tema vi: garcilaso de la vega, fray luis de león y san juan de la cruz

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AVISO IMPORTANTE PARA EL SEGUNDO EXAMEN
PARCIAL DE LITERATURA ESPAÑOLA I (18. IV. 2012)
Contenidos:
Tema VI: completo
Tema VII: solamente las preguntas 2 y 4.
Para el Comentario de Texto: alguno de los textos de los
poetas estudiados con detalle (Garcilaso, Fray Luis de León
y San Juan de la Cruz) o algún fragmento del “Lazarillo de
Tormes”.
No entra en el examen CERVANTES ni el QUIJOTE,
aunque sí se colgarán en los próximos días y en la página
web estos contenidos, además de una pequeña antología de
textos del QUIJOTE.
Para el próximo curso, comenzaremos a estudiar la
Literatura Española a partir del siglo XVII.
Se recuerda que deben devolverse los exámenes
correspondientes a la primera prueba parcial y, asimismo, se
deben entregar los trabajos elaborados por los alumnos
antes de que finalice el curso.
TEMA VI: GARCILASO DE LA VEGA, FRAY LUIS DE
LEÓN Y SAN JUAN DE LA CRUZ.
I. La poesía en el siglo XVI
Se ha presentado habitualmente la poesía de este siglo como un
enfrentamiento entre los poetas tradicionales, que siguen fieles a
los modelos poéticos de la literatura del cancionero, y los nuevos
poetas italianizantes, que pretenden introducir la sensibilidad,
temas y formas de la poesía renacentista que triunfa en Italia. Si
bien es cierto que la oposición existió, también hubo convivencia
dentro de los textos de un mismo autor, como sería el caso de
Garcilaso de la Vega. Además, no puede desconocerse que esos
dos polos poéticos parten de unas tradiciones previas comunes: la
lírica del amor cortés y la lírica petrarquista.
La poesía que más escucha la población del siglo XVI continúa
siendo la lírica tradicional y el romancero, que se sigue
transmitiendo en forma oral, pero como vimos en el XV, también
de forma escrita a través de unas compilaciones llamadas
Cancioneros, donde convive la poesía popular como la culta.
Hasta mediados de siglo se produce la aclimatación de las
nuevas formas y contenidos procedentes de Italia. Fecha clave
será 1543, año en que se publican póstumamente las obras de
Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, los dos pioneros en la
defensa de la poesía renacentista italianizante. La difusión de la
poesía de estos dos autores fue decisiva para el triunfo de la
nueva corriente. Esta introduce nuevos géneros, motivos, temas,
versos y estrofas, además de una sensibilidad poética también
diferente.
2.
La literatura clásica grecolatina será el vivero de donde tomen
los poetas renacentistas géneros y temas. Así, una serie de
tópicos clásicos reaparecerán con insistencia:
-Carpe diem: “goza del día de hoy”. Se trata de una llamada a
aprovechar el momento, pues la vida es breve y la fortuna
variable.
-Collige, virgo, rosas: “recoge, doncella, las rosas”. Es una
exhortación a una joven ara que ame antes de que el tiempo
marchite su belleza.
-Aurea mediocritas: “la feliz mediocridad”. Alabanza de la vida
moderada, alejada de las grandes ambiciones y pasiones, que solo
proporcionan preocupaciones e infelicidad.
-Beatus ille: “feliz aquél”. Añoranza de la vida apartada del
fragor mundano, generalmente en contacto con la naturaleza,
lugar apropiado para encontrar la paz y la armonía. A éste estaría
muy próximo otro tópico renacentista conocido como
“menosprecio de corte y alabanza de aldea”, en el que por iguales
motivos se pondera la vida en el campo en detrimento de la
ajetreada y conflictiva vida cortesana.
También de matiz clásica es la notable presencia de la
mitología en toda la poesía.
El tema omnipresente de la poesía renacentista es el amor, pero
éste es ahora concebido de modo diferente a como lo era en la
literatura medieval. En la novela sentimental, en la poesía del
cancionero o en “La Celestina”, el amor es esencialmente pasión
concupiscible, un amor sensual regido por las pasiones y que
tiene finalmente un carácter destructor. Ahora, en la literatura
renacentista, el amor está influido por la filosofía neoplatónica.
3.
Casi desligado de los apetitos carnales, es ahora una virtud de
entendimiento, que contribuye a hacer mejores a las personas.
Mediante el amor, los seres humanos se elevan de lo material a lo
inmaterial y, superando la sensualidad, la contemplación de la
belleza femenina (de la naturaleza o de la música) les permite
acceder al conocimiento de la Belleza Absoluta.
Sin embargo, como en la época anterior, el amor aparece
también como fuente de frustración y dolor: al enamorado le
resulta imposible alcanzar el amor y, por tanto, ese estado de
perfección espiritual.
A lado de la poesía amorosa se va desarrollando también
durante el siglo XVI una poesía de carácter moral, cuya
importancia irá creciendo con el tiempo. Esta poesía sería la que
desarrolla los tópicos antes mencionados del “beatus ille” o del
“aurea mediocritas”, mientras que la lírica amorosa insistiría en
los del “carpe diem” o el “collige, virgo, rosas”. Esta poesía moral
se puede entender como una expresión de la insatisfacción con la
nueva sociedad individualista y urbana y como consecuencia de la
nueva moral de la Contrarreforma surgida del Concilio de Trento,
que postula un código de conducta más rígido frente al
puritanismo protestante.
Formalmente, la poesía renacentista es muy innovadora:
nuevos versos, estrofas y géneros. El verso predilecto es el
endecasílabo, con el que alterna el heptasílabo; en cuanto a los
géneros, se recuperan muchos de la tradición grecolatina (églogas,
odas, epístolas, elegías, sátiras…); las estrofas más frecuentes son
el soneto, la canción, la lira, la silva, la octava real, los tercetos
encadenados…
4.
La lírica amorosa se expresa en canciones, sonetos, madrigales,
sextinas; la lírica de temática moral prefiere géneros como la
epístola o la oda y estrofas como el terceto encadenado, la silva, la
lira o el soneto.
Realmente, el soneto es la forma emblemática de la nueva
poesía. Esta estrofa, surgida en el siglo XIII en Sicilia tuvo un
gran desarrollo en la lírica italiana, desde Dante y Petrarca a los
poetas renacentistas, y fue adaptada al castellano con éxito por
Garcilaso y otros poetas. Durante los siglos XVI y XVII se
escribieron y publicaron miles de sonetos (solo Lope de Vega
escribiría casi mil seiscientos).
Muchos fueron los escritores que compusieron poesía en el
siglo XVI. Además de los ya citados, Boscán y Garcilaso,
debemos mencionar a Diego Hurtado de Mendoza, Hernando de
Acuña o Gutierre de Cetina. Ya en la segunda mitad del siglo
XVI, los poetas suelen agruparse en dos escuelas: la salmantina
o castellana (Fray Luis de León, Francisco de Aldana, Francisco
de la Torre…), y la escuela sevillana o andaluza (Fernando de
Herrera, Barahona de Soto, etc.).
Un apartado especial merece Fernando de Herrera (15341597). Es quizá el puente que va desde la lírica más sencilla de
Garcilaso a la mucho más compleja de Góngora. Escribió poesía
épica de carácter patriótico, peor su poesía más notable es la de
tema amoroso. Con él culmina la lírica de raíz petrarquista.
Finalmente, es llamativo el desarrollo en el siglo XVI de una
peculiar literatura de carácter religioso, la llamada literatura
mística. Los místicos aspiran a comunicarse directamente con
Dios y expresan esa experiencia en prosa o en verso. La mística
sería un hecho característico de la transición de la Edad Media a
la Moderna. Rota la unicidad cósmica que proporcionaba la
5.
explicación cristiano-medieval del mundo, se extiende la
sensación de algo perdido, del Dios que se difumina. Frente a la
racionalidad burguesa y la profesionalización de los clérigos y de
la teología, se elaboran discursos para acceder al sentido de lo
absoluto. En este panorama de deterioro del orden religioso
tradicional, se forman comunidades (cenobios, casas de retiro,
monasterios…) en las que se pretende restaurar la comunicación
espiritual. El problema es, entonces, encontrar la lengua, las
palabras adecuadas que permitan restablecer el contacto con
Dios. Es característico de la mística el uso de términos inauditos,
“nuevas palabras” (decía Santa Teresa), pues la mística es, sobre
todo, un lenguaje que necesita explicación para ser comprendido
y ese lenguaje místico precisa también de un espacio en el que
expresarse. No otra cosa que este espacio ficticio, que este lugar
metafórico, son las “moradas” o el “castillo” de Teresa de Jesús.
Ésta, de orígenes judeoconversos y cuyo verdadero nombre era
Teresa de cepeda y Ahumada (1518-1582), escribió diversas obras
en prosa como “El castillo interior” o “Las moradas” y el “Libro
de la vida”, además de poesías en metro corto y popular.
Pero el fenómeno místico termina por desaparecer y queda
reducido a la marginalidad. Las instituciones religiosas asimilan e
integran el movimiento, anulando su potencialidad crítica. En
realidad, la frontera entre místicos ortodoxos y herejes no fue
nunca clara: la misma doctrina de Juan de la Cruz, por su
carácter contemplativo, por su rara radicalidad, es contraria al
espíritu de cruzada de la Contrarreforma, por lo que sus
enseñanzas quedan marginadas entonces en el interior de la orden
carmelita.
6.
II. Garcilaso de la Vega
De noble familia, nació en Toledo hacia 1501. Su corta vida se
desarrollo durante la primera parte del reinado de Carlos I. Fue
defensor de la causa del emperador, incluso ante los comuneros
castellanos. Se casó en 1525 pero al año siguiente conoció a Isabel
Freyre, una de las damas portuguesas de la emperatriz. Ella se
casó poco después, lo que produjo una grave crisis sentimental en
el poeta. Isabel moriría poco después. Su amor imposible y el
dolor por la muerte de la dama dejaron profunda huella en sus
poemas. En 1531, fue desterrado a una isla del Danubio y
después a Nápoles. Su estancia en Italia fue decisiva, pues allí se
relacionó con importantes humanistas, leyó y estudió a los
autores clásicos y escribió sus mejores versos. Murió en 1536 en
Niza, como resultado de una acción militar.
Garcilaso ha pasado a la posteridad como prototipo del
caballero renacentista, en la línea del modelo propuesto por
Baltasar de Castiglione en “El Cortesano”. Armoniza en su
persona el viejo ideal de las armas y de las letras, soldado,
cortesano y poeta. A veces, se nota en sus versos una mirada
desencantada sobre la vida militar.
Su obra fue preparada para su edición por su amigo Juan
Boscán y publicada en 1543. Es relativamente breve: tres églogas,
cuatro canciones, dos elegías, una epístola en verso dirigida a
Boscan, la famosa “Oda a la flor de Gnido” y unos cuarenta
sonetos. Esta breve obra, en la que destacan las églogas y los
sonetos, contiene sin embargo lo esencial en cuanto a géneros,
motivos, métrica, lengua, etc., de gran parte de la poesía posterior.
Los sonetos garcilasianos, tras el fallido intento del Marqués de
Santillana, significan la definitiva aclimatación de esta estrofa en la
literatura española. Son generalmente de índole amorosa, algunos
7.
cercanos al estilo y tópicos de la poesía del cancionero; otros, son
portadores de la nueva sensibilidad renacentista.
Son, con todo, sus églogas las que, junto a algunos sonetos,
representan la culminación del talento poético garcilasiano. La
égloga es una composición poética bucólica en la que varios
pastores dialogan sobre determinados temas, generalmente
amorosos. La “Egloga I” es la más conocida de las tres. En ella,
los pastores Salicio y Nemoroso muestran su pesar por el desdén
y la muerte de sus amadas respectivamente. Las palabras de
Nemoroso quejándose de la desaparición de su amada Elisa
resumen emocionadamente la situación del poeta: No me podrán
quitar el dolorido / sentir, si ya del todo / primero no me quitan el sentido.
La Égloga III es, quizá, la obra más lograda de Garcilaso. Escrita
en octavas reales, cuenta que, a orillas del Tajo, cuatro ninfas
bordan en sus telas sendas historias de amor y de muerte.
Temas: es el amor el tema predominante en la poesía
garcilasiana. Muestra el poeta una concepción del amor
marcadamente neoplatónica y con fuerte influencia petrarquista:
indiferencia de la dama, dolor del amante, oscilación entre
esperanza y desesperanza. La poesía de Garcilaso transmite una
fuerte sensación de sinceridad, que se ha relacionado
habitualmente con el carácter autobiográfico que tendrían los
poemas del toledano. Realmente, en la poesía de Garcilaso se
combinan ambas cosas: sentimientos personales y retórica
literaria.
El otro gran tema de su poesía es la presencia de la
naturaleza, como entorno estilizado en el que los personajes se
quejan de sus cuitas amorosas y como confidente que escucha y
consuela a los pastores. El elogio de la naturaleza primitiva y
8.
rústica, de carácter idealista, tiene su antecedente directo en la
égloga clásica y en la poesía de Virgilio.
Estilo: la labor poética de Garcilaso es muestra señera de un
fenómeno más amplio: la creación de un nuevo tipo de poesía, la
lírica española de los siglos XVI y XVII, en la que se funde la
poesía de cancionero, característica del XV, con las influencias
procedentes de Italia.
La nueva lengua poética se ajusta a los ideales renacentistas de
naturalidad y elegancia. Su lenguaje es aparentemente sencillo,
fluido y natural, busca el equilibrio entre la pasión y la
contención. Este deseo de armonía se refleja en la frecuente
simetría de estructuras poéticas: versos bimembres, paralelismos,
etc. El tono de su poesía es dulce, triste, melancólico, como
revelan los adjetivos antepuestos, uno de los rasgos más
característicos de su estilo: dulces prendas, triste canto, solitario día,
cansados años…
A este tono contribuye también la novedosa métrica
garcilasiana, con predominio del endecasílabo, asociado al
heptasílabo, y con versos de una gran musicalidad por la acertada
combinación de acentos y rimas.
Todo ello es fruto del contexto histórico y literario en que se
movió Garcilaso. El primer tercio del siglo XVI es una época de
intensa innovación y apertura. Garcilaso lo vivió primero en Italia
y después en Italia. La renovación poética que representa la lírica
de Garcilaso se evidencia en el ideal renacentista de la claridad y
de la sencillez expresivas.
9.
III. Fray Luis de León
Nació hacia 1527 en Belmonte (Cuenca) en el seno de una
familia de ascendencia judía. Ingresó como fraile en el convento
agustino de Salamanca, en cuya universidad cursó teología y,
después, hebreo en la Universidad de Alcalá. Fue catedrático de la
Universidad de Salamanca y allí participó en las divergencias
teológicas entre agustinos y dominicos, que acabarían por llevarlo
a la cárcel inquisitorial de Valladolid, donde permaneció más de
cuatro años. Fue acusado de haber traducido al castellano el
“Cantar de los Cantares” y de haberse pronunciado a favor del
texto de la Biblia en hebreo, desautorizando la versión de la
“Vulgata”. Tras ser absuelto reanudó sus clases en la universidad
(“decíamos ayer”), acabaría siendo Vicario general de Castilla y
provincial de la orden agustina. Murió en 1591.
De carácter difícil y apasionado, su vida fue turbulenta, lo que
explica su deseo íntimo y profundo de apartamiento,
recogimiento y serenidad. De ahí su anhelo de paz y tranquilidad.
Palabras insistentemente reiteradas en sus escritos: armonía,
concierto, concordia, música apaciguada… El trasfondo filosófico de su
pensamiento es una conjunción de platonismo y cristianismo.
Obra:
a)Obra en prosa: fray Luis escribió cuatro importantes obras en
castellano. Sus traducciones y comentarios “Cantar de los
Cantrares” y “Exposición del Libro de Job” permanecieron
inéditos hasta el siglo XVII. Obras originales suyas en prosa son
“De los nombres de Cristo” y “La perfecta casada”.
“De los nombres de Cristo” es su obra maestra en prosa, tal vez
escrita durante su estancia en la cárcel. Es formalmente un
diálogo, género muy característico del siglo XVI, en el que tres
10.
personajes conversan sobre los distintos nombres que da la
“Biblia” a Cristo. Se trata de un tratado teológico escrito en
lengua vulgar para mayor difusión entre los lectores. En esta obra
se revela uno de los centros de interés básicos del agustino: el
lenguaje como medio para ascender hacia la verdad divina. En
esta obra de fray Luis se armoniza lo erudito y lo artístico.
“La perfecta casada” es un tratado, dedicado a su hermana, en el
que expone su concepto de la esposa ideal.
b)Obra poética: su poesía no fue publicada en vida del autor.
Fue Francisco de Quevedo quien editó sus poemas en 1637. Fray
Luis dividió su obra en poesía original, traducciones de clásicos y
traducciones bíblicas. Tradujo pasajes del “Libro de Job”,
numerosos “Salmos”, además del “Cantar de los Cantares”. En
cuanto a los clásicos, tradujo varias odas de Horacio, las
“Geórgicas” y las “Bucólicas” de Virgilio.
La obra poética original de fray Luis es bastante breve. La
mayoría de sus poemas pertenecen al género clásico de la oda,
composición de número indeterminado de versos, estrofas cortas
y temas variados, aunque siempre serios y graves. Entre sus odas
más conocidas destacamos: “Oda a la vida retirada”, la “Profecía del
Tajo”, que se sitúan dentro de la tradición clásica (deseo de
soledad, desprecio de los placeres mundanos).
En las compuestas en la cárcel, como “Noche serena”, “En la
Ascensión” y “A la salida de la cárcel” se dan cabida a temas
religiosos y a las quejas por las injusticias con él cometidas.
Finalmente, en las escritas a la salida de la cárcel, como las odas
dedicadas al músico ciego Francisco Salinas o a Felipe Ruiz,
expresa su anhelo de armonía e infinitud, la nostalgia del paraíso
evocado y cierto misticismo.
11.
Temas: con una existencia tan tempestuosa como la de fray Luis
y con una sensibilidad tan exquisita como la suya, su poesía
podría ser explicada como una catarsis que le permite olvidar sus
desgracias y tormentos interiores. De ahí los temas predilectos
de sus poemas: la naturaleza, la añoranza del campo y de la vida
de aldea, predilección por la noche y, por supuesto, la música.
La mayor parte de estos motivos tienen su origen en la tradición
clásica neoestoica y neoplatónica, es decir, en el “Beatus ille”, la
búsqueda de la “descansada vida” y el alejamiento del “mundanal
ruido”; la contemplación de la noche estrellada; la armonía
universal sentida al escuchar las notas musicales; el demonio de
las pasiones, la exaltación de la virtud, etc.
Ahora bien, estos temas clásicos hay que entenderlos dentro de
la perspectiva cristiana agustiniana de la poesía de fray Luis. En él
se aúnan admirablemente cristianismo y humanismo clásico. Su
creación artística está guiada por el deseo de armonía, paz y
serenidad, por lo que añora la soledad, la “vida retirada”, cantada
por los poetas clásicos paganos, como Horacio: “Dichoso el humilde
estado/del sabio que se retira…” Este anhelo de vida sencilla lo
conduce a la añoranza de la vida en el cielo. Se suele hablar de la
poesía de fray Luis como expresión de la nostalgia del desterrado
en la tierra. De ahí su ansia de perfección, de unión con la
divinidad, un deseo que lo acerca a las experiencias de los
místicos, aunque no se da el éxtasis vital a la manera de san Juan
de la Cruz, sino una especie de éxtasis intelectual.
Estilo: su poesía es deudora de las tradiciones literarias
grecolatinas, de los textos bíblicos y de la lírica renacentista,
especialmente de la de Garcilaso. De este procede la estrofa
preferida por fray Luis: la lira.
12.
Su poesía es de una simplicidad aparente, pues en ella
entreteje muchos elementos tradicionales con cultos, debido a su
formación lingüística, a su labor de traductor y su pasión por el
lenguaje, pero siempre dentro de la norma renacentista de la
elegancia y de la sencillez. Un rasgo peculiar es que muchas de sus
poesías estén dirigidas a una segunda persona, lo que explica el
carácter conversacional que suelen tener: abundantes
enumeraciones, exclamaciones, interrogaciones retóricas, etc.
III. San Juan de la Cruz
Nació Juan de Yepes y Álvarez en Fontiveros (Ávila) en 1542 en
un medio social muy humilde. Vivió en Medina del Campo, en
cuyo convento carmelita profesó. Estudió Filosofía y Teología en
la Universidad de Salamanca y allí debió conocer a fray Luis de
León. Llevó una vida de gran austeridad. Tras conocer a Teresa
de Jesús decidió unirse a los reformadores carmelitas (los
“carmelitas descalzos”) que propugnaban una vida monacal de
mayor rigor y pureza. Participó en la reforma del Carmelo, con el
nombre de Juan de la Cruz. Pasó un tiempo en la cárcel
conventual de Toledo por conflictos religiosos dentro de la
orden. Allí comienza su actividad poética. Más tarde, alcanza
importantes puestos en la orden reformada y desarrolla su
incesante actividad por Andalucía. Muere en Úbeda en 1591.
Desde joven eligió vivir alejado de las riquezas y de la
comodidad. Su inclinación a la vida eremítica y al gusto por la
soledad y el silencio hacen de él un asceta y un anacoreta, lo que
le hace sentirse en su medio en el Carmelo descalzo teresiano. Se
siente despegado de la teología escolástica, del saber universitario
y prefiere el conocimiento experimental de Dios, en consonancia
con el espiritualismo europeo de aquella época.
13.
Obra: la producción poética de Juan de la Cruz es muy breve y,
sin embargo, se sitúa entre lo mejor de la lírica universal.
Compuso tres grandes poemas: “Cántico espiritual”, “Noche oscura del
alma” y “Llama de amor viva”, además de otros poemas menores.
Al comentario de los tres poemas mayores dedicó sendas obras
en prosa que pretenden explicar el sentido de los textos poéticos
verso a verso y casi palabra a palabra.
El “Cántico espiritual” fue escrito en 1577 y reelaborado después
de forma constante. El poema, que sigue muy de cerca el “Cantar
de los Cantares”, es un diálogo entre la Amada y el Amado, al que
aquélla ha buscado por valles y montañas hasta encontrarlo.
La “Noche oscura” (1584) consta de ocho liras en las que la
Amada, tras salir disfrazada de su casa por la noche, se une
plenamente al Amado.
En “Llama de amor viva” (1584) expone en liras las sensaciones
amorosas que expresa la Amada en la unión misma.
Los poemas menores desarrollan motivos similares. Sobresalen
entre ellos algunos como “Un pastorcico solo está penado” o “Tras un
amoroso lance”.
Temas: la mayor parte de los motivos de su poesía tienen su
origen en la filosofía neoplatónica y en la literatura religiosa y
mística de la Edad Media y del Renacimiento, lo que se percibe en
temas como: el amor que saca de sí al enamorado y lo transporta
a la unión inefable; la luz como representación de la divinidad; la
imagen de centro inmóvil, etc. La poesía del “Cantar de los
Cantares” y la poesía tradicional le proporcionan otros motivos
como, por ejemplo, el bien conocido de la caza de amor. Ahora
bien, Juan de la Cruz reformula genialmente todos estos motivos,
alterándolos a su conveniencia en una prodigiosa labor de
14.
creación poética. Si en un sentido estricto, podemos entender sus
textos como poemas amorosos, estos van más allá de lo erótico y
expresan un contenido espiritual trascendente. Se intenta
comunicar la inefable unión mística mediante una alegoría del
amor humano. En realidad, es una idea que ya aparece en el
“Cantar de los Cantares”, en el neoplatonismo y en la E. Media.
No es raro, pues, que su obra fuese vista con suspicacia por la
teología “oficial”. Juan de la Cruz concibe la fe como tiniebla,
como oscuridad que genera luz, lo que nos da la clave del símbolo
de la “noche oscura”, central en su poesía. La suya es una fe
como itinerario a través de la “experiencia” hacia lo
incognoscible: “Entréme donde no supe…/ toda ciencia trascendiendo”.
Esta capacidad poética y este grado de profundización y
espiritualidad son muy significativos en la época de Felipe II, en
la que la riqueza y diversidad intelectual de las décadas anteriores
están siendo sustituidas por la ideología de la Contrarreforma.
Estilo: los moldes métricos preferidos son la lira garcilasiana en
los grandes poemas y los romances y canciones tradicionales en
sus poemas menores. Tres son los influjos principales que
podemos advertir en su poesía: la tradición culta italianizante, la
castellana de la poesía popular y la de la poesía bíblica del “Cantar
de los Cantares”. Sin embargo, ninguna de los tres influjos explica
completamente su poesía, pues más bien el autor se vale de ellos
para construir una poesía simbolista casi ya en sentido moderno.
Estilísticamente, las características de su poesía son: el
predominio del sustantivo y la escasez del verbo y del adjetivo
(abunda el pospuesto); el léxico de origen popular y a la vez
latinizante o bíblico; la utilización de estribillos (influencia de la
poesía tradicional castellana) y de endecasílabos y liras (influencia
petrarquista italiana y de la obra de Garcilaso).
ANTOLOGÍA DE TEXTOS DE LA POESÍA DEL SIGLO XVI
I.Gutierre de Cetina:
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquél que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
II.Garcilaso de la Vega:
ÉGLOGA PRIMERA
Salicio relata el proceso de sus amores con Galatea y se lamenta de que ésta lo haya
abandonado para casarse con otro pastor.
Salicio:
¡Oh, más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo,
más helada que nieve, Galatea!
2.
Estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas;
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
(Vergüenza tengo)
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
(me avergüenzo ahora)
De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
della salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
…/…
Soneto XIII
A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro oscurecían.
(largos)
3.
De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquél que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
el árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!
Soneto XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;
(tan grande)
4.
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
(el paso rápido del tiempo)
por no hacer mudanza en su costumbre.
III.Fray Luis de León:
ODA A LA VIDA RETIRADA (Selección)
¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal nuïdo,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
5.
que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado!
(alusión a la maestría de los arquitectos árabes)
…/…
¡Oh monte, oh fuente, oh río!
Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo,
huyo de aqueste amor tempestuoso.
Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
(vivicador reposo)
6.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera,
por mi mano tengo plantado un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza fruto cierto.
…/…
Y mientras miserablemente se están los otros abrasando
con sed insaciable
7.
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando;
a la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
(laurel)
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.
(púa para tocar instrumentos de cuerda)
IV. San Juan de la Cruz:
NOCHE OSCURA
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
(en secreto)
8.
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche, amable más que alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
9.
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire del almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
LLAMA DE AMOR VIVA
¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.
(abanico de cedros)
10.
¡Oh cauterio suave!
(acción de curar una herida)
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga,
matando, muerte en vida la has trocado.
¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras;
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
(despiertas)
TEMA VII: LA PROSA DEL
“LAZARILLO DE TORMES”.
SIGLO
XVI.
EL
I.Prosa didáctica del siglo XVI
Aunque siguen siendo numerosos los escritos en latín, las obras
en castellano son cada vez más frecuentes. El modelo formal más
utilizado de prosa didáctica en este siglo es el diálogo. En los
diálogos, dos o más interlocutores abordan cualquier asunto
presentando sobre él diversos puntos de vista. Los diálogos
españoles son deudores de modelos previos, siendo notoria la
influencia de Cicerón, de Luciano y de Erasmo.
Entre los numerosos diálogos del XVI cabe destacar los de los
erasmistas conquenses Juan y Alfonso de Valdés. Aquél escribió
el famoso “Diálogo de la lengua”, donde expone el ideal renacentista
de la lengua sencilla pero cuidada. Su hermano Alfonso es autor
de dos importantes obras: “Diálogo de las cosas ocurridas en Roma”,
que es una apasionada defensa de la política imperial de Carlos I y
un ataque a las actitudes del Papado, al tiempo que una sátira de
las costumbres eclesiásticas. En el “Diálogo de Mercurio y Carón”
expone Alfonso de Valdés el ideal erasmista de un estado
universal fuerte y pacífico y sus deseos de reformas erasmistas.
Otros importantes diálogos erasmistas son “El Crotalon”, cuyo
probable autor es Cristóbal de Villalón y el “Viaje de Turquía” ,
atribuido a Ándrés Laguna. Forma de diálogo tiene también la
obra maestra de Fray Luis de León: “De los nombres de Cristo”.
Además de los diálogos, en la prosa del siglo XVI se utilizan
otros modelos: epístolas, sátiras, historias, relatos, misceláneas,
etc.
2.
Muy interesante es, por ejemplo, el libro “Examen de ingenios”, de
Huarte de San Juan, que anticipa aspectos de lo que hoy sería la
psicología experimental.
Peculiar atractivo tienen los relatos sobre la conquista de
América, a veces relatos muy idealizados. Entre los historiadores
de Indias podemos mencionar a Gonzalo Fernández de
Oviedo, Bartolomé de las Casas, Bernal Díaz del Castillo o
Diego Hurtado de Mendoza.
Finalmente, abundan en esta centuria libros de carácter moral o
religioso. El autor más leído en esta época fue el franciscano
montañés Antonio de Guevara, autor del muy conocido “Libro
áureo de Marco Aurelio”, de “Epístolas familiares” y de la obra
“Menosprecio de corte y alabanza de aldea”.
Son también numerosos los libros en prosa de escritores
ascéticos y místicos, como los ya citados de Teresa de Jesús,
San Juan de la Cruz, fray Luis de León o los del dominico
Fray Luis de Granada, autor, entre otras obras, de “Guía de
pecadores” o de “Introducción del símbolo de la fe”.
II. Prosa narrativa del siglo XVI
La variedad de la prosa castellana del XVI, tanto en géneros
como en temas, conduce al desarrollo de la ficción narrativa,
aunque no se puede habar todavía de “novela” en el sentido
moderno del término. Esta palabra, de origen italiano, sí se utiliza
ya para referirse a narraciones breves, como las “Novelas
ejemplares”, de Cervantes. Los relatos más extensos se denominan
en esta época de forma muy variada: libro, historia, tratado, vida, etc.
3.
Siguen editándose, siendo muy leídos durante el XVI, los
relatos sentimentales y los libros de caballerías de la centuria
anterior, pero aparecen también nuevos géneros literarios como
los “libros pastoriles”. Esta narrativa pastoril, cuyo origen está
en la literatura bucólica del poeta latino Virgilio y en los autores
renacentistas italianos como Sannazaro, autor de “La Arcadia”,
presentan una naturaleza idealizada en donde se desarrollan
historias de amor entre pastores. Las obras más destacadas son
“Los siete libros de la Diana” (1559), de Jorge de Montemayor y la
“Diana enamorada” (1564), de Gaspar Gil Polo. Autores de esta
narrativa pastoril fueron también Miguel de Cervantes, con su
“La Galatea” y Félix Lope de Vega, autor de “La Arcadia”.
Otras narraciones son las de tema morisco. En ellas, en un
ambiente también idealizado, se presenta estilizada la figura del
moro, incluso en tolerante convivencia con los cristianos. La
primera obra de este tipo fue la anónima “Historia del Abencerraje y
de la hermosa Jarifa”. También destaca en este género la obra de
Ginés Pérez de Hita “Guerras civiles de Granada”. Estos relatos no
son en absoluto realistas, al igual que las narraciones pastoriles, las
sentimentales o los libros de caballerías.
Debemos destacar, por último, dos obras alejadas del idealismo
de las anteriores. Se trata de “La lozana andaluza” (1528), de
Francisco Delicado, obra dialogada y emparentada con “La
Celestina” en la que se plasma una gozosa actitud vital y un
mordaz anticlericalismo. La otra obra es “El Patrañuelo” (1567), de
Juan de Timoneda, primera colección española de obras cortas
imitadoras de las italianas.
Sin embargo, la gran obra narrativa del XVI es una historia
realista que marcará el camino que después transitará la novela
moderna. Nos referimos al “Lazarillo de Tormes”.
4.
III. Teatro del siglo XVI
El teatro manifestó un extraordinario desarrollo en el siglo XVI.
Ya en el XV, importantes autores como Juan del Encina
compusieron obras significativas. Discípulo suyo fue Lucas
Fernández, autor de varios dramas todavía muy próximos al
teatro medieval. Sin embargo, ahora se camina hacia un teatro
más elaborado y surgen nuevos nombres como Gil Vicente,
escritor portugués que también escribe en castellano y autor de
obras de carácter religioso, o Bartolomé de Torres Naharro,
que vivió en Italia y dividió sus comedias en dos tipos: a noticia
(carácter realista) y a fantasía (imaginativas).
En la segunda mitad del siglo se produce la consolidación del
género teatral. Al tiempo que desaparecen las alusiones y
contenidos satíricos de las obras de Torres Naharro o Gil
Vicente, ya que la ideología contrarreformista y el Índice
inquisitorial lo impiden, continúa escribiéndose teatro religioso,
como lo demuestra el “Códice de autos viejos”, colección de piezas
anónimas en su mayoría y de temas religiosos y alegóricos.
Muestra del auge de la actividad teatral en este siglo es la
convivencia de diversos tipos de teatro. Junto al religioso y al
profano, se desarrolla un teatro de carácter popular, representado
en pueblos y ciudades, sobre todo en los “corrales de
comedias” que van surgiendo a partir de 1570 y que serán el
centro de la destacadísima actividad teatral del siglo XVII. No
podemos olvidar, además, la existencia de un teatro español que
toma como modelo el teatro clásico grecolatino. Sin embargo,
muchos de los textos de este siglo se han perdido.
También es frecuente en el XVI la presencia de compañías de
teatro italianas en España. Representaban comedias, siguiendo la
tradición de la comedia clásica romana (Plauto, Terencio). Estas
5.
compañías y las obras que representaban influirán notablemente
en uno de los autores más famosos del siglo XVI: Lope de
Rueda.
Lope de Rueda fue un hombre de teatro en el sentido más
amplio: actor, director y autor. Escribió comedias en prosa al
modo italiano, introduciendo novedades, como la utilización de
elementos cómicos. Especialmente conocidos son sus “pasos”,
breves piezas cómicas inicialmente incluidas en las comedias, con
las que no guardaban relación argumental y que, finalmente, se
segregaron de ellas y se representaban en los entreactos. Muchos
de los “pasos” de Lope de Rueda toman elementos del folclore.
“Paso” es el nombre que Lope de Rueda dio a un género
teatral que nace en el siglo XVI, pero se prolonga hasta hoy. Su
denominación más habitual es la de “entremés”. Los entremeses
se caracterizan por su brevedad, por su carácter cómico y por la
utilización de un lenguaje muy coloquial. El tema predominante
es el amor y las mujeres suelen tener un papel muy activo en ellos.
En el desarrollo del teatro español que conducirá al modelo
teatral establecido por Lope de Vega en el siglo posterior,
tendrán notable importancia la actividad teatral en ciudades como
Sevilla o Valencia y la presencia de autores como el propio Lope
de Rueda, el mismo Cervantes o el sevillano Juan de la Cueva,
muy interesado por llevar a escena asuntos históricos nacionales,
temas estos que serán frecuentes entre los mejores dramaturgos
del XVII: Lope de Vega, Tirso de Molina y Calderón de la Barca.
6.
IV. El “Lazarillo de Tormes” y la novela picaresca
a)Texto, fecha y autoría: “La vida de Lazarillo de Tormes”
apareció en 1554 en cuatro ediciones diferentes. Probablemente
existió alguna edición anterior, hoy desconocida. Tuvo un notable
éxito, pero pronto fue prohibida. En 1573 se volvió a publicar,
pero expurgada. Hasta 1834 no volvió a publicarse en España el
texto completo. Según las referencias históricas que aparecen en
el libro, la obra fue escrita a mediados de siglo.
Más problemática es la autoría de la obra. Se publicó anónimo
y, posteriormente, se ha atribuido a muy diferentes autores.
Ninguna de las atribuciones aporta pruebas completamente
convincentes. Parece claro que el autor era un erasmista, un
converso, algún franciscano o un noble descontento con la
sociedad de su tiempo.
b)Fuentes, estructura y estilo: muchos de los elementos del
“Lazarillo” proceden de la tradición folclórica. Cuentos y
anécdotas como la de la longaniza, son habituales en el folclore
popular, al igual que la pareja del ciego y del mozo. Lo novedoso
en la obra es que estos materiales conocidos se integran de un
modo trabado y no son una simple suma de aventuras, es decir,
adquieren un nuevo valor al formar parte de una estructura más
amplia con una función concreta.
La composición de la obra se articula en torno a dos modelos
estructurales: la autobiografía y la epístola. Todos los elementos
adquieren un sentido porque forman parte de la historia de la vida
de un personaje contada por él mismo siguiendo el modelo de
una larga carta dirigida a un desconocido Vuestra Merced.
La autobiografía también tenía ya una larga tradición literaria:
es un recurso utilizado, por ejemplo, en el “Libro de buen amor”, del
7.
Arcipreste de Hita (XIV) y, ya en el XVI, en “La lozana andaluza”,
de Francisco Delicado y en los diálogos erasmistas. Con todo, la
fuente directa para la autobiografía del “Lazarillo” es,
seguramente, “El asno de oro”, del latino Apuleyo, obra traducida
muy divulgada en la época.
El modelo de la epístola como marco en el que se desarrolla la
narración también tenía una larga tradición: los libros
sentimentales como la “Cárcel de amor”.
Además de todos estos elementos tradicionales, bien folclóricos
y tradicionales, bien literarios, es notable también en el
“Lazarillo” la presencia de datos tomados directamente de la
realidad: lugares, referencias geográficas e históricas concretas,
personajes de la España del XVI, alusiones a la época, etc. De
este modo, todo se integra en una narración que podría definirse
como realista. Los hechos se cuentan “como si” en verdad
hubieran ocurrido, “como si” se tratara de datos históricos. Las
fronteras entre realidad y ficción se diluyen y, con ello, el autor
del “Lazarillo” da un importantísimo paso hacia la creación de la
novela moderna, al proponer quela obra sea leída “como si” de
una historia real se tratara, “como si “fuera verdad.
El “Lazarillo” será, pues, el punto de partida de la novela
realista europea. Otro rasgo subraya la enorme importancia de
esta obra en la constitución del nuevo género literario: es
característico de la novela moderna el que los personajes se vayan
haciendo y modificando a la par de las circunstancias de su vida.
Pues bien, este rasgo se encuentra también en el “Lazarillo”, cuyo
protagonista va cambiando desde el principio al fin de la obra. El
Lazarillo niño es muy diferente al Lazarillo adulto. La importancia
de este hecho se refleja incluso en la estructura misma de la obra.
8.
En cuanto a la estructura, la novela consta de un prólogo y
de siete tratados. El último de los tratados revela que la obra es
una carta de contestación en la que se explica un “caso”: las
habladurías sobre las relaciones de la mujer de Lázaro con el
arcipreste de San Salvador. El “caso” tiene, por tanto, una
importancia fundamental porque es el pretexto para que el
personaje cuente su historia. Debido a ello, la novela se estructura
y comienza desde el final, porque los episodios que en ella se
incluyen son seleccionados para explicar el “caso”. Los otros seis
tratados pueden dividirse en dos partes: los tres primeros, más
extensos, muestran el aprendizaje de Lazarillo en la adversidad.
En los demás, Lázaro mejora su nivel de vida y aprende lo
suficiente para sobrevivir, lo que explica que consienta las
relaciones adúlteras de su mujer con el arcipreste, pues este le ha
proporcionado un modesto empleo.
En cuanto al estilo, advertimos la diferencia del lenguaje de esta
obra con respecto a las narraciones habituales en su época (libros
de caballerías, sentimentales, moriscos, pastoriles, “bizantinas” o
de aventuras). Si en estos relatos mencionados la norma es el
estilo elevado con el uso de un lenguaje refinado alejado de la
norma habitual, la lengua del “Lazarillo” es llana, espontánea y no
artificiosa, lo que es coherente con la traza realista de la novela.
c)Ideas y sentido de la novela: la palabra con la que se abre el
prólogo del “Lazarillo” es un rotundo “yo”. La obra es la historia
de un personaje, un ser humano de carne y hueso lejos de los
protagonistas de los relatos idealistas contemporáneos. Este
personaje se desarrolla en un medio social concreto que lo
condiciona y modifica. La obra retrata el proceso de aprendizaje
de un individuo y, al mismo tiempo, su adaptación a un entorno
social complejo, la España del XVI. Pero esta asimilación no se
hace sino a costa de la propia dignidad del personaje. El tratado
9.
VI es un claro ejemplo de esta evolución de Lázaro, que acepta
integrarse en el sistema ahorrando dinero y vistiendo las ropas
propias de un “hombre de bien”. Sabemos en el último tratado
que su prosperidad final solo la alcanza a cambio de su deshonor
al consentir las relaciones de su mujer con el arcipreste, pero esa
indignidad afecta a todos los personajes. La obra es una aguda
crítica de la sociedad de su tiempo, tanto de los comportamientos
individuales como del sistema social. Dos mitos centrales de la
España del XVI son el objeto central de la crítica: la obsesión por
la honra y la religiosidad.
La mayoría de los amos de Lázaro son clérigos y todos explotan
al muchacho, cuya opinión sobre los hombres de Iglesia no es,
por tanto, nada positiva. El anticlericalismo es evidente, aunque
no parece haber intención en el autor de proponer alguna
reforma, sino que solo se percibe el sarcasmo o el desprecio, por
lo que la novela parece fruto de algún converso descreído. Si
nobleza e Iglesia son satirizadas, también lo son la justicia o la
vida militar. Otros valores como los del amor o la amistad no
parecen tampoco destacar en la obra.
Frente a la visión idealista del mundo de los relatos pastoriles
o caballerescos, aquí los valores que funcionan son los
materiales: la ambición, la avaricia, el dinero, las apariencias, la
astucia, el cinismo… El autor de la novela pone así al descubierto,
la realidad cruel de la vida española de mediados del siglo XVI.
El modelo narrativo del “Lazarillo de Tormes” fue tan innovador
que no resultó fácil de asimilar y continuar. Casi medio siglo
tardará en aparecer la segunda novela picaresca, el “Guzmán de
Alfarache” (1599), de Mateo Alemán, y no será hasta el XVII
cuando el “Lazarillo de Tormes”, obra en la que no aparece
nunca la palabra “pícaro”, tenga una numerosa descendencia.
ANTOLOGÍA DE TEXTOS: “LAZARILLO DE TORMES”
----------------------------------------------------------------------------------
I.”LAZARILLO DE TORMES” (Selección)
Prólogo:
Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca
oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la
sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo
que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite; y a este
propósito dice Plinio que no hay libro, por malo que sea, que no tenga
alguna cosa buena; mayormente que los gustos no son todos unos, mas
lo que uno no come, otro se pierde por ello. Y así vemos cosas tenidas en
poco de algunos, que de otros no lo son. Y esto, para ninguna cosa se
debería romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a
todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar
della algún fruto.
Porque si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no
se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no
con dineros, mas con que vean y lean sus obras, y si hay de que, se las
alaben; y a este propósito dice Tulio: "La honra cría las artes." …/…
Suplico a vuestra merced reciba el pobre servicio de mano de quien
lo hiciera más rico si su poder y deseo se conformaran.
Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso por
muy extenso, parecióme no tomalle por el medio, sino por el principio,
porque se tenga entera noticia de mi persona, y también porque
consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues
Fortuna fue con ellos parcial, y cuanto más hicieron los que, siéndoles
contraria, con fuerza y mana remando, salieron a buen puerto.
2.
Tratado Primero: Cuenta Lázaro su vida, y cuyo hijo
fue:
Pues sepa Vuestra Merced ante todas cosas que a mí llaman
Lázaro de Tormes, hijo de Tome González y de Antonia Pérez,
naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del
río Tormes, por la cual causa tome el sobrenombre, y fue desta manera.
Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de
una aceña, que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de
quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí,
tomóle el parto y parióme allí: de manera que con verdad puedo decir
nacido en el río.
Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas
sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo
que fue preso, y confeso y no negó y padeció persecución por justicia.
Espero en Dios que está en la Gloria, pues el Evangelio los llama
bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros,
entre los cuales fue mi padre, que a la sazón estaba desterrado por el
desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue, y
con su señor, como leal criado, feneció su vida.
Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó
arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vinóse a vivir a la ciudad, y
alquilo una casilla, y metióse a guisar de comer a ciertos estudiantes, y
lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del Comendador de la
Magdalena, de manera que fue frecuentando las caballerizas. Ella y un
hombre moreno de aquellos que las bestias curaban, vinieron en
conocimiento. Este algunas veces se venía a nuestra casa, y se iba a la
mañana; otras veces de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar
huevos, y entrábase en casa. Yo al principio de su entrada, pesábame
con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que
vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque
3.
siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños, a que nos
calentábamos. De manera que, continuando con la posada y
conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo
brincaba y ayudaba a calentar. Y acuérdome que, estando el negro de
mi padre trebejando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a
mí blancos, y a él no, huía del con miedo para mi madre, y señalando
con el dedo decía: "¡Madre, coco!". Respondió él riendo: "¡Hideputa!"
Yo, aunque bien muchacho, note aquella palabra de mi hermanico,
y dije entre mí: "¡Cuantos debe de haber en el mundo que huyen de
otros porque no se ven a sí mesmos!" …/…
Como estuvimos en Salamanca algunos días, pareciéndole a mi
amo que no era la ganancia a su contento, determinó irse de allí; y
cuando nos hubimos de partir, yo fui a ver a mi madre, y ambos
llorando, me dio su bendición y dijo: "Hijo, ya sé que no te veré más.
Procura ser bueno, y Dios te guíe. Criado te he y con buen amo te he
puesto. Válete por ti”.
Y así me fui para mi amo, que esperándome estaba. Salimos de
Salamanca, y llegando a la puente, está a la entrada della un animal
de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase
cerca del animal, y allí puesto, me dijo: "Lázaro, llega el oído a este
toro, y oirás gran ruido dentro del”.
Yo simplemente llegué, creyendo ser ansí; y como sintió que tenía
la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y dióme una gran
calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor
de la cornada, y díjome: "Necio, aprende que el mozo del ciego un
punto ha de saber más que el diablo", y rió mucho la burla.
Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que como
niño dormido estaba. Dije entre mí: "Verdad dice este, que me cumple
avivar el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar cómo me sepa valer."
4.
Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos días me mostró
jerigonza, y como me viese de buen ingenio, holgábase mucho, y decía:
"Yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir muchos te
mostraré."
Y fue ansí, que después de Dios este me dio la vida, y siendo ciego me
alumbró y adestró en la carrera de vivir. Huelgo de contar a Vuestra
Merced estas niñerías para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres
subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.
Tratado Segundo. Cómo Lázaro se asentó con un
clérigo, y de las cosas que con él pasó:
Otro día, no pareciéndome estar allí seguro, fuime a un lugar que
llaman Maqueda, adonde me toparon mis pecados con un clérigo que,
llegando a pedir limosna, me preguntó si sabía ayudar a misa. Yo dije
que sí, como era verdad; que, aunque maltratado, mil cosas buenas me
mostró el pecador del ciego, y una dellas fue esta.
Finalmente, el clérigo me recibió por suyo. Escapé del trueno y di en
el relámpago, porque era el ciego para con este un Alejandro Magno,
con ser la mesma avaricia, como he contado. No digo más sino que toda
la lacería del mundo estaba encerrada en este. No sé si de su cosecha
era, o lo había anexado con el hábito de clerecía. . . ./…
Los sábados cómense en esta tierra cabezas de carnero, y
enviábame por una que costaba tres maravedís. Aquella le cocía y
comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las
quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el
plato, diciendo: "Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo. Mejor
vida tienes que el Papa."
"¡Tal te la dé Dios!", decía yo paso entre mí.
5.
A cabo de tres semanas que estuve con él, vine a tanta flaqueza
que no me podía tener en las piernas de pura hambre. Vime claramente
ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran.
Para usar de mis mañas no tenía aparejo, por no tener en que dalle
salto; y aunque algo hubiera, no podía cegalle, como hacía al que Dios
perdone, si de aquella calabazada feneció, que todavía, aunque astuto,
con faltalle aquel preciado sentido no me sentía; mas estotro, ninguno
hay que tan aguda vista tuviese como él tenía.
Cuando al ofertorio estábamos, ninguna blanca en la concha caía
que no era del registrada: él un ojo tenía en la gente y el otro en mis
manos. Bailábanle los ojos en el casco como si fueran de azogue.
Cuantas blancas ofrecían tenía por cuenta; y acabado el ofrecer, luego
me quitaba la concheta y la ponía sobre el altar.
No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con él viví o,
por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de vino,
mas aquel poco que de la ofrenda había metido en su arcaz compasaba
de tal forma que le duraba toda la semana, y por ocultar su gran
mezquindad decíame: "Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy
templados en su comer y beber, y por esto yo no me desmando como
otros."
Tratado Séptimo: Cómo Lázaro se asentó con un
alguacil, y de lo que le acaeció con él:
(Tras el ciego (Tratado I), el clérigo (II) y el escudero (III), con el
que nuestro personaje “toca fondo” en su lucha personal contra el
hambre, Lázaro sirve a varios amos: un fraile mercedario de vida
poco recogida(IV), un taimado vendedor de bulas (V), un pintor, un
capellán para que el que vende agua por las calles (VI). En este
tratado aún conocerá Lázaro dos oficios más: ayudante de alguacil y
pregonero de vinos.)
6.
Despedido del capellán, asenté por hombre de justicia con un
alguacil, mas muy poco viví con él, por parecerme oficio peligroso;
mayormente, que una noche nos corrieron a mí y a mi amo a pedradas y
a palos unos retraídos, y a mi amo, que espero, trataron mal, mas a mí
no me alcanzaron. Con esto renegué del trato.
Y pensando en qué modo de vivir haría mi asiento por tener descanso
y ganar algo para la vejez, quiso Dios alumbrarme y ponerme en
camino y manera provechosa; y con favor que tuve de amigos y señores,
todos mis trabajos y fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con
alcanzar lo que procuré, que fue un oficio real, viendo que no hay nadie
que medre sino los que le tienen; en el cual el día de hoy vivo y resido a
servicio de Dios y de Vuestra Merced.
Y es que tengo cargo de pregonar los vinos que en esta ciudad se
venden, y en almonedas y cosas perdidas, acompañar los que padecen
persecuciones por justicia y declarar a voces sus delitos: pregonero,
hablando en buen romance.…/…
En este tiempo, viendo mi habilidad y buen vivir, teniendo noticia
de mi persona el señor arcipreste de Sant Salvador, mi señor, y servidor
y amigo de Vuestra Merced, porque le pregonaba sus vinos, procuró
casarme con una criada suya; y visto por mí que de tal persona no podía
venir sino bien y favor, acordé de lo hacer.
Y así me casé con ella, y hasta agora no estoy arrepentido; porque,
allende de ser buena hija y diligente, servicial, tengo en mi señor
arcipreste todo favor y ayuda. …/…
Los domingos y fiestas casi todas las comíamos en su casa. Mas malas
lenguas, que nunca faltaron ni faltarán, no nos dejan vivir, diciendo no
sé qué, y si sé qué, de que ven a mi mujer irle a hacer la cama y guisalle
de comer. Y mejor les ayude Dios que ellos dicen la verdad.…/…
7.
Porque, allende de no ser ella mujer que se pague destas burlas,
mi señor me ha prometido lo que pienso cumplirá. Que él me habló un
día muy largo delante della, y me dijo: "Lázaro de Tormes, quien ha
de mirar a dichos de malas lenguas, nunca medrará. Digo esto porque
no me maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir
della. Ella entra muy a tu honra y suya, y esto te lo prometo. Por
tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu
provecho."
"Señor -le dije-, yo determiné de arrimarme a los buenos. Verdad es
que algunos de mis amigos me han dicho algo deso, y aun, por mas de
tres veces me han certificado que, antes que comigo casase, había parido
tres veces, hablando con reverencia de vuestra merced, porque esta ella
delante."
Entonces mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se
hundiera con nosotros, y después tomóse a llorar y a echar maldiciones
sobre quien comigo la había casado, en tal manera que quisiera ser
muerto antes que se me hobiera soltado aquella palabra de la boca.
Mas yo de un cabo y mi señor de otro, tanto le dijimos y otorgamos que
cesó su llanto, con juramento que le hice de nunca más en mi vida
mentalle nada de aquello, y que yo holgaba y había por bien de que ella
entrase y saliese, de noche y de día, pues estaba bien seguro de su
bondad. Y así quedamos todos tres bien conformes.
Hasta el día de hoy, nunca nadie nos oyó sobre el caso; antes,
cuando alguno siento que quiere decir algo della, le atajo y le digo:
"Mira: si sois amigo, no me digáis cosa con que me pese, que no tengo
por mi amigo al que me hace pesar; mayormente si me quieren meter
mal con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo más quiero, y la
amo más que a mí. Y me hace Dios con ella mil mercedes y más bien
que yo merezco; que yo juraré sobre la hostia consagrada que es tan
8.
buena mujer como vive dentro de las puertas de Toledo. Quien otra cosa
me dijere, yo me matare con él."
Desta manera no me dicen nada, y yo tengo paz en mi casa.
Esto fue el mesmo año que nuestro victorioso Emperador en esta
insigne ciudad de Toledo entró y tuvo en ella cortes, y se hicieron grandes
regocijos, como Vuestra Merced habrá oído. Pues en este tiempo estaba
en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna, de lo que de
aquí adelante me sucediere avisaré a Vuestra Merced.
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