Graciano,Osvaldo F. y Gutiérrez, Talía V. El agro en cuestión. Discursos,políticas y
corporaciones en la Argentina 1870-2000. Buenos Aires, Prometeo libros, 2006 ; pp.
19-39.
INDIOS, FRONTERA Y POBLAMIENTO EN LOS TERRITORIOS DEL SUR.
DE LA PALABRA ESCRITA A LA ACCION POLITICA.ALVARO BARROS,
PRIMER GOBERNADOR DE LA PATAGONIA.
MARTHA RUFFINI
*
Volver a traer al presente la obra de Alvaro Barros (1827-1892) con el fin de recrear
su pensamiento, constituye un estimulante ejercicio intelectual en cuyo transcurrir va
surgiendo lentamente ante nuestros ojos una figura arquetípica, de perfiles definidos y
cuya riqueza se advierte no sólo en la conformación de un conjunto de ideas y
principios que forman un todo articulado sino también en el compromiso asumido con
la gestión política.
El análisis de estos dos aspectos –las ideas y la praxis- no podía estar ausentes ya que
en la figura de Alvaro Barros convergieron el militar, el escritor y el político,
brindándonos una oportunidad a la vez sugerente y esclarecedora para observar la
efectiva realización de los postulados que Barros preconizó a lo largo de su vida
pública.
La lectura de sus escritos más relevantes- Fronteras y Territorios Federales de las
pampas del Sud (1872), La guerra contra los indios (1877) y la Memoria Especial del
Ministro de Guerra (1877), constituyen la antesala indispensable para observar a Barros
en su actuación como Gobernador de la Patagonia (1878-1882). Al leer sus textos nos
sumergimos en un momento histórico enmarcado por el proceso formativo del Estado
Argentino, tiempo de decisiones políticas en el que primaba la preocupación por la
cuestión frontera, tensionada por la presencia indígena y sus efectos sobre la propiedad
y la vida de los habitantes del medio rural. Y en una instancia en la que iba surgiendo
*
Doctora en Historia. Docente e Investigadora del Centro Universitario Regional Zona Atlántica de
Viedma (CURZA) de la Universidad Nacional del Comahue.Dirección electrónica:
meruffini@speedy.com.ar .
con fuerza la idea de que si el país pretendía insertarse en el comercio internacional
como productor de materias primas, atrayendo hombres y capitales, debía asumir
soluciones cortoplacistas, efectivas y drásticas, para incorporar tierras al esquema
productivo pampeano. La expansión horizontal de la agricultura posibilitadora de la
acumulación de la renta agraria tenía en la persistencia de la belicosidad indígena una
clave de bóveda que había que superar.
Alvaro Barros no era un militar más, que escribía influido por su formación castrense
y que por tanto tuvo la capacidad necesaria para evaluar- y criticar- las medidas de sus
compañeros de armas. Fue una figura que se enfrentó a los esquemas dominantes y que
no tuvo reparos en confrontar públicamente con personajes relevantes del quehacer
militar y político nacional, con el inevitable correlato de sanciones y separación del
cargo.
Pero no debemos soslayar que Alvaro Barros fue también un emergente de un sector
terrateniente en expansión y que pensó y obró como tal. Sus planteos en este sentido
pueden verse entonces como la voz pública de los hacendados bonaerenses que
consideraron que el gobierno era poco eficaz para asegurar sus propiedades y alejar el
peligro de las invasiones indígenas.
Frente a la postura defensiva dominante, Barros sostendrá la necesidad de la guerra
ofensiva proporcionando argumentaciones que serán tenidas en cuenta a la hora de
efectuar Julio Argentino Roca su plan de conquista militar.
Es por ello que creemos que en la figura de Alvaro Barros se condensan los planteos
y contradicciones de una época, pero también las soluciones consideradas necesarias
para su superación. Y que en su lógica argumentativa se hallan huellas indelebles de
posturas compartidas por militares, políticos y terratenientes, cuyo reconocimiento
opera para ayudarnos a esclarecer sus preocupaciones e intereses. En este sentido volver
a leer a Barros significa introducirse en la matriz mental dominante, en una visión del
mundo rural como protagonista del progreso indefinido, en una cosmovisión sobre el
indígena -que introdujo algunos matices en la dicotomía generada a partir de la
pretendida antinomia civilización o barbarie-, y en una mirada crítica acerca de las
motivaciones y falencias de las políticas estatales. El pensamiento del militar, del
político, del hacendado cobran vida en un entramado de ideas, cuya conjunción,
revelador de una particular visión acerca de la sociedad, la economía y el mundo rural,
podemos aprovechar para la comprensión más profunda del análisis de la conformación
de la Argentina agraria.
Un militar de “carrera”. Preocupaciones y motivaciones para la producción de textos
escritos.
Las razones por las que Alvaro Barros escribió profusamente durante su vida pública1
deben buscarse en su trayectoria militar y política pero también en sus intereses como
hacendado. Barros provenía de una familia de militares y era nieto materno del coronel
Pedro Andrés García, citado reiteradamente en sus obras. A partir de su ingreso al
ejército en 1852, fue ascendiendo de grado hasta llegar a coronel en 1868. En 1856
asumió un cargo en la frontera sur. Allí conoció en profundidad los circuitos
administrativos y comerciales, observó la relación indio-blanco y las estrategias de
supervivencia del indígena. En la convivencia diaria con los problemas de la campaña
formó un conjunto de opiniones acerca de los problemas del medio rural
y fue
pergeñando las posibles soluciones a los mismos.
Hasta 1870 estuvo dedicado de lleno a la vida militar, pero con una actuación no
exenta de problemas: Barros fue separado de sus cargos por remoción en 1859 y 1869
2
; en otras oportunidades presentó la renuncia a raíz de desinteligencias con otros
militares como el coronel Benito Machado, jefe de la Frontera y Costa Sur en 1865; en
1872 pidió la baja de las filas del Ejercito debido a haber acusado al general José María
Arredondo, jefe de la frontera sur de Córdoba, de prevaricato. Sufrió también castigos
y amonestaciones: en 1871 la reducción de la mitad de sueldo por haber firmado una
presentación como estanciero y un año después una amonestación por haberse
extendido en consideraciones innecesarias en la defensa del sargento mayor Juan
Pencinatti y la consiguiente prohibición de publicar la defensa
1
Algunas de sus obras fueron: Introducción a La Guerra Franco Prusiana. (1870), un folleto escrito con
Carlos Paz sobre La Guerra contra el Paraguay y la política seguida por el gobierno argentino con el
Brasil. ; un folleto atribuido a Alvaro Barros Sobre el estado de la campaña de Buenos Aires (1871),
Abusos y ruina de la campaña. Apuntes de un viajero argentino. Buenos Aires, Imprenta y Litografía a
vapor; Fronteras y Territorios Federales de las pampas del Sur (1872), Defensa del teniente coronel
Ricardo Méndez (1873), Actualidad Financiera de la República Argentina (1875), Sobre el sistema de
seguridad interior. Cartas del General Julio A Roca y el coronel Alvaro Barros. Buenos Aires, El
Nacional; La Guerra contra los Indios (1877), entre otros.
2 En 1859 tuvo un problema en el Regimiento de Coraceros: en 1869 el gobernador bonaerense Emilio
Castro pidió su remoción como Comandante de la Frontera Sur al haber planteado Barros a la
superioridad un reclamo sobre los salarios adeudados a los soldados.
Alejado del Ejército en 1871, se dedicó al periodismo3 y a la actividad política:
senador provincial en 1874 y gobernador provisorio de la provincia de Buenos Aires
hasta 1875, diputado nacional en 1876. Integró diferentes asociaciones comerciales
como la formada con Adolfo Alsina, Ventura Martínez, José Señorans y otros para la
construcción de telégrafos para los pueblos de la campaña, y en 1873 con Alfredo
Ebelot, Francisco Madero, José Señorans para explotar la concesión solicitada por
Ebelot al gobierno bonaerense para el establecimiento de puentes y caminos en el sur.
Paralelamente comenzó a escribir folletos y obras dedicadas en su mayoría a la
cuestión de la seguridad en la frontera. De su vasta producción escrita hemos
seleccionado tres obras que a nuestro juicio constituyen las expresiones más
emblemáticas de su pensamiento.
La primera “Fronteras y Territorios federales de las Pampas del Sur” (1872)4
comenzó a escribirse en momentos en que Barros estaba inmerso en el conflicto
desatado a raíz de su actuación en la defensa ejercida para el Sargento Mayor Juan
Pencinatti, en la que se extendió- para molestia de muchos- en consideraciones acerca
de la corrupción en la frontera. En ese marco cuando se publicó la obra ya Barros tenía
en trámite la baja del Ejército, que le fue concedida el 22 de abril de 1873.
La base de este texto son ocho artículos publicados en la Revista del Río de La Plata
sobre la cuestión de la frontera, editados como libro en 1872. Fue considerada la obra de
mayor envergadura sobre la frontera, un estudio pormenorizado y riguroso que aportó
datos para las futuras exploraciones y expediciones fronterizas pero que a la vez recogió
escenas de la vida del medio rural, identificando el comportamiento de sus diferentes
actores sociales y las problemáticas más relevantes de la campaña. El mapa de las
pampas del sur que acompañó el texto, dibujado por Enrique Allchurch, fue considerada
la carta más completa editada por entonces sobre estos territorios5.
En 1877 mientras era diputado nacional, Barros publicó “Guerra contra los indios” ”6
y “La Memoria Especial del Ministro de la Guerra”7como una contribución a las
3
Fue redactor y colaborador de los diarios El Nacional, La República, El Pueblo y de la Revista del Río
de La Plata y los Anales de la Sociedad Rural Argentina.
4 BARROS, ALVARO.Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur. Estudio preliminar
de Alvaro Yunque Buenos Aires, Hachette, 1957 (primera edición 1872).
5 WEINBERG, PEDRO DANIEL, “Estudio Preliminar”, BARROS, ALVARO, Indios, fronteras y
seguridad interior, Buenos Aires, Solar/Hachette, 1975, pp 56-57.
6 BARROS, ALVARO. “La Guerra contra los Indios”, Indios, fronteras y seguridad interior... op.cit,
pp. 71 –129.
7 BARROS, ALVARO.”La Memoria Especial del Ministro de la Guerra”, Indios, fronteras y seguridad
interior... op.cit; pp. 287-364.
discusiones existentes sobre la manera de encarar la cuestión indígena. Obviamente no
fue la obra de un intelectual sino de una figura interesada como militar y hacendado en
el abordaje de una solución integral al problema. En “Guerra contra los indios” se
planteaba un enfoque estrictamente militar que
contenía un plan de operaciones
ofensivo, tenido en cuenta por Julio Roca al presentar su plan definitivo en 1878.
En “La Memoria especial del Ministro de la Guerra” se ocupó de destruir paso a
paso las argumentaciones defensivas del Ministro de Guerra Adolfo Alsina (1874-1877)
vertidas en la Memoria de 1877, criticando implacablemente las medidas tomadas.
Aparece allí la zanja de Alsina pero también las falencias de la organización militar,
tema caro al pensamiento de Barros.
En nuestro trabajo iremos entrecruzando las expresiones vertidas en estas tres obras
que nos permitirá deslindar ideas clave y líneas argumentativas permanentes en su
discurso, a la vez que observar los posibles matices del mismo.
Su intención al escribir- hecha explícita por él mismo- era incorporar el llamado
“desierto” a la corriente civilizadora del progreso. Barros se revela en sus expresiones
como un exponente fiel de una época en la que la máxima alberdiana “gobernar es
poblar” se traducía en capitales y población europeas: “Con el fin de ser útil a mi país,
haciéndolo conocer del europeo, de cuya industria y capitales necesita para crecer y
prosperar. Con el fin de servir al europeo mismo, cuya industria y capitales carecen
allá de espacio, de tierra, de los objetos de provechosa inversión que aquí le aguardan.
Al referir las ventajas, necesario es con verdad hacer conocer los peligros y
dificultades que habrá que vencer y los medios para lograrlo” 8.
Barros afirmaba que “por sobre toda otra consideración estaba el interés supremo de
la Nación”, y por ello criticaba y denunciaba lo que él consideraba óbice para la
concreción de estos principios. En ese sentido, afirmó que su objetivo era “... poner en
evidencia los males que abruman a la República y las causas que los producen 9,
aunque esto significara enfrentarse con camaradas y amigos políticos.
Entre esos males identificados y denunciados por Barros se advierte un trípode que
presentó como un todo articulado y que aparecerá como constante en sus escritos: la
8
BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p.56.
BARROS, ALVARO “La Memoria Especial del Ministro de la Guerra... op.cit, p. 359; similares
expresiones en BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur...
op.cit, p 166.
9
seguridad en la frontera, la corrupción en el medio rural y las deficiencias en la
dirección y organización del Ejército.
Fustigar mediante la palabra escrita era para Alvaro Barros un deber de patriota: “Mi
objeto principal es llamar la atención del gobierno, sean quienes fueran los hombres
que lo desempeñan, hacia las causas grandes o pequeñas de nuestro futuro
engrandecimiento que hasta hoy permanecen cubiertas por los escombros de los viejos
poderes abatidos”.
Sus escritos son audaces. En una misma expresión “ambición de poder” aúna no sólo
a los gobernantes pasados sino también a los políticos contemporáneos porque para
Barros ante el interés de la Nación no había amigos a quienes proteger con el silencio de
la palabra: “Cuando el gobierno incurre en un error, demostrarlo y combatirlo es deber
de lealtad, aún para los mismos amigos”10.
La fatal “ambición de poder” era una de las causas de la inacción en materia rural.
Así consideró que el gobernador de la provincia de Buenos Aires Juan Manuel de
Rosas (1829-1832 y 1835-1852), contaminado por el ansia de poder, fue el responsable
original de la degradación del Ejército al obligar a sus integrantes a adherir a la facción
federal
y premiar con rangos militares actos de apoyo político. Sin embargo, le
reconoció a Rosas el mérito de haber mantenido una relativa paz en la frontera11 .
Como miembro del Partido Autonomista criticó a los presidentes Bartolomé Mitre
(1862-1868) y Domingo F. Sarmiento (1868-1874) pero también a integrantes de su
propio partido como Adolfo Alsina.
A Bartolomé Mitre le reprochó que no logró solucionar la cuestión del desierto pero
se abocó a inmiscuirse en los asuntos del Paraguay, enviando soldados para combatir a
un enemigo más numeroso y situado a mayor distancia que nuestras pampas; a su
sucesor Domingo Faustino Sarmiento, le criticó por su falta de preocupación por la
cuestión fronteras 12.
En 1877 se enfrentó con el Ministro de Guerra Adolfo Alsina polemizando con él y
respondiéndole por escrito a las consideraciones vertidas
en la Memoria
correspondiente a ese año. En la introducción explicitó las razones de su escrito. “. La
seguridad de la propiedad, de la vida del hombre de la campaña constituyen una
10
Ibídem, p. 128.
Cfr BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p 61,91
y 164; similares expresiones en BARROS, ALVARO,”La Guerra contra los Indios”... op.cit, p 77 y “La
Memoria Especial del Ministro de la Guerra... op.cit, p.319.
11
cuestión del mayor interés nacional “, y en segundo lugar porque “... el doctor Alsina
en su Memoria nos provoca, transcribiendo párrafos que comenta sin exactitud;
haciendo a cada paso alusiones que no sólo afectan nuestra delicadeza personal sino
que afectan muy profundamente la dignidad y los derechos de todos los militares”13
Alvaro Barros veía en Alsina la encarnación de la política defensiva, considerada por
él como la principal responsable de la inseguridad en la frontera y la persistencia del
problema indígena. Al ser Alsina una figura política sin formación militar las cuestiones
castrenses quedaban relegadas a un segundo plano frente a los avatares de la política
que lo mantenían ocupado. Un Ministro de Guerra civil era inconcebible para Barros en
esa instancia histórica que requería medidas adecuadas: “El Ministro Alsina es el único
responsable de lo que no se haya hecho o se haya hecho mal en la cuestión frontera”.
Se trasuntan en sus expresiones un sentimiento que podría ser compartido por el resto de
los militares de menoscabo de la dignidad y orgullo militar, al ser dirigidos por un
“Ministro de frac ”, epíteto que utilizaba frecuentemente con ironía para referirse a
Alsina, cuya “candidez adorable” hacía incurrir en graves errores a la administración y
organización del ejército14 .
Escribió con convencimiento, sin pasión pero con ardor, apremiado por el
convencimiento de que se requerían soluciones inmediatas. Los que dirigen nuestro
destino como país están equivocados –afirmaba Barros- pero él no, ni tampoco algunos
que lo precedieron y que portaron ideas semejantes. Entre ellos destacó a su abuelo
materno Pedro Andrés García, con el que compartió la idea de colonizar para asegurar
el poblamiento y pensar en una estrategia de adaptación del indígena a las pautas de la
“civilización”; y a Nicasio Oroño, que predicó con el ejemplo criticando la carencia de
soluciones a la cuestión fronteras pero actuando a la vez como colonizador en Santa Fe
y Chaco15.
Aunque lamentó recibir críticas, Alvaro Barros confiaba en que en algún momento
sus ideas serían consideradas: “Aunque el error ha prevalecido y prevalece, abrigamos
la esperanza de que los hechos, siendo más evidentes cada día, cuanto mayores son los
sacrificios que el país sufre, pronto vendrán a darnos definitivamente la razón y
12
BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p 65, 66 y
165.
13 BARROS, ALVARO,”La Memoria Especial del Ministro de la Guerra.”.op.cit, p. 291.
14 Ibídem, p.328, 332. En la página 341 Barros afirmó que: “En nuestro país no llama la atención que un
profano (un Ministro de frac, por ejemplo) se apodere de la dirección de las operaciones de guerra;
mientras que habría gran alboroto si un militar o un estanciero fuese encargado de presidir una facultad
de medicina; entre tanto, la cosa es igual.”
entonces, desengañados los que persistiendo en el error han vituperado
equivocadamente nuestras manifestaciones, harán la debida justicia al propósito sano
que nos impulsa”16.
Ideas sobre el “desierto”, la seguridad en la frontera y la condición del indígena.
Barros realizó en sus obras un diagnóstico acerca de los problemas que el medio rural
presentaba, describiendo las situaciones originantes de la falta de seguridad en la
frontera No se quedó en la mera descripción ya que propuso un plan de acción realizado
con bastante profundidad, deslindando responsabilidades y fundamentando las medidas
que deberían tomarse y sus efectos positivos sobre la resolución de cuestiones
pendientes.
Al historiar la política de fronteras, señaló dos momentos bien definidos y separados
por el año 1852, que indica el final del gobierno de Juan Manuel de Rosas en la
provincia de Buenos Aires. Hasta entonces, las expediciones realizadas arrojaban saldos
positivos, ya que se ganaba tierra al “desierto”. Se acrecentaba el conocimiento de las
zonas, se levantaban mapas y delineaban planos y se aseguraban políticas que
aseguraban una relativa paz con los indios. Según Barros, a partir de Caseros, no hubo
plan, se toleró la especulación y el comercio ilícito, y se desaprovecharon oportunidades
para lograr la dispersión de las tribus indígenas: “Porque se tolera el tráfico ilícito de
los indios con los productos del robo; porque los fines políticos engendran estos y otros
abusos desmoralizadores y funestos; porque no se tiene como en otro tiempo plan
verdadero y propósitos patrióticos. Y no se tiene, en fin, la competencia necesaria para
juzgar bien las cosas y utilizar la experiencia del pasado”17 .
De esta situación general prevaleciente, Barros erigió como
causa principal de
“nuestra impotencia para dominar la frontera” a la corrupción rural, que resultaba
explicativa de la ineficiencia calculada en la efectividad de las acciones ejercidas en el
medio rural
15
18
.
BARROS, ALVARO. Fronteras y territorios federales de las Pampas del Sur... op.cit, pp.71-80.
BARROS, ALVARO.”La Guerra contra los Indios”... op.cit, p.129.
17 BARROS, ALVARO.”La Memoria Especial del Ministro de la Guerra”... op.cit, pp 318-319; Similares
expresiones en BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur...
op.cit, p 180.
18 Cfr HALPERIN DONGHI, TULIO. “Una Nación para el Desierto argentino”, Proyecto y
Construcción de una Nación 1846-1880, Buenos Aires, Ariel, Biblioteca del Pensamiento Argentino,
1995; p. 88.
16
En este sentido afirmó que esta situación no era privativa de la campaña: provenía de
los despachos gubernativos ya que beneficiaba tanto a figuras del gobierno como a los
jefes militares que actuaban en la frontera. También estaban vinculados los
comerciantes de campaña que negociaban el hambre de los soldados en la proveeduría y
la persistencia del llamado “negocio pacífico de los indios” verdadera fuente de
desorden y de sostén de una situación altamente favorable que implicó mantener la
continuidad de las invasiones indígenas 19.
Barros denunció estas irregularidades con cabal conocimiento de ellas, en virtud de
las observaciones realizadas desde su propia experiencia militar en la frontera,
demostrando el funcionamiento de los circuitos comerciales y administrativos, y
advirtiendo- como se ha expresado en una obra reciente- la doble realidad del espacio
fronterizo, signado por las relaciones pacíficas blanco-indio que coexistían con los
ataques periódicos de los indios 20.
Barros no dudó en señalar responsables. En 1872 expresó que el gobierno era el
verdadero culpable de los males, ya que “... tolera y autoriza lo que debiera desaprobar
y reprimir” y el pueblo carece de instrumentos para controlarlo. La falta de honradez
política impide desenredar la trama de la corrupción, que beneficia a una minoría
“Causa de nuestro desorden funesto, de nuestro atraso y ruina sería pues la falta de
verdadera honradez política y de ahí la falta de energía, de voluntad y medios para
extirpar los males que pesan sobre los pueblos, en beneficio de pocas personas”
21
. Y
si se quiere vencer al indio -afirmó Barros- resulta imperioso impedir el comercio que
realizan en la campaña no sólo porque perjudica intereses económicos sino porque
introduce en ellos necesidades y vicios que Barros relaciona con las continuas
invasiones desatadas “Impedir esto es la disposición estratégica o política más fácil de
efectuar y más importante para debilitar al enemigo “ 22.
Resulta interesante detenerse un momento en sus ideas sobre el indio. La visión que
Barros explicitó lo coloca en un término medio entre los que se ubicaron de un lado u
otro de la tan mentada antinomia civilización y barbarie. Su postura evidenció una
19
BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p. 64 y
112; BARROS, ALVARO,” La Memoria Especial del Ministro de la Guerra”... op.cit, p.319.
20 MASES, ENRIQUE. Estado y Cuestión Indígena. El destino final de los indios sometidos en el sur
del territorio 1878-1910”, Buenos Aires, Prometeo-Entrepasados, 2004; p. 29.
21 BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p 286.
22 BARROS, ALVARO.”La Guerra contra los Indios”... op,. Cit, p.104 y p. 109.Similares expresiones en
BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit; p.41 y 78.
mirada más real y hasta podríamos decir estratégica, que significó un avance sustancial
en las concepciones darwinianas prevalecientes.
Barros consideraba que el hombre, en su estado primitivo, llevaba en su ser los
elementos de la perfección. Su salvajismo emergía cuando comerciaba e invadía, en ese
momento se transformaba en un “ser degenerado”, incivilizado e indómito23.
Barros creía en la posibilidad de que el indio se incorporara a la civilización si se le
facilitaban los medios necesarios de trabajo y acceso a la justicia. El indio se hallaba
corrompido por tres situaciones creadas y mantenidas por el gobierno que le eran
favorables: el sistema de racionamiento, el comercio ilícito y la impunidad de la que
gozaba al consumar las invasiones. Por ello, en ocasiones y debido a errores de
apreciación, el indio quedó obligado a ser indio, con lo cual se seguía fomentando la
“barbarie”.
Barros tenía en claro que exterminar al indio no significa acabar con la barbarie “...
sin fijarse que sólo la verdadera barbarie puede aceptar como un medio el exterminio
de una parte de la humanidad en provecho de otra parte que se cree civilizada. Matar a
los bárbaros es enseñar la barbarie a los que aprovechan con la matanza y para
acabar con la barbarie es necesario verter la menor sangre posible; es necesario
respetar la vida para enseñar a respetarla” 24.
¿Cómo se conciliaba esta postura con el apoyo decidido de Alvaro Barros a la guerra
ofensiva? Barros afirmaba que el desierto no desaparecería por obra de la naturaleza
sino que era responsabilidad de los dirigentes tratar de reducir su extensión y solucionar
la carencia de recursos. Y que la guerra de conquista constituía, en realidad, una cruzada
en pro “de la regeneración de los indios”, que portaba un fin resolutivo: sometimiento y
dispersión de los indígenas como paso previo a su incorporación al mundo civilizado.
Barros creía que una vez finalizada y obtenida la dispersión de las tribus, el indio se
vería obligado a buscar protección y el trabajo necesarios. El paso final sería el olvido
de sus orígenes y su lengua, obtenido mediante la imposición del idioma castellano,
opción que revela que en esta postura Barros compartía la concepción dominante de
que la cultura autóctona era poco digna de preservar y rescatar para la civilización25.
Ibídem, p 207, 209 y 217. Ver también BARROS, ALVARO “La Guerra contra los Indios”... op.cit,
pp.80-81.
24 BARROS, Alvaro, Fronteras y Territorios Federales de las pampas del Sur... op.cit; p 189-190
25 Ibídem, p. 278 y 280. Ver también BARROS, ALVARO.”La Guerra contra los Indios”... op.cit, p. 76
y 104.
23
Por ello su plan no priorizó el uso de la fuerza por la fuerza misma sino que contuvo
una serie de estrategias para debilitar moral y materialmente al indígena: “...no es a
hierro y fuego como llegaremos a concluir con un enemigo audaz y ligero, que nos
acecha infatigable y siempre invisible; que evita los combates cuando quiere...” 26 . En
realidad lo que Barros propuso en su plan de operaciones de guerra de 1877 fue
retacearle al indio sus medios de subsistencia, perseguirlos cuando llevaban productos
aprovechando que su andar era más lento, alejarlos de sus familias y su tribu, impedirles
acercarse a sus puntos de apoyo y centros de abastecimiento y librar combate cuando
sea necesario. De esta manera -dice Barros- aventaríamos el “fantasma paralizante de la
impotencia” y lograríamos el objetivo: desalojar al indio del “desierto” para poder
entregar la tierra, poblar y colonizar” 27 .
Las razones de esta estrategia eran sencillas: el número de indígenas era inferior al de
los soldados argentinos, poseían pocas armas y estaban en constante dispersión, aspecto
éste último que puede constituir a la vez un obstáculo pero también una ventaja. Con
estas razones Alvaro Barros emitió su enunciación más convincente: la guerra ofensiva
es la única que dará resultados definitivos en la guerra contra el indio28.
Guerra ofensiva y defensiva. El Ejército requiere una urgente reforma
Al trazar su plan, Barros se colocó en una postura crítica del sistema defensivo
ejercido hasta entonces por el gobierno y que tiene en Adolfo Alsina uno de sus
ejecutores más encumbrados. Barros justificó la guerra defensiva como parte de una
etapa transicional y no permanente de la ocupación del desierto, que debía ser
mantenida hasta que el ejército estuviera en condiciones de realizar un giro ofensivo. El
fracaso en las políticas de poblamiento al igual que las continuas invasiones que
azotaron la vida y propiedad de los habitantes de la campaña, resultaron demostrativas
de lo perjudicial que era mantener este sistema.
Para iniciar una política ofensiva, primero había que modificar la estructura y
conducción del Ejército que en el estado en que se encontraba no auguraba la
26
BARROS, ALVARO.Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p.83.
BARROS, ALVARO.”La Memoria Especial del Ministro de la Guerra”... op.cit, p. 310 y 359.
28 Cfr BARROS, ALVARO.”La Memoria Especial del Ministro de la Guerra... op.cit, p 362 y 340. En la
página 331 expresaba que “Las palabras, hechos de armas y VICTORIA forman una contradicción
ridícula aplicadas a las fatigas que sólo puede ocasionar un enemigo, que jamás presenta ni acepta
combate, que no tiene nada que lo resguarde ni más armas que su despreciable chuza, que diez de ellos
no hacen frente a uno nuestro” (mayúsculas en el original)
27
consecución de una guerra exitosa. Barros planeó su reforma como paso previo a la
organización de la conquista militar y con ese objetivo describió los rasgos que a su
juicio perjudicaban la labor castrense.
En primer lugar, afirmó que el Ejercito mostraba signos de desorganización y
debilidad. Su esencia consiste en que “Entre nosotros el ejército no es del gobierno ni
sirve al gobierno; sirve a la nación, es parte del pueblo...”
29
y requiere de un sistema
de administración determinado e invariable. La corrupción había alcanzado sus filas:
los derechos de los militares no estaban garantizados y se requiere una ley de ascensos
que evite que personajes ligados al poder político obtengan los cargos más importantes:
“Mientras él ejercito carezca de las leyes que le corresponden como institución,
teniendo por sola regla las ideas personales del más poderoso; mientras que los
derechos bien adquiridos de los militares no tengan las garantías correspondientes; y
el favor o la aversión puedan acordarlos o desconocerlos, no será posible que la moral,
el buen espíritu existan; Sino que habrá que imperar fatalmente el servilismo, la
anarquía, la baja emulación”30.
Por otra parte, la administración del ejército debía ser reformada y el mando de las
tropas restituido. En este sentido afirmó que la guerra contra los indios no debía estar
dirigida por figuras improvisadas o que la utilizaban con fines electorales. Su carácter
especial requería que los militares de experiencia planearan y dirigieran las operaciones.
Tampoco se concebía que el ejecutivo concentrara facultades de organización y
dirección en el Ministerio de Guerra, cuya función esencial debía ser la de mantener al
ejército en aptitud de ser integrado y movido rápidamente. Barros se quejaba de que
virtud de este desconocimiento se habían cometido errores insalvables: el mal uso del
telégrafo para la dirección de la guerra, la continuidad del sistema de fortificaciones
permanentes, el uso de la pesada coraza, que impedía al soldado movimientos ligeros y
obstaculizaba la persecución del indio al impedirle montar a caballo y por supuesto la
zanja de Alsina31.
Sobre esta ultima y sobre su autor intelectual Barros volcó todo su enojo, no solo por
lo oneroso que le resultaba al gobierno su construcción y mantenimiento sino porque los
indios podían sortearla fácilmente a través de los claros que dejaba la imposibilidad de
29
30
BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p. 101.
BARROS, ALVARO, “La Memoria especial del Ministro de Guerra... op.cit, p 301.
concentrar fuerzas militares en toda su extensión. El indio también podía optar por
alejarse por un tiempo de las cercanías de la zanja y dedicarse a invadir zonas vecinas
de Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza.
El plan que Barros planteaba era gradual, aditivo y para él, definitivo. Realizó un
anticipo del mismo en 1872, planificando la ocupación militar de los puntos cercanos a
las tolderías, un combate franco para obtener su rendición y la posterior dispersión del
indio hacia el río Negro32.
En 1877 sostuvo la necesidad de graduar el plan en tres momentos: el primero, que
duraría aproximadamente cuatro meses, a cargo de dos divisiones militares. Su acción
conjunta debía provocar la retirada del indio hacia el sur y hacia la cordillera, previo
apoderamiento de sus familias y ganados. Como hombre de negocios, Barros planteó la
utilización estratégica del ferrocarril en la conquista militar, ya que obraría como una
base de operaciones móvil y se articularía con el telégrafo. El ferrocarril no solo
permitiría el rápido transporte y abastecimiento de los soldados, sino que su paso
impediría que los indios se refugiaran en las cercanías de las vías, acortando así la
extensión del desierto. Propuso la creación de un Ferrocarril Bahía Blanca-Cuyo, de
indudables ventajas políticas y económicas, ya que permitiría el envío de productos
cuyanos por el puerto de Bahía Blanca en articulación con el ferrocarril de La Pampa 33
El plan incluía un segundo momento, en el que entraría en acción una tercera división
que hasta entonces se habría dedicado a la construcción de fortificaciones y depósitos
para aprovisionamiento en la zona de operaciones. Esta división se internaría hacia
Neuquén y atacaría los campamentos indígenas, en una operación articulada con las dos
restantes divisiones. La tercer fase sería la más fácil, dado que el indio a esta altura
habría perdido suficientes recursos y por tanto su moral estaría decaída y su tribu
inquieta. A su vez, el Ejercito se aprovisionaría mediante el ferrocarril y la vía fluvial
del río Negro, y realizaría la ocupación de la isla de Choele Choel y la exploración de la
parte superior del río Negro, que permitiría abrir la vía fluvial al Nahuel Huapi.
31
Ibídem, p. 328, 331, 348, 354-355. Para ampliar estas aseveraciones ver también BARROS,
ALVARO,”La Guerra contra los Indios”... op.cit, p.99, 118-121 y 124, entre otros.
32 BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, pp. 80-81 y
280.
33 Cfr BARROS; ALVARO,” La Memoria Especial del Ministro de la Guerra”... op, .cit, p.331, 349-350;
“La Guerra contra los Indios”... op.cit, p. 99, 105 y 111.
Barros estaba convencido de que la ocupación del río Negro por fuerzas militares
sería la base de la ruina del indígena34 . En consecuencia la colonización de esta zona
aseguraría la seguridad en la frontera. A diferencia de Julio A. Roca, pensaba que el río
Negro no debía ser el confín de la civilización sino la base de la población patagónica,
idea que Roca adoptó al diseñar su plan militar de conquista
Alvaro Barros en acción: la Gobernación de la Patagonia (1878-1882)
A Barros le toco inaugurar la penetración estatal nacional en el sur argentino a través
de la creación de la Gobernación de la Patagonia en 1878, decidida por ley nacional Nº
954 del 11 de octubre y pocos días después de la sanción de la ley que disponía el
traslado de la frontera sur y la campaña militar contra los indios.
Esta gobernación se originó asociada estrechamente con la necesidad de radicar la
nueva línea de frontera, y constituyó una etapa transicional que daría paso a la
organización futura de la Patagonia en territorios nacionales a partir de 1884.
Durante el primer año de su creación el gobernador dependía directamente del
Ministerio de Guerra y Marina y en 1879 del Ministerio del Interior. Los límites de la
gobernación abarcaron una inmensa jurisdicción, ubicada desde los ríos Neuquén y
Colorado hasta el Cabo de Hornos por el sur, por el este el océano Atlántico y por el
oeste la cordillera de los Andes o sea el antiguo límite asignado en 1854 a la provincia
de Buenos Aires35. La capital de la gobernación fue Mercedes de Patagones, localidad
que en 1879 cambió su nombre por el de Viedma, en homenaje a su fundador. Situada
en la margen sur del río Negro, había constituido por largo tiempo el límite real del
dominio blanco sobre el sur.
Al decidir el nombramiento del gobernador de la Patagonia, se pensó en un militar
conocedor de la frontera y asociado al poder político y por ende a sus intereses y
objetivos: el elegido fue Alvaro Barros, quien con este cargo desempeñaría su último
puesto público de relevancia.
Por ello consideramos valioso no dejar sólo al Barros de las ideas y acercar al Barros
político en un lugar concreto: la frontera, el río Negro, la conquista militar, oportunidad
34
Estas expresiones pueden verse en BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las
Pampas del Sur... op.cit, p 81 y 84.
35 La provincia de Buenos Aires ejerció jurisdicción sobre esta zona a partir de 1820 y hasta la creación
de la Gobernación de la Patagonia en 1878. En la constitución provincial de 1854 se precisaron los límites
de un dominio que obviamente fue más nominal que real.
única para poner en práctica su pensamiento madurado y enriquecido desde su ultimo
destino fronterizo en 1856. En todo ese tiempo Barros había dejado el Ejército y vuelto
a ingresar, se había enfrentado con camaradas y políticos, se había abocado al
periodismo y había sido legislador provincial y nacional y gobernador de Buenos Aires.
El Barros de 1878 estaba coronando con este nombramiento una carrera importante,
prolífica, de grandes responsabilidades que lo convirtió en una de las figuras públicas
más relevantes de la etapa formativa del Estado.
Barros fue designado en octubre de 1878 pero no asumió hasta el 2 de febrero de
1879. Durante ese lapso se dedicó a explorar la parte del territorio más accesible,
consultando antecedentes históricos y recabando informes de vecinos antiguos,
elevando al gobierno en enero de 1879 un informe detallado sobre el suelo, recursos
naturales y medios de producción, tarea que fue ponderada por el ministro Roca36 .
En poco tiempo, Barros se convenció que la colonización de la Patagonia requería de
un plan preestablecido. No podemos resistir a la tentación de insertar un fragmento de
una carta enviada por Barros al Ministro Roca poco antes de elevar el informe referido
“ La Patagonia, excelentísimo señor, es quizá otro gigante profundamente dormido que
no ha despertado al estrépito del cañón de Maipú, de Caseros y de Pavón...”. El
optimismo de Barros se fundaba en que veía en la Patagonia una promesa para la
industria ganadera por las condiciones del suelo y las ventajas de sus puertos de mar.
Con una adecuada canalización, el río Negro podía convertirse en epicentro de la
colonización hacia el sur.
En 1880, con un mayor conocimiento de la zona bajo su mando, precisó que el centro
de la irradiación de la colonización agrícola y pastoril debía situarse en la capital de la
gobernación, que debía actuar como lugar de depósito y comercialización de productos
y atracción de migrantes, idea que ya había esbozado en Fronteras y Territorios
Federales... en 187237 . Fundó esta propuesta en la necesidad de concentrar los
esfuerzos sobre zonas ya pobladas, evitando crear pueblos en sitios apartados. En
función de este pensamiento, deslindó en sus escritos aquellas zonas pasibles de ser
colonizadas de otras que requerían una ocupación militar permanente como Choele
36
Cfr República Argentina, Memoria del Departamento de Guerra correspondiente a los años 1878 y
1879, p. IX
37 Cfr BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p.247.
Choel y Santa Cruz. Para Barros la colonización en estos puntos “... debe venir a
retaguardia de los ejércitos y no mezclada con ellos, para alcanzar buen éxito”38 .
Por ello priorizó Viedma. Realizo planos para facilitar el embarque de productos,
construyendo un terraplén para poner a la ciudad al abrigo de las crecientes y
proponiendo al gobierno nacional la solución de la cuestión de las inundaciones y el
dragado de la barra del río Negro, que impediría el ingreso de buques de calado
importantes. Desde Viedma planteó un eje de desarrollo que llegara hasta el puerto de
San Antonio, de inmejorables condiciones para constituir el futuro puerto de la
Patagonia. La potencialidad del mismo y la factibilidad de obtener agua mediante
excavaciones fueron resaltada por Barros, como facilitadores de la colonización al sur.
Dispuso la realización de un Censo General para la Patagonia, nombrando comisiones
en Viedma, Chubut y Santa Cruz, cuyo resultado final arrojó la cifra de 2716
habitantes39.
Su preocupación por la entrega de la tierra en la margen sur del Río Negro- que ya
había anticipado en años anteriores
40
– lo llevó a levantar un Registro de Pobladores
que llegó a contabilizar ochenta ocupantes en la extensión que media entre Viedma y
Conesa, en su mayoría radicados a partir de 1867. Este Registro de Barros fue utilizado
como prueba documental cuando se hizo necesario determinar la veracidad de la
ocupación para la ratificación de derechos posesorios a partir de 1885. En este registro
el mismo Barros aparecía como ocupante en la zona de corral Carancho, al sudoeste de
Conesa, en la que criaba ganado ovino.
El cargo asumido tuvo como agregado un desafío para el que estaba preparado en las
ideas y que debía ahora probar en la práctica: el abordaje de la cuestión indígena. En
1879 describió el hábitat y asentamiento de las principales tribus del Río Negro y
retrotrajo al presente su idea de crear colonias de indios para introducir elementos de
civilización y hábitos de trabajo. Expresó que los restos de la tribu de Catriel, un millar
38
BARROS, ALVARO. Memoria de la Gobernación de la Patagonia presentada al Excmo. Señor
Ministro del Interior por el gobernador coronel Alvaro Barros, Buenos Aires, Imprenta y Librería
Mayo, 1881; p. 6.
39 Ibídem, p. 7.
40 BARROS, ALVARO, Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p.248. Allí
planteaba que sin una gran concesión de tierras será imposible hallar capitales para la empresa del Río
Negro: “Si hacemos un cálculo de lo que cuesta la defensa de la frontera, lo que importa el
mantenimiento de los indios, y lo que importan las pérdidas que ocasionan sus depredaciones,
encontraremos probado que al país le conviene dar la tierra gratis y entregar sin cargo una cantidad de
dinero a cada poblador, en condición de que vengan en número suficiente para poblar el desierto...” (p.
249).
de hombres ubicados al norte del río Negro, a tres leguas de Patagones, requería del
auxilio oficial ya que se hallaban en “estado de abatimiento y sumisión” sin víveres ni
agua lo que auguraba “... la segura garantía de fiel sometimiento a las condiciones que
le sean impuestas”41 . Barros fue escuchado y se creó la colonia de indios General
Conesa, mediante decreto del 14 de febrero de 1879, muy poco tiempo después de
asumir Barros la gobernación.
En su memoria de 1880, Barros expresaba que la recientemente creada colonia de
indios Conesa reunía en su opinión elementos halagüeños de porvenir. Sin embargo, la
conversión civilizadora de los indios mediante el trabajo no aparecía ahora a los ojos de
Barros como tarea fácil y rápida: “ Aleccionados los indios por los desastres
recientemente sufridos, anhelan el trabajo para salir de la cruel miseria que les rodea
de algunos años a esta parte; sin embargo, hay que tener presente que por más vivo que
sea su deseo les falta la costumbre de trabajar y es necesario facilitar su aprendizaje”42
Expresó que sería muy útil para el indígena contar con el colono europeo, práctico en
las tareas agrícolas y que sería de indudable positiva influencia para el indio.
Empero, los indios abandonaron la colonia en 1882. La conjunción entre la epidemia
de viruela en 1879-1880, la inundación del río Negro en 1880, la plaga de langostas en
1881 que arrasó los incipientes cultivos y el reclutamiento de indígenas para las fuerzas
que reprimieron el levantamiento de Carlos Tejedor (1880), provocó la dispersión
indígena.
En esa oportunidad, Alvaro Barros fue cuestionado en el Congreso Nacional por no
haber tomado medidas para evitar el fracaso de la colonia43 , a pesar de que como
gobernador de la Patagonia en mayo de ese año había ordenado la reconcentración de
indios en la colonia Conesa para facilitar su vigilancia, pero un ataque de indios
rebeldes impidió este objetivo. Evitar la dispersión indígena no se presentaba ahora para
Barros como tarea fácil, a pesar de que ligeramente en sus escritos había juzgado la
actuación de militares en tal sentido. La convivencia con el elemento indígena le
ocasiono dificultades no previstas y difícilmente subsanables. En este aspecto la
confrontación entre teoría y praxis muestra el espejo de la realidad como condicionante
para la aplicación de planes y proyectos esbozados en el papel.
41
Archivo y Museo Emma Nozzi de Carmen de Patagones, Archivo Isaías Crespo, carta de Alvaro
Barros al Ministro de Guerra Julio A.Roca, 1º de enero de 1879, sobre Nº 5, documento nº 4448, f 7 v y
14 v.
42 BARROS, ALVARO, Memoria de la Gobernación de la Patagonia... op.cit, p.8.
Lo mismo sucedió cuando Barros pretendió controlar las transacciones con los indios,
disponiendo que el comercio se realizara dentro del ejido urbano de Viedma. Esto afectó
evidentemente a los comerciantes de campaña, todos extranjeros, habituados a realizar
giras y negociar directamente con el indígena sin intermediarios ni vigilancia, que
tuvieron apoyo de la prensa local. El malestar se manifestó a través del incendio del
carruaje del gobernador, una volanta destruida por el fuego en plena noche patagónica,
episodio de gran repercusión en la prensa nacional, y que motivó la detención de uno de
los directores del periódico local Río Negro, Bernardo Guimaraens, sindicado como
autor del acto intimidatorio contra Barros.
Fiel a su estilo confrontativo, Barros tuvo diferencias permanentes con los militares
que se encontraban en la zona con cargos en la frontera: el comisario de guerra Liborio
Bernal, el jefe de las fuerzas nacionales con asiento en Patagones Lorenzo Winter y el
jefe de la 2º división del Ejército Conrado Villegas. Las diferencias se debían a quejas
por presuntas superposiciones de jurisdicciones y funciones. Alvaro Barros consideraba
que las fuerzas militares no podían actuar sobre la población civil e invadir su esfera de
acción. En diciembre de 1880 solicitó al Gobierno nacional que se deslindara
claramente la jurisdicción del gobernador de la Patagonia, debido a los actos del
General Villegas sobre los centros de población de la margen izquierda del río Negro;
del mismo modo elevó una queja sobre el comisario de Guerra Liborio Bernal, que
había movilizado indebidamente la Guardia Nacional en Guardia Mitre- y sobre el
General Winter, con quien había discutido acerca del racionamiento de indios y sobre la
intención de Winter de sustraer Guardia Mitre a la Gobernación de la Patagonia y
dejarla como exclusiva dependencia militar 44.
Barros no descuidó en su gestión patagónica los aspectos políticos. Tuvo durante su
gobierno la oportunidad de concretar una idea ya anticipada en su obra: la creación de
municipalidades.
En Fronteras y Territorios Federales Barros deslizó- aunque sin profundizar- la idea
que era necesario funcionarios públicos honrados y que la práctica del gobierno electivo
municipal podía obrar positivamente a favor de garantizar la propiedad en la campaña 45
. Consecuente con esta idea, Barros erigió en Viedma la primera municipalidad y
43
República Argentina, Congreso Nacional, Cámara de Diputados, Diario de Sesiones, año de 1881,
Tomo II, sesión del 7 de octubre, p.786.
44 Datos obtenidos de: Archivo General de la Nación, Sección Ministerio del Interior, año de 1880, legajo
Nº 17, expedientes 3320 y 3339.
45 BARROS, ALVARO. Fronteras y Territorios Federales de las Pampas del Sur... op.cit, p.140.
juzgado de paz no electivo de la Patagonia, que funcionó con regularidad durante su
gestión y la de su sucesor Lorenzo Winter (1882-1884).
Pero muchas de sus ideas no pudieron llevarse a cabo, no sólo por razones extrínsecas
y que tenían que ver con el proyecto nacional para los territorios sino porque Alvaro
Barros fue prácticamente un gobernador absentista, que estuvo ausente del cargo la
mayor parte de su mandato. Solicitó licencia en diez oportunidades, destinadas a
acompañar a su familia
a Buenos Aires
y Montevideo; en otras ocasiones su
alejamiento de la Patagonia se debió a que fue llamado por el gobierno nacional para
combatir el levantamiento de Carlos Tejedor. En junio de 1882 Alvaro Barros pidió
licencia por razones de salud y se alejó definitivamente de la Gobernación de la
Patagonia. Hasta su muerte en Buenos Aires en 1892, ocupó un cargo de vocal de la
“comisión de exámenes” de la escuela Militar, un oscuro cargo para quien había
desempeñado hasta entonces cargos relevantes.
En Alvaro Barros hemos hallado una figura polifacética, signada por su extracción
militar y terrateniente pero también por una fuerte impronta política. Podemos decir que
Barros fue un personaje comprometido con el tiempo que le tocó vivir y que supo
mantener en sus escritos un difícil pero logrado equilibrio de ideas, en el que es raro
hallar incongruencias u opiniones divergentes. Si se advierten claramente los cambios
que el devenir histórico va trayendo en el medio rural y la necesidad acuciante de hallar
las soluciones necesarias para conquistar, colonizar y poner en producción las tierras
que había que ganarles al indio.
Las obras que hemos analizado constituyen un conjunto integrado de principios
acerca de la frontera, los indígenas y el ejército, englobadas bajo la necesidad imperiosa
y para Barros patriótica de eliminar la corrupción que recorre fatalmente cada uno de
estas problemáticas y que al estar enquistada en el gobierno resulta de difícil
extirpación. A través de Barros podemos advertir diferentes esquemas de pensamiento y
lógicas de comportamiento de los actores sociales en él condensados (el militar, el
político, el hacendado) y de los que aparecen retratados en su pluma: los indígenas, los
comerciantes de la campaña y hasta el soldado emergen con alguna peculiaridad en sus
escritos.
Contribuyó sustancialmente al debate sobre el sistema más adecuado para terminar
con la amenaza indígena en un claro alegato a favor de la postura ofensiva, proyectando
un plan detallado de operaciones que sirvió indudablemente de base para la campaña
militar de 1879, pero que contenía los matices que la humanidad de Barros impuso al
pensar al indio como un ser perfectible, pasible de integrarse a la civilización si cuenta
con los elementos de trabajo y justicia adecuados para ello.
Sus argumentaciones remiten a la historia, a su experiencia militar, al sentido común,
con un análisis pormenorizado, serio, hasta podríamos decir con cierta erudición en la
que ninguna afirmación queda librada al azar ni tampoco a la libre interpretación del
lector. Barros habla claro y fuerte, aunque moleste y aunque lo sancionen, aunque tenga
que enfrentarse al mismo poder estatal que lo contiene. Todos estos elementos se
entremezclan en sus obras brindándonos un escenario rico en discusiones y planteos que
nos ayuda a compenetrarnos más de una época que podemos considerar clave para la
futura configuración del Estado Argentino.
Esa misma coherencia la observamos al pasar Barros de la palabra escrita a la acción
política. Los postulados esgrimidos se corporizaron en un ámbito específico de acción:
la gobernación de la Patagonia. Allí puso en práctica muchas de sus ideas relativas al
poblamiento y desarrollo del medio rural y trató de mantener a los indios al amparo
estatal, como una forma de sujeción que aseguraba la lenta pero segura conversión de
los mismos. El fracaso de la Colonia Conesa le demostró que el problema indígena era
más complejo de lo que se podía pensar y que la internalización de normas y pautas por
parte de los indígenas sería parte de un lento y conflictivo proceso.
Sin duda Alvaro Barros es un clásico cuya relectura nos aporta elementos
esclarecedores para pensar una y otra vez nuestra Argentina rural, sus formas societales
y el funcionamiento de su economía. Su mejor legado es su obra y el compromiso
personal del hombre que no escatimó el brindar un aporte sustancial, que no se detuvo
en la mera denuncia o diagnóstico de las problemáticas rurales sino que acercó
propuestas de resolución, en momentos en que el país estaba buscando el camino del
progreso. Por ello Barros está hoy vigente porque muchos de sus planteos cobran
renovada fuerza aunque aggiornados bajo las diferentes formas impuestas por el
posmodernismo y la globalización: la corrupción, la discriminación, la seguridad,
aparecen una y otra vez junto a la necesidad de superar la mera queja o las estadísticas
y generar estrategias efectivas de resolución, preocupación que hoy recorre cada rincón
de Argentina, la Argentina que aún hoy permanece rural, la Argentina que ayudó a
construir, entre otros, el coronel Alvaro Barros
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Graciano,Osvaldo F. y Gutiérrez, Talía V. El agro en cuestión