día siguiente, Pablo pidió que se reuniese
toda la comunidad en su habitación. Antes
de recibir a su Jesús Sacramentado, quiso
dejarles “sus últimos y principales
recuerdos”.
“Ante todo, dijo, les recomiendo vivamente
la observancia de aquel santísimo recuerdo
que nos dejó Jesús en la persona de sus
discípulos: ´en esto conocerán todos que son
discípulos míos, si os amáis los unos a los
otros'. He ahí, mis queridísimos hermanos,
cuanto yo deseo con todo el afecto de mi
pobre corazón, de todos vosotros aquí
presentes como de todos cuantos llevan este
hábito de penitencia y luto en memoria de la
Pasión y Muerte de nuestro amabilísimo
Divino Redentor, y de todos aquellos a
quienes la Divina Misericordia quiera llamar a
esta Congregación en el futuro.
Además recomiendo, especialmente a
quienes algún día sean llamados al oficio de
Superiores, que siempre florezca en la
Congregación el espíritu de oración, el
espíritu de soledad y el espíritu de pobreza. Y
estén seguros que si mantienen vivas estas
tres cosas, la Congregación resplandecerá
como el sol en la presencia de Dios y de los
hombres”.
- No podía faltar, en esos momentos, un
pensamiento y un recuerdo para el amigo,
el Papa. Al Sumo Pontífice le obsequió una
imagen de la Dolorosa que siempre había
llevado consigo. Dicen que Pío VI la
conservó como una preciada reliquia sobre
el altar privado donde cada día celebraba la
Misa. Tampoco faltaron palabras de
reconocimiento para con otro amigo muy
querido, el señor Frattini y el Dr. Giuliani, su
médico de cabecera.
manos y el alma ya está en la rama de la fe
y la esperanza dispuesta a levantar vuelo
hasta Dios, es el futuro de la Congregación.
De ahí que en su testamento vuelva a
insistir:
“Te recomiendo, oh Jesús, ahora y siempre la
pobre Congregación, fruto de tu Cruz y de tu
Pasión y de tu muerte. Te ruego des a todos
los religiosos y bienhechores de la misma tu
santa bendición”.
- El cuerpo puede estarse carcomiendo ya
como tronco caído, pero el alma sigue en
pie, atenta a todo. Atenta a la llamada de
Dios y atenta igualmente a lo que fue la
obra de toda su vida, la amada y querida
Congregación.
- Una de sus preocupaciones, aún en esos
instantes en los que la vida se le va de las
El sol no muere, se esconde
- El mes de octubre preanunciaba el final.
Pablo no estaba ni asustado ni preocupado.
“Muero contento”, solía repetir. El P. Juan
María Cioni, confesor del santo, estaba
dando una Misión en Tolfa. Se le avisó de la
gravedad del enfermo. Apenas terminada
la misión se hizo presente en su habitación.
- El día 7 de octubre se confesó de nuevo. Y
el día 8 recibía la Unción de los Enfermos
de mano de su mismo confesor. La noticia
de la gravedad del enfermo ya había
corrido por Roma. El Viceregente, Mons.
Francisco Antonio Marcucci, también él
fundador de la Congregación de las Pías
Operarias de la Inmaculada Concepción,
vino a visitarlo.
- Pero aún falta alguien, Mons. Struzzieri
había escrito que llegaría sin falta para el 18
de octubre. A alguien se le ocurrió
preguntar al P. Pablo si lo esperaría. Pablo,
con una gran serenidad de espíritu
respondió: “Que esté tranquilo. Yo lo
esperaré”. Ambos cumplieron su palabra.
Pablo esperó y Monseñor llegó. La
comunidad estaba para sentarse al
almuerzo. Inmediatamente se dirigió a la
celda del P. Pablo. Al verlo, la primera
reacción del enfermo fue querer
enderezarse para besarle reverentemente
la mano. Mons. Struzieri intuyó las
intenciones de Pablo y él mismo se anticipó
a besar la mano de Pablo.
- Como si la muerte tuviese tiempo para
esperar, el enfermo llama al Hermano
Bartolomé, su enfermero y le ruega haga
venir al P. Juan María, manifestando el
deseo de que sea él quien le asista a morir.
No resulta fácil dejar morir a quien tanto se
le aprecia, estima y quiere. Mientras Pablo
está con los brazos abiertos para recibir la
muerte, los Religiosos, como negándose a
creer que el fin había llegado, se
empeñaban en decirle que “no estaba tan
mal”, “que la cosa no era para tanto”.
- Es difícil engañar al corazón cuando éste
está ya levantando vuelo. La fuerza del más
allá ya es más fuerte que los deseos del
más acá. Por eso Pablo pronunció las que
pudieran ser sus últimas palabras: “Muero
voluntariamente a fin de cumplir la
santísima voluntad de Dios... Mis
esperanzas están en la Pasión santísima de
Jesucristo y en los dolores de María
Santísima”. Era como hacer la síntesis de su
vida en aquello mismo que fue la síntesis de
toda la vida de Jesús: su muerte. Había
Vivido colgado constantemente de “la
voluntad de Dios” y había vivido su vida
inmerso en el misterio del mar de amor que
es la Pasión de Jesús. Y así será su muerte.
Una muerte en la Muerte de Jesús.
- El P. José Vigna describe así sus últimos
momentos:
“Su rostro mostraba una serena alegría sin
turbación alguna, con los ojos vueltos al
Crucifijo. De pronto, fijó sus ojos en el cielo, y
como si quisiera sonreír, levantó las manos,
que había tenido inmovilizadas hasta
entonces, e hizo unos gestos como
queriendo decir: fuera, fuera. Luego. parecía
hacer señas a alguien invitándole a
acercarse: venid, venid”.
- Como es costumbre en la Congregación,
presente toda la Comunidad, se leyó la
Pasión según san Juan. Mons. Struzzieri
dirigiéndose al enfermo le dice: “Padre
Pablo, cuando esté en el Paraíso acuérdese
de la pobre Congregación por la que tantas
fatigas ha sufrido y por lodos nosotros sus
pobres hijos”.
- Eran las 16.45 horas del día 18 de octubre
de 1775. El sol acababa de ocultarse tras el
horizonte del tiempo y la eternidad. Pero
sus resplandores iluminando el cielo
seguían iluminando las arenas de la tierra.
La Congregación quedaba huérfana. Había
perdido a su padre. Ahora debía comenzar
a caminar ella sola, por sí misma. En la
conciencia de todos quedaba bien claro
cuanto el Fundador había hecho para darle
vida, hacerla nacer en la Iglesia. Tantos
andares y sufrimientos no podían
defraudar tantas esperanzas. Los Santos
también mueren, pero no mueren. Porque
los Santos tienen eso de especial, que
cuando
mueren,
recién
entonces
comienzan a vivir de verdad, y su figura
comienza a iluminarse y transfigurarse. Don
Antonio Frattini fue el encargado de llevar
la noticia al Papa. Pío VI sintió como si
ahora el huérfano de padre fuese él.
Inmediatamente reaccionó y se ofreció a
costear por sí mismo una caja de plomo
donde depositar los restos mortales, igual
que la sepultura.
- La muerte no es el sol que se apaga sino el
sol que comienza a iluminar y calentar
otros
continentes.
Cuando
Jesús
contempla de frente su muerte, no puede
menos de exclamar: “Padre, glorifica tu
nombre”. La muerte como un homenaje de
fe y de esperanza en Dios. Morir con la
esperanza
pascual
iluminando
el
sentimiento y el dolor de los que se
quedan. Apenas el P. Pablo de la Cruz
responde a la llamada de Dios desde el otro
lado del tiempo, su imagen comienza a
recobrar sus verdaderas dimensiones. En el
corazón de cuantos le conocieron se
iluminó una nueva claridad. Ha muerto un
santo.
- Pero ha muerto como muere la semilla de
trigo sembrada en el surco de la tierra.
Porque la semilla que muere, sigue
viviendo en el tallo y la espiga, y Pablo de la
Cruz, murió así, como grano hecho semilla,
ya que su espíritu sigue viviendo desde
entonces en sus hijos, los Pasionistas, en
sus Religiosas contemplativas y en tantos
otros Institutos de Religiosas Pasionistas
que han ido floreciendo en la Iglesia al
soplo vivo de su espíritu y carisma. Él
glorificó a Dios en su muerte, y Dios no sólo
lo ha glorificado a él al inscribirlo en el
jardín de la santidad de la Iglesia, sino que
lo sigue glorificando en la vida de sus hijos
e hijas y de toda su Congregación, que
viven de su espíritu y siguen recordándole
al mundo “el amor crucificado de Dios”.
INDICE
El contemplativo
Presentación
Paginas
1. El tiempo de Pablo de la Cruz..……….5
Renacen las esperanzas
¿Quince años qué son para el amor?
Dieciséis hijos nada más
2. Las semillas de las madres nunca……..9
mueren
Sembradora de motivaciones
Los pequeños penitentes
La imagen de una madre
3. Dios es el camino……………………..12
Marcado por Dios
“Darse a una vida santa y perfecta”
El Dios que desconcierta
¿Cruzado?
El místico de las soledades
El enamorado de la pobreza
4. Cuando granean los trigales ………..15
El otro trigo
Visiones del verano 1720
Pablo estrena espiritualmente su nuevo
vestido
No se puede caminar solo, se necesitan
compañeros
Debajo de unas escaleras
5. El camino de Roma con muchas
dificultades.............………..…………..18
Las ilusiones rotas
El alma rota en el regazo de la Madre
Rumbo al Argentaro
El Año Jubilar de 1725
¿Renuncia a su misión de fundador?
“Haced esto en memoria mía”
En un rincón del alma
La soledad del Argentaro llama
El espíritu mueve la cuna
¿Capellán de soldados?
Prohibido tener el Santísimo en casa
Arrecian los ataques a la Iglesia
Pablo pierde la mitad de sí mismo
8. El fuego que ardía y quemaba
dentro……………………………………..34
El poder y sabiduría de la Cruz
Tres grandes caminos
La meditación o memoria
Ministerio de la Palabra
La renovación del clero y de la vida religiosa
Las religiosas contemplativas pasionistas
La dirección espiritual
Las denuncias proféticas
6. La espera se llama “siempre”……….24
Dos estorbos en el camino
Más se consigue con la presencia que por
cartas
Almas gemelas
Hoy amaneció el sol
La profesión religiosa
7. Nubarrones en el cielo…………….28
El florecer vocacional
Nuevas fundaciones
“Maestro hemos visto a uno que hace
milagros”
¿Un Santo luchando contra otro Santo?
Un rayo de luz en la tormenta
Cuando el enemigo está en casa
La muerte del amigo
Hay desilusiones que matan el alma
Compartir el sufrimiento de los otros
9. Sereno y radiante atardecer……….39
El obsequio de un amigo
Otro amigo que se va
La última Navidad
Los amigos se visitan
Muere mi amigo, tengo otro amigo
Una nueva estrella en el firmamento
10. "Padre, glorifica tu Nombre"………43
La enfermedad
El testamento
El sol no muere, se esconde
Colección Espiritualidad Pasionista
Para uso interno
Se cuenta que alguien preguntó al discípulo que no hacía sino
hablar de su maestro: “¿Qué milagros ha hecho tu maestro?” El
discípulo respondió: “Bueno, verás... hay milagros y milagros. En
tu país se considera milagro el que Dios haga la voluntad de
alguien. Entre nosotros se considera milagro el que alguien haga
la voluntad de Dios”. Yo me atrevería a decir que San Pablo de la
Cruz vivió en ese constante milagro de “buscar y hacer la
voluntad de Dios”.
Familia Pasionista
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San Pablo de la Cruz (Clemente Sobrado)