Lectio Divina jueves 12 de setiembre de 2013

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Lectio Divina jueves 12 de septiembre 2013, vigésima tercera semana Tiempo
Ordinario -Ciclo –C- Lecturas: Colosenses 3, 12-17; Salmo 150; Lucas 6, 27-38
PALABRA QUE DA VIDA
-Reflexionemos-
¿ENEMIGOS PARA QUÉ?
1. Hagamos las LECTURAS
Jesús dijo a sus discípulos: -«A los que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan
el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, oren por los que los injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la
túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás
como quieren que ellos los traten. Pues, si aman sólo a los que los aman, ¿qué mérito
tienen? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacen bien sólo a los que les
hacen bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Y si prestan sólo cuando
esperan cobrar, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a otros pecadores, con
intención de cobrárselo. ¡No! Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar
nada; tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y
desagradecidos. Sean compasivos como su Padre es compasivo; no juzguen, y no serán
juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les
dará: les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que usen,
la usarán con ustedes.»
2. MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Estamos ante una reinterpretación positiva del principio de retribución. Desde el código de
Hammurabi y luego en las leyes del Antiguo Testamento se prescribía la venganza como
ley. Esta ley se expresa en el famoso dicho “ojo por ojo, diente por diente”. Esta idea acerca
del derecho penal, nos resulta extraña, pero era una práctica habitual en la antigüedad. Jesús
reacciona ante este principio. No hay mérito en responder a los demás como ellos nos
tratan. El cristiano debe ir más allá. Debe relacionarse con sus prójimos a ejemplo del Padre
del cielo: de forma compasiva. Dios es un Padre compasivo que acoge a todos sus hijos.
Esa es la manera como debe comportarse el seguidor de Jesús.
b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
¿Quiénes son enemigos nuestros?
Solemos hablar con gran ligereza. Muy a menudo enemigos son aquellos a quienes nosotros
mismos les atribuimos nuestros sentimientos de enemistad. Somos nosotros sus enemigos y
no al revés. Llamamos injusto a quien no ha sido parcial en favor nuestro. Decimos que
alguien tiene la mente retorcida cuando somos incapaces de comprenderlo. La mayoría de
las veces no es tanto que ellos sean nuestros enemigos, sino que somos nosotros sus
adversarios. Entender esto es muy provechoso. El objeto al que debemos aplicarnos para
mejorar las relaciones rotas no es tanto el carácter o el comportamiento de los demás, sino
nuestro propio corazón. Es nuestra actitud hacia ellos la que debe ser transformada de
ordinario. Solo “destruimos” a los enemigos cuando los convertimos en nuestros amigos.
Para ello san Pablo recomienda "no llevar cuentas del mal" (facilitar el perdón generoso) y
"no pensar mal" (así no hace falta otorgar ningún perdón, sencillamente porque no hay nada
que perdonar).
Hagan el bien a los que los odian.
Esta súplica esconde algo insólito: Es posible amar al enemigo. El amor no es cuestión de
sentimiento. Hacia un enemigo, hacia quien nos odia, es imposible dirigir un sentimiento
positivo, en tanto en que es rival. El amor que pide Jesús se refiere a las obras. Es por tanto
cuestión de decisión, de libertad,… con su ingrediente de dolor. Lejos de ser emoción
espontánea, es una decisión que se debe aprender a tomar y que normalmente contradice la
primera reacción. En realidad no somos libres cuando hacemos aquello que queremos, sino
cuando queremos aquello que hacemos. No olvidemos que la violencia, reacción
espontánea hacia el enemigo, es muy peligrosa porque llama a la violencia y la justifica.
3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del
corazón
El amor no se basa en simpatías, solamente. Un amor de evangelio, un amor de fe, no
pone condiciones ni marca fronteras. Quien ama da más de lo que le piden, y ama también
a los “no-dignos-de-amor”, incluso a los enemigos. El verdadero amor no juzga ni
condena, sino que está siempre listo para mostrar compasión y perdón.
4. OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Padre bueno y compasivo: Por medio de tu Hijo nos has pedido hoy, no juzgar ni
condenar, e incluso perdonar generosamente a quienes sentimos que nos han ofendido.
Que tu Hijo Jesucristo nos haga capaces de dar y darnos sin buscar reembolso o
recompensa, de no reclamar mérito o crédito alguno por nuestras obras, sino simplemente
de amar sin fronteras ni condiciones, como tú nos has amado en Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy?
Motivación: Amar, superar de una vez y para siempre la sombra del Talión, buscando sin
cesar el perdón, la reconciliación y el bien del prójimo antes que el propio. NI TÚ NI YO
SOMOS LOS MISMOS
El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el
sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se
encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en
desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo.
Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una
pesada roca desde la cima de una colina con la intención de acabar con su vida. Sin
embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El
Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los
labios.
Días después el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido
Devadatta preguntó: — ¿No estás enfadado, señor? No, claro que no. Sin salir de su
asombro, inquirió: —¿Por qué? Y el Buda dijo: —Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca,
ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada.
El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es
perdonable.
Repite a diario: Perdono a todo el que necesite mi perdón y me perdono a mi mismo, tres
veces al levantarte, tres veces al acostarte —por lo menos— y siente que perdonas desde el
fondo de tu corazón.
Cuando perdonamos actuamos con la energía de nuestra Presencia de Dios interior... y ten
en cuenta que con perdonar te quitas una mochila pesada.
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