VI Semana del Tiempo Ordinario

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VI Semana del Tiempo Ordinario
Se dijo a los antiguos, pero yo os digo
(Mt 5,17-37)
ANTÍFONA DE ENTRADA (SAL 30,3-4)
Sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me ponga a salvo, tú que eres mi roca y mi baluarte; por
tu nombre dirígeme y guíame.
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que te complaces en habitar en los limpios y sinceros de corazón; concédenos, vivir de tal
modo la vida dela gracia que merezcamos tenerte siempre con nosotros.
PRIMERA LECTURA (Eclo 15,16-21)
No mandó pecar al hombre
Lectura del Libro del Eclesiástico
Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están
puestos fuego y agua, echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán
lo que él escoja.
Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las
acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja immunes a los
mentirosos.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 118,1-2. 4-5. 17-18. 33-34)
R/. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R/.
Tú promulgas tus decretos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus consignas. R/.
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu voluntad. R/.
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.
SEGUNDA LECTURA (1Co 2,6-10)
Dios predestinó la sabiduría de los siglos para nuestra gloria
Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los
príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina,
misteriosa, encendida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los
príncipes de este mundo la ha conocido, pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado
al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede
pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, y
el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO (Mt 11,25)
R/. Aleluya, aleluya
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has revelado los secretos del Reino a la gente
sencilla.
R/. Aleluya, aleluya
EVANGELIO (Mt 5,17-37)
Se dijo a los antiguos, pero yo os digo
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley o los profetas:
no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje
de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será
el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el
Reino de los Cielos.
Os lo aseguro: Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo:
Todo el que esté peleado con su hermano será procesado.
Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama
«renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar,
te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y
vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te
pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue
al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que
hayas pagado el último cuarto.
Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer
casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer,
sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el Abismo. Si tu mano
derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero
en el Abismo. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo
os digo: el que se divorcie de su mujer –excepto en caso de prostitución–, la induce al adulterio, y el
que se case con la divorciada comete adulterio.
Sabéis que se mandó a los antiguos: «No jurarás en falso» y "Cumplirás tus votos al Señor". Pues
yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es
estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no
puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí
viene del Maligno.
Se dice «Credo»
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Señor, que esta oblación nos purifique y nos renueve, y sea causa de eterna recompensa para los que
cumplen tu santa voluntad.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN (Sal 77, 29-30)
Comieron y se hartaron, así el Señor satisfizo su avidez.
o bien
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que
crean en él, sino que tengan vida eterna.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Alimentados con el manjar del cielo, te pedimos, Señor, que apetezcamos siempre las fuentes de
donde brota la vida verdadera.
Lectio
El Evangelio de hoy es una llamada a la madurez moral, que desde el punto de vista cristiano,
implica dos cosas. En primer lugar, actuar guiados por un amor sincero, y no por el voluntarismo de
cumplir ciertas normas ni por miedo a posibles penas o castigos. Y en segundo lugar, aceptar
nuestras propias limitaciones: para alcanzar este ideal no nos bastan nuestras propias fuerzas,
necesitamos la ayuda de Dios.
Queda claro en lo que Jesús nos plantea que lo que él quiere no es simplemente un mundo mejor,
sino un mundo nuevo. No pide sólo un mundo más justo, sino que las personas se conviertan de
corazón. Para que el bien sea verdadero no basta con evitar que haya mal en el mundo, también hay
que desterrarlo del fondo de nuestro corazón.
Es un ideal muy elevado. Es lo que en su predicación llama "Reino de Dios" (o "Reino de los
cielos", como prefiere Mateo probablemente por evitar la referencia directa a Dios, ya que su
evangelio es el más próximo al contexto judío). Éste no se alcanza a través del cumplimiento de
unos mandamientos, sino dejando que Dios nos dé una vida nueva.
Clave de Lectura

El seguimiento de Jesús exige una vida renovada, lejos de las antiguas maneras de juzgar lo
bueno y lo malo, confrontada con una verdad mayor y profunda.

Jesús no ha venido a abolir la Ley, pero sí se opone a que la Ley sea cumplida con
superficialidad y comodidad por parte de sus contemporáneos.

Jesús asume y vuelve nuestra mirada al corazón de la Ley; parte del aspecto legal para
llevarnos a la verdadera calidad de vida que exige la voluntad de Dios en temas muy
concretos y cotidianos: la reconciliación, el adulterio y el escándalo, el divorcio, la
coherencia,…
Preguntas para la lectura:
– ¿Qué dice Jesús sobre la ley y los profetas al inicio del texto? ¿A quiénes no deben parecerse los
que han decidido ser parte de su Reino?
– ¿Cuál es la novedad que el Señor plantea respecto al mandamiento de no matar (Mt 5,21-26)?,
¿cuál es el énfasis que está colocando?, ¿a qué se refiere con eso?, ¿por qué?
– ¿Qué aspecto valora e insiste respecto al tema del adulterio (Mt 5,27-30)?, ¿qué pretende con esa
nueva mirada y esa actitud?
– ¿Cuál es el valor que nos inculca el Señor al decirnos: “…no juren nunca…” (Mt 5,33-37)?,
¿qué busca con eso?
Otros textos bíblicos para confrontar:
Lc 16,17; Lc 12,58-59; 1 Cor 7, 10-11; Is 66,1 ; Sal 48.
Reflexión
Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había
regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del
único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.
También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra
experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros
para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario
abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.
Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además,
arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que
no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios
que busca construir con nosotros una vida más humana.
Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el
crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo
para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la
venganza.
Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas
y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y
hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.
No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la
Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos
en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la
necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.
Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre
personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas,
celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que
parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”.
El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a
otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.
Compromiso:
¿Qué haré esta semana para que todo lo que conozco de la palabra del Señor, lo haga vida y actitud?
Oración final
Padre Santo, te damos gracias
porque Tú siempre buscas nuestra felicidad.
Nosotros no siempre estamos atentos
a tus mandamientos y por ese motivo, fallamos.
A veces nos confundimos y queremos encontrar la felicidad por otros caminos que no son los que
Tú nos Señalas.
Padre Santo, te pedimos que abras nuestro duro corazón a las enseñanzas de tu Hijo,
Nuestro Señor Jesús. Que entendamos que él nos reprende cuando hacemos las cosas que nos llevan
por un camino lejano de ti.
Que no sólo conozcamos tu Evangelio, que es Buena Noticia en nuestras vidas, sino que
aprendamos a vivirlo con plenitud.
Amén
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