[PDF] El marco legal de la psiquiatría infantil y otras cuestiones medicolegales (mal praxis)

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El marco legal de la Psiquiatría Infantil y otras cuestiones medicolegales (mal praxis)
Dr. Xavier Coll i Corominas
Anna Jacoba Sieira i Ribot
1. ¿Cuál es la situación actual de compensaciones por mal praxis?
Desde el 1980 las compensaciones por mal praxis se han incrementado un 12.7% por
año, casi el doble del incremento anual del coste de la vida.
Tradicionalmente, los daños emocionales no eran compensables, principalmente porque
las autoridades temían un alud de demandas difíciles de valorar. A pesar de eso, los
jueces han empezado a valorar los daños emocionales de manera más favorable.
A pesar del incremento de la regulación y del escrutinio legal en medicina, es imperativo
que la profesión trate de evitar la tendencia practicar una psiquiatría defensiva con
innumerables tests y una homeopatía terapéutica. De manera paradójica, una excesiva
actitud de cuidadosa podría poner al clínico a riesgo de una acción por negligencia.
2. Define mal praxis.
El término mal praxis se refiere a un acto o omisión de un profesional en el curso de sus
obligaciones profesionales que causa o agrava una lesión a un paciente o cliente y es la
consecuencia de un error de ejercer un grado razonable de prudencia, diligencia,
conocimientos, o habilidades.
3. Enumera lo que el demandante debe establecer en un caso de mal praxis.
1. Existencia de una relación entre el clínico y el paciente por la que el clínico le debe
una obligación o deber de cuidado razonable al paciente.
2. Cuando lo juzgamos por el estándar del clínico prudente, el clínico ha roto la
obligación del cuidado (duty of care).
3. El paciente sostuvo un daño, mal, perjuicio o lesión, compensable.
4. El daño, perjuicio o lesión, fue un resultado directo del error del clínico a ejercitar
un estándar de cuidado razonable, o, en otras palabras, la negligencia del clínico
fue la causa proximal del daño del paciente.
4. ¿Qué son la confidencialidad y el privilegio?
La confidencialidad es el código ético y de ley por el que el clínico no puede divulgar las
cuestiones privadas reveladas por el paciente en el contexto de la relación entre el medico
y el paciente.
El privilegio es el derecho del paciente a impedir que el clínico divulgue información
confidencial en un juicio.
5. Enumera 4 excepciones a la regla del privilegio.
1. Cuando el clínico pide permiso por escrito del paciente para poder divulgar la
información en un juicio o a otras partes.
2. Si un paciente ofrece su salud mental como evidencia en un litigio, renuncia a su
privilegio por lo que hace referencia a la cuestión especifica en evidencia.
3. Evaluación por una razón otra que el tratamiento psiquiátrico. Por ejemplo, una
evaluación psiquiatrita de una de las partes en un caso de custodia de un niño no
tiene privilegio si la evaluación fue conducida como parte del caso.
4. Obligación a proteger terceras partes en peligro.
6. ¿En que circunstancias mal praxis es más probable que ocurra?
1. Negligencia al no admitir a un paciente. Por ejemplo no admitir a un paciente
suicida que a continuación se suicida o se lesiona de gravedad.
2. Diagnostico negligente o detención improcedente. Cuando un clínico causa a un
paciente que sea admitido a una sala de psiquiatría sin una evaluación correcta
puede ser demandado por un diagnostico negligente o una detención
improcedente.
3. En el manejo del paciente:
a. Fracaso para proteger o controlar a un paciente suicida, violento, o
sexualmente agresivo.
b. Puesta en libertad negligente o dar de alta de manera negligente de un
paciente suicida o negligente.
c. Fracaso a proteger terceras partes en peligro. Por ejemplo un paciente
detenido que se escape del hospital y tenga delirios paranoides centrados
en una persona concreta.
d. Un paciente sufre lesiones cuando miembros del servicio utilizan excesiva
fuerza para neutralizarlo.
4. En respecto a los archivos
a. Liberación impropia de la información de las notas clínicas.
b. Difamación. La difamación representa la comunicación de una persona
sobre una segunda persona a una tercera persona que daña la reputación
de la segunda persona.
c. Responsabilidad por un fracaso a comunicar las notas clínicas.
5. Relacionadas con medicación.
a. No medicar cuando es apropiado hacerlo.
b. Utilizar un razonamiento equivocado para el tratamiento.
c. Utilizar una medicación que no se encuentra aprobada o no es la adecuada.
d. No obtener una historia de las medicaciones que se han tomado o de
posibles contraindicaciones.
6. Relacionadas con la psicoterapia.
a. Terminar un tratamiento sin la protección adecuada, o para el paciente (por
ejemplo llegando a cometer suicidio) o para terceras partes.
b. Infligir un daño emocional al paciente de manera intencionada.
c. Tener conductas sexuales impropias con el paciente.
d. Difamación del paciente.
e. Romper la confidencialidad del paciente.
7.
Lista
10
situaciones
del
proceso
de
instaurar
una
intervención
psicofarmacológica que puedan ser el origen de un caso de negligencia.
1. La diagnosis de un trastorno psiquiátrico.
2. El criterio a seguir para decidir utilizar medicación.
3. El criterio para escoger una medicación determinada.
4. Preguntar sobre una historia de problemas con medicaciones con anterioridad
(efectos secundarios, reacciones alérgicas, etc.)
5. Identificar trastornos médicos coexistentes que llevarían a contraindicar la
medicación en cuestión o a utilizarla con un cuidado extremo.
6. Obtener consentimiento informado.
7. La administración de una dosis apropiada de la medicación en cuestión por la vía
correcta.
8. La prescripción de medicaciones en combinación, o la adición de una medicación a
un régimen farmacológico existente.
9. Supervisión del efecto terapéutico y los efectos secundarios de la medicación.
10. Cesar la medicación después de que un efecto terapéutico se ha alcanzado o
mantener la medicación a más largo plazo a la dosis menor que sea efectiva.
8. Enumera 5 cuestiones que el medico debe discutir con el paciente para minimizar
la posibilidad de un litigio por mal praxis.
1. La naturaleza de la condición que requiere tratamiento.
2. La naturaleza, propósito, y beneficios del tratamiento propuesto, y la probabilidad
de que sea efectivo.
3. Los riesgos y consecuencias del tratamiento propuesto.
4. Alternativas al tratamiento propuesto (incluyendo no tratar) y los riesgos y efectos
secundarios del tratamiento.
5. El pronostico con y sin el tratamiento propuesto.
9. Enumera 5 factores a considerar para minimizar la posibilidad de un litigio por
mal praxis en casos de violencia.
1. Factores demográficos.
2. Una amenaza de violencia.
3. Historia pasada.
4. Factores psicológicos y sociales.
5. Alianza terapéutica.
10. ¿Cómo valoramos un caso de ideación suicida para minimizar la posibilidad de
un litigio por mal praxis?
Un análisis de riesgo de suicidio es requerido cuando el clínico debería decidir si el riesgo
de suicidio es inminente y serio. Esta decisión es más comúnmente requerida en las
siguientes situaciones: cuando la posibilidad de suicidio aparece durante consultas
externas o durante tratamiento hospitalario, en la primera admisión de un paciente que no
conocemos, o cuando estamos considerando dar de alta o enviar a casa para el fin de
semana a un paciente potencialmente suicida. En estos casos, es importante que el
clínico tome notas de los factores a favor y en contra por los que se toma una decisión
clínica determinada.
Los factores a considerar se pueden clasificar en seis grupos:
a. factores demográficos
b. el
intento
suicida
(planificación,
encubrimiento,
deseo
de
morir,
desesperanza, notas suicidas, en respuesta a psicopatología, el modo,
historia pasada, etc.)
c. los factores físicos
d. los factores psicológicos (examen del estado mental)
e. el ambiente social (recursos y deficiencias de la familia o responsables,
habilidad de proveer seguridad, evidencia de negligencia o abusos)
f. la alianza terapéutica (¿crees al paciente cuando dice que va a cooperar?)
Dentro de la valoración debemos ser capaces de identificar:
a. Situaciones de alto riesgo: Por ejemplo un joven adolescente de 17 años
que fue encontrado después de su segundo intento de suicidio intentando
colgarse en un lugar aislado del bosque cerca de su casa, una vez había
bebido media botella de ginebra. Su familia es caótica. El padre sufre de
esquizofrenia y alcoholismo y la madre tiene problemas físicos graves. Su
hermano mayor se suicido. Su intento suicida fue planeado. El joven no
tiene amigos, en la escuela los otros chicos se ríen de él y lo pegan, y muy
recientemente ha muerto su abuela, a quien quería mucho. Al hablar con él
es obvio que está muy deprimido, agitado y preocupado con la idea de morir
y volver a estar junto a su abuela.
b. Situaciones de riesgo menor: Por ejemplo, una chica de 14 años que se
tomó 10 aspirinas en el banyo de su casa después de una discusión con su
madre sobre el tener o no permiso para ir a ver a su novio esa noche. Le dijo
a su madre que se había tomado una sobredosis una hora después de
hacerlo y la madre la llevo a urgencias de inmediato. Los padres se han
separado hace tres años, pero los dos continúan en contacto regular con la
paciente, y ninguno de los dos sufre de una patología psiquiátrica grave,
trastorno de personalidad, o abuso de drogas. Al entrevistarla, nos dice que
no quería morir, sino que estaba enfadada con su madre porque ésta no la
escuchó.
11. ¿Por qué hace falta admitir a alguien al hospital en contra de su voluntad?
A pesar de que el número de admisiones psiquiátricas involuntarias con relación al
número total de admisiones psiquiátricas ha aumentado en toda Europa y en los estados
Unidos de América durante los pasados 25 años, la mayoría de los pacientes se siguen
tratando por la ruta de una admisión voluntaria. La causa más común de admisión
involuntaria será la falta de reconocimiento de su trastorno mental. Esto puede suceder en
casos de esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno depresivo, anorexia nervosa, etc.
Estos trastornos, si no los tratamos adecuadamente pueden tener efectos devastadores
tanto para las personas afectadas, como para aquellos a su alrededor. Suicidio, ataques a
otras personas, y negligencia de sus necesidades básicas, pueden ser consecuencias de
no admitir a alguien en un momento dado.
La manera de enfocar el problema dependerá de la edad del menor, ya que de su edad y
habilidad de raciocinio dependerá el peso que el experto en salud mental dará a la opinión
del menor en cuestión.
Si los padres o los guardianes no están de acuerdo con la hospitalización del niño o del
joven, los requerimientos serán más estrictos. En este caso el sistema legal permitirá el
tratamiento hospitalario solamente si la vida del menor se encuentra en peligro, o si
existen pruebas de que cualquier otro tratamiento ha fracasado.
12. ¿Cuál es la base legal para admitir a alguien en el hospital en contra de su
voluntad?
La autoridad de un estado para limitar la libertad de una persona depende de dos teorías
legales; pareas Patrice y el poder de policía del estado.
pareas Patrice, que significa literalmente “padre del país”, provee el poder soberano con
autoridad para proteger a los ciudadanos que, por razones de problemas mentales o
físicos, o porque son menores sin supervisión adecuada, no pueden protegerse o
cuidarse de manera adecuada. Una intervención del estado se considera indicada en
casos de personas que no son capaces de tomar decisiones de manera racional,
incluyendo las personas que sufren de problemas de salud mental graves. El estado
también está obligado a tomar la decisión que representa los intereses de la persona y
que refleje con mayor claridad la opción que la persona habría tomado si él o ella fuera
competente para haberla tomado.
La teoría legal del poder policial provee al estado con la autoridad de actuar para asegurar
la protección de la sociedad y el bienestar general de los ciudadanos. En el proceso de
esta protección, el aislamiento de personas peligrosas puede que sea necesario. No
solamente el elemento criminal y personas con enfermedades altamente contagiosas
pueden ser detenidos, sino que también las personas sufriendo de enfermedades
mentales que pueden suponer un riesgo para otras personas.
Mientras pareas Patrice ofrece la protección al individuo, el poder policial generalmente se
invoca por el bien de la sociedad y en contra del individuo.
13. ¿Quién puede ser hospitalizado en contra de su voluntad?
Los estándares legales especificando el criterio para la responsabilidad civil varían de
país en país y pueden haber cambiado desde la publicación de este libro. El clínico debe
tener presente el criterio específico del país en el que trabaje.
De acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos, todo ser humano tiene
derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.
Doctrinalmente se distingue entre la capacidad jurídica –aptitud para ser sujeto de
derechos y obligaciones– y la capacidad de obrar –la necesaria para gobernar esos
derechos y obligaciones.
La presencia de una enfermedad mental supone una limitación a la capacidad de obrar de
la persona y de decidir por ella misma.
Otras situaciones frecuentes incluyen el comportamiento peligroso hacia uno mismo o
hacia los demás, una discapacidad grave, y la necesidad de tratamiento.
Situaciones menos frecuentes incluirían: la respuesta de la enfermedad mental al
tratamiento y la disponibilidad del tratamiento adecuado en el sitio en el que el paciente se
encuentre; una negativa a la admisión voluntaria; una falta de capacidad para consentir o
para dar una negativa al tratamiento o hospitalización psiquiátrica; peligro hacia la
propiedad; y hospitalización involuntaria como la alternativa menos restrictiva.
14. ¿Qué trastornos incluyen el término enfermedad mental?
No existe una definición legal en el sentido estricto (estricta sensu) de enfermedad mental.
El Derecho ha ido recogiendo estos conceptos a través de la Doctrina y de la
Jurisprudencia. El concepto de este término lo da la Psiquiatría. Otra cosa es que este
concepto sea determinante de situaciones legales propiamente dichas, es decir, qué
efectos va a tener para un sujeto concreto el hecho de padecer una enfermedad
determinada: cómo va a influir para que sea o pueda ser sujeto de derechos y
obligaciones (pueda contratar, hacer testamentos, contraer matrimonio, etc.), o para
determinar su responsabilidad civil o penal por sus actos, etc.
En España, como en el resto de países del mundo occidental desarrollado, para la
clasificación de las enfermedades mentales se han ido imponiendo los criterios de CIE
(ICD) y DSM.
Así el derecho penal contempla el supuesto de Enajenación, como la situación de quien
está privado de voluntad y de entendimiento que implique la anulación de las facultades
mentales. Será total cuando esté totalmente privado de voluntad, y de entendimiento y
parcial cuando éstos solamente se encuentren disminuidos.
Dentro del concepto de enajenación se incluyen las psicosis y las oligofrenias; más
discutible es el tratamiento penal de las psicopatías y las neurosis.
Aunque no pueden establecerse normas rígidas habitualmente se aceptan como
determinantes de completa in-imputabilidad: la oligofrenia en los grados de imbecilidad y
de idiocia, los procesos demenciantes, sea cual fuere la enfermedad que los produce, y
las psicosis, con apreciable perturbación de las funciones psíquicas básicas.
Las psicopatías en cuanto no son propiamente enfermedades, sino anormalidades del
carácter que no tienen curación y no afectan a la inteligencia ni a la normalidad de la
voluntad, es la anomalía que presenta los problemas jurídico penales más graves. En
general se rechaza la exclusión plena de responsabilidad penal para las mismas y sólo
ocasionalmente se permite una atenuación de responsabilidad.
Las neurosis suelen también excluirse del término enajenación pero pueden motivar la
apreciación de un trastorno mental transitorio excluyente de responsabilidad penal o
causante de una atenuación de la misma.
La enajenación es duradera, tiene causa interior, en general mediata, de aparición lenta, y
con tendencia a evolucionar hacia la demencia.
Otra circunstancia contemplada en el derecho penal es el Trastorno mental transitorio: el
individuo puede tener esa alteración interior- como manifestación temporal breve de una
enfermedad permanente- pero en cualquier caso la duración es temporal y la causa que
determina el acceso es exterior. También puede ser excluyente de responsabilidad
criminal (si no ha sido provocado por el sujeto para cometer el delito o hubiera debido
prever su comisión).
Hay otros casos de exención de responsabilidad penal, cuando al tiempo de cometer la
infracción se esté en estado de intoxicación por consumo de bebidas alcohólicas, drogas
tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas, etc.; pero no entramos en su estudio
puesto que no forman parte las denominadas enfermedades mentales.
Podemos establecer tres situaciones médico legales:
Inimputable: el que padece un trastorno enajenante que anula su capacidad de
conocimiento de la antijuridicidad de sus actos o su capacidad de obrar con arreglo a ese
conocimiento, en otras palabras el que tiene abolidas su inteligencia y su voluntad. Por
ello es irresponsable.
Semi-imputable: El que aqueja una anomalía, deficiencia o enfermedad mental que
perturba intensamente sus funciones psíquicas superiores sin anular totalmente su
inteligencia ni su voluntad. Su responsabilidad está atenuada en mayor o menor grado.
Imputable: Es la persona cuya anomalía, deficiencia o enfermedad mental (generalmente
funcional) no afecta en absoluto el conocimiento del valor y determinismo de sus actos, o
sea, su entendimiento y voluntad. Es normalmente responsable.
Indicar que la exención de pena prevista para los supuestos de enajenación no implica a
ausencia de medidas de seguridad, pues en estos supuestos el juez decretará en
internamiento del enajenado en uno de los centros destinados a enfermos de aquella
clase, o su sumisión a tratamiento ambulatorio, etc.
También se prevé la adopción de las indicadas medidas de seguridad cuando el que haya
cometido el hecho delictivo sea una persona que sufra alteraciones de la percepción
desde el nacimiento o de la infancia y por ellos tenga gravemente alterada la conciencia
de la realidad; pues es un supuesto también que se exime de responsabilidad penal.
En el campo del derecho civil, la validez y eficacia de los actos jurídicos, así como la
responsabilidad, dependen de la inteligencia y voluntad de la persona, de modo que
cuando ésta se encuentra debilitada más allá de ciertos límites, los actos serán inválidos y
su autor irresponsable. Y ello sea cual sea la causa de la deficiencia: locura duradera o
trastorno mental transitorio, embriaguez, droga, hipnosis, etc.
Algunas enfermedades o deficiencias pueden privar de habilidad concreta para un
determinado acto o negocio (la ceguera, sordera, sordomudez y mudez).
Las enfermedades de cualquier índole, por sí, no producen otras consecuencias jurídicas
que las de analizar los actos o negocios jurídicos realizados para comprobar si en ellos
existe, o no existe, consentimiento o voluntad cuando estos sean necesarios para la
validez del acto.
Los institutos tradicionales del Derecho Privado para la protección de los deficientes
mentales son la incapacitación y la sujeción a tutela.
Cuando la enfermedad o deficiencia imposibiliten a la persona gobernarse por sí misma
será causa de incapacitación.
Lo decisivo jurídicamente no es el origen patológico de la situación, sino los resultados a
los que esta pueda llevar: la imposibilidad de la persona para gobernarse por sí misma y
que se prevea que esta situación haya de durar en el futuro.
Será la Sentencia de Incapacitación la que determinará la extensión y límites de la misma.
15. ¿Quién puede iniciar la hospitalización involuntaria?
El actual artículo 211 del Código Civil, en materia de ingresos o hospitalizaciones
involuntarias, es decir, las de las personas con trastornos psíquicos que rechazan o se
niegan a la hospitalización, nos remite a la autorización judicial para poder efectuar estas
hospitalizaciones. Pueden darse dos situaciones:
a) El ingreso directo, de urgencia, cuando hay riesgo para la propia salud del paciente o
de los demás. En este caso el Centro tiene la obligación de informar inmediatamente (en
24 horas) al Juzgado, explicando las circunstancias, diagnóstico provisional, pronóstico,
tiempo calculado de hospitalización.
b) Acudir previamente al Juzgado, con los Informes Médicos necesarios, para solicitar el
Internamiento, será el Juzgado el que dará la Orden de Ingreso. En este caso realizarán
la petición bien los familiares o los responsables legales, con preferencia los que ostenten
la patria potestad.
Tanto en una como en otra situación el Juzgado enviará a un psiquiatra forense a
reconocer al paciente para que dictamine sobre la procedencia de la medida. Y cuando
sean menores se realizará el internamiento en un centro adecuado a su edad.
La necesidad de autorización judicial para efectuar este tipo de hospitalizaciones trata de
evitar problemas de detenciones ilegales o ingresos indebidos.
Por otro lado el Código Penal (artículo 96.2.1ª) establece también como medida de
seguridad privativa de libertad el internamiento en Centro Psiquiátrico.
En otros países existen regulaciones específicas, como la Acta de Salud Mental de 1983
(Mental Health Act 1983) o la incipiente y llena de controversia Mental Health Bill, en
Inglaterra. En éstas, y dependiendo de la Sección del Acta que se desee utilizar (para
detener al paciente durante 28 días para una valoración o durante 6 meses para un
tratamiento, etc.) requerirá la concordancia de criterio de un médico de familia que
conozca al paciente, un psiquiatra y un asistente social con formación específica en salud
mental serán necesarios para admitir al paciente.
16. ¿Cuánto tiempo dura la hospitalización involuntaria?
El Código Civil español, para los casos de internamiento involuntario por razón de
trastorno psíquico, dispone que, el juez, de oficio, recabará información sobre la
necesidad de proseguir el internamiento, cuando lo crea pertinente y en todo caso cada
seis meses, y acordará lo procedente sobre la continuación o no del internamiento.
No se establecen plazos de duración, por lo que entendemos que, siempre que se
realicen estos controles, la duración de esta hospitalización será la necesaria para la
curación o estabilización del enfermo pudiéndose alargar todo lo necesario.
Obviamente en los casos que se haya establecido el internamiento como medida privativa
de libertad será la propia resolución judicial la que establezca y señale las condiciones y
el tiempo de la misma.
17. ¿Cuáles son los derechos del paciente que ha sido hospitalizado en contra de
su voluntad?
Tienen derecho a que se les informe de la causa de su hospitalización, del objetivo que
persigue, que tengan representación legal, el poder impugnar la decisión de haber sido
hospitalizado, y el poder cambiar su estado al de paciente voluntario.
También, por supuesto, tendrán los derechos civiles adicionales, independientemente de
su estatus legal, que incluirán un trato humano en el ambiente menos restrictivo posible,
una comunicación abierta y libre con el mundo exterior a través del teléfono o del correo,
visitas, y ser informado de todos estos derechos. Algunos de estos derechos pueden ser
restringidos durante periodos del tratamiento si el equipo de salud mental lo considera
oportuno o en los casos en que estas hospitalizaciones involuntarias son impuestas como
medidas privativas de libertad previstas en el Código Penal.
18. ¿Cuál es la responsabilidad del Psiquiatra?
El Psiquiatra llamado a tomar la decisión de hospitalizar o no a un niño o adolescente
debe mantener su independencia de las presiones de la familia para hospitalizar a niños
que no son queridos o que se comporten de manera abominable con sus padres.
El Psiquiatra debería considerar los peligros inherentes a una hospitalización forzada
tomando una visión a largo plazo al considerar los problemas del niño o del joven.
Además de preguntarse si el niño de beneficiaria de la admisión, el psiquiatra se debería
preguntar si este periodo de institucionalización afectará negativamente al niño en años
venideros. Se debe preguntar también qué tipo de atención recibirá el niño, y si la familia
o los servicios sociales aprovecharan esta situación para abdicar su responsabilidad por
el niño. Otro aspecto a considerar será el valorar las consecuencias para el niño si una
admisión terapéutica o de valoración presumiblemente corta se alarga.
La decisión de los pares de hospitalizar a sus hijos puede guardar muy poca relación con
la gravedad del trastorno mental o con el enfoque terapéutico adecuado. Puede ser que
los padres simplemente no quieran o no sean capaces de continuar viviendo con un niño
o joven difícil. Esta falta de predisposición de los padres a vivir con un niño difícil puede
resultar en una admisión psiquiátrica porque los padres son conocen otra alternativa, sea
porque no han dedicado el tiempo suficiente a explorar los servicios adecuados o por su
falta de habilidad para acceder a los servicios disponibles, o por una combinación de
ambos.
Los padres que han facilitado la admisión del su hijo o hija puede que boicoteen el
tratamiento de su hijo no cooperando, por ejemplo, en la terapia familiar requerida. Será la
función del Psiquiatra el identificar esta situación y ponerle remedio. Al igual que será la
función del Psiquiatra el valorar el coste del estigma de haber sido hospitalizado en contar
de su voluntad por una patología psiquiátrica.
19. Lista 5 razones de una admisión hospitalaria no apropiada
1. Que los padres simplemente no quieran o no sean capaces de continuar viviendo
con un niño o joven difícil.
2. Conflictos de interés entre los padres y el hijo.
3. Ignorancia de los padres de otras alternativas menos restrictivas.
4. Valoración inapropiada del caso.
5. Diagnóstico equivocado.
20. ¿Qué criterio justifica la hospitalización?
El criterio que justifica la hospitalización incluye:
(a) Síntomas graves que incluirían una afectación de la habilidad de
valorar la realidad, un comportamiento extraño o peligroso, o
síntomas psicóticos o de patología cerebral orgánica.
(b) Peligro agudo, serio y inminente a la propiedad de la persona o de
otros que es atribuible a un trastorno psiquiátrico primario; y
(c) Un funcionamiento social, familiar, educativo, laboral, o del
desarrollo gravemente afectado.
21. ¿Pueden los pacientes admitidos en contra de su voluntad negarse a tomar
medicación?
Generalmente, sí. La mayoría de los países consideran a los pacientes sufriendo de un
trastorno mental hospitalizados de manera involuntaria competentes para tomar
decisiones a personales, incluyendo el tomar (o no tomar) medicación psicotrópica, a no
ser que se les haya considerado incompetentes por el sistema legal establecido en ese
país.
A pesar de que la negativa del paciente a tomar medicación puede que sea consecuencia
del sistema de creencias delirantes o de la falta de capacidad de considerar que sufren de
una enfermedad psiquiátrica, sus razones puede que estén basadas en la realidad y sean
congruentes. Es esencial que el clínico explique los tratamientos farmacológicos
recomendados, incluyendo los potenciales beneficios y los efectos secundarios o
adversos, y que se explore de manera especifica las razones que hay detrás de la
negativa de la negativa del paciente. Con negociación y compromisos, por ejemplo,
utilizando una medicación alternativa de la misma clase, o iniciando la medicación a una
dosis mucho menor puede ayudar a iniciar el tratamiento con el consentimiento del
paciente.
22. ¿Cuál es la diferencia entre una medicación involuntaria y una de emergencia?
Una medicación de emergencia es aquella recomendada por el psiquiatra para el
tratamiento de un paciento que es considerado peligroso de manera inminente para si
mismo o hacia los demás, de manera física o psicológica, y que se niega a tomar la
medicación. Un ejemplo podría ser el paciente delirante o en estado de manía que se está
deshidratando. La medicación de emergencia debe actuar de manera aguda (por ejemplo,
neurolépticos y benzodiazepinas, en lugar de antidepresivos y estabilizadores del estado
de ánimo) y debe tener el objetivo de tratar los graves síntomas con los que el paciente se
presenta. La necesidad de medicación de emergencia debe ser revisada con frecuencia,
como mínimo una vez al día. Con frecuencia será conveniente obtener una segunda
opinión de otro psiquiatra. De manera general, medicaciones de emergencia solamente se
administraran durante unos días.
Las medicaciones involuntarias (o administradas en contra de la voluntad del paciente)
serán autorizadas por el juez en situaciones fuera de una crisis aguda. El psiquiatra
generalmente solicita la administración de la medicación con información sobre el estado
clínico del paciente. El juez dará permiso para la administración durante un periodo de
tiempo concreto.
23. ¿Cuáles son las indicaciones para recluir a un paciente?
Las indicaciones más comunes son (1) prevención de que la persona se haga daño a ella
misma o a otra persona cuando otras técnicas o intervenciones han fracasado o no son
apropiadas en el caso concreto; (2) prevención de un daño físico concreto a la unidad
hospitalaria o para evitar una disrupción de la sala. Otras razones menos frecuentes
incluirían su utilización como parte de un programa conductual específico, o cuando el
mismo paciente lo pide (y el equipo lo considera oportuno y en el interés del paciente)
24. ¿Quién puede autorizar la admisión de niños?
En general, los niños son considerados legalmente incompetentes. Esto incluye
incompetencia para tomar una decisión sobre hospitalización psiquiátrica.
La dificultad radica en determinar si un menor tiene un nivel cognitivo que lo cualifique
como competente para tomar esa decisión por si mismo.
Tratándose de niños afectos de un trastorno psíquico entendemos que rige lo mismo que
para las demás situaciones y nos remitimos a las explicaciones dadas en el apartado 15,
es decir, será la autoridad judicial la que autorice o deniegue el mismo.
Por otro lado, la legislación sanitaria* establece el derecho de los menores a ser
informados de su salud, de los tratamientos a que se someten, etc. En concreto, que los
menores de más de 16 años, los emancipados y los que, a juicio del médico sean
competentes intelectual y emocionalmente para comprender el alcance de determinada
actuación médica, deben prestar personalmente su consentimiento a los actos médicos
que les realicen. Y en caso de que, a juicio del médico responsable, el menor no tenga la
suficiente madurez emocional ni intelectual para comprender el alcance de la intervención
médica, el consentimiento lo darán sus padres o tutores. También deberá escucharse la
opinión del menor que haya cumplido los 12 años, aunque ésta no se considere
vinculante ni decisiva. En todo caso, ante situaciones de conflicto que se puedan plantear
el médico deberá optar siempre por la opción que sea más respetuosa para los intereses
del menor desde el punto de vista de protección de su salud y, especialmente, de su vida
(en este último caso se ampararía en el estado de necesidad).
La legislación sanitaria establece el consentimiento informado como requisito de todas las
intervenciones médicas, lo cual exige que la persona afectada haya estado previamente
informada sobre la finalidad y naturaleza del acto médico y de los riesgos y
consecuencias que puedan derivar de los mismos. El consentimiento habrá de ser escrito
en los casos que comporten riesgos e inconvenientes notorios y previsibles. El
consentimiento puede revocarse en cualquier momento.
Sin embargo, hay excepciones a la exigencia de consentimiento: las asistencias urgentes
de autorización imposible (situaciones de riesgo inmediato y grave para la integridad física
o psíquica en que no sea posible obtener autorización del enfermo ni de familiares ni
responsables legales, será a criterio del personal médico la realización de las
intervenciones indispensables) y las actuaciones motivadas por razones de seguridad
pública
(si
lo
exigen
razones
sanitarias
podrán
realizarse
las
intervenciones
indispensables según la legislación aplicable).
El consentimiento se otorgará por sustitución en determinados casos: enfermos que por
sus condiciones físicas o psíquicas no puedan tomar decisiones (lo otorgaran los
familiares o personas legalmente responsables, con preferencia las personas que hayan
estado designadas por el paciente), menores (dependerá de su madurez intelectual y
emocional, según hemos visto más arriba), incapaces (el tutor necesitará autorización
judicial para tratamientos que pongan en peligro su vida o integridad física o psíquica,
salvo urgencia), trastornos psíquicos (por los familiares o responsables, y requerirá
también autorización judicial si suponen un riesgo para la vida).
En todo caso el enfermo deberá intervenir, en la medida que le sea posible, en la toma de
decisiones; y estas se tomarán con respeto a su dignidad personal.
Sin embargo, debemos tener siempre en cuenta que si la hospitalización des involuntaria
o forzosa será necesaria la autorización judicial.
*Hay que tener en cuenta que las Comunidades Autónomas tienen competencias en
materia de Sanidad, por lo que puede haber distintos matices entre unas y otras, aunque
las líneas generales sean las mismas. En este caso se ha estudiado la normativa de la
Comunidad Autónoma de Cataluña.
25. ¿Pueden los padres de un niño autorizar la administración de medicación en
contra de la voluntad del niño?
Ya hemos visto en el anterior apartado que el menor que tenga la suficiente madurez
intelectual y emocional para entender y comprender el alcance de un tratamiento médico,
deberá dar su consentimiento a los actos que le realicen; por consiguiente entendemos
que deberá dar también su consentimiento para la administración de un medicamento, lo
que nos lleva a la conclusión de que será decisión del menor el tomar o no una
medicación.
El problema se planteará cuando el menor se niegue a tomarla y los padres no acepten
esta decisión, en este supuesto entendemos que podrían los padres acudir al auxilio
judicial para autorizar la administración de una medicación para sus hijos. El problema no
es baladí, puesto que cómo podrá administrarse una medicación a una persona, en
plenas facultades mentales, que se opone a la misma; no se puede utilizar la fuerza física
para dársela puesto que ello podría dar lugar a ilícitos contra la integridad física. Esto
supone entrar en un amplio debate que sería objeto de otro estudio.
En todo caso el facultativo, ante conflictos o contraposición de intereses, deberá optar por
la solución más respetuosa para los intereses del menor desde el punto de vista de la
protección de su salud y, especialmente de su vida (en este caso actuaría amparado por
un estado de necesidad). Y en casos extremos, solicitar autorización judicial.
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