Feyerabend, A Terrorist of "The Method" and a Paladin of Science

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Feyerabend, un terrorista de ¨El método¨ y un paladín de la ciencia
Por Lucía Murga Cerviño
"Soy lo suficientemente artista como para dibujar libremente sobre mi imaginación. La
imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado. La imaginación
circunda el mundo." Einstein1.
OBJETIVOS:
Este trabajo ha surgido ante el sentimiento de incredulidad que he experimentado -e
imagino muchos compañeros también- al sentirme extraña ante esta maestría y sus
herramientas, algo entendible si se tiene en cuenta que los abogados nos encontramos
lejos de haber sido formados en las estructuras de las ciencias comúnmente llamadas
duras en contraposición a las ciencias sociales. No sólo eso, nuestro campo de estudio
actual, tanto la economía como el derecho, no han tenido una vida científica fácil,
muchas veces se les niega el carácter de ciencia y se reniega de su método o, siquiera,
que posea uno.
Mi ideal es modesto, no pretendo filosofar ni hacer críticas rimbombantes. Más que
nada espero traer a mis compañeros –como lo he hecho conmigo misma al elegirlo para
este trabajo- a un autor que plantea un punto de vista diferente, que invita a la
investigación y propugna la pluralidad metodológica.
A lo largo de la cursada observé desde desconfianza a resquemor hacia la metodología
estricta, formal y dura, creyendo que nos era ajena o era algo a lo que simplemente
tendríamos que adaptarnos por violenta ósmosis. Al leer a Paul Karl Feyerabend (19241994) me he topado con un filósofo de la ciencia cuya visión crítica y relativista, puede
acercarnos más a la metodología científica, a través de la eliminación de prejuicios
forjados y la apertura de la “ciencia” a todo aquel que lo pretenda. Sin requerir la
subyugación a los dogmas instituidos y, principalmente, perdiéndole el miedo a la
investigación, a ser un científico y, más aún, a ser un “abogado-científico” que, pese a lo
que se cree popularmente, no es una contradicción en sí misma.
La vida según Einstein: Una entrevista de George Sylvester Viereck. 26 de Octubre de
1929. Saturday Evening Post
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
UN PRIMER ACERCAMIENTO:
Luego de encontrarme con las ideas del filósofo me pregunto si Feyerabend no es la
consecuencia o el siguiente paso a lo comenzado por Popper y su falsacionismo, el
reemplazo del término objetividad por el de intersubjetividad, es decir, la comunidad
científica en el interjuego de sus miembros y sometiendo a crítica a las distintas
hipótesis que nazcan. O las ideas khuneanas que llegaron a prácticamente eliminar la
neutralidad u objetividad a través de la noción de paradigma y llevando al abismo a la
tesis de la “ahistoricidad” de la ciencia. De pronto los aspectos económicos, culturales y
hasta psicológicos cobran relevancia en los quehaceres de los científicos. Luego Lakatos
intentó sacarle el mayor jugo al falsacionismo presentándose como una síntesis de
Popper y Kuhn. La historia y la metodología se combinan.
El sendero para el anarquismo puede no ser obvio ni previsible, pero ciertamente no fue
hostil. No es de extrañar que Feyerabend fuera el siguiente en la lista de revolucionarios
de la ciencia.
Feyerabend basa sus ideas en una detallada lectura de la historia de la ciencia (minando
sus libros con ejemplos históricos y populares). Para él no hay metodología que haya
brindado sólidos lineamientos a la práctica científica concreta, más aún, los grandes
desarrollos científicos van asociados a violaciones reiteradas a las axiologías
epistemológicas “oficiales”. En otras palabras, plantea la imposibilidad de cualquier
propuesta epistemológica que se fundamente en una perspectiva rígida, en brindar
criterios apropiados que orienten de manera lineal a los científicos, de hecho, todas las
metodologías tienen sus limitaciones. El único principio digno de ser defendido a la
hora de la investigación es su famoso: “todo vale” (también traducido “todo sirve”).
Parte de la idea de que no existe norma en la metodología científica que no haya sido
atacada en algún momento en el transcurso histórico de la ciencia y que no existe ni una
sola teoría que no tenga una dificultad u otra. Para el autor no existe metodología que
pueda brindar principios científicos, inalterables y absolutamente obligatorios. De
hecho, ante cualquier principio metodológico de carácter absoluto y amplia aceptación
es aconsejable no sólo ignorar esa regla sino, más aún, reemplazarla por su opuesta. No
está en contra de los métodos, sino en contra de aquellos absolutos.
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La ciencia, en su visión, es una aglomeración de ideas, no un conjunto unificado. Es una
construcción efectuada en un contexto específico. No puede soslayarse que la ciencia es
una creación de seres humanos concretos que viven en una época determinada, cuya
producción, como ha señalado Lakatos, está teñida de juicios de valor aceptados por
una élite científica. No es otra cosa que una construcción discursiva realizada a partir de
una determinada tradición guiada por un discurso dominante.
Con estos cimientos funda su teoría epistemológica llamada “Teoría anarquista del
conocimiento” y por la cual ha sido catalogado hasta de irracionalista.
TEORÍA ANARQUISTA DEL CONOCMIENTO:
El autor se pregunta (y así demarca su campo de estudio) en si resulta posible crear una
tradición que se sostenga por medio de reglas estrictas y que alcance, además, cierto
éxito. Aún más: ¿Es deseable apoyar tal tradición en la exclusión de cualquier otra
cosa? ¿Deberían transferirse a ella todos los derechos para que se ocupe del
conocimiento, de forma que cualquier resultado obtenido por otros métodos sea
inmediatamente excluido del concurso? Su respuesta fue un firme y rotundo: NO.
Y las razones son que el mundo que deseamos explorar es una entidad en gran medida
desconocida.
Debemos
mantener
abiertas
nuestras
opciones
y
no
restringirlas de antemano.
Las prescripciones epistemológicas pueden resultar brillantes al compararlas con otras
prescripciones epistemológicas ¿pero quién garantiza que constituyan el mejor camino
para descubrir, no ya unos cuantos 'hechos' aislados, sino los secretos mismos de la
naturaleza?
Una educación científica tal y como viene dada no puede reconciliarse con una actitud
humanista y esto es porque está en conflicto con el cultivo de la individualidad que es
lo único que produce, o puede producir, seres humanos bien desarrollados; dicha
educación mutila por compresión, cada parte de la naturaleza humana que sobresalga y
que tienda a diferenciar a una persona del patrón de los ideales de racionalidad
establecidos por la ciencia o por la filosofía de la ciencia. Aumentar el descubrimiento
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de los secretos de la naturaleza y del hombre implica, por tanto, el rechazo de criterios
universales y de todas las tradiciones rígidas.
Una combinación de crítica y tolerancia de las inconsistencias y anomalías, a la vez que
absoluta libertad, son los mejores ingredientes de una ciencia productiva y creativa.
La ciencia iluminada por normas fijas y universales no es una idea realista, sino
perniciosa y perjudicial para la ciencia en sí. Su propuesta es, entonces, una
metodología anarquista. Una epistemología abierta que contenga una serie de
herramientas de investigación científica adaptables a cada contexto pero no instituidas
como leyes inamovibles. Es anarquista porque se revela ante la idea de
inexpugnabilidad y universalidad, y enraíza en su lugar al pluralismo metodológico.
El abandono de los principios generales, arenga, no debe intimidarnos, pues el caos no
será lo que encontraremos tras su ausencia.
Considera que la investigación histórica nos demuestra que la idea de un método que
contenga principios firmes, inalterables y absolutamente obligatorios tropieza con
dificultades considerables. Pues no hay una sola regla, por plausible que sea, y por
firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea infringida en una ocasión u
otra. Resulta evidente que esas infracciones no son sucesos accidentales. Por el
contrario, son necesarias para el progreso. Toma como ejemplo de esto a la Revolución
Copernicana. Lo mismo podría decirse del paso de Newton a Einstein. Para
Feyerabend este progreso sólo pudo y puede tener lugar porque algunos pensadores
decidieron no someterse a ciertas reglas obvias o porque, simplemente, las violaron
involuntariamente. Porque dada cualquier regla por muy fundamental o necesaria que
sea para la ciencia, siempre existen circunstancias en las que resulta aconsejable no sólo
ignorarla, sino adoptar su opuesta o es aconsejable introducir, elaborar y defender
hipótesis ad hoc, o hipótesis que contradicen resultados experimentales bien
establecidos y generalmente aceptados.
A la pregunta de por qué alguien se restringiría por dogmas, Feyerabend responde que
es muy difícil distinguir entre la fuerza lógica y el efecto material de un argumento. Y
compara al científico con un perro amaestrado. Un racionalista amaestrado será
obediente a la imagen mental de su amo, se conformará a los criterios de argumentación
que ha aprendido, se adherirá a criterios sin importar la confusión en la que se
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encuentre, y será incapaz de darse cuenta de que aquello que él considera como la 'voz
de la razón' no es sino un post-efecto causal del entrenamiento que ha recibido, no es
otra cosa que una maniobra política. He ahí el peligro que el autor encuentra en la falta
de cuestionamientos a lo establecido, que en vez de creer que hemos sido iluminados
por un descubrimiento masivo, somos opacados y cooptados por el discurso detrás del
descubrimiento. El intelecto pierde su libertad y la mente sus rasgos únicos de
creatividad e irreverencia.
TODO SIRVE, TODO VALE:
Define al anarquista como aquel para quien no hay opinión alguna, por "absurda" o
"inmoral" que parezca, que no tome en consideración y no tenga en cuenta a la hora de
actuar, ni ningún método que considere imprescindible. Lo único que el anarquista
rechaza son las normas generales, las leyes universales, las concepciones absolutas y las
conductas que estas actitudes conllevan, aunque no niega que a menudo es una buena
táctica el comportarse como si hubiera tales leyes y uno creyera en ellas. Detrás de todos
estos desafueros se esconde la convicción de que el hombre dejará de ser esclavo y
alcanzará al fin una dignidad que sea algo más que un prudente conformismo, cuando
sea capaz de abandonar sus convicciones más fundamentales, incluso aquellas que
presuntamente hacen de él un hombre.
La epistemología ha de ser anárquica, el método es plural. Puede ser cualquiera,
ninguno tiene el monopolio de la verdad o de la obtención de resultados útiles, el
enfoque debe ser pragmático.
Sugiere que sólo hay un principio que puede defenderse bajo cualquier circunstancia y
en todas las etapas del desarrollo humano y para toda metodología: el principio del
TODO VALE. Así, con esta ironía propugna un principio universal para denostar a
todos los “universalismos”.
Será el objeto de una ciencia, el campo en el que se desarrolle, el que determine el
método apropiado o correcto en dicha disciplina. No hay una 'racionalidad científica'
que pueda considerarse como guía para cada investigación; pero hay normas obtenidas
de experiencias anteriores, sugerencias heurísticas, concepciones del mundo y hasta
disparates metafísicos. El único principio universal en la ciencia es: "todo sirve".
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LAS CONTRA-REGLAS:
Sin quedarse en la mera crítica formula las reglas que un científico debería seguir o, más
precisamente, las que no debería seguir, formulando sus célebres contra-reglas:
1- Condición de Consistencia:
Implica que las nuevas hipótesis concuerden con teorías aceptadas, es decir, que una
tesis no sólo debe ser descartada porque no se corresponde con el material empírico que
la pone a prueba sino que debe ser eliminada porque no concuerda con otra teoría con
la que comparte ejemplos confirmatorios.
La condición, espeta el autor, no es razonable porque favorece a la teoría más antigua,
no a la mejor (nótese la utilización subliminal de un criterio de eficiencia). Porque si la
teoría más joven hubiera aparecido primero, la condición de consistencia habría
funcionado a su favor. Las hipótesis que contradicen a teorías bien confirmadas
proporcionan evidencia que no puede obtenerse de ninguna otra forma. La
proliferación de teorías es beneficiosa para la ciencia, mientras que la uniformidad
debilita su poder crítico y pone en peligro el libre desarrollo del individuo.
Cita como ejemplo a la teoría de Newton, inconsistente con la ley de la caída libre de
Galileo y con las leyes de Kepler, a la óptica ondulatoria inconsistente con la óptica
geométrica, etc. Empero, cuando destaca la inconsistencia lógica no refiere a la
inconsistencia entre la teoría de Newton y la ley de Galileo, sino la inconsistencia entre
algunas consecuencias de la teoría de Newton en el dominio de validez de la ley de
Galileo, pequeñas diferencias en las predicciones de unas y otras que son nimias. La ley
de Galileo afirma que la aceleración de la caída libre es una constante, mientras que la
aplicación de la teoría de Newton a la superficie de la tierra da una aceleración que no
es constante sino que decrece con la distancia al centro de la tierra.
Pero Feyerabend establece un coto al decir que las teorías no deberían cambiarse a
menos que existan razones de peso. Y la única razón de peso para cambiar una teoría es
su desacuerdo con los hechos, y la discusión sobre hechos incompatibles conduce al
progreso. La discusión sobre hipótesis incompatibles no. Por lo tanto, aumentar el
número de hechos relevantes es un procedimiento seguro. Aumentar el número de
alternativas factualmente adecuadas, pero incompatibles, no es un procedimiento
seguro.
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2- Contrainducción
La regla que afirma que la experiencia, o los hechos o los resultados experimentales son
los que miden el éxito de nuestras teorías, que el acuerdo entre una teoría y los datos la
favorecen, mientras que el desacuerdo la perjudica y, tal vez, incluso nos obliga a
eliminarla. Es decir, la regla de la confirmación y de la corroboración, esencia del
empirismo, es enfrentada por la contra-regla que sugiere introducir y elaborar hipótesis
que sean inconsistentes no ya sólo con teorías bien establecidas sino con hechos bien
establecidos. Aconseja proceder contrainductivamente, es la regla de la
Contrainducción, esto es, la necesidad de manejarnos y desarrollar teorías que sabemos
de antemano presentan una gran cantidad de falsaciones.
Feyerabend, incluso, nos advierte en cuanto a confiar demasiado en nuestros sentidos
ya que a veces pueden no ser tan precisos y llevarnos a apreciaciones erróneas. También
podríamos caer en yerro si consideramos que no influye en nuestra apreciación el
medio material que existe entre el objeto y nosotros y que la entidad física que
transporta la imagen, no la está distorsionando. En consecuencia, una teoría puede
chocar con la evidencia no porque la teoría misma sea incorrecta, sino porque la
evidencia esté contaminada.
Aboga por la invención de un nuevo sistema conceptual que mantenga en suspenso, o
choque con los resultados experimentales establecidos, que confunda los principios
teóricos más plausibles. Para él la contrainducción es siempre razonable y siempre
proporciona una ocasión de éxito.
3- Principio de la autonomía.
Este principio implica que el descubrimiento y descripción de hechos es independiente
de todo teorizar, que los hechos que pertenecen al contenido empírico de una teoría
están disponibles se consideren o no otras alternativas a esta teoría.
Sin embargo, los hechos y las teorías están relacionados mucho más íntimamente de lo
que reconoce el principio de autonomía. Todo hecho particular no sólo es dependiente
de alguna teoría, sino que además existen hechos que no pueden descubrirse si no es
con la ayuda de alternativas a la teoría que ha de contrastarse, y que dejan de estar
disponibles tan pronto como se excluyen tales alternativas. La consecuencia es que la
unidad metodológica a la que hay que referirse cuando se discutan cuestiones de
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contrastación y de contenido empírico está constituida por un conjunto de teorías en
parte coincidentes, factualmente adecuadas, pero inconsistentes entre sí.
El ÉXITO IDEOLÓGICO DE UNA TEORIA:
El autor advierte que no podemos dejarnos engañar por las apariencias de éxito, el éxito
en sí no puede tomarse como un signo de verdad y correspondencia con la naturaleza.
Al contrario, debería hacer surgir la sospecha de que la ausencia de grandes dificultades
para determinadas teorías es el resultado de la disminución en contenido empírico
provocado por la eliminación de alternativas y de los hechos que pueden descubrirse
con su ayuda.
El falaz éxito se debe al hecho de que la teoría, al extenderse más allá de su punto de
partida, se ha convertido en una rígida ideología. Esta ideología no debe su triunfo a
concordar con los hechos; sino porque no se ha especificado hecho alguno que pudiera
constituir una contrastación y porque se han eliminado aquellos que podrían
desempeñar esa función. Su 'éxito' es artificial. Se tomó la decisión de adherirse a ciertas
ideas y el resultado fue la supervivencia de éstas. Así es como puede crearse 'evidencia'
empírica a través de un proceso que aduce como justificación propia la mismísima
evidencia que dicho proceso ha provocado.
Todo lo dicho lo clarifica con un ejemplo: El mito de la brujería y la posesión diabólica,
desarrollado por los teólogos católico-rornanos y dominante durante los siglos XVXVII. Este mito constituye un complejo sistema explicativo que contiene numerosas
hipótesis auxiliares inventadas para cubrir casos particulares y alcanzar así un alto
grado de confirmación sobre la base de la observación. Fue enseñado durante mucho
tiempo, su contenido fue reforzado por el miedo, el prejuicio y la ignorancia, así como
por un clero celoso y cruel. Sus ideas se introdujeron en idioma común, infectaron al
sentido común e inspiraron importantes decisiones. Proporcionaba modelos para la
explicación de cualquier evento. Sus principios se fijaron de manera inequívoca y
cualquier apartamiento de ellos se debía a un error humano. Semejante plausibilidad
refuerza la conservación del mito (incluida la eliminación de sus oponentes). El aparato
conceptual de la teoría y las emociones que lleva asociadas, tras haber penetrado todos
los medios de comunicación y la vida toda de la comunidad garantizaron el éxito de
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sus métodos que, a su vez, llevaron a un mayor fortalecimiento del mito. Estos métodos,
propios de varias escuelas filosóficas antiguas y modernas, poseen una cosa en común:
tienden a conservar el status quo de la vida intelectual.
A esto se suma que los resultados observacionales hablarán también en favor de la
teoría puesto que están formulados en sus términos, se creerá que se está en presencia
de la verdad cuando, de hecho, se ha perdido todo contacto con el mundo en una
tautología y la estabilidad conseguida, la apariencia de verdad absoluta, no es otra cosa
que el resultado de un conformismo absoluto
LA EVIDENCIA:
Atribuye a ésta un carácter histórico-fisiológico, pues no describe meramente un estado
de cosas objetivo, sino que también expresa un punto de vista subjetivo, mítico y hace
tiempo olvidado, que concierne a este estado de cosas. Por lo tanto, sería imprudente
dejar que la evidencia juzgue directamente las teorías. Un juicio directo e
indiscriminado de las teorías por los 'hechos' está sujeto a eliminar ideas porque no se
ajusten al sistema de alguna cosmología más antigua. Lo que sería no más que dar por
garantizada la ideología observacional sin haberla examinado nunca.
La historia de la ciencia no consta de hechos y de conclusiones derivadas de hechos.
Contiene también ideas, interpretaciones de hechos, problemas creados por
interpretaciones conflictivas, errores, etc. Los hechos que registra nuestro conocimiento
están ya interpretados de alguna forma.
El autor recomienda crear una medida de crítica, algo con lo que esos conceptos puedan
compararse, una vara de medir. Por ello, el primer paso va a consistir en salirse del
círculo, ya sea inventando un nuevo sistema conceptual (una nueva teoría), que entre en
conflicto con los resultados observacionales y lleve la confusión hasta los principios
teóricos más plausibles. Se necesita de un criterio externo de crítica, construir un
conjunto de supuestos alternativos, hasta un mundo alternativo completo, un mundo
soñado para descubrir los rasgos del mundo real en el que creemos habitar.
Nuevamente ofrece una técnica contrainductiva. Un ejemplo básico de lo explicado
sobre la evidencia lo constituye el argumento de la torre que los aristotélicos utilizaron
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para refutar el movimiento de la Tierra, involucra interpretaciones naturales, ideas tan
estrechamente unidas con observaciones que se necesita un esfuerzo especial para
percatarse de su existencia y determinar su contenido. Ante ello, Galileo identifica las
interpretaciones naturales que son inconsistentes con Copérnico y las sustituye por
otras.
Las teorías son contrastadas y posiblemente refutadas por los hechos. Los hechos, como
se ha dicho, contienen componentes ideológicos, son altamente sospechosos por su
edad y por su oscuro origen, no se sabe por qué ni cómo fueron introducidos por
primera vez y, en segundo lugar, porque su propia naturaleza los protege de un
examen crítico.
Si hubiera contradicción entre una teoría nueva e interesante y una colección de hechos
firmemente establecidos, el mejor procedimiento sería no abandonar la teoría sino
utilizarla para el descubrimiento de aquellos principios ocultos que son los responsables
de la contradicción. La contradicción constituye una parte esencial del proceso de
descubrimiento, ergo, ningún investigador debería sentirse intimidado o desalentado
de toparse con ella.
OBJETIVIDAD
Va de suyo que todo lo dicho lo hace alzarse contra la presunta objetividad de los
hechos como criterio evaluador de las teorías científicas o la objetividad del científico
mismo. Lo que erige otro de sus postulados polémicos y es la imposibilidad de carecer
de enunciados observacionales liberados de contenido ideológico alguno.
La ciencia no conoce hechos desnudos sino que está llena de interpretaciones de estos
hechos lo que los vuelve esencialmente teóricos. Para él la historia de la ciencia es tan
compleja, caótica y llena de errores como las ideas que contiene, sin embargo ha sido
reconstruida bajo la forma de un relato "objetivo" compuesto por reglas estrictas y
perennes.
Se suma a Popper al decir que el conocimiento humano siempre es susceptible de error,
de suerte que no es posible establecer con absoluta certeza su verdad.
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
Debemos dudar de las leyes inamovibles de la ciencia (esto no menoscaba en nada a la
actividad científica). Debemos dudar, pues su firmeza, como se ha dicho, da la pauta de
que se trata de una ideología.
HIPÓTESIS AD HOC:
Coincide con Lakatos en que la 'adhoccidad' ni es despreciable ni es ajena a la
ciencia, porque generalmente las nuevas ideas son ideas ad hoc. Se perfeccionan poco a
poco, ampliándolas gradualmente para aplicarlas a situaciones que están más allá de
su punto de partida.
Ninguna teoría sería nunca consistente con todos los hechos relevantes. Por ejemplo, la
teoría de la gravitación de Newton ha tenido desde el principio dificultades de
desviaciones cuantitativas con los hechos observados. Esto no ha hecho mella en su
popularidad durante siglos y que se la considere un modelo de teoría científica. En
lugar de desechar la teoría por su desacuerdo con los hechos se recurre a una
aproximación o bien se inventa una hipótesis ad hoc que cubra la inconsistencia. La
actitud habitual en filosofía de la ciencia es despreciar este tipo de hipótesis por ir
contra el método racionalista. Sin embargo, según Feyerabend, ellas son abundantes.
INCONMENSURABILIDAD:
En la arena de la competencia científica las diferentes teorías no pueden conciliarse o
sintetizarse. Los partidarios de una u otra teoría usan diferentes términos y parámetros,
todo un complejo y distintivo uso del lenguaje.
Es otro de los filósofos que pregona esta idea y refiere a que los núcleos fundamentales
de dos teorías presentan una alteridad tal que resulta imposible siquiera cualquier
intento de traducir los términos y conceptos de una a las formulaciones de la otra. Si no
comparten
ningún
enunciado
observacional,
resultan
inevitablemente
inconmensurables. Esto es, la ausencia de criterios que orientan la ponderación objetiva
en la elección de teorías. A la sazón, abre una perspectiva subjetiva y libertaria.
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
LA CIENCIA, UNA MÁS.
Afirma que los científicos no pueden sentirse superiores por estar desarrollando una
empresa superior: la ciencia. No es superior a otros conocimientos. Al decir esto no
descarta, empero, los beneficios que ha traído la ciencia a la comprensión del mundo y a
la utilidad de sus manifestaciones tecnológicas. Sólo que ello no es producto del
método, sino que obedece a una multiplicidad de factores entre los cuales se encuentran
el monopolio de los mecanismos de publicidad que la ciencia monta en su favor. Ello
implica que no debemos sorprendernos si el día de mañana lo que creíamos que no era
ciencia resulta, con el tiempo, serlo.
Otra vicisitud a superar es la “institucionalización de la ciencia” como una norma de
ponderación e idea regulativa a partir de la cual se estima el valor de toda otra práctica.
En su opinión deberíamos intentar librarnos de ese “sistema de vigilancia
institucionalizada” que constituye la ciencia organizada y así podremos optar
libremente entre diversas alternativas y liberar a la sociedad, en nombre de una sana
“actitud humanitaria” de la correa2 de una ciencia ideológicamente petrificada.
Como se explica en Derecho y Economía Científico e Introducción a la Estadística y la
Econometría Básicas, la ciencia es definida como un método para descubrir
conocimiento confiable de la naturaleza. Tener comprensiones epistemológicas es
importante para comprender de dónde proviene el conocimiento y cómo mejorarlo.
Entiendo que un manera de mejorar el método es no atándose a dogmas o temer
innovar. Quizás, si existen múltiples métodos, existen múltiples ciencias y múltiples
científicos. Con esto no pretendo quitarle seriedad al asunto, sino al contrario. Con
suficiente seriedad y compromiso podríamos convertirnos en científicos y erigir
disciplinas en científicas depurando sus postulados y fomentando su eficiencia.
Feyerabend no considera a la ciencia como algo perfecto y elevado. Al quitarle esa
etiqueta está haciendo algo más valioso de lo que puede pensarse primigeniamente,
ubica a la ciencia al nivel de cualquier persona. Es alcanzable, es humana. Y es ello lo
que desmiente in límine a sus detractores que lo han llegado a nombrar "el peor enemigo
de la ciencia".
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Utilizo este término como sinónimo de dogal y con el ánimo de recordar la comparación que el autor hace de los
científicos (que no han logrado la liberación que propugna) con perros amaestrados.
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
PRETENSIONES:
Un científico que desee maximizar el contenido empírico de los puntos de vista que
sustenta, tiene que introducir otros puntos de vista; debe adoptar una metodología
pluralista, comparar sus ideas con otras ideas más que con la experiencia, y debe
intentar mejorar, en lugar de excluir, los puntos de vista que hayan sucumbido en esta
competición. Defiende la necesidad de una metodología pluralista tanto para el avance
del conocimiento como para el desarrollo de nuestra individualidad.
Se aleja de Popper al decir que el método correcto no debe contener reglas que nos
obliguen a elegir entre teorías sobre la base de la falsación. Por el contrario, las reglas de
dicho método deben hacer posible elegir entre teorías que ya fueron contrastadas y
resultaron falsadas. Porque el material del que dispone un científico: sus leyes, sus
resultados experimentales, sus técnicas matemáticas, sus prejuicios epistemológicos, su
actitud hacia las consecuencias observadas de las teorías que él acepta, es
indeterminado y ambiguo y nunca está completamente separado de la base histórica.
Este material está contaminado por principios que el científico no conoce y que, en caso
de conocerlos, serían muy difíciles de contrastar.
La ciencia como la encontramos en la historia es una combinación de reglas y de
errores. El científico que trabaja en una situación histórica particular debe aprender a
reconocer el error y a convivir con él, teniendo presente que él mismo está sujeto a
añadir nuevos errores a la investigación. Necesita una teoría del error para añadir a las
reglas ciertas e infalibles que definen la aproximación a la “verdad”.
Feyerabend ve al conocimiento como un océano, siempre en aumento de alternativas
incompatibles entre sí (inconmensurables); todas las teorías, los cuentos de hadas,
mitos, forman parte de aquél océano, y todos contribuyen, por medio de un proceso
competitivo, al desarrollo de nuestro conocimiento. No hay nada establecido para
siempre. La historia de una ciencia se convierte en parte inseparable de la ciencia
misma; la historia es esencial para el desarrollo de una ciencia. Desde los profesores
hasta los mentirosos, cual cambalache, están invitados a participar en el debate y a
contribuir al enriquecimiento de la cultura.
Fomenta desterrar la unanimidad de opinión que ubica mejor en una iglesia, para las
asustadas y ansiosas víctimas de algún mito o para los débiles y fanáticos seguidores de
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
algún tirano. La pluralidad de opinión es necesaria para el conocimiento objetivo, y un
método que fomente la pluralidad es, además, el único método compatible con una
perspectiva humanista.
El filósofo, pese a lo que podría deducirse, no busca recomendar una nueva
metodología que sustituya la inducción por su contrainducción y que haga uso de una
multiplicidad de teorías, concepciones metafísicas y cuentos de hadas, en lugar del uso
del conocimiento formado por teorías/observación. Su intención no es sustituir un
conjunto de reglas generales por otro, sino convencernos a nosotros, los potenciales
científicos, de que todas las metodologías, incluidas las más obvias, tienen sus límites.
La mejor manera de hacer ver esto consiste en demostrar los límites, e incluso la
irracionalidad, de alguna de las reglas consideradas básicas.
Advierte y pretende demostrar cuán fácil resulta dominar a la gente de una forma
racional. Y describe al papel del anarquista como el de un espía que entra en el juego de
la Razón para socavar la autoridad de la Razón.
CONCLUSIONES:
Cuánto de lo dicho por Feyerabend no es explicativo del surgimiento del análisis
económico del derecho. Cuánto ha tenido que ver la eliminación de prejuicios para
acercar dos disciplinas, aparentemente tan dispares, y convertirlas en una visión que las
entrelaza y pretende, a través de esta interdisciplinariedad, una cosmología diferente
con objetivos claros. Acaso el mismo Holmes no tuvo que verse con la recalcitrancia
dogmática de su tiempo (“black letter man”) para postular un nuevo paradigma, el del
hombre de las estadísticas y “master of economics”.
Si bien para algunas posturas extremistas el autor no está más que negando la existencia
de una epistemología a través de su anarquismo. En mi humilde entender esto es
exagerado, simplemente advierte de la pluralidad de métodos y conceptos que podrían
encuadrarse dentro de aquélla y que no hay una sola cosmovisión del mundo sino que
hay muchas y pueden ser contemporáneas, pese a su mayor o menor éxito. La ciencia es
una empresa esencialmente anarquista; el anarquismo teórico es más humanista y más
adecuado para estimular el progreso que sus alternativas basadas en la ley y en el
orden. Esta frase extraída del “Tratado contra el método” no hace más que descubrir la
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
idea del filósofo que, aún en su enraizada crítica, no olvida que persigue el progreso o
no lo desestima como fin útil.
Posturas más moderadas, afirman que la actitud de Feyerabend es útil para evitar
dogmatismos en Metodología pero su radicalidad lo lleva a olvidar la existencia de
patrones de descubrimiento que son eficaces, sus consideraciones son relevantes, en
consecuencia, en la investigación en nuevos campos de estudio, pero no pueden
aplicarse a la práctica científica en campos de estudio ya conocidos, donde la rutina en
el uso de reglas es posible. Desde mi punto de vista esta separación no es del todo
necesaria ya que, es posible, que teorías de larga data y muy afirmados métodos
puedan, eventualmente, encontrar contradicciones con otras teorías e incluso hechos, o
descubrimientos en campos nuevos que influyen en los más viejos. Nada las mantiene
indemne e inexpugnables, sea el campo que sea y sino téngase en cuenta la teoría de las
cuerdas, o teoría final, cuyas predicciones a escalas subatómicas cuestionan al mismo
Einstein.
Para Feyerabend la proliferación metodológica genera la posibilidad de evitar
encerrarse en una perspectiva demasiado estricta e incrementa la libertad de los
científicos liberándolos del estigma del profesionalismo y su estandarizado lenguaje.
Invita a los investigadores a hacer proliferar teorías, especialmente aquéllas que
resultan incompatibles con las comúnmente aceptadas.
Claramente expresa que su intención no es abolir las reglas ni demostrar que no tienen
valor, sino ampliar el inventario de reglas y proponer un uso distinto de las mismas.
Cada teoría se servirá de unas u otras o bien, descartará unas u otras.
No es de extrañar que Fraassen considere a Feyerabend optimista y esperanzador.
Entiende que su objetivo es traernos de vuelta a la realidad en vez de lamentarse sobre
las abstracciones.
Si la ciencia se encuentra mucho más cerca de las artes y de las humanidades, como
afirma el filósofo, qué gran puntapié a los científicos de las ciencias sociales para no
darse por vencidos en este juego del progreso. Qué mejor incentivo para quienes nos
hemos sentido y educados más hacia el discurso (palabrerío) que la investigación, de no
dejarnos atrapar por las auto-restricciones y animarnos a hacer ciencia o, lo que no es
menos importante, a entenderla y poder, de ser necesario, cuestionar lo que se presente
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
como perenne y absoluto. La búsqueda por descubrir los secretos de la naturaleza es
una competencia abierta a todos.
MATERIAL CONSULTADO:
* B. C. van Fraassen: Paul feyeraben, Conquest of Abundance: A Tale of Abstraction
Versus the Richness of Being:
http://webware.princeton.edu/vanfraas/mss/Feyerabend-review.pdf
* E. Bour: Derecho y Economía Científico e Introducción a la Estadística y la
Econometría Básica. 2010: http://www.ebour.com.ar/
* E. Glavich, R. Ibañez, M. Lorenzo y H. Palma: Notas Introductorias a la filosofía de la
ciencia. Eudeba 1998.
* http://www.eumed.net/cursecon/libreria/rgl-evol/2.4.7.htm
*
http://www.personal.able.es/cm.perez/einstein.htm
* http://www.liccom.edu.uy/bedelia/cursos/epistemologia/feyerabend.pdf
* http://marxists.org/reference/subject/philosophy/works/ge/feyerabe.htm
* P. Feyerabend: Contra el método, Madrid, Planeta-Agostini, 1993.
* P. Feyerabend: La ciencia en una sociedad libre, Madrid, Siglo XXI, 1982.
* P. Feyerabend, Tratado contra el método:
http://www.scribd.com/doc/2974699/Paul-Feyerabend-Tratado-Contra-El-Metodo
* P. Feyerabend; Ciencia y Anarquía:
http://www.inventati.org/ingobernables/textos/anarquistas/Paul%20Fayerabend%2
0-%20Ciencia%20y%20Anarquia.htm
* P. Feyerabend, Límites de la ciencia, Ed. Paidós
* P. Feyerabend, La ciencia en una sociedad libre, Ed. Siglo XXI
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Feyerabend, un terrorista de “El método” y un paladín de la ciencia. Por Lucía Murga Cerviño
Paul Feyerabend seguramente luego de leer mi interpretación de sus obras.
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