Base Regulatoria - Concurso Preventivo con Acuerdo Homologado

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Dres. Calatayud Alberto y Calatayud Sandra
“Síndico. Base regulatoria. Concurso preventivo…”
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COMISION N° 3: CONCURSOS
SINDICO.
BASE REGULATORIA-CONCURSO
PREVENTIVO CON ACUERDO
HOMOLOGADO-PASIVO VERIFICADO.
AUTORES: Dres. Sandra M. Calatayud y Alberto M. Calatayud.
domicilio Av.Centenario 725, 1º B (1642) San Isidro
Resumen de la ponencia:
Frente a los diversas medidas adoptadas en la Ley 24.522 con la finalidad de "abaratar
los costos del proceso", pero, que en definitiva, se limitan a reducir drásticamente los
honorarios profesionales, especialmente de la sindicatura, auxiliar de justicia protagónico en
la marcha del proceso, manteniéndose incólumes, los restantes gastos judiciales, no es
necesaria una reforma legislativa para paliar los perjuicios sufridos por los únicos
damnificados de dichas medidas, sino, el deber de los jueces en la interpretación de las
normas para lograr respetar el principio de la "justa retribución" especialmente del término
"verificado" -de ello se trata esta ponencia- que contempla el art. 266 LCQ al referirse al
pasivo como base regulatoria de los honorarios profesionales, con el alcance de todos
aquellos créditos que, presentados a la verificación, debieron ser sometidos al "cotejo" o
"control" del síndico para su incorporación al pasivo concursal.
Esta interpretación, además de intentar lograr el respeto por la retribución justa, evita
el riesgo de que el síndico pierda la imparcialidad que se le exige, dado que la interpretación
restringida del vocablo "verificado", no sólo lleva a una injusticia, sino que cae en la
ecuación carente de lógica, y absolutamente contradictoria de que a mejor y mayor trabajo=
peor retribución.
PONENCIA:
El art. 266 de la Ley 24.522, regulatorio de las pautas arancelarias en el concurso
preventivo cuando hay acuerdo homologado, dispone, entre otras, que los honorarios no
pueden exceder del 4% del pasivo verificado.
La cuestión objeto de análisis consiste en qué se entiene por pasivo "verificado".
No discutimos aquí, la interpretación literal de la norma a través de dicha expresión, sino de
la interpretación del término "verificado".
En la generalidad de los casos, la doctrina judicial se pronuncia en oportunidad
del aplicar el art. 266 LCQ, que la voz "verificado", comprende únicamente los créditos
declarados verificados y/o admisibles en la sentencia del art. 36 LCQ (verbigracia, Sala Ia,
San Isidro, causa Nº 87.601, Reg. Nº 273; 14.05.01)
Vemos que esta interpretación, resulta injusta y violatoria de las disposiciones de
los arts. 1º ley 8904; 14 bis de la Constitución Nacional, art. 42 del Código Civil.
En ilustrativa ponencia, en la que no se deja de aplicar la letra literal del art. 266
LCQ, la interpretación del vocable "verificado", responde al principio de que toda labor debe
ser retribuída, y por tanto, resguarda los principios consagrados en las disposiciones antes
mencionada, incluso, de raigambre constitucional, y que en su parte pertinente expresa: De
conformidad con las pautas establecidas en el art. 266 aplicable al supuesto de acuerdo
homologado, y en cuanto a lo que debe computarse como "pasivo verificado", la doctrina
acertada y equitativamente la ha definido de la siguiente forma: "Tanto en el proceso
concursal, cuanto en la lengua castellana o española, el verbo verificar significa comprobar o
examinar la virtud de una cosa. No es otra la finalidad del procedimiento que comienza con
la insinuación de créditos (art. 33 ley 24.522...) y culmina con la sentencia del art. 36...En el
Diccionario General Etimológico de la Lengua Española, verificación significa Examen o
prueba que se hace de alguna cosa para averiguar o confirmar la verdad...Lo propio que se
expuso respecto del art. 32 de la ley de concursos, puede decirse del sentido de la voz
verificación tal como es utilizada en sus arts. 34, 35, 56, tercer apartado, 126, 133 y 202,
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primer apartado...Como la totalidad de los créditos contra el concursado deben pasar por el
proceso de verificación (universalidad subjetiva), resulta que todos deben pasar por esa
tarea de "control" o acción de "verificar" su legitimidad"
"Si se interpreta que en el art. 266, la ley utiliza la voz verificados en el sentido
de actividad desplegada durante el proceso de verificación o -refiriéndose al objeto- como
controlados o examinados (como lo hacen los arts. 32, 33, 34, 35, 56 primer apartado, 126,
133, 200 y 202 tercer apartado), todos los créditos insinuados, hayan o no sido admitidos
como concurrentes integrarán el "pasivo" que operará como base regulatoria de los
honorarios".(Ponencia presentada y aprobada en el Tercer Congreso Argentino de Derecho
Concursal de Mar del Plata, publicada en T. XX, pág. 677 y sigts por ed. Ad.Hoc.)
Esta interpretación es la que más se acomoda a la real tarea realizada por la
sindicatura en todo proceso concursal, pues de lo contrario, la interpretación restringida que
limitaría la base regulatoria únicamente a los créditos verificados y/o declarados admisibles,
dejaría sin regulación la labor que debió desempeñar el síndico para elaborar su dictámen y
aconsejar la declaración de inadmisibilidad de créditos presentados a verificar y que
debieron ser examinados por el síndico, y que normalmente son los más complejos en su
análisis por demandar mayor tiempo, fundamentación y responsabilidad.
También cabe advertir, que la interpretación estricta podría condicionar la
actividad del síndico en la etapa verificatoria, puesto que el mismo tendría un interés
personal y subjetivo al momento de aconsejar para tener una mayor base regulatoria, no
cumpliendo con una tarea imparcial y objetiva que el sistema jurídico deposita en su cabeza.
Esta interpretación sería contraria a la ética, a la moral, y condicionaría la conducta de la
Sindicatura hacia la ilicitud, dándose la paradoja de que a mayor trabajo, menor retribución,
o si se quiere, a mayor eficacia y responsabilidad, menor contraprestación.
A ello, podría responderse, que los créditos declarados inadmisibles serán
computados como base regulatoria de los honorarios del síndico en el incidente de revisión
que promueva el acreedor en los términos del art. 37.
Refutando esta afirmación, debemos tener presente en primer lugar, que el
planteo de la revisión ES FACULTATIVO.
En segundo lugar, la revisión ES UN RECURSO propio del derecho concursal.
Así, el Dr Quintana Ferreyra en su obra "Concursos", T. I, pág. 438, Ed Astrea,
expresa: "No cabe duda de que se trata de un recurso específico del derecho concursal, en
atención a sus particularidades." a lo que añadimos, que lo diferencian de los recursos
contemplados en el código procesal, pero no por ello, deja en esenscia, de ser un recurso.
Sin embargo, en un juicio regido por el Código Procesal, y ante el planteo por
ejemplo, de recurso de apelación, o de reposición -mediando contradicción-, SI se reconoce
honorario profesional por el tratamiento del mismo ADEMAS, y en forma independiente, de
los honorarios que corresponden por la labor desarrollada durante el trámite cómun del
proceso (art. 31 ley 8904).
Entonces ¿Por qué diferenciar el tratamiento arancelario en el caso del crédito
declarado inadmisible a través de la sentencia del art. 36 LCQ, que "`puede" ser revisado a
través del recurso de revisión previsto en el art. 37 LCQ, del tratamiento retributivo de un
recurso del código procesal en juicio individual, excluyéndoselo de la base regulatoria?.
Como vemos, no se trata de no interpretar literalmente o no la norma del art.
266 de la Ley Concursal, sino de interpretar los vocablos expresos de la misma en la forma
más justa y equitativa, ya que, "el abaratamiento de los costos" que se intentó perseguir a
través de las modificaciones a las pautas regulatorias mediante la sanción de la Ley 24.522,
no pueden llegar al punto de negar retribución a la labor profesional efectuada por la
sindicatura.
La interpretación jurisprudencial restringida del vocablo "verificado", constituye
en esencia, la supresión de un derecho constitucional cual es, el de la retribución por el
trabajo intelectual de la sindicatura, contrariando la misma el principio de la "justa
retribución" consagrada por la doctrina legal de la Corte Provincial, sobre todo si tenemos en
cuenta que más que justa retribución (que se referiría a una cuestión cuantitativa), en el
caso tratado, nos encontramos ante una negativa lisa y llana de retribución del trabajo
profesional cumplido por el síndico, lo que se opone en forma expresa a la doctrina legal de
la Corte Provincial, la que reiteradamente, en recursos extraordinarios y por vía de la
arbitrariedad, ha tenido oportunidad de expresarse en sentido favorable a la interpretación
sostenida en este artículo (causa AC. 31.508, Diciembre 14-1982; AS 1977-III-694; C.I 473,
res.Noviembre 24-1977 y AC.31.613, abril 26-1983 E.D.Tº 107, pág. 287/88).
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Como consecuencia de la drástica reducción de las pautas arancelarias instituída
por la Ley 24.522, que consistieron entre otras, en la disminución de los porcentuales para
el cálculo de aranceles a la mitad que su antecesora (arts. 266 y 267 LCQ), imposición de
los honorarios del letrado del síndico a cargo de éste (art. 257 LC), con la particularidad de
que si bien los mismos no se afrontan como gastos del proceso, su cálculo se efectúa sobre
la base regulatoria dispuesta en las citadas normas, disminuyendo como contrapartida aún
más los de su propio patrocinado (síndico), a lo que debemos añadir la norma del art. 271
LC, que dispone que el juez por auto fundado puede incluso perforar los mínimos legales,
todo esto demuestra una verdadera compulsión del legislador por reducir los costos
judiciales pero, hasta cierto punto, sólo los correspondientes a honorarios profesionales, ya
que salvo en los grandes concursos en los que se supere los cien millones de pesos de
pasivo verificado (Ley 25.563: art. 13) la tasa de justicia no sufrió ninguna modificación, al
igual que el costo de la publicación edictal, tanto en los diarios de publicaciones legales
como en los demás de gran circulación.
Corresponde hacer notar que siendo la tasa de justicia una cuestión que no ha
sido delegada en la Nación, en la Provincia de Buenos Aires, se mantiene incólume en el
2,2% más su contribución, de acuerdo al Código Fiscal de la Provincia de Buenos Aires, en
su art. 277 inc. g).
Para paliar las severas y exageradas reducciones que ha sufrido el honorario
profesional en materia concursal, el legislador ha introducido algunas modificaciones al
sistema arancelario: el pago del arancel por cada solicitud
de verificación (con las
excepciones que establece el art. 32 LC en cuanto al monto del crédito o por su naturaleza
laboral), y los mínimos dispuestos en el art. 266 y 267 LC, con la pretensión de establecer
un honorario digno en relación con la complejidad e importancia de la labor de la
sindicatura, pero debemos advertir, que en estos mínimos, participan los demás
profesionales intervinientes en el proceso enunciados en las citadas disposiciones, además
de la interpretación disvaliosa que proviene de la mayoría de la doctrina, y sobre todo, de la
doctrina judicial, cuyo resultado final y generalizado, afecta la pretensión de defender la
mentada dignidad en la retribución profesional por un trabajo de alta complejidad, que
requiere una delicada especialización, y que también aprovecha el proceso concursal en
general, recordando el siempre vigente artículo publicado por el maestro Osvaldo J. Maffía,
bajo el ilustrativo título "Vista al síndico".
Las modificaciones señaladas en el sistema arancelario concursal ha afectado
especialmente a la sindicatura "clase B" a cargo de los denominados pequeños concursos,
que constituyen la gran mayoría de los procesos, y en los que el resultado en cuanto a su
contraprestación profesional produce más que ganancias, pérdidas concretas, si se computa
el tiempo profesional invertido, el grado de responsabilidad con que lo afecta el sistema
legal, la diversidad de conocimientos que requiere el desempeño de la sindicatura que en
muchos casos, además de su propia especialización, le exige consultas a otros profesionales,
-lo que obliga a su participación de honorarios-, los gastos que le demanda su ejercicio
profesional, como el de transporte, medidas investigativas, y los propios de mantenimiento
de su estudio, entre otros, factores todos, que no son tenidos en consideración por quien
debe regular los honorarios, y que al tener una escala reducida en la mitad y demás
reducciones, en lugar de dar a la norma la interpretación más equitativa y justa, recurre al
simplismo de utilizar el término "verificado" como comprensivo de los créditos que
sometidos al control de la sindicatura, fueron finalmente incorporados al pasivo como
verificados y/o admisibles, y esto último, por interpretación judicial, eliminando de la base
regulatoria a los inadmisibles que al ser rechazados en su pretensión, quedaron fuera del
pasivo concursal.
La posición interpretativa que se sostiene en esta ponencia, también es apoyada
por parte de la doctrina especializada en búsqueda de una solución justa y equitativa ante
tamañas disminuciones arancelarias producidas por la Ley 24.522: "Por otra parte, parece
interesante la postura de quienes entienden que -según el art. 266, 2º párrafo de la Ley
24.522- deben ser considerados como límite todos los créditos insinuados (en el sentido del
art. 32 LCQ) y no exclusivamente los verificados o declarados admisibles, lectura que
"compatibiliza la norma con las exigencias de imparcialidad y de la retribución integral y
justa de los servicios prestados) toda vez que esto implica atar la remuneración al contenido
de la sentencia verificatoria (art. 36), que, apoyada en el informe individual (art. 35),
afectará el arancel al disminuir o aumentar la base regulatoria, y con ello, quizá, la
imparcialidad requerida en la figura del funcionario sindical (Guillermo Mario Pesaresi y Julio
Federico Passarón en su obra "Honorarios en concursos y quiebras", pág 141, Ed. Astrea,
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citando a Olivera Aguirre de Pons Bedova-Zárate-Olivera Aguirre de Gonzalez, La debida
interpretación del segundo apartado del art. 266 de la ley de concursos, en Favier Dubois
(h)-Bergel-Nissen, "Derecho concursal argentino e iberoamericano", t. II, p. 677 y 687).
También, y dentro de la misma corriente, se sostiene que "En otro orden, el
sistema es incongruente en extremo en tanto coloca al profesional en contradicción entre su
labor y su interés. Tal situación deriva del hecho de que en la medida en qu se encuentre
que debe dictaminar negativamente con respecto a un crédito, o su valuación,
automáticamente quedará afectado el nivel del pasivo que ha de actuar como tope máximo
de su remuneración" (José Escandell, Fuente Errepar 08/00 "Los honorarios profesionales y
la problemática concursal" 27.4.06, Derecho Societario. Doctrina. Legalmanía.com).
Para resolver esta cuestión, la reforma legislativa no es la única y posible
solución.
También está en manos de los jueces paliar las numerosas medidas adoptadas
por la ley 24.522 tendientes a reducir los honorarios profesionales, especialmente los que
merece el síndico, auxiliar protagónico de la justicia en este tipo de procesos, bastando
para ello, interpretar el vocablo "verificado" con un sentido lato, como sinónimo de
"controlar-cotejar", que a criterio de estos ponentes es el que nos brinda la interpretación
más justa y equitativa en relación con el trabajo profesional que desempeña la sindicatura,
que además se compadece con el principio reiteradamente sustentado por la Corte Provincial
de la "justa retribución".
"Resulta admisible el recurso de inaplicabilidad de ley en materia de honorarios
cuando están en juego determinadas garantías como ocurre ante el desconocimiento del
profesional a la regulación; o en los supuestos de confiscatoriedad por evidenciarse una
manifesta desproporción entre el valor económico del juicio y la naturaleza de la labor
cumplida al no guardar el honorario relación con una justa retribución ya sea por resultar
ínfima o exorbitante, ajena a toda proporción con los intereses controvertidos; o cuando la
decisión aparece derivada del mero arbitrio del juzgador carente de fundamentación real o
contradiciendo abiertamente decisiones o constancias anteriores firmes; o cuando se han
aplicado normas arancelarias inadecuadas, desconociendo las previsiones específicas
establecidas por otras leyes (SCBA, Ac.35165 S 13-10-1987).
En definitiva, si se interpreta la norma en forma restringida, peor será la calidad
de la labor de la sindicatura, dado que, trabajar en forma responsable y seria, provoca un
perjuicio para quien efectúa dicha labor, arribando a una ecuación perversa y carente de
lógica, y absolutamente contradictoria, es decir: a mejor y mayor trabajo= peor retribución.
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