EL MERCURIO

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EL MERCURIO
Domingo 27 de enero de 2008
Artes Escénicas Festival Santiago a Mil
"Hace 15 años Santiago era una ciudad que se desocupaba en enero"
Carmen Romero, cabecilla junto con Evelyn Campbell de Santiago a Mil, analiza lo que ha
sido la última versión del famoso festival de teatro. Un balance en el que deja entrever la
necesidad de que se reconozca que este evento, además de aportar en lo cultural, también
trae beneficios financieros a la capital.
Javier Rojahelis
Carmen Romero se confiesa cansada por esta nueva versión de Santiago a Mil, pero
también satisfecha porque las expectativas del mismo fueron superadas. Desafío nada
fácil, sobre todo después del fenómeno mediático y de público que tuvo la Pequeña
Gigante en la versión anterior.
Romero pensaba, junto con su socia Evelyn Campbell y sus colaboradores, que sin la
Pequeña Gigante igual una asistencia de 300 mil personas podía ser un buen número como
meta. Sin embargo, ya en la última semana del festival (que cierra hoy) calculan que
terminarán bordeando los 500 mil espectadores. Ahora bien, tampoco hay que dejarse
engañar por esta cifra, ya que ésta no quiere decir que haya un público de tal tamaño que
asista al típico teatro de sala. Primero, porque muchas de las salas disponibles tienen una
limitada capacidad que va de las 100 hasta las 200 personas (a excepción del Municipal). Y
segundo, porque el feliz guarismo mencionado corresponde a la suma de todos los
espectáculos, donde el teatro de sala representa sólo un 10 por ciento versus el 90 por
ciento de los espectáculos callejeros y al aire libre. En todo caso, Romero igualmente
destaca que el teatro de sala tuvo un saludable aumento respecto del año anterior, con
obras nacionales a tablero vuelto desde la primera función (como "Sin sangre" y "Las
brutas") y otras que estuvieron a un 85 por ciento, que es una alta ocupación de sala
(comparado con el año pasado en que el lleno promedio llegaba a un 70 por ciento).
-Carmen, ¿a qué atribuyes el aumento de público que tuvo esta edición del festival?
"Simplemente a que el festival se consolidó... la gente tiene una alternativa, hay una
programación ordenada, una campaña bien difundida y gran parte de la vida ciudadana en
enero es Santiago a Mil. Además tuvimos extensiones importantísimas con espectáculos y
obras gratuitas en la Quinta Región y en el Norte, lo que habla de una descentralización
cultural de verdad."
-¿Ayudó mucho a este aumento de público la cantidad de espectáculos masivos gratuitos
que tuvieron en esta edición?
"Claro. El año pasado nos centramos en un proyecto enorme en la calle que era la Pequeña
Gigante. Este año ordenamos nuestra cartelera e hicimos un proyecto gratuito masivo para
cada semana. Además fuimos a 26 comunas con 44 espectáculos. Esto hizo que las cifras
de asistentes fueran cada día duplicándose. Lo que responde también a la misión de
cumplir el sueño de que todos tengan acceso a lo mejor del teatro."
-¿Y cómo se conecta ese sueño con las obras, principalmente extranjeras, que escapaban al
bolsillo del público masivo?
"A ver, en lo nacional las entradas costaban 3 mil y 5 mil pesos... más barato que el resto
del año. Ese fue el caso de "Las brutas", por ejemplo. La única obra que mantuvo su precio
normal fue "Sin sangre", que está en proceso de recuperación de recursos. El tema para
nosotros en las salas es bien complejo porque necesitamos hacer una taquilla importante,
porque así como los espectáculos al aire libre son gratuitos, necesitamos la taquilla para
financiar en parte los costos locales de traer a esas compañías. Y nosotros teníamos una
tarifa rebajada de 5 mil pesos para estudiantes y tercera edad en las obras internacionales,
lo que está bien. Si tú traes la obra de Bolaño, que dura 5 horas, no puede ser menos. Y en
el caso de "Noche de Reyes", que se dio en el Municipal, la más cara era 35 mil pesos , pero
también había entradas a $3.000. Además los precios del Municipal correspondían a una
política tarifaria del teatro, pero igualmente fueron rebajados. El año pasado en el mismo
escenario el espectáculo de la Pina Bausch costaba desde 45 mil hasta cinco mil. Y "Noche
de reyes" es un espectáculo con 35 personas que vienen de Rusia. Y no hay que olvidar que
se dio gratis en Antofagasta."
-Ahora, analizando un poco la programación, ¿de dónde nació la decisión de incluir
espectáculos musicales más cercanos al género del recital que al teatro, como Goran
Bregovic o Los Barrenderos del Desierto?
"El festival es un festival de arte escénico y así como programamos teatro también
programamos danza y tenemos también conciertos. Y esto último tiene que ver con un
asunto de identidad, ya que siempre hemos estado vinculados a la música. Y la música, en
este caso, tiene que ver con el teatro. Nosotros quisimos traer a Bregovic (cuyos
espectáculos convocaron a unas 70 mil personas) porque él es un artista que tiene un
espectáculo poco habitual, pero que se conecta con la sensibilidad del cine (al estilo de lo
que significará la próxima visita de Morricone) y en el caso de Los Barrenderos se trata de
los mismos músicos de la Pequeña Gigante, así que están completamente relacionados con
el tema. De todas maneras, a mí lo que más me gusta del festival es que seamos diversos y
podamos incluir y no excluir. El año pasado, cuando España fue invitado de honor,
incluimos una exposición que se hizo en el MAC. El teatro traspasa todo y no nos
queremos cerrar y decir: sólo vamos a presentar teatro."
-¿Hubo problemas en este festival o algo que haya que superar para las futuras ediciones?
"Lo más complejo de nosotros en este festival son las salas, porque ninguna sala, excepto
el Municipal, tiene la técnica que se requiere para espectáculos internacionales. Esto es un
problema muy grave, ya que la infraestructura acá es muy cara; entonces eso hace que los
presupuestos se disparen. Por ejemplo, "El Libro de Job" era para 50 personas por función
y el costo para montar esa producción debe haber rondado los 80 mil dólares. ¡Una locura!.
Otro caso fue el de Matucana 100, donde llegamos con dos espectáculos en los que
tuvimos que poner todo... la iluminación, el sonido... porque no tienen nada. Con "2666"
pasó, además, que los cálculos que la compañía hizo para traer la carga de su montaje
desde España la llevaron a desistir de hacerlo y, por lo tanto, tuvimos que construir todo
acá, lo que hizo que la producción elevara inmediatamente su costo en 30 millones de
pesos. Y bueno, también pasa que queremos llevar con calidad estos espectáculos a lugares
al aire libre, como cuando llevamos "Arlequín, servidor de dos patrones" a Quillota..., y,
evidentemente, el costo para montar eso en un espacio abierto se vuelve altísimo porque
no
hay
infraestructura
y
tenemos
que
arrendar
todo."
Un polo cultural
Sumado a lo anterior Romero comenta: "Otro problema es que no hemos logrado medir
económicamente cuánto le aportamos al desarrollo de la ciudad. Mandar a hacer un
estudio que demuestre un poco lo que nosotros, por intuición, hemos visto a lo largo de
estos 15 años. ¿Qué quiero decir con esto? Hace 15 años Santiago era una ciudad que se
desocupaba en enero. Ahora, en cambio, ha ido incrementándose cada vez más la gente
que permanece en Santiago y también la que llega desde afuera. Para nosotros, por
ejemplo, buscar apoyo de Lan Chile es imposible hoy día (bueno, nunca nos lo dieron)
porque es temporada alta y ellos están con los vuelos sobrevendidos. Entonces ni siquiera
es posible obtener pasajes con tarifa económica. Sólo traer a la compañía brasileña nos
costaba 800 dólares cada pasaje. Algo muy distinto a cuando comenzamos, que era cuando
conseguíamos muy buenas tarifas porque no era una época en que hubiera mucho tráfico
de personas. Ahora que lo hay, de hecho viene mucho extranjero a nuestras salas, eso no
se puede hacer. Santiago a Mil es una actividad que, además de lo cultural, le está dando
rédito a muchos servicios, como hotelería, restaurantes, bares, etc. Nos hemos instalado
como un atractivo cultural y turístico permanente."
Se viene el 2009 con Asia como invitado especial, además de Latinoamérica y países de
Europa con los que ya hemos trabajado, como España, Francia, Alemania y Europa del Este.
Vamos a estrenar también en Chile obras para el mundo. Por ejemplo, vamos a coproducir
un nuevo espectáculo del artista belga Jean Fabre, también vamos a estrenar la nueva obra
creada entre la compañía Royal de Luxe (la misma de La Pequeña Gigante) y la compañía
chilena Gran Reyneta. Y estamos pensando llevar a la calle un auténtico carnaval chino (de
hecho ya llegaron los primeros embarques con los materiales para esa actividad). Y para el
año 2010, cuando Chile sea el festejado, hemos pedido a algunos famosos como Pina
Bausch que regalen una nueva obra especialmente dedicada a nuestro país.
El teatro de sala tuvo un saludable aumento.
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