LECCIÓN 6
AMONESTACIÓN Y DISCIPLINA CRISTIANA
Si los padres cristianos han de entender y aplicar la
disciplina y amonestación del Señor, deben estudiar con
detenimiento lo que la Palabra de Dios tiene que decir en
cuanto a la instrucción de los niños.
La palabra amonestación, como está usada en las
Escrituras, significa instrucción y advertencia (Hebreos 8:5);
hacer que se oigan las palabras de sabiduría (Eclesiastés
12:10-12); conseguir que una persona vea su error y se
arrepienta (II Tesalonicenses 3:15); la amonestación trae
ánimo (Colosenses 3:16); hacer recordar (Romanos 15:1415); enseñar diligentemente, con paciencia decir una y otra
vez (Isaías 28:10). La definición más detallada de
amonestación que encontramos en las Escrituras está en
Deuteronomio 6:6-9. (Busque y lea todas las citas).
A veces es muy fácil amonestar para algunos padres,
maestros de Escuela Dominical o Superintendentes de la
misma, predicadores y todos aquellos que les gusta dar
“pláticas” a los niños. Pero el peligro más grande consiste en
dar amonestaciones sin su acompañante escritural, la
disciplina (manera de criar, educar o alimentar al niño). Toda
amonestación sin disciplina puede hacer que el niño se sienta
dudoso, sin interés y aun antagonista al evangelio.
La madre que amonesta a su hija para que “ame a todas
las demás niñas”, pero que al mismo tiempo se muestra en
actitud jactanciosa e indiferente con otras señoras de la
comunidad, habla tan fuerte con esa manera de actuar que su
amonestación no será recibida por su hija. Es importante que
los padres vivan todos los preceptos y proverbios que tan
libremente dicen a sus hijos lo que deben hacer. Viviendo lo
que se dice no sólo tiene más valor y aceptación por parte de
los niños, sino que también es muy probable que disminuirá el
número de amonestaciones.
La sabiduría adquirida por la experiencia puede ser pasada
a otros por medio de la amonestación, pero puede convertirse
en regaño cuando se repite constantemente la misma cosa sin
un propósito determinado. También el tono de voz debe ser
tomado en cuenta.
Cuando hacemos algunas prohibiciones a los niños,
debemos decirles la razón o razones de las mismas. No
esperemos que el niño obedezca ciegamente sólo porque sus
padres lo dicen. Él tiene una mente y necesita razones en las
cuales pensar, que puede comprender y que le traigan
convicción. Es muy fácil decir “no debes hacer esto”, pero es
difícil explicar el por qué, y sólo nos damos cuenta de ellos
cuando el niño nos pregunta ¿por qué no lo debe hacer?
Nunca debemos dar como razones: “Porque en nuestra iglesia
no creemos en tales cosas” o “porque lo digo yo”. Estas
razones no lo convencerán.
En cualquier forma que se le dé la amonestación al niño,
ya sea por medio de una plática, un mensaje, una enseñanza
o por medio de consejos, ésta debe ser dada en tal forma que
el niño pueda aceptarlo y sacar provecho de ella. Debemos
entender que el niño no es un adulto pequeño. Él no está en
vía de preparación para vivir una vida espiritual en el futuro
cuando ya sea grande, él es una persona que está viviendo
ahora mismo y que necesita ser enseñado hoy para que
llegue a conocer y amar al Señor Jesús en una forma
personal. Todas las influencias espirituales que reciba antes
de su conversión son muy importantes, y su relación con
Cristo en el futuro dependerá en gran parte de la actitud que
él tome ahora.
La amonestación debe centralizarse en la persona de
Cristo. El niño jamás se humillará y adorará a quien él nunca
ha conocido como digno de confianza y amor. Muchos
cristianos jamás han conocido la realidad de tener un Señor; y
por no tener una experiencia más profunda e íntima con Él,
luego regresan a la vida antigua o viven una vida cristiana
raquítica y tambaleante todos sus días.
Sólo los padres que están dispuestos a ser amonestados
por el Señor, están en condiciones de amonestar en el Señor.
¿Están ustedes aceptando las amonestaciones de Dios? ¿Está
su vida en condiciones de amonestar en el Señor? ¿Están las
relaciones de esposo y esposa creando un ambiente propio
para la amonestación espiritual de los hijos? Dios quiere
ayudar a los padres cristianos en sus relaciones mutuas, con
sus hijos, en el hogar y en el trabajo para que vivan de
acuerdo a las amonestaciones del Señor.
DISCIPLINA INDIRECTA
¿Qué es importante, lo que se les dice a los hijos o lo
que en realidad son los padres? El ejemplo de los
padres, lo que los hijos ven en ellos diariamente, es lo
que vale mucho más que las palabras. Hay un refrán
que dice: “Lo que haces habla tan fuerte que no oigo lo
que dices”.
Muy pocos son los padres que están conscientes de
que su actitud y conducta impresionan la mente de sus
hijos de una manera poderosa y perdurable. La
disciplina se necesita demostrar con hechos, pues no
sólo consiste en repetir proverbios. Dar instrucciones
puede ocupar sólo unos minutos al día, pero disciplinar
por medio del ejemplo es un proceso continuo. Es muy
importante enseñar la Palabra de Dios a nuestros hijos,
pero es más importante aún demostrar la Palabra de
Dios en nuestra vida diaria.
La disciplina indirecta enfatiza la influencia silenciosa
del ejemplo de los padres en la vida de sus hijos. Un
modelo bíblico de una influencia positiva por medio del
ejemplo lo encontramos en Ana y su hijo Samuel. Ana
era una mujer de oración (I Samuel 2:1-10); tenía gran
fe en Dios (I Samuel 1:18); era una mujer de gran
dedicación (I Samuel 1:11); era honesta (I Samuel
1:27,28). Todas estas cualidades en el carácter de Ana,
fe, oración, amor, dedicación y honestidad, fueron la
influencia callada que ejercía su vida sobre su hijo. Su
ejemplo jugó un papel muy importante en el desarrollo
del carácter espiritual de Samuel. Si estudiamos
detenidamente la vida de él descubriremos las mismas
cualidades que observamos en Ana.
Los niños son lo que son sus padres. De ellos
aprenden por medio de su vida religiosa y espiritual
durante las veinticuatro horas del día y los siete días de
la semana. Es cierto que muchos niños de hogares
inconversos que se convierten, incluso hay hijos que se
vuelven más fuertes espiritualmente que sus padres,
pero lo corriente es que los niños de hogares cristianos
aprenden todas las doctrinas fundamentales de la
Palabra de Dios por medio de la vida y el ejemplo de sus
padres.
La fe que descansa en Cristo en vez de apoyarse en
buenas obras, no puede pasar inadvertida por los hijos.
Las palabras de gratitud y alabanza al Señor y las veces
que se piden perdón son escuchadas por los niños. El
ejemplo del padre y la madre dependiendo de Dios es
demostrado por medio de la oración y el estudio de la
Biblia. Los himnos y versículos que oyen de labios de
sus padres y todo lo que escuchan y observan en ellos,
enseña mucho en forma silenciosa en cuanto a la
salvación por medio de la fe en Cristo. Los niños saben
que el Espíritu Santo mora en el corazón porque ven el
fruto de amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre y templanza.
Al preguntarle a un joven qué traducción de la Biblia
prefería, contestó: “Yo prefiero la de mi madre”. Ella ha
traducido la Biblia al lenguaje de la vida diaria. Nunca
he encontrado porciones oscuras en su versión. Cuando
leo otras versiones, es la de mi madre la que siempre
esclarece mi problema.
Los padres deben demostrar a sus hijos que los aman
y es bueno que no sólo lo demuestren con hechos, sino
que de vez en cuando se los digan con palabras.
Muchos niños se dan cuenta que se suplen sus
necesidades físicas o materiales, pero no se hace con
amor.
El hogar debe ser un lugar de gozo, donde reine
siempre la alegría en el ambiente. Debe ser un lugar
donde no existe el aburrimiento, el desorden, el bullicio,
la suciedad siendo por el contrario donde todos, inclusive
los niños, estén felices cumpliendo cada uno con sus
ocupaciones. Los niños deben estar felices para ser
buenos, y el hogar debe ser el lugar más feliz del
mundo.
Si en el hogar los padres juegan con sus hijos, toman
en cuenta sus deseos e intereses, hacen planes juntos,
van a la iglesia como familia, tienen un tiempo
devocional y de adoración en el cual los niños toman
parte activa, allí habrá bendición y felicidad. Allí los
niños aprenderán a orar y leer la Palabra de Dios. Si
padres e hijos trabajan juntos en el hogar, si no
muestran preferencias por ciertos hijos, en ese hogar los
niños estarán aprendiendo muchos hábitos buenos y su
ambiente será de paz y felicidad.
Recuerden que la paciencia, bondad, mansedumbre,
templanza y fe serán igualmente aprendidos. Las
influencias silenciosas que nutrirán y desarrollarán el
carácter del niño en el Señor son el fruto del Espíritu
Santo en la vida diaria de los padres cristianos. Cuan
atractivo será Cristo para aquellos hijos, porque es Él
quien ha dado ese espíritu de amor, gozo y paz a su
hogar.
EL FRUTO DE UNA BUENA DISCIPLINA
Proverbios 29:15,17 nos dice: “La vara y la corrección
dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará
a su madre. Corrige a tu hijo, y te dará descanso, y dará
alegría a tu alma”.
Para muchos padres disciplinar a los hijos significa,
según ellos, forzar la arbitraria autoridad paternal.
Creen que el hijo disciplinado es aquel que salta cuando
oye el ruido del látigo; que no debe bajo ninguna
circunstancia expresar una opinión o hacer una decisión;
el que obedece sin hacer preguntas, aún de las órdenes
más descabelladas. Pero esta no es una forma de criar a
los hijos en la disciplina del Señor, ni podemos llamarle
“disciplina cristiana”. Esto sería criar a los hijos en un
ambiente de violencia.
El extremo opuesto es el de criar a los hijos sin
ningún control paternal y por lo mismo sin ninguna
disciplina. El niño hace lo que se le antoja y luego
domina la vida de los adultos que le rodean. Entre estos
dos extremos está el camino que se debe seguir.
Muchos problemas de disciplina surgen por causa de
la ignorancia, es decir, se desconoce su verdadero
propósito. La disciplina que se practica con sabiduría
utilizará la voluntad del niño, enseñándole a que él
obedezca porque desea hacerlo, o sea, que el niño
anhela obedecer por su propia voluntad. La verdadera
obediencia viene de adentro.
Las madres y padres que han renunciado a su deber
de disciplinar a sus hijos también han perdido privilegios
y alegrías. La disciplina tiene dos funciones principales:
la de formar hábitos en el niño que le serán útiles y la de
modificar o cambiar todos aquellos que son inservibles o
malos. Si un niño posee un mal hábito no nació con él,
lo adquirió por medio de la imitación o el aprendizaje.
Todo hábito malo debe ser corregido.
Es más fácil e importante prevenir que corregir malos
hábitos ya formados. Es por eso que todo padre
verdaderamente cristiano se preocupará porque el niño
desde su temprana edad adquiera hábitos cristianos.
Todo lo que se hace repentinamente es lo que se
transforma en hábito. Si deseamos que nuestro hijo se
comporte debidamente en la Casa de Dios, nosotros no
debemos permitirle, ni una vez que ande libre gateando
o caminando por todas partes en el templo, con lo cual
le enseñamos reverenciar el lugar donde adoramos a
nuestro Dios. Este será un buen hábito.
Cuando los padres imponen una disciplina a base de
temor, los hijos obedecen porque es su deber, pero no lo
hacen porque lo desean y quieran agradar a sus padres.
Tienen miedo de quebrantar la autoridad paterna. ¿Será
ésta la disciplina del Señor? Como cristianos, ¿Estamos
obedeciéndole por temor o porque le amamos y
deseamos honrarle?
Cuando los padres hacen que sus hijos les obedezcan
ciegamente y por temor, llegará un día cuando su hijo o
hija se revele. La expresión: “Hazlo porque yo te
ordeno” no es una razón para que el niño obedezca.
Con frecuencia y honestidad los padres deben analizar lo
que han dicho. ¿Les gustaría que alguien a quien
ustedes necesitan obedecer tomara esta misma actitud?
El problema de disciplina abarca no sólo a los hijos, sino
también a los padres. Deben estar seguros que están
demandando obediencia no sólo por su propio beneficio,
sino por el bien de sus hijos. El padre que no practica la
disciplina en su propia vida, no podrá imponerla en sus
hijos. Si el padre y la madre ganan el respeto y amor de
ellos, éstos les obedecerán con alegría. Todo padre que
es firme en sus decisiones y cumple lo que promete
ganará el respeto y admiración de sus hijos.
El mejor método de disciplinar es el de crear
condiciones que evitarán que las faltas se cometan. Vale
la pena y paga grandes dividendos hacer que la
obediencia sea algo que traiga gozo y satisfacción a
todos los miembros del hogar.
Si los padres siempre están haciendo una lista de
prohibiciones y están constantemente diciendo: “No
hagas esto”, “no hagas lo oro”, impresionarán al niño, y
él procurará probar nuevamente. Es mucho mejor
buscar el lado positivo para la corrección.
Otra cosa que es importante que los padres sepan es
que el juego es algo muy real e importante en la vida del
niño. Él lo considera tan serio como el trabajo para el
adulto. Muchas veces la desobediencia del niño es
provocada porque el padre interrumpe al niño en su
juego de una manera sorpresiva y demanda obediencia
inmediata. El niño necesita tiempo para hacer los
arreglos necesarios en su juego antes de obedecer. Por
ejemplo, un niño piensa no venir inmediatamente a
comer o acostarse porque está jugando. La niña vendrá
con gusto si le advertimos que es tiempo de que acueste
su muñeca porque también es hora de que ella vaya a
comer o a dormir. En vez de hacer que Juanito
interrumpa su juego bruscamente, le podemos decir que
debe estar listo para venir a la mesa durante cinco
minutos. También le podemos advertir que debe venir
tan pronto como termine de descargar su camión.
El castigo puede usarse con niños de cualquier edad,
pero si el padre o maestro usa el castigo para cualquier
falta y constantemente, su método de disciplina no
sirve. Recuerde que con su ejemplo, siendo firme en sus
decisiones y cumpliendo lo que promete, usted ganará la
admiración, respeto y amor de sus hijos.
CUESTIONARIO
1. ¿Qué significa amonestación, según la Palabra de Dios?
2. ¿Qué significa la palabra disciplinar?
3. ¿Por qué es importante que los padres vivan lo que
enseñan o dicen a sus hijos?
4. ¿Por qué es importante que les digamos a los niños las
razones de nuestras prohibiciones?
5. ¿Cómo debemos dar nuestras amonestaciones a los
niños y de qué medios nos podemos valer para darlas?
6. ¿Por qué son importantes todas las influencias
espirituales que el niño recibe antes de su conversión?
7. ¿Por qué sólo los que están dispuestos a ser
amonestados por el Señor, están en condiciones de
amonestar en el Señor?
8. ¿Cómo explica usted el refrán: “Lo que haces habla tan
fuerte que no oigo lo que dices?
9. ¿Por qué es necesario demostrar con hechos la
disciplina?
10.
¿Por qué se dice que los niños son, lo que son sus
padres?
11.
¿Cómo pueden los padres cristianos mantener en su
hogar un ambiente lleno de paz y felicidad para sus
hijos?
12.
¿Qué significa para usted los versículos 15 y 17 de
Proverbios 29?
13.
¿Qué debemos utilizar para que la disciplina sea
practicada con sabiduría?
14.
¿Cuáles son las dos funciones principales de la
disciplina?
15.
¿Por qué deben los padres evangélicos formar en
sus hijos hábitos cristianos desde muy temprana edad?
16.
¿Por qué no es bueno hacer que los hijos
obedezcan por temor?
17.
¿Cómo pueden los padres ganar el respeto,
admiración y amor de sus hijos?
18.
¿En qué forma los padres pueden provocar a sus
hijos para que les desobedezcan?
19.
¿Por qué no es bueno castigar al niño por toda falta
que comete?
20.
En los espacios en blanco, escriba las palabras
nuevas. Luego busque el significado de cada una de
ellas en un diccionario.
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Lección No6