INTRODUCCIÓN
El agotamiento de los recursos naturales, los conflictos medioambientales, el desempleo, la insuficiente
industria y la desarticulación regional, han marcado la economía del siglo pasado.
En el siglo XXI Andalucía se encontrará más integrada en Europa que nunca, pero a cambio deberá adaptarse
decididamente a las nuevas condiciones de competencia global para el aprovechamiento óptimo de sus
mejores recursos: la emergente nueva agricultura y el turismo.
ANTECEDENTES ECONÓMICOS
A finales del siglo XIX la pérdida de las colonias ultramarinas trae como consecuencia el hundimiento general
de las exportaciones y numerosas quiebras comerciales, fundamentalmente en Cádiz y Sevilla. Los amplios
mercados sudamericanos, antes controlados y ahora hostiles, tuvieron que ser sustituidos por otros en la muy
competitiva Europa.
Paralelamente irrumpirían las llamadas industrias−punta (siderurgia, textil del algodón, química),
comenzarían a tenderse las primeras líneas ferrocarriles y se produciría un esbozo, elemental y deficiente, de
organización financiera. Tras unas excelentes perspectivas iniciales, todas estas iniciativas acabarían
frustrándose.
Hay que destacar el negativo papel que para los intereses regionales ha tenido hasta estas épocas recientes la
banca nacional, impulsando la salida de capitales hacia zonas más rentables. Con su contribución y como
resultado del desigual desarrollo que en este periodo iniciaron las regiones españolas, Andalucía asumió un
papel subordinado y periférico, al depender de intereses económicos foráneos y verse abocada a la
especialización en actividades menos productivas, como la agricultura extensiva.
Hasta finales del siglo XIX no existe una articulación interior de Andalucía mediante el ferrocarril. Al carecer
igualmente de una adecuada red de carreteras, es imposible hablar con propiedad de un mercado andaluz
coordinado e integrado. Por su parte, los puertos de Cádiz, Málaga y Almería mantendrían una notable
actividad comercial hasta la finalización del la Primera Guerra Mundial. La recuperación de las potencias
beligerantes, significaría el comienzo de su decadencia y con ella la de las exportaciones que canalizaban.
Desmontados tras la Guerra Civil los planes de modernización económica de la Segunda República, en la
posguerra se consolidó la situación tradicional de la sociedad andaluza. La región tardaría varios lustros en
recuperar el limitado bienestar previo a la contienda.
En los años 60 y, gracias a su modesto nivel de partida, Andalucía inicia un periodo de intenso y continuado
crecimiento económico que se paraliza en 1973, con la crisis internacional del petróleo. La destrucción
consiguiente del empleo, unido al cierre del recurso a la emigración (muy utilizado en décadas anteriores)
hará que las cifras de paro alcancen valores desconocidos hasta entonces, pasándose de una tasa del 10% en
1975 al 30% diez años después.
Es en esta situación, con la consolidación del turismo como principal recurso económico, cuando se
incrementa el proceso de terciarización de la economía. Desde 1985 más de la mitad de la población se
empleará en el sector servicios, a costa de la industria que pierde peso relativo. Serán el comercio y sobre
todo, la hostelería, los subsectores más frágiles a las crisis económicas y a los cambios de orientación de la
demanda, los que alcancen mayor desarrollo en la región.
En 1986, con la recuperación económica y con la incorporación de España a la Comunidad Económica
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Europea (hoy Unión Europea), nuestra región se introduce en un nuevo modelo de relaciones con el exterior,
la denominada globalización.
Ahora, al perder relevancia las barreras políticas y las dificultades topográficas, los flujos de personas,
capitales y mercancías superan los límites regionales y nacionales y tienen referencia mundial. El creciente
desarrollo de las telecomunicaciones y los transportes, junto a una competencia más abierta, posibilita para
Andalucía una mayor integración económica y social que en el pasado, ya que sabe aprovechar sus
potencialidades y recursos y significa una mejora del bienestar para la generalización de la población.
EL MARCO GENERAL DE LA ECONOMÍA
La escasez de agua y la pobreza del suelo son las principales limitaciones naturales de la economía andaluza.
Pese a la aridez climatológica, existen dos parques nacionales y veinticuatro naturales de alto valor ecológico
y paisajístico.
Por los recursos naturales que aporta y por su atractivo turístico, el mantenimiento del medio ambiente es
fundamental para la región. La contaminación de residuos industriales y urbanos es considerable sobre todo en
Huelva, Sevilla y el Campo de Gibraltar, siendo indispensable el ahorro energético en la industria (energías
renovables) y en el consumo (transporte público, reciclado de residuos, etc.).
Andalucía presenta fuertes desequilibrios territoriales que se manifiestan en tres zonas con niveles de
actividad económica, de población y de renta bien definidas:
• La más dinámica, situada en la franja litoral y en las grandes aglomeraciones urbanas. Posee las mejores
conexiones internas y externas, localizándose aquí los veintiséis mayores núcleos urbanos de Andalucía.
Ocupando el 6% del territorio, concentran casi la mitad de la población y generan el 70% de la renta
regional.
• Las áreas intermedias, de base productiva rural y urbana. Su estructura económica está diversificada,
aunque tiene su pilar fundamental en la agricultura. Ocupan en 40% de la superficie andaluza y soporta el
39% de su población. Básicamente se localizan en las vegas y campiñas del Guadalquivir y en las hoyas del
surco intrabético (Antequera, Guadix...). La base agrícola permite una industria alimentaria ligada a la
fabricación de aceite, azúcar y productos vitivinícolas.
• Las áreas rurales de montaña y algunas comarcas interiores. Ocupan la mitad de la superficie regional,
asentándose en ellas el 12% de la población. Por su carácter árido o abrupto, este terreno es poco apto para
su explotación agrícola, predominado el modelo tradicional de agricultura extensiva (monocultivo
olivarero). Estas zonas pobres albergan un importante patrimonio natural, lo que ofrece la posibilidad de
generar renta y empleo a través de empresas de bienes y servicios medioambientales del turismo rural y
naturalista.
Los instrumentos de ordenación territorial que persiguen el crecimiento armónico de la región son los planes
de desarrollo y de infraestructuras, como el Plan de Desarrollo Regional 2000−2006 y el Plan Director de
Infraestructuras de Andalucía 1997−2007.
Afectando especialmente a mujeres y jóvenes, el desempleo es el principal problema de nuestra economía,
cuya tasa (de un 20%) es nueve puntos superior a la española.
La renta regional se produce y distribuye según determinadas pautas espaciales, funcionales y sectoriales,
existiendo una elevada concentración en las comarcas del litoral y en las capitales de provincia, así como en el
sector servicios, en detrimento del industrial. Por sus bajos niveles de renta, la capacidad de ahorro de los
andaluces es la mitad del promedio de todos los españoles.
EL SECTOR PRIMARIO
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Dentro del sector primario regional hay un predominio absoluto del subsector agrícola, en el que destacan tres
acontecimientos: una fallida reforma agraria, la aplicación de la PAC y el desarrollo de una nueva agricultura
extensiva.
La heterogeneidad de espacios agrícolas y del tamaño de las explotaciones, el elevado desempleo, la
vinculación con la industria y la orientación exportadora, son otras características del sector primario, que
alcanza en la región elevadas producciones de hortalizas, aceite, remolacha y algodón. La provincia de
Almería (cultivos de invernadero) aporta la cuarta parte de la producción total agraria.
La ausencia de pastos y otros condicionantes naturales hacen que la ganadería andaluza tenga poca
importancia económica, limitándose, en general, a satisfacer la demanda del entorno.
Pese al aumento del consumo, el subsector pesquero no ha dejado de perder peso dentro de nuestra economía.
El agotamiento de los recursos, la Política Pesquera Comunitaria, la reducción de caladeros internacionales y
la antigüedad de la flota, hacían imprescindible el Plan de Modernización del Sector Pesquero que, entre
diversas medidas de mejora, incluye el apoyo a la acuicultura.
Con total ausencia de minerales estratégicos y de hidrocarborus, los recursos mineros, que en la antigüedad
dieron máximo protagonismo a la región, apenas si revisten trascendencia en nuestros días, siendo sólo
destacables las rocas industriales (mármol de Macael).
LA INDUSTRIA, LA ENERGÍA Y LA CONSTRUCCIÓN
La escasa especialización industrial es una de las características más relevantes de la economía andaluza, al
representar solamente el 13% de la producción y del empleo regional, cifra muy inferior a la media española.
A lo largo de las últimas décadas la industria ha ido perdiendo importancia relativa, significando en la
actualidad a penas el 8% de la industria nacional.
El desarrollo industrial de los años sesenta generó en Andalucía una industria de alto consumo energético,
poco generadora de empleo y escasamente articulada en el territorio. Las ramas básicas y las vinculadas a la
transformación de los recursos naturales, son las predominantes en la región en el tránsito del milenio. La
dimensión inadecuada, con predominio de pequeñas empresas poco innovadoras y con bajos niveles de
productividad, son aspectos negativos característicos de nuestra estructura industrial.
La escasa industria se localiza fundamentalmente en la zona occidental de Andalucía, en las provincias de
Huelva, Cádiz y Sevilla. En el resto de la región existen enclaves aislados cercanos a la franja costera y a los
principales núcleos de población.
La industria agroalimentaria es sin lugar a dudas a ala rama más importante, tanto en lo que se refiere a la
generación de empleo y valor añadido, como a su presencia en el comercio exterior, convirtiéndose en
protagonista de las exportaciones industriales andaluzas.
Vital para la marcha de la economía es la industria energética, que en Andalucía cuenta con grandes empresas
en el refino de petróleo y en la electricidad, presentando un gran futuro el tratamiento de recursos de baja o
nula contaminación, como son el gas y las energías renovables.
Por su parte la construcción, en su doble vertiente, obras públicas y vivienda, tras superar unos años de dura
crisis, atraviesa desde finales de los noventa un elevado crecimiento.
La inversión residencial no deja de crecer, principalmente en la franja costera, auspiciada por la política de
vivienda y la mejor accesibilidad que han supuesto la reducción de los tipos de interés hipotecarios.
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Es fundamental el papel desempeñado por la construcción en el crecimiento económico y el la generación de
empleo, tanto directo como indirecto, al arrastrar a un número de sectores económicos estrechamente
relacionados con sus actividad. Este hecho, y el compromiso de las Administraciones Públicas con la vivienda
y el desarrollo de las infraestructuras se plasman en sucesivos planes de actuación nacional y regional.
EL SECTOR SERVICIOS
Por la riqueza que produce y la población que mantiene empleada, el sector terciario es el más importante de
Andalucía, predominado las actividades comerciales y otras, como las de la Función Pública, económicamente
menos productivas.
El turismo es de gran trascendencia para la región, la primera de España en ingresos por este concepto. El
75% de la oferta hostelera se concentra en el litoral (Costa del Sol, sobre todo) y en las ciudades de Sevilla y
Granada. Casi la mitad del total de visitantes (20.7 millones) son extranjeros, en buena parte procedente de la
Unión Europea (Reino Unido, Alemania, Francia,...).
La regulación del subsector pretende mejorar la calidad y comercialización del producto turístico, con los
siguientes objetivos: romper la estacionalización y la subordinación a los factores de sol y de playa, promover
el turismo interior, controlar el crecimiento desordenado de los municipios turísticos y ampliar el tamaño de
las empresas hosteleras para hacerlas más competitivas.
Consecuencia de la baja capacidad ahorradora de los andaluces, la banca mantiene en la región sólo el 11.7%
de oficinas del conjunto nacional y las cajas de ahorro el 14.6%. Ambos modelos de intermediación financiera
compiten duramente y ofrecen idénticos servicios, rivalidad a la que se suman las cajas rurales, especialmente
en las zonas de agricultura intensiva.
Por su papel corrector de los desequilibrios internos y su función de aproximación a los mercados exteriores,
el transporte es un subsector especialmente estratégico para nuestra economía. A pesar de ello, las deficientes
infraestructuras sólo han sido mejoradas apreciablemente tras la consecución de la autonomía regional.
En cuanto a la distribución modal de los tráficos, existe un predominio absoluto de la carretera, tanto para el
transporte de viajeros, como de mercancías, con un 90% y un 80% respectivamente. El transporte marítimo
sólo es significativo para las mercancía: 15%, y el aéreo, muy vinculado al turismo, sólo lo es para el
transporte de viajeros: 5%. El tren, pese a sus ventajas económicas y ecológicas, sólo aporta el 4% de los
viajeros y el 3% de las mercancías.
El subsector comercial en Andalucía se caracteriza por la superior presencia de los negocios minoristas y por
la concentración de empresas en las provincias de Sevilla y Málaga. Si bien, en función de la densidad de
población, esta última junto con las de Almería y Huelva resultan mejor dotadas. En todos los casos,
Predominan los pequeños comercios de alimentación, seguidos de los textiles y de los electrodoméstico.
La competencia de las multinacionales de la distribución y su implantación en grandes superficies y centros
comerciales, exige una regulación especial y una adaptación del comercio tradicional cuyo elemento clave es
la Ley de Comercio de Andalucía.
En el comercio exterior regional juegan un importante papel los productores hortofrutícolas y, si se excluyen
las compras de petróleo, son los países de UE como principal origen y destino de las transacciones.
ANDALUCÍA EN LA UNIÓN EUROPEA
Tras la integración de España en el Mercado Común (hoy Unión Europea) en 1986, Andalucía se ha visto
afectada por tres circunstancias:
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• Ha tenido que asumir obligatoriamente determinadas políticas comunitarias que le afectan de forma
considerable, tal es el caso de la Política Agraria Común.
• Se ha visto beneficaza por la percepción de un elevado volumen de ayudas procedentes de los
distintos fondos europeos.
• Esta inmersa en un proceso de convergencia real o de reducción de las diferencias de renta con la
media de la UE.
Desde la integración de España a la UE, se ha producido un acercamiento del PIB per cápita andaluz al nivel
medio europeo, aunque todavía se sitúa en el 60% del mismo. (El de España alcanza el 81%)
La reducción de las diferencias y la aproximación a los niveles europeos se produce en las etapas expansivas
de la economía, en las cuales el crecimiento del PIB por habitante es superior en Andalucía a la media
comunitaria, ocurriendo todo lo contrario en las fases depresivas. Es por tanto necesario, aunque no suficiente,
un crecimiento duradero a media y largo plazo para que nuestra región acorte significativamente su diferencia
de bienestar con otras regiones europeas.
DESEQUILIBRIOS ESTRUCTURALES DE LA ECONMÍA ANDALUZA
Los rasgos de carácter permanente que caracterizan a nuestra economía frente a la del resto de regiones
españolas europeas son:
• Bajos niveles de producción y de renta per cápita. Representando el 18% de la población española,
Andalucía viene aportando sólo el 14% del PIB nacional, y ocupa, con Extremadura, los últimos lugares
entre las 17 comunidades autónomas en términos de renta per cápita.
• Reducida productividad. Motivada fundamentalmente por la desequilibrada estructura productiva, la menor
dotación de capital y las deficiencias organizativas de la producción y de la distribución en ciertas ramas.
• Poca ocupación y elevado desempleo. Con nueve puntos por encima de la media española, Andalucía es la
región de la UE con mayor desempleo. Uno de cada tres parados españoles se encuentra en Andalucía
• Deficiente especialización sectorial. La escasa industrialización y el excesivo peso del sector primario
definen la estructura productiva de nuestra región.
• Escasa dotación de capital físico y humano. A pesar de los avances experimentados durante las dos últimas
décadas, Andalucía se encuentra aún por debajo de la media española en cuanto a dotación de importantes
infraestructuras. Siendo también inferiores los niveles de cualificación de la población ocupada.
• Marcadas diferencias intraregionales. En Andalucía se manifiestan importantes desequilibrios económicos.
• Las desigualdades espaciales de renta y empleo son muy acusadas, sobretodo si comparamos algunas
comarcas del litoral con otras del interior.
CONCLUSIÓN
El crecimiento registrado desde 1994 permite a Andalucía encauzar el camino de su desarrollo económico.
Pero para acercar su nivel de vida a la media comunitaria la región ha de crecer más que las demás. Para ello
ha de aprovechar mejor los recursos productivos, con más innovación y excelencia empresarial, mayor
dotación de capital e infraestructuras, y mejor y más eficiente formación de la población trabajadora. Niveles
en los que, como se ha visto anteriormente, Andalucía tiene aún mucho que mejorar.
Las infraestructuras creadas con motivo de la Exposición Universal de Sevilla en 1992 contribuyeron a
reforzar la competitividad de la región, mientras que el avance en las comunicaciones, aún insuficientes, ha
ayudado a reducir los desequilibrios espaciales internos y ha mejorado la accesibilidad a todo el territorio, si
bien existe cierta polarización en el eje Sevilla−Málaga, que concentra el sistemas más fluido de transportes y
servicios administrativos.
En esta evolución positiva podemos destacar el afianzamiento internacional de nuestro aceite de oliva, el
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fuerte dinamismo de hortofruticultura y la construcción y la persistencia favorable del turismo. A este respecto
y como mal menor, Andalucía sigue compensando su déficit industrial con un fuerte sector servicios, cuyos
empleos poseen una remuneración y una productividad inferior a los industriales.
El rasgo diferencial andaluz con el contexto nacional continúa siendo, como hace 25 años, su incapacidad para
crear empleo estable. Por ello es fundamental que, impulsada por los poderes públicos, especialmente los
regionales, la iniciativa privada asuma decididamente la ampliación y modernización del tejido productivo y
la mejora de la competitividad exterior, aspecto clave en la fase actual de globalización económica.
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