DIPLOMADO/ESPECIALIDAD/MÁSTER EN ESTUDIOS
DE LA INTEGRACIÓN EUROPEA 2008
Lectura correspondiente al Módulo IV “Mercado Interior Europeo”
El Poder Judicial Europeo
La Unión Europea
Sus miembros
Veintisiete Estados democráticos —cerca de 500 millones de ciudadanos— unidos
voluntariamente en un proyecto de unificación política para responder en común a los
grandes desafíos de nuestra época.
Sus objetivos

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



Promover la unidad de Europa.
Mejorar las condiciones de vida y trabajo de sus ciudadanos.
Fomentar el desarrollo económico, el comercio equilibrado y la libre competencia.
Reducir las desigualdades económicas entre las regiones.
Ayudar a los países en vías de desarrollo.
Garantizar la paz y la libertad.
Sus medios



La legislación comunitaria, aplicable de manera uniforme en los ahora veintisiete
países miembros.
El presupuesto, financiado por recursos propios de la Comunidad.
El personal administrativo y técnico al servicio de las Instituciones comunitarias.
Sus Instituciones y órganos

El Parlamento Europeo, elegido por sufragio universal directo, es el representante
de los ciudadanos de la Comunidad. Participa en el proceso legislativo y en la
elaboración del presupuesto, y ejerce un poder de control limitado, pero creciente.
Cuenta actualmente con 785 eurodiputados, de diversas fuerzas políticas.

El Consejo de Ministros, compuesto por veintisiete miembros (un Ministro por
Gobierno), adopta decisiones y aprueba la legislación comunitaria. Su composición
varía en función de la materia de que se trate (Ministros de Asuntos Exteriores, de
Agricultura, de Transportes, de Hacienda, etc.).

La Comisión, que cuenta con veintisiete miembros independientes, propone la
legislación comunitaria, vela por que se respeten la legislación y los Tratados y
ejecuta las políticas comunes.

El Tribunal de Justicia, establecido en Luxemburgo desde su creación, garantiza,
conjuntamente con el Tribunal de Primera Instancia, el respeto del Derecho en el
proceso de integración comunitaria.

El Tribunal de Cuentas, por su parte, controla la ejecución del presupuesto de la
Comunidad.

Paralelamente a estas Instituciones, el Comité Económico y Social, órgano de
carácter consultivo, asocia al proceso de elaboración de la legislación comunitaria a
los representantes de los sindicatos y de los grupos socioprofesionales.

Otro órgano auxiliar del Consejo y de la Comisión, el Comité de las Regiones,
representa a los entes regionales y locales dentro del sistema institucional
comunitario y ejerce funciones consultivas.
2

Por último, el Banco Europeo de Inversiones tiene como misión contribuir
financieramente al desarrollo equilibrado de la Comunidad.
Las Instituciones de la Comunidad Europea
27 Jueces 8 Abogados Generales
Tribunal de Justicia
27 Jueces
Tribunal de Primera Instancia
27
27
Comisión Europea
Consejo de Ministros
785
Parlamento Europeo
344
27
Comité Económico y Social
Tribunal de Cuentas
Comité de las Regiones
Un Tribunal para Europa
La mayor novedad que ha supuesto la Unión Europea con relación a los anteriores
proyectos de unificación de Europa reside en el hecho de que la Unión, para lograr
este objetivo, emplea exclusivamente el poder del Derecho.
Conscientes de que sólo una unificación defendida y realizada por medio del
Derecho tenía posibilidades de durar, los seis Estados fundadores quisieron
consagrar el nacimiento de las Comunidades Europeas sobre una base jurídica:
los Tratados de París y de Roma.
Ahora bien, la Unión no ha sido sólo una construcción jurídica, sino que persigue
sus objetivos utilizando exclusivamente un nuevo Derecho, llamado Derecho
comunitario, que se caracteriza por ser un Derecho autónomo, uniforme para
todos los países miembros, distinto del Derecho nacional, a la vez que superior a
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éste, y cuyas disposiciones son en gran parte directamente aplicables en todos los
Estados miembros.
Como todo auténtico ordenamiento jurídico, el de la Unión debía contar con un
sistema eficaz de protección jurisdiccional para los casos en que se impugna el
Derecho comunitario o para aquellos en los que resulta necesario asegurar su
aplicación.
El Tribunal de Justicia, en su condición de Institución jurisdiccional de la
Comunidad, constituye el eje de este dispositivo de protección. A los Jueces les
incumbe la tarea de evitar que cada uno interprete y aplique este Derecho a su
propia manera, de garantizar que la ley común mantenga su carácter y su
naturaleza comunitarios, de asegurar que siga siendo la misma para todos y en
todas las circunstancias.
Con este fin, el Tribunal de Justicia es competente para conocer de litigios en los
que pueden ser partes los Estados miembros, las Instituciones comunitarias, las
empresas y los particulares.
Evolución del Tribunal de Justicia
Desde que su creación en 1952 y hasta hoy, se han promovido ante el Tribunal de
Justicia más de 8.600 asuntos. La cifra de 200 asuntos nuevos por año se alcanzó
ya en 1978, y en 1985 se superó la cifra de 400 asuntos por año.
Para hacer frente a esta afluencia, respetando al mismo tiempo unos plazos
procedimentales razonables, el Tribunal de Justicia adaptó su Reglamento de
Procedimiento con el fin de poder tratar los asuntos con más rapidez y pidió al
Consejo la creación de un nuevo órgano jurisdiccional.
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Creación del Tribunal de Primera Instancia
En respuesta a esta petición, el Consejo agregó al Tribunal de Justicia un Tribunal
de Primera Instancia.
La creación del Tribunal de Primera Instancia en 1989 tenía como objetivo mejorar
la protección judicial de los justiciables, mediante el establecimiento de un doble
grado de órganos jurisdiccionales y permitir al Tribunal de Justicia concentrarse en
su labor esencial: la interpretación uniforme del Derecho Comunitario.
Composición y organización
El Tribunal de Justicia está compuesto por veintisiete Jueces y ocho Abogados
Generales. Los Jueces y los Abogados Generales son designados de común
acuerdo por los Gobiernos de los Estados miembros por un período de seis años
renovable. Se eligen entre juristas que ofrezcan absolutas garantías de
independencia y que reúnan las condiciones requeridas para el ejercicio, en sus
países respectivos, de las más altas funciones jurisdiccionales o que sean
jurisconsultos de reconocida competencia.
Los Jueces del Tribunal de Justicia eligen de entre ellos al Presidente del Tribunal
de Justicia por un período de tres años renovable. El Presidente dirige los trabajos
y servicios del Tribunal y preside las vistas y deliberaciones.
Los Abogados Generales asisten al Tribunal y le ayudan a cumplir su misión.
Están encargados de presentar públicamente, con toda imparcialidad e
independencia, conclusiones sobre los asuntos promovidos ante el Tribunal de
Justicia. Su función no debe confundirse con la de un Fiscal u otro órgano
equivalente. Este papel lo asume la Comisión, en su condición de defensora del
interés comunitario.
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Los miembros del Tribunal de Primera Instancia
El Tribunal de Justicia está compuesto por veintisiete Jueces y ocho Abogados
Generales.
Los Jueces y los Abogados Generales son designados de común acuerdo por los
Gobiernos de los Estados miembros por un período de seis años renovable. Se
eligen entre juristas que ofrezcan absolutas garantías de independencia y que
reúnan las condiciones requeridas para el ejercicio, en sus países respectivos, de
las más altas funciones jurisdiccionales o que sean jurisconsultos de reconocida
competencia.
Los Jueces del Tribunal de Justicia eligen de entre ellos al Presidente del Tribunal
de Justicia por un período de tres años renovable. El Presidente dirige los trabajos
y servicios del Tribunal y preside las vistas y deliberaciones.
Los Abogados Generales asisten al Tribunal y le ayudan a cumplir su misión.
Están encargados de presentar públicamente, con toda imparcialidad e
independencia, conclusiones sobre los asuntos promovidos ante el Tribunal de
Justicia. Su función no debe confundirse con la de un Fiscal u otro órgano
equivalente. Este papel lo asume la Comisión, en su condición de defensora del
interés comunitario.
Los miembros del Tribunal de Justicia
El Tribunal de Primera Instancia está compuesto por veintisiete Jueces,
nombrados de común acuerdo por los Gobiernos de los Estados miembros por un
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período de seis años renovable. Los miembros del Tribunal de Primera Instancia
eligen de entre ellos a su Presidente.
No existen Abogados Generales permanentes, y las funciones de éstos las
desempeñan, en un número limitado de asuntos, los propios Jueces.
Sesiones plenarias y Salas
El Tribunal de Justicia puede reunirse en sesión plenaria o en Salas de tres o
cinco Jueces. Se reúne en sesión plenaria cuando así lo solicita un Estado
miembro o una Institución que sea parte en el procedimiento, así como para los
asuntos particularmente complejos o importantes. El resto de los asuntos se
examinan en Salas.
El Tribunal de Primera Instancia se reúne en Salas de tres o cinco Jueces. Puede
también reunirse en sesión plenaria para ciertos asuntos particularmente
importantes.
Las Secretarías y la Administración
El Secretario es designado por el Tribunal de Justicia por un período de seis años.
Asume las mismas funciones judiciales que los Secretarios de los órganos
jurisdiccionales nacionales, pero es también el Secretario general de la Institución.
Como Institución independiente y autónoma, el Tribunal de Justicia dispone,
además de la Secretaría, de una infraestructura propia, que incluye un importante
Servicio Lingüístico, puesto que debe ejercer su misión utilizando todas las
lenguas oficiales de la Comunidad.
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El Tribunal de Primera Instancia nombra a su propio Secretario; para su
infraestructura administrativa, el Tribunal de Primera Instancia se apoya en los
Servicios del Tribunal de Justicia.
Las competencias
El Tribunal de Justicia tiene como misión garantizar el respeto del Derecho en la
aplicación e interpretación de los Tratados constitutivos de las Comunidades
Europeas así como de las disposiciones adoptadas por las Instituciones
comunitarias competentes.
Para llevar a cabo esta tarea se han atribuido al Tribunal de Justicia, entre otras,
unas amplias competencias jurisdiccionales, que ejerce en el marco de las
distintas categorías de recursos o del procedimiento prejudicial.
Las diversas clases de recursos

El recurso por incumplimiento
Permite al Tribunal de Justicia controlar cómo respetan los Estados
miembros las obligaciones que les incumben, en virtud del Derecho
comunitario. Este procedimiento puede iniciarlo, bien la Comisión —es el
caso más frecuente en la práctica— o bien un Estado miembro. Si el
Tribunal de Justicia declara que se ha producido incumplimiento, el Estado
de que se trate está obligado a adoptar sin demora las medidas necesarias
para poner fin al incumplimiento.
Si después de serle sometido de nuevo el asunto por la Comisión el
Tribunal de Justicia reconociese que el Estado miembro de que se trate no
ha cumplido su sentencia, podrá imponerle el pago de una cantidad a tanto
alzado o de una multa coercitiva.
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
El recurso de anulación
Permite a los Estados miembros, al Consejo, a la Comisión y, bajo ciertas
condiciones, al Parlamento, solicitar la anulación, total o parcial, de
disposiciones comunitarias, y a los particulares solicitar la anulación de los
actos jurídicos que los afecten directa e individualmente.
De este modo, el Tribunal de Justicia tiene la oportunidad de controlar la
legalidad de los actos de las Instituciones comunitarias. Si el recurso es
fundado, el Tribunal de Justicia declara nulo y sin valor ni efecto alguno el
acto impugnado.

El recurso por omisión
Permite al Tribunal de Justicia controlar la legalidad de la falta de actuación
de las Instituciones comunitarias y sancionar su silencio o su pasividad.

La acción de indemnización
La acción de indemnización, basada en la responsabilidad extracontractual,
permite al Tribunal de Justicia determinar la responsabilidad de la Unión por
los daños causados por sus Instituciones o sus agentes en el ejercicio de
sus funciones.

Los recursos de casación
Por último, pueden interponerse ante el Tribunal de Justicia recursos de
casación limitados a las cuestiones de Derecho contra las sentencias del
9
Tribunal de Primera Instancia en los asuntos que son competencia de este
último.

Las cuestiones prejudiciales
El Tribunal de Justicia ejerce igualmente sus competencias mediante otro
procedimiento de gran importancia.
En efecto, si bien el Tribunal de Justicia es, por su propia naturaleza, el
defensor supremo de la legalidad comunitaria, no es sin embargo el único
órgano jurisdiccional competente para aplicar el Derecho comunitario.
Los Tribunales de cada uno de los Estados miembros son también, por su
parte, órganos jurisdiccionales comunitarios, en la medida en que:

Queda sometida a su control la ejecución administrativa del Derecho
comunitario, que se halla confiada en lo esencial a los órganos
administrativos de los Estados miembros.

Un gran número de disposiciones de los Tratados y del Derecho
derivado (reglamentos, directivas, decisiones) crean directamente
derechos individuales en favor de los nacionales de los Estados
miembros, que ellos tienen la obligación de garantizar.
Para asegurar la aplicación efectiva de la legislación comunitaria y evitar
que las diferencias entre las reglas de interpretación que aplican los
diferentes Tribunales nacionales puedan conducir a una interpretación
divergente del Derecho comunitario, los Tratados han establecido el
procedimiento de las cuestiones prejudiciales que, sin crear vínculos
jerárquicos, ha institucionalizado una fructífera cooperación entre el
Tribunal de Justicia y los órganos jurisdiccionales nacionales.
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Así, en los asuntos en que se pone en tela de juicio el Derecho comunitario,
los Jueces nacionales, en caso de duda sobre la interpretación o la validez
de este Derecho, pueden, y a veces deben, dirigirse al Tribunal de Justicia
para formularle cuestiones usando el procedimiento prejudicial.
Este sistema, cuyas ventajas demuestra ampliamente el gran número de
cuestiones prejudiciales formuladas desde la creación del Tribunal de
Justicia, garantiza una interpretación uniforme y una aplicación homogénea
del Derecho comunitario en el conjunto de la Comunidad.
Este procedimiento, al proporcionar una cooperación permanente entre los
órganos jurisdiccionales nacionales y el Tribunal de Justicia, subraya con
precisión el hecho de que los órganos jurisdiccionales nacionales son
igualmente garantes del Derecho comunitario.
También en este marco de las cuestiones prejudiciales, cualquier
ciudadano europeo puede contribuir a que se precisen las normas
comunitarias que le afectan.
Aunque este procedimiento sólo puede iniciarlo un órgano jurisdiccional
nacional, único competente para pronunciarse sobre la pertinencia, todas
las partes litigantes pueden participar en el procedimiento iniciado ante el
Tribunal de Justicia.
Por último, no se debe olvidar que varios de los principios del Derecho
comunitario más importantes se establecieron a partir de cuestiones
prejudiciales, a veces planteadas por Jueces cuyas decisiones eran
susceptibles de ulterior recurso judicial de Derecho interno.
Efectos de la sentencia dictada por el Tribunal de Justicia en respuesta a
una petición de decisión prejudicial
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El Tribunal de Justicia resuelve conforme a Derecho; esto quiere decir que
el Tribunal precisa cuál es el estado de la cuestión en Derecho comunitario.
El órgano jurisdiccional nacional al que va destinada la decisión deberá
aplicar al litigio que tiene que resolver el Derecho tal como lo interpretó el
Tribunal de Justicia, sin modificarlo ni deformarlo.
Igualmente, la sentencia en la que el Tribunal de Justicia interpreta el
Derecho comunitario puede servir de guía a otros órganos jurisdiccionales
nacionales a los que se someta un problema materialmente idéntico al que
ya fue objeto de una decisión prejudicial.
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Composición y competencia
Tribunal de Justicia
8 Abogados
Generales
Primer Abogado General
27 Jueces
Presidente
Los Gobiernos
de los Estados
miembros
nombran de
común acuerdo
(6 Salas de 3 ó 5 Jueces)





Recursos por incumplimiento (Comisión contra un
Estado miembro, o Estado miembro contra otro Estado
miembro)
Recursos de anulación (control de la legalidad de los
actos comunitarios)
Recursos por omisión (contra Parlamento, Consejo o
Comisión)
Acción en responsabilidad (contra las Instituciones
comunitarias o sus agentes)
Procedimiento prejudicial sobre la interpretación y la
validez del Derecho comunitario (previa remisión de los
órganos jurisdiccionales nacionales) Recursos de
casación contra las sentencias del Tribunal de Primera
Instancia.
Tribunal de Primera Instancia
27 Jueces
Presidente
(5 Salas de 3 ó 5 Jueces)



a los 27 Jueces
y a los 8
Abogados
Generales por
un período de 6
años
Los Gobiernos de
los Estados
miembros
nombran de
común acuerdo a
los 27 Jueces por
un período de 6
años
Todos los recursos de anulación, omisión e indemnización
interpuestos contra la Comunidad por personas físicas o
jurídicas
Procedimientos en materia de Derecho de competencia y
asuntos CECA
Litigios entre la Comunidad y sus funcionarios y agentes
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El procedimiento
El procedimiento ante el Tribunal de Justicia está inspirado en el que se sigue ante
los órganos jurisdiccionales nacionales. Sea cual sea la naturaleza del asunto, el
procedimiento consta de una fase escrita y casi siempre de una fase oral, que se
desarrolla en audiencia pública.
Sin embargo, es preciso distinguir entre, por un lado, el procedimiento de los
recursos directos y, por otro, el de las cuestiones prejudiciales.
El procedimiento de los recursos directos
Iniciación
El procedimiento ante el Tribunal de Justicia debe iniciarse mediante escrito de
recurso dirigido a su Secretaría.
Tan pronto como se recibe, el recurso se inscribe en el Registro. El Secretario se
encarga de que en el Diario Oficial de las Comunidades Europeas se publique un
anuncio sobre el recurso, indicando los motivos y las pretensiones del
demandante. Se designa entonces a un Juez Ponente y a un Abogado General
para seguir de cerca el desarrollo del asunto. Al mismo tiempo se notifica el
recurso a la parte contraria, que dispone de un mes para presentar el escrito de
contestación. El demandante tiene derecho a presentar una réplica y el
demandado una dúplica, disponiendo en cada caso de un plazo de un mes. Los
plazos de presentación de estos documentos deben respetarse estrictamente,
salvo autorización expresa del Presidente.
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Instrucción e informe para la vista
Una vez concluida la fase escrita del procedimiento, se decide, basándose en el
informe del Juez Ponente y después de oído el Abogado General, si el asunto
requiere diligencias de prueba y si debe ser examinado por el Tribunal en Pleno o
por una Sala. Tras la presentación del último escrito de las partes o, si se
practicaron pruebas, una vez finalizada su práctica, el Presidente fija la fecha de la
vista pública. El Juez Ponente resume, en un informe para la vista, los hechos que
se alegan y la argumentación desarrollada por las partes y, en su caso, por los
coadyuvantes. Este informe se hace público en la lengua de procedimiento
durante la vista.
Vista pública y conclusiones del Abogado General
El asunto se debate entonces en una vista pública ante los Jueces y el Abogado
General encargado de seguirlo. Estos pueden formular a las partes las preguntas
que estimen oportunas.
Algunas semanas más tarde, y de nuevo en vista pública, el Abogado General
presenta sus conclusiones ante el Tribunal de Justicia. En ellas analiza en detalle
los antecedentes de hecho y sobre todo los aspectos jurídicos del litigio, y propone
al Tribunal de Justicia la solución que él considera que debe darse al problema.
Así finaliza la fase oral del procedimiento.
Deliberación y sentencia
A continuación, los Jueces, y sólo ellos, deliberan sobre la base de un proyecto de
sentencia elaborado por el Juez Ponente. Cualquier Juez puede proponer
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modificaciones. Una vez adoptado el texto definitivo, la sentencia se pronuncia en
audiencia pública.
El procedimiento prejudicial
El órgano jurisdiccional nacional plantea unas cuestiones relativas a la
interpretación o a la validez de una disposición comunitaria, generalmente en
forma de resolución judicial adaptada a las normas procesales nacionales.
Después de que se ha traducido la petición a todas las lenguas comunitarias, el
Secretario la notifica a las partes litigantes en el procedimiento original, pero
también a los Estados miembros, a la Comisión y, en su caso, al Consejo. Dispone
también que en el Diario Oficial se publique un anuncio en el que se indiquen las
partes del litigio y el contenido de las cuestiones.
Las partes, los Estados miembros y las Instituciones comunitarias disponen de dos
meses para presentar al Tribunal de Justicia sus observaciones escritas. La
continuación del procedimiento es idéntica a la de los recursos directos. Todos
aquellos con derecho a presentar observaciones escritas pueden exponer
verbalmente su opinión durante la vista. Después de la presentación de las
conclusiones del Abogado General y una vez que ha tenido lugar la deliberación
de los Jueces, se pronuncia la sentencia en audiencia pública y el Secretario la
comunica al órgano jurisdiccional nacional de que se trate.
Las sentencias
Las sentencias del Tribunal de Justicia se adoptan por mayoría. Como no se
expresan los votos particulares, las firman todos los Jueces que participaron en las
deliberaciones y se pronuncian en audiencia pública.
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Las sentencias y las conclusiones de los Abogados Generales se publican en la
Recopilación de la Jurisprudencia del Tribunal de Justicia y del Tribunal de
Primera Instancia en todas las lenguas oficiales de la Comunidad.
La lengua de procedimiento
La lengua de procedimiento puede ser una de las veintitrés lenguas oficiales de la
Comunidad, a las que se añade el irlandés. En principio la elige el demandante.
Cuando el demandado es un Estado miembro o una persona física o jurídica
nacional de un Estado miembro, la lengua de procedimiento será la lengua oficial
de dicho Estado miembro. Si este último reconoce varias lenguas oficiales, el
demandante tiene la facultad de elegir la que le convenga.
En las cuestiones prejudiciales, la lengua de procedimiento es la del órgano
jurisdiccional nacional que plantea la cuestión al Tribunal de Justicia.
El beneficio de justicia gratuita
Si una parte carece de medios suficientes para hacer frente en todo o en parte a
los gastos del proceso, puede solicitar el beneficio de justicia gratuita. La solicitud
debe ir acompañada de los documentos que prueben que el solicitante carece de
medios. La Sala a la que pertenezca el Juez Ponente decide si se concede o se
deniega dicho beneficio.
El procedimiento ante el Tribunal de Primera Instancia
El procedimiento ante el Tribunal de Primera Instancia consta de dos fases
sucesivas, una escrita y otra oral, y en lo esencial sus principios son semejantes a
los de los recursos directos ante el Tribunal de Justicia. Sin embargo, la estructura
y las competencias particulares del Tribunal de Primera Instancia, así como su
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función específica de órgano jurisdiccional de primera instancia, han exigido cierto
número de adaptaciones, especialmente en el ámbito de la práctica de pruebas.
Esquema de un procedimiento ante el Tribunal de
Justicia
Fase escrita del procedimiento
Recursos directos y
de casación
Cuestiones prejudiciales
Resolución del órgano jurisdiccional
Recurso escrito
nacional
Traducción de la petición de decisión
Notificación del
prejudicial a todas las lenguas oficiales
recurso al
comunitarias y notificación a las partes, a los
demandado
Estados miembros y a las Instituciones
comunitarias
Publicación del
anuncio del recurso
en el Diario Oficial
Escrito de
contestación
Publicación del anuncio de la petición de
decisión prejudicial en el Diario Oficial
Observaciones escritas de las partes, de los
Estados miembros y de las Instituciones
comunitarias
Réplica
Dúplica
Fase oral del procedimiento
Vista
Conclusiones del Abogado General
Deliberaciones del Tribunal
Pronunciamiento de la sentencia
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La jurisprudencia del Tribunal de Justicia y la vida del
ciudadano europeo
El Tribunal de Justicia ocupa un lugar esencial en el sistema institucional creado
por los Tratados.
En particular, se encarga de mantener el equilibrio entre las atribuciones
respectivas de las Instituciones de la Comunidad, por una parte, y entre las
competencias transferidas a la Comunidad y las que permanecen en la esfera de
los Estados miembros, por otra. En el ejercicio de su control jurisdiccional, el
Tribunal de Justicia ha de resolver frecuentemente cuestiones de naturaleza
constitucional o de gran importancia económica.
Así, al declarar en una sentencia relativa a los transportes por carretera ( AETR,
1971) que los Estados miembros ya no podían contraer con Estados terceros
obligaciones que afectaran a las normas comunes, el Tribunal de Justicia
estableció que el principio de las competencias comunitarias en el ámbito de las
relaciones exteriores debe ser interpretado de manera evolutiva.
Por otra parte, el Tribunal de Justicia hubo de reconocer, en la medida en que se
atribuyeron nuevas competencias al Parlamento Europeo y antes de que el
Tratado de Maastricht lo previera expresamente, que determinados actos del
Parlamento podían ser objeto de recurso ante el propio Tribunal o, a la inversa,
que el Parlamento podía impugnar los actos de las demás Instituciones cuando
pusieran en entredicho el equilibrio interinstitucional (sentencia Tchernobyl, 1990).
El Tribunal de Justicia ha contribuido también de forma decisiva a la definición de
la Comunidad Europea como una Comunidad de Derecho, estableciendo dos
reglas esenciales que son:
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
El efecto directo del Derecho comunitario en los Estados miembros, y

La primacía de la norma comunitaria sobre la norma nacional.
Conforme a esta jurisprudencia, cuyos principales hitos son las sentencias Van
Gend & Loos (1963), Costa/ENEL (1964) y Simmenthal (1978), los ciudadanos
europeos pueden actualmente invocar ante sus órganos jurisdiccionales
nacionales las disposiciones de los Tratados, Reglamentos y Directivas
comunitarios y solicitar, por ejemplo, que no se les aplique una norma nacional
contraria a la legislación comunitaria. Así, sobre la base de estos dos principios, la
jurisprudencia del Tribunal de Justicia ha convertido el Derecho comunitario en
una realidad para los ciudadanos europeos.
El Tribunal de Justicia ha tenido que precisar las obligaciones de los Estados
miembros en materia de libre circulación de mercancías y de instauración de un
mercado común, velando principalmente por la abolición de las barreras que
protegen los mercados y las empresas nacionales y, en general, de cualquier
obstáculo a los intercambios entre Estados miembros. De esta forma, desde la
sentencia Cassis de Dijon (1979), puede ofrecerse a los consumidores europeos,
en su propio país, cualquier producto alimenticio procedente de un Estado de la
Comunidad, con tal de que haya sido legalmente fabricado y comercializado en
dicho Estado y siempre y cuando no se opongan a su importación en el Estado de
consumo razones serias relativas, por ejemplo, a la protección de la salud y del
medio ambiente.
Posteriormente, el Tribunal de Justicia estimó, en un asunto relativo a Irlanda
(1982), que las medidas carentes de efecto obligatorio, como por ejemplo las
medidas de promoción comercial, adoptadas por un Estado miembro pueden
influir, no obstante, en el comportamiento de los comerciantes y de los
consumidores y, de esta forma, entorpecer la consecución de los objetivos del
Tratado.
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En un asunto más reciente, el Tribunal de Justicia ha condenado a la República
Francesa (1997) por no haber adoptado las medidas necesarias para impedir que
algunos agricultores franceses obstaculizaran el libre paso por el territorio francés
de productos agrícolas procedentes de otros Estados miembros.
Por otra parte, en un asunto que afecta directamente a la salud de los ciudadanos,
el Tribunal de Justicia ha afirmado que una normativa nacional que conduce a
denegar a un asegurado el reembolso del coste de unas gafas por haberlas
comprado en otro Estado miembro constituye un obstáculo injustificado a la libre
circulación de mercancías (Decker, 1998).
Por ser un factor esencial del establecimiento no sólo de un mercado común, sino
también de una unión más estrecha entre los pueblos europeos, el Tribunal de
Justicia ha favorecido igualmente la libre circulación de personas.
Víctima en ocasiones de discriminaciones directas o indirectas, el trabajador
europeo que decide instalarse en otro Estado de la Comunidad disfruta
actualmente, por lo que respecta a todas sus condiciones de empleo o de trabajo,
de los mismos derechos y ventajas reconocidos a los trabajadores nacionales.
En este contexto, el Tribunal de Justicia ha reconocido que una prestación social
que garantiza, de forma general, unos medios de subsistencia mínimos o un
subsidio especial de vejez que asegura unos ingresos mínimos a las personas de
edad avanzada constituyen ventajas sociales a las que tienen derecho los
trabajadores migrantes en las mismas condiciones que los trabajadores
nacionales.
Igualmente, el Tribunal de Justicia ha precisado en varias sentencias el alcance
del derecho del cónyuge y los hijos de un trabajador migrante a instalarse con él;
en particular, ha destacado que estos últimos no sólo deben ser admitidos en los
cursos de enseñanza general y de formación profesional, sino también contar con
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las mismas medidas de apoyo que los hijos de los ciudadanos del Estado de
residencia, tales como préstamos sin interés, becas de estudios y ventajas para la
reinserción social de los minusválidos.
En este marco, las condiciones de acceso a la formación profesional están
incluidas también en el ámbito de aplicación del Tratado: en la sentencia Gravier
(1985), el Tribunal de Justicia consideró que una estudiante francesa, que quería
estudiar el arte del cómic en Bélgica, no tenía que pagar derechos de inscripción
superiores a los aplicados a los estudiantes belgas.
Más recientemente, en la sentencia Bosman (1995), el Tribunal de Justicia se ha
pronunciado sobre la compatibilidad con el principio de la libre circulación de
trabajadores de los reglamentos de las federaciones de fútbol. Reproduciendo una
jurisprudencia reiterada, el Tribunal de Justicia ha mantenido que el ejercicio de
los deportes a nivel profesional constituye una actividad económica cuyo ejercicio
no puede quedar limitado por las normas relativas a las transferencias de
jugadores ni -con ocasión de los partidos entre clubes- por las limitaciones del
número de jugadores nacionales de otros Estados miembros.
También se han planteado ante el Tribunal de Justicia importantes asuntos en los
ámbitos de la libre prestación de servicios y de la libertad de establecimiento.
Conforme al Tratado de Roma, todas las restricciones al ejercicio de estas
libertades habrían debido quedar suprimidas a finales de los años sesenta. Pues
bien, las medidas necesarias no siempre se habían adoptado dentro del plazo
señalado. En tales circunstancias, el Tribunal de Justicia facilitó la aplicación de
dichas libertades declarando en sus sentencias Van Binsbergen (1974) y Reyners
(1974), entre otras, que las correspondientes disposiciones del Tratado tenían
efecto directo y podían, por lo tanto, invocarse ante los órganos jurisdiccionales
nacionales.
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En una sentencia de 1989, Cowan, se reconoció -en su condición de destinatario
de una prestación de servicios- a un turista británico, víctima de una agresión y
gravemente herido en el metro de París, el derecho a la misma indemnización que
un nacional francés.
El Tribunal de Justicia ha tenido que pronunciarse igualmente sobre las normas
generales aplicables en materia de libre competencia. Así, por ejemplo, la
desregulación de los transportes aéreos se vio facilitada por la sentencia
Nouvelles Frontières (1986), en la que el Tribunal de Justicia afirmó que las
normas sobre la competencia que figuran en los Tratados se aplican a los
transportes aéreos.
El Tribunal de Justicia ha tenido también ocasión de destacar la importancia de la
protección del medio ambiente. Así, ha señalado que se trata de uno de los
objetivos esenciales de la Comunidad, que puede justificar, en cuanto tal, ciertas
limitaciones al principio de la libre circulación de mercancías. El Tribunal de
Justicia admitió por ejemplo, en 1988, la legalidad de la obligación impuesta por
Dinamarca a los distribuidores de cervezas y bebidas refrescantes de establecer
un sistema de depósito y devolución de los envases vacíos, a pesar de sus
efectos sobre los intercambios entre Estados.
Finalmente, es necesario destacar el importante lugar que ocupan los principios
fundamentales de protección de la persona en la jurisprudencia del Tribunal de
Justicia.
Desde las sentencias Stauder (1969) e Internationale Handelsgesellschaft (1970),
el Tribunal de Justicia se ha preocupado constantemente por salvaguardar los
derechos fundamentales de la persona, declarando que éstos constituyen
principios generales del Derecho que el Tribunal de Justicia aplica en el marco del
Derecho comunitario.
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Otro problema examinado por el Tribunal de Justicia en numerosos asuntos
prejudiciales es el de la igualdad de retribución entre hombres y mujeres.
Puesto que el Tratado de Roma contiene una disposición precisa sobre esta
cuestión, el Tribunal de Justicia consideró, en el asunto Defrenne (1971), que no
era necesaria ninguna medida comunitaria o nacional para la aplicación directa de
dicha disposición y que correspondía a los órganos jurisdiccionales nacionales
extenderla a todos los ciudadanos europeos.
La jurisprudencia del Tribunal de Justicia en este ámbito es muy rica y ha
contribuido a la igualdad de trato de las mujeres en el mundo laboral. A la luz de la
interpretación del principio de igualdad, en particular en el marco del acceso al
empleo, el Tribunal de Justicia se ha pronunciado recientemente en las sentencias
Kalanke (1995) y Marschall (1997). Ha considerado que una norma nacional que
beneficia a las mujeres respecto de los candidatos masculinos se ajusta al
Derecho comunitario cuando prevé un examen individual de cada caso para
ignorar la preferencia concedida a las mujeres si los criterios relativos a la persona
del candidato masculino inclinan la balanza a su favor.
En su sentencia Francovich (1991), el Tribunal de Justicia afirmó el principio de
responsabilidad del Estado por los daños causados a los particulares por
violaciones del Derecho comunitario, que implica la obligación de repararlos.
Mediante la sentencia dictada en los asuntos Brasserie du pêcheur y Factortame
(1996), este principio fue desarrollado y extendido a todos los supuestos de
infracción del Derecho comunitario y a todos los órganos estatales responsables
de la infracción. En aquel momento, el Tribunal de Justicia precisó cuáles eran las
condiciones específicas para que se generara la responsabilidad de los Estados,
al objeto de asegurar una reparación adecuada del perjuicio causado y, por
consiguiente, una protección eficaz de los derechos. Igualmente, en la sentencia
Hedley Lomas (1996), el Tribunal de Justicia reconoció que un exportador de
24
ganado tenía derecho a ser indemnizado por el Gobierno que había obstaculizado
ilegalmente su comercio.
Posteriormente, en el asunto Dillenkofer (1996), relativo a una directiva cuyo
objetivo era la protección de los turistas que contratan viajes combinados, el
Tribunal de Justicia estimó que la falta de adaptación del Derecho interno a la
directiva de que se trataba constituía una infracción del Derecho comunitario lo
suficientemente caracterizada como para generar la obligación del Estado de
indemnizar a los consumidores perjudicados por dicha omisión.
Perspectivas de cara al Tratado de Lisboa
Nacida hace más de cinco décadas, la Unión Europea ha entrado en una fase de
madurez política que, después de la crisis del Tratado Constitucional, hoy se ve
materializada en el nuevo Tratado de Lisboa.
Si bien, habrá que esperar a que concluya el proceso de ratificación por parte de
los Estados miembros en 2008, la firma por parte de los jefes de Estado y de
Gobierno en Lisboa, su ratificación por parte de la República Francesa y la
reciente determinación del Reino Unido de ratificarlo por la vía parlamentaria,
tienen un gran significado político en el proceso de integración europea, que
suponen que existen muy buenas posibilidades para que en 2009 entre en vigor el
Tratado de Lisboa.
De entre las adiciones más relevantes que introduce el texto del nuevo Tratado
para el Tribunal de Justicia de la Unión Europea se puede contar, principalmente,
la redefinición del carácter judicial y jurisdiccional del Tribunal, al establecer, como
novedad, los Tribunales Especializados.
25
Como asignatura pendiente y con cierta carencia de definición, queda la extensión
de jurisdicción en materia de Derechos Humanos, considerando la Carta de los
Derechos Fundamentales Europeos que, aunque se suprimió del texto del
Tratado, se llegó a la determinación por los países miembros de que tuviese
carácter vinculante.
En cualquier caso, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea seguirá
garantizando el respeto del Derecho en la interpretación y aplicación de los
Tratados y la plena y entera aplicación de su jurisprudencia contribuirá a lograr
una Europa fuerte y solidaria en la paz y en unidad.
Bibliografía:

Abellán Honrubia, Victoria; Vilà Costa, Blanca. Lecciones De Derecho
Comunitario Europeo, Editorial Ariel, Tercera edición, Barcelona, 2002.
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(Adaptada y puesta al día hasta el Tratado de Niza), Editorial Civitas,
Madrid, 2001.
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María, Paz. Introducción al Derecho de la Unión Europea, Editorial Eurolex,
Segunda edición, Madrid, 1999.

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edición, Barcelona, 2000.
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interior, Porrúa, México, Primera edición, 1999.

Díez-Hochleitner, Javier; Martínez Capdevila, Carmen. Derecho de la Unión
Europea, McGraw-Hill, Madrid, 2001.

Mangas, Martín, Araceli; Liñán Nogueras, Diego. Instituciones y Derecho de
la Unión Europea, McGraw Hill, Segunda Edición, Madrid, 1999.

www.europa.eu

http://curia.europa.eu/es/content/juris/index.htm

http://eur-lex.europa.eu
26
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