LIC. ROSALÍA BUENROSTRO BÁEZ
— DATOS CURRICULARES—
Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma
de México (UNAM), con formación magisterial y pedagógica, con estudios de especialización tanto
en el país como en el extranjero, en los ámbitos educativo y jurídico. De su larga carrera profesional,
los últimos 22 años se ha desempeñado como servidora pública en el Tribunal Superior de Justicia y
en el Consejo de la Judicatura del Distrito Federal, México; actualmente, desde el año 2001, ocupa
el cargo de Coordinadora General de Proyectos Especiales del Consejo de la Judicatura local y
desde 2003, además, Encargada de la Dirección del Centro de Justicia Alternativa de dicho Tribunal,
así como a nivel nacional el de miembro del Comité Asesor del Programa para la implementación y
desarrollo de la mediación en México.
Dentro de sus trabajos realizados se encuentran: artículos publicados, folletos, boletines,
fascículos, antologías, ponencias, memorias y manuales, relativos a los temas pedagógicos, jurídicos, sobre los métodos alternos de solución de controversias y, particularmente, sobre la mediación,
difundidos tanto a nivel nacional como internacional.
Es coautora de los Textos Derecho de Familia. Edición corregida y actualizada en 2005.
Introducción al Derecho Sucesorio, en revisión para segunda edición y Derecho Civil. Introducción
y Personas. Primera Edición.
proyectosespeciales@cjdf.gob.mx
EL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DEL D.F., MÉXICO
Y SU VINCULACIÓN CON LAS ASOCIACIONES CIVILES DE PADRES DE
FAMILIA SEPARADOS EN CONFLICTO: DOS EXPERIENCIAS.
UNIVERSIDAD DEL BÍO-BÍO
PLÁTICA
Concepción, República de Chile. 2, 3 de noviembre de 2006.
Lic. Rosalía Buenrostro Báez
Muy buenas tardes. Antes de iniciar nuestra charla quiero agradecer a
la Facultad de Educación y Humanidades de esta Universidad del Bío-Bío y
a sus autoridades, su amable invitación para estar aquí con ustedes, y
compartir
esta
magnífica
experiencia
que
implica
el
SEMINARIO
INTERNACIONAL “Actualización en Estudios de la Familia: Roles
Paternales, Familia y Legislación”, particularmente al Magíster Nelson
Zicavo Martínez, organizador de este acontecimiento y a quien tuvimos la
oportunidad de conocer en evento similar en la Ciudad de México, en
agosto pasado, junto con otros distinguidos expertos en temas de la familia
y a quienes ahora estoy observando desde aquí: como la Maestra Guisella
Steffen, el Maestro Jorge Luis Ferrari, la Dra. Mercedes Ladereche y la
Licenciada Lucía Allende. A ellos, así como a todos los distinguidos señores
conferenciantes de este foro, académicos y alumnos de esta Universidad y
público asistente, para todos tengo el encargo de hacer llegar el más cordial
saludo de parte del Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia
y del Consejo de la Judicatura del Distrito Federal, de México, Dr. José G.
Carrera Domínguez, quien guarda amables recuerdos del paso de los
primeros por aquel Tribunal.
Cuando recibí la invitación para estar en este Seminario, ante la
posibilidad de asistir, me ví en la disyuntiva de, preparar un trabajo sobre
alguno de los trascendentes aspectos de las instituciones familiares de
mayor relevancia, pertinente a la situación que afronta la familia en estos
tiempos de transición o, charlar con ustedes de dos interesantes
experiencias que nuestro Tribunal está viviendo, a partir de la problemática
que se genera cuando los menores hijos no pueden vivir con sus dos
progenitores, teniendo aún jurídica y moralmente, el derecho fundamental
de relacionarse con ellos; problemática que tiene como fuente principal el
divorcio de los padres. Obviamente, no dudé en decidirme por lo segundo,
pues sobre lo primero, no me cabe la menor duda de que todos ustedes lo
harán mucho mejor que yo; en cambio, por lo que hace a lo segundo, al ser
una experiencia propia, que no está en los libros y tratarse de una situación
real, como lo es la lucha que ante tal problemática iniciaron los padres y
madres de familia de la Ciudad de México, cuando legalmente dejaron de
tener la custodia de sus hijos al separarse de su cónyuge y no
permitírseles convivir con ellos, con las repercusiones que esto ha tenido,
incluyendo fundamentalmente, su insatisfacción, con el servicio de
administración de justicia, por cuanto a: las controversias derivadas del
2
incumplimiento de las sentencias respectivas, las denuncias en falsedad, la
sustracción de menores, etc.; pues, consideré, podría serles interesante
conocer lo que sobre el particular en el Tribunal hemos venido haciendo
conjuntamente con las Asociaciones de padres de familia separados en
conflicto. Para ello, me he permitido dividir el contenido de la plática en dos
grandes rubros:
1.
EL TRIBUNAL Y LAS ASOCIACIONES DE PADRES DE FAMILIA
SEPARADOS EN LUCHA POR SUS HIJOS.
1.1. Para ubicarnos en este rubro, valga señalar que, actualmente, el
índice de divorcios en la Ciudad de México es sumamente alto, y
se incrementa año con año. Coloquialmente hablando se dice que
los divorcios “atiborran” los escritorios de los jueces familiares.
A favor de tal consideración se señala que el número de demandas
para la disolución del vínculo matrimonial en el D.F.; o sea, en la Cd. de
México, se ha incrementado en más del 500 % en los casi últimos 17 años,
ya que en 1987 un juez familiar atendía 122 casos de divorcio por año
(había entonces 23 juzgados familiares, los que en abril del mismo año se
incrementaron a 40, con la creación de 17 nuevos juzgados en la materia) y
en 2004 en promedio atendió 521, en el mismo lapso. Otro dato interesante,
también a favor de tal consideración, lo constituye el hecho de que en el año
2003 fueron sentenciados 20,859 divorcios, mientras que en 2002 fueron
13,000. En 2005, los 40 juzgadores familiares del D.F. atendieron alrededor
de 16,943 divorcios necesarios (contenciosos) y 4,571 divorcios voluntarios
(de común acuerdo). Lo anterior, sin considerar los divorcios que tienen
lugar por la vía administrativa, ante el Juez del Registro Civil.
Valga también, como un dato más, la estadística de un juzgado
familiar que, del mes de agosto de 2003 al mes de agosto de 2004, de los
3
1,704 asuntos ingresados al juzgado, el 28% fueron casos de divorcio
necesario y el 12% de divorcio voluntario, lo cual dió un total de 40% de
divorcios atendidos por un juzgado, en un año.
Los datos anteriores apuntan a indicar que en la sociedad mexicana,
en estos tiempos, es cada vez mayor el número de parejas unidas en
matrimonio que opta por resolver los embates de las crisis (culturales,
económicas, sociales) y los conflictos que ellas generan entre la pareja y
hacia el interior de la familia, mediante el divorcio, con los consiguientes
efectos, tanto para los divorciantes como para los hijos; ya que todo parece
señalar que las parejas en conflicto, no encuentran otra alternativa para la
solución de la problemática doméstica que enfrentan; pues en nuestro
medio, la cultura de la terapia psicológica o terapia familiar es poco
socorrida en proporción a la población y a su heterogénea composición; y la
mediación familiar, apenas se encuentra naciendo en mi país.
Como consecuencia del alto índice de divorcios, en el Tribunal del D.F.
se dirimen un gran número de controversias que tienen que ver con el
acceso de ambos padres a sus hijos; pues a menos que existan situaciones
extremas que contraindiquen la conveniencia del encuentro padres e hijos,
los Magistrados y Jueces ordenan las visitas que permitan asegurar que los
menores convivan tanto con su padre como con su madre, preservando así
el derecho de los hijos a un buen y normal desarrollo y a gozar de los
beneficios que ello conlleva para su vida presente y futura, así como el
derecho de ambos padres de ejercer su paternidad. Sin embargo, este
apego a la ley y a la sensibilidad de los juzgadores, para que aún separados
los padres, prevalezca la relación paterno-filial y, consecuentemente, la
convivencia del menor, propia de su relación de parentesco con los demás
miembros de sus familias, tanto materna como paterna (abuelos, primos,
4
tíos), ha mostrado una difícil realidad, pues los encuentros ordenados, entre
los padres divorciantes o divorciados con sus hijos, han constituido una
fuente de severos conflictos de lo más diverso, de entre los que destaca:
La negativa del padre o madre custodio o de los familiares, al
padre o madre que no tiene la custodia, del acceso al menor; tanto
para visitarlo en su casa como para sacarlo y convivir con él
temporalmente, verlo en la escuela u otro lugar o, hasta para
comunicarse por la vía telefónica.
Es, derivado de este conflicto que tiene lugar el encuentro TribunalAsociaciones de Padres de Familia Separadas en Lucha por sus Hijos.
Menester es señalar que el encuentro entre los padres en tal situación,
organizados ya en asociaciones civiles y el Tribunal, no fue desde el
principio amigable; así, podemos hablar, en este proceso de encuentro, de
una primera etapa que bien podríamos llamar BELIGERANTE, DE
RECLAMO DE JUSTICIA, en la que, a través de las más diversas formas
violentas de expresión, los asociados exigían al Tribunal les hiciera justicia
para convivir con sus hijos; formas que involucraron a los medios de
comunicación masiva, manifestaciones, plantones, marchas, cierres de
juzgados, mensajes denostando a la Institución, consignas y pancartas,
mantas y carteles injuriando al Presidente del Tribunal, a Magistrados y
sobretodo a los Jueces Familiares e infamando de palabra a todo el sistema
judicial.
Era obvio que subyacía una gran frustración, mucho coraje e
impotencia, ante el incumplimiento, por su contraparte, de las resoluciones
judiciales, que les reconocían y daban el derecho a convivir con sus hijos a
través de un régimen específico de visitas.
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Exigían mayor dureza de parte de los jueces, la aplicación
inmisericorde de los más duros medios de apremio; medios que hasta
noviembre de 2004, consistía en:
1.
Multa equivalente a ciento veinte días de salario mínimo general
vigente en el D.F., como máximo, la cual podía duplicarse en caso
de reincidir en el incumplimiento de la resolución.
2.
El auxilio de la fuerza pública o la fractura de cerraduras si fuere
necesario.
3.
El cateo por orden escrita.
4.
El arresto hasta por treinta y seis horas.
Y así fue nuestra relación por dos años.
Pero cuando corría el mes de septiembre del año 2003, después de
varias audiencias con el Presidente del Tribunal en turno, éste acepta que
las Asociaciones sean escuchadas por la Institución, a partir de los casos
concretos de los asociados, a través de la Dirección de Orientación
Ciudadana y Derechos Humanos y el Centro de Justicia Alternativa, ambas
dependencias del Tribunal; y así, entramos a lo que podríamos llamar ahora
la segunda etapa de nuestra relación o ETAPA DE LIBERACIÓN Y
DIÁLOGO.
En el mes de agosto de dicho año, tuvimos el primer encuentro formal,
a las 17:00 hrs., los titulares de las dos dependencias mencionadas, el
representante del Ministerio Público, el representante de la defensoría de
oficio y dos jueces familiares, todos en el presidium y, frente a nosotros,
alrededor de 200 padres y madres asociados, dispuestos a hacerse oír y a
exigir justicia, con sus presidentes al frente (cuatro asociaciones). Los del
presidium, en un alarde de esfuerzos de comprensión y entereza, más bien
6
estoicos, recibimos la catarsis de los asistentes (liberación y expulsión) en
todos los tonos y todas las formas de expresión. En el marco de esta tónica,
transcurrieron cinco semanas (dos tardes por semana), hasta que llegó el
momento de decir: “BASTA”; hemos escuchado, ahora, vamos a
escucharnos, a dialogar, y a construir juntos un plan estratégico de trabajo,
para construir soluciones.
Para ello, primero se diseñó un programa de diálogo, a cubrir en un
año de mesas de trabajo semanales (1 por semana) con la participación de
Magistrados, Jueces, Ministerios Públicos, defensores de oficio, psicólogos
y académicos. Construido el mismo e instrumentado, se ejecutó. Valga
resaltar y reconocer la disposición de Magistrados y Jueces para participar
en las Mesas, en las que con la ley en la mano, se dialogó acerca de lo que
los Jueces podían o no hacer, de su arbitrio, de su autonomía, etc., en
función de las exigencias que se les planteaban; y, sobretodo, de la actitud
y capacidad receptiva que mostraron frente a las quejas y argumentos de
los padres tanto en lo jurídico como en lo estrictamente humano.
Poco a poco, se fueron introduciendo en las Mesas de Trabajo,
comentarios y reflexiones sobre las formas pacíficas de resolver los
conflictos familiares y la posibilidad de construir nuevas formas de relación o
reconstruir las existentes para el presente y el futuro, tanto de la pareja
conyugal como de la pareja parental; empezándose a despertar en los
asociados la curiosidad y el interés por la mediación. Una nueva concepción
de la solución del conflicto y un nuevo lenguaje empezaba a permear dichas
Mesas, el de la Mediación Familiar; que, a partir del 1° de septiembre del
mismo año, había empezado a operarse, como una vía alterna, a los juicios
tradicionales de solución de conflictos, que empezaba a coexistir con la vía
jurisdiccional.
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Así, el 18 de septiembre de ese año, a las 10:00 hrs. se llevó a cabo,
en las instalaciones del Centro de Justicia Alternativa, la primera reunión
con 16 padres asociados, curiosos de la mediación, a petición de la
Asociación Mexicana de Padres de Familia Separados, A.C.; interesados en
conocer la operación del servicio de Mediación Familiar y las ventajas de
hacer uso del mismo, sobre todo para la preparación del divorcio. De los
casos particulares de estas asociaciones, a la fecha se han recibido 21 para
mediación, de los cuales 3 se han resuelto exitosamente, situación
esperanzadora para los demás, que ha influido en mucho para la búsqueda
del diálogo con la otra persona del conflicto, a pesar del grado de deterioro
prevaleciente en la relación. En la actualidad, son los asociados los
principales promotores del Centro de Justicia Alternativa. Han preparado un
programa preventivo que aplican con los asociados de nuevo ingreso, a
través de pláticas de sensibilización, para que recurran primero a mediación
antes de optar por la vía judicial y su viacrusis; ello, a partir de su propia
vivencia de muchos y desgastantes años en la jurisdicción; así como de
“supervisión” del comportamiento de los asociados en las audiencias de ley,
cuando están desahogándose sus casos en los diversos juicios.
Llegado el año 2004, el trabajo era intenso a nivel de asesoría
jurídica; pues después de un año de trabajo conjunto, los asociados
empezaron a caer en la cuenta de que la solución a su problema no estaba
únicamente en los jueces, había que hacer reformas a los Códigos; y el
contenido de las Mesas de Trabajo en ese año se transformó y versó
básicamente en el análisis de las propuestas de reforma a diversos
ordenamientos
civiles
y
penales,
que
las
propias
Asociaciones
construyeron; para lo cual, un Magistrado y un Juez de lo familiar, se
“engancharon” con ellos y fueron su fuente de asesoría y orientación jurídica.
El trabajo era arduo y así se llegó a lo que podríamos llamar la tercera etapa
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de nuestra relación o ETAPA DE PROPUESTAS LEGISLATIVAS, que se
caracterizó por presentar, al órgano legislativo del D.F., en el mes de abril
del año en comento, el anteproyecto de reforma a los códigos sustantivo y
adjetivo civiles y penales locales, anteproyecto que dió paso a un foro
interdisciplinario de análisis, en el que por el Tribunal participaron algunos
Magistrados y Jueces, tanto de lo familiar como de lo penal, amén de los
Diputados, académicos y por supuesto las asociaciones de padres, mismo
que arrojó el dictamen respectivo, que fue aprobado en julio y publicado el 6
de septiembre, para entrar en vigor en el mes de diciembre de 2004.
De las reformas llevadas a cabo, lo más relevante a destacar,
considerado como logros, en esta etapa de la lucha de los padres asociados,
podemos mencionar que:
Se disminuye la edad de 12 a 7 años para el ejercicio de la
custodia legal por parte de la madre, salvo peligro grave para el normal
desarrollo del menor, sin que sea obstáculo el que ella carezca de
recursos económicos.
Se logra la introducción de la figura legal de la custodia compartida
en forma potestativa.
Se reconoce el síndrome de alienación parental.
Se prevé la recuperación de la patria potestad cuando se haya
perdido por cuestiones de alimentos o de custodia y se acredite el
cumplimiento constante en los términos obligados.
Se dispone el cambio de guarda y custodia de un ascendiente a
otro cuando el que la conserva, provisional o definitivamente, no lleve a
cabo de manera reiterada las convivencias en los términos de la
resolución judicial.
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Se prevé la suspensión del goce y ejercicio del derecho de
convivencia para el progenitor que, teniendo el ejercicio del mismo por
resolución judicial, no lo ejerza, quedando como precedente para no
volver a ejercerlo con ese hijo.
Se suspende el ejercicio de la patria potestad para quien conserva
la custodia, cuando represente para el menor un riesgo respecto de su
salud, su estado emocional o para su vida. La suspensión también se
aplica para quien no permita que se lleven a cabo las convivencias
decretadas o aprobadas judicialmente.
Se obliga al ascendiente que tiene la custodia a informar al juez y
a quien no ejerza este derecho, si cambia de domicilio o de número
telefónico.
Se prevé la intervención del Ministerio Público para el ejercicio de
la acción penal ante la negación reiterada de la convivencia.
Se faculta al Centro de Justicia Alternativa para que llame al
cónyuge, concubino o pariente, contra el que se intente demandar,
denunciar o querellarse, a efecto de dirimir la controversia en el Centro
a través de la mediación; y, con la ayuda del mediador, convenir lo
relativo a la guarda, custodia y derecho de convivencia. También se
dispone que el cumplimiento de este convenio se exija ante el juez de
lo familiar en la vía de apremio.
Se imponen penas para el caso de incumplimiento de las
resoluciones que ordenen la convivencia de los menores, de uno a
cinco años de prisión y de cien a quinientos días de salario mínimo de
multa, al ascendiente, descendiente o pariente que no permita la
convivencia decretada por resolución judicial y, teniendo la guarda y
custodia compartida, no devuelva al menor en los términos de la
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resolución dictada.
Asimismo, en este año 2004, el Tribunal abrió una instancia de
audiencia y apoyo a los padres, para manifestar, ante la Dirección de
Derechos Humanos, en forma individualizada sus inconformidades y quejas
en cuanto a la tramitación de sus juicios; y, en los casos conducentes, dicha
Dirección actúa ante el juzgado del conocimiento, dentro de su esfera de
competencias.
El año 2005, se caracterizó por los efectos de dichas reformas al
interior del Tribunal, las que contaron con un sinnúmero de críticas,
detractores, inquietos y dudosos y pocos asertivos, originándose con ello
una nueva etapa en la relación Asociaciones-Tribunal, a la que podríamos
denominar, de CONTROVERSIA Y ACTUALIZACIÓN, pasando a ser, el
estudio,
análisis
y
argumentación
de
las
reformas,
el
contenido
preponderante de las Mesas de Trabajo para ese año, y prestándose
Jueces y Magistrados a participar en ellas, dos cada semana, sumándose
algunos Jueces Penales. A la fecha se sigue trabajando sobre figuras como
la de la custodia compartida, que ha desencadenado más de una
interpretación tanto entre los jueces como entre los Magistrados Familiares,
y, en consecuencia, en la aplicación del precepto que la dispone, al caso
concreto; pues el legislador fue poco preciso en la reforma, ocasionándose
con ello un nuevo punto de discrepancia entre juzgadores y asociados, ya
que éstos últimos, en materia de guarda, custodia y derechos de
convivencia exigen a los Jueces, resuelvan en términos de la custodia
compartida lograda, situación que los juzgadores aún no aceptan del todo.
Respecto al reconocimiento del síndrome de alienación parental, su impactó
llegó hasta la Escuela Judicial (Instituto de Estudios Judiciales); pues ésta,
se vió obligada a reformar planes y programas de estudio de proceso de
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actualización de los Jueces, ya que el desconocimiento de dicho síndrome
en nuestro medio era absoluto. En todo momento fue notorio el interés de
las Asociaciones por participar en la instrumentación de este cambio. Por lo
que es obligado decir que, el primer contacto formal de Magistrados, Jueces
y Secretariado Judicial con la información referente a dicho síndrome, lo
aportaron ellas; fueron las Asociaciones las que proporcionaron el experto
en el tema, quien impartió la primer conferencia sobre el particular y donó
los primeros ejemplares de su libro sobre el asunto. Actualmente, el tema
está incorporado a las Mesas de Trabajo y, para su tratamiento, se ha
invitado a instituciones y organismos de terapia familiar, que han ayudado
sobremanera a su entendimiento y comprensión, con la intervención de
psicólogos y psiquiatras. Estamos celebrando con una Asociación Civil de
Terapia Familiar un convenio para llevar a cabo, en forma conjunta, una
investigación en cuanto a este síndrome con niños y padres mexicanos, en
el Centro de Convivencia Familiar Supervisada. El trabajo con la
participación de Psicólogos, Psiquiatras, Sociólogos, Trabajadores Sociales,
Jueces
y
Asociaciones,
ha
redituado
magníficos
avances
en
la
sensibilización de los Jueces en lo humano y en la necesidad de
desarrollarse en ese aspecto, individualmente.
En este año, la relación Tribunal-Asociaciones, también se caracterizó
por un cambio significativo en la actitud de las Asociaciones, abriéndose
una
nueva
etapa
que
podríamos
denominar
de
AUTONOMÍA
Y
PRODUCTIVIDAD, y nos aumentó el trabajo en el Tribunal, pues nos
encontrábamos en un momento de clímax en la relación, ya que,
independientemente del trabajo conjunto, las Asociaciones empiezan a
organizar por fuera, cada una por su lado, diversas actividades con sus
propios programas y objetivos, en sus propias sedes (conferencias,
proyectos, cursillos, exposiciones, congresos, sobre temas jurídicos,
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psicológicos y, sobretodo, mediación). A ellas, Magistrados, Jueces,
Titulares de Áreas (Directores) y Mediadores, concurrimos como asesores,
expositores, instructores y organizadores, incluyendo días no hábiles.
Las actividades más relevantes de esta etapa han tenido lugar en
este año 2006, como son los casos de la EXPO DIVORCIO, organizada por
la Asociación Mexicana de Madres y Padres Separados A.C. y el PRIMER
CONGRESO INTERNACIONAL DE FAMILIA, organizado por la Asociación
Mexicana de Padres de Familia Separados A.C., éste último, llevado a cabo
del 9 al 11 de agosto próximo pasado, en la sede del Tribunal Superior de
Justicia del Distrito Federal, México, con la participación por el mismo, de
Magistrados y Jueces, quienes al lado de una pléyade de expertos
especialistas en las más diversas disciplinas estudiosas de la familia, tanto
nacionales
como
extranjeros,
hicieron
del
Congreso
un
exitoso
acontecimiento, en el cual se ubican los profesionales mencionados al inicio
de esta plática y derivado del mismo, mi presencia aquí.
El recorrido conjunto, Tribunal-Asociaciones, que he reseñado,
cuando tuvo su origen, sentíamos que iba a ser difícil, en aquellos
momentos lo veíamos como el querer mezclar el agua con el aceite;
ciertamente no ha sido fácil, ha habido muchos encuentros y desencuentros,
pero ha valido la pena caminar juntos, hemos aprendido a comunicarnos y a
unir nuestras voces y esfuerzos por una misma causa: La justicia. Para el
Tribunal ha sido un camino de largo aprendizaje, de humanización y de
humildad; hemos quedado convencidos de que las instituciones oficiales
tienen que caminar de la mano de la sociedad civil, pues sólo juntos lo
haremos mejor para beneficio de todos, como en este caso, para el
beneficio de los niños y padres de México.
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Ahora, esta vinculación nos abre la puerta en una nueva etapa, la de
los RETOS, Asociaciones y Tribunal, aún tenemos mucho por hacer juntos.
A corto plazo, entre otros:
a)
Expandir nuestra relación, incorporando, para nuestro objetivo, a
otras instituciones nacionales y extranjeras con las que llevemos a
cabo actividades que favorezcan la relación paterno-filial, a través
de
investigaciones,
publicaciones,
encuentros,
intercambio,
asesorías, proyectos, etc.
b)
Aplicar la mediación como primera opción y medida ante los
conflictos familiares, privilegiándola como la mejor opción para la
solución de los mismos, anteponiendo siempre el interés superior de
los niños antes de llegar al divorcio e impulsando una legislación en
materia de mediación.
c)
Incorporar y desarrollar a las asociaciones de padres de familia
separados como organismos no gubernamentales que operen la
mediación de manera preventiva a nivel de la comunidad en general,
apoyándolas en la formación de facilitadores a partir de los propios
padres en conflicto, a fin de abrir mayores posibilidades para que
ambos padres (juntos o separados) convivan con sus hijos y
disfruten de los beneficios que ello implica.
Por lo que hace a la visualización del futuro a mayor plazo, estamos
en la etapa de valoración de lo hecho, sin duda, reflexionando sobre los
términos para la continuidad de la relación, en la valoración de nuestros
aciertos y errores, de las nuevas necesidades, de los límites de nuestro
objetivo, de la eficacia y eficiencia de lo logrado, a fin de delimitar los retos
para nuevos periodos posibles de concreción, los cuales mucho tienen que
ver con los aspectos de trabajo anteriormente expuestos y las demandas de
un contexto vertiginosamente cambiante como lo es el de la sociedad
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mexicana, con tantos rezagos pendientes de atender.
Ahora bien, esta reseña, sólo pretende ser un enfoque desde mí
perspectiva institucional, por lo que hace a la percepción y opinión de las
Asociaciones, ellas tienen la palabra.
2.
EL CENTRO DE CONVIVENCIA FAMILIAR SUPERVISADA DEL
TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DEL DISTRITO FEDERAL.
2.1. En el mismo marco dentro del cual hemos venido exponiendo el
rubro anterior, tiene cabida este segundo; es decir, en la conflictiva
derivada del poco o nulo acceso que los padres separados que no
poseen la custodia de sus menores hijos, tienen a ellos.
Desde hace muchos años, la conflictiva a la que aludimos, en la
Ciudad de México ha mostrado ser una necesidad social cuyo clamor para
ser atendida ha sido creciente a partir de la experiencia del divorcio de las
parejas con hijos; pues ésta no se limita a la intensidad y efectos de los
sentimientos, emociones o pasiones surgidos en torno a tal acontecimiento,
sino que involucra situaciones prácticas. En la Ciudad de México, los casos
en esta circunstancia, por largo tiempo han vivido una dura realidad en
cuanto a la convivencia que los hijos deben seguir sosteniendo con sus
progenitores, después de la separación que el divorcio implica; desde el
punto de vista jurídico, los propios del desahogo de las controversias
emanadas de incumplimiento de las resoluciones judiciales dictadas por
Jueces y Magistrados para garantizar la convivencia del encuentro paternofilial; y, desde el punto de vista práctico, los propios del lugar dónde debe
llevarse a cabo tal encuentro, el tiempo que el mismo deberá durar, la
entrega de los menores, la seguridad y la estabilidad de los niños, etc. etc.,
debido a la desafortunada manera en que estos aspectos se cubrían, lo que
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propiciaba situaciones de conflicto más riesgosas y complejas, como: el
llevar a cabo las convivencias en el interior de los juzgados o en las
escaleras del edificio donde esos se encuentran ubicados o en la calle o en
lugares públicos en condiciones nada propicias para el fin buscado, donde
la inseguridad e incomodidad campeaban, propiciándose todo tipo de
abusos, la sustracción de menores, el incumplimiento de los horarios, la
exposición de los niños a todo tipo de experiencias; y, tanto del padre
custodio como del padre visitante, la no asistencia a las visitas, las llegadas
tarde, su presentación en estado inconveniente, etc. etc.
Esta situación preocupó al Tribunal y tomando cartas en el asunto, lo
llevó a concebir la idea de establecer un lugar controlado en donde se
llevaran a cabo los encuentros paterno-filiales debidamente supervisados
por personal especializado con el objeto de que no se siguiera exponiendo
de manera alguna a los miembros más vulnerables de la familia y garantizar
la
integridad
física
y
psicológica
de
los
menores,
preservando,
concomitantemente, el derecho al acceso a sus hijos, de ambos padres.
Propuesta de la que el Consejo de la Judicatura se hizo eco y en el
año 2000 autoriza la creación del Centro de Convivencia Familiar
Supervisada como una dependencia del Tribunal Superior de Justicia del
Distrito Federal, con la misión de dar a los niños un medio seguro y de
apoyo para visitar al padre que no tiene su guarda y custodia; mismo que se
inaugura el 27 de septiembre de ese año, distrayendo de su presupuesto,
los recursos para tal fin.
Actualmente, la propia Ley Orgánica del Tribunal Superior de Justicia
del D.F., define en su artículo 169 al Centro de Convivencia Familiar
Supervisada como el órgano del Tribunal Superior de Justicia del Distrito
Federal con autonomía técnica y operativa que tiene por objeto facilitar la
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convivencia paterno-filial en aquellos casos que, a juicio de los titulares de
los juzgados y Salas de lo Familiar, ésta no puede realizarse de manera
libre o se ponga en riesgo el interés superior del menor.
Y, además, dispone, a la letra:
Los servicios del Centro de Convivencia Familiar Supervisada, se
otorgarán de forma gratuita en sus instalaciones.
El Centro de Convivencia Familiar Supervisada será administrado y
vigilado por el Consejo de la Judicatura del Distrito Federal, el cual expedirá
las bases para su organización y funcionamiento.
El Centro de Convivencia Familiar Supervisada estará integrado por
un Director, dos Subdirectores y el cuerpo de trabajadores sociales y
psicólogos necesarios para el cumplimiento de sus funciones. Deberá
igualmente, contar con los Secretarios Auxiliares que sean necesarios para
dar fe.
Desde sus inicios, el Centro ha concentrado su energía y experiencia
en propiciar un ambiente seguro y protegido, para las convivencias y la
entrega/regreso, cuidando tanto de los aspectos relativos a la seguridad
física de los menores y sus progenitores así como a la concientización de
los efectos emocionales que estos encuentros pueden llegar a tener en ellos.
La seguridad y bienestar de los menores es promovida junto con la
tranquilidad de ambos padres durante la convivencia. A lo largo de la
estancia de los miembros de la familia, el Centro brinda la ayuda que
asegure que la visita estará libre de amenazas contra el niño o alguno de
los padres.
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De la estructura del Centro, sobresale en la práctica la labor del
cuerpo de trabajadores sociales, que se materializa en las siguientes
funciones:

Asegurar que las convivencias y entregas se den conforme a la orden
del juez y según lo convenido, con una actitud de neutralidad hacia las
partes en conflicto.

Llevar un registro de las convivencias y entregas, así como el reporte
de las mismas.

Facilitar la relación del menor con el padre o la madre, según el caso,
durante la convivencia.

Sugerir acciones para el mejor desempeño de la convivencia.

Intervenir cuando sea necesario, para asegurar el bienestar del niño.

Encargarse de que el menor reciba todas las atenciones necesarias
para su desarrollo según lo estipulado por las partes (medicación,
dieta, cuidados, etc.).
Son los trabajadores sociales los que se encargan de realizar los
reportes de manera fidedigna e imparcial. La información que a través de
ellos se remite a Salas y Juzgados es puramente descriptiva. Se relata lo
más importante sin evaluar las condiciones en que se dio la convivencia;
para ello en los informes se señala de manera particular:
1.
Los sucesos de cada convivencia que es programada o de cada
entrega, incluyendo la fecha, la hora y la duración de la visita;
2.
Quiénes asistieron a la visita;
3.
Un resumen de las actividades durante la visita;
4.
Las principales intervenciones llevadas a cabo por el personal del
Centro, para facilitar la convivencia;
5.
Un recuento de los incidentes críticos, si hubiere alguno;
6.
Cualquier asunto que no esté contemplado en las órdenes de los
18
Jueces o Magistrados Familiares;
7.
Cualquier suceso que no haya permitido cumplir con los términos y
las condiciones de la convivencia; y,
8.
Cualquier incidente de conducta inapropiada dentro del Centro.
En caso de que se presente una situación especial o cuando el Juez o
Magistrado así lo ordenan, se realiza un reporte ampliado de la visita.
Además de su estructura, el Centro se ve favorecido a través de otros
recursos del propio Tribunal, tales como:
a)
La Unidad de Trabajo Social, que lo asiste cuando éste lo solicita y
le da apoyo para la supervisión de las convivencias, en los casos en
que la ley lo prevé.
b)
El Servicio Médico Forense, que le presta una oportuna ayuda, para
certificar cualquier tipo de asunto médico, en relación a los menores,
que se suscite al interior del Centro, o sobre el estado físico en el
que se presentan los padres a convivir con sus hijos.
c)
La Dirección de Asuntos Jurídicos, que colabora con él para
responder de sus asuntos de esa naturaleza.
Por lo que hace a los servicios que el Centro presta, éstos responden a los
de:
a)
La convivencia supervisada
Es aquella que se establece entre un progenitor y su (s) hijo (s), que
se da en presencia de una tercera persona independiente y neutral
que es un trabajador social. Estas visitas son el resultado de la
orden de un Magistrado o Juez Familiar.
19
El Centro sigue los lineamientos establecidos por los Juzgados en
relación a los itinerarios de las visitas y entregas supervisadas (fuera
del Centro).
En la convivencia, padres e hijos llevan a cabo una pluralidad de
actividades como: juegos y deportes; tareas, televisión y lectura;
manualidades; concursos; talleres de enseñanza del oficio del padre
o madre a sus hijos; fiestas (cumpleaños); espectáculos; fiestas
patrias y ceremonias cívicas; diversiones y tradiciones.
b)
La Supervisión de entrega y regreso de menores
Es la vigilancia de la entrega de un menor por el padre que tiene la
guarda y custodia, al padre que tiene derecho a convivir con él y,
posteriormente, la supervisión del regreso del menor. Ésta se limita
sólo a controlar la entrega y el regreso del menor, para protegerlo
del riesgo de fricción entre los padres y también está a cargo de los
trabajadores sociales.
Tanto las convivencias como las entregas tienen como fin, que los
menores puedan tener contacto con el padre o la madre con quien no
viven, sin estar expuestos a los conflictos de éstos o a otros problemas.
Lo anterior permite que el Centro ofrezca una serie de beneficios:
a) A los usuarios:

Contar con un lugar amplio, adecuado y con un ambiente agradable
donde los menores puedan convivir con su padre o madre;

Los progenitores pueden disponer de un espacio y tiempo para estar
con sus hijos;

No hay interferencia de familiares durante los encuentros, y por
20
tanto, los menores no presencian discusiones entre ellos;

El tiempo de la convivencia se dedica exclusivamente a los menores,
con lo cual, los padres van conociendo sus necesidades;

La seguridad de que el menor no pueda ser sustraído o agredido por
algún familiar;

El registro y constancia de cada una de las asistencias;

Se cuenta con una sala de video, una filmoteca y una ludoteca a su
servicio; y,

Una biblioteca que les permite saber un poco más acerca de los
problemas y percances que se llegan a presentar en una
desintegración familiar.
b) A los niños:

Mantener una relación con ambos padres, lo cual se considera un
factor fundamental para su ajuste positivo en torno al conflicto.
c) A los padres que tienen la guarda y custodia:

No tener la necesidad de comunicarse o de tomar contacto con una
persona con la cual están en dificultad, y

Estar con tranquilidad, mientras su hijo tiene contacto con el otro
progenitor, destinando tiempo valioso para sí mismos.
d) A los padres que no tienen la guarda y custodia:

La seguridad de que el contacto con su hijo no va a ser interrumpido,
ni influido por ninguna circunstancia externa ni interna, ya que los
trabajadores sociales están para apoyar la convivencia.
21
Asimismo, el Centro garantiza a los niños en las convivencias:

Conocer al padre con el que no viven.

Ser tratados con interés y afecto.

Recibir amor, cariño, guía y protección.

Poder amar a cada uno de sus progenitores.

Tener una relación positiva y contractiva con cada uno de ellos.

Ser respetado sin ser presionado a tomar partido por ninguno de sus
progenitores.

Expresar sentimientos acerca del divorcio tales como enojo, tristeza
o miedo.

Tomar decisiones respecto a su persona.

Permanecer como niño, sin que se le exija tomar responsabilidades
de adulto hacia alguno de sus progenitores.
Ahora bien, para concluir con esta presentación, valga señalar que el
acierto y el éxito del Tribunal con el Centro son incuestionables y que la
experiencia ha sido muy gratificante; pero aún no podemos estar
satisfechos, ya que la demanda ha rebasado todas las expectativas de la
Institución; pues dada la capacidad instalada y el número de convivencias y
entregas/regreso que se están llevando a cabo, el Centro ya es
absolutamente insuficiente; toda vez que, al día de hoy, se están
programando,
anualmente,
500,000
casos
entre
convivencias
y
entregas/regreso, con igual número de reportes que se envían a los órganos
de la jurisdicción. Los siguientes números dan luz sobre la magnitud del
problema:
22
La capacidad instalada del Centro es para 432 convivencias; para
2001, la misma se superó en un 16 %, con 553 convivencias y para 2002,
en un 342 % con 1,477; a la fecha, para el periodo enero-septiembre se
tienen 18,637 programadas, lo que implica, la necesidad de 2 veces más la
capacidad instalada; es decir la creación por ahora, de 2 Centros
equivalentes.
Por cuanto a la entrega y regreso de menores que se efectúa en el
Centro, los datos que ello arroja, son: en 2001, 444 entregas; en 2002
1,199; lo que refleja un crecimiento del 107.9 %; en 2003, el número fue de
2,146; en 2006, para el periodo enero-septiembre, se tienen programadas
15,976, para la semana pasada se habían realizado más de 16,000.
A la fecha, los días sábado acuden 700 personas al Centro por sus
servicios.
En los próximos días, el Tribunal inaugura su segundo Centro de esta
naturaleza, con una capacidad equivalente a la del primero, pero aún, como
se dan cuenta, no es suficiente, lo que sigue significando un reto para la
Institución, pues aún hay muchos niños y padres que demandan este
servicio.
*
La información para la construcción del segundo rubro de este documento fue tomada del libro “ EL
CENTRO DE CONVIVENCIA FAMILIAR SUPERVISADA”, Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal,
1ª. edición, enero 2003. Los datos de 2004 en adelante fueron proporcionados por la Mtra. Ma. Angélica
Mercedes Verduzco Álvarez Icaza, Directora del Centro de Convivencia Familiar Supervisada.
23
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