Acto penitencial.
1ª hoja de oraciones.
Lectura del hijo pródigo en la Biblia.
2º hoja de oraciones.
Cinta del hijo Pródigo, un tal Jesús.
Parábola de los retornos
3º hoja de oraciones.
Confesión.
Oración final.
Parábola de los retornos
El padre de la parábola tenía dos hijos.
El hijo mayor era un (pendón) de profesión, el pequeño un (pendón) de
taberna.
Con los dineros del padre el pequeño se marchó por ahí. Terminó comiendo
algarrobas, las algarrobas mal digeridas le endulzaron el corazón. Volvió a casa
con el endeble arrepentimiento de los débiles.
El padre le esperaba y le vio llegar desde lejos. Para la fiesta del retorno
mataron un novillo cebado. El hijo mayor murmuraba por lo bajo, pero se sentó a
la mesa. El novillo cebado sabía a perdón.
A la mañana siguiente los dos mozos fueron a trabajar, sin hablarse
demasiado. Por cada surco que abría el pequeño, el mayor hacía tres. Al caer el
día, el mayor se dedicó todavía a limpiar las bestias del establo mientras el
pequeño no tenía ya fuerzas para nada. Así fueron pasando los días. El mayor
hacía lo de siempre. El pequeño estaba inquieto. Marchaba al atardecer y volvía
tarde oliendo a licor. Un día desapareció, había vuelto a las andadas.
Al cabo de cierto tiempo regresó vencido. El padre le esperaba y le vio
llegar desde lejos. Para la fiesta del retorno mataron un cordero. El avinagrado
rostro del mayor entristecía la mesa. Pero el cordero tenía mejor sabor que el
novillo cebado, sabía más a perdón.
A la mañana siguiente los dos mozos fueron a trabajar, sin hablarse nada.
El pequeño notaba como el hermano mayor se le adelantaba siempre al abrir los
surcos. Al caer el día, ya en casa, el mayor se dedicó todavía a aparejar los
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Celebración del Perdón
aperos, mientras el pequeño no podía con su alma. Pasaron los días. El mayor
hacía lo de siempre. El pequeño marchaba al atardecer y volvía tarde oliendo a
ron. Un día desapareció, había vuelto a las andadas.
Cierto tiempo después regresó delgado y pálido. El padre le esperaba y lo
vio llegar desde lejos. Para la fiesta del retorno mataron un pollo. El mayor estaba
muy bravo callaba y comía de cara al plato. Pero el pollo tenía mejor sabor que el
novillo cebado y que el cordero, sabía más a perdón.
A la mañana siguiente los dos mozos fueron al trabajo uno alejado del otro.
El pequeño trabajaba por rutina. Al mediodía ya no pudo más. El mayor lo
encontró derrengado en casa. Pasaron los días. El mayor hacía lo de siempre. El
pequeño tenía la mirada perdida. Un día desapareció. Otra vez a las andadas.
Cuando regresó, destrozada su cara por la tristeza ya ni hombre parecía. El
padre le esperaba y lo vio llegar desde lejos. Para la fiesta del retorno había un
solo plato en la mesa. El mayor estaba más enojado que nunca. El padre callaba,
pero callaba de otra manera. El hijo supo que cada día en la mesa había un lugar
y un plato para él esperándole, y aquel plato sin cocido tenía mucho mejor sabor
que el novillo cebado, el ovejo y el pollo. Mucho mejor que todas las comidas. Era
el gusto del perdón infinito. Pasaron los días. El hijo mayor cada vez más perfecto
con la perfección del hielo. El padre continuaba infinitamente tierno.
El hijo pequeño marchaba y volvía, marchaba y volvía. Marchó y volvió
setenta veces siete. El padre le esperaba y le veía llegar desde lejos. El hijo
encontraba siempre el plato en la mesa.
Aunque el mayor fuera incapaz de entenderlo, el padre sí lo sabía. Sabía
que el hijo pequeño algún día totalmente vencido, sin fuerzas, desnudo como los
que vienen del infierno, se sentaría a la mesa para no marchar ya nunca más.
Benditos esos setenta veces siete retornos.
Tras ellos el hijo pequeño supo que clase de padre tenía. Como lo sabemos
todos los que hemos tenido que confesarnos setenta veces siete.
Y cada vez en la mesa celebramos la fiesta del retorno con el Pan y el vino
de la Eucaristía.
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Celebración del Perdón
ACTO PENITENCIAL
Cuántas veces, Señor, me prometí y te prometí que iba a cambiar. Cuántas veces te
he dado mi palabra y te he dicho que ahora sí, que ahora va de verás, que tú ibas a ver, que
es era la definitiva.
Y ya me ves, aquí estoy otra vez ante ti, otra vez cansado, denudo y vacío, sólo te
traigo mi pequeñez y mi corazón herido.
Señor, muéstrame tú el camino, perdóname otra vez y dame fuerza.
Aquí estoy, Señor, ante tu cruz, tantas veces me pregunté porque te mataron, tantas
veces me acostumbré a decir: por la verdad murió Cristo, y ahora miro y veo que muchas
veces sigues muriendo, que con mi vida y mis torpezas contribuyo a tu cruz y a la de mis
hermanos.
Perdóname, señor, tantas idas y venidas, tantas buenas intenciones y tan pocos
hechos, aquí estoy Señor, sólo tú puedes limpiarme, sólo tú puedes hacerme consciente de
tu amor y de mi misión, de que he nacido para hacer realidad tu reino, para llevar la Buena
Nueva mis hermanos de un mundo más justo y mejor.
Limpia mi corazón de egoísmos, límpiame, Señor de la envidia, borra de mi ser
todos los rencores, elimina mi flojera, mi despreocupación por el otro. Haz, señor, que
vuelva mi corazón a ti y sé tú el centro de mi vida.
Señor ¿qué puedo yo esperar de mi vida si tú no eres mi vida?. En ti, Señor, está mi
esperanza.
Señor, sé tolerante conmigo, ten paciencia con mis obras. Ya no me atrevo a
prometerte nada, solo te pido. ¡Ayúdame! Sólo tú puedes limpiarme.
Hazme entender que en el dolor de los demás es que tú mueres, hazme entender que
en cada hombre y en cada mujer habitas tú, que amarte es amar al hermano, que seguirte es
luchar por un mundo más justo.
Señor, soy pequeño y hoy vengo a ponerme en tus manos, soy como un niño
desprotegido, sé tú, Señor, lo fuerte de mi vida. Señor, me pongo en tus manos, moldéame
como el alfarero a la arcilla, Señor me pongo en tus manos, como un pajarillo que ha hecho
nido a tu lado, quiero poner mi vida pequeña y prometedora como una semilla en al tierra
de tu corazón para que la hagas crecer palmo a palmo.
Perdóname, señor, dame otra oportunidad y si vuelvo a caer tómame en tus brazos y
haz que camine junto a ti.
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Celebración del Perdón
El hijo pródigo se alejó de su padre. Decidió agarrar su vida y vivirla a su
manera. A su manera se divirtió, vivió y gastó sus talentos. Todo según le apetecía
a él, sin pensar en los deseos de su padre, de su hermano, en otra gente que
podía necesitarlo.... No pensó ni siquiera en lo que le haría más feliz, en lo que le
llenaría más el corazón.
Un día, solo, triste, con hambre, vacío, se acordó de su padre, de lo bien
que se estaba a su lado y decidió volver. Se levantó y fue a donde su padre.
Es bien cierto que su padre le esperaba y que sin preguntarle nada lo
abrazó, su hijo que estaba perdido había regresado, nada más importaba.
Así Dios nos acoge, con los brazos abiertos una, dos y hasta setenta
veces siete pero atención: es el hijo el que quiere regresar, el que se levanta y va
al padre.
Dios nos ha dado libertad. Podemos vivir como él quiere, pero también
podemos alejarnos. A lo largo del año hemos pensado muchas veces en nuestros
sueños, cómo nos gustaría nuestra vida, nuestro proyecto de vida, hacia dónde
queremos ir. Vamos ahora a repensar nuestra vida y a presentarla a Jesús.
¿Cuáles de mis proyectos coinciden con lo que Jesús quiere, con ser un cristiano
auténtico? ¿Cuáles no? ¿Qué actitudes me ayudan y llevan a esas metas que
quiere Jesús para mí? ¿Cuáles no? ¿Quiero cambiar? ¿Deseo de corazón ser un
cristiano de verdad? Si es así, si de verdad quiero decirle a Jesús que puede
contar conmigo, que mi confirmación es un sí de corazón para vivir como cristiano.
Piensa en qué tienes que cambiar, qué debes corregir, qué quisieras borrar.
Señor no tienes manos
tienes solo nuestras manos
para construir un mundo nuevo
donde haya más fraternidad y justicia
Señor tú nos has hecho a tu imagen y semejanza. Nos has dado unas
manos para trabajar y hacer cosas bellas con ellas, para estrecharlas en símbolo
de amistad, para tenderlas a quien las necesita y sin embargo, Señor, no siempre
actuamos como tú quieres.
Perdón, Señor, por las veces que nuestras manos sirven para golpear y
hacer malos estos. Perdón, Señor, por las veces que nos guardamos las manos y
huimos del trabajo. Perdón, Señor, por las veces que no tendemos las manos a
quien las necesita, porque a veces nuestras manos no son como tú quisieras.
Señor no tienes pies
tienes solo nuestros pies
para poner en marcha a los oprimidos
por el camino de la libertad.
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Celebración del Perdón
Señor Tú nos has dado pies para caminar, capacidad para movernos y
acercarnos al otro, podemos ir hacia quien nos necesita, podemos caminar
haciendo un camino de unión, de amistad... y sin embrago muchas veces no
actuamos como tú quieres.
Perdón porque muchas veces nuestros pies se quedan quietos. Perdón
porque muchas veces buscan los caminos más fáciles, el camino de la flojera y de
lo cómodo. Perdón porque muchas veces nos cuesta recorrer el camino que
conduce al otro y buscamos la sólo la manera de ir hacia arriba, ser el primero ene
l juego, en los estudios, a ascender, subir y ser importante... sin entender que lo
verdaderamente importante, Tú lo dijiste, es el servicio.
Señor no tienes labios
tienes solo nuestros labios
para anunciar a los pobres
la buena noticia de la libertad.
Señor tú nos has dado unos labios y una boca que nos permite la
comunicación. Tú nos has dado capacidad para decir lo que pensamos y
sentimos, para comunicarle al otro lo bueno que vemos en Él para aconsejarle con
cariño. Unos labios con los que sonreír y comunicar el afecto con un beso. Y, sin
embargo muchas veces no actuamos como tú quieres.
Perdón, Señor, porque a veces utilizamos la palabra sólo para ofender y
para humillar, perdón, señor, por las veces que metemos chismes y utilizamos el
don de la palabra para perjudicar al otro. Perdón por las veces que elegimos el
silencio en vez de la verdad y la palabra amiga, perdón por los malos gestos, por
los días sin sonrisas.
Señor no tienes medios
tienes solo nuestro trabajo
para lograr que todos los hombres vivan como hermanos
vivan como hermanos.
Señor, Tú nos has dado muchas capacidades, inteligencia para pensar
decidir, capacidad para trabajar, alegría y esperanza. Nosotros sabemos que
esforzándonos podemos lograr muchas metas, ayudándonos y sabiéndonos un
grupo podemos vivir mejor y llevar esto a nuestras casas y a nuestras
comunidades.
Jesús aquí me tienes mis manos
mis pies mis labios, mi trabajo,
mi tiempo mi ilusión mi vida.
¡Aquí estoy Señor para servirte!
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Celebración del Perdón
Esta es nuestra última convivencia por este año, nuestro último encuentro
en este grupo. Tenemos un tiempo para estar a solas y redactar para mis
amigos una especie de testamento en los siguientes puntos :
En estas cosas he cambiado en este año ________________________
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