CARTA PASTORAL

Anuncio
CARTA PASTORAL POR EL AÑO JUBILAR DE LA DIÓCESIS
EN SU PRÓXIMO 50° ANIVERSARIO.
25 JULIO 1965 – 25 JULIO 2015
=NUESTRA ALMA GLORIFICA AL SEÑOR=
= QUEDATE CON NOSOTROS, SEÑOR, PORQUE ATARDECE Y EL DÍA YA HA DECLINADO.=
Al clero, a las personas consagradas
y a los fieles laicos:
Mi muy amada Diócesis: Es con un corazón lleno de gratitud, alegría y esperanza por el
actuar de Dios en nuestra Diócesis durante estos 50 años que les invito a vivir juntos este año de
gracia, de bendición y de un nuevo llamado del Señor para ser una Iglesia que fortalece la
Comunión, sus procesos evangelizadores de Encuentro con Cristo y su compromiso misionero.
Tomándonos de la mano de San Marcos, nuestra Patrono, y de Nuestra Señora de Guadalupe,
queremos hoy proclamar el Inicio de este año jubilar porque el Señor ha estado grande con
nosotros y estamos alegres.( Sl 126)
“La Diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía al Obispo para ser apacentada
con la cooperación de sus sacerdotes, de suerte que, adherida a su Pastor y reunida por él en el
Espíritu Santo por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituya una Iglesia particular, en que se
encuentra y opera verdaderamente la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica.”(CD
11)
El jubileo es una ocasión privilegiada para renovar nuestra consciencia de Pertenencia a la
Iglesia, fundada por el Señor Jesús; Iglesia Peregrina que camina en la historia siguiendo las huellas
de su Señor y Maestro que pasó por este mundo haciendo el bien (Act 10,38). Celebrar el jubileo
Diocesano es actualizar y explicitar el lugar dónde hemos sido llamados a ser Iglesia. A todos los
que vivimos en las cinco Vicarías que conformamos nuestra Diócesis, el Señor, nos constituyó como
familia suya en una misma Diócesis, en porción de su Pueblo: La Iglesia Particular de Tuxtla Gutiérrez
a partir del año 1965. Es el Señor quien nos ha elegido y es Él quien construye el caminar de nuestra
diócesis; a nosotros nos toca dejarnos conducir por el Espíritu Santo, estar siempre abiertos al querer
de Dios para que nuestro pueblo tenga vida en abundancia.“Si el Señor no construye la casa, en
vano trabajan los albañiles”. (Sl 127)
Fuimos llamados como Diócesis para la Comunión, la vivencia y celebración gozosa de
nuestra fe y para la Misión. Somos una Iglesia Particular que celebra, vive y comparte con alegría su
fe. La vocación a la Comunión es un llamado a la Santidad Comunitaria y a la Misión compartida
para que Jesús sea conocido por todos, que sólo son posibles por la acción del Espíritu que nos hace
vivir en la alegría de ser parte del mismo Cuerpo de Cristo. En la Misión la Iglesia anuncia a
Jesucristo, con la palabra y el testimonio para que todos tengan vida en abundancia. (Jn 10,10)
El jubileo es tiempo de:
.- Inmensa gratitud al Dios Amor siempre presente en nuestra historia diocesana.
.- Gracia y santificación del Pueblo de Dios volviendo nuestro corazón a la Palabra, a la
Eucaristía y al amor fraterno.
.- Avivar la memoria y la gratitud por las personas y acontecimientos que fecundaron nuestra
Iglesia Diocesana.
.- Acrecentar nuestro sentido de pertenencia y nuestro compromiso con el caminar
diocesano.
.- Reconciliación para superar las tristezas y sufrimientos de nuestro pueblo.
.- Oración profunda que nos lleve a buscar los caminos de Dios para nuestra Diócesis.
.- Estar más abiertos y disponibles al Espíritu Santo quien conduce nuestra Iglesia.
.- Alentarnos mutuamente y de unir esfuerzos para responder a las esperanzas de nuestra
pueblo.
El jubileo se convierte para nosotros en un Llamado y en un Envío porque necesitamos
crecer como Diócesis discípula misionera que navega mar adentro. ¿Cuáles son las olas que golpean
nuestra barca? y ¿Cuáles son las redes que necesitamos lanzar? Esto exige ver, amar y asumir
nuestra historia diocesana para, por una parte, gozar la presencia de Dios con nosotros, y por otra
parte, valorar y agradecer el esfuerzo de los hombres y mujeres que han dejado huella en la
edificación de nuestra Iglesia particular de Tuxtla Gutiérrez.
Mirando al pasado surge espontáneamente un profundo agradecimiento por todo aquello
que nuestros hermanos, con la gracia de Dios, han construido a lo largo de estos años desde que su
Santidad Paulo VI erigió nuestra diócesis el 27 de Octubre de 1964 con la Bula “CURA ILLA” (Aquel
Cuidado), y llevada a su realización el 25 de Julio de 1965 al ser consagrado su primer obispo Mons.
José Trinidad Sepúlveda Ruiz-Velasco.
Dirigimos una mirada de profunda gratitud a nuestros antecesores, S.E. Mons. José Trinidad,
S.E. Mons. Felipe Aguirre Franco, S.E. Mons. José Luis Chávez Botello, S.E. Mons. Rogelio Cabrera
López y el Auxiliar S.E. Mons. José Luis Mendoza Corzo, que con su historia de servicio fecundo
cimentaron y fortalecieron el hoy de nuestra diócesis. Recordamos lo Lemas Episcopales: Mons.
Sepúlveda: Mi Fortaleza Dios; Mons. Felipe: Evangelizar; Mons. Chávez Botello: Servus Christi; Mons.
Rogelio: Haec est Victoria Fides Nostra; Mons. José Luis (Auxiliar): Pro eis ego santifico me ipsum;
Mons. Fabio: Semper Servus. Lemas episcopales que pusieron el cimiento y fueron edificando el
proceso evangelizador de nuestra diócesis y que hoy continúan avivando nuestro caminar en el
fortalecimiento de la comunión y la participación en todos los niveles de la diócesis. Somos una
Diócesis que nos exige: “Estar Unidos, Apoyarnos y Apreciarnos”
En cuanto al presente, queriendo ser fieles discípulos misioneros, le pedimos al Señor con
humildad, un Nuevo Pentecostés para nuestra diócesis, a fin de que cada uno de nosotros reciba
ese fuego de ardor apostólico para construir juntos una diócesis “Buena Samaritana”.(DA 176)
En el marco del año jubilar, dirigimos una mirada llena de gratitud y de ánimo a todos los
sacerdotes, diocesanos y religiosos: Ustedes han sido nuestros
cercanos e insustituibles
colaboradores que llevan el peso del trabajo diario y que comparten más de cerca el sufrimiento y
las alegrías de nuestro pueblo. La época actual requiere de manera especial en los pastores la virtud,
la experiencia profunda de Dios ( DA 199 ), el espíritu de oración y sacrificio ante las inmensas
necesidades en la tarea que se les ha confiado y que realizan con admirable dedicación en la
caridad pastoral. En nombre de todos los Obispos: Gracias por su generosidad y su solidaridad para
con nosotros.
Amados sacerdotes: Aprovechemos este año de gracia para crecer por la conversión
personal y pastoral en nuestro entusiasmo sacerdotal amando nuestra identidad y misión de
pastores, buscando caminos concretos para la renovación de nuestras parroquias al estilo de
Jesús.(DA 363)
A nuestras muy apreciadas y entusiastas religiosas: Su testimonio ha sido una bendición, ya
que ustedes al compartir nuestra situación diocesana con todas sus carencias, su presencia ha sido
consuelo y fortaleza para nuestro pueblo. La presencia maternal de María llega a nosotros por
ustedes. Hermanas religiosas les invito a avivar esta cercanía con nuestro pueblo llegando a los más
alejados y golpeados por la cruz del sufrimiento.
A nuestros agentes laicos de pastoral: Ustedes son el ejército para transformar nuestra
sociedad a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia. Ustedes son los testigos, discípulos
misioneros en los diferentes ambientes de la vida social, laboral, educativa, económica y política.
Estimados laicos, como sus Obispos, les decimos que queremos escucharles mejor y darles los espacios
que les son propios en la vida de la Iglesia, así como la formación y el acompañamiento necesarios
que les corresponden en la vida de nuestra Iglesia diocesana; aprovechamos para invitarles a que
todos despertemos en este año jubilar y caminemos juntos en la construcción de nuestras familias y
parroquias, en la comunión y en la participación generosa y alegre.(DA 213)
Necesitamos juntos: sacerdotes, religiosos(as) y laicos reconstruir el tejido social, que se
encuentra muy deteriorado y que ha desintegrado nuestras familias por la falta de valores, de
trabajo, de oportunidades para todos y de una educación integral. Somos parte de una sociedad que
quiere vivir sin Dios y que pone su corazón en el poder del dinero, en el placer, en el libertinaje del
sentirse bien sin importar la verdad, la dignidad de la persona y el bien común. Vivimos tiempos
difíciles, que tenemos que afrontar como levadura en medio de la masa para vencer al mal a
fuerza de bien. Rom 12, 21.
Necesitamos crear espacios de encuentro con Dios que propicien la recuperación de la
Identidad de la persona y de su Dignidad, así como la misión fundamental de la familia, por la
escucha de la Palabra, por la oración, y en el diálogo que permitan a los hombres y mujeres, y a los
jóvenes especialmente encontrar respuestas acertadas para responder a los desafíos y anhelos de sus
vidas. Urge que sembremos semillas de reconciliación empezando por las familias, que nos lleven a
reconocer al otro como nuestro hermano para así propiciar una fraternidad solidaria que nos ayude a
crear condiciones de un desarrollo integral, del que todos somos responsables.
Mirando al futuro, nos ponemos con confianza y esperanza en manos de Dios, y queremos
pedirle que con su presencia amorosa y transformadora, podamos caminar firmes y alegres en la fe,
y así contagiar con nuestro testimonio y nuestro entusiasmo apostólico a nuestros hermanos alejados o
desanimados, para que Jesús sea el camino, la verdad y la vida de nuestras comunidades (Jn 14,6).
Es Jesús vivo que nos anima en nuestro caminar como a los discípulos de Emaús haciendo arder de
nuevo nuestro corazón ante las Escrituras y el partir del pan. Por esto nuestra oración como diócesis es:
“Quédate con nosotros. Porque atardece y el día ya ha declinado.” (Lc 24,29)
Este año jubilar es un regalo de Dios que tenemos que vivir intensamente. ¿Qué queremos
para nuestra diócesis, comunidades parroquiales y familias? ¿Qué estoy dispuesto a aportar para el
crecimiento de nuestra diócesis como casa y escuela de comunión, como formadora de discípulos
comprometidos y como Iglesia misionera siempre en salida? La actitud fundamental es la Renovación
del corazón y de mentalidad que nos comprometa a una mejor comunión y participación para hacer
posible la renovación de nuestras familias y parroquias. No olvidemos que esta renovación tiene su
origen en nuestra experiencia de Dios, en ese encuentro personal y comunitario con un Cristo vivo
que le da sentido nuevo y pleno a nuestra vida, encuentro que nos lanza a caminar con la
comunidad, a ser hombres y mujeres que abiertos siempre a la acción del Espíritu Santo buscamos en
todo la voluntad de Dios, para edificar su Reino y no el nuestro.
Tenemos un muy buen Plan Diocesano de Pastoral del que todos somos protagonistas, en
el que hemos apostado por TRES Proyectos Estratégicos: a).- Ser una Iglesia Comunión. b).- Impulsar
los Procesos Evangelizadores. c).- Ser una Iglesia Misionera. Todo éste impulso nos llevara a la
conversión pastoral que dará frutos en la renovación de nuestras parroquias. Sigamos los lineamientos
de Aparecida 170 – 176 en ese proceso de hacer de nuestras parroquias casas y escuelas de
comunión. Pongamos nuestros mejores esfuerzos: en la convocatoria de todos nuestros parroquianos
para que todos sean parte de ella, y en la formación de laicos misioneros para responder a las
exigencias del momento actual. Propiciemos y cuidemos los espacios de una iniciación cristiana
que favorezca la educación y la celebración de la fe; acompañemos la diversidad de carismas, de
movimientos y apostolados, y de servicios para la mejor integración de la comunidad. Hay mucho
camino por andar en la renovación parroquial, no nos desesperemos porque no veamos grandes
frutos, pero si avancemos confiados en el actuar de Dios y poniendo lo mejor de nosotros,
empezando por nuestra conversión personal siendo hombres y mujeres de misericordia. Porque “hoy,
más que nunca, el testimonio de comunión eclesial y la santidad son una urgencia pastoral. La
programación pastoral ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor”(DA 368).
Sigamos apostando nuestros esfuerzos y recursos en la formación de los Agentes, en la
Familia y en los jóvenes. La proximidad del Sínodo sobre la Familia en Octubre, nos invita a mirar
hacia nuestras familias, “patrimonio de la humanidad”, escuela de fe, tan necesitadas hoy de la
presencia del Señor y por lo tanto de una atención pastoral que les haga recuperar su vitalidad como
fuente misionera de educación en la fe y promotora de la paz social.
Una prioridad en el caminar para nuestra consolidación diocesana ha sido y será siempre
nuestro Seminario, espacio privilegiado, escuela y casa para la formación de nuestros sacerdotes,
discípulos misioneros. Espacio del que todos somos responsables y por esto la pastoral vocacional
es responsabilidad de todo el pueblo de Dios, desde la familia hasta la parroquia. Intensifiquemos
en este año jubilar nuestra oración, testimonio y promoción por las vocaciones. Que cada familia,
parroquia y cada sacerdote sea un entusiasta promotor vocacional, ojalá y todas las parroquias
tengamos seminaristas como fruto de ser comunidades vivas y fecundas. Sería un buen regalo en este
año jubilar para nuestra Diócesis.
Aceptando el Mandato Misionero del Señor, escuchamos con confianza y esperanza para
nuestro caminar su fidelidad en el: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
(MT 28,20) que nos invita a vivir este año jubilar con alegría, con intensidad y con esperanza.
Convoco a toda la diócesis para que con fe y entusiasmo hagamos que este 50° aniversario sea una
gran bendición para todos, por nuestra participación alegre y generosa en este caminar diocesano
hacia nuestras Bodas de Oro que tendrá su clausura el viernes 25 de Julio del 2015.
Todo año jubilar es una oportunidad para ganar Indulgencias. Con la facultad que la Iglesia
me concede, ofrecemos a nuestra Iglesia diocesana la posibilidad de ganar indulgencias cuando,
además de cumplir con las condiciones requeridas (estar en estado de gracia participando del
sacramento de la reconciliación, Comulgar, hacer la profesión de fe rezando el credo, orar por el
Papa y sus intenciones, practicar una obra de caridad a un hermano necesitado) se participe en las
siguientes celebraciones:
.- En la celebración de apertura y clausura del año jubilar.
.- En la celebración del 25 de Abril fiesta de San Marcos, nuestro Patrono.
.- En las peregrinaciones parroquiales a la Catedral.
.- En las peregrinaciones a los dos templos que escogerá cada Vicaría.
.- En las horas santas de los primeros jueves de mes.
.- En la misa “Pro Populo” en cada parroquia los primeros domingos de mes.
.- En la semana eucarística en la parroquia con motivo del jubileo.
- En la peregrinación diocesana a la Basílica de Nuestra Señora de
Guadalupe el último domingo de Mayo.
Les pedimos su oración por nosotros, sus Obispos, para que
convertirnos y en gozar este año jubilar.
seamos los primeros en
Que María Santísima de Guadalupe y San Marcos Evangelista, nos ayuden a caminar juntos y
nos conceda la gracia de ser dóciles al Espíritu Santo para que centrados en Jesús, estemos con el
corazón encendido y todo lo que vivamos en este año jubilar sea para la gloria de Dios,
fortalecimiento de nuestro ser y misión como diócesis, y para el bien de nuestras familias y hermanos
más alejados y desamparados.
Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día ya ha declinado.
Dado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a 29 de Junio de 2014. Solemnidad de San Pedro y San Pablo
Mons. Fabio Martínez Castilla
II Arzobispo de Tuxtla Gutiérrez
Mons. José Luis Mendoza Corzo
Obispo Auxiliar de Tuxtla Gutiérrez
Descargar