Miguel Grau Seminario
Miguel Grau Seminario (*Piura, Perú, 27 de julio de 1834 - † Punta Angamos, 8 de
octubre de 1879) fue un marino peruano, almirante de la Marina de Guerra del Perú y
destacado héroe peruano.
Es considerado héroe máximo de la Marina de Guerra del Perú y de la nación peruana.
Asimismo, a razón de una encuesta a fines del siglo XX, se le denominó El peruano del
Milenio.
Era hijo del teniente coronel grancolombiano (más tarde nacionalizado peruano) Juan
Manuel Grau y Berrío, natural de Cartagena de Indias, que llegó al Perú formando parte
del ejército del Libertador Bolívar, y de María Luisa Seminario y del Castillo, piurana
de nacimiento. Antes de entrar a la guerra del Pacífico, logró una curul en el parlamento
peruano como representante por Piura.
Carrera naval
 Primeros contactos con el mar:
En Paita la actividad marítima es grande. Todos los navíos que hacen el tráfico entre
Panamá y el Callao tocan en su rada. Funciona en el puerto la escuela náutica que, para
formar pilotos capaces de dirigir con acierto la marina mercante nacional peruana, había
fundado el vencedor de Yungay, el mariscal Agustín Gamarra. Al pequeño Miguel, que
sólo tenía ocho años, le fascina la inmensidad del océano. Su vocación naval comienza a
despertar.
Mas la anarquía sigue. El general Manuel Ignacio de Vivanco se subleva en Arequipa
en enero de 1843 y marcha sobre la capital de la república, con el reconocimiento de
casi todo el sur. Vidal en Lima, al comprobar la fuerza del movimiento revolucionario,
deja el Palacio de Gobierno para dirigirse al extranjero y, el 16 de marzo asume el
Gobierno Justo Figuerola, primer vicepresidente del Consejo de Estado. El 20 de ese
mes un golpe militar que se hace en la capital a nombre de Vivanco depone a Figuerola.
Miguel Grau tiene nueve años y sigue los primeros cursos de instrucción primaria. El
muchacho, listo y resuelto, ha sido educado con dureza por el padre para conseguir con
ello templar su carácter y acerar su voluntad. Como siente la atracción del mar, obtiene
en marzo de 1843, tras continuos ruegos, el permiso paterno para embarcarse en un
bergantín dedicado al tráfico marítimo entre Paita y otros puertos del litoral peruano y
de los países del norte hasta Panamá. El capitán del buque es Manuel Francisco Herrera,
gran amigo de Juan Manuel Grau y Berrío. La profesión está decidida y el niño de
nueve años logra imponer su voluntad y se hace marino. En casa quedan los padres y
tres hermanos más: Enrique, Dolores y Ana.
El comienzo de su carrera naval no tiene buenos augurios. El buque zozobra y el
aspirante a grumete se salva de forma milagrosa, retornando al hogar para volver al
colegio.
En 1844, Grau, que siente la nostalgia del mar,
ruega al padre que le de autorización para
regresar a bordo. Su padre vuelve a acceder.
Esta vez queda definitivamente consagrada la
carrera náutica de Grau, que se embarca en
diferentes buques, a veces con breves retornos
al patria y al hogar paterno de Paita. En esos
viajes recorre todos los mares y los puertos
más importantes del mundo, así como otros
que recién se abrían a los marinos occidentales.
Igualmente visita las lejanas y entonces
desconocidas islas oceánicas. El mismo
almirante
ha
dejado
una
relación
circunstanciada y concisa de los azares de ese
período de su existencia.2
 Guardiamarina:
Durante estos viajes aprende la ciencia y el arte de la navegación y conoce a hombres de
muchos países que hablan distintos idiomas. De regreso al Perú, el piloto Grau, que ya
es un lobo de mar, se establece en Lima, donde reanuda sus estudios a fin de prepararse
para ingresar a la Marina de Guerra del Perú.
En el mismo año, 1853, en que Grau deja la marina mercante para convertirse en
aspirante a oficial de la Marina de Guerra, su padre, ya cesante, enfermo y atravesando
una angustiosa situación económica, consigue que, en atención a sus méritos militares y
leales servicios prestados al Perú, las Cámaras Legislativas asignen a su favor una
pensión de gracia, de por vida, de cuarenta pesos mensuales. Aprobada en la Cámara de
Diputados el otorgamiento de dicha pensión, la Comisión Militar del Senado la aprueba,
igualmente, con un honroso dictamen, en que se califica al teniente coronel Juan
Manuel Grau y Berrío como "viejo soldado de la independencia americana".3
Durante los viajes del joven Grau, la Marina de Guerra del Perú se había incrementado.
Permanente preocupación del presidente Ramón Castilla y Marquezado, el militar y
gran organizador del Perú, ha sido la de reforzar la escuadra. El Perú cuenta ahora con
más buques: el Rímac, construido en Nueva York, de 1.300 toneladas y armado con
cuatro cañones, la fragata Mercedes, los bergantines Guise y Gamarra y las goletas
Peruana y Héctor.
El 14 de marzo de 1854, gobernando el Perú el sucesor de Castilla, general José Rufino
Echenique, libremente elegido en comicios públicos, Miguel Grau, de 19 años, ingresa
en la Marina de Guerra como guardiamarina. Ha logrado su viejo anhelo de servir a su
patria en el mar.
 La revolución restauradora:
Combate
Naval
de
Iquique, de Thomas
Somerscales
(18421927).
Representación
del
enfrentamiento entre el
monitor
peruano
Huáscar, al mando del
capitán de navío Miguel
Grau, y la corbeta
chilena Esmeralda, al
mando del capitán de
fragata Arturo Prat.
 Miguel Grau en el monitor Huáscar:
El 31 de agosto de 1867 se promulga en el Perú una nueva Constitución, que reproduce
las reformas liberales de la Carta de 1856, abolidas por la Constitución de 1860. Su
espíritu, excesivo para la época, hace que estalle la insurrección, acaudillada en el sur
por el general Pedro Díez-Canseco y en el norte por el Coronel José Balta. El ambiente
popular exaltado favorece la causa revolucionaria que, en Arequipa y Chiclayo, triunfa
después de sangrientos combates.
Miguel Grau, que desde mayo de 1867
sirve en la marina mercante, en un barco
británico, es llamado a reincorporarse a la
Armada del Perú por el General Pedro
Díez-Canseco, que ha vuelto a la
Presidencia de la República el 22 de
enero de 1868.
El 27 de febrero Grau es nombrado
comandante del monitor Huáscar, con el
grado de capitán de fragata, cargo que va
a retener más de ocho años consecutivos
y que sólo dejará en 1876 cuando se incorpora al Congreso como diputado por Paita,
para reasumirlo después en 1879 al empezar la Guerra del Pacífico que enfrentó a
Bolivia y Perú de un lado y Chile de otro. El buque fue bautizado con ese nombre por
designación expresa del General Pezet, que impartió con tal objeto una Orden General
el 13 de septiembre de 1865. La referida Orden justifica el nombre así "...nombre que
por ser el del último Monarca legítimo que ocupó el trono de los Incas, encierra en sí
grandes recuerdos históricos".
Fue estando en el Huáscar, buque de su predilección, que Grau recibe el 25 de julio de
1868 el ascenso a capitán de navío graduado, que le confiere el presidente de la
República, el general Pedro Díez-Canseco. Grau sólo tiene 34 años de edad.
Una semana después del ascenso de Grau, el 2 de agosto de 1868, asume la Presidencia
de la República, en elecciones libres, el Coronel José Balta, de limpia trayectoria militar
y política y una de las figuras más puras y de mayor relieve de la historia peruana. Grau
es amigo y gran admirador de Balta desde años atrás. Ambos han peleado en el mismo
campo, en defensa de los mismos ideales, en 1865 contra el Tratado Vivanco–Pareja, y
luego en la guerra con España. Balta, que aprecia a Grau y conoce sus cualidades, lo
confirma en el mando del Huáscar durante los cuatro años de su periodo de gobierno.
Con el advenimiento de Balta al poder se inicia en el Perú una época de efectiva paz
social y de auténtica prosperidad en todas las actividades nacionales. Se ejecutan
grandes obras públicas, caminos, ferrocarriles, puentes, muelles, irrigaciones, puertos,
progresando en infraestructura el país en forma que no tiene precedentes en la historia
peruana. De lo que nadie se dio cuenta en aquella época es que la aparente bonanza de
que gozaba el país era producto de los empréstitos de la casa Dreyfus, producto del
denominado Contrato Dreyfus, por el que la casa Dreyfus adelantaba cantidades de
dinero en metálico a cambio de la explotación y comercialización, en régimen de
monopolio, del guano y el salitre, a la sazón la mayor riqueza del Perú por esa época).
La casa Dreyfus a cambio, debía pagar con las utilidades que le reportara al Gobierno
peruano.
Por aquella época, ya Grau gozaba de alto prestigio internacional, como experto marino
y hombre recto de imparcial criterio, que es designado árbitro para que se pronuncie
sobre las responsabilidades derivadas de una colisión entre dos buques de guerra
extranjeros, uno británico, Glaid Maiden y otro estadounidense Kit Carson,
pronunciando su fallo en noviembre de 1868. En relación a este hecho, el diario El
Comercio de Perú publicó en sus ediciones del 5 y 12 de noviembre de 1868 lo
siguiente:
Guerra del Pacífico:
La Guerra del Pacífico (1879–1884) fue un conflicto armado que enfrentó a la
República de Chile contra la República Peruana y la República de Bolivia. También se
le ha denominado Guerra del Salitre.
 La escuadra peruana y la chilena:
Debido a las características del litoral boliviano y del extremo sur peruano, en el que se
extiende el desierto de Atacama, y teniendo en cuenta las experiencias de la Guerra de
la Independencia y contra la Confederación, Chile conocía que era necesario sortear por
mar este territorio para poder trasladar a sus tropas e invadir el territorio peruano. Para
ello tendría que lograr el dominio del mar. El Perú, por su parte, también comprendió
que esta era la maniobra lógica que adoptaría Chile. De ese modo, ambas naciones
dieron inicio a la campaña naval como la primera parte de la guerra.
La escuadra peruana, al mando del capitán de navío Miguel Grau , estaba conformada
por el blindado tipo monitor Huáscar, la fragata Independencia, los monitores Manco
Cápac y Atahualpa, la corbeta Unión, la cañonera Pilcomayo y los transportes Chalaco,
Oroya, Limeña y Talismán. Estos últimos habrían de cumplir una función muy
importante durante el conflicto, manteniendo abierta la ruta de abastecimiento peruana
con continuos viajes entre el Callao y Panamá, así como a otros puntos del litoral,
transportando tropas, pertrechos y municiones, burlando a la poderosa escuadra
enemiga.
La escuadra chilena, al mando del contralmirante Juan Williams Rebolledo, estaba
compuesta por los blindados Almirante Blanco Encalada y Almirante Cochrane, las
corbetas Chacabuco, O'Higgins y Esmeralda y las cañoneras Magallanes y Covadonga,
además de varios transportes. El equilibrio de poder era favorable a la marina chilena,
dado que sus naves, sobre todo los dos blindados, tenían mejor artillería, mayor
velocidad y coraza, en comparación a las naves peruanas.
El planteamiento fue muy claro en ambos lados. La escuadra chilena era superior
materialmente a la peruana, no sólo en número sino también en la calidad de sus
buques. Debía entonces buscarla y destruirla lo más pronto posible. La escuadra
peruana, por su parte, dada su inferioridad en medios, debía prolongar lo más posible su
presencia como una amenaza efectiva en el mar, no tanto para la escuadra chilena sino
para el tráfico marítimo de ese país, entablando combate únicamente cuando estuviera
en superioridad de condiciones o cuando éste fuese inevitable. El tiempo que se ganara
en ello sería en provecho de la preparación de las defensas en el sur peruano y la
adquisición de nuevas naves y armamento.
 La campaña naval y el monitor Huáscar:
La primera acción tuvo lugar apenas siete días después de declarada la guerra, el 12 de
abril de 1879, cuando la corbeta Unión y la cañonera Pilcomayo atacaron y persiguieron
a la corbeta chilena Magallanes frente a Punta Chipana. Por su parte, la escuadra chilena
en el Perú bombardeó Mollendo, Pisagua, Mejillones e Iquique, antes de dirigirse hacia
el Callao con el propósito de destruir la escuadra peruana.
Sin embargo, fracasó en este intento debido a que los buques peruanos habían zarpado
días antes de su arribo, dirigiéndose a la ciudad peruana de Arica con el director
supremo de la guerra, el general Mariano Ignacio Prado.
 Combate naval de Iquique:
El 17 de mayo la flota peruana puso rumbo a Arica, donde desembarcó el Presidente
Prado para dirigir la guerra desde ese puerto peruano. Casi de inmediato fueron
despachados a Iquique el monitor Huáscar y la fragata Independencia, con instrucciones
de levantar el bloqueo de ese puerto, sostenido por la corbeta chilena Esmeralda, la
cañonera Covadonga y el transporte Lamar.
El 21 de mayo de 1879 el monitor Huáscar al mando del capitán de navío Miguel Grau ,
y la Independencia al mando del capitán de navío Juan Guillermo More Ruiz,
ingresaron a la bahía de Iquique y se enfrentaron a los ya mencionados buques chilenos
comandados, respectivamente, por Arturo Prat Chacón (Esmeralda) y por Carlos
Condell de la Haza (Covadonga). El transporte Lamar izó bandera estadounidense y
puso rumbo al sur, siendo seguido por la cañonera Covadonga que fue perseguida por la
Independencia. Mientras tanto, el Huáscar en Iquique cañoneaba a la Esmeralda, buque
que maniobró para colocarse delante de la población, ante la imposibilidad de doblegar
al enemigo, y ya que el combate se extendía con gran número de bajas chilenas, el
comandante Grau decidió utilizar el espolón. En el segundo ataque al espolón, el
comandante chileno Arturo Prat saltaron al abordaje e intentó junto a otros dos marinos
llegar a la torre de mando de Grau, pero murió en el intento. Finalmente logra Grau
hundir a la nave chilena, cuyos sobrevivientes, fueron rescatados por los marinos
peruanos. En este combate murió el teniente primero Jorge Velarde, primer héroe naval
peruano de la contienda.
Combate naval de Angamos:
La incapacidad de los mandos navales chilenos frente a las continuas incursiones del
Huáscar fueron motivo de protestas populares, interpelaciones en el congreso y la
censura del gabinete ministerial. Todo ello se agudizó con la captura del transporte
Rímac, luego de lo cual se produjeron renuncias de ministros y se efectuaron inevitables
cambios en las jefaturas del ejército y la escuadra. Los conductores de la guerra, ante la
imposibilidad de iniciar la campaña terrestre para invadir el sur peruano, determinaron
que el hundimiento del Huáscar era prioritario e indispensable para llevar a cabo sus
planes.
Una de las primeras medidas fue el relevo del contralmirante Juan Williams Rebolledo
en el mando de la Escuadra chilena por el capitán de navío Galvarino Riveros, quien
dispuso que sus buques fueran sometidos a reparaciones de calderas y carena para
limpiar sus fondos y prepararse a dar caza al Huáscar. Para dicho propósito, elaboraron
un plan para capturarlo, organizando a su escuadra en dos divisiones, la primera,
integrada por el Almirante Blanco Encalada, la Covadonga y el Matías Cousiño, y la
segunda, compuesta por el Almirante Cochrane, el Loa y la O'Higgins. La idea era
tenderle un cerco al Huáscar, en el área comprendida entre Arica y Antofagasta.
Continuando los acontecimientos, Grau recibió órdenes de zarpar con la Unión y el
Rímac rumbo al sur, con la finalidad de hostigar los puertos chilenos entre Tocopilla y
Coquimbo, en tanto que las dos divisiones chilenas habían partido hacia el norte en
búsqueda del Huáscar llegando a Arica en la mañana del 5 de octubre, no hallando allí a
su objetivo.
El Huáscar, mientras tanto, luego de dejar al Rímac en Iquique, arribó en compañía de
la Unión a la caleta de Sarco. Ahí capturaron a la goleta Coquimbo, para posteriormente
llegar al puerto del mismo nombre y proseguir hacia el sur, hasta la caleta de Tongoy,
localidad cercana al importante puerto de Valparaíso. Cumplido el objetivo de esta
expedición, Grau y sus naves iniciaron su retorno a aguas peruanas.
Mientras los barcos peruanos navegaban hacia el norte de regreso, ignoraban los
movimientos de los buques chilenos. Las dos divisiones enemigas avanzaban desde
diferentes direcciones, en posición abierta, dispuestas a cercar a su objetivo.
Al amanecer del 8 de octubre de 1879, el Huáscar fue avistado por la primera división
chilena, lo que obligó a Grau a virar hacia el suroeste para luego volver al norte, a la
máxima velocidad posible tratando de dejar atrás a sus enemigos. Poco después, el
Huáscar y la Unión se encontraron con la segunda división chilena frente a Punta
Angamos. Al percatarse de que el Huáscar no podría evadir el combate por su escaso
andar, la Unión, de mayor andar, a expresa orden del almirante, se abrió paso hacia el
norte.
Luego, a las 9:40 horas, siendo inevitable el encuentro, el monitor peruano afianzó su
pabellón de combate disparando los cañones de la torre sobre el Almirante Cochrane a
mil metros de distancia. Los artilleros del monitor eran británicos, y su puntería no era
del todo efectiva. La Covadonga y el Almirante Blanco Encalada en esos momentos se
hallaban a una distancia de seis millas con dirección al Huáscar, mientras que la
O'Higgins y el Loa se dirigían a cortar el paso a la Unión. El Almirante Cochrane no
contestó
inicialmente
los
disparos, sino que acortó
distancias gracias a su mayor
velocidad, estando a 500
metros, una andanada del
Monitor golpeó la banda del
acorazado chileno haciéndolo
bandearse por unos instantes,
pero sin mayor daño y cuando
estuvo a 200 m por babor del
Huáscar, hizo sus primeros
disparos, perforando el blindaje
del casco y dañando el sistema
de gobierno.
Grau en su torre, presintiendo lo inevitable y agachándose hacia la rejilla del piso, se
despidió de Diego Ferré en un fraternal saludo de manos. Mientras tanto, las alzas de los
cañones chilenos apuntaban hacia las partes vitales del monitor. Diez minutos después
un proyectil proveniente también del Almirante Cochrane impactó en la torre de mando
y al estallar hizo volar al contralmirante Miguel Grau y dejó moribundo a su
acompañante teniente primero Diego Ferré. Entonces tomó el mando del buque el
capitán de corbeta Elías Aguirre, quien continuó el combate con las naves chilenas,
hasta que también cayó muerto por un disparo del contendor. Uno tras otro, los oficiales
peruanos se fueron sucediendo a cargo de la nave, que recibía una y otra vez los
impactos de la artillería chilena, hasta que habiendo recaído el mando en el teniente
primero Pedro Gárezon Thomas, este oficial, viendo que ya no era posible continuar la
lucha por las condiciones en las que se hallaba el buque, con sus cañones inutilizados,
roto su timón, y diezmada su tripulación, dio la orden de abrir las válvulas de fondo
para inundar al monitor, orden que fue cumplida por el alférez de fragata Ricardo
Herrera de la Lama y de esta forma impedir la captura de la nave peruana.
A las 10:55 el Almirante Cochrane y el Almirante Blanco Encalada suspendieron el
cañoneo y al ver que el Huáscar pronto se iría a pique, enviaron una dotación armada en
lanchas para tomarlo. Cuando los marinos chilenos ingresaron a bordo, el Huáscar ya
tenía 1,20 m de agua y estaba a punto de hundirse por la popa. Revólver en mano, los
oficiales chilenos ordenaron a los maquinistas cerrar las válvulas y posteriormente
obligaron a los prisioneros a apagar los fuegos que consumían diversos sectores de la
nave. La lucha había concluido, el Huáscar capturado, y el mar libre para iniciar la
invasión del sur peruano.
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