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La eficacia simbólica de los estereotipos de género en la reproducción de la
hegemonía masculina: Análisis de contenido de la literatura infantil y juvenil1
Fátima Arranz (Facultad de Ciencias Política y Sociología -UCM)
([email protected])
Abstract
Los estereotipos de género suelen ser contemplados habitualmente a la luz del examen
descriptivo de los comportamientos diferenciadores entre lo masculino y lo femenino.
Esa perspectiva de estudio favorece su desactivación como dispositivos de poder en el
orden social generizado u orden hegemónico masculino. Este estudio aborda, a través
del análisis de contenido, la presencia de los estereotipos y roles de género en un total
de 42 textos representativos de la literatura infantil y juvenil más leída en el periodo
2006-2010. Estereotipos analizados como potentes mecanismos de reproducción de la
lógica de dominación de género -en tanto promueven la misoginia social y la
homosociabilidad masculina- que configurarán tanto varones con identidades
hegemónicas como mujeres con identidades subordinadas.
Palabras clave: estereotipos, literatura infantil y juvenil, género, identidad,
masculinidad hegemónica, misoginia, homosociabilidad, mass media.
Los estereotipos de género ocupan un lugar sustantivo del proceso de socialización.
Ellos pueblan los universos simbólicos de cada individuo, incidiendo de manera
decisiva en la conformación de su subjetividad. La tesis que aquí se mantiene es que las
figuraciones transmitidas a través de la literatura infantil y juvenil, son un soporte de
conocimiento de la realidad que, lejos de desempeñar sólo un papel complementario en
la labor que llevan a cabo otros agentes de socialización (familia, escuela, etc.), operan
como potentes dispositivos de reproducción del orden social generizado, que denotamos
como de hegemonía masculina.
1
Este artículo forma parte del proyecto de investigación del Plan Nacional de I+D+i concedido en el año
2010, cuyo título es “Mujeres y hombres en la industria cultural española (literatura y artes visuales”
(FEM2010-16541)
1
Potencia de los estereotipos derivada de su eficacia simbólica. Eficaz, tanto porque
produce su efecto, que no es otro que la legitimidad social de las normas de género, al
tiempo que intentan invisibilizar, a partir de la “naturalización” y repetición de las
historias, la violencia que se ejerce en la in-corporación subjetiva de toda norma social
(Butler, 2001).
¿De qué manera se enfoca nuestra preocupación por la socialización de género en la
reproducción de la hegemonía masculina?
masculina, término registrado
En principio, el concepto de hegemonía
por vez primera por Connell (1987, 1995), apela
indiscutiblemente a la supremacía social masculina y se conceptualiza como la forma en
que la masculinidad establece las estructuras y legitima las relaciones jerárquicas entre
hombres y mujeres en un entorno socio-histórico concreto (Connell cit. por
Messerschmidt, 2012:3),
nuestro interés por esta corriente, es que sostiene sin
ambigüedad el carácter relacional del concepto. Se dará prioridad al estudio que
establece el principio jerárquico por el que se denigra un género – vía misoginia- para
poder elevar al otro.
La masculinidad hegemónica, como insiste
Messerschmidt
(2012), no tiene significado fuera de su relación con la "feminidad enfatizada" o con
aquellos feminidades observadas como complementarias a la masculinidad, quejosas y
siempre en relación de sumisión paradójica (Bourdieu, 2000) con la masculinidad2.
Subrayamos, por tanto, nuestra prioridad por observar el sentido relacional de las
identidades, por el
hecho que una u otra no se explican sin estudiar sus mutuas
referencias. Lo habitual es soslayar la centralidad de este componente relacional, tanto
en la investigación feminista como en los estudios sobre las masculinidades,
enfocando el análisis en uno sólo de los elementos que conforman la relación.
La cada vez mayor determinación tecnológica de la cultura, lleva a la investigación
social a atender la relevancia de los mensajes mediáticos sobre el recorrido formativo
de la construcción de las subjetividades. Este hecho constata el cada vez mayor
2
Sin lugar a duda el surgimiento del pensamiento y acción feminista se deben a una observación
relacional, sin embargo, los múltiples desarrollos de sus estudios se suelen enfocar preferentemente en
el componente de una de las partes: las mujeres. También opto por el concepto de masculinidad
hegemónica frente al de dominación masculina (Bourdieu, 2000) en primer lugar porque en la propuesta
de Connell se abre a la posibilidad a otras formas de realizar la masculinidad por parte de los varones, en
segundo lugar, sin duda también interviene en la elección de este concepto, el que socialmente está
menos sancionado en la comunidad científica que la adscripción feminista. Hecho, por otro lado, que
confirma la existencia de la dominación masculina. Y, por último, para visibilizar, dentro de los estudios
de las masculinidades, la deriva masculinista que están tomando estos análisis cómo bien señala
Messerschmidt (2012).
2
afianzamiento científico del constructivismo psico-social, como sostenía Simone de
Beauvoir: no se nace mujer, y añadimos, tampoco varón, sino que se llega a ser.
Entendemos que la literatura infantil y juvenil3, como instrumento de producción
simbólica, recoge de manera extraordinaria esos valores culturales que el patriarcado,
necesita transmitir a las jóvenes generaciones, impelido por salvaguardar sus posiciones
de poder. Valores que deberán integrarse en los hábitos de vida y comportamiento de
niñas y niños. Weitzman et al. alertan, en su ya clásico artículo sobre la socialización
de los roles sexuales en los libros ilustrados para pre-escolares, del impacto emocional
e intelectual que tienen los textos orientados a este grupo al tiempo que señala que las
ilustraciones de los textos son un indicador especialmente útil para la observación del
contenido las normas sociales.
La finalidad de estas prescripciones será, por tanto,
persuadir a los menores a aceptar esos valores, al tiempo que les alienta a ajustarse a las
normas aceptables de comportamiento (1972: 1126).
El abordaje del análisis de la literatura infantil y juvenil de ficción más vendida se
enmarca dentro de un supuesto más ambicioso y no es otro que demostrar la
retroalimentación que se presenta, entre lo que se dice –los contenidos- y lo que hace –
los efectos sobre el propio campo de estudio-. Las mujeres en estos campos son
discriminadas como sujetos y como objetos de ficción. Discriminación, por un lado, de
su condición de género, como artistas y literatas, respecto a los varones y, por otro lado,
en los contenidos de los textos, como observamos en el sub-protagonismo, en los roles,
en las actitudes, etc. que desde la autoría (escritores y escritoras) de los relatos les hacen
desempeñar. Además, sobre esta doble discriminación, se promueve y reafirma la
hegemonía masculina en los otros órdenes de la sociedad.
En síntesis, mantenemos que el éxito de la dominación masculina estriba en el control
férreo de los procesos adquisición de las identidades de género. Ello se hace realidad en
una buena parte a través de los instrumentos de producción simbólica, que en cuanto
instrumentos estructurados y estructurantes de comunicación y conocimiento, ayudan a
conformar las identidades de género o el habitus (en términos bourdianos), al tiempo
que permiten la legitimación de los dispositivos de dominación masculina. Su uso, por
3
Nuestra definición de literatura infantil y juvenil –excluidos libros de texto- se toma del “Barómetro
de Hábitos de lectura y compra de libros en España” dado que es la fuente que nos ha permitido
obtener la muestra de los textos analizados. Este estudio lo suele llevar a cabo la empresa Conecta
Research & Consulting por encargo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), con la
colaboración de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura. Aunque
el sondeo tiene una periodicidad trimestral, la presentación de resultados es anual.
3
tanto, contribuirá a asegurar dicha dominación “aportando el refuerzo de su propia
fuerza a las relaciones de fuerza que las fundan, y contribuyendo así, según la expresión
de Weber, a la <domesticación de los dominados>” (Bourdieu, 2000b:3).
Nuestro estudio pretende detectar a través tipo de literatura cuáles son los componentes
más eficaces simbólicamente sobre los que la hegemonía masculina conforma el orden
social de género en el que somos construidos.
Metodología del estudio
La investigación que aquí se presenta forma parte del Proyecto de I+D+i del año 2010,
Mujeres y hombres en la industria cultural española (literatura y artes visuales),
trabajo, en el que su diseño, contempla más de una perspectiva de investigación social.
Aunque aquí, en concreto, sólo se desplegará una de las perspectiva del análisis, del
conjunto del proyecto. En esta comunicación vamos a conocer los resultados obtenidos
con la técnica de investigación conocida como Análisis de Contenido para averiguar
cuál es el peso de la hegemonía masculina a través de las producciones literarias
realizadas tanto por mujeres como por varones4.
El universo de nuestro estudio se circunscribió a partir del ranking anual de los libros
que manifiesta el público español como más leídos de la literatura infantil y juvenil
para el periodo 2006-2010.
Esta información fue obtenida por medio de la encuesta
anual sobre “Hábitos de lectura y compra de libros en España” que realiza la Federación
de Gremios de Editores de España (FGEE) por medio de una muestra de 16.000
encuestas a individuos de 10 y más años de edad5.
4
Este Análisis de Contenido tiene como precedente el análisis llevado a cabo por Pilar Aguilar (2010),
“La representación de las mujeres en las películas españolas: un análisis de contenido”, en ambas
investigaciones se comparten los objetivos generales: demostrar numéricamente la discriminación de
las mujeres en la producción cultural. Por lo tanto, este nuevo análisis, aunque en un campo mediático
distinto tanto por el soporte como por la composición del público consumidor, se pueden observar
algunos indicadores de discriminación que diseñó Pilar Aguilar, como la importancia del género de
quién escribe o del protagonismo de la película. Sin embargo, las diferencias tanto en el objeto de
estudio, el diseño del cuestionario, así como el análisis de la información, no implican ninguna
continuidad, en todo caso, complementariedad de resultados.
5
La información sobre la encuesta se encuentra en la página de la FGEE cuyo enlace de Internet es:
http://www.federacioneditores.org/SectorEdit/Documentos.asp
4
Para la elaboración de nuestra muestra se decidió incluir sólo los 5 primeros textos de
cada año que aparecen en su lista correspondiente, durante el periodo 2006-2010, de los
títulos que según se consignan en la encuesta fueron los más leídos. De acuerdo a las
características de la información que aparecía en los listados y teniendo en cuenta que
los objetivos de la investigación persiguen observar cómo se afianzan los modelos
estereotipados de género contemporáneos, producidos por la escritura actual. Por una
parte, se optó por prescindir de este ranking de los libros de literatura clásica como El
Quijote,
El Principito o La isla del Tesoro -en la que, todo sea dicho, tan solo
aparecieron éstos en los seis años analizados- Entendemos que la lectura de estas
referencias literarias, además de tratarse de propuestas realizadas por autores de tiempos
pasados, no vendrían motivada tanto por el deseo del o de la encuestado/a como por el
mandato escolar.
Por otra parte, otra decisión muestral que señalamos como imperativa por las
características de la propia fuente, es que los datos que presentan las listas de la FGEE,
en el caso de los libros pertenecientes a series, a veces no reflejaban con exactitud a qué
texto en concreto de la serie se referían, quizá porque los propios entrevistados en sus
respuestas tampoco lo hacían constar. Por tanto, la mayor de las veces, en la
información de estos listados, sólo aparece el nombre genérico por el que se conoce la
serie, por ejemplo, Harry Potter o Manolito Gafotas. Bien es cierto que nos hallamos
ante éxitos de ventas y, esto suele significar, que a partir del primer boom comercial las
editoriales se ven compelidas a realizar grandes inversiones en marketing para, como se
suele decir, mantener el tirón. De esa manera se fomenta en el público la compra
compulsiva de los libros la serie, lográndose éxitos similares, si no mayores, con cada
nueva entrega.
Como uno de nuestros objetivos era comprobar los patrones de comportamiento
generizados que aparecen en los contenidos de esta literatura, y con el fin de obtener el
máximo de información sobre los contenidos, se decidió observar bien una muestra
representativa de cada colección, incluso, en aquellos casos en los que la colección
estaba formada por pocas entregas, se pasó a analizar la colección completa. Ello nos
permitiría reforzar la contrastación de nuestras hipótesis, a la vez que estudiar con
mayor profundidad las pautas comportamentales de género que los y las escritoras
proponen a través de sus escritos.
5
Los textos analizados fueron: Nueve ejemplares de la serie, Gerónimo Stilton, de la
escritora italiana, Elisabetta Dami; cinco de Kika Superbruja, del alemán Ludger
Jochmann , firmados bajo el seudónimo de Knister; seis del Diario de Greg, del
estadounidense, Jeff Kinney; siete ejemplares de Manolito Gafotas de Elvira Lindo;
cuatro de Harry Pottter de la inglesa, Joanne Rowling; los cuatro ejemplares de la saga
Crepúsculo de la estadounidense Stephenie Meyer; dos entregas de las Crónicas de
Narnia del irlandés Clive Staples; dos tomos de Memorias de Idhun de la valenciana,
Laura Gallego; y sólo un ejemplar de Eragon, del californiano Christopher Paolini; El
niño con el pijama de rayas, de otro irlandés, John Boyne, y Campos de Fresas del
catalán, Jordi Sierra i Fabra. Salvo Clive Staples (1898-1963), el resto de escritores y
escritoras son contemporáneos y nacidos en el intervalo 1952 (Knister) y 1983 (C.
Paolini).
Además, otro elemento que se tuvo en cuenta para la selección última de los textos que
formarían la muestra y en función de una mayor representatividad de ésta, fue
observar cómo se repetían ciertos textos en más de un año, de los seis años analizados.
A sí Harry Potter, vimos que se repetía durante 5 años;
en el caso de la saga
Crepúsculo, en concreto, Crepúsculo y Eclipse en aparecía durante 4 años y
Luna
nueva junto Amanecer lo hicieron durante 3 de los 6 años analizados; Gerónimo
Stilton
y Kika Superbruja se mantienen durante 3 años; Memorias de Idhun y Las
crónicas de Narnia también se repitieron durante 2 años. De ahí la importancia de
asegurarnos en estos casos de una fuerte representatividad.
Para la clasificación de los textos en las categorías infantil y juvenil también se ha
mantenido la disposición que hace la encuesta de la FGEE, salvo en algunos casos que
optamos por añadir una tercera categoría para las sagas con niños, denominada
intersección, por entender que los contenidos de los textos no se ajustaban exactamente
a la categoría atribuida, dado que, por lo general, el personaje de la saga a partir de un
momento sobrepasa la edad infantil. Por juvenil, esta encuesta entiende a los y las
entrevistados/as de 14 años y más edad, pero no aparece indicación alguna en los
resultados de la muestra el rango superior de edad. Mientras que por infantil incluye el
intervalo de edad que comprende a niños y niñas entre 10 y 13 años.
Por tanto, los títulos que aparecen en nuestra muestra dentro de la categoría infantil
son: Géronimo Stilto; Kika Super Bruja; el Diario de Greg; Crónicas de Narnia (El
6
sobrino del mago); Manolito Gafotas (Pobre Manolito y Manolito on the road); Harry
Potter y la piedra filosofal. En la categoría juvenil aparecen: Crepúsculo; Harry Potter
(Harry Potter y el prisionero de Azkaban y Harry Potter y la cámara secreta);
Manolito Gafotas (Cómo Molo. Otra de Manolito Gafotas y Manolito Gafotas. Yo y El
Imbécil); El niño con el pijama de rayas; Campos de Fresas; Eragon y Memorias de
Idhún (Triada y Resistencia). Y bajo la categoría intersección, se encuentran: Harry
Potter (El misterio del Principe); Manolito Gafotas (Manolito Gafotas; Manolito tiene
un secreto y Los trapos sucios) Crónicas de Narnia (El león, la bruja y el armario). En
total, el conjunto de textos analizados de literatura infantil y juvenil fueron 42.
Para aplicar el Análisis de Contenido a la muestra de textos seleccionada se construyó
un cuestionario con 22 items, que fue aplicado a cada capítulo de libro (o fracción)
seleccionado. Se decidió respetar la propuesta de división del texto que la autora o autor
había decidido para su obra. El conjunto de todos los capítulos o fracciones analizados
ha producido un total de 996 formularios cumplimentados.
El formulario de análisis contaba con
preguntas abiertas y cerradas, que se
correspondían con variables de tipo nominal y de intervalo. La cumplimentación de los
cuestionarios se realizó por un equipo de investigadoras e investigadores
de la
Universidad Complutense de Madrid (Carolina Herrero, Fátima Magro, Ana Moreno y
Luis Alberto Valdivia) y de la Universidad de Salamanca (Olga Barrios, Sagrario
Martinez y Jorge Diego Sanchez).
El conjunto de ítems del cuestionario buscaban detectar las relaciones entre varones y
mujeres, tal y como son presentadas por las autorías de los textos, a través de los roles y
estereotipos de género6. El objetivo de cada uno de los ítems del cuestionario iba
6
Académicamente las diferencias entre rol y estereotipo tendrían que ver más con la perspectiva desde
donde se posiciona el observador que con el contenido de sus descripciones de comportamientos, como
por ejemplo, se puede comprobar en estas definiciones: “Rol social se refiere al conjunto de funciones,
normas comportamientos y derechos definidos social y culturalmente que se esperan que una persona
(actor social) cumpla o ejerza de acuerdo a su estatus social adquirido o atribuido”. Es, en esta
acentuación de expectativa social y cultural del rol, dónde puede llegar a confundirse con el
estereotipo, por el que entendemos “como conjunto de creencias acerca de las características de las
personas de un grupo determinado que es generalizado a casi todos los miembros del grupo”. Hay
autoras, entre las que me incluyo, que quieren destacar la función prescriptiva que cumplen los
estereotipos, como sostiene Ester Barberá (2005), porque in-forman de “lo que debe ser” y “lo que debe
hacerse”. Otros autores, por el contrario, ponen más el énfasis en la apreciación académica de los
estereotipos por su carácter peyorativo, como sostiene, por ejemplo, Salvador Giner, éstos serían
considerados como “sinónimo de estigma y también de prejuicio” (1998: 269). El uso masivo del término
7
orientado en detectar las diferencias entre lo masculino y lo femenino, así como sus
relaciones. Ello está operativizado, por un lado, a través de variables de tipo interval.
Por ejemplo, el sexo del/ de la protagonista, co-protagonista o el género del autor del
texto, etc. Por otro lado, también se introdujeron variables de tipo cualitativo, a través
de preguntas abiertas. Para posteriormente realizar con ellas un análisis del discurso. En
concreto, con esta información se buscaba detectar, además del grado de aparición,
cómo quedaban caracterizados y cuáles y cómo eran las relaciones entre varones y
mujeres. Así, se optó por conocer de manera pormenorizada la frecuencia de aparición
de los estereotipos, tanto femeninos como masculinos, como las características del
contenido que se asignaba a los mismos. Para ello se crearon 6 variables, 3 de ellas de
frecuencia y el las otras 3 de contenido (se trasladaba de manera aleatoria la descripción
de dos de los estereotipos detectados por capítulo o fracción) que aparecieron
denominadas como: estereotipos, actitudes sexistas y expresiones machistas.
En cuanto a los parámetros para la detección de los estereotipos de género buscábamos
los roles, rasgos o comportamientos que comúnmente son generalizados al resto del
grupo bien de mujeres, bien de varones. Definimos por actitudes sexistas como los
“valores, actitudes y acciones que muestran de modo manifiesto desprecio, insolencia o
falta de respeto hacían un personaje femenino” (Aguilar, 2010: 230). También se
decidió incluir la categoría: misoginia/machismo, partiendo de esta misma definición,
estribando su
diferencia en el grado de agresividad: cuando explícitamente se
consignaba algún insulto hacia una mujer, animal o personaje fantástico al que se le
asignaba con el género femenino.
A través del Análisis de Contenido queríamos observar la importancia cuantitativa que
se da a los rasgos que definen la masculinidad frente a la feminidad y viceversa. Esta
apuesta es compleja porque contar numéricamente casos a través de variables en una
narración,
implica necesariamente reducir el sentido de ésta, y claramente, esa
reducción no nos permite profundizar en la realidad de los problemas. Para ello hemos
intentado combinar las perspectivas distributiva (o cuantitativa) con la estructural, de
modo que pudiéramos conocer además del grado de representatividad estadística de los
modelos propuestos los discursos que se escondían tras ellos y que conforman las
identidades de género. A tal fin en el formulario de recogida de la información hemos
estereotipo, sobre todo por los mass media, produce el famoso efecto de la banalización del mal, tanta
repetición casi siempre bajo una apreciación jocosa llega a confundir y a invertir el sentido del término.
8
utilizado variables cerradas (nominal o interval) y variables abiertas (con trasposición
de citas textuales) que hemos analizado a través del análisis del discurso.
Para observar el peso cuantitativo de los estereotipos hemos operativizado este concepto
a través de diversas variables. Bien con variables nominativas, que iban definiendo a los
personajes por su sexo (protagonista-co-protagonista) sus acciones (contexto de
desarrollo de la acción principal) y sus relaciones (relación entre personajes principales,
vínculo entre personajes), bien con variables intervalares (número de estereotipos,
número de actitudes sexistas, etc.). Desde la posición estructural, abordamos la
dominación estructural de género a partir de detectar y analizar los estereotipos de uno y
otro género, así como las actitudes sexistas y misóginas, como hemos descrito más
arriba.
Resultados
En nuestro análisis también se observa de manera manifiesta la norma de género por
excelencia: la dominación entre los sexos o binarismo jerarquizado en favor de los
varones. Esta diferencia discriminatoria será una constante siempre presente en la
totalidad de los relatos analizados indistintamente de la acción, el género del relato o el
autor o la autora del mismo. La segregación de lo femenino y el reconocimiento de la
superioridad masculina se van concretando en los diversos planos de la producción
cultural.
A través de las páginas analizadas se observa el entrelazamiento de los
estereotipos de género que van a favorecer un modelo relacional que invisibiliza el
predominio -a través del principio de la “naturaleza humana”- de manera que no deje
aflorar el conflicto. En palabras de Bourdieu: “la lógica de la dominación ejercida en
nombre de un principio simbólico conocido y admitido tanto por el dominador como
por el dominado” (Bourdieu, 2000: 12). Lógica, cuya vía de “asimilación-acatación”
será la violencia simbólica de género. Ésta irrumpe en la formación humana por medio
de la confianza y seguridad que las narraciones van introyectando en sus lectores/as
sobre la realidad del principio de la “naturaleza humana”.
En el caso de la literatura, esta “naturaleza humana” se desarrollará en torno a las
formas de los estilos de vida: maneras de pensar, de hablar, de comportarse, en fin, de
9
desear que promueven los estereotipos de género. Veamos objetivados esos estilos de
vida que se proponen. Objetivados en tanto son analizados, de manera des-edulcorada
de los relatos en los que fueron insertos y filtrados por la matriz de dominación sexual.
Este elemento diferenciador, respecto a los análisis al uso de los estereotipos de género
consideramos, es nuestra principal aportación, como se indicaba en la introducción de
este trabajo.
La hegemonía masculina, como era esperable, se manifiesta tanto cuantitativa como
cualitativamente a través de la literatura infantil y juvenil analizada. Y es quizá en esa
manera aplastante de representar las relaciones entre lo masculino y lo femenino, como
un modelo sin fisuras, que se repite una y otra vez con las mismas propuestas
generizadas, la
manera por la que se hace pasar como un hecho inexorable.
Aumentando su eficacia simbólica, si se tiene en cuenta los aparentes grados de libertad
que en toda ficción cabe suponer, pues se parte del supuesto de imaginar y tratar
mundos fantásticos inimaginables, variados (alejándose o cambiando todo modelo
conocido).
Por ello nuestros resultados verificarán que esta literatura, como
instrumento de producción simbólico es un dispositivo estructurado y estructurante de la
hegemonía masculina privilegiado.
La comunión ideológica entre escritoras y escritores de éxito en la reproducción de
la hegemonía masculina
A la hora de mostrar el mundo de ficción, la autoría de la escritura se reparte
prácticamente a partes iguales entre varones y mujeres en los textos seleccionados.
Por capítulos o fracción, se observa que el 51,4% corresponde a la producción realizada
por escritoras frente a un 48,6% de escritores. Sin embargo, no se han detectado
diferencias ideológicas, pues unas y otros coinciden unánimemente en otorgar el
protagonismo, la acción y la relevancia a los varones. Así, si observamos el sexo del
protagonista según capítulos analizados casi el 80% (GRÁFICA 1) de la presencia
corresponde a los varones7.
7
En pos de la agilización de la lectura del texto vamos a utilizar la terminología varones y mujeres,
aunque algunas veces, queden incluidos bajo tal denominación seres fantásticos generizados. El peso de
estos seres no es excesivo en el conjunto de la literatura analizada y el sentido del análisis no se desvía
de manera alguna.
10
GRÁFICA 1
Es más, si desagregamos del conjunto la literatura infantil, el protagonismo masculino
por capítulos sube hasta el 90% (572). De las seis colecciones que integran la muestra,
según declaran los menores de 13 años que leen, tan sólo una colección Kika
Superbruja, tiene como protagonista una niña. Mientras que para los/as mayores de esta
edad, que consumen literatura juvenil, de las siete colecciones o textos de los que se
declararon lectores, sólo aparece una colección, Crepúsculo (2011), y un texto, Campos
de Fresas (2011), en que el protagonismo stricto sensu sería femenino.
Una desviación tan pronunciada en los protagonismos en, recordemos, la literatura más
leída, no deja de sorprender que pase tan desapercibida por la opinión pública.
Sorprende mucho menos si se contextualiza dentro de su estructura social. Estructura
constreñida bajo la “naturalización” la lógica de la dominación masculina. De ahí, que
los varones no sólo tienen un mayor protagonismo numérico, sino que también sus
historias son más importantes per se.
Así, en el único protagonismo femenino
localizado en la literatura juvenil, se marca siempre una dependencia del mundo
masculino. Por ejemplo, en Campos de Fresas, la protagonista, sobre la que gira la
trama del relato, es una joven que está en coma a lo largo de toda la narración.
Realmente estaríamos ante un protagonismo compartido, pues la historia se desarrolla
alrededor de la pandilla de la chica (de 3 amigos y una única amiga) que quiere
reconstruir el malogrado suceso y en la búsqueda del culpable de que la protagonista
11
esté en esa situación. Pero no es menos desestimable la dependencia masculina del otro
título analizado, dónde la protagonista es una mujer. Nada más y nada menos que
hablamos de la saga super ventas Crepúsculo, de Stephenie Meyer, la serie, reconocida
para chicas adolescentes (con millones de ventas mundiales), cuyos contenidos están
orientados hacia la literatura romántica. El co-protagonismo masculino va a tener un
peso igual, si no mayor, a la propia protagonista. No sólo es destacable la obsesión de
ella, a lo largo de los 4 tomos, por el amor masculino, sino porque esta obsesión es así
mismo cuantificable en número de páginas. Por ejemplo, de las quinientas páginas
escritas del primer boom comercial de la serie, en el 99% de ellas está presente o se
hace alusión textual a él. Él es, Edward, el vampiro guapo, inteligente, maduro y sabio pero sin ser viejo- buena persona, rico, comprensivo, generoso, con una familia de todos
y todas jóvenes y guapos/as, además es un hombre de su época que casi sería un
verdadero ecologista si no fuera porque la condición vampiresca (se alimentan de la
sangre de mamíferos) no se lo permite8. Ella, por supuesto, es de familia modesta de
divorciados. Una joven introvertida con una escasa autoestima y escasa vida social.
También las escritoras conceden en sus relatos el co-protagonismo mayoritariamente a
los varones (57,5%) frente a las mujeres (30,9%), sin embargo abren más la posibilidad
a un co-protagonismo mixto (9,4%) que sus colegas varones. Para éstos, el
protagonismo indiscutiblemente es masculino y sube la ratio hasta el 64,1%, además
prefieren que no haya co-protagonista (8,7%) a que este pueda ser del otro sexo
(3,7%).
Asimismo, otros indicadores de nuestra investigación reflejan el mayor predominio
numérico de la masculinidad en los relatos, tanto por parte de escritores como
escritoras. Es más son estas últimas, las que
se encargan de mostrar una mayor
presencia masculina. Así, la media del número de personajes varones -cuando no son
protagonista ni co-protagonista- que colocan los escritores es de 2,68 frente a los 4,35
en el caso de las escritoras. La devaluación femenina se vuelve a palpar porque cuando
se trata de la aparición de personajes femeninos, ese valor medio desciende al 0,80, por
parte de los escritores, frente al 2,15 de sus colegas mujeres. Por tanto, estos datos
8
Pero, además, a cambio de esta pequeña desviación social por ser “vampiro” (porque de los mamíferos
que se alimenta son de cuatro patas, con lo que tampoco hay mucha diferencia de alimentación con el
resto de los humanos) tiene otro defectillo, es inmortal y, no sólo eso, sino que puede conseguir que
ella, Bella, la protagonista, también logre la inmortalidad.
12
también
muestran la tendencia por la que se prefiere que el mayor arropamiento
humano en el desarrollo de las acciones sea masculino.
De nuevo, para nuestra sorpresa, las actitudes sexistas y misóginas no proceden de los
escritores varones, sino de las propias escritoras. Así, el 66% de las 456 actitudes
sexistas,
y el 67,5% de las 188 actitudes misóginas encontradas provenían de la
escritura producida por mujeres. ¿Quizá por ello son estos textos, provenientes de
voces femeninas, más aceptados por el público en general? ¿Podríamos considerarlo un
indicador de fidelidad a los valores del dominador? ¿Será acaso una vía de entrada al
éxito para las escritoras?
La misoginia o la palanca de la hegemonía masculina
El concepto de misoginia empleado en el estudio ha sido operativizado a través de las
variables actitudes sexistas y actitudes machistas. Un ejemplo de actitud sexista sería:
“la acompañante del Furias, una rubia hermosísima” (Boyne, 2007: 11), mientras que
“No le importaba demasiado que enviaran a Gretel a algún sitito, porque ella era tonta
de remante y no hacía más que fastidiarlo” (Boyne, 2007: 11), representaría una
actitud machista. Por tanto, la diferencia entre estas variables se circunscribe a una
cuestión de grado, de un estereotipo sexista a una agresión verbal.
El concepto de misoginia no hemos querido circunscribirlo tan sólo a los ataques
explícitos y agresivos contra las mujeres sino que también incluye aquellas
manifestaciones que, como sostiene Tjeder (2009), “celebran” la diferencia entre
mujeres y varones. Asimismo, coincidimos con este autor al considerar como misoginia
“cualquier idea que implícitamente excluya a las mujeres de una posición equitativa de
poder en relación a los hombres” siendo indistinto que se haga a través de positivar su
conducta como “criaturas maravillosas y virtuosas”, como que se las niegue su
“capacidad de raciocinio. Desgraciadamente nuestro análisis no se ha podido extender
en su totalidad a todo ese rango, dadas las propias características de la metodología del
Análisis de Contenido. El tratamiento del corpus a analizar, en unidades o variables, tan
sólo es posible realizarlo en el nivel denotativo del sentido de la enunciación.
13
El porcentaje total de actitudes sexistas localizadas en los 992 capítulos analizados,
ascendió a un 27% mientras que el porcentaje de actitudes machistas fue de 12,4%. Por
lo tanto, nos hallamos con una tasa de un 39,4% de misoginia en el conjunto de la
literatura analizada. Actitudes, insistimos, mostradas de manera explícita, que sumadas
a la desproporción de la representación numérica de los géneros, anteriormente señalada
en el protagonismo, co-protagonismo y número de personajes agravaría notablemente
el concepto tjediano de misoginia localizado en nuestro estudio.
Estas valoraciones negativas sobre lo femenino no han variado mucho a lo largo de
siglos de literatura. De tal modo que si se compara con la tradición popular en la
literatura española como
es el refranero, se observan que se siguen manteniendo
constantes semejantes en la caracterización de la feminidad. Anna M. Fernández
Poncela (2002) da cuenta de la imagen de las mujeres a través de estos campos
semánticos que llegan a construir verdaderos estereotipos. Curiosamente la tipología
que crea esa autora se ajusta, con pocas variaciones, a la colección de epítetos
observados en nuestro análisis:
1. Vicio de charlatanería. La crítica al hablar de las mujeres es una constante
presente de manera abundante en todas las narraciones analizadas. Parece que
lo único que no pueden hacer es dialogar sin más – no aparecerán nunca así
representadas-, bien son charlatanas, criticonas, chismosas, gritonas, dan
alaridos, chillonas. Se contempla una completa desautorización al uso verbal
racional. Si se tiene en cuenta que una de las prerrogativas del patriarcado es el
poder de nombrar. Se entiende que la condición de ser el Amo del Lenguaje
(Lauretis citado por Cristina Molina, 2003: 140) es la que no permite compartir
ni tampoco tolerar la utilización por las mujeres de las armas de su
sometimiento. Para Cristina Molina, el Contrato Sexual de Carole Pateman que
descubre el contrato masculino “donde ellas son las pactadas” se hace posible
por “una suerte de contrato simbólico en el lenguaje, en la medida en que se
pacta que La Mujer no tenga lugar en el logos, que pueda ser permanentemente
hablada, discurseada, ser palabra de otros, sin que se le permita una voz y un
deseo diferente que no hayan nombrado ellos” (2003: 141)
2. Irracionales. Fernández Poncela (2002: 42), caracteriza esta categoría en su
análisis sobre el refranero como que las mujeres son “mentirosas, incoherentes,
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desordenadas, mudables y contradictorias.
Las deficiencias femeninas
encontradas en nuestro corpus narrativo también van en este sentido, aunque se
actualizan de acuerdo a los modos de vida actuales, por ejemplo, ahora se las
tilda como glotonas al tiempo que ofuscadas por su peso; histéricas. Las madres
pueden aparecer tanto como obsesivas de la limpieza, como se las critica por ser
descuidadas con las tareas del hogar.
3. Malvadas. A diferencia con el refranero ya no se las compara con el demonio,
por la secularización de nuestra sociedad, pero el grado de maldad no ha
disminuido en cuanto a su rango. Así las sigue llamando brujas, chantajistas,
maliciosas, sádicas, rencorosas, etc.
4. Se las sigue comparando con los animales: Arañas, gallinas o cerdos.
¿Por qué tanta abundancia de los elementos misóginos? La desproporcionada aparición
tiene necesariamente qué cumplir alguna función social relacional. La misoginia es un
dispositivo social más de poder masculino que sirve para regular las relaciones de
género, un mecanismo de sostenimiento de la hegemonía masculina. Su
no
cuestionamiento en espacios sociales configurados como racionales, en los que se hace
gala del valor de la igualdad entre todos los seres humanos es una prueba más de esa
función regulativa. Desde otra aproximación teórica, como la que sostiene Luce
Irigaray, la desvalorización de las mujeres formaría parte de la intención del dominador
de transformar a éstas en <<productos>> para el intercambio entre varones: “La ley que
ordena nuestra sociedad es la valorización exclusiva de las necesidades-deseos de los
hombres y de los intercambios entre ellos” (1977:128). Siguiendo, de manera crítica la
propuesta de Levi Strauss: mujeres, signos y mercancías son los objetos de transacción
en las sociedades patriarcales. “Los
<<productos>> son objeto de uso y de
transacciones exclusivamente entre hombres” (1977:128). De ahí que se reste a las
mujeres cualquier atributo con los que se representa y se reconoce el poder de los
varones: el poder de la palabra y la capacidad de raciocinio. Ellas se tienen que quedar
fuera del logos. Por tanto, su condición estará más próxima al tenebroso mundo del sin
sentido, de la animalidad, de las artimañas, de lo diabólico, de lo engañoso. Quedará
justificado que sean mundos separados y en los que no puede caber ninguna
ambigüedad.
15
Homosociabilidad masculina versus subordinación femenina
Como hemos visto, la presencia de varones es superior en el número de relatos
dirigidos a ellos y a ellas. Relatos que cuentan historias de, y para, varones, al tiempo
que su presencia es mayoritaria en el papel de protagonistas, coprotagonistas, como
en el conjunto del resto de personajes de toda la literatura analizada. Pero incluso, en la
literatura que se podría definir como romántica y dirigida casi en exclusiva a la
población femenina, también se observa esta segregación. Así en los 4 títulos de la saga
Crepúsculo, la trama principal, sobre la que girarán los amores y desamores de la
protagonista, se centra en las batallas por el poder entre las bandas de vampiros y
licántropos, por supuesto luchas entre los machos, aunque para cubrir la cuota de lo
políticamente correcto se deslice en la narración alguna hembra. Y, por si quedase duda
alguna de la desmedida relevancia masculina en la vida de las mujeres, en todo orden y
momento, como hemos citado más arriba, se puede comprobar el valor simbólico del
coprotagonista masculino Edward en Crepúsculo (2011), que recordamos que de las
504 páginas del texto, aparece de manera presencial o alusiva en el 99% de ellas.
En continuidad, con ese mandamiento del plus valor masculino respecto a la
minusvaloría femenina, aparecerá, como siguiente mandato en la progresiva conquista
de la masculinidad, el fomento de la homosociabilidad masculina (Kanter, 1977;
Irigaray, 1977), o el deseo de hombres por otros hombres (Sedgwick, 1985). Esta
preferencia es también una manera que tienen los varones de asegurar su pacto tácito
de primacía sobre el grupo de mujeres. Lo calificamos de primer mandato por la vital
importancia para asegurar el poder del grupo, hecho que se muestra en la proliferación
machacona hacia la vinculación masculina en todos los relatos analizados. Así, se
distinguirá muy favorablemente la creación de relaciones varoniles, de varones con
otros varones, sólo con, y entre, ellos, excluyendo a las mujeres. La importancia es de
tal magnitud que su identidad de género pasará necesariamente por la vinculación al
grupo masculino. Grupo que será además presentado como el grupo privilegiado (poder,
riqueza, etc.). Vinculación entre varones, que observamos en la literatura infantil y
juvenil caracterizada por su adhesión a los grupos masculinos (familiar -padre, tíos,
abuelo-, deportivo, compañeros escolares, amigos, etc.) y que es más abundante obsesiva- en los relatos infantiles que en los juveniles. No hay que olvidar que esta
vinculación se dará en un contexto de la progresiva delineación del yo del niño, que
16
significa la búsqueda de autonomía del vínculo familiar, principalmente a través de la
ruptura con la madre. En resumen, se destaca que los grupos masculinos de referencia se
definirán claramente por su cariz misógino, excluyendo a las niñas o las mujeres, así
como todo rasgo o comportamiento asociado a la feminidad (voz, adornos, cuerpo, etc.).
Rasgos vividos como completamente antitéticos al grupo varonil por lo que su
infracción será socialmente sancionada con severidad.
Por contraste, los mandatos dirigidos hacia las niñas no se configuran de manera muy
distinta si tenemos en cuenta que también van dirigidos al reconocimiento de la
superioridad masculinidad, y, por tanto, se alentará su vinculación preferentemente
hacia este género (ver Gráfica 4). Sin embargo la diferencia respecto al mandato de los
niños, es que ellas al “aceptar” su identidad de género femenino tienen que renunciar a
la pertenencia del vínculo, como un miembro más, del grupo de varones, aunque “se
contra resta” esta barrera
“privilegiándolas” con la posibilidad de vincularse - de
manera emocional y/o erótica-, con el grupo, de manera individual, a través de otros
niños o con los varones adultos (de la familia, colegio, vecinos, etc.). Deben entender
que son ellas las que se autoexcluyen por “preferir” una identidad de género
incompatible con la de ser un auténtico varón.
Por lo tanto, no se han encontrado
pruebas de alguna alternativa exclusivamente femenina de vinculación, en primer lugar,
porque la homosociabilidad femenina (ver Gráfica 4) a la que adherirse no aparece
jamás representada, de ahí que, no sólo se impide la articulación de las relaciones entre
mujeres sino la formación de una identidad grupal semejante a la de los varones. En
segundo lugar, la representación de las relaciones de lo femenino o de niñas entre sí y/o
con mujeres suelen ser más bien escasa. Cuando se muestran, son preferentemente
relaciones con la madre, la hermana o la amiga. Y las pocas veces que se representan
relaciones con otras mujeres, son relaciones en las que domina la competitividad o la
rivalidad relacional (¿Quién es la mejor madre? ¿Quién tiene más pretendientes? ¿Quién
es la más delgada o tiene la melena más larga? etc.).
17
GRAFICA 2
Sexo coprotagonista con
protagonismo masculino
55.96%
60.00%
50.00%
40.00%
30.45%
Masculino
30.00%
20.00%
7.80%
10.00%
5.70%
0.00%
Femenino
Masculino
Mixto
No existe
GRAFICA 3
18
GRÁFICA 4
GRÁFICA 5
19
En los indicadores cuantitativos del Análisis de Contenido se puede observar las
características de la representación del fomento de la homosociabilidad masculina.
Como se observa en la gráfica 2, a los protagonistas masculinos se les adscribe un coprotagonista masculino casi el doble de veces que se hace con una partenaire femenina
(un 55,96% frente a un 30,45%), sin olvidar el fuerte peso porcentual que tienen las
relaciones materno filiares, sobre todo en la literatura infantil, lo que puede explicar que
llegue el valor hasta el 30,45%. En cambio, como decíamos más arriba, la propuesta que
se hace a las niñas, como se puede observar en la Gráfica 3, no mantiene una simetría
semejante respecto a la homosociabilidad femenina, pues a ellas –según los datostambién se las propone la vinculación al grupo de varones. Y así, el sexo del coprotagonista que más prevalece, cuando la protagonista es una niña o una joven, es en
un muy alta porcentaje un varón (un 79,20% frente a un 14,85%). Sí a esta
infrarrepresentación de las mujeres en el mundo de la fantasía destinada para niñas, se
añade, en primer lugar,
que el contexto de acción en el que más puntúan las
protagonistas femeninas es la situación de peligro (25,20%), como recoge la Gráfica 4
y, en segundo lugar,
el siguiente valor más puntuado, con diferencia del resto de los
contextos de acción femenina, tiene que ver con las tareas de atención, ayuda y cuidados
a otros, se puede inferir que las imágenes, de esta representación de las mujeres que
logran ser protagonistas, que llegan son de dependencia y de subordinación respecto a
sus compañeros, amigos, novios, hermanos, todos ellos varones.
Sin embargo, el mundo diseñado desde esta literatura para los varones es un mundo más
equilibrado. Según muestran los datos, así sus referencias en los Contextos de Acción
están más repartidas entre todas las posibilidades. No se les muestra especializados en
ningún contexto. De los 7 contextos de acción con mayor puntuación, el nexo entre 6
de los 7 es su pertenencia al espacio público, en él los varones aparecen representados
preferentemente desempeñando acciones con otros varones.
Si es cierto, la alta
puntuación en el entorno del hogar. Y no puede ser de otra manera dada las edades del
grupo en estudio. Los niños y los jóvenes pasan una buena parte de su vida en este
lugar. Lo que sí es diferente, respecto a la propuesta de las niñas, es su manera de estar
en el hogar, pues cuando ellos aparecen ahí raramente es realizando tareas domésticas,
por el contrario, el hogar para los varones se representa como un espacio de juego, de
estudio o de relación con los otros. En conjunto, las puntuaciones generales del
Contexto de acción de los varones muestran un mayor equilibrio, que en el caso
20
femenino, pues se observa su participación en la pluralidad de los contextos barajados.
No tendrán ningún contexto predominantemente destacado, a cambio de una buena
presencia en prácticamente todos ellos.
CONCLUSIONES
Esta comunicación ha tenido como principal objetivo mostrar la eficacia simbólica que
tienen los estereotipos de género, transmitidos a través de la literatura infantil y juvenil,
como potentes dispositivos de reproducción del orden social generizado o hegemonía
masculina.
Para observar esta eficacia de los estereotipos ha sido necesario romper el tradicional
análisis de los estereotipos al uso, el cual la mayoría de las veces se detiene en
distinguir y comparar las diferencias entre las propuestas masculinas y femeninas,
siendo generalmente descontextualizado de las estructuras de dominación a las que
dichos estereotipos deben responder.
El preguntarse por la eficacia simbólica de los estereotipos en el orden de reproducción
de género lleva a integrar estos elementos de socialización en el sistema de relaciones
de poder social, dónde, por otro lado, toda diferencia social queda inserta, para llegar a
descubrir el potente ejercicio de configuración que estos tienen sobre la construcción de
subjetividades generizadas.
Como resultado de esta nueva vía de análisis se ha podido detectar que las narraciones
infantiles y juveniles, lejos de hacer sólo propuestas diferenciadoras, binarias, a niños y
niñas y/o adolescentes según su sexo, van a compartir también, un común horizonte
que señala como más valioso y deseable el polo masculino. Al tiempo, como decimos,
que se señalan las diferencias binarias. ¿Cómo se puede llevar a cabo tal proeza
identitaria por la cual un género, se inviste de los atributos del poder y el otro, el
femenino, “acepta” la lógica del dominado? De una parte el estado de “naturaleza” en el
que se justifica toda diferencia social-sexual asentará las bases a estos dispositivos que
en su desarrollo –en este y otros medios de comunicación- irán proporcionado y
favoreciendo la desigualdad de valores. Así, por ejemplo, para convertir a un valor
positivo tiene que
darse uno negativo. El dispositivo de la misoginia cumplirá
21
eficazmente esa labor simbólica de transmutación en negativos los valores asociados a
la feminidad. Esta transformación se realiza a través de la insistente repetición,
recordemos que el porcentaje total de
misoginia explícita
detectada en los 992
capítulos analizados, ascendió a un 39,4%.
La masculinidad,
deberá ser realmente deseada,
por ello nada mejor que ser tenida
como una conquista. Será un proceso en el que habrá que ir venciendo todas las
veleidades que puedan surgir
por la proximidad-afinidad con la feminidad. Las
representaciones misóginas serán una buena salvaguarda compensatoria a tal fin. En el
proceso de conquista de ese privilegio, recordemos que el niño tendrá que romper con
los vínculos maternos. Los varones no se encontrarán solos en esa batalla, para ello
contarán con el apoyo del grupo o de los grupos masculinos. De ahí el papel central
que juega la homosociabilidad masculina, o el deseo de hombres por otros hombres,
pues éste será el vínculo sustitutorio, el vínculo que liga a los hombres entre sí. Esta
preferencia, vital para la adquisición de su identidad, será también una manera de
asegurar los varones su pacto tácito de primacía sobre el grupo de mujeres. Así, se
distinguirá muy favorablemente la creación de relaciones varoniles, de varones con
otros varones, sólo con, y entre, ellos, excluyendo a las mujeres.
Dados los límites de esta comunicación, no hemos podido dar cuenta de la totalidad de
dispositivos de dominación que también hemos detectado y que sobre todo abordarían
los elementos que facilitan la sumisión paradójica (Bourdieu, 2000) en los procesos de
socialización de las niñas y mujeres adolescentes. Sí hemos comprobado que la
“aceptación” de la misoginia deberá ser compartida tanto por unos como por otras. De
una parte, será una vía de profundizar en las diferencias de género y, de otra parte,
también será una manera de facilitar al dominador el control del grupo sometido.
También, como hemos detectado, el aislamiento de las féminas en su propia
domesticidad tendrá una completa relevancia en el déficit de empoderamiento de las
mujeres. A través de las narraciones, no se “permite”, en el sentido de que no se
fomenta, como en las propuestas dirigidas a los varones, la alianza entre mujeres. Las
únicas alianzas a las que ellas son alentadas son las que deberán establecer con los
varones,
fundamentalmente como apoyo emocional o erótico de éstos. Por tanto,
reconocemos que este es un análisis incompleto pues queda por conocer cuáles son los
dispositivos que hacen que las mujeres acepten la norma heterosexual en un orden
22
social en el que el deseo de los hombres por otros hombres (la homosocialidad) junto
con la misoginia es el plancton social.
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