MEMORIA Y SABIDURÍA
Domingo 17 del Tiempo Ordinario
24 de julio de 2011
En el diálogo Fedro, Platón pone en boca de Sócrates una curiosa leyenda. El que
inventó los caracteres de la escritura se presentó orgulloso al rey de Tebas a darle cuenta de su
invento. Pero el rey lo reprendió diciendo que al inventar la escritura había dado muerte a la
memoria de los hombres.
En estos años pasados, se decía que la famosa frase de Descartes “Pienso, luego
existo”, parecía haber sido sustituida por esta otra: ”Fotocopio, luego existo”. En este
momento habría que modificar todavía estos aforismos y afirmar con aplomo y arrogancia:
“Lo bajo de internet, luego lo sé”.
Salomón le pidió a Dios el don de la sabiduría (1 Re 3, 5.7-12). La prefería a todas las
riquezas de este mundo. Pero la sabiduría no equivalía a erudición ni a un fácil truco para
tener a mano algunas fórmulas en el momento de un examen. La sabiduría era el arte de saber
conducirse en la vida por el camino recto. La sabiduría equivalía a la justicia.
LA JERARQUÍA DE VALORES
También el evangelio que hoy se proclama (Mt 13, 44-52) contiene una sencilla y
hermosa lección sobre la verdadera sabiduría. Jesús la expresa bajo la forma de tres parábolas
inspiradas en la vida ordinaria de las gentes de su alrededor: agricultores de Galilea,
mercaderes de Cafarnaúm y pescadores del lago de Genesaret.
• Un hombre encuentra un tesoro en el campo y lo esconde de nuevo. Vende todo lo que
tiene y, lleno de alegría, se apresura a comprar aquel campo.
• Un comerciante en perlas finas, encuentra una de gran valor. También éste vende todo
lo que tiene y la compra.
• Unos pescadores arrojan la red en el mar y recogen toda clase de peces. Llegados a la
costa se sientan y hacen la selección entre los buenos y los malos peces.
Las tres parábolas coinciden en una enseñanza. Es preciso estar preparados para hacer
las opciones justas en la vida. En eso consiste la verdadera sabiduría. Hay que establecer una
jerarquía de bienes y de valores. Y aprender a prescindir de lo que vale menos para conseguir
lo que vale más. Aunque parezca costosa, esa decisión comporta una gran alegría.
LAS VERDADERAS OPCIONES
“El reino de los cielos se parece…” El mensaje de las parábolas quedaría incompleto si
se olvidara esa breve introducción que las encabeza. Jesús no es un moralista. Es un profeta.
No vende fáciles recetas para aumentar la autoestima personal. Revela el rostro, la presencia y
las expectativas de Dios con relación a la humanidad. Es decir, el Reino de Dios.
• “El reino de los cielos se parece a un tesoro”. El Reino de Dios está escondido a los
ojos de muchos. Pero existe y es real. Sale a nuestro encuentro cuando menos lo
sospechamos. Y exige de nosotros la disponibilidad para entregar todo lo que hacemos y
tenemos. La parábola nos sugiere la valía de la fe.
• “El reino de los cielos se parece a un comerciante”. El Reino de Dios puede estar
expuesto a la luz pública. Pero sólo quien anda buscándolo, lo encuentra. Hace falta tener sed
para encontrar la fuente que mana y corre. Hace falta la capacidad para conocer el valor que
encontramos para arriesgarlo todo. La parábola nos habla de la aventura de la esperanza.
• “El reino de los cielos se parece a la red”. El Reino de Dios es inabarcable como el
mar. Requiere de nosotros arrojo y valentía, pero también la preparación y los instrumentos
necesarios para captar su riqueza. Y el discernimiento necesario para apreciar el valor de las
opciones. La parábola nos da la clave de la sabiduría que, sin duda, es el amor.
- Señor Jesús, tú eres El tesoro y la perla que nos salen al encuentro. Tú eres el modelo
de las grandes virtudes del reino de tu Padre y nuestro Padre. Que tu Espíritu nos enseñe a
realizar con alegría las opciones que nacen de la verdadera sabiduría. Amén.
José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca
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