LA CONVERSIÓN DE HERODES * CUENTO NAVIDEÑO
Diciembre de 2013
Luis Munilla, SDS
Inspirado en Isaías: "…de las armas harán podaderas e instrumentos de trabajo…"
[¡Cualquier similitud non la realidad, en mera coincidencia!]
Pues resulta, que a Herodes le entraron ciertos remordimientos después de 2.000 años,
llevando ya un periodo largo de sobriedad y sin tomar ron, y una idea le taladraba el cerebro: "¿Por
qué mandaría yo matar a tantos niños inocentes hace 2.000 años? ¿Por qué estaba yo tan
ofuscado? ¿Qué podría hacer yo después de tanto tiempo para reparar esa injusticia histórica?"
Y fue así como a Herodes se le ocurrió volver a la tierra a reconciliarse consigo mismo y con
la humanidad. Naturalmente que se fue directamente a Palestina, y no reconoció ninguna de las
edificaciones de su tiempo, e incluso el templo había sido destruido. Pero lo que más le llamó la
atención es que, desde que él existió, judíos y palestinos siguen en guerra, y parece que la cosa no
tiene remedio. Después de aconsejar a bastantes personas que rezaran y trabajaran por la paz, se
escapó corriendo, no sea que le reconocieran y le denunciaran ante el “Tribunal de La Haya” por la
matanza de los Inocentes, ya que se enteró, que ese tipo de crímenes no prescriben nunca.
Se fue a Siria, a Egipto y recorrió todos los países del norte de África, dándose cuenta de que
la situación no es nada buena, de que hay mucha pobreza y la inestabilidad política es muy grande,
los atentados de kamikazes (palabra que él no conocía) muy horribles, e incluso se quedó sin
respiración, cuando arrojaron algunos gases lacrimógenos, que no sólo le dañaban la vista, sino que
no le dejaban ni respirar. Pensó en seguida, que la cosa no era menos grave que cuando él existía,
lo cual fue un consuelo de tontos, pero alguna fibra del corazón se le retorció interiormente y
deseó que la humanidad cambiara, y que la violencia desapareciera, y que los niños fueran bien
tratados en todo el mundo.
Fue así como se enteró de que hace muchos años había descubierto América, y ni corto ni
perezoso, vendió algunas piezas de oro que había robado del templo en su tiempo, las cambió a
buen precio en el mercado negro, y se embarcó para América. Llegó a Brasil, y como no entendía
portugués, se pasó a Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y varios países más. Vio
bastante progreso comparado con sus tiempos, pero le llamó la atención que la cosa no era tan
fácil, que había bastantes protestas e inconformismos y que la seguridad en ciertos lugares brillaba
por su ausencia.
Así es como llegó a Venezuela, ya que pensó que, como el gobierno es tan amigo de los
chinos, de Irak, de Irán etc., seguro que se trataría de un país maravilloso donde todo funcionaría
perfectamente.
Ya en el avión se encontró gente maravillosa, que enseguida le aconsejó visitar varias partes
del país. Incluso una viejita se lo llevó directamente a Coro, pues Herodes decía que los desiertos de
Palestina eran "lo último", pero se quedó boquiabierto cuando vio los Médanos. Igualmente cuando
visitó Los Andes, la Gran Sabana, el Orinoco y el Caroní, etc. pensó: "¡Realmente, éste es el país más
maravilloso del mundo!"
Pero le llamaron la atención algunas cosas: en puerto Ordaz, a donde fue a interesarse por
las grandes industrias, había bastante desorden y descuido, y en algunas empresas llevaban tiempo
sin trabajar, con lo cual pensó: "¡En este país sí que se toman vacaciones largas!" Igualmente vio
bastantes huecos en carreteras y autopistas, y le explicaron que este año había llovido demasiado,
con cuya explicación, Herodes se quedó satisfecho.
Llegó a Caracas ya muy cerca de las Navidades, con temor de que le reconociera alguien.
Pues se acercaba la fecha, no solamente del Nacimiento de Jesús, sino también del "Día de los
Santos Inocentes", por lo cual él era reconocido mundialmente. Pero como sabemos, sus
intenciones éste año eran diferentes y pensó hacer algo extraordinario. Así, pues, se acercó a una
tienda de juguetes, no muy grande, con la idea de comprar un montón de ellos para los niños
pobres. No comprendió nada cuando le dijeron: "¡Sólo se pueden comprar dos por persona!" - "No:
si yo no quiero dos juguetes para mí, sino dos para cada niño!" - "¿No sabe usted leer? ¿No ha leído
el cartel de la puerta de entrada, donde pone bien clarito: sólo dos juguetes por persona". Salió de la
tienda y se puso en una cola muy larga pensando: "¡Aquí debe haber algo bueno!" Efectivamente,
se enteró de que todos iban a comprar harina pan y azúcar, con lo cual él simplemente pensó, que
de esta forma estaban garantizadas las Arepas para la Navidad.
Pero lo que más le llamó la atención fue la cantidad de guardias y policías que había en estas
fechas en la autopista, trancando todo el tráfico y que solamente dejaban pasar por un canal. Se
quedó media hora observando y pensó: "¡Definitivamente este país es maravilloso: hasta los
policías paran a todos los carros en Navidad, para saludar a todas las personas una por una!”
Y llegó muy a tiempo a la parroquia San Luis Gonzaga de Chuao para celebrar la Misa de
Navidad, el 24 a las ocho de la noche. Disfrutó con la ceremonia, con los Aguinaldos y con la
devoción de todas las personas. Incluso se asomó con temor al Nacimiento y vio con admiración,
que no había ningún signo ni cartel especial que hiciera referencia a él y a la matanza de los
inocentes. Así que durante la misa rezó más o menos de esta manera: "¡Señor Jesús, a quien yo
quise matar cuando naciste; me arrepiento de todos mis pecados; perdón por mi mal ejemplo a lo
largo de los siglos; deseo que en todo el mundo haya paz, que se elimine la violencia y las muertes, y
que se imponga la paz que anunciaron los profetas y que yo no supe fomentar. Amén!"
En el cielo, un viejo con largas barbas, se sobresaltó y al despertarse sonaron las llaves que
tenía amontonadas. No supo qué pensar. "¿Será que todo ésto es una farsa? O ¿será que después
de 2.000 años este hombre ya ha comenzado a madurar un poco?” Y después de rascarse la cabeza
dictaminó: “¡Por si acaso, vamos a darle otra oportunidad de 1.000 años más, para que recapacite,
antes de abrirle las puertas del cielo”!
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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