tercera parte.

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“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino
del Señor, allanad sus senderos” (Lc. 3, 5)
EL SIMBOLISMO DE JUAN BAUTISTA.
La importancia que tiene el Bautista en Adviento le viene no sólo a título personal, sino
por todo lo que representa. El Bautista es el último eslabón de la economía antigua.
Representa a Moisés y a todos los profetas. Por eso su testimonio es tan importante. En su
boca se condensa todo el testimonio del Antiguo Testamento a favor del Nuevo. Él es el
último eslabón de los testigos de la luz. Pero le ha llegado su tiempo de ser dejado atrás
por aquel que se pone delante.
El Bautista nos repetirá hasta la saciedad “Yo no soy”. Yo no soy el Cristo, no soy Elías,
no soy el profeta, no soy la luz. Esta es la naturaleza del testigo. No importa quién sea. Es
sólo una voz sin rostro, sin nombre. Lo único que importa es el contenido es el contenido
de su mensaje. La voz es efímera, pasa y se pierde en el espacio. Sólo queda la palabra.
Pero Juan no es la palabra, es sólo la voz.
Es la verdadera naturaleza de todo testigo de Cristo. “No nos predicamos a nosotros
mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús” (2
Co 4,5). Todo testigo de Cristo descubre en la persona del Bautista la fuente del
verdadero gozo.
(Cf. “Personajes del cuarto evangelio”. Juan Manuel Martían-Moreno)
ALLANAD LOS CAMINOS
Allanad los caminos.
Allanad, sí, todos los caminos de la tierra
porque el Señor está cerca.
El vendrá y llenará de esperanza
a quienes la perdieron
Vendrá en la noche para ser luz.
Vendrá para acompañar a l@s cansad@s,
a l@s etern@s desiludionad@s.
Ya pueden cantar victoria
quienes se creían abandonad@s.
Ya está el Salvador a la puerta.
Allanad los caminos.
Abrid caminos de esperanza,
quienes pasáis por este mundo
sin encontrar sentido a la vida.
Allanad los sendero, porque él vendrá.
Vendrá como rocío mañanero.
Rasgará los corazones de piedra
y ablandará la dureza
de nuestra tierra seca.
Vendrá el Señor, no tardará.
Esperadlo en el umbral de vuestra casa,
porque sin hacer ruido vendrá
y lo inundará todo con su amor.
SÚPLICA A FAVOR DEL TESTIGO (Sal. 71)
Inunda, oh Dios, con el torrente de tu audacia
a la persona llamada a ser tu testigo:
que su compromiso a favor de los pobres
y su estar al lado del necesitado y desvalido
ayuden a desvelar tu imagen
de un Dios que aborrece toda iniquidad;
que la experiencia de tu amor en su vida
sea como lluvia y rocío
que hagan fértil la tierra baldía de nuestras desesperanzas;
que la paz de su corazón y de sus palabras
hagan posible el abrazo de todas las ideas y creencias;
y que nos ayude a comprender que el único enemigo del ser humano
es el que niega o hace imposible al hermano
su vocación de amor universal.
Caigan rendidos ante la fuerza de su testimonio
quienes defendían la necesidad de la guerra
e incrementaban el poder de las armas aniquiladoras;
que los poderosos de este mundo alcancen a ver en él
que todo poder es corrupción
cuando no es servicio desinteresado.
Pues la vida de un desheredado es más valiosa a tus ojos,
Señor, que todas las culturas y civilizaciones
que se sostienen a costa de la miseria de muchos.
¡Jamás nos falte un testigo de tu amor!
Sólo él /ella nos hará abundar en la perfecta alegría,
porque cambiará nuestros cultivos de egoísmo
en campos ubérrimos de comunión y amistad;
sólo él conseguirá que sea bendición
la maldición de mutua desconfianza
que hoy pesa sobre el ser humano;
sólo él, porque aceptó, con el sacrificio de su vida,
ser sendero de Dios entre los hombres y mujeres:
aurora de un mundo nuevo bajo el signo de la fraternidad.
¡Bendito el Dios de rostro humano,
único que leva al ser humano al gozo de ser su testigo!
¡Bendito el Dios que nos envía signos clarividentes
de su amor hecho carne, presencia, riesgo!
¡Bendito el Dios que consagra los pasos de sus elegidos
con el cuenco abundante de la esperanza
que derriba todo muro de lo imposible!
La tierra estrenará nuevo taje de fiesta
allí donde los oídos se abran
a la palabra hecha carne del testigo de Dios.
Antonio López Baeza
PARA ANUNCIAR EL ADVIENTO
Éste es el tiempo de la espera, del anhelo y la ilusión.
Es un tiempo de ojos abiertos,
de miradas largas como el horizonte
y de pasos ligeros por oteros y valles.
Es el tiempo de las salas de espera,
de los sueños buenos que soñamos
y de los embarazos de vida.
Es tiempo de anuncios, pregones y sobresaltos;
de vigías, centinelas y carteros,
de trovadores y profetas.
Es tiempo de luces y coronas,
de puertas y ventanas entreabiertas,
de susurros, sendas y parteras.
Es tiempo de pobres y emigrantes,
de cadenas y cárceles rotas
y de hojas con buenas noticias.
Es el tiempo de Isaías, Juan Bautista y María;
y de José, quitando fantasmas,
embarcado en la aventura
y pasando las noches en claro.
A TIENTAS
Esperar,
cuando una se adentra en la madurez de la vida,
o lleva años afirmando y regando el jardín de sus flores y seguridades,
no consiste en soñar, ni en volar,
ni adentrarse en un mundo de ilusiones,
ni en quitar las hierbas malas,
ni en dar respuesta a todos los interrogantes,
ni en tener una estructura lógica y razonable en la que apoyarse…
Esperar, hoy, Señor
es andar a tientas, tanto de día como de noche,
entre sombras y luces, bullicios y silencios
-que velan, desvelan, confunden y alertane intentar, con los sentidos cansados,
olerte, oírte, verte, tocarte y besarte en tus mediaciones.
Y alegrarse de estar aquí así, a tientas.
(Cf. Al viento del Espíritu. F. Ulibarri)
SENSIBILIDAD PARA APRECIAR LOS VALORES
“Qué vuestra comunidad de amor siga creciendo en sensibilidad para apreciar los valores” (Flp. 1,9-10)
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad
SENSIBILIDAD PARA APRECIAR LOS VALORES.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
en aquel conocimiento que nos hace comprensivas,
en aquel buen sentido que nos hace prudentes,
en aquella conciencia que nos hace honradas.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad
SENSIBILIDAD PARA APRECIAR LOS VALORES.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
en la profundidad del océano divino,
en la superficie de la ternura,
en la densidad de la contemplación.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad
SENSIBILIDAD PARA APRECIAR LOS VALORES.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
por dentro y hacia fuera, madure y fructifique,
se explicite en actitudes definidas,
se materialice en acciones concretas.
Que nuestra comunidad de amor siga creciendo
y ensanchando los círculos de afecto
hasta llegar del centro a las orillas,
en oleadas sucesivas de amistad y fraternidad.
Así seguiremos creciendo en sensibilidad
SENSIBILIDAD PARA APRECIAR LOS VALORES.
(Joaquín Suarez)
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