ENFERMEDAD CELÍACA Y PROBLEMAS RELACIONADOS
ENFERMEDAD CELÍACA Y PROBLEMAS RELACIONADOS
DIAGNOSTICO
Existen diversas pruebas de detección de la enfermedad celíaca. Las más utilizadas son la detección de
anticuerpos antiendomisio, antirreticulina o antigliadina en el suero. El diagnóstico definitivo requiere una
biopsia yeyunal o de intestino delgado, que debería tomarse con una cápsula de aspiración, a través de la boca,
llamada cápsula de Watson o Crosby. En la actualidad, las biopsias duodenales se toman de forma sistemática
mediante el endoscopio. Sin embargo, muchos otros trastornos que causan duodenitis pueden determinar
imágenes histológicas similares a las que se observan en la enfermedad celíaca. Si existe alguna duda sobre el
diagnóstico correcto, o bien se toman más biopsias del intestino delgado distal a la primera parte del duodeno
mediante endoscopia digestiva alta o se toma una biopsia del yeyuno con cápsula peroral.
Las alteraciones histológicas características en la biopsia de intestino delgado son la atrofia de las
vellosidades, hiperplasia de las criptas, un infiltrado crónico de células inflamatorias en la lámina propia,
infiltrado linfocitario del epitelio, y una disminución de la altura de las células superficiales del epitelio. Puede
haber confusión cuando las alteraciones son leves, especialmente cuando sólo se valora una única biopsia
duodenal endoscópica y el corte se ha hecho oblicuamente. Debido a que varios otros trastornos, incluyendo la
giardisis y el esprue tropical, producen alteraciones en la morfología de las vellosidades del intestino delgado,
se deben tomar más biopsias si hay duda diagnóstica. Se debe tomar una biopsia de seguimiento entre los 4 ó
6 meses después de comenzar el tratamiento con una dieta sin gluten, en cuyo momento ya debe haber mejoría
de la morfología del intestino delgado. Si el diagnóstico sigue siendo dudoso, es obligado tomar otra biopsia
yeyunal tras una provocación formal con gluten. El paciente debe recibir como mínimo 40 g. de gluten diarios
durante un mínimo de dos semanas y, en el caso de los niños, de seis semanas. Si el paciente nota síntomas
intensos durante la provocación con gluten, se puede adelantar la fecha de biopsia. El desarrollo de síntomas
durante la provocación con gluten sin datos histológicos anormales en la biopsia del intestino delgado no
basta para hacer el diagnóstico, debido a que algunos pacientes con el síndrome del intestino irritable sufren
una exacerbación de sus síntomas al ingerir gluten.
TRATAMIENTO
Los pacientes con enfermedad celíaca deben ser tratados con una dieta exenta de gluten evitando los
productos que contengan trigo, centeno, cebada y avena. Debido a que se discute la toxicidad de la avena,
algunos médicos permiten que se tome avena, pero mi costumbre es excluirla de forma estricta. Los alimentos
que contiene hidrolizados parciales de proteínas del gluten, como la cerveza, que contiene prolaminas de
cebada solubles en alcohol, deben ser eliminados de la dieta de forma estricta. Se sabía desde hace algunos
años que los pacientes celíacos tenían una probabilidad de entre el 10 y el 155 de desarrollar linfoma de
células T de intestino delgado. Recientemente se ha demostrado que esta incidencia disminuye con una dieta
exenta de gluten, pero no con una dieta baja en gluten. Además, los que siguen una dieta normal o baja en
gluten frecuentemente desarrollan déficit nutricionales, especialmente de hierro y de ácido fólico. Este último
tiene importancia en las mujeres en edad fértil, debido a que un nivel bajo de folato en el momento de la
concepción se asocia a un aumento del riesgo de trastornos del tubo neural en el feto.
La mayoría de los pacientes mejoran rápidamente con una dieta exenta de gluten; algunos mejoran también
con una dieta baja en gluten. No se acostumbra a hablar de esto con los pacientes, debido a que les puede dar
una sensación falsa de seguridad. Una pequeña minoría de pacientes con enfermedad celíaca no tratada
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pueden ponerse muy enfermos y requieren tratamiento con ciclo corto de esteroides por vía oral o parenteral.
Los adolescentes con frecuencia interrumpen su dieta debido a la creencia errónea de que su enfermedad
celíaca se ha pasado con el crecimiento. Este mito fue perpetuado por tratados de gastroenterología publicados
en la década de 1950 que proponían esta idea. Esto es un problema especial en algunos países europeos en los
que, al llegar a esta edad, se pasa a los pacientes a una dieta normal. Los adolescentes con el diagnóstico
confirmado deben seguir con una dieta estricta exenta de gluten, o puede producirse un retraso permanente del
crecimiento. Si hay alguna duda sobre el diagnóstico, se debe hacer una provocación con gluten y repetir la
biopsia yeyunal. Los pacientes con frecuencia se encuentran bien, incluso si vuelven a una dieta normal, quizá
debido al aumento de hormonas sexuales asociado con la pubertad. No debe olvidarse que la pubertad es un
período estresante y que los adolescentes temen que la enfermedad celíaca les haga diferentes de sus
compañeros. El problema se suele resolver presentándoles, a través de su asociación local de celíacos, a otros
de la misma edad y estrato social y cultural que han aceptado una dieta exenta de gluten.
PROBLEMAS REPRODUCTIVOS
Habitualmente existe un retraso de la menarquía, típicamente de un año, en las niñas celíacas no tratadas. En
un tercio de las mujeres en edad fértil, aparece amenorrea de más de 3 meses, no relacionada con el embarazo.
La edad media de la menopausia en celíacas no tratadas es de 45 años, comparada con los 53 años de las que
siguen una dieta exenta de gluten. Muchas celíacas parecen relativamente estériles, pero terminan por
concebir; el tiempo medio para lograr la concepción en las celíacas sometidas a dieta normal es de 19 meses, y
de 12 meses en las que siguen una dieta exenta de gluten. Las celíacas infértiles con frecuencia quedan
embarazadas poco tiempo después de iniciar una dieta exenta de gluten. El aborto espontáneo es más
frecuente en las celíacas no tratadas (18% de las gestaciones, comparado con el 9% en las que siguen dieta
exenta de gluten). Un síntoma de presentación pueden ser los abortos repetidos. Dados los problemas
asociados a la gestación, si no existe urgencia por la edad de la paciente, a las enfermas con enfermedad
celíaca no tratada se les debe dar una dieta exenta de gluten estricta antes de iniciar una investigación intensa
de la infertilidad.
Los varones con enfermedad celíaca no tratada pueden experimenta cierta disminución de la potencia sexual.
La fertilidad y los recuentos normales de espermatozoides se recuperan con una dieta exenta de gluten,
incluso después de algunos años de oligopermia. Se han comunicado niveles bajos de testosterona plasmática,
de testosterona libre y de 5−dihidroxitestosterona, y el nivel de hormona luteinizante plasmática con
frecuencia está elevado. Esto puede explicar, en parte, el retraso puberal y del desarrollo de los caracteres
sexuales secundarios que, con frecuencia, se observa en varones no tratados. Estas alteraciones se resuelven
habitualmente con el tratamiento con una dieta exenta de gluten estricta, aunque la mejoría puede tardar hasta
2 años.
CELÍACOS
En el intestino delgado tienen lugar importantes procesos digestivos y allí son absorbidos casi todos los
nutrientes, por lo que una alteración de su función −como la que provoca la intolerancia al gluten− produce
amplios síntomas de enfermedad, que en el caso de los celíacos se traducen en diarreas, distensión
(abombamiento) abdominal, pérdida de peso, detención del crecimiento, anemia y malnutrición progresiva.
Los factores genéticos que pueden explicar la predisposición de ciertos individuos a desarrollar la intolerancia
al gluten están siendo objeto de un considerable esfuerzo investigador en los últimos años, aunque todavía no
hay nada establecido al respecto.
Lo que sí parece estar cada día más claro es que la causa de la enfermedad celíaca tiene que ver con una
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alteración en el mecanismo mediante el cual el organismo se defiende frente a sustancias extrañas. Es decir,
habría un fallo en las defensas inmunitarias, semejante al que existe en los individuos alérgicos.
Pero estas primeras apreciaciones aún no han cristalizado en medidas terapéuticas −medicamentos, vacunas−
que sirvan para poner freno al desarrollo de la enfermedad.
Al no existir, hoy por hoy, otro tratamiento aparte del preventivo, eso quiere decir que estas personas están
permanentemente obligadas a rechazar aquellos alimentos que contengan gluten, entre los que se incluyen
(excepción hecha de los que están incluidos en las listas de productos permitidos elaborados por las
asociaciones de celíacos):
• Agua de cebada y cerveza.
• Colorantes en sobres artificiales o sucedáneos del azafrán.
• Los productos lácteos, yogures y postres que contengan chocolate.
• Carnes enlatadas, mortadelas, chopped de cerdo, fiambre de jamón, gelatina, salchichas,
chorizo, patés,...
• Chocolate (incluidos sucedáneos) y cacao.
• Todos los productos de pastelería, panadería o confitería y repostería así como los que
contengan galleta, oblea o similares.
• Los congelados de pescados, verduras empanadas, croquetas y similares.
• Todas las salsas y sopas de las que se desconozcan sus ingredientes.
Pequeñas ingestiones del gluten contenido en estos alimentos pueden producir una lesión de la mucosa
intestinal con repercusión en el crecimiento del niño, "aunque este retraso −afirma la doctora Isabel Polanco,
especialista de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica en el hospital La Paz (Madrid) puede recuperarse
rápidamente retirando el gluten de la alimentación.
Esta doctora, experta también en la enfermedad celíaca, resume los tres conceptos básicos que deben ser
tenidos siempre en cuenta por los familiares del afectado: "Primero, realizar las etapas necesarias para
confirmar el diagnóstico; segundo, proporcionar una alimentación con estricta eliminación del gluten; y,
tercero, saber que la intolerancia al mismo se mantiene a lo largo de la vida. Los cereales sin gluten son
fundamentalmente, el arroz, el maíz y la soja. Los que contienen gluten son el trigo, la cebada y la avena.
RAMÓN SÁNCHEZ OCAÑA
DIETA SIN GLUTEN Y MALIGNIZACION EN LA ENFERMEDAD CELIACA
Existen diversas publicaciones en la literatura médica mundial que refieren una mayor incidencia de
neoplasias en adultos con enfermedad celíaca que la población general. Algunos autores sugieren que −en la
celiaquía− la lesión de la mucosa puede considerarse como una condición premaligna. De hecho, el linfoma
intestinal es una de las complicaciones más frecuentes de esta enfermedad.
En 1974 fueron revisados en un hospital inglés 210 personas diagnosticadas de enfermedad celíaca. En este
momento habían fallecido 21:13 debido a un linfoma, 6 a otras neoplasias gastrointestinales y 2 a cánceres de
otra localización. La misma serie fue seguida y revisada de nuevo en 1985, investigando con la finalidad de
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comprobar si ésta influía o no sobre la incidencia de complicaciones malignas. Los pacientes fueron
clasificados en tres grupos. En el primero se incluyeron 108 pacientes que habían seguido una dieta estricta
sin gluten, el segundo estaba formado por 48 personas que habían seguido una dieta libre y el tercero lo
integraban 54 pacientes que habían seguido la dieta de forma irregular.
Durante el período de seguimiento aparecieron 12 nuevos cánceres. Así pues del total de 210 pacientes
fallecieron 69, de los cuales 33 lo hicieron por enfermedades malignas, principalmente linfomas no
hodgkinianos y carcinomas de boca, faringe y esófago.
Cuando se comparó la incidencia de estas neoplasias con el seguimiento de la dieta se pudo observar que en
los pacientes que habían seguido una dieta estricta sin gluten la incidencia de neoplasias fue similar a la de la
población general. Por el contrario, el riesgo aumentó de forma significativa en los que habían seguido una
dieta irregular o totalmente normal.
Estos resultados sugieren que el seguimiento estricto de una dieta sin gluten podría prevenir la malignización
de la enfermedad celíaca y, sobre todo la aparición de un linfoma, dada la similitud histológica con la
enfermedad celíaca que se puede observar en muchos de estos casos.
REV. "SIETE DÍAS"
Nº 18 30/6/89
ALERGIAS ALIMENTARIAS
La buena cocina tradicional. El mejor remedio para mantenerse siempre sano. Al menos, eso era lo que decía
la sabiduría popular. Sin embargo, los tiempos han cambiado. La vida moderna, las prisas, los alimentos
envasados, las comidas rápidas, todo un cúmulo de circunstancias que han contribuido al deterioro de la dieta
alimenticia y a la aparición de numerosas enfermedades.
Entre ellas figuran las alergias alimentarias infantiles, que recientemente han sido objeto de un simposium
organizado por la firma Milupa en Palma de Mallorca. Así se puso de manifiesto, con las estadísticas
pertinentes en la mano, que entre un 20 y un 25% de las personas se ven aquejadas en un momento u otro de
su vida por alergias alimentarias, que son más frecuentes en la infancia y que en muchos casos están
provocadas por la ingestión de leche de vaca..
Antonio Nieto García, pediatra y alergólogo, define estas dolencias como "reacciones adversas ante ciertos
alimentos o aditivos químicos que no son tolerados por el organismo del niño". Sin embargo, junto a estos
fenómenos de intolerancia existen otras reacciones alérgicas generadas por la hipersensibilidad del lactante
hacia ciertos productos. "Se producen −agrega Nieto− cuando el sistema inmune del individuo reconoce como
sustancia extraña a una proteína contenida en un alimento cualquiera y reacciona contra ella".
El número de casos de alergia verdadera, que por el momento afecta a entre un 2 y un 3% de la población
infantil, registra fuertes incrementos desde hace algunos años.
Las causas del aumento de este tipo de patologías parecen deberse a la variación de los hábitos dietéticos y a
la presencia creciente de aditivos químicos en los alimentos.
Uno de los principales agentes alergénicos es la leche de vaca. Este producto es utilizado en la elaboración de
numerosos alimentos, aunque no figure en su composición. Este es el caso de la mayoría de las margarinas
vegetales, que la utilizan para mejorar la palatabilidad, y el de muchos panes de molde industriales, que
añaden leche a la masa para mantener fresco el producto durante más tiempo.
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Las alergias alimentarias son relativamente complicadas de diagnosticar, debido en parte a su variada
sintomatología. Entre las manifestaciones más frecuentes destacan los síntomas cutáneos (eccemas y
urticarias), los trastornos gastrointestinales (diarreas, vómitos, cólicos, llanto continuo y encogimiento de
piernas, que denotan dolores abdominales). También están los trastornos respiratorios (asma, rinitis o tos) y
los neurálgicos (irritabilidad).
Con menos frecuencia, se han detectado casos de fuertes migrañas y artritis, provocados por reacciones a
ciertos alimentos. En el peor de los casos, aunque muy poco frecuentes, se puede producir la muerte del
individuo.
Los agentes desencadenantes de estas enfermedades son, en más de un 90% de los casos, la leche de vaca, los
huevos, el trigo, el pescado y los frutos secos, que son los productos más alergénicos. Sin embargo, cualquier
tipo de alimento puede estar en la base de una reacción alérgica.
José María Medina, catedrático de Bioquímica en la Universidad de Salamanca, señala que la aparición de
alergias depende de la frecuencia y la intensidad con la que se ingieran los alimentos. En este sentido es
destacable que mientras en Estados Unidos es muy normal la reacción alérgica ante el aceite y los derivados
del cacahuete, es prácticamente desconocida en Europa, donde este tipo de productos apenas se consumen.
El mejor remedio contra estas enfermedades consiste en la dieta de exclusión, la eliminación del o los
alimentos susceptibles de provocar reacciones alérgicas. Sin embargo, Rafael Tojo, catedrático de Pediatría en
la Universidad de Santiago de Compostela, señala que estas dietas deben tener en cuenta las necesidades del
metabolismo del paciente para no provocar problemas de malnutrición.
Todos los especialistas coincidieron a la hora de señalar que la leche materna es la mejor forma de prevenir y
retrasar la aparición de proceso alérgicos en el niño. "Se recomienda de manera enfática la lactancia materna,
pese a las modas de las fórmulas de sustitución. Hoy en día se registra una vuelta a esta práctica, aunque sólo
sea por la presentación y envase", indica Antonio Nieto.
Los pediatras y alergólogos recomiendan dar el pecho al lactante durante los seis primeros meses de vida, ya
que a través de la leche de la madre se suministran al niño inmunoglobulinas y factores protectores de la
mucosa intestinal, que en los más pequeños suele estar aún inmadura.
"Además −agrega Nieto− se le administra una proteína homóloga, de su misma especie, mientras que con la
leche de vaca recibe una proteína de otra especie, a la que el lactante se puede sensibilizar".
En los casos de niños de riesgo, hijos de padres que han desarrollado procesos alérgicos, los pediatras y
alergólogos insisten en prolongar el período de lactancia hasta los seis meses y en que se retrase la ingestión
de aquellos alimentos más alergénicos hasta después del año.
Sin embargo, al igual que el resto de las enfermedades, la alergia también se cura. Aunque en general tienden
a atenuarse con la edad, es conveniente unos cuidados específicos para prevenir su reaparición.
Fernando I. Izundia
Diario 16. 15 diciembre de 1991
HIPOLACTASIA
La leche es uno de los alimentos más nutritivos que existen, es rico en vitaminas, proteínas y oligoelementos.
Sin embargo, los expertos en nutrición han comprobado que en muchos casos, el consumo de leche no es tan
beneficioso para la salud como creíamos.
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"El 70 u 80 por 100 de la población mundial no debe tomar leche, porque no puede digerirla correctamente en
la edad adulta", afirma Francisco Grande Covián, profesor emérito de bioquímica y biología molecular de la
Universidad de Zaragoza. Sin embargo, en Europa esta cifra se reduce hasta un 20 o 30 por 100.
Homeópatas y médicos naturistas prefieren eliminar la leche de las dietas y sustituirlas por las vegetales, de
almendra o soja.
Otros científicos, como Benjamín Spock y Frank Oskide, de EE.UU., son más tajantes y llegan a afirmar que
el consumo de leche de vaca puede causar enfermedades coronarias, anemia, diabetes, obesidad y alergias en
personas que desde la infancia hayan ingerido habitualmente este alimento.
Pero esto no significa que la leche sea perjudicial para la salud. La carencia de lactosa en los adultos es lo que
se denomina "hipolactasia". Se produce tras el período de lactancia del bebé, donde el nivel de tolerancia
disminuye, y desciende, aún más, en la etapa adulta, hasta desaparecer, impidiendo que sea digerida.
La hipolactasia es habitual en las razas negra, árabe y oriental. En cambio, la raza blanca, especialmente los
individuos del norte de Europa, EE.UU. y Canadá toleran bien estos productos.
Según Grande Covián, "esto no es nuevo", se descubrió después de la II Guerra Mundial, cuando los
americanos comenzaron a exportar leche en polvo, que contenía lactosa, y observaron que muchos seres
humanos no eran capaces de digerirla.
En el estudio "Diferencia regionales de la prevalencia de hipolactasia en España", del doctor Elizaga, se
recoge que en España un 20 por 100 de personas padece esta intolerancia. Además, se establece una relación
entre las regiones españolas, donde se observa un aumento de hipolactosos en las zonas del sur frente al
descenso y mejor tolerancia a la leche en las regiones del norte. En Asturias apenas si existen casos, mientras
que Aragón presenta un índice del 9,8 por 100 y Andalucía uno del 28 por 100.
Los síntomas más normales de intolerancia a la leche son: ardor en el estómago, molestias intestinales y
diarreas, "ya que la lactosa, al no ser asimilada por el organismo, se traslada del intestino delgado al grueso,
para ser eliminado", dice Ignacio Villa Elizaga, decano y director del departamento de pediatría de la Clínica
Universitaria de Navarra.
Las teorías, consejos y recomendaciones son muchas, variadas, pero es que, según afirman algunos expertos
entrevistados, a la hora de hablar de los lácteos y su relación en la salud humana, "no hay verdades absolutas".
El doctor Elizaga asegura que la leche, por su alto contenido en calcio, vitamina D, y otras sustancias, es un
alimento fundamental durante toda la vida del ser humano, "lo que ocurre es que no podemos generalizar. Así,
hay niños genéticamente predispuestos a padecer cierto tipo de enfermedades coronarias, alergias o diabetes, y
éstos, naturalmente, mantendrán una dieta distinta. Lo importante es realizar una dieta armónica". Elizaga
aconseja no consumir más de medio litro de leche al día durante la infancia, porque "aunque la leche y sus
derivados es necesaria para el correcto desarrollo y crecimiento del niño, todos los excesos son perjudiciales".
Según algunos, el consumo de leche en la etapa adulta favorece la prevención de enfermedades propias de la
menopausia, como la osteoporosis o descalcificación ósea. Francesc Fosses, experto en nutrición, advierte que
es difícil conseguir el adecuado nivel de calcio sin el consumo de estos alimentos. "Una mujer que haya
mantenido una dieta correcta de derivados lácteos tendrá menos riesgo de padecer osteoporosis que otra que
tenga carencia de calcio", señala.
La impresión general de los médicos es que la sociedad se está neurotizando acerca de las enfermedades
cardiovasculares y del exceso de colesterol, que está de moda. Así lo advirtió el doctor Serrano Ríos,
catedrático de Medicina Interna de la Universidad Complutense de Madrid, en la presentación del I Congreso
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Mundial de Lácteos en Salud Humana y Nutrición a celebrar en Madrid, al decir que "nos están abordando
con el peligro del colesterol, cuando lo que existe en realidad es una gran desinformación al respecto".
España es ahora el segundo país en consumo de leche de Europa, tras Dinamarca, y según la doctora Ana
Sastre, jefa de la Unidad de Nutrición del Hospital Ramón y Cajal, este hábito ha mejorado nuestra salud.
"Además −dice− el peligro del colesterol o de la obesidad no está tanto en la leche como en bebidas
refrescantes o aperitivos, llenos de calorías vacías".
Ainhoa Ceberio
DIARIO 16; 21 Febrero 1993
ASPECTOS ACTUALES DE LA NUTRICIÓN EN LA ENFERMEDAD CELÍACA
I. Polanco, M. Molina, G. Prieto
Servicio de Gastroenterología y Nutrición. Hospital Infantil Universitario La Paz. Facultad de Medicina.
Universidad Autónoma. Madrid.
La Enfermedad Celíaca (EC) consiste en una intolerancia permanente a la gliadina y a otras proteínas afines,
contenidas en la dieta alimenticia base de trigo, avena, cebada y centeno, que produce una atrofia severa de las
vellosidades intestinales en individuos con una predisposición genéticamente a padecerla. Para la expresión de
esta enfermedad es necesaria la concurrencia de factores genéticos, inmunológicos y medioambientales, si
bien el mecanismo etiopatogénico permanece aún desconocido. Se produce por este motivo una malabsorción
de principios inmediatos, vitaminas y minerales a nivel intestinal, lo que unido a la disminución de la ingesta
consecuencia de la anorexia, somete al enfermo celíaco al riesgo de padecer una malnutrición secundaria.
Las características clínicas de la EC difieren considerablemente en función de la edad de presentación. Los
síntomas intestinales y el retraso del crecimiento son comunes en todos aquellos niños que hayan sido
diagnosticados dentro de los primeros años de su vida. El desarrollo de la enfermedad en momentos
posteriores de la infancia viene marcado por la aparición de síntomas extraintestinales. Entre éstos destacan la
talla baja, el retraso del desarrollo y la pubertad, la anemia ferropénica, la hipoplasia del esmalte, la
osteopenia, las calcificaciones occipitales bilaterales, artritis, etc., todos ellos relacionados con la presencia del
gluten en la dieta.
Las investigaciones realizadas durante el periodo inicial de la enfermedad pueden revelar la existencia de
múltiples deficiencias nutricionales. Sin embargo, es en los pacientes con claros síntomas de malabsorción, en
los que suelen objetivarse los hallazgos típicos de laboratorio tales como hipoalbuminemia,
hipoprotrombinemia, disminución de los niveles de vitamina B12 y folatos por debajo de los valores
normales, ferropenia, disminución de los contenidos de sodio, potasio y magnesio y déficit de algunos
elementos traza como zinc y cobre. La esteatorrea puede o no estar presente en el momento de presentación de
la enfermedad.
La asociación de la EC con otras entidades de base inmunológica puede conllevar a una subestimación de la
incidencia real de esta enfermedad, ya que en ocasiones, los síntomas correspondientes a la EC pueden ser
atribuidos a la enfermedad asociada. En nuestra experiencia, al menos un 10% de los niños que padecen EC
presentan otras enfermedades asociadas.
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Estudios familiares han demostrado que la EC puede mantenerse clínicamente silente e incluso en situación de
latencia con mucosa intestinal inicialmente normal en algunos sujetos con intolerancia al gluten, lo que puede
dificultar y retrasar el diagnóstico.
En la actualidad se considera que la malignización es la complicación potencial más grave de la EC, hecho
inicialmente detectado hace más de 30 años. El riesgo de desarrollar un linfoma en el intestino delgado o un
carcinoma esofágico o faríngeo viene determinado por la presencia mantenida de gluten en la dieta, incluso en
pequeñas cantidades, lo que sugiere el papel protector que desempeña una dieta sin gluten (DSG) frente a esta
complicación. Un hecho importante a tener en cuenta es que el riesgo persiste durante al menos 5 años
después de iniciada la DSG, por lo que en aquellos celíacos en los que se produzca una recaída brusca o que
no respondan a la eliminación del gluten de la dieta, debe realizarse una cuidadosa valoración para descartar el
desarrollo de una posible malignización.
Entre los numerosos trabajos sobre la malignización en la EC, cabe destacar un estudio colaborativo, realizado
en el Reino Unido, en el que se indicaba que aproximadamente un 50% de los linfomas digestivos
confirmados se correspondían histológicamente con una histocitosis maligna, siendo la zona de la localización
más frecuente, el intestino delgado. Por este motivo, es obligado descartar la presencia de una EC no
diagnosticada en aquellos casos de linfomas de intestino delgado. Por otro lado, debe tenerse en cuenta la
posible coexistencia de pseudolinfoma intestinal, yeyunitis ulcerosa y linfoma maligno asociados a EC.
Por tanto, una dieta estricta sin gluten constituye la piedra angular del tratamiento de la EC y debe ser
recomendada durante toda la vida, tanto a los enfermos sintomáticos como a los asintomáticos.
Aunque, en teoría, la DSG parece una cosa sencilla, en la práctica representa un reto para los pacientes,
dietistas y médicos, porque en muchos alimentos manufacturados y frecuentemente consumidos en la dieta
occidental se incluyen productos que contienen gluten. La contaminación con harina de trigo de los alimentos
que "naturalmente" no contienen gluten, el gluten residual contenido en el almidón de trigo sin gluten
utilizado en los preparados panificables, el etiquetado engañoso de los alimentos y el consumo de aquellos
productos que, hasta la fecha, no se ha comprobado que sean tóxicos para los pacientes celíacos, son posibles
causas de ingestión involuntaria de gluten.
De gran utilidad en este aspecto es la colaboración desinteresada de las asociaciones de pacientes celíacos que
ofrecen a padres y enfermos información y asesoramiento sobre cómo llevar a cabo una dieta correcta y
facilitan una mejor comprensión de la enfermedad. Existen, a disposición de los pacientes, amplias listas de
alimentos sin gluten. Sin embargo, no hay una garantía de la perfección y validez de las listas debido a que
todas las aportaciones (nuevas entradas, eliminaciones y variaciones) son de carácter voluntario. Asimismo,
las distintas publicaciones informativas distribuidas por las Asociaciones Nacionales de Celíacos sirven para
facilitar unas excelentes instrucciones sobre los regímenes alimenticios y de recetas sin gluten.
Con el fin de mantener al día dichas listas, se debe promocionar el conocimiento general de las mismas. La
definición que se indica en el Codex Alimentarius para los productos "sin gluten" está basada en el contenido
en nitrógeno de los granos de cereal que contienen gluten (0,05 por 100 gramos de dichos granos) y en base a
su peso en seco. Esto equivale a aceptar, casi, los 100 mg de gliadina por cada 100 gramos de producto seco,
derivado de los granos de cereal. El problema es que esta norma se refiere a la cantidad contenida en un
alimento y no a la cantidad de alimento que pueda ser ingerida por una persona que sea sensible al mismo.
Existe un gran debate sobre la utilización del almidón de trigo en la fabricación de productos sin gluten. NO
existen pruebas de que la cantidad de gliadina contenida en los alimentos sin gluten, fabricados a base de
almidón, constituyan un peligro real para aquellos pacientes celíacos que los ingieran de forma regular. Sin
embargo, compartimos la misma opinión de otros autores, que sugieren que, en determinados pacientes
celíacos con una sensibilidad especial, la ingestión de almidón de trigo puede causar síntomas insidiosos.
Además, creemos innecesario correr riesgos cuando existen suficiente número de alimentos naturales y
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manufacturados que contienen cereales no tóxicos para el celíaco (maíz o arroz) y cuya aceptación por parte
de estos pacientes es excelente.
En conclusión, una buena norma es basar la dieta en alimentos naturales que no contengan gluten (carne,
pescados, huevos, frutas, verduras, legumbres, leche y derivados), reservando el consumo de productos
manufacturados denominados "sin gluten" para casos o situaciones concretas.
En todo caso, es esencial que los pacientes celíacos sean capaces de poder identificar el contenido en gluten
de los alimentos que ingieren con el fin de evitar su consumo. Por ello:
• Deberá prohibirse la adición de gluten a los productos alimenticios que, de forma natural, no lo contengan.
En el caso de que deba hacerse alguna excepción, el contenido de gluten deberá declararse e indicarse
claramente, sin que nunca se refiera a otros términos tales como "estabilizador", "emulgentes", "proteína
vegetal", etc.
• La identificación en la etiqueta deberá informar al consumidor si un producto alimenticio "contiene o no
contiene gluten". Por ello, los términos generales, tales como "harina" y "almidón", resultan insuficientes,
siendo preciso que se declare el tipo o clase de cereales de los que se han obtenido.
• Incluso en el caso de que las cantidades de gluten contenido en un producto alimenticio sean muy pequeñas,
(por ejemplo en condimentos, aditivos, etc.), el contenido en gluten deberá indicarse claramente y sin que
haya excepciones sobre esta regla.
Alimentación, Nutrición y Salud
Abril−Junio 2000. Vol. 7, nº 2
Instituto DANONE
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Enfermos imaginarios.−
Aunque las alergias alimentarias son enfermedades verdaderas, capaces incluso de provocar, en los casos más
graves, la muerte del paciente, también pueden aparecer síntomas similares a los provocados por estos males,
que no responden a ninguna reacción auténtica del sistema inmunológico. Son enfermedades imaginarias.
Es lo que los especialistas conocen como alergias ficticias y las definen como la evitación psicológica de un
alimento y la intolerancia, también psicológica, que se manifiesta en una reacción no placentera causada por
emociones asociadas con el alimento, más que por el alimento mismo.
En general, este tipo de dolencias se dan entre niños y en muchos casos están inducidas por los propios
padres, aunque normalmente obedecen a factores culturales y religiosos.
Los afectados por este mal de origen psicológico experimentan síntomas alérgicos al ingerir ciertos alimentos.
Sin embargo, esta reacción no se produce cuando el sujeto consume la sustancia alergénica en una forma no
reconocida.
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ENFERMEDAD CELÍACA Y PROBLEMAS RELACIONADOS DIAGNOSTICO

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Gluten

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Dieta Dos tipos de dietas Dietas terapéuticas Dietas no terapéuticas

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La calidad de vida calidad de vida

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