PALMA DE MALLORCA
43º CONGRESO DE JÓVENES FILÓSOFOS
Área: Historia del pensamiento y tecnología
HISTORIA DE UN ERROR AFORTUNADO
APUNTES PARA UNA FILOSOFÍA TECNOLÓGICA DE LA INFORMACIÓN
Gonzalo Aguirre y Pablo Rodríguez
zonawong@gmail.com, manolo1416@yahoo.com
Abstract
En “Historia de un error”, incluido en El crepúsculo de los ídolos, Nietzsche relata de manera
demoledora las falacias acerca de la existencia de un mundo aparente, un mundo verdadero y un
sujeto de conocimiento, retomando aquellas distinciones clásicas de la filosofía: lo inteligible y
lo sensible (Platón), lo celestial y lo terrenal (Cristianismo), la conciencia frente a un ídolo
(Bacon) o un genio maligno (Descartes) y el fenómeno y el noúmeno (Kant). Foucault, en su
descripción de la tarea de la arqueología, se refirió a la verdad como un error que ha sido
“afortunado”, para dejar en claro que la historia de la verdad no consiste en señalar su falsedad,
sino en colocarla en el terreno histórico y regional de su constitución.
El trabajo que presentamos se coloca bajo el signo de estas citas. Se trata de delimitar
una “historia de la información” que se solapa con la “historia de la verdad” y que tiene dos
ejes. El primero es la definición científica de in-formación tal como fue formulada dentro de los
parámetros de la cibernética. La información es el principio universal que da forma sin tener él
mismo forma. ¿Es sustancia, es materia, es energía? ¿Cuál es su inteligibilidad y su
sensibilidad? Estas preguntas se despliegan en el segundo eje que vincula este problema
filosófico de la información con las tecnologías que la actualizan. Las tecnologías digitales
actúan en el marco de un cambio en el estatuto de la imagen en relación con “lo real” de un
modo tal que Badiou llegó a decir que “el mundo de Platón es un mundo digital, pero sin la
tecnología”. La información supone una transformación en los modos y regímenes de atención y
de percepción, y estos sólo son visibles a través de las tecnologías (y también resistencias) que
los expresan.
Palabras clave: Nietzsche, Foucault, regímenes de percepción, Información, virtual, (no)-saberde-sí.
1) Introducción: Una narración ontológica
En “Historia de un error”, incluido en El crepúsculo de los ídolos, Nietzsche
relata de manera demoledora las falacias acerca de la existencia de un mundo aparente,
un mundo verdadero y un sujeto de conocimiento, retomando aquellas distinciones
clásicas de la filosofía: lo inteligible y lo sensible (Platón), lo celestial y lo terrenal
(Cristianismo), la conciencia frente a un ídolo (Bacon) o un genio maligno (Descartes) y
el fenómeno y el noúmeno (Kant). La coronación de estas distinciones es lo que
Nietzsche llamaba formación histórica (historische Bildung), que convertía a estas
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distinciones en etapas de un error que se va corrigiendo, cuando en realidad lo
reproducían y aumentaban. Pero Nietzsche no opone a este error una verdad, ni habría
que considerar, en su relato, que el hecho de que “el mundo verdadero se ha convertido
en fábula” apunta a desenmascarar una operación de engaño. De lo que se trata es de
terminar con el problema del origen, y de allí la doctrina del eterno retorno que afirma
que no hay ni primera ni última vez; y de terminar, simultáneamente, con el problema
del original, eso que Deleuze llamaba “platonismo”. Aquí se aloja el proyecto
arqueológico, genealógico y hermenéutico de Michel Foucault: contar la historia de la
verdad mostrando de qué modo los regímenes históricos relataban el origen y describían
el original de lo que pretendían hacer funcionar como el sustrato positivo de lo real y del
sujeto que lo encarna.
Este relato de la historia de la verdad no tiene, él mismo, pretensiones de verdad,
ya que de otro modo se reestablecería indefinidamente la misma operación. Todos los
malentendidos alrededor del “fin de los grandes relatos” enunciado por Lyotard procede
de este radical desconocimiento: pedirle a quien desarma la verdad que lo haga en
nombre de otra verdad, exigirle que no sea consecuente, que la inversión del platonismo
sea sólo un juego para restablecer el platonismo en un nivel superior: “sabemos que la
verdad es ficción, pero les pedimos que crean en esto como si fuera verdad”. Y esto ya
se puede observar en el mismo Platón y su formación ideal, la paideia, que luego
pasará, según Nietzsche, a la formación cristiana del apocalipsis y de allí a la creencia
en la Historia, propia de la modernidad. Ahora bien, destronar a la historia no quiere
decir de ningún modo terminar con la capacidad de relatar, de narrar lo que acontece.
Lo que Foucault llama “la ontología del presente” consiste precisamente en iniciar una
narración que, descartando el origen y el original, active la pregunta de quiénes somos
hoy, ahora mismo, sin que se nos deba explicar para ello de dónde venimos y cómo ello
justifica lo que somos y hacia dónde vamos. Para enunciar aquello en lo que deviene la
historia de la verdad, es necesaria entonces una narración ontológica. El eterno retorno
constituye el diapasón con el que vibra esta narración.
2) Método: forma de problematización, prácticas, sujetos
Tal como lo explica el mismo Foucault en la introducción a El uso de los
placeres, segundo volumen de su Historia de la sexualidad, Michel Foucault rastreó
una Historia de la Verdad a través de cuatro emergencias (locura, lenguaje, crimen,
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sexualidad) que se (le) manifestaban por tres niveles (formas de problematización,
prácticas generadoras de esas formas y sujetos a/de esas formas y prácticas),
explicitables a través de una arqueología, una genealogía y una hermenéutica. Ahora
bien, la última emergencia encarada por Foucault (la sexualidad), lo derivó hacia la
Antigüedad pagana a los efectos de recuperar un concepto de Práctica sin modelo de
subjetivación (por deseo), la Práctica de Sí. Esta práctica, a su vez, lo puso frente a la
evidencia de una “estética de la existencia” que experimentaba o ejercitaba el sí y con
sí, no sólo a nivel del “uso de los placeres”, sino también de la alimentación, la
percepción y, fundamentalmente, del pensamiento. A través de este último nivel de
“ascesis”, de “ejercicio de sí”, Foucault viene a encontrarse con la vertical de su propio
trabajo, de su propio ejercicio de pensamiento.
Esta deriva posible del estructuralismo que desbanca a toda metafísica de la
presencia fue, sin embargo, conjurada por una metafísica de la ausencia que pretende
continuar la Historia de la Verdad a través de nuevas emergencias (auto-ayuda, medioambiente, cultura, comunicación) que, al mismo tiempo, guardan a sus predecesoras
como prótesis que referencian una nueva Historia (de la Información) basada en la
ausencia (de referentes). Se trata, entonces, de saber si estas nuevas emergencias
continúan la Historia de la Verdad por otros medios, o bien constituyen el síntoma de
una nueva historia que nos relata: la Historia de la Información. Como conclusión
anticipada, cabe indicar que, si la Historia de la Verdad ha dejado su lugar a una
Historia de la Información, este cambio no deja de apelar a modelos de referencia que,
en tanto basados en una metafísica de la ausencia (nada de voluntad), precisan todavía
de los viejos modelos de la presencia (voluntad de nada) para garantizar su (buen)
funcionamiento. Lo que proponemos, entonces, es un recorrido somero por los niveles
descriptos por Foucault a partir de la emergencia de la información.
3) Arqueología de la in-formación
La historia de la idea de información es extensa, pero sólo adquiere este nombre en
el siglo XX. Hasta allí, la modernidad (sobre todo a partir de la aparición de medios
masivos de comunicación, como el periódico durante el siglo XVIII) había tomado en
consideración la proliferación de signos como “datos”, del mismo modo en que hoy
decimos que alguien está “informado”, al tanto de las noticias. En la primera mitad del
siglo XX comienzan a aparecer definiciones positivas de información que incluyen, y
3
amplían, la cuestión del “dato”. Será la cibernética la que dará a la información su dignidad
de objeto científico. Para la cibernética, además de la materia y de la energía, existe un
nuevo componente del universo llamado información. De hecho, los fenómenos y
componentes del universo que se basan en la información son los que “gobiernan”, según
la cibernética, aquellos basados en la materia-energía. La información tiene una teoría
propia expresada en forma matemática, la “teoría matemática de la información”, que
aporta la transformación de la nueva entidad del universo en una posibilidad técnica de
emisión y transmisión de señales. Por eso, en general, cuando se habla de tecnologías “de
la información”, se dice también “de la comunicación”. Información y comunicación son
prácticamente lo mismo desde esta perspectiva.
La información está tratada como una sustancia, pero en principio la información no tiene
extensión. De ella sólo queda el rastro en la materia, manifestado en su organización. No
hay trazos de materialidad en la información; por eso la cibernética se esforzó en proclamar
su originalidad relacionando la gran cantidad de información que se crea con un nivel de
energía casi nulo. En el procesamiento de la información casi no interviene el consumo de
energía pero se puede comprobar efectivamente una transformación de la materia. La
información da lugar sin tener nada propio, entrega organización a los seres sin poder ser
ella misma organización. La información (y esto es central en relación con la Historia de la
Verdad) es un principio universal de donación de forma a las cosas. Escuchemos
lentamente la palabra: in-formación. La formación, ya sea la platónica, la cristiana, la
moderna como histórica, suponía que el hombre (en relación con la Idea, o con Dios, o con
la Historia) es sujeto, objeto o ambas cosas de la donación de la forma: él “informaba” al
mundo. Ahora el mundo tiene algo que lo in-forma más allá de lo humano, y que de hecho
“in-forma” a lo humano mismo: basta con echar un ojo a la biología actual. Y no sólo eso:
basta con ver aquello que definía a las ciencias humanas, según Foucault, trastocado en
función de otra definición de trabajo, de vida y de lenguaje. La in-formación, el principio
universal que da forma, anula la pretensión de descubrir en lo humano la verdad. Tampoco
la verdad está en lo social; por eso se habla de “sociedad de la información”, esto es, una
totalidad, llamada “sociedad”, que tiene su principio fuera de ella, la “información”, del
mismo modo en que podría imaginarse, en los tiempos de la Revolución Industrial, a
aviesos propagandistas haciendo circular el lema de la “Sociedad de la Energía”.
4) Genealogía de las prácticas in-formativas
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Las tecnologías de la información no funcionan del mismo modo que las
tecnologías de la energía. Hasta el siglo XX, más allá de las innumerables fantasías
acerca del doble del hombre (desde Galatea hasta Frankestein), la trayectoria de las
tecnologías apuntaba a extraer energía de los músculos animales y humanos, algo que se
hizo evidente en la época industrial con la idea moderna de producción. La culminación
de esta trayectoria son las sociedades disciplinarias que desmonta Foucault. La técnica
específica de la disciplina es el encierro, y su producto es la destilación de una verdad:
la verdad de la locura (instituciones psiquiátricas), del crimen (instituciones penales),
del sexo (dispositivo de sexualidad anclado en varias instituciones, desde la familia
hasta el psicoanálisis).
Deleuze afirma que en el paso de la energía a la información se juega el de las
sociedades disciplinarias a las de control. La técnica específica ya no será el encierro,
sino el control a cielo abierto, y ya no hace falta destilar una verdad, como tampoco es
necesario extraer algo (energía) de los cuerpos. La práctica del moldeado, del proceso
humano de dar forma a lo humano (la escuela, el hospital, la fábrica), deja paso a la
modulación, (“un molde autodeformante”, como dice el propio Deleuze), que avanza en
el sentido ya no de la extracción sino de la reproducción. La escuela ya no puede
encerrar eficazmente y da lugar a la “formación permanente”, o “in-formación incesante”; el hospital ya no quiere internar a sus pacientes e inaugura el “hospital de día”,
mitad encierro, mitad libertad; la institución psiquiátrica no necesita atar al loco porque
puede doparlo cuantas veces quiera, liberando su cuerpo y aplacando su alma; no hace
falta ir a la fábrica o a la oficina porque existe el “teletrabajo”, haciendo del mundo
entero un “teleencierro”. El sexo ya no es dueño de la verdad absoluta sobre el sujeto
por una doble razón: con la genética actual, la reproducción sexual deja de ser la
condición exclusiva de la multiplicación de las especies; pero, además, existen terapias
del alma rápidas, rotativas, dinámicas, que desconfían de la verdad anclada en un
origen, como el cristianismo o el psicoanálisis.
El ejemplo más acabado de la lógica de la reproducción es el de la creación de
la computadora, símbolo mismo de la cibernética. La intención era “copiar” la única
facultad del hombre que aún no había sido objetivada en un artefacto, esto es, la mental. El
cerebro artificial iba a estar animado por lo mismo que el cerebro humano: el
procesamiento de información. Los artefactos que reprodujeron el cerebro pronto se
convirtieron en el modelo de referencia de éste, y de allí se pasó a las capacidades humanas
5
en general: todo lo que queremos saber del hombre, lo podemos buscar en y con las
computadoras.
La computadora y todas las tecnologías derivadas de la información y de los
soportes digitales multiplicaron, como si se tratara de objetos fractales, las copiasoriginales de todo lo que existe hasta hacer patente el proyecto, intencional y no subjetivo
como diría Foucault, de duplicar el mundo. Primeramente la computadora absorbió las
funciones de organización de las instituciones y las personas: el archivo de datos, el
ordenamiento de las agendas, la distribución de las tareas, etc., de una manera que sólo se
hace evidente cuando “se cae el sistema” y colapsa la gestión de aquello que se quería
efectuar. Luego, cuando la computadora se transformó en símbolo de comunicación, a los
mensajes se les fue sumando las páginas que reproducen lo que existe hasta hacer de
Internet una suerte de mundo “virtual”, palabra equívoca si las hay. Un teléfono celular no
es ya un teléfono portátil, sino una cámara más un grabador de sonido más un teclado
destinado a registrar, reproducir y transmitir la llamada “realidad”. Un juego en red es una
inmensa cantidad de personas inmóviles y silenciosas que recorren un mundo, y para
quienes la pantalla, como límite entre interfaz visual de una computadora y un sistema
perceptivo humano, no existe. La música electrónica no trabaja con la pulsación de un
instrumento y los DJs recomponen la composición de otros. Los animales y las plantas
dispuestos para nuestra alimentación son cada vez más las copias transgénicas de originales
que quedarán arrumbados en los museos de la exNaturaleza.
5) Hermenéutica de los modos de subjetivación in-formados
Toda práctica lleva un modo de subjetivación. Las prácticas in-formativas de
control, a diferencia de las prácticas energéticas de la disciplina, elaboran una nueva
“estética de la existencia” en todos los niveles. Si la in-formación, tal como se la ha
presentado hasta el momento, suplanta la producción por la re-producción, es porque al
mismo tiempo la presión se desplaza desde la conciencia a la percepción. En el nivel de
los modos de subjetivación, la información ya no es sólo principio de donación de
forma (nivel arqueológico) ni tampoco prácticas de duplicación mediante dispositivos
de control (nivel genealógico), sino un nuevo modo de percibir, de encauzar los flujos
de sensaciones, cuyas emergencias no han de ser circunscriptas a la Internet o a la
Telefonía Móvil, sino expandida, por ejemplo, al consumo de drogas legales e ilegales,
6
a la peculiaridad de los movimientos migratorios que comenzaron a fines del siglo XX,
o a la crisis de los Estados-Nación (multi-nacionales).
Las grandes instituciones políticas de la modernidad, la capilaridad de las
instituciones de encierro y las principales terapias que delimitaban lo normal de lo
patológico estaban basadas en el moldeado de la conciencia, en la formación de un
sujeto capaz de reconocer una verdad que lo constituye (la Nación, el Trabajo, el
Inconsciente) y cuyo conflicto se juega en la distancia con esta verdad. La llamada “era
de la información” es la era de una presión sobre la percepción que no reconoce la
verdad de una conciencia sino la experimentación de sensaciones. Cuando una maestra
se queja de que los alumnos prefieren pasar el día en un cybercafé en lugar de ir a la
escuela, cuando un psicoanalista ve cómo migran los pacientes hacia terapias cortas o
incluso a un sinfín de pastillas, cuando las demandas políticas abandonan las meras
proclamas territoriales de soberanía por una multiplicidad de adscripciones étnicas,
religiosas y culturales, se está enunciando el paso de una subjetivación de la conciencia
a una subjetivación de la percepción.
Por lo tanto, hay que echar por tierra la visión apocalíptica de “la integración
total al mundo de la información”, para anticipar y conjurar las ilusas actitudes de
quienes creen estar resistiendo por no ver la televisión o no tener teléfono móvil, o de
quienes creen que “no se puede negar que ha habido avances”. En primer lugar, porque
la emergencia de la información no es un hecho del orden del saber ni una revolución
meramente tecnológica, sino que encuentra en el nivel de los saberes una
transformación que se continúa en los demás niveles. Y en segundo lugar, porque este
tipo de actitudes son modos del no-saber-de-sí. Asumen lo que hay que investigar,
discuten si está bien o mal lo que justamente está en discusión, dudan entre donar o no
sus órganos, pero jamás se abocan a desentrañar las condiciones de posibilidad de un tal
dilema.
6) Modos de no-saber-de-sí
Foucault buscaba hacia el final de su vida las prácticas de sí, aquellas prácticas
que no fueran producto de un modelo de subjetivación. Por su parte, el mundo de la información actúa en el marco de un cambio en el estatuto de la imagen en relación con
“lo real” de un modo tal que Badiou llegó a decir que “el mundo de Platón es un mundo
digital, pero sin la tecnología”. La información supone una transformación en los modos
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y regímenes de atención y de percepción, y estos sólo son visibles a través de las
tecnologías (y también las resistencias) que los expresan. Las formas de
problematización y las prácticas asociadas a la información ya no ponen el acento en la
figura del hombre porque existe un modelo de subjetivación que puede prescindir tanto
de la verdad como del encierro. ¿Se terminó la historia de la verdad, entonces? ¿El paso
de la conciencia a la percepción se asemeja a una liberación de la cárcel de lo humano?
Sólo se puede decir que sí en caso de que den lugar a prácticas de sí. La
duplicación, la modulación y la experimentación le quitan la presión al hombre para que
responda por su verdad en este mundo. Sin embargo, quizás estén solamente colocando
esa misma verdad fuera del hombre. Quizás ese sea el sentido de la utilización
exuberante del término “virtual”, muy distante de lo que dijera Deleuze al respecto. Lo
“real” era aquello, la mayoría de las veces innombrable, que anclaba a la figura del
hombre a un sustrato. Lo “virtual” hablaría de la caducidad del sustrato, de la
reproductibilidad infinita de todo (trabajo, vida, lenguaje) que se actualiza en la
percepción, así como lo “real” se actualizaba en la conciencia. Pero se actualiza como
presión, no como práctica de sí. Se trata de virtualizar todo, de encontrar un correlato
“virtual” de todo lo que antes tenía una sola dimensión: memoria, cuerpo, espacio. Este
llamado no desactiva la presión, simplemente la coloca fuera del hombre, reemplaza la
introspección por la fuga. Hay entonces un modo de subjetivación, que evita la práctica
de sí habiéndose desembarazado previamente del modo de subjetivación anterior y que
lleva a pensar en un modo de no-saber-de-sí.
7) Onto-metodología
Existen varios métodos de investigación, ya sea a nivel histórico o informático.
Se trata de métodos que organizan el saber sobre el pre-supuesto de la verdad o de la
información. Este pre-supuesto óntico-ontológico se manifiesta, justamente, en
presupuestos económicos que, ya sea a nivel nacional o multinacional, financian las
investigaciones sobre esos métodos o, más aún, que aplican esos métodos en la gestión
de las prácticas de la vida. Así, por ejemplo, cualquiera que haya sido atravesado o
comprendido el modo de subjetivación implicado en esas prácticas, sabe que, hoy día,
para obtener una beca o un subsidio de investigación, ha de apelar a las palabrasmaestras o mágicas de nuestra hiper-actualidad: bio-diversidad, diversidad cultural,
derechos culturales, etc...
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Ahora bien, lo que brilla por su ausencia es un método de pensar, de
desembarazarse de la presión que la información ejerce crecientemente sobre los excuerpos históricos (burgueses nacionales o proletarios del mundo). Precisamente, en el
cambio de estatuto del modo predominante de atención o presión que nos tiene como
espectadores-participantes privilegiados,
y que este trabajo trata de referir
sumariamente, radica la oportunidad para recuperar nuestra incesante capacidad de
pensar, de conocernos a nosotros mismos, de saber de sí a través de una práctica
autárquica consecuente.
Por ahora, simple y tal vez catastróficamente, estamos entregados al proceso de
reconversión del régimen de atención histórico-moderno y a sus consecuencias. El viejo
ciudadano histórico que habitaba las categorías de pueblo, masa o nación, se halla
expuesto a "novedosos" ataques de pánico efectuados por su inadecuación a las nuevas
categorías de existencia: multitud (no-spinoziana), comunidad (no communitas) o
multinacionales (sin nación: una nación no puede ser "multi" por definición). Y,
simultáneamente, se halla entregado a las nuevas tecnologías de re-adecuación o
reconversión: auto-ayuda, calmantes y otros anestésicos vitales que dan lugar a un
nuevo modo de ciudad: la Farma-city.
8) Conclusión
Se concluye, entonces, indicando que lo que se precisa es retomar el camino que
Nietzsche iniciara con su Zaratustra, o que Bataille enunciara sin posibilidad de
confusión con su Método de meditación. En efecto, se trata de recuperar la capacidad
política de meditar, de pensarse, de conversar con uno mismo. En definitiva, se trata de
recuperar la capacidad política que, aún en el ya decaído Aristóteles, se enunciaba como
capacidad definitoria de un existir no-animal ni divino, que hoy día gustamos llamar,
anacrónica y terapéuticamente, "humano".
Por cierto, las precauciones metodológicas atinentes a esta recuperaciòn posible,
han de multiplicarse. No estamos preparados para ella. Al contrario, nuestra preparación
histórica nos ha inutilizado a tal efecto, hasta convertirnos en lo que Nietzsche llamaba
"meros neutra", "conformaciones de formación histórica" o, incluso, "sastres" o
"gallinas" (ver De la utilidad y de los inconvenientes de la Historia para la vida).
Corresponde, así, dejar asentada una precaución metodológica básica señalada
por Deleuze y Guattari en Mil mesetas: “cada proceso [régimen de atención] puede
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funcionar también bajo otra potencia [Trieb, impulso] que la suya propia.” (p.444);
“...hay que mostrar cómo lo que no existe [régimen de atención o proceso maquínico]
ya actúa bajo otra forma [social] que la de su existencia” (p.489).
En efecto, cada proceso maquínico genera sus propios modos de percepción
(omnitudo) y de subjetivación. Cada subjetivación implica un CsO o, más precisamente,
la estabilización de una remissio (principio de producción) por donde hacer pasar la
potencia (latitudo) que, justamente, la estabiliza: “Algo va a pasar, algo está pasando ya.
Pero no hay que confundir exactamente lo que pasa sobre el CsO y la manera de hacerse
uno.” (p.157) La pregunta ha de ser, entonces: “¿Qué puebla, qué pasa y qué bloquea?”
(p.158) Así, por ejemplo, las ondas cancerígenas del fascista, las ondas frigoríficas de la
droga o, más genéricamente, las ondas informáticas (también cancerígenas, también
frigoríficas: fascismo dopado) que atraviesan y sostienen al homo machinacommunicans, al homo-silicio (ya no -carbono, ni mucho menos -celestial), que depende
de ellas. Pero también las ondas sensacionales (noble metal) que atraviesan y componen
al homo-aristocraticus (autónomo y autárquico) que las compone y se deja componer
por esa gran composición que lo distingue pero no lo separa de la omnitudo. Esta, en
cambio, y según el modo esclavo, dependiente, heterónomo o anárquico (anarquía no es
ausencia de orden, sino estabilización del mismo en torno a una Idea fija de la que
depende: todo orden heterónomo es anárquico, todo orden autónomo es autárquico),
queda organizada y separada de su potencia por alguna Idea Fija, ídolo, o principio de
producción (remissio) por el que presupone (ignorantemente) que pasa o, más bien, se
obliga a que pase (estúpidamente) en su totalidad, efectuándola así en una organización
que fomenta y protege su manera compulsiva de haber-ya-siempre-actualizado esa
potencia, sea como Naturaleza, Historia o Mundo virtual-informático. Esta organización
del miedo a la vida (Trieb o impulso fundamental a la hora de pensar y diagnosticar
nuestra procedencia), precisa un CsO que pueda con, y dependa de ese modo de
actualización “seleccionado” para su idéntica repetición. Y esto sólo puede lograrse
separando a ese CsO (modo de subjetivación) de toda potencia o capacidad perceptiva
que exceda las necesidades del modo de percepción “seleccionado”.
Cabe destacar, finalizando, que no sólo no es necesario, sino que también es
ontológica y económicamente imposible que el bloqueo sea perfecto, que lo-que-pasa
(potencia) pase (se actualice) siempre del mismo modo y por el mismo lugar. El olor a
podrido del vil metal acumulado (conspiración del dinero), síntoma del complot del
eterno retorno que invade nuestra incapacidad de percibirlo, lo está impidiendo
10
constantemente enviando una tercera repetición que, desde hace unos 2500 años,
Occidente esquiva mudando su modo de ser de una Idea fija a otra; Gran Mudanza de
Ser a la que nos parece oportuno llamar, siguiendo a Roberto Espósito (ver Communitas
e Immunitas), como "proceso de inmunización de la vida".
9) Bibliografía
DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Félix: Mil mesetas, Pre-textos, Valencia, 1998
Conversaciones, ídem, 1995
FOUCAULT, Michel: Historia de la sexualidad. El uso de los placeres, SigloXXI,
México DF, 2004
LYOTARD, Jean-François: La condición posmoderna, Cátedra, Madrid, 1998
NIETZSCHE, Friedrich: Crepúsculo de los ídolos, Alianza, Madrid, 1998
De la utilidad y los inconvenientes de la Historia para la vida
en Antología, Península, Barcelona, 2003
PLATÓN: República, ediciones varias
11
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