Revista Arqueohispania, 0, 1999
EVOLUCIÓN DE LOS MORFOTIPOS DE CERÁMICA COMÚN
DE UN ASENTAMIENTO RURAL VISIGODO DE LA MESETA
(GÓZQUEZ DE ARRIBA, SAN MARTÍN DE LA VEGA,
MADRID)
ALFONSO VIGIL ESCALERA GUIRADO
ÁREA, Sociedad Cooperativa Arqueológica
Las excavaciones llevadas a cabo en el asentamiento rural visigodo de Gózquez (S. Martín de la Vega,
Madrid), han permitido exhumar los restos de un poblado de campesinos datable entre los siglos VI y
VIII d.n.e. Una práctica arqueológica sistemática y metodológicamente exhaustiva ha permitido afrontar por vez primera en la región el estudio de las estructuras y materiales de esta época y de este tipo
de yacimientos de una manera estratigráfica. La evolución de los morfotipos cerámicos que se expone
a continuación es definitiva (aunque el estudio del material aún no haya terminado). Su asignación
cronológica esta pendiente de los resultados de los análisis de C-14 sobre más de una docena de muestras.
The excavationes carried out in the rural visigothic site of Gózquez (S. Martín de la Vega, Madrid),
have permitted to exhume the remains of a peasant town dated between the VI and VIII centuries a.D.
An exhaustively methodological and systematic archaeological practice has permitted to face for the
first time in the region the study of the structures and material of this era and of this type of deposits in
a stratigraphical way. The evolution of the ceramic types that is exposed below is definitive (though
the study of the material yet may not have ended). Its chronological assignment might slope depending on the results of the radiocarbon analysis practised on more than a dozen samples.
PROBLEMAS DE DATACIÓN
Los primeros problemas con que cuenta el estudio del material de este periodo en la región radican en la falta de referencias factibles o fiables: dos yacimientos
con monedas de la primera mitad del siglo VIII y algunas cerámicas publicadas de
los mismos1 sin referencias demasiado explícitas a sus cualidades técnicas o de pasta.
Un breve artículo sobre los materiales aparecidos en un silo en Perales del Río (Getafe) proporciona además una datación C-14 no excesivamente fiable de finales del
siglo V2. La ausencia de materiales importados (TSA fundamentalmente) en los yacimientos de este periodo supone un serio inconveniente a la hora de establecer la
evolución general de la cerámica de esta auténtica “Edad oscura” de la meseta. Los
trabajos desarrollados sobre este periodo hacen referencia a extensos catálogos de
material de yacimientos supuestamente de estas fechas, aunque los paralelos solos,
cruzados sin anclajes a fechas cerradas o a contextos bien datados, conducen a un
callejón sin otra salida que la repetición de paralelos y cronologías difusas que a veces abarcan más de dos siglos para una mayoría de producciones3.
A la vista de todo lo anterior y sin intención de restar importancia al conjunto
de lo conseguido en los últimos años por diferentes investigadores, permitásenos
comenzar casi desde cero a la hora de valorar y enjuiciar los materiales recuperados
en el yacimiento de Gózquez4.
HIPÓTESIS DE DATACIÓN DEL YACIMIENTO
El encuadre cronológico preliminar del yacimiento y de los materiales parte
del hecho de que las estructuras asignadas a la primera implantación sobre el terreno
de los habitantes de Gózquez no presenta cerámicas clásicas (sigillatas hispánicas
tardías, grises o anaranjadas) y las estructuras en las que parece estar representado el
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material más antiguo (estratigráficamente anteriores a otras de fases posteriores del
poblado) proporcionan algunas formas de cerámica común con soleras anulares que
podrían considerarse el último vínculo del ajuar doméstico visigodo con la romanidad tardía5. La primera fase del yacimiento se caracteriza por la presencia de una
serie de fondos de cabaña de planta rectangular cuyas características resultan idénticas a las de las identificadas como grubenhaus en la bibliografía de los pueblos germanos del occidente del Imperio6. Estas estructuras, ajenas formalmente a otros tipos
de fondo de cabaña presentes en yacimientos rurales desde la Edad del Bronce hasta
época altomedieval, nos llevan a relacionar el establecimiento de Gózquez de Arriba
con el asentamiento de una serie de familias visigodas en diversos puntos del territorio del Sur de la Comunidad de Madrid7. De acuerdo con las fechas del traslado de la
corte visigoda a Toledo y con lo que pudo ser la inmigración popular en torno a la
derrota de Vouillé (517), creemos que el establecimiento de los primeros habitantes
de Gózquez hubo de producirse a muy a finales del siglo V o, más probablemente, en
las primeras décadas del siglo VI8.
PERIODIZACIÓN
Las tres fases en que se ha dividido preliminarmente el yacimiento abarcan
desde inicios del siglo VI a finales del mismo (fase I), el siglo VII (fase II) y el siglo
VIII (fase III). El abandono del poblado viene presagiado por una aparente centralización de la actividad en torno a algunas casas de planta rectangular simple con recinto poligonal a su alrededor. Los materiales recuperados en estos contextos “tardíos” presentan gran cantidad de recipientes de almacenaje y de cocina rotos in situ
(prácticamente en su totalidad realizados a torneta), un broche de cinturón liriforme y
gran cantidad de desperdicios de comida. En el momento inmediatamente anterior a
su ruina o destrucción las puertas se habían murado. Posiblemente, los habitantes
residuales del poblado se concentraron en torno a una hipotética alquería ya de tipo
musulmán (en cuanto a organización socioeconómica) radicada bajo el actual caserío
de Gózquez de Abajo, en la vega del Jarama9.
CARACTERÍSTICAS DEL MATERIAL Y METODOLOGÍA DEL INVENTARIO
Lo primero que llama la atención del relativamente importante lote de material cerámico recuperado es su falta de representatividad aparente y su penuria en
cuanto a cantidad. Los más de 150 kg. de cerámica analizada hasta el momento suponen algo menos de una tercera parte del total y representan la totalidad (sin selección de ninguna clase) del material recuperado en unas ciento veinte estructuras (entre silos, fondos de cabaña y construcciones en piedra) que ocupan alrededor de una
hectárea de extensión (una tercera parte del yacimiento excavado). Este es el primer
factor que debiera ser tenido en cuenta a la hora de valorar el material recuperado en
una excavación-tipo en asentamientos de estas características y periodo.
En segundo lugar nos referiremos a las características del inventario del material. Desde un primer momento nos pareció inútil realizar un inventario al uso con
selección de material de acuerdo a fragmentos que representaran formas y/o decoraciones, no solo porque de esa forma se quedaba sin material más de la mitad de las
estructuras excavadas, sino porque la práctica totalidad del material era cerámica
común sin otros rasgos identificadores reconocibles a excepción de su tipo de pasta y
sus aspectos técnicos (cocción y factura). Esto nos llevó a la confección de un inventario jerarquizado por grupos de pastas a través del cual intentar una sistematización
del material con criterios intrínsecos a las producciones presentes en el yacimiento10.
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Fig. 1
La jerarquía del inventario parte del hecho de que sólo una parte del material cerámico recuperado está fabricado a torno rápido (TR), siendo el resto una variedad de
facturas a torno lento o torneta, urdidas y a mano (TL). De esta forma queda dividido
en primer lugar el lote. A continuación se observó la existencia de pastas depuradas o
semidepuradas en ambos conjuntos (TR1, TR4, TL4B), fácilmente reconocibles ya
FACTURA
PASTA
TR1A-E
TR2
TR3A-C
TORNO RÁPIDO
TR4
TR5
TR6
TL1A-B
TL2A-B
TL3
TORNO LENTO
TL4A-C
TL5A-B
TL6
CARACTERÍSTICAS
Pastas depuradas o semidepuradas, paredes delgadas Ox.
Pasta magra caliza dura R/O
Pasta arenosa caliza Ox.
Pasta magra semidepurada micácea, paredes gruesas Ox
Pasta arenosa dura cuarzo redondeado grueso R.
Pasta micácea arenosa/escamosa Ox.
Pastas gruesas con mica plateada y cuarzo rojizo Ox.
Pastas arenosas medias con mica dorada abundante Ox.
Pasta arenosa/magra gruesa con escasa mica R/O
Pasta arenosa bruñida, paredes delgadas R
Pasta arenosa/magra Ox. Mano.
Pasta arenosa caliza Ox
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que se trata de formas específicas de servicios de mesa como cuencos, jarras o jarritos. El resto de las cerámicas de mesa, cocina o contenedores se dividió en tanto presentaran determinadas cualidades de la pasta o de la cocción que los hacía distinguibles: la presencia de mica dorada, plateada o biotita negra entre sus desgrasantes, y
no sólo formando parte de la arcilla empleada (ya que la presencia de arcillas micáceas es predominante). Se determinó que la mica era empleada como desgrasante si
los granos alcanzaban una cierta dimensión y cantidad. Muchas veces las pastas con
desgrasante micáceo presentan también partículas gruesas de cuarzo rojizo o esquistos como elementos claramente distinguibles. Por otra parte se distinguen con relativa facilidad las arcillas no micáceas, y, dentro de éstas, las que presentan granos de
cuarzo de tamaño medio a grueso y las que presentan desgrasantes de caliza (o calcita) de tamaño fino a medio. A través de un proceso de retroalimentación de todas
estas observaciones se distinguieron un total de seis variedades de pastas en vasos
realizados a torno alto (con seis subtipos) y siete en vasos facturados a mano o con
ayuda de la torneta (con cinco subtipos).
Fig. 2
De todas estas observaciones, a efectos de presentar un resumen de lo más
destacable de lo descubierto hasta el momento, cabe reseñar que en las estructuras
estratigráficamente más antiguas (principalmente fondos de cabaña cortados por
construcciones posteriores), correspondientes a la Fase I, se observa una proporción
similar de cerámicas facturadas a torneta y vasos a torno alto (proporción que se refiere tanto a numero como a peso de los fragmentos). Las cerámicas a torneta, por su
parte, presentan un neto predominio de una forma de ollas de borde exvasado y labio
triangular (fig. 1.1) realizadas exclusivamente con las pastas TL1A y TL1B (pastas
arenosas muy secas, con abundantes desgrasantes micáceos gruesos, cuarzo grueso
rojizo y predominio absoluto de la mica plateada sobre la dorada). La presencia de un
cuenco de sigillata africana (TSA) correspondiente a la forma Hayes 99 (variante B)
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(fig. 2.4), elemento de aparición única en todos los contextos excavados, confirmaría
una amortización de la estructura en torno a la segunda mitad o último tercio del siglo VI.
Las formas a torno alto más características de esta fase I son dos tipos de
ollas: la de borde vuelto simple redondeado con o sin cama para la tapadera y las de
borde de tendencia triangular, a veces con alguna estría o acanaladura aislada en el
hombro, paredes delgadas y fondo plano o ligeramente convexo, bien marcado respecto al galbo (fig. 1.2). Otros vasos a torno alto característicos de esta fase son los
gutus o jarros con pitorro vertedor, que presentan una gran variedad formal y estilística (fig. 1.4). Alguno presenta la decoración de una línea ondulada incisa en el hombro. Son muy frecuentes los cuencos carenados bruñidos de paredes finas y otros
realizados en pastas más gruesas de cocción oxidante y sin tratamiento superficial
(fig. 2.1), así como jarros con carena en el hombro, a veces con una banda estrecha
Fig. 3
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horizontal decorada a peine enmarcada entre dos acanaladuras o incisiones horizontales. En contextos de esta fase se ha recuparado asimismo una jarrita con dos asas de
cinta horizontales en el cuello con un tratamiento superficial de las paredes del vaso
a manera de engobe o juagete de color rojizo o bermellón11. Esta jarrita presenta una
pasta caliza y magra muy dura y casi semidepurada (TR1E) característica de esta
primera fase (fig. 2.2).
Fig. 4
La Fase II del yacimiento (representada por la mayoría de las construcciones
en piedra que se superponen a hoyos amortizados con anterioridad y a fondos de cabaña de planta ovalada asociados o no a hornos o silos) se caracteriza por una disminución importante de las ollas micáceas plateadas TL1A y TL1B y su sustitución por
la que pasa a ser la clase de pasta predominante en el yacimiento a partir de este periodo (TL2A, TL2B y TL3): se trata de una clase de vasos realizados a torno lento,
de superficies alisadas con ayuda de útiles que dejan a menudo improntas. La pasta
es arenosa fina o media, mucho mas líquida que en el caso de TL1, y con menos desgrasantes cuarcíticos, que reducen también su tamaño. La mica predominante es dorada, siempre presente con una gran heterogeneidad de tamaño. Las formas simplifican los bordes, que se hacen redondeados, con largos cuellos indistintos de los galbos
y cuerpos sinuosos alargados (fig. 3.1). Normalmente no reciben decoración, aunque
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si la llevan suele tratarse de líneas onduladas amplias que se entrecruzan, simples o a
peine (sobre todo en contenedores y cazuelas). Aparece una amplia gama de grandes
cuencos o cazuelas (fig. 3.3) y tinajas de bordes muy gruesos. Los jarros con pitorro
vertedor pasan a realizarse con torno bajo, y alternan con los jarros de boca trebolada
(fig.3.2). Las cerámicas a torno alto reducen su presencia a menos de una cuarta (o
quinta) parte sobre el total de la cerámica, siendo extremadamente difícil reconocer
en estos contextos la residualidad de materiales de la fase anterior.
Fig. 5
Los conjuntos de materiales de la Fase III se caracterizan por el absoluto predominio
de los materiales a torno lento (los materiales a torno rápido descienden por debajo
del 5-10 %)12. Los vasos a torno rápido más característicos son jarritos y botellas de
pequeño tamaño de pastas semidepuradas claras o grises13 (fig. 4.1). El morfotipo
más característico a torno lento es una olla de gran tamaño (fig. 4.2) que parece derivar de las TL2A de la fase anterior pero que se distingue por sus paredes más gruesas, su escasez de desgrasantes micáceos (aún presentes), su nervio de cocción reductor o una simple oxidación final de las piezas, lo irregular de sus paredes y su decoración de grandes ondas incisas que se entrecruzan (TL3). Las asas vuelan por encima de la línea del borde y el cuello se marca a veces respecto al galbo por una ligera
inflexión. Sus paralelos más cercanos son las cerámicas de Navalvillar (CABALLERO, 1989: fig. 9), que podrían datarse en la primera mitad del siglo VIII. En esta fase
aún predominan, de todas formas, las pastas TL2 de la fase anterior (aunque con una
composición menos micácea), y se advierte una rarificación del resto de las variedades formales. Por lo general se advierte en las formas a torno lento unas mayores
dimensiones que en las fases precedentes, como es patente también en los jarros (fig.
4.3). También es destacable la aparición de decoraciones mixtas incisa (peinada ondulada) e impresa (círculos) (fig. 4.4).
La comparación de la periodización del yacimiento visigodo de Gózquez de
Arriba con la del poblado de La Indiana, en Pinto, presentan un elemento destacable:
mientras que en Gózquez la Fase III es la última representada en el yacimiento, en
Pinto aparece una fase más, en la que aparecen ya con cierta asiduidad los vasos a
torno alto de pastas pajizas con galbos estriados (fig. 5.3-4), la prolongación de las
piezas con pastas TL2 y TL3 con engobes a la almagra y determinadas jarritas y jarritos con decoración pintada bien en rojo a trazos verticales (fig. 5.5), bien en ocres
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anaranjados sobre engobes rojizos (fig. 5.1). Estas últimas formas citadas presentan
carenas marcadas y fueron sistematizadas en la publicación de los materiales del castillo de Torete (Guadalajara) como vasos característicos de la población beréber
(RETUERCE, 1984). Las cerámicas de cocina presentan ocasionalmente carenas en
el hombro o cuello que podrían augurar la forma clásica de la olla con escotadura en
el hombro (fig. 5.2). La datación de estos materiales de la Fase IV representada en el
yacimiento de La Indiana, aún de manera provisional, podría situarse en el siglo IX y
marca el paso del material de tradición postvisigoda al repertorio paleoislámico que
no parece estar aún formado completamente hasta entrado el siglo X.
BIBLIOGRAFÍA
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(http://intarch.ac.uk/journal/issue3/snyder/part1.html)
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habitación y de uso hidráulico de una comunidad campesina (siglos VI-X d.n.e.)", XXIV
Congreso Nacional de Arqueología (Cartagena, 28-31 oct. 1997), p. 314 (resúmenes de
comunicaciones).
VIGIL-ESCALERA GUIRADO, A. e.p. 'La Indiana', Pinto (Madrid): estructuras de
habitación y de uso hidráulico de una comunidad campesina (siglos VI-X d.n.e.), XXIV
Congreso Nacional de Arqueología (Cartagena, 1998).
Revista Arqueohispania, 0, 1999
1
Se trata de los yacimientos de Boadilla del Monte (Madrid), con un triente del correinado EgicaVitiza datada en torno al año 700, y de Navalvillar (Colmenar Viejo, Madrid), con una moneda de
Sulayman datable en 715-716. Los conjuntos cerámicos de ambos sitios los conocemos gracias a la
labor investigadora de D. Luis Caballero (CABALLERO, 1989: 82) y a la amabilidad de Dña. Asunción Martín Bañón, directora de las excavaciones de Boadilla, quien nos ha facilitado los datos y los
dibujos del material cerámico.
2
QUERO, S. y MARTÍN, A. 1987: 372.
3
Sin ánimo de ser exhaustivos, véanse los trabajos conjuntos publicados con ocasión de los coloquios
sobre La cerámica medieval del Mediteráno occidental (C.E.V.P.P., 1991) o el editado en el Boletín
de Arqueología Medieval del año 1989.
4
El yacimiento ha sido excavado gracias a la financiación de ARPEGIO y con la supervisión del
cuerpo técnico del Servicio de Arqueología de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad
de Madrid.
5
Dejamos aparte de momento las imitaciones de cerámicas clásicas, grupo sobre el que se cierne una
profusa controversia a partir de las excavaciones de La Morería (Mérida) y otras, con interpretaciones
muy contrastadas a las expuestas por Juan en una reciente síntesis (JUAN: 1997).
6
DONAT, 1980; SNYDER, 1998: 2. La discusión sobre el tema de la etnicidad derivada de este tipo
de fondos de cabaña se tratará exhaustivamente en un trabajo de próxima aparición, y ya ha sido presentado de manera preliminar en VIGIL-ESCALERA, 1998.
7
Se ha excavado en un poblado de similares características en la periferia de Pinto, y parece haber
habido otros asentamientos similares en Perales del Río, Torrejón de Velasco o Carabaña.
8
Otra posibilidad de datación inicial radicaría en vincular el establecimiento de estas comunidades al
asentamiento de tropas en tierras fiscales (para la defensa por el Norte de la capital toledana, a lo largo
de la vía que viene de Zaragoza) como aconteció en el entorno de Mérida durante el último cuarto del
siglo V (GARCÍA MORENO, 1987: 334).
9
El caserío de Gózquez está documentado al menos desde la fecha del Fuero de Madrid (1202). La
localización de Gózquez de Abajo, sobre terrenos de Vega, parece la más idónea para hipotética ubicación de la alquería de época islámica.
10
La sorpresa ha sido que los grupos de pastas descritos en el inventario al final no resultan válidos
exclusivamente para este yacimiento, sino que son aplicables al menos al sitio de La Indiana (Pinto,
Madrid), al que nos referiremos de ahora en adelante para interpolar observaciones cronológicas y
paralelismos estructurales.
11
Este tratamiento es completamente diferente al observado en cerámicas a torno lento de pastas blandas ocre-rojizas de la fase paleoislámica del yacimiento de La Indiana, en el que casi se podría hablar
de tratamiento de paredes con una almagra poco adherente, de tonalidad rojiza oscura.
12
El porcentaje en que están representadas las cerámicas a mano o torneta supera incluso las ofrecidas
por el nivel II de la rábita de Guardamar del Segura, datado antes del 944 (GUTIÉRREZ LLORET,
1989: 110-1, en AZUAR (coord.), 1989.
13
Formas similares datadas en el siglo VII en GISBERT, 1986: 207-13.
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